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LA LUZ EN LA SOMBRA


Mary Zetina



SMASHWORDS EDITION


PUBLISHED BY

Mary Zetina at Smashwords


La luz en la sombra

Copyright 2019 Mary Zetina



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Este libro es una obra de ficción, cualquier semejanza con personas vivas o muertas, lugares o eventos reales es pura coincidencia. Los personajes y situaciones son invención del autor y son utilizados de manera ficticia.


Lectura recomendada sólo para mayores de 18 años.



Día y noche, arriba y abajo, luz y sombra, los opuestos se complementan y no puede existir el uno sin el otro. Este equilibrio mantiene a la vida en constante movimiento.



LA LUZ EN LA SOMBRA



CAPÍTULO 1


La obscuridad engullía lentamente la tierra a su alrededor al tiempo que la temperatura descendía helándola hasta los huesos. El viento sopló tan fuerte que estuvo a punto de tumbarla, pero ella se aseguró de plantar los pies firmemente en el suelo antes de levantar la cabeza y cerrar los puños para después mirar hacia adelante desafiando al mal que se acercaba. Fingió una valentía que no sentía, temía por lo que estaba por venir, aquello que desde niña sintió que debería enfrentar algún día, pero no iba a permitir que sus miedos le impidieran cumplir con su deber.

La espera era una tortura, su corazón latía con fuerza anticipando la dura pelea frente a ella y ya no quería esperar más, deseaba que llegara lo más pronto posible, sin importar cual fuera el resultado. De pronto sintió que el mal se encontraba a su espalda, observándola fijamente, saboreando el momento en que la atacaría. Aún con la ventaja de poder anticipar sus movimientos no se sentía del todo segura pero no era el momento de dudar, debía confiar en sus instintos. Cerró los ojos y, tras un rápido giro, extendió su mano hacia al frente hasta tocar un cuello fibroso y pulsante ¡lo había logrado!

No debía dejarlo escapar, si desperdiciaba esa oportunidad todo estaría perdido. Comenzó a apretar el grueso cuello con ambas manos, sus manos le dolían por el esfuerzo, pero el saber que todo dependía de ella le daba energía para terminar lo que había empezado. Una horrible sensación se apoderó de ella, era la maldad que intentaba entrar en su cuerpo para corromper su alma y doblegarla hasta apoderarse por completo de su voluntad. Sus ojos continuaban cerrados, temía lo que vería en cuanto los abriera. Sabía que bien podría ser lo último que viera antes de morir.

Apretó los ojos y gritó antes de abrirlos. Sus manos no sujetaban nada, sólo estaban sumidas en una obscuridad que crecía lentamente, tan densa y profunda que no permitía la existencia de nada ni nadie más. La negrura la atraía lentamente mientras la inundaba de miedo, inseguridad, tristeza, pesar y desesperación. Las sensaciones que había experimentado en cualquiera de los peores momentos en su vida no podían siquiera empezar a compararse con lo que sentía en ese instante. La maldad era tan grande que no le permitía respirar, todo había terminado. No le temía a la muerte, pero lo que presentía encontraría en esa obscuridad era algo que iba más allá del miedo y de la comprensión de cualquier ser humano.

Era tan fácil darse por vencida, el sólo pensarlo le traía consuelo, sólo debía dejarse llevar por esa obscuridad y perderse en ella. Aún podía sentir entre sus manos un cuello que no veía y ya no tenía sentido seguirse aferrando a él, la batalla había terminado. Estaba a punto de aflojar sus manos cuando vio de reojo a una figura que se acercaba a ella. Una hermosa tela del rojo más profundo ondeaba junto a ella y, sin saber por qué, supo que no todo estaba perdido.

Con gran esfuerzo apretó nuevamente aquel cuello invisible, si la obscuridad había de llevársela no le resultaría fácil. El pesar que la inundaba comenzó a ceder y eso le dio fuerza para continuar. De entre los pliegues de la tela surgieron un par de manos que se introdujeron en la obscuridad y se cerraron en torno al cuello que ella sujetaba ayudándola a apretar con fuerza. La ira que provenía de la obscuridad se intensificó, pero eso sólo hizo que los dos pares de manos se esforzarán aún más. Se escuchó un grito gutural y la obscuridad comenzó a disminuir lentamente dejando ver una figura en su interior.

Lo estaba logrando, ella y el dueño de esas manos desconocidas lo estaban logrando y ahora que la negrura que cubría al enemigo se desvanecía lentamente podría ver por fin contra quién estaba peleando. Apretó el cuello con más fuerza ocasionando que los gritos fueran más intensos, no se detendría hasta verlo de rodillas en el suelo. De pronto sintió que tiraban de sus hombros, que intentaban detenerla ahora que estaba tan cerca, faltaba tan poco. Justo cuando estaba por ver el rostro dentro de esa obscuridad fue arrancada por un fuerte tirón hacia atrás. Hubiera caído al suelo de no ser porque alcanzó a sujetarse del respaldo de la silla.

-¡Aléjenla de mí! ¡Está loca!

La escena frente a ella era desconcertante ¿quién era ese hombre? ¿Quién estaba loca? Una mujer entró súbitamente y comenzó a gritar con desesperación al ver al hombre en el suelo que se sujetaba el cuello con expresión de dolor. Tissa tardó unos segundos en comprender que ella era la loca de la que ese hombre hablaba y que se encontraba en su casa, en el salón donde recibía a los visitantes. Ahora recordaba todo, esa mujer era su clienta desde hacía tiempo y esa mañana se había presentado porque requería sus servicios para su esposo.

-Fue sólo un malentendido, permítame -dijo Adam acercándose al hombre en el suelo.

-¡Que nadie me toque! -gritó con furia en sus ojos antes de mirar a su esposa- ¿acaso tú planeaste esto? ¿Esto era lo que querías que me hicieran?

-No, te lo juro que…

-Espera a que lleguemos a casa -interrumpió el hombre a su preocupada esposa- esto no se quedará así.

-Ella no tuvo nada que ver en esto, si me permitiera explicarle -dijo Adam.

-También eres parte de esto, debería denunciarlos como los criminales que son -dijo el hombre mientras se arreglaba la camisa lo mejor que podía- seguramente al conde le interesará saber lo que sucede en este lugar.

-Seguro que sí -Tissa se acercó a él- vamos al castillo, podemos contarle también sobre la manera en que tratas a tu esposa.

-Es un hombre demasiado ocupado e importante para que deba enterarse de la manera en que un hombre disciplina a su mujer -miró a su esposa con burla.

-Todos los habitantes del condado están bajo su protección -Tissa se acercó al hombre- y cualquiera que sea una amenaza será juzgado por ley, aunque no tenga antecedentes registrados. La tranquilidad y seguridad en Cordnuck son su prioridad.

El hombre miró a Tissa y parecía a punto de decir algo más, pero se lo pensó mejor y sólo se llevó la mano al cuello y entrecerró los ojos -No vales la pena- escupió en el suelo- vámonos.

La mujer tomó del brazo a su esposo y salieron de la habitación.

-¿Qué fue lo que sucedió hace unos momentos? Estuviste a punto de matarlo -dijo Adam en cuanto cerró la puerta.

