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Yo Elijo Mi Vida

Cristhian Serrato

Smashwords Edition © 2019





Este libro no es apto para cualquier lector.

No nos hacemos responsables por mala moral, ofender al lector, referencias a la realidad, e ideologías contra la suya.

Debido al contenido de este libro nadie lo debe leer.





Contenido

Capítulo 1. La verdad viene en un video

Capítulo 2. El mejor viaje lo cuenta un dedo

Capítulo 3. ¿Cuánto vales?

Capítulo 4. Nunca olvidad, Solo soportas

Capítulo 5. El gran viaje

Capítulo 6. Termine la prepa





Capítulo 1. La verdad viene en un video



Austin Texas. 15 de febrero 2016. Torneo de fútbol femenino en la preparatoria del pueblo.

— ¡Vamos niñas corran! — grita el entrenador.

— ¡pásame el balón Sofía!

La niña Anota y se acaba el partido los padres gritan emocionados.

El equipo del pueblo gana y las niñas se reúnen para celebrar e ir a comer pizza.

— Elisa, aquí estoy. — grita el padre de la niña agitando la mano.

— ¡Ganamos papá!, ¡Ganamos! —dice la niña mientras corre hacia su padre.

— Lose, felicidades por ese gol, eres muy buena en esto, irás con tus amigas a comer pizza supongo.

— No, ya vámonos.

— ¿Estás segura?, todas irán.

— Sí, segura papa.

— Bueno trae tus cosas al auto, llamare a tu madre para que pida pizza en lo que llegamos.

— Puedo invitar a mi amiga Sofía, ella tampoco irá a celebrar, le diré que llame a su mamá para que llegue por ella a la casa.

— Si está bien.

Ya en casa, subiendo las escaleras al cuarto de Elisa, abre la puerta y las paredes color rosa con posters de One Direction y Justin Bieber.

— Siéntate donde quieras Sofía.

— Oye por qué no quisiste ir con los demás, no había problema yo podía esperar en la escuela a que llegarán por mí.

— No es por eso, solo que no estoy de ánimos para ir.

— No entiendo, eres buena en esto, ganamos por ti, y nunca dices que no cuando ganamos un partido, ya dime ¿qué tienes Elisa?

— No lo sé, no estás será de que siempre es la misma rutina, de que cada día es igual al anterior, todos los días voy a clases y son las mismas materias aburridas, la maestra Violante es más amargada y todos los días es ver su nariz puntiaguda mirándote con sus ojos entre cerrados y si voz áspera que parece casi de un hombre, odio que solo es ese mi mundo y el fútbol, pero en verdad me preguntó, de verdad esto es lo que quiero?, Tú qué es lo que quieres Sofía?

— Woow, oye espera es mucho que procesar, pues no lo sé lo primero que se me viene a la mente es ese auto que te dije que me gustó el otro día y tener mucho dinero.

— ¿Y cómo piensas tener eso?

— Pues acabando la escuela, estudiaré la universidad y cuando trabaje me pagarán bien, tanto que tendré todo lo que quiera. — dice Sofía y da vueltas en la silla giratoria del escritorio de Elisa.

Es demasiado tiempo, y seremos muy grandes y nuestra mayor parte de vida se habrá ido en los estudios, yo quiero vivir, salir, saber qué es trabajar ya y no hasta que acabe la universidad, conocer gente rara y loca, no solo niños del salón que solo platica de tareas y televisión.

— Bueno mi amiga Deisy se bebió 3 Monster Energy e inhalo cocaína, y fue a un concierto de Justin Bieber; ¿puedes creerlo?, Conoció a Justin Bieber!

— Vaya eso suena increíble, por qué no conozco a nadie así, que quiera salir de la monotonía.

Suena un claxon fuera de la casa.

— Oye es mi mama, ya me tengo que ir.

— ¿Enserio, tan pronto? Apenas llegará la pizza que encargó mi mamá.

— Será para la próxima Elisa, nos vemos mañana, adiós.

— Sí, hasta mañana Sofía.

Elisa mira por su ventana a Sofía subiendo al auto mientras le decía adiós.

— Elisa, ¡llegó la pizza!

— ¡Ya bajo!

