Excerpt for De Profundis by Eduardo Acevedo, available in its entirety at Smashwords

De Profundis


por


Eduardo Acevedo



Smashwords Edition



Copyright © 2007 Eduardo Acevedo

All rights reserved.

****


Contenido


Análisis numérico

En un río

Humanos, tan humanos

Circule con precaución

En mal estado

Girovago

¿Cuál quieres?

Decisiones

Las ideologías

Ojos bien abiertos

Vaya preparándose

Plegaria

Los pases con la capa

Iluminación

Seducción

Tábata

Radiografía

Je ne comprends pas

Out

Todavía no hay alcancías

Maligno

Cenizas

Insomnio

Mundos paralelos

El llamado de la selva

El poder

Miedo

A otra parte

Patrones

La brisa cálida

Paisaje

¿A qué vinimos?

Identidad

Otros tiempos

Las explicaciones

Antipatías

El Solitario

Inteligencia práctica

El poder de los dioses

Del mismo pelaje

Avisen

Animales metafísicos

Los árboles

El espíritu de la colmena

Sensato

Puntos de vista

Frágiles virtudes

Ni idea

La pregunta de Alan

El navegante

Análisis numérico


Hay números clave

en la vida de los números.

El dos es el número del cisne

así como el seis pertenece al caracol,

mientras el tres querrá de grande

parecerse a un ocho

y el siete descansa mimetizado como uno.

El nueve y el seis

viven de equívoco en equívoco

sin molestar al cuatro navegante.

Descontando a ese de origen tardío

tratado como a un cero a la izquierda,

el cinco es el rey indiscutido:

equidistante de los extremos

y centro de todo teclado,

hasta los ciegos lo reconocen de inmediato.


Hay números clave

en la vida de los hombres.

Cuando comprueban que son hombres,

cuando fundan una nueva tribu,

cuando alcanzan su número cinco

y finalmente,

cuando comienzan a preguntarse

el verdadero lugar que ocupa el cero.

En un río


Sobre el estanque natural

van saltarinas

pequeñas piedras aceradas,

dejando en cada impulso

la estela del impacto

junto al chasquido acuático y discreto.


No se fabrican con ese perfil aerodinámico

como no se fabrica el estanque

o la desbandada de pájaros.

Hay que descubrirlas,

bautizarlas en su destino volador,

deslizarlas entre los dedos

sopesándolas a punta de caricias.

Como queriendo terminar de pulirlas,

convenciéndolas para el disparo náutico.


Hay que encontrar la adecuada,

la de uno,

la que danzará sobre el agua

cuando se produzca el latigazo.

La que será prolongación del lanzador.

¿Cuántos aterrizajes y despegues sucesivos?

Quién sabe…

No importa cuántos

de esos breves momentos infinitos.


La espigada piedra y su lanzador

tendrán otras oportunidades

en otras manos y otros filos.

Dentro de un mes

o en el próximo siglo.


No cuentan con las destrezas

del barquito de papel

para ir fluyendo suavemente

por el río.


¿Quién sabe hasta dónde llegarán?

¿Acaso importa?

Humanos, tan humanos


I - Declaración de odios


Odio a los que no juegan.

A los que pierden

y se sienten románticos perdiendo.

A los que no juegan

si no tienen una buena mano.

A los tontos

notándoseles una buena mano.

A los incapaces de renunciar a una mano ganadora

además, los desprecio.

Odio a los que juegan lo mismo

hasta poder recuperarse.

A los que juegan hasta que yo pierda.

A los que juegan todo el día, todos los días.

Si usted siente simpatía

porque juega dados o naipes,

se equivoca mi querido amigo,

usted es un cretino igual a los demás.


Odio a los que dicen querer

a todos sus hijos por igual.

A los que efectivamente

quieren a sus hijos por igual,

sin ver las diferencias.


Odio a los lentos

y detesto a los rápidos.

A los altos que me hacen ver bajo.

A los de ojos claros

opacando mis ojos oscuros.

A los tipos con éxito.

A los que disimulan la envidia

de los tipos con éxito.