Tissa se dejó caer en una silla y se llevó la mano a la sien, todo aquello le había provocado una fuerte jaqueca -¿Hay mucha gente esperando?

-La usual ¿quieres que pase al siguiente?

-No, manda a todos a casa, diles que no me siento bien.

Adam suspiró -Es lo mejor, supongo. Les diré que regresen mañana.

Tissa emitió un quejido.

-O mejor les digo que no estarás atendiendo por unos días por… cuestiones personales ¿te parece?

-Diles que lo lamento pero que en poco tiempo estaré recibiendo clientes otra vez ¡espera! -dijo antes de que Adam saliera por la puerta- toma nota de quién estuvo aquí, les haré un descuento cuando regresen o les regalaré un talismán, ya veré que se me ocurre.

Adam apretó los labios y asintió antes de salir. Tissa confiaba en que él manejaría la situación de la mejor manera, era un buen hombre, muy apreciado por aquellos que lo conocían. Su carácter y disposición no eran lo que se esperaba de un hombre con su físico pues su gran estatura y su complexión gruesa le daban un aspecto intimidante. Pero en cuanto empezaba a hablar era imposible no sentir simpatía por él, era risueño y afectuoso.

Así le pasó a Tissa también, sintió afecto por Adam de inmediato cuando lo conoció años atrás en su paso por un condado vecino. Ella era muy joven y se sintió conmovida por el pobre muchacho, cercano a su edad, viviendo en las calles haciendo todo tipo de trabajos a cambio de comida y techo. No podía aspirar a trabajos mejor pagados pues confundía palabras, colores y nombres. Algunos le temían por su problema, pero Tissa y su madre vieron de inmediato algo especial en él y lo adoptaron como parte de la familia. Sabían que su condición se podía corregir con dedicación y cariño. Gracias al sueldo que Tissa le pagaba ahora Adam tenía su propio cuarto en el pueblo, era respetado y llevaba tiempo cortejando a Jodie, la hija del herrero.

Todo parecía estar yendo de maravillas en Cordnuck para Adam, no así para Tissa que sentía que algo faltaba en su vida. La joven descendía de una larga línea de hechiceras que fueron consejeras de miembros de la realeza, incluso algunas combatieron al lado de los soldados en las batallas más famosas. Pero eso había sido hace tanto tiempo que ya casi nadie lo recordaba, quizás alguna que otra mención en cuentos para niños, pero nadie relacionaba que aquellas hechiceras famosas fueran antepasados de Tissa. Y eso no era casualidad pues su madre se aseguró de ocultar sus orígenes en cuanto llegaron al condado.

Los habitantes de Cordnuck eran personas sencillas que se dedicaban a trabajar las tierras y a intercambiar mercancía con pueblos vecinos en épocas de mercado. No habían sido tocados por guerras ni desastres naturales en años, su gente estaba protegida de los horrores que se vivían en otras tierras y eran inocentes en muchos aspectos, sobre todo en lo que se refería a la maldad de la gente. Para la gente en Cordnuck la guerra era algo que escuchaban de los pocos viajeros que pasaban por allí. No conocían el hambre pues las tierras allí eran nobles, los cultivos siempre eran generosos.

Por esa y muchas otras razones fue que la madre de Tissa eligió ese condado para comenzar una nueva vida. Rápidamente estableció una reputación como hechicera y curandera. Las personas acudían a ella en busca de consejo, remedios y consuelo. Confiaban en ella y sus métodos, sabían lo hábil que era, que tenía un don, pero nunca imaginaron que pertenecía a una estirpe tan legendaria ni lo poderosa que era en realidad. Para los habitantes del pueblo ella era simplemente una hechicera menor que mantenía a sus dos hijos leyendo cartas y vendiendo amuletos y talismanes. Ahora que ella no estaba su hija, Tissa, había tomado su lugar.

El conde Bertrand se encargaba de manter el orden en Cordnuck, aquellas tierras habían pasado de generación en generación en su familia, caracterizándose como hombres de bien, protectores de su gente y excelentes administradores. Bertrand no era la excepción, era querido y respetado por todos. Las muestras de cariño de los habitantes del condado hacia Bertrand podían parecer excesivas, pero Tissa sabía que eran bien merecidas pues ese hombre se esforzaba a diario por estar a la altura de sus predecesores, estaba bajo mucha presión.

-Ya se fueron todos -Adam se asomó al salón- yo mismo les avisaré cuando estés lista para recibirlos nuevamente.

-Gracias -extendió la mano hacia él- ¿qué haría sin ti?

Adam entró y tomó la mano de Tissa entre las suyas -No tienes que averiguarlo, sabes que no voy a ir a ningún lado.

A pesar de que ni Adam sabía exactamente cuál era su edad calculaba que era tal vez un par de años más grande que Tissa, pero ella no podía evitar verlo, y tratarlo, como si fuera su hermano menor. Recordaba como si fuera ayer el día en que su madre y ella lo trajeron a vivir a Cordnuck, Tissa tenía sólo 13 años, pero ya estaba en la etapa de la rebeldía y le hacía la vida imposible a su madre pues resentía el que la hubiera llevado a ese pueblo aburrido. Adam, con su tranquila naturaleza, había resultado una influencia positiva en su vida y ayudó a que la relación entre ella y su madre mejorara. Adam se sintió inmensamente feliz el día que la madre de Tissa le aseguró que también era su madre y que debía referirse a ella como tal.

-¿Ahora ya puedes decirme lo qué sucedió? -Adam se sentó junto a ella.

-Dímelo tú -se quitó las botas y subió los pies a una silla frente a ella- lo último que recuerdo es que estaba haciendo una lectura como cualquier otra, nada fuera de lo común, vi en las cartas que él era un hombre violento, nada que no supiera ya, pero de pronto sentí que… -se encogió de hombros- no sé qué sentí, cuando desperté tenía mis manos alrededor de su cuello y tú me estabas jalando hacia atrás.

-¿No recuerdas el momento en que te levantaste? ¿Qué tal cuando lo azotaste contra la pared?

Tissa arqueó la ceja -¿De qué estás hablando?

-Fue muy extraño, te quedaste con la mirada perdida, dejaste de hablar y súbitamente te pusiste de pie y comenzaste a correr por todo el salón. Mirabas hacia todos lados como si alguien te siguiera. Cuando te detuviste tomaste a ese hombre por la camisa y lo aventaste contra la pared y después comenzaste a ahorcarlo.

-Pues de acuerdo a las cartas, y a las habladurías del pueblo, no le hice nada que él no le haya hecho a su esposa -Tissa sonrió intentando disimular el temor que sentía al enterarse de lo que había hecho sin darse cuenta.

Adam bajó la mirada y apretó los labios -Tissa, cuando ustedes me ofrecieron vivir con ustedes conocí lo que era la magia, he vivido en un mundo de talismanes, amuletos, pociones y hechizos. He visto más de lo que jamás creí que pudiera existir en este mundo y sé que es un privilegio ser testigo de todo esto pues no todos saben exactamente de lo que eres capaz -tragó saliva- vi a nuestra madre entrar en trance, pero a ti nunca, hasta hoy, y debo decir que no fue lo que esperaba, tuve miedo, por ti, por mí, por todos.

