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Mis Cortos

Cuatro Cortas Historias

Por Forester de Santos



Copyright 2019 Forester de Santos

ISBN: 9780463826782

Smashwords Edition

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Tabla de Contenido





Dedicación

Buscando por Gracia

La Historia de Polvo

El Ciento por ciento

El Maestro y el Asistente

Algo sobre el autor

Otros títulos por Forester de Santos:

Algo Más Sobre Este Escritor Amado

¿Quién soy yo real?







Dedicación

Mis cuatro cortas historias son dedicadas a mis dos amados, Fred y Jr.







Buscando por Gracia

Capítulo 1

Había una vez un muy simple y un muy humilde hombre llamado Gregorio, no que era de Grecia.

El hombre llamado Gregorio una vez tenía un buen amigo, un muy buen amigo.

El buen amigo de Gregorio fue a buscar por un muy joven familiar que fue tomado por otro familiar más viejo sin la autoridad y sin el poder de los Padres del muy joven familiar.

Gregorio y su muy buen amigo ambos servían en una legión. Gregorio tenía el rango de un capitán y su muy buen amigo tenía el rango de un simple y de un humilde soldado, pero su buen amigo, su muy buen amigo, fue mortalmente herido.

El hombre herido muriendo le pidió a su mejor amigo que le hiciera su voluntad.

Y el muy buen amigo estuvo de acuerdo y que haría la voluntad del hombre que moría hasta que se cumpliera.

Era como un acuerdo sellado entre un hijo amado y un muy amoroso padre.

La voluntad era que Gregoria fuera a visitar a la mujer del hombre herido muriendo y que le llevara un simple pero renovador mensaje de vida.

“Decirle a ella que yo encontré con vida a nuestro hijo y que yo estoy muy orgulloso y muy complacido con él como tú también lo estarás.”

“Buen amigo, ¿Quién es este hijo?” dijo Gregorio.

“Ella te lo dejará saber, simplemente lleva el mensaje.”

Tan pronto que Gregorio estuvo de acuerdo, el hombre herido acabó de morir. Gregorio besó al hombre muerto en la frente, cerró los ojos del muerto.

Y dijo Gregorio, “¡Yo no tengo más voluntad hasta que tu voluntad mi muy buen amigo esté hecha!”

Gregorio enterró en el desierto a su muy buen amigo con mucho honor y con grande llanto…







Capítulo 2

Dos años después, cuando Gregorio completó su jornada, Gregorio se acordó de su buen amigo muriendo y de la promesa que le había hecho.

Empaquetó muy ligero para otra jornada que sería muy difícil y muy larga.

Le tomó a Gregorio otros tres años de su vida para poder presentarse al pueblo se su mejor amigo.

El humilde pueblo simplemente se llamaba “Las Marías,” que simplemente interpretado es “Las Alegrías.”

Era un pueblo muy pequeño y no con muchas gentes. En verdad, ¡solo tenía una carretera o camino cruzando la acadia como el pueblo!

Sin embargo, pequeños lugares hay que viajarlos largo y duro, especialmente si uno no sabe que es lo que se está buscando.

Pero Gregorio tenía una idea, una buena idea. Gregorio, pues, se sentaría en el centro del humilde pueblo y le preguntaría a los que pasaban por Gracia, la mujer como el buen gozo de su mejor amigo.

“Perdone me Señor, ¿tal vez usted me pueda ayudar?” dijo Gregorio.

“Tal vez yo pueda. ¡Pregúnteme!” dijo un extranjero.

“Yo estoy buscando por Gracia.”

“¡Bien para usted! dijo el extranjero.

“¡No, no! ¡Quiero decir que estoy buscando una mujer llamada Gracia!”

“Oh, qué bien. Pero también soy un extranjero aquí. Lo siento mucho que yo no pueda hacer más ayuda a usted.”

“Gracias de toda manera por su tiempo amable. ¡Adiós!” dijo Gregorio.

Al cruzar la Arcadia había una iglesia bien grande. La iglesia tenía encima en una torre una campana muy grande. La iglesia era a los menos dos cientos años o quizás más.

También tenía una enorme cruz encima de la torre que guardaba la campana.

Al lado derecho de la antigua iglesia, hacia la derecha y a la izquierda de Gregorio, había una pequeña estación de policía.

A su derecha, ahora la derecha de Gregorio, había un restaurante.

Y al cruzar del restaurante, al lado izquierdo de la Arcadia, hacia la derecha de Gregorio, un poquito más allá de la estación de policía, había una cantina.

Pues, como uno podía ver, Gregorio estaba sentado en el medio de un cuadrado.

Era muy de temprano y también era el día de Saturno.

Pronto la muchedumbre se muestrearía en el simple pero muy útil cuadrado.

Y hay estaba, ¡un pedazo de la muchedumbre!

“Perdóneme Señorita. ¿Tal vez pueda usted ayudarme con alguna información?”

“Sí, ¿Qué es?” dijo una muchacha joven.

“Yo estoy buscando una mujer llamad Gracia.”

“Sí, conozco al menos tres.”

“¿Conoces al menos tres?” dijo Gregorio.

