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300 citas sobre la oración de grandes cristianos

Descubra el secreto de prevalecer con Dios







James Leon van Wyk

































Copyright © 2019 by Benjamin Williams

Todos los derechos reservados. Se prohíbe cualquier tipo

de reproducción o distribución en cualquiera de sus formas,

sin la previa autorización por escrito del autor.

ISBN: 9780463654392

Titulo: 300 citas sobre la oración de grandes cristianos

Editorial: Smashwords, Inc.













Otros libros de James Leon van Wyk

Oración e intercesión poderosa. Descubra el secreto de la oración contestada.

El secreto del poder de la oración. Sermones de C. H. Spurgeon sobre la orción.











































Edward M. Bounds (1835-1913)

Edward M. Bounds nació en Shelbyville, Missouri, el 15 de abril de 1835. Él y su hermano Charles fueron a California en 1849, atraídos por el descubrimiento del oro. Bounds tenía entonces sólo 14años. Se dice que él y su hermano fueron los dos únicos muchachos que «cruzaron las praderas y llevaron su religión con ellos».

Edward fue admitido en el colegio de abogados, pero sintió tan imperiosamente el impulso de predicar que abandonó la profesión de la ley a la edad de 24 años. Su primer pastorado fue en Monticello, Missouri.

Tras la guerra, el reverendo Edward M. Bounds fue pastor de algunas iglesias en Tennessee y Alabama. En 1875, fue asignado a la Iglesia Metodista San Pablo de San Luis, y allí sirvió durante cuatro años. En 1876, se casó con Emmie Bamette, en Eufaula, Alabama, quien murió diez años después y con la que tuvo dos niñas. En 1887, se casó con Hattie Bamette, quien le sobrevivió y con la que tuvo cinco hijos: dos varones y tres mujeres.

Después de servir en varias iglesias importantes en Sto Louis y otros puntos en el sur, pasó a ser redactor jefe del Sto Louis Christian Advocate, durante cinco años, y luego redactor del The Nashville Christian Advocate, durante cuatro años. Pero su obra principal la realizó en su casa, en Washington, Georgia, levantándose cada día a las 4 de la madrugada y orando hasta las 7 de la mañana. Era un escritor brillante, un profundo pensador y un infatigable estudioso de la Biblia. La mayor parte de su tiempo la ocupaba en leer, escribir y orar.

Durante sus 18 años en esta localidad, sirvió además en varias ocasiones como evangelista, según se le llamaba para predicar. Falleció el 24 de agosto de 1913, en Washington, Georgia.









Citas escogidas

  1. La palabra "oración" expresa el más amplio y comprensivo acercamiento a Dios. Da prominencia al elemento de la devoción; es una estrecha relación y auténtica comunión con Él, disfrutar de Dios y tener acceso a Él.

  2. La "súplica" es una forma más estricta e intensa de oración, acompañada por un sentido de necesidad personal, limitada a buscar de una manera urgente una respuesta para la necesidad apremiante; la misma alma de la oración que ruega por alguna cosa muy necesaria que pesa sobre el corazón.

  3. La "intercesión" es una ampliación en la oración, un extenderse de sí mismo hacia los demás. Se basa en la confianza e influencia del alma que se acerca a Dios, ilimitada en su acceso y sus peticiones. Y esta confianza e influencia ha de ser usada en favor de los demás.

  4. Es su voluntad (de Dios) que nosotros, sus hijos, oremos.

  5. La oración, así como la enseñó el Señor Jesús, penetra en todos los ámbitos de la vida.

  6. Debemos (…) dedicarnos a la oración; no hacerlo sería abrirle la puerta a Satanás.

  7. La oración es un privilegio sagrado.

  8. El ministerio de la oración ha sido, además, la distinción peculiar de todos los santos de Dios. De hecho, éste ha sido el secreto de su poder, la energía y el alma de su obra: el aposento de oración.