-No hay nada qué temer -sonrió- hasta hace unos momentos no creí que fuera capaz de entrar en trance, ahora veo que tal vez no había sucedido sólo porque no había nada que debiera mostrárseme.

-No es sólo eso, es que -la miró fijamente- temo que vuelva a suceder y que no pueda hacer algo al respecto. Verás, yo no podía separarte de ese hombre, eras demasiado fuerte. Creí que vería como matabas a ese hombre frente a mí, con tus propias manos.

Tissa guardó silencio, quería decirle a Adam algo que lo tranquilizara, pero ¿cómo hacerlo cuando ella misma sentía que el suelo se movía bajo sus pies? Era imposible que ella fuera más fuerte que Adam, debía pesar la mitad que él, tal vez menos. Además, le sacaba por lo menos una cabeza. Quizás había empleado magia sin darse cuenta y aunque esa podía ser una explicación satisfactoria no resultaba muy reconfortante el saber que había usado sus poderes sin tener conciencia de ello.

-Lo mismo le pasaba a nuestra madre durante sus trances, no hay nada de qué preocuparse.

Adam la miró e hizo una mueca, era claro que no le creía.

-Sí, no hay nada de qué preocuparse -repitió intentando sonar convincente- Mira, debe haber algo al respecto en sus diarios, ahí debe haber algo sobre la manera de controlarlo -se puso de pie- lo que necesito ahora es una buena taza de té y una siesta reparadora. Puedes irte temprano, te veo mañana.

-No voy a dejarte así, me quedaré esta noche -dijo Adam cruzándose de brazos.

-De ninguna manera, Jodie estará encantada de que pases esta tarde con ella. Vamos, estaré bien.

-Pero…

-Adam, en verdad no hay problema -le dio un golpecito en el hombro- hace mucho que no tenía la tarde libre, me hará bien estar a solas y simplemente descansar.

Tissa cerró con llave en cuanto Adam se marchó, se sentía intranquila y confundida por la fuerte visión que se apoderó de ella. Sabía que dentro de su casa estaba segura, su madre la había protegido con todo tipo de encantamientos y ella los reforzaba cada cierto tiempo, conforme se fuera requiriendo. Nada ni nadie que tuviera intenciones de dañarla podía entrar por esa puerta sin que ella lo supiera, eran hechizos poderosos. La entrada lateral, el salón donde atendía a las personas y el pasillo que conducía hacia él estaban libres de encantamientos, no podía darse el lujo de rechazar clientes sólo porque no tuvieran una buena opinión de ella. Así de poderoso era el encantamiento, nadie que tuviera malas intenciones, incluso de pensamiento, podía entrar sin su consentimiento en las áreas protegidas.

La pequeña casa que su madre compró y que ahora pertenecía a ella siempre había sido su refugio, el único lugar en el que podía ser quién era y comportarse como quisiera. Su madre siempre insistió en ocultar su verdadera identidad y resaltaba la importancia de esto, decía que era cuestión de vida o muerte. Tissa resentía cargar con tanta responsabilidad, sobre todo porque su madre no le revelaba las razones para ello, no del todo, siempre contaba sólo una parte, una que otra migaja para que Tissa cumpliera con la orden hasta que volviera a rebelarse.

Incluso en su lecho de muerte se rehusó a decirle toda la verdad, dijo que mientras menos supiera mejor y que, si llegaba el día en que debía saberlo, entonces todo sería revelado, aunque rogaba a la Diosa que su hija nunca tuviera que saber toda la historia. Tissa no comprendió las enigmáticas últimas palabras de su madre “nunca olvides todo lo que te enseñé, practica a diario como si tu vida dependiera de ello, sólo espero que nunca vayas a necesitarlo”. Desconsolada ante la gran pérdida decidió que ahora más que nunca quería saber la verdad pues comprendió que lo que su madre ocultaba nunca la dejó vivir plenamente. Siempre pareció llevar una enorme carga en sus hombros, una que nunca compartió con ella ni con nadie más.

La joven encendió el fuego en la chimenea y se sentó frente a ella con una taza de té humeante entre las manos. La visión la había dejado helada hasta los huesos, a pesar de las danzantes llamas frente a ella y la bebida caliente no podía recuperarse. No había querido alarmar más a Adam, pero no era la primera vez que entraba en trance, llevaba varios meses perdiéndose en sus visiones, sólo por breves instantes, nada tan poderoso como lo que sucedió ese día. Algo importante estaba por suceder o quizás ya estaba pasando, lo que no comprendía era qué tenía que ver ella en eso.

Desde que las visiones habían comenzado también los diarios de su madre empezaron a revelarse ante ella. Tissa había examinado esos diarios cientos de veces, por lo general en busca de pociones y encantamientos. Se ponía muy sentimental al leer aquellos que tenían pasajes de la vida de su madre, sobre todo porque mientras más descubría sobre ella más se daba cuenta que gran parte de su vida era desconocida para ella. Le desconcertó encontrar un par de diarios con las páginas en blanco, las hojas se veían desgastadas y al pasar los dedos sobre ellas sentía un leve cosquilleo. Después de la primera visión comprendió lo que realmente había en esos diarios.

Sucedió hacía ya tiempo cuando el baúl al pie de su cama donde guardaba los diarios comenzó a moverse, la tapa se agitaba como si pidiera que la abrieran. En cuanto lo hizo se encontró con uno de los diarios en blanco en el que ahora podía ver letras en sus páginas. Las primeras páginas explicaban que estaban protegidos por un encantamiento que le permitiría ver sólo a ella lo que ahí escribía y que el resto se iría revelando conforme fuera necesario. La emoción por el descubrimiento fue empañándose por lo que fue leyendo. Si lo que su madre decía en ese diario era verdad entonces se avecinaba algo realmente malo.



CAPÍTULO 2


Adam cerró la puerta lateral y volteó el letrero dejando hacia afuera la cara que mostraba una imagen con un ojo cerrado indicando que no recibirían más clientes por ese día.

-Creo que con esto podrás al fin comprar la pulsera que Jodie quiere -dijo Tissa sosteniendo un saco con monedas- tuvimos muchos visitantes.

Adam se cruzó de brazos.

-¿Qué sucede? Deberías estar contento por las ganancias.

-Lo estoy, pero estoy preocupado por ti, has estado trabajando sin parar. Creí que te tomarías unos días para averiguar qué fue lo que te sucedió -apretó los labios- con el trance, ya sabes.

Tissa dio un manotazo en el aire -Eso no fue nada, ya te dije que estoy bien. Además, eso fue hace varios días y no ha vuelto a pasar. Adam, te quiero, pero a veces puedes ser un verdadero dolor en el trasero -le entregó su paga del día y lo acompañó a la puerta.