“Sí, hay pero muchas Gracias en este pueblo.”

“Que bien,” dijo Gregorio.

“¿Cuáles de las tres Gracias buscas?”

“Temo que no puedo decir,” dijo Gregorio.

“Que no puedes decir, ¿dices?”

“Yo no conozco a Gracia, pero a su esposo.”

“Dígame su nombre, ¡por favor!”

“Padres.” dice Gregorio.

“Sí, yo conozco a una Gracia que su esposo es Padres.”

“Muchacha joven, ¡has hecho mi jornada menos carga!”

“Oh, ¡estoy tan gozosa por ti!”

“Ahora, ¡por favor decirme a donde está la Gracia que yo busco!”

“No te puedo decir eso, pero tal vez su hija Gozosa pueda. ¡Hay ella está!”

La muchacha joven llamó a Gozosa a la hija de Gracia y le explicó lo que actualmente hacía el hombre en el cuadrado.

Ella también dijo adiós y se fue como si ella había completado algo muy significante...







Capítulo 3

Gregorio se presentó a la nueva joven. Gregorio le explicó su verdadero propósito.

Y su verdadero propósito era un simple mensaje de Padres hacia Gracias su esposa, su madre.

“Dígame el mensaje, ¡te lo pido!” dijo Gozosa.

“Gozosa, no te puedo dar lo que no es para ti o actualmente no es tuyo aun.”

“Seguramente, cualquier cosa que es de mi Padre para mi madre también es mío.”

“Tal vez, pero no antes de que sea liberado y después puede ser recibido. dijo Gregorio.

“Dígame sobre mi Padre Padres,” dice Gozosa.

“¡Algo gracioso! ¡Yo te iba a preguntar lo mismo de ti!

“Pobre Padres mi Padres como pobre yo, pues no lo conocía muy bien.

¡Yo era pero una niña que todavía gateaba cuando Padre fue a servirle al gobernador!” dice Gozosa.

“Pues, te estuviera hablando no solo como un extranjero, pero también de un extranjero.”

“Sí, ¡en verdad! No puedo recordar la cara de mi Padre Padres, ¡aunque fuera balanceada ante mí!” dice Gozosa.

“Gozosa, por favor dígame sobre tu Madre Gracia. ¿A dónde está para que yo pueda hablar con Gracia y cumplir con mi mensaje de Padres?”

“Gracia mi Madre no está y no estará en casa hasta el próximo día, ¡pero Gracia mi Madre estará en el pueblo mi pronto!” dijo Gozosa.

“¡Qué bien! Dígame de tu Madre Gracia para que pueda yo reconocerla en el cuadrado.”

Gozosa habló. Gozosa habló muy gozosa y muy agradable de su buena Madre Gracia.

Sin embargo, la simple o humilde descripción física de Gozosa de su Madre Gracia era una receta para la confusión.

Gozosa no sabía el color del vestido que su Madre Gracia se había puesto porque Gozosa salió aprisa antes que su Madre Gracia se vistiera con los colores del día.

“Yo temo que su tiempo ha expirado, Señor. ¡Tengo que correr! dijo Gozosa.

“¡Pero espere! Yo aún no siento o reconozco a Gracia,” dijo Gregorio.

“¡Alégrese! Aquí viene mi hermano amado. ¿Y qué hijo amado no conoce a su Madre?”

Gozosa llamó a su hermano amado, el hijo de Gracia y de Padres.

Y ella también explicó lo que hacía el hombre en el cuadrado. Gozosa presentó a su hermano amado hijo de Gracia al buen extranjero, y Gozosa luego se fue…







Capítulo 4

Pero el hijo amado no dijo mucho sobre su amorosa Madre Gracia. Solamente hablaba de como Gracia tenía que cuidarlo hasta la muerte ¡pues ella le dio la vida!

Tal vez el necio como niño fue arrastrado fuera desde el vientre de la misma manera que el necio como necio o como arruinado será arrastrado a la tumba. El hijo amado como Gozosa se despidió.

Ya en este punto, Gregorio no sabía que hacer próximamente ya que no planificó estar más de un día o dos.

Gregorio se puso muy triste.

Pero porque todavía tenía un mensaje que llevar, todavía tenía esperanza y se alegró una vez más.

“¡Saludos extranjero!” dijo un extranjero.

“¡Gracias! Le vi hablando con dos partes de Gracia.”

“Oh, quieres decir los hijos de Gracia.” dijo Gregorio.

“Sí, ¿Qué otra cosa? ¿Qué estas mirando para ver?”

“Yo tengo un simple mensaje que le pertenece a Gracia de Padres.”

“¿Es sobre el hijo perdido de Gracia?” dice el extranjero.

“¡Sí, lo es! ¿Conoces a Gracia de Padres?”

“¡Sí, la conozco!” Gracias es mi mejor vecina.” dice el extranjero.

“¡Oh, Grandioso! Usted también me aliviado mi obligación. Por favor siga hablando.”

“Yo he conocido a Gracia de Padres mejor en su tiempo de mayor necesidad.”

“¿Cómo es eso?” dice Gregorio.

“Fue un tiempo que yo creí que yo necesitaba de ninguna cosa y pues me sentí tranquilo, muy tranquil.