A los que siempre tienen mala suerte.


Odio a los que no tienen prejuicios.

A los orgullosos de su prejuicio favorito.

A los pacifistas predicantes

y a los guerreristas practicantes.

A los que viven ocupados.

A los que no se aburren.

A los que se sienten

con inmunidad celestial.

A los que pasaron el curso

de humildad avanzada.


Odio a los que tienen una causa.

A los que quieren convencerme de su causa.

A los que se sienten mejores que yo

por su causa.

A los que no sobrevivirían

fuera de su causa.

A los que ya no son sino su causa.


Odio a las parejas

que no pueden vivir el uno sin el otro.

A los hombres simbióticos

y a las mujeres mimetizadas

A las parejas felices que ya no pelean.

A las parejas que viven el uno sin el otro.

A las parejas tan parejas,

que se puede hablar con cualquiera

y da lo mismo.

A las parejas sándwich,

teniendo a alguien en medio.


Odio a los que saben

exactamente lo que quieren.


A los que ya están bien encaminados

y no se desvían.

A los que no tienen pereza

porque están apasionados.

A los que no tienen pereza

haciendo boludeces.

A los que no tienen pereza

y viven haciendo algo.


Odio a los que no se deprimen.

A los que mantienen la presencia de ánimo.

A los que miran con condescendencia

a los deprimidos.

A los que se sienten exentos

de aterrizar en la melancolía.


Odio a los que no han traicionado.

A los que mantienen la palabra empeñada

aunque ya no haga falta.

A los que son derechos y rígidos como un riel.

A los que no les fallan a los amigos.


Por esta solemne declaración de odios

recónditos e irredimibles,

quedan todos ustedes conminados

a ponerse un cohete en el trasero

y salir volando a sus destinos naturales.

Ustedes:

zorras y virtuosas,

ángeles y depravados,

zopencos y astutos;

todos ustedes pueden elegir

la vista que les agrade

en el cielo o el infierno.

Y dejarnos al resto tranquilos

en esta tierra bendita

compartiendo nuestras miserias.


II - Confesiones de amor


Tengo enfrente a Pablo Picasso

agarrándose la cabeza.

Su mirada no me acusa ni me compadece

y es penetrante.

Lo suficientemente penetrante

para sostener la mía

un par de segundos nada más.


Nosotros podemos nombrarnos

en plural sin problemas.

Somos, nos queda bien, nos representa.

Somos como una fiesta sin resaca,

como una aceituna sin carozo,

como un kilo de pasta que no engorda,

como un perfume sin acabarse.

Sin el toma y daca,

sin pagar el precio.

¿Cuál es la mentira o la receta…?

Nos tenemos confianza.

Esa divina confianza

nos ha hecho dormir tan bien

desatando la libertad.

Las escenitas que alguna vez te hice,

forman parte de nuestro bestiario personal,

en la sección de burlas.

Hasta vos recientemente desempolvaste

esos pequeños diablillos en honor a mi torpeza:

sin avisar, sin llegar,

con el celular apagado... ¡eh!


La mala noticia amor mío,

es una bella que entró a mi corazón

tomando un atajo.


No la pude parar. No la quiero parar.

He recurrido a los trucos clásicos

para ver que no vale la pena.

Hasta me he sorprendido haciendo disquisiciones

entre lealtad y fidelidad.

No se ve tan mal desde el lado mío

y horrible desde el tuyo.


Al margen de tus recelos,

la sombra atenazadora de la bella

nos ha potenciado.

Somos más cómplices, más juntos,

más alocados, más apasionados.

Como si en cualquier momento te pudiera perder.

Y temo realmente

la posibilidad de perderte.


Porque te conozco y me conozco.

Somos tan íntegros

cuando se trata de nuestro amor

que sin importar lo que duela o destruya,

no queremos ningún sucedáneo,

ningún reflejo,

ningún arreglo distinto

a amarnos libremente,

porque sí,

porque nos da la gana.


No tengo remordimientos; tengo miedo.

Y he resuelto continuar

con mis irremediables mentiras.