Tissa se quedó mirando a Adam mientras caminaba hasta perderse en la obscuridad de la noche, odiaba mentirle, pero no podía contarle lo que le sucedía si ni ella misma lo entendía. Bostezó, estaba muy cansada pero el carruaje que se detuvo frente a su puerta le hizo saber que su día aún no terminaba. El cochero bajó de un brinco para ayudar a descender a una figura encapuchada que miró hacia ambos lados antes de acercarse a la puerta. Tissa se cruzó de brazos y resopló antes de hacerse a un lado y permitir que la misteriosa figura entrara a su casa. El cochero condujo el carruaje hacia la calle lateral donde se ocultó entre las sombras mientras esperaba a que su amo terminara su visita.

-Hace mucho que no te veía por acá -Tissa puso a calentar agua para té.

-Podrías verme a diario si quisieras -el hombre se despojó de la capa y la colgó del perchero junto a la puerta de entrada antes de sentarse a la mesa.

Tissa miró al conde Bertrand e hizo una mueca. Bertrand sonrió seductoramente, el conde era un hombre muy atractivo y para colmo, era encantador. Era el soltero más codiciado no sólo de Cordnuck sino de los poblados vecinos. La presión para casarse y concebir un heredero era cada vez mayor y no faltaban familias que intentaran llegar a un buen acuerdo matrimonial pero el conde rechazaba a cualquier prospecto que le presentaran. Sabía que debía cumplir con sus obligaciones, pero temía tomar la decisión equivocada. Esa era una de las muchas razones por las que visitaba a Tissa, confiaba en sus consejos, aunque también le gustaba pasar tiempo con ella, era diferente a todas las mujeres que había conocido.

-Prefiero verte sólo de vez en cuando, así me das tiempo de extrañarte -dijo despreocupadamente mientras preparaba la infusión de hierbas.

-¿Por qué insistes en rechazarme? Si nos casáramos seríamos invencibles ¿Qué no te das cuenta que eres la solución a todos mis problemas? No tendría por qué escabullirme por las noches como si fuera un delito verte.

Tissa lo miró detenidamente, Bertrand era el hombre más guapo que había visto en toda su vida, eso era innegable. Era inteligente, bondadoso, decente y honesto. El conde tenía todas las cualidades que cualquier mujer pudiera querer en un hombre, pero ella simplemente no sentía nada más por él que una amistad y sabía que él sentía lo mismo por ella a pesar de su comportamiento coqueto.

-No es conveniente que la gente sepa que consultas con la hechicera del pueblo ¿te imaginas el escándalo que sería el que te casaras conmigo? Ya te dije que la mujer que está destinada para ti está allá, en algún lado, esperando a que sea el momento de unirse a ti. Lo he visto en las cartas, tendrás la fortuna de contraer nupcias por amor.

-Amor -se encogió de hombros al tiempo que resoplaba- un concepto sobrevaluado, si me lo preguntas.

-No lo hice.

Bertrand se levantó y la tomó por la cintura -¿Es que acaso no sientes amor por mí?- acarició su mejilla- nos sentimos atraídos el uno por el otro, somos buenos juntos, no puedes negarlo.

-Confundes amor con lujuria -Tissa lo empujó ligeramente- cuando encuentres el verdadero amor no lo confundirás con nada más, recuerda mis palabras.

-¿Y qué hay de ti? ¿Qué es lo que el futuro te depara? Me rehuso a creer que el destino no le tenga preparado algo muy interesante a alguien como tú.

-Sabes bien que no puedo ver lo que se avecina para mí -se cruzó de brazos- sólo sé lo que llega a mí en visiones y advertencias, pero nada que indique mi situación a largo plazo.

-¿Entonces cómo sabes que no estás destinada a estar conmigo?

-Simplemente lo sé, no sólo porque he visto cuál es tu destino -sonrió- sino porque no puedo verte como nada más que a un amigo.

El conde le dio un casto beso en la mejilla -Bueno, no puedes culparme por intentarlo, me he sentido muy solo últimamente -se sentó nuevamente y entrelazó sus manos frente a él- sabes lo importante que eres para mí y a veces siento que sólo puedo contar contigo.

-¿Qué sucede? Te ves alterado -Tissa se sentó junto a él- siento que esta no es una de tus acostumbradas visitas para que te lea las cartas y veamos el panorama en general del condado ¿quieres saber algo en específico?

Bertrand tomó un poco de té -Algo está sucediendo en los poblados vecinos y me temo que es sólo cuestión de tiempo para que llegue a Cordnuck.

Tissa escuchó con atención mientras Bertrand le contaba sobre las noticias que habían estado llegando durante las últimas semanas. Los crímenes violentos se habían incrementado en otros condados y se hablaba de hambruna y enfermedades que estaban arrasando poblados enteros. Incluso la naturaleza misma se estaba sumando a las calamidades pues los cambios extremos de clima provocaban tanto sequías como inundaciones repentinas. Los más supersticiosos hablaban incluso de una maldición que parecía extenderse como epidemia lentamente de pueblo en pueblo. Bertrand era un hábil administrador de sus tierras y recursos, pero temía no poder proteger a su gente si debían enfrentarse a algo que estaba fuera de su control.

-No nos adelantemos a los hechos -puso su mano sobre su hombro- consultemos a las cartas y veamos qué es lo que sucede.

Tissa no hacía lecturas para Bertrand en el salón, ese lugar era para sus clientes y lo consideraba impersonal cuando se trataba de aconsejar al conde. A él lo recibía en la pequeña estancia frente a la chimenea, ahí podían estar más cómodos. La improbable amistad entre ambos se había dado por casualidad cuando ella era una adolescente rebelde. Se encontraba en las afueras del condado practicando hechizos cuando se encontró con un joven conde que, al igual que ella, buscaba alejarse de sus obligaciones, aunque fuera por un momento. La relación entre ambos no hubiera sido bien vista por la familia de Bertrand y eso sólo resultó más atractivo para los dos. A través de los años la emoción de lo prohibido se fue desvaneciendo y en su lugar había ahora sólo una estrecha relación de amistad.

Bertrand confiaba plenamente en ella y en sus habilidades y a través de los años había tomado decisiones basadas en sus valiosos consejos. En la antigüedad los gobernantes contaban con hechicheros de cabecera que los ayudaban en lo que se les ofreciera y aunque esos tiempos habían quedado atrás él quería traerlos de vuelta, quería servir a su gente tal y como lo habían hecho sus antepasados, pero desde la época de su tatarabuelo no habían tenido un hechicero consejero en el castillo. El conde sabía lo poderosa que era Tissa en realidad pues ella se lo había confiado, pero también le había hecho prometer que guardaría el secreto. Bertrand aceptó a regañadientes pues creía que su don no debía permanecer oculto, pero respetaba su decisión, aunque eso no impedía que cada semana intentara convencerla de irse a vivir al castillo. Ya sea como esposa o como consejera, no importaba, pero ella lo rechazaba una y otra vez.

El conde la conocía lo suficiente como para comprender por qué no quería casarse con él, pero no entendía por qué no aceptaba estar en una posición que le traería riqueza y prestigio. No que Tissa considerara esas cosas como importantes, pero sabía que un puesto así le daría oportunidades que no conseguiría si seguía metida en esa pequeña casa leyendo cartas para esposas aburridas y creando amuletos para jóvenes que desean atraer al sexo opuesto. Quizás tenía algo que ver con su pasado, esa época tan misteriosa de su vida que no le contaba a nadie, ni siquiera a él.