Luego un día llegó Gracia de Padres tocando y yo le abrí. Me dijo que tenía un dólar, pero que ella necesitaba otro para comprar pan.

Me disculpé y le dije que yo no tenía un centavo, pero le dije también a Gracia que yo no tenía necesidad.

Pero Gracia me dijo si yo no podía ayudar a mi vecino o vecina, pues sí en verdad yo tenía una grande necesidad.

Pues, Gracia me dio mitad de todo lo que tenía.

Desde ese mismo día en adelante, ¡yo me hice muy rico!” dijo el buen vecino.

El buen vecino apenas se detuvo de hablar cuando Gregorio sintió más alegría. Gregorio ya tenía un buen sentido de Gracia.

En verdad, Gregorio creyó que ya él podía a reconocer como darle forma a Gracia.

“¡Bien, el tiempo de irme ha llegado!” dijo el vecino.

“¡Muchas gracias a usted! ¡Gracias a usted yo puedo sentir a Gracia y pronto veré a Gracia en mis ojos!” dice Gregorio.

“¡No, gracias a usted! ¡Mi buena esperanza es que usted la vea pronto!”

En ese momento, Gregorio se sintió un poco más gozoso, tan gozoso que le dio hambre.

Se alejó del sol ardiente y entró al restaurante. Se sentó en una mesa en una esquina e hizo, pues, un pedido por un simple almuerzo.

Mientras Gregorio espera por lo pedido, una mesera le traía una bandeja. Gregorio miró a la humilde mesera con mucho cuidado. Ella aparentaba ser muy conocida, pero Gregorio no la podía reconocer. Él se puso nervioso y muy ansioso.

“Gracia de Padres, ¿eres tú? dijo Gregorio.

“¡Sí, lo soy! Pero, ¿Quién ere tú?

“Yo soy un amigo de Padres y Padres te ha mandado un mensaje para ti,” dijo Gregorio.

“¿Está Padres bien?”

“No, Gracia, Padre está pero muerto.” dijo Gregorio.

“¡Oh, no! ¡Mi amor y mi vida están muertos!”

“Gracia, ese no es el mensaje.”

“¿Cuál, pues, es?”

“Gracia, tu esposo Padres y mi buen amigo quería que tú supieras que Padres encontró su hijo tu hijo que tú Gracia como Padre lo reconocería a él tu hijo.” dijo Gregorio.

“¡Oh, mi hijo, mi hijo perdido! ¡Tú ere pero él, mi hijo amado!”



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La Historia de Polvo

Una vez había una simple creatura llamada Polvo, significando tierra roja porque del polvo rojo de la tierra roja fue Polvo formado por la mano poderosa de Dios el buen Creador.

Y por los labios de Polvo rojo Dios el buen Creador sopló con todo gozo y con toda alegría aire, pues haciendo a Polvo un ser consciente como un ser viviente; y por el aire como también por la tierra caminaba Polvo vivo.

El apodo como primer nombre era tierra roja o barro rojo, porque tierra o polvo rojo también iba a ser Polvo si Polvo no fuera renombrado o un nuevo nombre añadido a Polvo rojo.

Polvo como tierra roja o como barro rojo también significa Forastero, que también significa extranjero amado o siervo amado por ser rojo.

Y del siervo amado vendría a hijo y salvador amado de Dios.

Y en el jardín de verde con muchos ríos fue puesto Polvo, con una muy astuta serpiente y también con dos muy distinguidos arboles llenos de frutas.

Y Polvo mantenía el simple jardín verde. Polvo podía comer casi todo de lo que estaba en el simple jardín verde, pero de uno de los dos muy distinguidos árboles, Polvo no podía aunque mantenía el simple jardín verde.

Polvo podía mirar pero Polvo no podía tocar ni podía comer, porque si comía en verdad morería muriendo como castigo eterno por desobedecer la única ley de Dios el buen Creador.

¿Pero que podía Polvo comer?

Pero un buen día, algo bueno hizo Polvo o algo bueno pensó Polvo que atrajo a Dios el buen Creador a Polvo.

Y Dios el buen Creador permitió que Polvo nombrara o que Polvo le diera con acercamiento e iluminación apodo como numerara la buena creación viva de Dios el buen Creador, prácticamente reformando o refrescando cada creatura viviente y a la misma vez buscando ayuda entre las creaturas vivas.

Y cualquier nombre o cualquier apodo o número que Polvo nombrara o en voceaba en la presencia de Dios el buen Creador, pues el nombre se tomaba y la creatura viva era ahora como una creatura nueva, como si renació en vida.

No hubo un nombre o un apodo o un número que Polvo nombró o que menciono con voz que no fue con placentero a Dios el buen Creador.

Y Mientras Polvo nombraba o mencionaba con voz las creaturas vivas hacia la vida, Polvo se transformaba más alto o más listo que las creaturas vivas o las creatura mencionadas con voz hacia la vida.

Ahora, Polvo se aguantó porque ya no había más que nombrar o mencionar con voz.

Polvo se sintió como si él realmente consumió como hizo algo por nombrar o por mencionar, pero Polvo realmente no disfrutó como se gozó aquel consumo o hecho o triunfo.