III - Alquimia


Los ritmos de la naturaleza,

ballenas y pájaros

viajan todos los años lejos

sin perderse,

sin atrasos o adelantos.


Si se juntan algunas cosas,

puede haber resultados sorprendentes.

Por ejemplo,

intente poner sobre la mesa una selección

de quesos madurados,

pan francés abundante,

prosciutto y aceitunas negras.

Coloque a su amada a su izquierda,

espere unos segundos

y verá como hijos y suegra desaparecen,

la luz se atenúa

mientras suena la música de su gusto.

Si además descorcha un buen vino tinto

y dispone de cuatro copas,

el ambiente puede mejorar:

ese amigo del alma aparece así nomás,

tocando la puerta

o descendiendo por la chimenea.

Y la velada será estupenda.

Y usted se recuerda hacerlo

con más frecuencia.

Usted no quisiera volver a dejar

pasar tanto tiempo.

Pero en su interior hay algo nostálgico

-tal vez su riñón-

anunciándole que pasará tiempo.

Más del que quisiera.


Como le pasa con ese trabajo

del que debió irse hace años.

Como ese paso

que hará una diferencia en su vida,

pero todavía no da.

Como esa canilla que gotea

y todavía no arregla.

Como esa conversación espinosa

que deja para mañana.


La clave está en saber juntarlas

y entonces las cosas suceden.

No se fatigue,

no se castigue pensando

que no hace lo suficiente.

No hace falta

y además es inútil.

Lo que usted realmente necesita

es ser como las ballenas y los pájaros.


¿No tiene alas?

Ah, usted qué pretende entonces...


IV - Días camaleón


Estás cercana a mi deseo

y saliendo hacia el tuyo

sonriente y liviana.

Mariposa policroma revoloteando

las flores que perfuman

desde la distancia tu llegada.


Me llevás y me traés

al ritmo de tus olas,

de tus ojos y de tus pechos:


todo en vos danza en la punta de la vela.

Yo me dejo llevar distraído en vacaciones

hacia cualquier parte

que tus ojos y pechos decidan.


Yo soy el que debería saber un poco más,

el que debería compensar

tus fluctuaciones.

Pero con vos ando en una noche de campo

inundada de luciérnagas

señalando el camino:

quiero ir hacia todos lados,

inflándonos como un globo gigantesco.


Y en las alturas que el viento decida.

Y en las profundidades

que mi deseo se derrame sobre vos.

Porque en las zonas medias

donde la vida duerme

esa siesta sosa y desabrida de todos los días,

estás con tu música,

con lo que me da alegría

sin darme cuenta.


V - Suerte gitana


Usted y yo queremos las mismas cosas:

ser felices

sin tener que fastidiar a los demás.

Y vea en donde vamos...

tan fácil y tan difícil

al mismo tiempo.


El método,

las fórmulas,

cómo hacer las cosas,

cómo sentirlas y pensarlas.

Las once claves del éxito

no le funcionaron

porque el editor no resistió la tentación

y puso una demás.

Y sus finanzas claro, se resintieron.

Ya no pudo continuar adelgazando

con zarpas de oso manchuriano.

La depresión fue inevitable.

Debería leer a Cioran,

ese invasor fantástico de la desesperación.

Aunque bien mirado,

usted está solamente algo deprimido,

no muy deprimido,

no abrumadoramente deprimido,

no apasionadamente deprimido.

No quiere vivir la depresión

sino sacársela de encima de una vez.

Mejor no lea a Cioran.

En las librerías hay otras cosas...


Yo vivía preocupado

hasta que un día mi suerte cambió.

A las cinco en punto

una gitana leyó mi destino.

Mi esquiva felicidad era nomás,

el amor de una mujer:

me la describió tan bien esta bella cíngara,

con detalles tan precisos,

que levanté la vista

y la encontré.


Pero usted no tiene tanta suerte como yo.

Usted,

que a veces está del lado equivocado.

Usted es adorable e intenta,

se apasiona

y recibe ráfagas de felicidad.