El calor de la chimenea no era suficiente para reconfortarlos después de las revelaciones de las cartas. Tissa se obligó a mantener el semblante serio mientras confirmaba las malas noticias que el conde había recibido. En verdad se encontraban rodeados de maldad, desgracias y tragedias que se aproximaban lentamente. No eran sucesos ordinarios, había algo obscuro detrás de ellos y no parecía haber escapatoria. Las cartas eran muy claras, una sombra cubría los poblados vecinos y crecería hasta cubrir también a Cordnuck. Le seguirían más y más poblados y así hasta finalmente cubrir al mundo entero. El mal se esparcería como un líquido negro y espeso cubriendo y ahogando todo a su paso hasta que al final no quede nada.

Tissa consultó también a las runas y al péndulo en un vano intento por obtener un resultado diferente con la esperanza de haber malinterpretado a las cartas, pero ambos métodos advirtieron también lo que estaba por venir. La preocupación en el rostro de Bertrand era evidente pero también la determinación de proteger a su gente. Ahora que tenía confirmación de que el condado estaba en peligro era momento de tomar previsiones. Las bodegas se encontraban bien provistas y estaban a tiempo de conseguir lo que hiciera falta. El castillo estaba listo para recibir a todos los habitantes del condado y protegerlos de lo que se avecinaba.

-¿Alguien más en el pueblo sabe lo que sucede en los alrededores? -preguntó Tissa.

-No lo creo, los mensajeros que han venido lo han hecho bajo estrictas órdenes de confidencialidad y supongo que si algún forastero que pasara por aquí hubiera contado algo al respecto ya nos hubiéramos enterado. Las noticias aquí corren rápido.

Tissa sonrió -Se dice que si tropiezas en el mercado para cuando llegues a tu casa tu vecino te estará preguntando si te lastimaste.

-Debemos mantener esto en secreto el mayor tiempo posible, no queremos alarmar a la gente, por lo menos no todavía.

-¿Qué les dirás? No puedes simplemente anunciar que las cartas revelaron que se acerca algo siniestro. No sabemos cómo combatirlo, si supiéramos por lo menos lo que es podríamos empezar a idear cómo enfrentarlo.

-Mañana enviaré a un mensajero a que traiga los últimos acontecimientos de los pueblos cercanos, tal vez con un poco más de información sepa qué hacer. Ahora debo irme -se colocó la capa y la cerró hasta el cuello para cubrir lo más posible sus elegantes ropas- si te enteras de algo más envíame un mensaje al castillo, mandaré un carruaje por ti.

Tissa asintió con la cabeza.

Bertrand abrió la puerta y la sujetó fuertemente para evitar que el helado aire la azotara mientras llamaba al cochero con un silbido.

-Última oportunidad para pedirme que pase la noche contigo.

-¿Prometes que será la última? -Tissa hizo una mueca.

Bertrand guiñó con un ojo antes de colocarse la capucha y ocultar su rostro.

Tissa regresó a la estancia en cuanto el conde se marchó y sacó de un viejo baúl su bola de cristal. Tal vez ahí podría encontrar respuestas más concretas. No había querido usarla frente a Bertrand pues las revelaciones de la bola podían ser muy poderosas, no era conveniente utilizarla frente a otras personas. Sólo lo había hecho frente a Adam en un par de ocasiones y no había sido buena idea, fue demasiado impactante para él verla con la mirada perdida respirando tan lentamente que parecía que estuviera muerta. El grado de concentración que implicaba mirar en su interior y descifrar las imágenes era inimaginable para la mayoría de las personas, pero su madre la había instruído bien.

La fría bola de cristal vibró entre las manos de Tissa mientras la colocaba sobre el paño negro extendido en la mesa. La joven respiró lentamente tres veces y fijó su mirada en el interior de la bola. Se concentró en las revelaciones de esa noche, la maldad que se acercaba a ellos y las interrogantes que eso despertaba, pero, sobre todo, pedía guía, consejo, el resto de sus herramientas de adivinación no le habían revelado a qué se enfrentaba o de dónde venía. Esperaba que la bola le indicara por lo menos qué podía hacer para ayudar, qué era lo que necesitaba para enfrentarse a lo que se avecinaba. Su respiración se ralentizó tanto que era casi imperceptible y fue entonces que un denso humo comenzó a formarse dentro de la bola, girando lentamente, expandiéndose hasta llenar todo el interior.

Tissa dejó de sentir su cuerpo, en ese momento sólo existía el humo dentro de la bola que comenzaba a desvanecerse para dar paso a una obscura vereda en medio del bosque. Todo estaba extrañamente en silencio, no se escuchaba ningún animal nocturno, ni siquiera el viento, todo estaba estático. De pronto una sombra apareció en la vereda, un hombre con una capa rojo obscuro caminaba decididamente. Se encontraba de espaldas a ella así que no podía ver su rostro, con gran concentración impulsó su visión hasta aventajar a aquel hombre. Su rostro estaba perdido entre las sombras, pero alcanzó a ver el broche que sujetaba su capa, era plateado y tenía un extraño símbolo grabado.

El humo comenzó a nublar la visión y Tissa se aferró a ella, tenía que ver quién era ese hombre ¿acaso era el culpable de lo que sucedía? ¿Era alguien a quién debía temer? Se concentró en el símbolo del broche y le pareció familiar ¿dónde lo había visto antes? Si tan sólo… unos golpes que se escucharon a la lejanía la distrajeron. La visión comenzó a desvanecerse, no podía permitir que se escapara así que se obligó a ignorar el ruido y a continuar, pero los golpes eran cada vez más fuertes e insistentes.

Salió tan rápido de la visión que estuvo a punto de caer de la silla de no ser porque se aferró a la mesa y se obligó a respirar con normalidad, le faltaba el aire y cerró los ojos para calmarse. Gruñó, molesta, al escuchar los golpes a la puerta que habían interrumpido su sesión ¿quién podría ser a esas horas? El letrero de cerrado colgaba en la puerta lateral, no podía ser algún cliente, aunque no descartaba esa posibilidad pues en más de una ocasión se habían presentado en su hogar a altas horas de la noche con lo que ellos consideraban emergencias. Sus problemas iban desde lo ridículo como sospechas de infidelidad de sus cónyuges hasta lo importante como alguna enfermedad.

Por un instante consideró no abrir pues no estaba de humor para atender clientes, pero su sentido del deber le impedía ignorar a alguien que quizás realmente necesitaba su ayuda. Mientras cubría la bola con el paño negro se escucharon nuevamente los golpes y se dio cuenta que no tocaban a la puerta lateral sino a la principal.

-¡Ya voy! -gritó con más volumen del que pretendía pero estaba furiosa no sólo por la interrupción sino por la evidente falta de respeto del inesperado visitante ¿quién se creía que era? Golpeaba la puerta como si ella tuviera la obligación de ir corriendo a abrirle ¿qué no se daba cuenta de qué hora era?