Tampoco había ayuda como alegría para Polvo entre las creaturas nombradas o revividas por Polvo.

¿Cuál era el propósito verdadero de nombrar o de numerar o de mencionar si nada aún se iba hacer con eso?

Y pues en nada como vacío o a la deriva se fue Polvo.

Pero había algo grande, algo muy grande en Polvo.

En verdad, Polvo ya lo tenía a dentro, pero Polvo no lo veía como lo sentía porque Polvo no entendía o comprendía lo que él sabía, y menos agarrarlo, ¡aunque estaba antes sus ojos!

¡Y eso era la misma cosa que Dios el buen Creador deseaba que Polvo entendiera!

¡Eso era la fe de Dios como la gracia de Dios porque la fe de Dios como la gracia de Dios era vida viva!

Pero Dios el buen Creador sintió la deriva de Polvo. Dios sintió el nada, el vacío, la muy profunda ceguera, como si antes del principio de la misma creación.

Pues, Polvo estaba en desolación, que es aflicción y también es falta de consuelo; pero Polvo no sabía por qué la desolación o por qué la falta de consuelo o ¡que había uno que ya podía consolarlo!

Ahora, Dios el buen Creador puso a Polvo en un muy profundo sueño, tan profundo era el sueño que Polvo estaba prácticamente en una tumba profunda.

En verdad, Polvo era él mismo como un ataúd, cual otros más luego nombraron un arca.

Y Dios el buen Creador culto a Polvo en el lado derecho y de Polvo sacó una costilla, tal vez del quinto costado, y ¡del quinto costado Dios el Creador formó lo que Polvo no podía al principio entender!

¿Podía Polvo ahora entender lo que Polvo veía?

Y pues Polvo la llamó como la apodó Polvera Roja o Cenizas Roja porque de Polvo Rojo ella se hizo.

Y Polvera o Cenizas ya estaba viva antes los ojos de Polvo.

El aire como el aliento de Dios aún no estaba en Polvera porque Polvera o Cenizas nació de Polvo y aliento.

Pues, Polvo se despertó a una vida renovada como tierra renueva o hasta un jardín verde renovado porque de la adicción de Polvera Roja o Cenizas.

Ahora, el placer de Dios el buen Creador simplemente era que Polvo conociera a Polvera o se interesara en Polvera como vida porque vida viva es el placer de Dios el buen Creador.

Y si Polvo se interesara en Polvera como vida viva y como la gracia de Dios, pues Polvo pondría su aliento como conocimiento en vida como en la gracia de Dios, pero esto no hizo Polvo.

Pues, Polvo y Polvera como vida estaban ambos en gran necesidad de un al otro, pero a ellos le faltaba interés como conocimiento o ellos no entendían como no conocieron una vez más el buen placer de Dios el buen Creador, cuál era el gozo como la alegría de Dios en uno o escoger ese gozo como al alegría de Dios sobre todas las cosas.

Y con esa alegría de Dios, ¡Dios dará vida a vida!

Tal vez cuando se le dijo por Dios a ella como vida los nones del buen jardín verde, eso fue desagradable a ella como vida.

¡Oiga!, ella como vida y compañera solo acaba de llegar o de salir de la gracia de Polvo.

Y lo único que ella podía recordar era lo único que no podía hacer, ¡de todas de las que podía!

Y pues Polvera o Cenizas Roja como la vida hizo amistad con la única compañía que se interesaba en Polvera o al menos la otra compañía pretendía interesarse.

Porque la vida busca por sobre vivir y no le importa a donde sea ni con quien.

Y como Polvo no se interesó en o no le dio conocimiento a la vida pues la vida buscó a donde y por donde sobre vivir.

Y la nueva amistad de ella, cual nombre o apodo era Serpiente, que significa ser que se arrastrará, llegó a convencer a ella que no era para Polvo y no para Polvera.

Y pues pensó o creyó que ella era más lista que la Serpiente.

Polvera estrechó su mano y agarro la fruta prohibida pero no escondida para recibir nombre como renombre y ¡ella comió!

¡Ella comió parte de la fruta!

¡Pero Polvera no vio más allá y no murió!

Ahora, si Polvo no vio nada pasarle a Polvera, ¿pues por qué Polvo se comió la otra parte de la fruta prohibida?

Pero Polvo con plació a Polvera y se comió Polvo la otra para de la fruta, de la fruta prohibida.

¡Pero ahora ambos Polvera y Polvo se vieron desnudos pero no avergonzados por lo que hicieron!

Ellos vieron lo que ambos eran por lo que ellos eran y no como Dios el buen Creador deseaba que ellos fueran en vida por la gracia de Dios.

Sin embargo, ella tomó lo que quedó de la fruta prohibida pero no escondida y ¡se la dio a Polvo solo para comprobar que ella comió pero no murió!

Pero Polvo no amó como no conoció o reconoció a Polvera como vida.

Tampoco Polvo amó a Dios como Dios amó a Polvo en vida para vida porque la vida viva es la esencia o la amorosa gracia de Dios el buen Creador.