Pero quiere más,

siempre quiere más…

Circule con precaución


Serenidad,

paz interior,

tranquilidad,

todo eso tendré de sobra

en el cementerio.


Mis queridas y conocidas

rutinas

se están llevando una sorpresa.


Ando a la caza de pasiones.

En mal estado


Tarde desasosegada.

Inquietud taladrante

detrás de propósitos inacabados.

Pesadez y opresión sin designio.

Desazón testaruda e inmisericorde.

Apatía inercial.

Angustia difusa y contenida.

Negro profundo solapado.


Por la mañana no fue así

y espero que mañana tampoco lo sea.

Estado de mierda como un lumbago,

detestable, agudo y sin aviso.


Y para completar

este conjuro de fatalidades

soporté la lectura inicial de Joyce,

el vino me cayó mal

y el cielo está tan plomizo

como el soporífero Ulises.


Quiero a cualquiera para distraerme

pero no a vos.

Quiero cualquier color

pero no el azul.

Girovago


Hacia el norte,

hasta el círculo polar ártico

soplando cincuenta mil kilómetros

de motocicleta.

Hacia el sur,

hasta la Tierra del Fuego

caminando los caminos.

Varios meses de travesía

y muchos años de diferencia

con el mismo instinto

de animal cabalgador.


De uno ya vi las fotos

y escuché los encantadores relatos.

Del otro escucho su voz cada tanto.

A uno ya le noté esa postura felina

de animal enjaulado

y presiento del otro,

el mismo desencuentro

con un lugar inocente.


Alma de vagabundo,

espíritu errante, corazón gitano.

¿Cuál es la parte en la que trascurre la vida?

Yo sigo acurrucado con mi amor,

usted con su trabajo

y la tía Ernestina

con su telenovela favorita.


Nada más ayer

escuché el deseo de rodar por Europa

hasta que alcance la plata.

Y recordé mi fantasía

del velero caribeño

contrabandeando habanos de Cuba

y ron de Jamaica.


No sé si usted

quiera brindar conmigo,

pero al menos por hoy,

ellos son mis héroes.

¿Cuál quieres?


¿Qué clase de vida quieres

después de conseguir una casa

y hacer un viaje?


¿Qué clase de vida quieres

entre tu proyecto favorito

y las caricias de tu perro?


¿Qué clase de vida quieres

despuntando el alba con tu amada

y soñando otros sueños?


¿Qué clase de vida quieres

entre la salida del trabajo

y el encuentro con los amigos?


¿Qué clase de vida quieres

entre el viernes por la tarde

y el lunes por la mañana?


¿Qué clase de vida quieres

regalar,

empeñar,

o comprar?


¿Qué clase de vida quieres

que te desborde

por encima de la tuya?


¿Qué clase de vida quieres

mientras vives

la que hoy tienes?


Qué clase de vida quieres

en las acrobacias del trapecio

si siempre pides

la red de seguridad…

Decisiones


Como un condenado a muerte

ando evitando lo inevitable.

Que el I Ching me dé alguna pista,

aunque sea tan vaga como mi decisión.

O el Tarot, acomodándose

a mi suerte de tahúr.

O la carta astral, para que el cielo

se encargue de mi destino.

O el tabaco, o las borras de té, de café,

la espuma del chocolate,

deshojar una margarita

o la pirueta de una moneda en el aire.


Acudir a los amigos

mientras no digan

lo que no deseo escuchar

y no me dejen más perplejo.

Después de todo,

¿cómo podrían sentir lo que yo siento

y no ver lo que claramente ignoro?


Pensar todo de nuevo cien veces.

Repasar los detalles descuidados

con curiosidad arqueológica.

Recrear diferente las situaciones

y prolongarlas por donde el deseo se antoje.

Buscar algo parecido en la memoria de éxitos

o en el prontuario de fracasos.


Pero en el centro finalmente están

mis dudas y temores

para rehusar la acción

o impulsarla en la dirección adecuada.


¿Qué me falta para salir del punto ciego?