  9. Todos estos beneficios, que nos llegan por el Espíritu Santo, se originan y resultan de la oración.

  10. La oración es algo del corazón.

  11. Es por medio de la oración que los ojos de nuestro corazón son abiertos. Los misterios profundos de la gracia son revelados por medio de la oración.

  12. Dios nos ha dado todas las cosas en oración por medio de su promesa porque ya nos ha dado todo en su Hijo.

  13. Podríamos decir que Dios no obra sin la oración.

  14. La oración ha de ser un ejercicio santo, sin vanidad ni orgullo.

  15. Invocar su Nombre significa mucho más que una nomenclatura, habilidad verbal o sentimientos. Es tomar su posición, llevar su propia naturaleza, justicia, verdad, santidad y celo. Significa ser uno con Dios así como Él lo fue, uno en espíritu y uno en propósito.

  16. Para el Señor Jesucristo la oración no ocupaba un lugar secundario, sino que constituía una verdadera necesidad.

  17. Todo aquel que sigue a Cristo como su modelo de oración debe tener la voluntad de Dios como su ley, regla e inspiración.

  18. Los padres y madres han de orar por sus hijitos con perseverancia e importunidad, buscando la bendición de Dios sobre su crianza y desarrollo y, al mismo tiempo, pidiendo sabiduría para educarles en los caminos de Dios.

  19. El poder de la oración que se proyecta hacia afuera es el mismo poder de Dios en nosotros. De ahí que la falta de oración produzca la ausencia de la obra del Espíritu en nuestro ser.

  20. El Espíritu Santo no es sólo nuestro Maestro, Inspirador y Revelador en la oración, sino que el poder de nuestra oración es medido por el poder del Espíritu obrando en nosotros de acuerdo a la buena voluntad de Dios.

  21. Orad y perseverad en oración. Esperad y continuad orando fervientemente con una fe que crezca en esperanza. Esperad y orad, he aquí la llave que abre cada castillo de la desesperación y que hace fluir de los Cielos los tesoros de Dios.

  22. Cuando el Espíritu ora a través de nosotros, acomoda nuestra oración a la voluntad de Dios, y nosotros damos expresión a sus gemidos indecibles. Al tener la mente de Cristo, los creyentes oramos como Él oraría. Sus pensamientos, propósitos y deseos son los nuestros...

  23. El hábito de orar es una buena costumbre y debería formarse a muy temprana edad y de una manera firme y sólida; pero el orar meramente por hábito es destrozar la genuina vida de oración. El hábito debería formar una parte de la oración, pero la oración en sí tendrá que ser firme, profunda y pura para que de esta forma fluya libre y sinceramente.

  24. La oración para ser aceptable debe ser iniciada y llevada a cabo por su presencia e inspiración (la del Espíritu Santo).

  25. Orar con todo nuestro corazón y toda nuestra fuerza, con la razón y la voluntad es el logro más elevado e importante de la batalla cristiana en esta Tierra.

  26. Orarnos por medio de Él (Espíritu Santo), a través de Él y en Él.

  27. Hay mensajes que están llenos de bellos pensamientos, salpicados con brillantes gemas de genio y buen gusto, agradables y populares, pero si no tienen su origen y nacimiento en la oración, son vacíos e inútiles para el uso que Dios desea darles.

  28. El Evangelio de Dios depende más de la oración que de cualquier otra cosa para su éxito en este mundo.

  29. La oración persistente y fervorosa es, pues, el precio que tenemos que pagar para conseguir un "Pentecostés" en nuestros días. En el espíritu de la oración es donde tenemos la absoluta seguridad de poder y la pureza pentecostal.

  30. Cuanta más oración haya en el mundo, mejor será éste, y las fuerzas contra el mal que rodean la Tierra serán más potentes y eficaces. La oración, en una de sus múltiples facetas, ejerce un poder antiséptico y preventivo. Purifica el ambiente, destruyendo el mal tan contagioso.

  31. El día en que se manifieste el gran poder de Dios, angélico de actividad y poder, será cuando la Iglesia de Dios posea una tremenda y poderosa herencia de fe y oración.