Polvo hasta le echó la culpa como también la carga a Polvera como a la vida por permitir que Polvo terminara de comerse la fruta prohibida pero no escondida.

¡Y fuera del jardín vivo, cuál era la amorosa gracia de Dios, Dios removió Polvo y Cenizas!

Y pues los condenó a ellos ambos vivir la vida por lucha y por dolor y luego morir por muerte.

Pero la lucha o la contienda como el gran dolor era para que ellos en verdad y por fin entendieran lo que ellos hicieron, y pues giraran hacia atrás, se arrepintieran y se humillaran, se humillaran con todo gozo al perdón de Dios el buen Creador.

Pero la muerte no permitió por entendimiento o conocimiento y pues no arrepentimiento como ningún perdón.

Para concluir, que es en sí añadir para que quede como nuevo, ¡Polvo no amó a Dios!

Polvo se negó a imitar a Dios el buen Creador como vida y por la gracia.

Polvo se negó aunque Dios el buen Creador estaba enseñando a Polvo imitar a Dios el buen Creador porque Polvo no podía ver la importancia de nombrar o de mencionar o de decir con voz o de hacer para entender como entrar o rentrar en la presencia como la amorosa gracia del Creador Dios.

Y pues, hacia al polvo se fue Polvo. Polvo regresó a lo que una vez era Polvo, al polvo.

Pero la vida continuó en las cosas vivas nombraras o apodadas por Polvo.

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El Ciento por ciento

Hubo una vez, no hace mucho tiempo, tal vez treinta años atrás, que doce estudiantes entraron en una clase nueva con un maestro nuevo en un salón nuevo.

El maestro levantó su cabeza y miraba a los doce estudiantes.

Vio que entre los doce había uno que le agradaba y le agradaba mucho.

Ese era el número doce y el último en la lista.

El maestro fue al doce.

“A ti te daré el cien por el curso completo.” dijo el maestro.

“Buen maestro, ¿Por qué a mí si yo no hago cinco minutos que estoy sentado?

Y yo jamás he tomado esta clase,” dijo el doce.

“¡Es que tú me caes tan bien! ¡Es que tú me agradas y me agradas mucho!”

El resto de la clase a escuchar esto, estañó en carcajadas. El estudiante doce se siento muy incómodo y muy ha pruebas y respondió.

“Buen maestro, yo no puede aceptar ese cien que usted se ofreció sin yo tomar la clase o sin yo tomar los exámenes para yo recibir como aceptar ese cien.”

“Si tú no aceptas el cien por ciento, se lo daré a los otros once estudiantes.

Y tú, buen muchacho, tienes que esforzarte en la clase y sacar cien por ciento en cada examen.

Si no sacas el cien por ciento en cada examen, pues no pasarás la clase.” dijo el maestro.

“Yo me esforzaré según tu buena voluntad. Dele a ellos y si ellos lo reciben el cien, allá a ellos.

Pero yo tomaré la clase y los exámenes,” dijo el doce.

El buen maestro, sin dar clases o sin dar exámenes, pues le dio el cien por ciento a los otro once estudiantes de la clase y ellos le aceptaron, y el buen maestro comenzó darle exámenes al buen estudiante doce.

Pero cada vez que el buen maestro le daba un examen al buen estudiante número doce, el buen estudiante número doce sacaba el cien por ciento.

Pues, esto no le agradaba al maestro. Y vuelve le da el maestro otro examen sin darle clase, y el estudiante vuelve y saca otro cien por ciento.

El maestro se enojó y comenzó acusarlo de que alguien o de que el mismo estudiante estaba haciendo trampas.

Y el maestro le preguntó al buen estudiante unas preguntas.

“¿Cómo tú haces esto? ¿Cómo tú sacas cien en cada examen?

¿Quién te da todas las respuestas?”

“Pues, ¡usted, maestro, usted me da las repuestas cada vez que me hace la pregunta!”

En fin, el buen maestro por escoger y acercarse al estudiante doce como su favorito, pues en sí lo ungió con toda gracia; y por la gracia, ¡el buen estudiante recibía las respuestas!



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El Maestro y el Asistente

Hacen como vente años en un pequeño pueblo llamado Poughkeepsie en los arribas del Estado de Nueva York, dos muy brillantes estudiantes fueron aceptados en una muy prestigiosa universidad.

Cuando se le preguntó por el Decano lo que ellos querían ser, uno le respondió que él quería ser un asistente o ayudador.

El otro estudiante respondió que él quería ser un maestro.

Ambos de los estudiantes se les dieron las mismas clases con los mismos maestros y al mismo tiempo o al mismo periodo.

Hasta también ellos compartían el mismo cuarto de dormitorios.

Hasta también tenían las tres comidas juntos.

Y luego un día, después de cuatro meses ya en las clases, se presentó el Decano al cuarto de dormitorios.

El Decano tocó en la puerta abierta y habló.

“¡Oigan, muchachos! ¿Puedo yo entrar y hablar un momento o dos con ustedes?”

“¡Por supuesto que sí!” dijeron ambos.

“¡Tengo unas muy buenas noticias para ambos estudiantes!”

“¡Pues, diga usted!” dijeron ambos.