Se acercó a la puerta y se sobresaltó al ver cómo ésta se sacudía con cada golpe. Levantó la pequeña cortina que cubría la mirilla y olvidó respirar por un momento al contemplar el broche plateado de su visión. Ahora recordaba dónde había visto ese símbolo y sabía exactamente qué significaba. Abrió la puerta de golpe sabiéndose protegida por el hechizo de protección de la casa, si ese hombre estaba allí para hacerle daño no la tendría fácil, no sabía con quién estaba lidiando.



CAPÍTULO 3


El imponente hombre que estaba parado frente a su puerta la miró fijamente. Era alto, tanto como Adam, quizás incluso más, pero a diferencia de su hermano adoptivo, el extraño visitante era musculoso y había algo amenazador en él. El cabello café obscuro que caía en capas hasta los hombros le daba un aspecto peligroso. Por la abertura de la capa era visible un grueso gambesón de fina hechura y un elegante cinto de cuero del que colgaban varias dagas y un látigo. El pomo de lo que Tissa podía asumir era una espada enorme que colgaba de su cintura asomaba por el costado izquierdo mientras su mano descansaba casualmente sobre él. Su postura confiada con los pies firmemente plantados en el suelo y la capa ondeando por el fuerte viento nocturno le daban una apariencia intimidante. Era fácil imaginar que sus enemigos, si es que los tenía, prefirieran huir antes que enfrentarlo.

Con sólo unos segundos en presencia de ese hombre se podía ver que estaba acostumbrado a mandar, pero también a inspirar respeto, incluso temor. Tissa había sido testigo de la arrogancia de los pocos caballeros que había conocido en su vida, pero nunca le había dado importancia. Ella no era del tipo de mujeres que se desvivían por llamar la atención de los caballeros que pasaban por el condado con la esperanza de desposarlos. Odiaba la violencia, le repugnaba el pensar en guerras y batallas, sabía que eran tristemente necesarias, pero mientras más lejos pudiera mantenerse de todo eso, mejor.

La joven no se iba a dejar intimidar por él y mucho menos en su propia casa. Se cruzó de brazos y lo miró a los ojos dejándole saber que no lo consideraba más importante que a cualquier otra persona. El hombre, al notar su actitud defensiva, suavizó la mirada y cambió su postura por una más relajada con ambos brazos descansando al frente con una mano sujetando a la otra.

-Buenas noches, le ofrezco una disculpa por el atrevimiento de molestarla a esta hora, pero he venido desde muy lejos buscando a una persona que vive en esta casa, es imperativo que hable con ella de inmediato.

Su voz era tan melodiosa como varonil y su acento y enunciación denotaban educación extensa y formal. La exagerada cortesía con qué se dirigía a Tissa parecía contradictoria a la intimidante apariencia del misterioso caballero.

-Me temo que tal vez le han informado mal pues la única que vive aquí soy yo y no tengo relación alguna con La Orden de los Caballeros de la Virtud, así que debe ser un error el que uno de sus miembros me haya importunado con fuertes golpes en mi puerta. Es un milagro que no la haya tumbado de tan insistente que fue.

Los ojos del caballero se abrieron ligeramente por una fracción de segundo, quizás sorprendido al ver que la joven había reconocido el símbolo en su broche -Lamento mucho mi comportamiento, pero tengo una misión urgente que no estoy en libertad de discutir con personas no autorizadas. Las instrucciones que me dieron me trajeron hasta esta casa, estoy buscando a la hechicera llamada Prophetissa.

Tissa sintió que una daga fría se retorcía en su corazón, hacía años que no escuchaba ese nombre y no sabía cómo reaccionar ¿podía confiar en él? La Orden de los Caballeros de la Virtud era conocida por contar con miembros rectos y justos, hombres decentes que dedicaban sus vidas al servicio de los demás. Nunca había conocido a uno, hasta ahora, pero el símbolo que los identificaba aparecía en algunos de los libros de su madre. Sus hazañas eran legendarias, se cantaban canciones sobre ellos y había cientos de relatos que eran el deleite de chicos y grandes.

El hombre aguardó pacientemente mientras la joven deliberaba qué hacer. La bola de cristal le había permitido ver el broche de ese caballero, le avisó que la visitaría, pero ¿con qué propósito? El símbolo de La Orden era un círculo dentro del cual había un triángulo atravesado por una línea horizontal. Representaba el elemento aire como la fluidez para adaptarse a las circunstancias, la rectitud que debe caracterizar a los caballeros y el constante movimiento y regeneración. Si ese hombre era realmente un caballero de La Orden entonces no tenía nada qué temer, aunque bien podía ser un impostor. Su madre siempre insistió en la importancia de mantener su identidad en secreto, no podía actuar a la ligera.

-No conozco a la mujer que menciona, caballero -dio un paso atrás para cerrar la puerta- le deseo suerte en su búsqueda.

El caballero levantó la mano dejando ver el fino guante de piel que la cubría -No, espere, lamento abusar de su tiempo más de lo que ya lo he hecho, pero es posible que conozca con otro nombre a la mujer que busco.

-¿Cuál sería ese?

-No lo sé, pero tengo razones para creer que tal vez pueda estar ocultando su verdadera identidad -sacudió la cabeza recriminándose a sí mismo el estar hablando de más pero no tenía alternativa.

-Permítame su mano.

El hombre la miró desconcertado -¿Disculpe?

-Su mano -insistió Tissa- cruce el marco de la puerta con su mano.

El caballero apretó la quijada y sin dudarlo extendió el brazo hacia adelante sin dejar de ver a Tissa a los ojos -¿Satisfecha?

La joven desvió la mirada sólo unos segundos para asegurarse que la mano de aquel hombre había atravesado la puerta sin problema. Ahora por lo menos sabía que ese caballero no estaba ahí con intenciones de dañarla.

-Será mejor que hablemos adentro, pase ¿le gustaría un poco de té?

El caballero la miró fijamente y por un breve instante le pareció a Tissa ver una leve sonrisa en el varonil rostro.

-Puede sentarse al fondo frente a la chimenea para que entre en calor, en un momento estaré con usted -dijo Tissa con una inocente sonrisa.

Mientras el hombre caminaba hacia la sala la joven no pudo evitar sentir la fuerte presencia de aquel caballero, parecía llenar por completo la pequeña casa de una sola planta con sólo entrar en ella. Tissa se concentró para penetrar en los pensamientos del inesperado visitante, aunque no era tarea fácil pues requería de mucho esfuerzo, pero una ocasión como esa definitivamente lo ameritaba. No era capaz de leer los pensamientos ajenos, el hechizo sólo le permitía entrar en la conciencia de las personas y saber si mentían o no sin que ellos se dieran cuenta. No lo hacía muy seguido pues le parecía un tanto invasivo, pero, dadas las circunstancias, no podía ser demasido precavida. En cuanto intentó entrar en los pensamientos del caballero le sorprendió encontrarse con una barrera que no le permitía traspasar. Lo atribuyó a estar fuera de práctica y lo intentó nuevamente pero no lo logró.

-Creí que entrar a la casa sin ser afectado por el hechizo de protección sería suficiente pero ahora veo que esa no fue prueba suficiente para usted -dijo el caballero desde la sala.