  32. Los hombres deben orar y orar por el avance de la causa de Dios: ya que la oración mueve el potente brazo de Dios en el mundo.

  33. La oración es la llave maestra de la vida más santificada, y del más santo ministerio.

  34. El que está más entrenado en la oración es el que puede hacer más para Dios.

  35. Los mejores siervos que han hecho las mejores inversiones han sido aquellos que han ido tras la búsqueda de nuevos métodos o formas para orar de manera fructífera y activa, hasta haber llegado a orar sin cesar y conseguido nuevas metas y nuevas riquezas.

  36. La fe sólo.es omnipotente cuando está sobre las rodillas y cuando las manos extendidas se alzan a Dios; cuando va hacia la plenitud de la capacidad del Padre; puesto que una sola oración de fe puede conquistar todas las cosas.

  37. Dios ama la oración importuna de tal forma, que Él no nos dará mucha bendición sin ella.

  38. Es cierto que una vida santa no se vive encerrándose en una habitación a solas, pero la misma no puede subsistir sin la vida de oración que se desarrolla en dicha habitación.

  39. Un aumento de educación y de dinero será la maldición más grande para la religión si no son santificados por más y mejor oración que la que se viene ofreciendo.

  40. La oración no es sino la expresión de nuestra fe.

  41. La oración ensalza y honra a Dios, y humilla al yo.

  42. La oración no es una droga sino un tónico: no induce a la holgazanería, sino que da vigor y deseos para actuar.

  43. El lugar de la oración no es un asilo para el cristiano indolente. No es una guardería donde sólo los bebés pueden estar. Es el campo de batalla de la Iglesia; su ciudadela, la escena de conflictos celestes y heroicos.

  44. La oración tiene un aspecto universal en que todas las cosas que nos afectan deben ser motivo de oración en cuanto que todas las cosas que redundan para nuestro bien, físico, social, intelectual, espiritual, y eterno son objeto de oración.

  45. Los hombres que son fuertes en todo lo demás deben ser fuertes en la oración nunca rendirse al desánimo, la debilidad o la depresión. Siendo valientes, persistentes y formidables en otras áreas de la vida, deben ser llenos de valor e incansables en la oración.

  46. No hay posición en la Iglesia de Dios, ya sea alta o baja, que pueda funcionar correctamente sin la oración.

  47. Los hombres que han hecho cosas poderosas para Dios siempre han sido poderosos en la oración, y por esta causa esas grandes hazañas de fe se hicieron posibles.

  48. La oración puede ser dicha en voz baja, pero nunca puede ser fría de corazón. Sus palabras pueden ser pocas pero deben ser fogosas. Puede que sus sentimientos no sean impetuosos pero es necesario que sean blanqueados por el calor. Es la oración ferviente y eficaz la que tiene influencia ante Dios.

  49. El Nombre de Cristo debe ser honrado en nuestras vidas antes de que sea honrado en nuestras intercesiones. La vida de fe perfecciona la oración de fe.

  50. El éxito de toda obra real misionera depende de la oración.

  51. Es bueno instar a los creyentes a que den parte de sus recursos para la causa misionera. Pero es mucho más importante apremiarles a que den sus oraciones al movimiento.

  52. Sin la promesa, la oración no tiene base y es desenfocada. Sin oración, la promesa es vaga, sin articular, impersonal. La promesa hace la oración irresistible y audaz.

  53. La oración echa mano del Dios Todopoderoso y le mueve a hacer cosas que de otro modo no haría si no se hubieran pedido. Hace que ocurran cosas que de otra manera no ocurrirían.

  54. El único límite a la oración son las promesas de Dios y su habilidad para cumplir estas promesas.

  55. La fe está siempre orando, y la oración está siempre creyendo. La fe ha de tener una lengua por medio de la cual pueda hablar y también debe recibir: la oración es, pues, la mano de la fe que se extiende para recibir.

