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Excerpt for Eve by , available in its entirety at Smashwords















Eve


Copyright 2019 Jordana Blasco

Published by Jordana Blasco at Smashwords




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Tabla de Contenido


CAPITULO I

CAPITULO II

CAPITULO III

CAPITULO IV

CAPITULO V

CAPITULO VI

CAPITULO VII

CAPITULO VIII

CAPITULO IX

CAPITULO X

SOBRE JORDANA BLASCO

OTROS LIBROS PUBLICADOS POR JORDANA BLASCO











































No consigues lo que quieres.

Consigues lo que eres.

Wayne Dyer



























CAPITULO I


" Y Magec era quien debía darle una familia, amor, felicidad y todo el apoyo que ella necesitase."

Tras toda la emoción del momento, Magec volvió a la realidad y estas palabras resonaron fuertemente en su cabeza… y una mirada grave y preocupada apareció en su cara.

Miró a Eve, la tomó en sus brazos cuidadosamente y se la llevó a su habitación.

Una vez allí buscó una manta, la acomodó en una cestita y se sentó en su cama.

Magec se cubrió la cabeza con las manos.

En ella emergieron millones de imágenes y preguntas… Nunca habría imaginado que su camino le habría traído hasta aquí.

Cuando él era más joven, creía que lo sabía casi todo… Creía que había experimentado todo… De verdad pensaba que podría llegar a ser alguien importante… hasta el punto de llegar a destruirse a sí mismo…

Pero la verdad era, ahora más que nunca, que era muy consciente de sus propias limitaciones e ignorancia.

Era padre.

Un padre sin conocimiento ni experiencia.

¿Qué podría enseñarle al Guía? ¿Qué podría mostrarle? ¿Él? ¿El hombre que había sido controlado por sus emociones de humano y las había llevado a las peores consecuencias?

Se veía como un ser despreciable a pesar de haber sido perdonado.

¿Cómo podía llegar a ser padre?

Un golpe en la puerta interrumpió todos estos pensamientos.

Se levantó y se arrastró lentamente a abrir la puerta.

Su madre, Larkha, se encontraba delante de él sonriendo dulcemente.

Magec se dio la vuelta, se volvió a sentar en la cama y volvió a cubrirse la cabeza con las manos agarrando su larga cabellera una y otra vez.

Larkha entró, vio a la pequeña arropada en la cestita y se sentó junto a su hijo.

Lo rodeó con su brazo izquierdo y le dijo que comprendía perfectamente por lo que estaba pasando.

No podía negar que estaba preocupado ya que lo llevaba escrito en la frente.

Su madre le dijo que su situación no era distinta de llevar una criatura en el vientre y después dar a luz.

Magec la miró.

Le dijo que el principio era el mismo: "Un día estás solo y, al día siguiente, sois dos… y te tienes que acostumbrar a cuidar de alguien tan frágil como una estrella y, a la vez, fuerte como el río que corre por tus venas."

"Claro que no vas a tener las respuestas para todo y habrá momentos en que te sientas un incompetente e ignorante; a veces, incluso un fracasado, pero todo lo que necesita un niño es amor y comprensión. Incluso aquellos que poseen todo conocimiento…"

Magec se sintió abrumado y podía sentir el peso completo de la luna sobre sus hombros…

Se sentía como un árbol echando raíces sobre una piedra.

Atascado.

Inútil.

Miró fijamente al suelo durante un tiempo y, después, a Eve que le devolvió la mirada, feliz.

No podía comprender por qué había sido el elegido para ser el padre de esta niña… Ni siquiera de cualquiera, pero… ¿del nuevo Guía?

¿Qué podía ofrecer?

¿Qué???

Su madre le acarició la cara y le dijo que no se preocupase, que tomase cada día como viniese, que dejase sus miedos atrás y se sumergiese en el alma profunda del ser tan extraordinario que tenía delante de él.

Larkha le recordó la historia de cómo su propio padre, Odegus, había nacido. Era una historia que él conocía muy bien y, cuando era niño, la disfrutaba, siendo toda y cada una de las palabras completamente ciertas.

Sin embargo, la historia siempre dejaba fuera a la persona que había sido testigo de su nacimiento y que había sido escogido para criar a Odegus y quien, como él ahora, se encontró sin saber el por qué había sido elegido y sin idea de cómo proceder, ya que no todos los hombres son sabios de nacimiento, sino que adquieren sabiduría a través de sus retos y sus elecciones.

Magec miró a Larkha curioso.

¿Eso significaba que Níveo era su abuelo? ¿Por eso era que siempre tenía tiempo para él y siempre lo siguió discretamente cuando estaba cegado por la avaricia?