Luego de unas horas, Elisa está en su cama con una caja de pizza aún lado y con su laptop navegando en YouTube, escribiendo títulos como: cosas por hacer antes de morir, formas de hacer dinero, lugares a los que debes visitar alguna vez en tu vida.

Entre esos videos en sugerencias apareció un vídeo de una tal La Mars, que había dejado la prepa, siendo de México el vídeo, Elisa tomo clases de distintos idiomas que le gustaban en los colegios donde ha estado y entre esos idiomas tomo Español aún que no lo dominaba totalmente.

El vídeo la atrapó, con cada palabra que decía la joven del vídeo:

— Estoy hasta la madre del pinche sistema, pendejo, retrograda en el que hemos estado sumergidos por toda nuestra vida.

Decía la joven con fuerza en cada palabra.

Un video que admiraron y odiaron muchos.

Elisa se sentía más identificacada, la fuerza de sus palabras la llenaba de motivación. Y al día siguiente ya sabía qué hacer.

— Elisa ya despierta, baja a almorzar, se te sea tarde para ir a la escuela. — dice el padre

— Hoy tú la llevaras Harold. — dice la esposa

— Mi amor, anoche la recogí de la escuela, hoy te toca.

Los padres comienzan a discutir por quien la llevará y los horarios de sus trabajos, Elisa baja y en el último escalón se detiene.

— ¡No iré a la escuela! — dice Elisa sin lograr que la escuchen.

— ¡Mama!, ¡Papa!, ¡No iré a la escuela!

Sus padres dejan de discutir y se quedan viéndola.

— Que tonterías dices, anda y almuerza

— Si cariño come por qué se enfría.

— No iré a la escuela, la dejaré y me iré a buscar lo que quiero hacer, y sé que no es esto.

— Harold dile algo, está delirando.

— No está delirando, solo no piensa lo que dice.

— ¿Que? Claro que sí, quiero saber qué es trabajar, viajar y conocer personas.

— Eres una niña y tu única obligación es estudiar, ya aras lo que quieras cuando acabes la escuela y tengas un trabajo.

— ¿Cómo tu papá?, Un trabajo que no me da tiempo de hacer nada más que una semana de vacaciones pagadas y por el cansancio solo dormir y ver televisión en esa semana.

Su padre se queda pensando sin decir nada.

— Mira no hay nada que puedas hacer ahora por tu edad y falta de estudios, el mundo te comerá y no será piadoso.

— Si no me dejan ir, yo me iré sola, lo tengo todo arreglado, mi amiga del campamento Shaira de Detroit, me quedaré con ella.

— Harold esa niña es un problema, sus padres la echaron de casa y Detroit, ¡por Dios! Elisa que piensas.

— Espera llama a esa niña y pásamela Elisa.

— Está bien

Luego de un rato cuelga el teléfono y sus padres discuten sobre el tema.

— Mira la niña no es muy confiable, pero que pasará sino la dejamos ir.

— Puedes poner más seguridad en la casa para que no salga rejas y alarmas en las puertas cuando no estemos en casa y ella sí, nos avisarán las alarmas

— Me escaparé de igual manera en la escuela.

Los padres la miran y se apartan más.

— Escucha lo que dices mujer, suena a maltrato infantil, no podemos hacer eso

— Cariño no podemos dejarla ir es nuestra pequeña, cualquier cosa le puede pasar.

— ¡Mmm! Buen punto.

Luego de un rato hablando los padres y Elisa solo esperando, ellos miran a Elisa y le dicen está bien, pero no te daré dinero cuando te quieras regresar.

— No lo necesito.

— Bueno pero llamaras cada día.

— Está bien lo are.

— ¿Cuándo piensas en irte y en qué?

— En autobús no te preocupes no necesito dinero, tengo dinero ahorrado.

Esa noche en el autobús, Elisa sube sus maletas y le da el boleto al chófer, su madre la abraza y le da consejos, y su padre molestó solo le dice que no olvide llamar.

Elisa sube al camión y les dice adiós por la ventana, el camión sale a carretera y con la emoción de lo que está pasando, no lo puede creer. Su teléfono suena y es Sofía.