¿Dos Martinis más con aceitunas,

tres nuevos datos reveladores,

cuatro decibeles más de angustia

o cinco codos de confianza?


En estas circunstancias

lo mejor será ir de compras.

Actividad frívola que me calma los nervios

y a menudo me permite encontrar

lo que no andaba buscando.

Las ideologías


Heredero del mayo francés del 68

y del palito de Mafalda

para abollar ideologías.

Del Che, Woodstock, Mao y los Beatles.

Tiempos de la izquierda y la derecha

con los tibios al centro.

Poder ver el mundo

a través de los prejuicios favoritos.

Poder construirlos,

hasta quedar tranquilo

sintiéndolos propios.

Mirar distinto,

combustible que los dioses entregan

a los apasionados

en el altar de los sacrificios

y a los cobardes

en la carrera de los odios.


Gregarios.

Lobos en la manada.

Poder aborrecer a millones de un plumazo

o aprender a amar

lo que no surge naturalmente.

Actuar con conocimientos a medias

gracias a la patente de corso

que todo grupo provee.


Las denominaciones cambian,

pero aguantan todas las combinaciones

de malos y buenos.

Los malos

turbadoramente atractivos

y los buenos

escribiendo la historia

a su medida.


Si me obligan,

si me confrontan,

me declaro moderadamente de centro,

apasionadamente de izquierda

y tenazmente de derecha.

Si tengo que elegir,

si me intiman para algún ritual de rebaño,

escojo la senda solitaria

de perseguir el desamor de una muchacha.

Actividad más refrescante

que andar asediando ideas.

Ojos bien abiertos


Los ciegos tienen un problema adicional,

pero nuestros ojos ocultan

más de lo que muestran.

Por nuestro bien.

Para nuestra tranquilidad.


Si tiene dudas,

ensaye caminar sin afán

por una calle concurrida.

Como no va a ningún lado,

camine con el andar y las pausas

de la marea.

Debe ir sintiendo que la calle lo pasea

y usted simplemente se deja.

Aunque no sea tema de la vista,

esto puede ser su primer obstáculo:

si usted controla su televisor

y se dirige hacia sus metas,

ir a ninguna parte

puede resultarle incómodo.

Imagínese entonces,

recorriendo alguna ciudad en vacaciones.

Allí se espera de usted, el abrir la boca

por la calle sin problemas.


Como buen novato,

debe aprender a engañar sus ojos

haciéndoles creer

que puede ver más de lo necesario.

No los abra demasiado,

porque ahí sí va a llamar la atención.

Una estratagema

es no concentrarse en las urgencias

de la belleza.


Tampoco trate de percibir

con visión periférica

las cadencias y el ritmo

de los pasos rítmicamente cadenciosos.

Es para más adelante

y sólo entorpecería su progreso.


Atención a los rostros.

A la expresión en los rostros

sin detalle,

evitando que una fealdad

lo desinterese

o un odio penetrante lo ahuyente.

Enfoque hacia la mirada

alternando con el gesto.

No buscar nada en especial

y recorrer todos los que desee.

En algún momento

estará absorto en alguien

y se olvidará de usted.

Con la curiosidad acostumbrada

cuando ve sin ser visto.


Y observará esa cara adolescente

de preocupación

reconociendo una sensación familiar.

O aquel rostro huesudo y siniestro

de Quijote desencajado que suele repeler

pero hoy se le cuelan sus ojos

de resignación taciturna,

de bondad martirizada.

Y verá más… verá mucho más.

Hasta puede convertírsele en hábito.


Y tendrá miradas más fluidas, penetrantes,

delineando destinos y caracteres

como un ornitólogo

reconociendo pájaros en la selva.

Y le sorprenderá lo maravillosamente

parecidos que somos.

Y se lamentará que sólo amemos

lo conocido.


Usted, con ese grupo tan reducido

de relaciones significativas

mirando el océano circundante

de posibilidades,

deberá volver a sus ojos velados.

Por su bien.

Para su tranquilidad.

Para no astillar y trastornar

su pequeño mundo conocido.