“Ustedes dos han hecho extremamente bien en sus estudios.

En verdad, ¡ustedes dos han hecho tan bien que la Universidad ha decidido recompénsalos a ustedes dándole a ambos sus diplomas!” dijo el Decano.

“¡Eso suena grandioso!” dijeron ambos.

“Sin embargo,” dijo el Decano.

“¡Yo sabía que había un anzuelo sangriento!” dijo el Maestro.

“Ambos de ustedes tienen que quedarse en la escuela por los próximos ocho meses.

Ustedes no tienen que ir a clases. Ustedes dos no tienen que estudiar o hasta tomar exámenes.

Ustedes sí pueden disfrutar toda la comodidad de la Universidad. Ustedes también pueden ir a fiestas que la Universidad pueda tener.

En verdad, ustedes dos serán nuestros muy especial invitados.”

“¡Pero qué bien! ¡Eso suena muy bien!” dijeron ambos.

“Sin embargo,” dijo el Decano.

“Aquí vamos una vez más,” dijo el Maestro.

“Ustedes dos no pueden cobrar por enseñar o por asistir a otros.”

“¿Por qué no?” dijo el Maestro.

“Ustedes dos no pueden cobrar porque ustedes no tienen la autoridad de hacerlo,” dijo el buen Decano.

“¡Eso suena muy justo a mí!” dijo el Asistente.

“Así que nos veremos unos a los otros en ocho meses. Disfruten ambos sus estancias,” dijo el buen Decano.

El buen Decano salió del cuarto de dormitorios.

Los dos brillantes estudiantes, ahora los dos licenciados, se sentaron callados disfrutando las muy buenas noticias.

Entonces, el Asistente comenzó a estudiar un libro de clases, y el buen silencio se rompió por el Maestro.

“¿Qué estás haciendo?” dijo el Maestro.

“¿No puedes ver?

“¡Yo no le veo el propósito en estudiar cuando a nosotros ambos fue dicho que somos ya unos licenciados!”

“Mi buen compañero, hasta que yo no personalmente haga recibido mi buena calta de graduación por el buen Decano, no dejare de aprender.”

“¿Qué?” dijo el Maestro.

“Usted está satisfecho y usted cree que no ya necesita aprender más y que ya recibirá su recompensa, no importa lo hecho como lo no hecho.

Y mientras reciba usted su grado, pues usted cree que usted no podrá aprender ya aún más de ese mismo grado.”

“Yo ya he aprendido lo suficiente y yo como tú ya me ha graduado,” dijo el Maestro.

“Pero yo puedo aprender aún más ante ese día de recompensa y pues enseñar lo más.”

“¿Cómo puedes tú enseñar si siempre serás un asistente?

¿Por qué en verdad deseas de simplemente ser una mula de carga?”

“Yo no veo ayudar a otros como carga alguna.

Pero muy larga y muy pesada será la carga para todos aquellos que no hacen para recibir conocimiento y creen que creer es saber cómo es conocer,” dijo el Asistente.

“Para mí, yo cobraré y cobraré en abundante cada vez que yo abra mi boca o hasta aun cuando simplemente escuche.

En verdad, ¡yo empezaré a cobrar ahora mismo!”

“¡Usted sabe muy bien que no tiene la autoridad ni el poder!

“¡Sí, pero ellos no lo sabrán!” digo el Maestro.

“¿Qué pasará si te cogen?”

“Oh, ¡eso es muy simple! ¡Yo les diré que fue tu brillante idea, Asistente!”

“Yo no cobraré por mi ayuda. Pues, se me ha dado de gratis y se me ha dado también en abundancia y también en alabanza.”







(ii)

Ocho meses después, una vez más hubo uno simple pero exigente golpe en la puerta del cuarto de dormitorios por el buen Decano.

“Ahora, ¿Quién será? dijo el Asistente.

“Tú abre, Asistente.” dijo el Maestro.

“Sí, ¡por favor entre!” dijo el Asistente.

“¡Oigan, muchachos! Hoy traigo muy buenas noticias.”

“¿Es este el buen día?” dijeron ambos.

“¡Sí, lo es!” dice el Decano.

“¡Qué bien!” dijeron ambos.

“Asistente, empaca tus cosas. Y pasa por mi oficina porque tú te vas a casa.

¡Yo te estaré esperando! dijo el Decano.

Pues, Asistente comenzó a empacar y a limpiar su lado del cuarto de dormitorios.

El Maestro también comenzó a empacar, pero el Maestro no estaba limpiando su lado del cuarto de dormitorios y se fue a toda prisa.

El Maestro hasta dejó sus libros de estudios y también sus libretas de estudios.

Pero Asistente empacó dos bolsas. Él empacó una bolsa con sus libros de estudios y la otra bolsa con sus cosas persónales.

Él tomó una buena mirara atrás a dentro del cuarto de dormitorio y luego se fue y cerró la puerta detrás de él.

Mientras tanto, Maestro estaba a la puerta del buen Decano. El Maestro puso su bolsa en el piso y tocó la puerta.

“¿Sí? dijo una voz.

“Es Maestro.”

“¿Quién lo envía?”