  56. La oración debe levantarse y ascender y la fe debe dar a la oración las alas para hacerlo. La oración ha de tener audiencia de Dios; la fe abre la puerta y da acceso a esta audiencia. La oración pide, y la fe echa mano de lo pedido.

  57. La oración mueve a los hombres porque ha movido a Dios a oración tiene influencia sobre los hombres porque ha influenciado en Dios para que les influencie a ellos. En definitiva, la oración es la mano que mueve el mundo.

  58. No orar sobre las cosas temporales implica, pues, dejar a Dios fuera de una importante parte de nuestro ser. Quien no puede orar sobre todo, tal como se nos encarga en Filipenses 4:6, no ha aprendido el valor de la oración en su verdadero sentido.

  59. Sólo la oración, la oración mutua y concertada, devolverá a la Iglesia a los estándares de la Escritura y la limpiará de la corrupción y de la contaminación del verdadero Evangelio de Jesucristo.

  60. La meta de la oración es el oído de Dios, una meta que sólo puede ser alcanzada mediante una constante y continua espera en Él, derramándole nuestro corazón y permitiéndole que nos hable.

  61. El estudio de la Palabra y la oración van juntos.

  62. La oración fracasa cuando falla el deseo y el esfuerzo personal por la santidad.

  63. La falta de fe ata las manos del Todopoderoso que de otro modo obrarían entre los hijos de los hombres. La oración a Cristo debe estar siempre saturada y fortificada por la fe.

  64. La oración es la confianza total en la sabiduría divina, a pesar de nuestra ignorancia; la voz de la necesidad clamando para que Él nos conceda parte de sus inagotables riquezas.

  65. El elemento sobrenatural de la Iglesia, sin la cual no puede hacer nada, viene sólo por medio de la oración.

  66. Como la oración procede de un sentido interior de necesidad, y la oración es la expresión de un espíritu que se sabe afecto por la pobreza más extrema, es evidente que es en esta condición de "pobreza en el espíritu" que podemos orar y hemos de orar.

  67. La oración tiene que ver con el hombre entero; abarca todo su ser, mente, alma y cuerpo... Y es necesario que sea de este modo, pues la oración afecta a todo el hombre, incluso en los resultados de la gracia.

  68. Del mismo modo que se requiere que todo el corazón sea entregado a Dios sin reservas para cumplir por completo los mandamientos de Dios, se necesita todo el corazón para hacer efectiva la oración.

  69. Muchos grandes predicadores lo fueron precisamente porque practicaron la oración íntegra e intensa.

  70. Estar ocupados con la obra de Dios sin comunicamos con Él, sin hablar con Él en oración devota sobre su obra, es el camino por el que muchos han empezado a andar en dirección hacia atrás, y han acabado dañando seriamente sus vidas espirituales.

  71. La alabanza está tan íntimamente unida a la oración que no puede separarse de ella; depende de la oración para adquirir su volumen y su dulce melodía.

  72. La oración es de gran valor en la tribulación, porque da fuerza, consuelo y engendra paciencia.

  73. Feliz es aquel que encuentra que las tribulaciones son bendiciones disimuladas.

  74. Primero, que nuestras tribulaciones son en todos los casos permitidas por el Señor; segundo, que nuestras tribulaciones, sea cual sea la causa -nosotros, otros hombres, el diablo, o incluso Dios mismo-, pueden ser aliviadas llevándolas a Dios en oración y buscando los grandes beneficios espirituales que se hallan escondidos en ellas.

  75. La oración santifica la tribulación para nuestro mayor bien. Prepara nuestro corazón contra la rebeldía y lo ablanda bajo la mano de disciplina de Dios. Y especialmente, nos coloca donde Dios puede traemos nuestro mayor bien, espiritual y eterno. En efecto, la oración permite al Señor obrar libremente en nosotros y por nosotros.

  76. Es en el fuego del sufrimiento que Dios purifica a sus santos y les lleva a las alturas. Es en el crisol que se prueba la fe, la paciencia y se desarrollan las virtudes que forman el carácter cristiano.