Su madre se levantó y lo besó en la frente. Le dijo que descansase, le dio algún que otro consejo y le dijo que la llamase si tenía alguna duda.

Le sugirió que, si tenía tiempo y energía, visitase a Níveo a la noche siguiente.

Larkha volvió su mirada a su hijo y a su nieta y se marchó de la habitación en silencio.

Magec se quedó observando a Eve.

Tras un largo rato, agitó la cabeza y ordenó sus pensamientos diciéndose a sí mismo que todas sus acciones, experiencia y conocimiento adquirido a lo largo de los años lo habían traído a este exacto momento por alguna razón.

Después de que se pierde una vida, otra emerge.

Actuó de manera inconsciente y sin emociones… Ahora era hora de comprender los sentimientos que su padre tuvo por él y ayudar verdaderamente a que su gente continuase existiendo…

Magec cogió la cestita cuidadosamente, la puso al lado de su cama y se fue a dormir.





CAPITULO II


El tiempo pasó como el viento, tocando todo a su alrededor, pero sin dejar consciencia de que había pasado.

Las noches y los días parecían fusionarse en uno como el río se unía al lago y no se podía distinguir entre las aguas nuevas y las pasadas.

Magec ya no tenía ninguna noción de lo que ocurría a su alrededor o en el exterior, ya que su tiempo estaba atado a una rutina que lo dejaba agotado.

A pesar de todo, sabía que no podía rendirse.

Al principio, lo veía todo como una tarea que tenía que completar para poder llevar a cabo los deseos de la Madre Luna.

Pero, al poco tiempo, comprendió que el pequeño ser que lo miraba era su hija…

Su única hija…

Y la empezó a amar tanto que tan sólo su pensamiento hacía que su corazón se llenase de este sentimiento y estallase dentro de él.

Se olvidaba rápidamente del trabajo y las cargas con sólo ver su sonrisa.

Eve.

Su todo.

Una vez más se despertó con las voces animadas de las gentes en la cueva preparándose para sus tareas nocturnas.

Se sentó en la cama y vio a Eve observándolo con una gran sonrisa en la cara. Se había despertado, pero no había llorado. Era como si supiese cómo él se estaba sintiendo y lo dejó descansar un poco más.

La cogió en brazos y la beso para darle las gracias.

Magec se dio cuenta de que estaba muy contenta en sus brazos. Tal vez ella sentía que de verdad era su padre… Fue entonces cuando se preguntó si dentro de ella, en algún lugar, habría un pedazo de su propio padre…

Dejó pasar estos pensamientos y decidió bañar a Eve.

Cogió ropa, una toalla y otras cosas, las puso en la cestita y bajó por las escaleras rocosas con ella en los brazos.

Todas las personas que se encontró por el camino lo saludaban alegremente y comentaban cuánto había crecido Eve en tan breve período. Naturalmente, todos estaban emocionados con el nuevo Guía e incluso los más ancianos deseaban estar vivos cuando ella creciese.

Cuando Magec alcanzó el último peldaño, ya estaba cansado. Atender a las preguntas de todos le parecía igual de agotador que el cuidar de un recién nacido.

Su madre, en la distancia, lo vio y lo saludó, mostrándole algo de comer.

Magec le hizo señas de que comería más tarde ya que iba a bañar a Eve.

Caminó hacia la cascada y Eve comenzó a llorar. No le gustaba el ruido furioso del agua al caer y, a menudo, se molestaba.

Magec pasó rápidamente y se dirigió al lago sin prisa.

Esa noche no había luna.

Tampoco hacía viento ni había nubes.

Se respiraba tranquilidad a pesar de la cantidad de personas charlando y paseando por la parte interna del bosque.

Era todo silencio.

No se había dado cuenta de cuánto habían crecido los árboles desde su niñez hasta ahora y la cantidad de flores en sus ramas. Los colores de la noche más oscuros que nunca y las estrellas brillantes como pequeñas joyas en el cielo.

Magec estaba disfrutando del paseo al lago con Eve, mostrándole las hojas y las flores a cada paso. Parecía prestarle mucha atención, absorbiendo toda la información.

Sus ojos eran muy distintos a los de los otros: de color gris oscuro daba una apariencia felina y daban la impresión de poseer toda la sabiduría del Universo.

Cuando llegaron al lago, Magec buscó la zona más segura y menos profunda en donde poder bañarla. Las aguas del lago, a pesar de lo fría que pudiesen ser para un humano (incluyéndose él), eran las más cálidas para ellos, ya que el río y la Madre Luna eran quienes les daban vida.


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