Tissa lo encontró parado frente a la chimenea con las manos extendidas hacia el fuego, se había quitado la capa y los guantes, pero la espada continuaba enfundada junto a su pierna. La joven veía ahora sus impresionantes dimensiones, los músculos de su espalda y brazos eran evidentes incluso cubiertos por el gambesón y la piel de sus pantalones dejaba ver unas piernas fuertes. La joven desvió la mirada al darse cuenta que estaba poniendo demasiada atención al cuerpo de ese caballero. Tal vez Bertrand no era el único que se sentía solo últimamente.

-¿Qué es lo que ocultas? -Tissa dejó de lado el decoro y la falsa amabilidad.

-Prefiero que me hagan preguntas directamente en vez de hurgar en mi mente en contra de mi voluntad -el rostro del hombre era inescrutable- te aseguro que puedes confiar en mí.

Tissa resopló -No sabía que el bloqueo de hechizos fuera parte del entrenamiento de los caballeros de La Orden. Tal vez no eres quién dices ser.

-No es parte del entrenamiento, es verdad, pero yo fui instruido directamente por el gran maestre. Él fue quién me enseñó a protegerme en todos los aspectos, no sólo en el físico.

La joven lo miró desafiante, sabía que no era prudente provocar a un caballero, mucho menos a uno armado. El hombre pareció adivinar sus pensamientos y se retiró el cinto. Colocó las dagas y la espada sobre la mesa y se sentó en la silla junto al fuego.

-Adelante, hazlo -dijo con voz profunda- busca en mi mente.

Esta vez Tissa entró con facilidad en sus pensamientos, la barrera estaba abierta, pero podía sentir que sólo era temporalmente, que él le estaba dando libre acceso sólo por el tiempo que él quisiera. La joven se apresuró a buscar falsedad en él y no la encontró, el hombre hablaba con la verdad y no había segundas intenciones en él. Tenía una misión que cumplir y era todo lo que le importaba. Penetró aún más en su conciencia, tal vez podría encontrar algo interesante y…

-¿Satisfecha?

-Por ahora -dijo Tissa fingiendo que no le importaba el que la hubiera vuelto a bloquear.

-Prophetissa, dime dónde puedo encontrarla.

-La encontraste, caballero. Soy yo.

-Me he abierto completamente y he pasado tus pruebas, lo mínimo que espero es que me hables con la verdad.

-Es la verdad, yo soy Prophetissa, la hechichera.

El hombre la miró desconcertado -No, es imposible que lo seas. A menos que tu apariencia de mujer joven y hermosa sea resultado de un encantamiento para ocultar tu verdadera identidad.

-¿Sabes la cantidad de energía que se requeriría para un encantamiento de apariencia? Si quisiera ocultarme hay maneras más fáciles de hacerlo -se llevó la mano a la sien derecha y apretó ligeramente, sentía una punzada por haberse topado con la barrera de protección ¿hermosa? ¿Eso fue lo que dijo?

-La Prophetissa que busco es una mujer mayor que tú, una con edad suficiente para haber peleado en la batalla de Las Tempestades. Seguramente tú ni siquiera habías nacido en esa época.

-¿Peleaste en la batalla de Las Tempestades?

-¿Qué? No ¿qué tan viejo crees que soy? Yo tampoco había nacido -sacudió la cabeza.

Tissa extendió las manos hacia adelante -Lo siento- dijo con falso arrepentimiento- tengo entendido que La Orden manda a sus miembros desde muy jóvenes a la guerra. Creí que habías sido uno de esos niños soldados que tanto se mencionan.

-Esa es una mentira creada por los bandos contrarios que no pueden creer que los caballeros jóvenes sean tan diestros a pesar de no tener tantos años de experiencia -dijo con orgullo- todo se debe al entrenamiento diseñado por La Orden.

Tissa se sentó junto a él -Mira, creo que estás buscando a mi madre, pero lamento decirte que llegaste muy tarde, ella falleció hace cinco años. Yo llevo el mismo nombre que ella, Prophetissa, pero todos aquí me conocen como Tissa.

El caballero entrelazó sus manos frente a él -Mi nombre es Sir Holden du Mont y siento mucho tu pérdida. Ofrezco de antemano mis disculpas si puedo resultarte brusco, pero tengo una misión que cumplir. Sólo tomaré lo que dejó para La Orden y me marcharé.

Tissa levantó una ceja, confundida.

-No tienes idea de lo que estoy hablando -dijo Holden apretando la quijada.

-No exactamente, es decir, sabía que vendrías, mis visiones me avisaron, pero mi madre nunca te mencionó ni a nadie más de La Orden.

Holden se levantó de un golpe y se recargó en el manto de la chimenea dándole la espalda.

-Conoces la historia de la Lapis Statera, la piedra del equilibrio -la miró sobre el hombro- ¿no es así?

Tissa asintió, todos conocían la antigua leyenda sobre la existencia de una piedra mágica compuesta de luz y obscuridad. Se decía que mientras ambos lados se mantuvieran en perfecto equilibrio la vida continuaría existiendo y así como la noche sigue al día, la luz da paso a la obscuridad y esta nuevamente a la luz en un ciclo eterno. Si se avanza también se puede regresar, si se sube también se puede bajar. Toda la existencia se basa en contrapartes, tan opuestas como iguales en su naturaleza.

La leyenda explicaba que la ubicación de la piedra era desconocida y aunque muchos intentaron encontrarla sólo aquel que fuera digno podría ubicarla. Desgraciadamente, así como el bueno es digno de encontrar el bien, el malo es digno de encontrar la maldad. Un malvado hechicero dedicó su vida a encontrar la piedra para provocar el desequilibrio y dominar así al mundo, pero cuando la encontró no pudo controlar su poder pues la Lapis Statera absorbió la maldad del hechicero y la obscuridad en ella creció aventajando a la luz. El desequilibrio de la piedra comenzó a afectar todo a su alrededor y mientras más se extendía provocando la maldad en los hombres, también la obscuridad crecía alimentándose del caos y la tragedia.

La piedra estaba fuera de control así que se reunieron los hechiceros de los poblados que todavía no habían sido tocados por la maldad para intentar contenerla. Entre todos crearon un fuerte encantamiento que les permitió acercarse lo suficiente a la piedra para dividirla en dos: Lapis Lux y Lapis Tenebris. La obscuridad, Tenebris, al verse separada de la luz, Lux, no podía existir y poco a poco fue disminuyendo hasta igualar a su contraparte. La historia era sólo un cuento para niños, Tissa había crecido escuchando esa historia de los labios de su madre. Le encantaba sobre todo el final, cuando su madre explicaba que la luz en la piedra era más poderosa que la obscuridad ya que, a diferencia de su contraparte, ella si podía existir sin la obscuridad, aunque al hacerlo estaría incompleta. Siempre necesitaría de ella para ser un todo.

-Es sólo un cuento para explicar a los niños que todo tiene dos lados -la joven se recargó hacia atrás en la silla.

-No es sólo un cuento -Holden se giró hacia ella- es verdad. La obscuridad estuvo a punto de engullir entero a este mundo, pero fue hace tantos siglos que los hechos han sido cambiados, aumentados y fragmentados, tanto que casi nadie sabe que forma parte de nuestra historia.