Para no alterar seriamente

sus estados de conciencia

confundiendo a su mujer,

a su vecino y al gato.


En casos extremos,

cuando lo inusitado bordea la locura,

la naturaleza lo puede bendecir

con la ceguera.

Vaya preparándose


Los chicos de tres años

se hurgan la nariz y no les queda mal.

Las adolescentes pasan la mitad del tiempo

enamorándose

y la otra mitad sufriendo desamores.

Los jóvenes descubren que todo está mal

y los demás son estúpidos.

Antes de los veinticinco,

riesgos y exploraciones

se aprecian y sienten bien.


Entre los veinticinco y los cincuenta

uno construye la vida:

(todo lo anterior era sólo preparación...)

un modo de ganarse la vida,

una familia, o dos, o tres, o ninguna.

Cuesta hacer nuevos amigos

y quitarse obligaciones de encima.

Hábitos, hobbies y rutinas

van llevándonos

de día en día, hasta los cincuenta.


De los cincuenta a los setenta y cinco

hay más variedad

y en mucho depende cómo nos fue antes:

los casos felices

prolongan la etapa anterior

con más kilos, viajes

y dolores al levantarse.

Los otros se deterioran mucho

ganándose la vida

en vez de disfrutarla.

Porque lo que se consiguió antes

era para disfrutar en estos años dorados.

Suelen cruzar por la cabeza

en ambos casos, preguntas como

¿quién es la persona durmiendo a mi lado?

o, ¿para qué estoy aquí?

Son crisis sin mayor importancia

-a esas alturas no quedan muchos ánimos

para cambios radicales.


De los setenta y cinco en adelante

se acabó la garantía.

Todo puede empezar a fallar seriamente,

incluyendo las ganas de seguir viviendo.

Son años extras

mirando de reojo la vida

y preparándonos para la próxima

(porque todo lo anterior

era sólo preparación...).

Plegaria


Nadie quiere envejecer,

salvo los menores

para comprar alcohol

o entrar donde no deben.

Cambiar de aspecto,

olvidar palabras,

marginarnos de actividades.

No quiero envejecer

pero me toca.

Siendo inevitable,

quiero envejecer

como me dé la gana.


Ganar años como los niños

celebrando los progresos:

¡cuánta mejoría en la cama

y en el modo de saludar!

¡qué maravilla no tomarse

tan en serio

y orinar sin salpicar!

Machismo y racismo

están desacreditados,

mientras del añismo

nadie dice ni mu.


Los de veintidós están en una onda

diferente a los de veintiocho.

Y las de veintiocho arrinconadas

contra ese espantoso treinta,

se visten y hablan

mitad como ellas

y mitad como lo que dejaron de ser.

Aunque no quieran,

se les nota los veinte largos

que quieren disimular.

Los de treinta y cinco pelean

con el cabello restante

pero se desquitan

trotando más que los de cuarenta.

Para ellas, los cuarenta no se celebran

y la siguiente década

entra en la dimensión desconocida.

Hasta los cincuenta y cinco

la tecnología del embellecimiento

se acerca a los milagros.

Después, comienzan las temporadas

de comedias y tragedias

con el certero latigazo de las fechas.

Jerarquía de castas por décadas

aparentando estar

en alguna más abajo.


Pero estoy y quiero seguir estando

con cualquiera de mi agrado

sin pedirle documento.

Me encanta Manuel de ochenta y cuatro

y Andrea de veintisiete.

Y adoro estar con vos,

de la década innombrable.

Quiero entremezclarme de años

por fuera de matrimonios y velorios.


De las parejas disparejas apiádate Señor,

en especial cuando ella es la mayor.

Consuela Señor a los de ochenta,

que desean y se enamoran

como cualquier hijo de vecino.

Permíteles el descanso

a los que tienen temporadas

de hacer el amor como conejos

y pasan los cuarenta.

Ilumina a los empleadores Señor,

para que encuentren productividad

por encima de los treinta.

Ayuda Señor a las separadas y solteras,

para que en bares y discos

encuentren los años deseados

-y el portero no les recomiende otros lugares.