  77. La oración posibilita la vida consagrada en santidad al Señor, y para mantenerla se necesita más oración. De lo contrario, sin oración, la vida de santidad fracasa. A su vez, la consagración hace orar de veras al creyente.

  78. La fe no es una creencia abstracta en la Palabra de Dios, ni tampoco un simple consentimiento o entendimiento de la voluntad, ni tampoco una aceptación pasiva de los hechos. La fe es una operación de Dios, una iluminación divina, una energía santa implantada por la Palabra de Dios y el Espíritu dentro del alma humana: un principio divino y espiritual que proviene de lo sobrenatural y hace que una cosa sea aprehensible por medio de las facultades del tiempo y los sentidos.

  79. El fracaso viene como consecuencia de la falta de confianza, o de una debilidad de fe, lo cual, a su vez, se origina en la ausencia de una vida de oración consistente.

  80. El deseo no es simplemente lo que se quiere, sino un anhelo intenso por conseguir algo. En el área de los asuntos espirituales, es un coadyuvante vital de la oración.

  81. El proceso de la oración no radica sólo en expresar nuestros deseos ante Dios, sino en adquirir un espíritu ferviente y tratar de cultivarlo por todos los medios.

  82. La Biblia nunca se cansa de insistir e ilustrar el hecho de que el más alto beneficio espiritual es en respuesta al más alto esfuerzo espiritual. Porque en la Biblia, así como en una auténtica vida cristiana, no hay lugar para deseos débiles, esfuerzos escasos, actitudes perezosas; todo debe ser tenaz, urgente y ardiente.

  83. La importunidad está compuesta por intensidad, perseverancia, paciencia y persistencia. La misma demora en recibir respuesta a la oración es el terreno propicio para la importunidad.

  84. La predicación más efectiva no es aquella que se oye desde el púlpito, sino la que se proclama quieta, humilde y de forma consistente; la cual exhibe sus excelencias en el hogar y en la comunidad.

  85. El ejemplo puede predicar sermones mucho más efectivos que los preceptos. La mejor y más eficaz predicación, aun desde el púlpito, es aquella que está fortificada y respaldada por un vivir justo en el mismo predicador.

  86. La obediencia es amor, y cumplir cada mandamiento es una manifestación de ese amor.

  87. Los mandamientos de Dios, pues, pueden ser obedecidos por todos aquellos que busquen los recursos de la gracia que les capaciten para obedecerlos.

  88. Si usted tiene un ferviente deseo de orar, debe aprender a obedecer; si tiene el deseo de aprender a orar, entonces debe desear también aprender a hacer la voluntad de Dios; y si desea orar a Dios primero, debe tener el ardiente deseo de obedecerlo.

  89. La oración en sí es obediencia. Por eso, sólo aquellos que obedecen tienen derecho a orar esperando auténticos resultados. Porque detrás de la oración debe estar el respaldo de la actitud, y es el constante hacer la voluntad de Dios en la vida diaria lo que da potencia a la oración, como lo enseñó nuestro Señor: "No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos.”

  90. La obediencia es el terreno de acción de la oración eficaz, mientras que la falta de obediencia en nuestras vidas quebranta y destruye nuestra oración.

  91. Cuando esta Palabra de Cristo es ricamente asimilada, ella misma engendra la oración. Porque la fe está construida sobre la Palabra y el Espíritu, y ella es el cuerpo y sustancia de la oración.

  92. El poder constriñente de amor debe ser en el predicador como una fuerza de proyección excéntrica, que todo lo domina y se olvida de sí misma. La negación de sí mismo debe constituir su ser, su corazón, su sangre y sus huesos.

  93. Un hombre que predica debe ser un hombre de oración, ya que ésta es el arma más poderosa del predicador.

  94. Los predicadores que son grandes pensadores y grandes estudiantes debieran, sobre todo, ser los más grandes hombres de oración, o si no serán los más grandes apóstatas, profesionales sin corazón, racionalistas, menor que el último de todos los predicadores en la estima de Dios.