— ¿Oye qué pasó?, ¿por qué no viniste hoy?, ¿estás bien?

— Sofía no lo Vas a creer, estoy en un autobús rumbo a Detroit.

— ¡Que!, No es verdad niña, lo creería de mí y ni Siquiera lo he hecho así que no lo creo de ti.

— Sí, es verdad, hablé con mis padres y me quedaré en casa de Shaira, ¿recuerdas?, La del campamento hace años

— ¿La niña negra?

— No digas eso, es ofensivo, pero si ella.

— Por Dios Elisa no puede ser como es que pasó todo esto en un día, solo cuídate y ¿me llamas si pasa algo está bien?

— Si, está bien, no hay nada de qué preocuparse Sofía.

Un hombre pasa por el pasillo del camión y mira a Elisa fríamente y Elisa lo mira pero no se preocupa.

A la mañana siguiente llega a Detroit y por la ventana Elisa mira mientras el autobús se estaciona y baja Elisa.

— ¡Hola, Elisa! — Dice Shaira mientras le da un abrazo y la levanta del suelo.

— ¡Hola!, Shaira tranquila, me asfixias.

— Lo siento, hace mucho que no te miraba, casi no has crecido.

— Lose casi no he crecido, y tú estás muy distinta a como te recuerdo. Estás delgada y alta.

— Que emoción que estás aquí, tomemos un taxi, ya quiero que me cuentes todo lo que has hecho.

Llegando a casa de Shaira, dentro del taxi.

— ¿Oye nena, aquí vives? — dice el taxista

— Que te importa negro. — dice Shaira.

— A ti no te digo perra. Toma hermosa es mi número por si te interesa divertirte.

Elisa se sonroja y solo ríe de nervios al tomar la tarjeta.

— Idiota es menor de edad. — dice Shaira molesta.

— No estés celosa anciana.

— Elisa baja del auto.

Entran a la casa y el taxista se va.

— Es un cretino, no debes dejar que cualquier idiota te hablé así Elisa, está ciudad está llena de aprovechados.

— Creo que solo le guste. — dice Elisa y ríe.

— No, no Elisa no, prométeme que no aras caso a cualquier persona, no confíes aún que parezcan buenas personas y amables, no lo son, solo pocos lo serán y será difícil distinguir.

— Está bien lo prometo, tendré cuidado Shaira.

— Muy bien yo dormiré por que mañana trabajo.

— Dijiste que trabajabas en un restaurante verdad.

— Sí, es difícil y mal pagado pero bueno es lo que conseguí.

— Muy bien mañana pediré trabajo ahí, seremos compañeras de trabajo ¡genial!

— Elisa este trabajo es más que solo soportar clientes y atender órdenes es más difícil, no me gustaría que pasaras por eso.

— Shaira, salí de mi casa para conocer el mundo como es, con sus maravillas encantadoras y sus desgracias, quiero quitarme la venda y saber que él lo que hay afuera.

— Ay dios ahora sí me preocupas con eso que dices. Está bien, mañana iremos y espero no te contraten.

Ala mañana siguiente Elisa despierta entusiasmada y va a la habitación de Shaira y la despierta dando dos golpes a la puerta.

— ¡Vamos Shaira! es un gran día, despierta, prepararé el almuerzo.

— ¿Qué tiene de grandioso?, ¿Sabes cocinar?

— Claro que sí, no por nada me pareció perfecto pedir empleo en el restaurante contigo.

— Eso lo explica todo.

Terminado de almorzar, suben a un taxi que pasa por el centro de la ciudad y llega al restaurante que está junto a una carretera de salida y muchos camiones y autobuses estacionados en él.

— ¿Aquí es Shaira?

— Sí, yo entraré y avisare que estás aquí y alguien vendrá por ti ya de ahí dependerá de esa persona que te contraten.

— De acuerdo, aquí espero.

Elisa mira desde la puerta de entrada a toda la gente comiendo, desde familias que van de paso, hasta traileros con los pantalones abajo mostrando la mitad del trasero.

Una mujer grande se acerca, con cabello corto y rosado, uñas rojas y largas, test negra y con una voz aguda.

— ¡Tú!, La enana de la puerta.


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