Bendice Señor

las piernas largas con faldas cortas

y las cabezas estrechas con tolerancias amplias.

Guía las afinidades cara a cara,

con la misma despreocupación

para chatear en la red.

Impártenos la gracia de entender Señor,

que la pasión y el asombro

son dones dados por siempre

y toda la eternidad.

Y que a algunos,

en tu insondable sabiduría

niegas por la misma duración.

Amén.

Los pases con la capa


No he aprendido

a sacudirme los reveses

con la gracia de los toreros

eludiendo al toro.

Un estilo gentleman

para las emociones dolientes

irrumpiendo precipitadas

demandando lo que falta.


Pero ayer pensé

en los que quiero.

En todas las que quise

recordando el momento

más dulce y generoso.

Y les envié por turno

algo mío,

con la gentileza desconocida

de regalar lo que demando.

Iluminación


Instante ausente de dolor

en el choque violento,

en el calor de la bala penetrando

o en el hueso astillándose.

Instante de agudeza inusual

para comprender

de un modo nuevo lo viejo.

Maravilla de no aceptar

o rechazar nada.


Como naipes de prestidigitador,

cada quien va cambiando su valor

y cada valor encontrando su sitio.

Los tiempos cambian las duraciones

y las importancias relativas

sufren la metamorfosis

hacia lo superfluo.


Instante que según muestre

la magnitud del impacto,

le seguirán otros tentativos,

vacilantes de las diferencias.

Y comenzará a doler

como un choque violento,

una bala penetrada

o un hueso astillado.

Seducción


El rostro exquisito del poder.

Con los talentos naturales

y algunos hallazgos fortuitos,

las coincidencias tejerán sucesivas

refinaciones del candidato

a perseguir miradas distraídas.


Un juego entretenido

desplegándose en las rondas cotidianas.

Anzuelos cálidos y vibrantes

pescando debilidades.

Una fascinación creciente

teniendo control sobre lo ajeno

con levísimos ajustes.

Placer manejando los hilos,

absorbiendo atenciones,

recibiendo más de lo que se da.

Placer demandando más placer.


Según la adicción,

resistir una mirada indiferente

se parecerá a Alejandro Magno

resistiendo un territorio.


La escala de virtuosismo

suele ir desde

lo obvio y manifiesto

hasta la intención desapercibida.

Tábata


No ha visto el mar

ni ha corrido

salpicando de espuma sus orejas.

No hay una ola todavía

para revolcarla

buscando la pelota.

Sólo imagino

su sacudida en el agua

y el revolcón en la arena.

Antes de ir al cielo de los perritos,

quiero que vea el mar

y mirar sus huellas

sobre la arena mojada.


Si fuera mi último deseo,

no quisiera nada distinto

a jugar con ella

en un día soleado junto al mar.

Sería lo mínimo,

ya que sólo pide mi atención

y no ha llegado el día

sin alegrarse de verme.


Somos socios

para comer almendras

y caernos mal las mismas personas.

Si fuera mi última hora sobre la tierra,

mis amores y recuerdos

golpearían duro.

Por eso no quisiera

nada distinto a ella

para sentir el aire fresco en las mejillas

mientras le voy tirando la pelota.

Radiografía


El espejo es buen comienzo

para mirarse y averiguar.

Pero son los mismos ojos

observándose

en las comisuras del ayer.


Los enamorados vislumbran

el máximo potencial

que acaso nadie llegue a dar

y por rara transposición

lo sitúan en presente.

En tanto las madres comprenden

las explicaciones necesarias

hacia la benevolencia.

Distorsiones perfectas,

anticipatorias,

en potencia,

amorosas.


Los amigos aceptan los defectos

como las madres

y alteran lo necesario para darnos gusto.

Los amores pasados

se recuerdan como los enemigos o amigos

que no llegaron a ser.

Se requiere una mirada inocente.


Mejor juez un portero,

la vendedora de algún plan

o el barman de ocasión.

Sin querer,

nos movemos justo

cuando nos toman la placa.


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