-Si fuera verdad entonces eso significaría que esa piedra existe y que está por ahí, susceptible de caer en las manos equivocadas en cualquier momento -sonrió, pero dejó de hacerlo al ver preocupación en el rostro del caballero- hablas en serio.

Holden asintió -Pocas personas saben la última parte de la historia. Los hechiceros debieron unir nuevamente Lux y Tenebris pues la piedra no puede ser destruída, si no hay equilibrio la vida no puede continuar. Sabían que era demasiado peligrosa y la tentación era tan grande que ninguno de ellos se atrevió a comprometerse a custodiarla. Mientras hubiera alguien que conociera la ubicación de la Lapis Statera siempre habría quién quisiera llegar a ella. Además, la cercanía con la piedra puede corromper al más recto, es tan poderosa que el sólo acercarse a ella puede llevar a un hombre a la locura.

-Supongo que no podían simplemente esconderla porque ¿quién lo haría y en dónde? En un momento de debilidad el elegido para hacerlo podría huir con la piedra o regresar por ella en cualquier momento -Tissa se dio unos golpecitos en el mentón con el dedo índice mientras consideraba las repercusiones de lo que el caballero decía.

-Al no encontrar otra solución decidieron elegir a dos hechiceros para que escondieran la piedra. Sólo ellos sabrían la ubicación y se cuidarían el uno al otro para no caer en la tentación. Una vez que estuviera oculta tomarían un veneno al mismo tiempo para que el secreto muriera con ellos. Partieron durante la madrugada con rumbo desconocido, pero al detenerse durante la noche en un pueblo estuvieron a punto de ser víctimas de un ladronzuelo. Lograron atraparlo antes de que huyera con sus sacos de monedas y la Lapis Statera. Fue así como descubrieron que el poder de la piedra no tenía influencia sobre aquel muchacho, era capaz de sostenerla entre sus manos sin afectación alguna.

-¿Cómo es posible ser digno del bien y del mal a la vez?

-No lo era, simplemente había algo en su sangre que lo volvía inmune a la piedra. Los hechiceros vieron la respuesta a sus plegarias, aquel muchacho no era malo, sólo robaba por necesidad pues había perdido a sus padres y él mantenía a sus hermanos. Los hechiceros le entregaron a él la piedra y le pidieron guardarla donde nadie pudiera encontrarla.

-¿Así de fácil confiaron en él?

-No precisamente, verás, a cambio de su servicio los hechiceros le entregaron la propiedad de una tierra, un lugar donde pudiera cultivar y vivir con sus hermanos sin tener que robar para sobrevivir. El muchacho accedió de inmediato, quizás en su inocencia no se dio cuenta de la enorme responsabilidad que esto implicaba. Los hechiceros lo vigilaron durante años, asegurándose de que el muchacho cumpliera hasta convertirse en un exitoso hombre de bien. Aquel joven cumplió con su promesa incluso después de la tumba pues se aseguró de que la responsabilidad recayera de generación en generación y así es como la Lapis Statera se mantuvo a salvo durante todos estos años.

-Pero ya no lo está, a salvo, es decir -Tissa alzó la mirada- si así fuera no estarías aquí contándome todo esto ¿no es así?

Holden asintió -Hace algunos años, antes de nuestros tiempos, el único miembro restante de la familia contactó a La Orden solicitando su ayuda. Se encontraba en su lecho de muerte y no tenía descendencia que continuara con el deber de cuidar la piedra. La Orden eligió al caballero más recto y capaz para la difícil tarea de ir por la piedra y llevarla a un nuevo escondite. Él, a su vez, acudió a la persona en la que más confiaba, la única que guardaría no sólo el secreto, sino que le ayudaría a ocultar la piedra de la mejor manera pues ella no sólo había sido su compañera de armas, sino que era una hábil hechicera. Esa mujer era tu madre.

-Ella hablaba poco de esa etapa de su vida, en algunas ocasiones mencionaba la camaradería entre ella y sus compañeros, pero nunca entraba en detalles sobre muerte y violencia. Creo que quería ahorrarme el imaginar siquiera el horror que debió vivir. Eso fue años antes de que yo naciera.

-La experiencia en batalla de tu madre la hacía doblemente valiosa para la misión pues si alguien descubría lo que transportaban podían ser atacados. Ambos juraron proteger la piedra con su vida. Tu madre sabía que ningún escondite sería jamás suficiente, mientras existiera una posibilidad de encontrarla y utilizar su poder nunca nadie estaría a salvo. Así que encontró la manera de dividirla nuevamente, protegiendo cada mitad para que ambas pudieran existir de manera independiente, pero ejerciendo suficiente influencia la una en la otra para mantener el equilibrio. No era una solución permanente pues no se puede despojar a la piedra de su poder, hacerlo significaría romper el equilibrio y con ello la existencia como la conocemos, pero mientras permanezcan separadas su poder no puede ser utilizado por completo. Tu madre se quedó con Lux, la luz y el caballero con Tenebris, la obscuridad. Tomaron caminos separados sin revelar entre ellos hacia dónde se dirigían, no sin antes jurar que dedicarían sus vidas a mantener las piezas ocultas.

-Espera, si ninguno sabía hacia dónde se dirigían ¿cómo es que llegaste aquí esta noche? Mi madre me arrastró de un pueblo a otro durante toda mi infancia, nunca nos quedábamos mucho tiempo en un mismo lugar y cada vez que partíamos lo hacíamos durante la noche sin que nadie supiera siquiera qué camino habíamos tomado.

-El caballero y tu madre convinieron en dejar indicios de su paradero en el lugar en el que se separaron, sólo ellos dos conocían el punto exacto. Se me dieron instrucciones precisas para encontrar ese punto y las claves me trajeron hasta aquí.

Tissa no tuvo necesidad de que Holden explicara por qué después de todos esos años tenía a un caballero de La Orden en su casa, ahora comprendía que las visiones y la constante sensación de que la maldad se avecinaba habían sido sólo un aviso de lo que ya estaba sucediendo. Las noticias que habían llegado hasta Bertrand eran la confirmación de ello y si La Orden había mandado a un caballero a buscar a su madre a Cordnuck, un pequeño condado en medio de la nada, las cosas debían estar realmente mal.

-Las señales llevan tiempo llegando a mí, pero no las supe interpretar, tal vez no quise reconocerlas -tragó saliva- lo que está sucediendo en otros poblados se debe a la piedra ¿no es así? alguien encontró la mitad de obscuridad y ha desencadenado su poder.

Holden se acercó, colocó las manos sobre la mesa y se agachó para verla fijamente a los ojos -La piedra fue robada. Nuestra única esperanza es unir nuevamente ambas piezas para que la luz se abra paso entre la obscuridad.

-Un momento -alzó las manos- si la piedra está completa será más poderosa todavía. Les estarías dando justo lo que quieren.

-No les voy a dar nada, sólo necesito que Lux contenga a Tenebris lo suficiente para acercarme al ladrón y acabar con él. En estos momentos tiene demasiado poder como para siquiera encontrarlo, la mitad de luz me guiará hasta él y entonces todo esto habrá terminado.


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