“Pues, yo creo que el Decano.”

“No hay mención de usted aquí. Por favor regrese más luego, pero solo y cuando lo diga el buen Decano.”

Maestro tomó su bolsa y con una cara decaída comenzó a caminar al otro lado del edificio que estaba compuesto de oficinas.

Mientras el Maestro bajaba por la escalera, Asistente la subía.

“Oiga, ¿Qué le pasó a su alegría? dijo Asistente.

“El Decano no está en su oficina.”

“Eso es extraño. El Decano me dijo que él iba a estar,” dijo Asistente.

“Pero no a mí.”

Asistente llegó a la buena puerta del buen Decano. Puso sus dos bolsas en un lado y tocó con mucha anticipación la buena puerta de la oficina.

“Sí, Asistente, entre. Por favor siéntense. El buen Decano estará con usted pronto.”

“¡Gracias!” dijo Asistente.

“Por favor siéntense aquí.”

“¡Gracias!” dijo Asistente.

“Antes de que usted reciba su certificado de graduación o de licenciado con todo poder y con toda autoridad, una muy simple pregunta se le hará.”

“Pues, ¡pregunte!”

“¿Por qué escogió usted ser un asistente?”

“Yo creo que aquellos quienes dan libremente y de gozo ya han tenido demás y ya han tenido lo mejor.

Y el buen acto o buen hecho de dar gozosamente es sus manera de compartir sus grandiosa recompensa.” dijo Asistente.

“¡Eso fue maravillosamente hablado! ¡No solamente usted recibirá el certificado de buen asistente, pero también usted recibirá el certificado del gran Maestro!” dijo el Decano.

“¡Gracias a usted!” dijo Asistente.

Asistente, ahora el gran Maestro, fue despido can adiós y con mucha suerte por el buen Decano y por los empleados de la oficina.

Asistente ahora se sintió como que él podía caminar, caminar en el aire.

¡Él fue prácticamente renovado como si renacido vivo en por recibir aquel muy simple título!

Y con aquel muy simple título, él tenía ahora doble la buena abundancia para revivir o para renacer a otros en la vida.

Porque aquellos que serán salvos serán en verdad salvos vivos en vida en doble abundancia, que es cinco veces la buena cantidad.

Y ellos también serán en verdad salvadores.







(iii)

Después de un par de horas, hubo un muy delicado toque en la puerta del cuarto de dormitorios.

“¡Entre!”

“Tengo muy buenas noticias para usted. Empaque sus cosas que se va a casa y reúnase conmigo en mi oficina. Y no se olvide de limpiar su parte del cuarto,” dijo el Decano.

“¡Pero lo hare!”

“Nos veremos pronto,” dijo el Decano.

Poco después, Maestro tocó la buena puerta de la oficina del buen Decano.

“¡Entre, Maestro!”

“¡Sí, lo haré!”

“Por favor siéntese aquí. Antes de que usted reciba su certificado de Maestro, hay una muy simple pregunta que será hecha a usted.”

“¡Pregúnteme!”

“¿Cuál es el propósito de enseñar?”

“Pues, ¡para enseñar!” dijo el Maestro.

“Usted mal entendió la pregunta. Se la preguntaré de otra manera. ¿Por qué desea usted a enseñar?”

“¡Para que pueda yo ganarme la vida fácilmente mientras le enseño a otros!” dijo Maestro.

‘¡No, no! El único propósito, y bueno es, de enseñar es para que el estudiante o el que escucha en verdad se interese en aprender o en escuchar para que así ellos puedan recibir buen conocimiento y por el buen conocimiento ellos puedan hacer bien y por hacer bien ellos puedan entender bien y por entender bien reciban buen reconocimiento; porque los que no reciben buen reconocimiento, no podrán entrar en vida para que puedan continuar vivos en vida.”

“Yo iba a responder de esa manera tarde o temprano,” dijo Maestro.

“¿Cuál tarde? No se moleste en responder. No juegues más juegos de adivinar o más juegos de fantasía.

Sin embargo, usted ya recibirá como fue prometido su certificado, pero no porque usted en verdad puede enseñar o que usted ha aprendido alguna cosa. Será dado porque la promesa.

Lástima que usted como más nadie en su camino disfrutará la recompensa de usted porque usted no trabajó por el certificado como por la promesa.

En verdad, el certificado como la promesa será más castigo que recompensa.” dijo el Decano.

“Pero aun así, yo creí su voz y mi tiempo creyendo fue mi obra y mi esfuerzo.”

“Vaya, siembre y coseche; pero si su cosecha es como su esfuerzo, pues ¡no comerá al menos que la fruta sea robada!” dijo el Decano.







Algo sobre el autor

Yo soy uno de esos, y tal vez el único de estos tiempos, que busca en verdad la verdad del universo, la verdad de la creación de Dios y la verdad de lo que es la salvación del hombre y el hombre, hasta a donde yo sé, no será salvo de la muerte por la tecnología del hombre como tampoco será salvo por la misma espada del hombre.

La tecnología como la espada solo salvará pero temporariamente. Y la tecnología puede también ser una doble espada o un contra tiempo porque el hombre no la usa en verdad para expandir o rendir su tiempo o expandir o aumentar su conocimiento verdadero.