  95. Hablar a los hombres acerca de Dios es una gran cosa, pero hablar a Dios acerca de los hombres es más grande aún. Nunca hablará bien y con éxito verdadero a los hombres sobre Dios quien no haya aprendido bien a hablar a Dios acerca de los hombres.

  96. El predicador debe, pues, poner a Dios en el sermón; mover a Dios hacia el pueblo, antes de que él pueda mover el pueblo hacia Dios por medio de sus palabras. Dicho de otra manera, es menester que el predicador haya tenido audiencia y constante acceso a Dios, antes de que pueda tener acceso al pueblo.

  97. Los verdaderos predicadores de Dios se han distinguido siempre por una cualidad: fueron hombres de oración.

  98. Nuestras oraciones cortas deben su agudeza y eficacia a las grandes oraciones que las han precedido.

  99. Los hombres que han hecho más para Dios en este mundo estuvieron muy temprano sobre sus rodillas.

  100. La oración hace del predicador un predicador de corazón. Pone el corazón del predicador en el sermón.

  101. Uno de los serios y más populares errores del púlpito moderno es poner más del pensamiento que de la oración, más de la cabeza que del corazón.

  102. Una separación para la obra de Dios por el poder del Espíritu Santo es la única consagración reconocida como legítima por Dios.

  103. Sí, oración, mucha oración es el precio de la unción en la predicación.

  104. La oración del pueblo en favor del predicador es una necesidad.

  105. Un incremento de las facilidades educacionales y un gran incremento de fuerza monetaria será la más cruel blasfemia a la religión, si ellos no son santificados por más y mejor oración de la que están haciendo.

  106. En todas las edades, Dios requiere que su pueblo y su Iglesia vivan separados del mundo con una separación tal que llegue a producir antagonismo.

  107. Si nacieran más niños de madres que oran, y fuesen criados en un ambiente santo y en contacto con la casa de Dios y con hombres y mujeres de oración, el resultado serían jóvenes dispuestos y preparados para oír el llamado divino y responder prontamente a él, consagrando sus vidas.

  108. La oración de nuestro Señor surgía de las más poderosas fuerzas de su ser; sus oraciones eran sacrificios, que Él ofrecía antes de ofrecerse a Sí mismo en la cruz por los pecados de la humanidad. Y es que el sacrificio en la oración es predecesor del sacrificio personal. Por consiguiente, hemos de morir en nuestra cámara secreta antes de que podamos morir en la cruz.

























Robert Murray McCheyne (1813 – 1843)

Roberto Murray McCheyne nació en Edimburgo el 29 de mayo de 1813, en una época en que los primeros resplandores de un gran resurgimiento espiritual tenían lugar en Escocia. A la edad de cuatro años, y mientras se reponía de cierta enfermedad, Roberto hizo del estudio del hebreo y del griego su pasatiempo favorito. A los ocho años ingresó en la escuela superior, para pasar años más tarde a la Universidad de Edimburgo.

Años más tarde, escribiendo a un amigo, Roberto decía: "Ora por mí, para que pueda ser más santo y más sabio, menos como soy yo mismo, y más como es mi Señor... Hoy hace siete años que perdí a mi querido hermano, pero empecé a encontrar al hermano que no puede morir". A partir de entonces, su tierna conciencia despertó a la realidad del pecado y a las profundidades de su corrupción.

En invierno del año 1831 inició sus estudios en el Divinity Hall, Junto con otros compañeros suyos, con quienes se reunía para orar y estudiar la Biblia, especialmente en sus lenguas originales. Ya en este período de su vida, McCheyne dio muestras de un gran amor por las almas perdidas, y junto con sus estudios dedicaba varias horas a la semana a la predicación del evangelio, tarea que realizaba casi siempre en los barrios pobres y más bajos de Edimburgo.

El día 1 de julio de 1835, Robert Murray McCheyne obtuvo la licencia de predicar por el presbiterio de Annan. Después de haber predicado por varios meses en diferentes lugares y dado evidencia de la peculiar dulzura con que la Palabra de Dios fluía de sus labios, McCkeyne vino a ser el ayudante del pastor John Bonar en las congregaciones unidas de Larbert y Dunipade, cerca de Stirling. En noviembre de 1836 fue ordenado pastor en la iglesia de San Pedro, en Dundee. Permaneció como pastor de esta congregación hasta el día de su muerte.

Como pastor en Dundee, McCheyne introdujo importantes innovaciones en la congregación. Por aquel entonces las reuniones de oración, eran muy raras. McCheyne enseñó a los miembros la necesidad de congregarse cada jueves por la noche a fin de unir sus corazones en oración al Señor, y estudiar su Palabra. También destinaba otro día para los jóvenes. Su obra entre los niños es la nota más brillante de su ministerio.

A finales del año 1838, una violenta palpitación del corazón, ocasionada por sus arduas labores ministeriales obligó al joven pastor a tomar un descanso.

En noviembre del mismo alío, McCheyne, mejorado ya de su enfermedad, regresó de nueva a su congregación. La iglesia registró un lleno absoluto, y mientras todos esperaban que McCheyne ocupase el púlpito, un silencio absoluto reinaba entre los allí congregados. Pero al finalizar el culto, Y movidos por el poder de su predicación, muchos fueron los pecadores que derramaron lágrimas de arrepentimiento. El regreso de McCheyne a Dundee mareó un nuevo episodio en su ministerio y también en la iglesia escocesa. Parecía como si a partir de entonces el Señor se hubiera dispuesto a contestar las oraciones que el joven Pastor elevara al principio de su ministerio suplicando un avivamiento allí donde predicara McCheyne, el Espíritu añadía nuevas almas a la Iglesia. En 1843, al regresar de una serie de reuniones especiales en Aberdeenshire, cayó repentinamente enfermo. El día 25 de marzo de 1843 partió para estar con el Señor.















Citas escogidas

  1. Cuando ora un creyente, no está solo, hay tres personas con él: el Padre, viéndole en secreto, atento a su petición; el Hijo, borrando sus pecados y presentando la. oración; el Espíritu Santo, despertando y dando nuevos deseos. No hay verdadera oración sin estos tres.



Bibliografía

  1. Sermón: Después de la comunión.





































William Gurnall (1616 – 1679)

Fue un clérigo anglicano nacido en King”s Lynn , Norfolk. Fue hecho rector de las Iglesias San Pedro y San Pablo, Lavenham en Suffolk en 1644, es conocido por su libro “El cristiano con toda la armadura de Dios” el cual se publicó en tres tomos en 1655, 1658 y 1662 que consiste en sermones del autor a través de su ministerio regular en un curso consecutivo en Efesios 6: 10-20. Richard Baxter y Juan Flavel pensaron muy alto acerca de esta obra.



































Citas escogidas

  1. Si discutes menos con Satanás y oras más a Dios sobre tus temores, pronto se resolverán.

  2. Si no eres cristiano en tu taller (lugar de trabajo), no lo serás en tu aposento, aunque ores allí.

  3. La felicidad del hombre estriba en su semejanza con Dios y en la comunión con El.

  4. Ora (...) por un espíritu capaz de sufrir por Cristo.

  5. La oración trae fuerza y sabiduría divina.

  6. El que quiera hacerse a la mar del sufrimiento, que aprenda a orar antes de zarpar.

  7. (Es) la corrupción no mortificada del cristiano lo que estorba su disposición a sufrir.

  8. La oración es hija de la fe.

  9. Los dos elementos de la oración son la súplica y la gratitud. Con la súplica el creyente absorbe la misericordia de Dios y la exhala con alabanza.







Bibliografía

  1. El cristiano con toda la armadura de Dios.









A.B. Simpsom (1843 – 1919)

Alberto Benjamín Simpson nació el 15 de diciembre de 1843, en Bayview, Canadá, como el cuarto hijo de una piadosa familia. El ejemplo de sus piadosos padres alentó en él muy pronto una fe profunda. Alguna vez su padre eximió a su pequeño hijo de una merecida azotaina al hallarlo enfrascado en la lectura de la Biblia.