Mi gran búsqueda en verdad por la verdad del universo, por la verdad de la creación de Dios y por la verdad de lo que es la salvación del hombre me ha hecho muy bien, tan bien que me ha llevado a lograr en verdad a no solo tener fe de Dios, cuando antes había en mi un vacío muy doloroso o una muy dolorosa soledad, pero mi gran búsqueda también me ha llevado a entender lo que es en verdad la salvación del hombre por Dios el buen y amoroso Creador.

La simple verdad es que sin conocimiento real o verdadero de Dios, pues en verdad no habrá la salvación de Dios y sin la salvación de Dios, pues no habrá salvación del hombre ni tampoco habrá la salvación del universo, porque según el mismo hombre volverá muerto al mismo polvo pues también el mismo universo volverá a nada…

Pues en verdad, ¡en mis escrituras hay ciertas verdades o conocimiento real o verdadero de vida!

¡Muy Gozoso en verdad y muy alegre en verdad todo aquel que en verdad preste atención!

Porque en verdad, ¡les digo que por el gozo verdadero y la alegría verdadera uno renace en vida para continuar con vida, pero con vida en abundancia, en abundancia de Dios!







Otros títulos por Forester de Santos:

Segunda llamada a los cristianos, cual es un llamado a que busquen la verdad para que por ella puedan hacer la voluntad del Dios Creador y por hacer la voluntad de Dios el Creador pues renacer por ella.

Y Un día en la vida de un poeta, cual es una búsqueda de un estilo o uno genero de escribir.

Ensayos de uno Salvador, cual es unos ensayos explicando lo que es la verdadera salvación.

Sabiduría Negada, cual es sobre la sabiduría de corazón, una sabiduría que como la fe verdadera ya casi no se encuentra.







Algo Más Sobre Este Escritor Amado

Todo escritor en verdad tiene que tarde o temprano llegar a las cosas que a ellos en verdad les gusta o le gustaría escribir sobre y muchos llegan a escribir adonde está el dinero fácil y muchos escritores se hacen ricos monstruos en llegar hacerse muy ricos por escribir ficción o fantasía o hasta perversiones, ¡pero aun así bien para ellos!

Pero la muy grandiosa pregunta es, ¿Cuánto más fantasía o perversión para la raza humana si la raza humana ha estado viviendo en fantasía o en perversión o hasta en mitología desde que la raza humana empezó a pensar?

Porque en verdad, ¡el principio de las cosas es el pensamiento real o el conocimiento real y entre más verdadero el pensamiento o el conocimiento real, pues más verdaderas o completas son las cosas reales!

Ahora bien, ¡esa fue la pregunta que yo como escritor en verdad me pregunté cuando yo también comencé a escribir versos y hasta obras de ficción o de fantasías o hasta perversiones!

Y pues yo comencé a escribir sobre la inmortalidad, y como dice el grandioso dicho, ¡uno en verdad se transforma en lo que uno cree o piensa o escribe o hasta lo que uno lee más sobre!







¿Quién soy yo real?

Mi nombre como dichoso escritor es Forester de Santos y yo en verdad estoy en una muy grandiosa cruzada de renacer o de renacimiento vivo o de nacer de nuevo en vida real con completo gozo real y con completa alegría real y también con completa abundancia real de Dios pero Dios como mucho más que Dios y como mucho más que Creador por conocimiento real…

Ahora bien, aquel que en verdad está en una muy grandiosa cruzada no puede seguir a otro o no puede dejarse ser rodeado por sus amados o por sus fanáticos porque aquel no puede cruzar sobre ellos o aquel no puede cruzar por la causa de ellos estar en el medio o por ellos estar bloqueando el grandioso camino cual en verdad es pero que no se puede ver hasta el renacimiento o hasta que uno nazca de nuevo…

Yo no les pido que me sigan, pero no porque yo no los llevaré o no los guiaré, pero porque yo no miraré hacia atrás pero yo miraré hacia mi derecha y hacia mi izquierda para ver quien en verdad camina conmigo.

Pero aquellos que en verdad deciden seguirme serán como yo y como yo en verdad recibirán conocimiento verdad porque mi lucha o mi muy grandiosa cruzada de renacer es verdadera, tan verdadera de hecho que yo me ha convertido en una mejor persona por la fe verdadera cual yo ha llegado a recibir en verdad por mi búsqueda y re búsqueda de la verdad…

Y porque yo ha llegado a tener fe verdadera o fe de Dios, ¡pues yo uso mi fe verdadera como un escudo para repelar o para rechazar otras creencias o mentiras que suenan bien!

Por lo tanto, ¡al renacer vivo o al nacimiento de nuevo mientras aún vivo aquí en la misma tierra cual en verdad será como si en los mismos cielos por renacer!



Pues, si a usted le gusta en verdad esta simple como humilde obra, ¡pues déjenmelo saber por dejar un simple comentario y también por votar por ella según su buen placer!

De nuevo, muchas, muchas gracias por prestarme su tiempo y todas bendiciones a usted de este su muy humilde escritor, Forester de Santos…



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