Alberto Benjamín nunca dejó de alabar al Señor por la gracia demostrada hacia él siendo todavía un niño. Varias veces fue salvado milagrosamente de la muerte. Estas salvadas providenciales le motivaron a buscar con más sinceridad a DiosA los 18 años de edad, llevado por su amor al Señor, suscribió un pacto con Dios, el cual llenaba varias páginas.

Gracias a dos becas ganadas por su perseverancia, pudo continuar sus estudios en la Universidad, y ordenarse como ministro presbiteriano en septiembre de 1865, a los 21 años de edad. Su primer pastorado lo ejerció en la ciudad de Hamilton, Canadá, por ocho años. En ese tiempo viajó y dictó conferencias, de modo que a los 30 años de edad, Simpson ya era reconocido en todo Canadá y Estados Unidos como un predicador poco común.

A menudo solía encerrarse en su estudio para buscar con ansias el rostro del Señor. Anhelaba hacer morir el yo, y vivir totalmente para Cristo. Una noche después de intensa oración tuvo esa experiencia extraordinaria que buscaba. “Recuerdo bien la noche cuando recibí el bautismo del Espíritu Santo. Cuando experimenté la venida de la plenitud de Cristo a mi alma; cuando vino para fijar su morada permanente en mí”. “Sabía que podía estar equivocado en muchas cosas y ser imperfecto en todas; y no sabiendo si iba a morir literalmente o no, antes del nuevo amanecer, seguía buscando. Estaba luchando cual Jacob de antaño con el ángel de Dios hasta el rayar del alba, cuando vino la luz. Entonces, rendido a los pies de Cristo, hice allí una entrega final y total de mi vida”.

Esta verdad le fue revelada de tal forma, que nunca predicó la perfección del creyente en Cristo, sino el Cristo perfecto viviendo en el corazón del creyente santificado. Decía que la santidad divina no es una mejora de uno mismo, ni la perfección adquirida, sino una entrada al corazón de la vida y pureza de Cristo, y el obrar de su santa voluntad continuamente.

Simpson fue un hombre de oración. Sobre el escritorio de su oficina tenía puestos dos breves recordatorios: “Orad sin cesar” y “¡Hacedlo ahora!”. Vivía tal vida de oración que toda conversación giraba espontáneamente alrededor del tema de Cristo, con cualquier persona y en cualquier lugar.

Una noche mientras oraba, la visión de los perdidos sin Cristo le hizo postrarse en una dramática oración bajo el poder del Espíritu Santo. Entonces cogió el globo terráqueo y apretándolo contra su pecho, exclamó llorando: “¡Oh Dios, úsame para la salvación de los hombres y mujeres del mundo entero, que mueren en las tinieblas espirituales sin ningún rayo de luz”. Llevado por este celo misionero, comenzó a salir a las calles para predicar el evangelio. Y allí comenzaron a recibir a Jesucristo hombres y mujeres de la más variada condición. Luego, los invitaba al templo, para recibir el amor de la familia cristiana. Muy pronto fueron decenas y aun cientos los nuevos convertidos que iban llegando. Simpson hubo de renunciar a su pastorado para dedicarse a las muchedumbres olvidadas de las calles, como era su visión. Eso ocurrió en noviembre de 1881. Tenía a la sazón 38 años, y una familia con seis hijos. De un día para otro, dejó de ser el pastor de una gran iglesia para ser un predicador callejero.

Solamente siete personas estuvieron en la primera reunión que celebró en noviembre de 1881, A causa de la estrechez del local, debieron arrendar un teatro, y más tarde implementó una carpa. Incluso el famoso Madison Square Garden fue arrendado por Simpson para hacer alguna de sus grandes campañas de evangelismo. Dos años después de aquellos débiles comienzos, Simpson organizó la Unión Misionera, la cual llegó a ser cuatro años después, en 1887, la Alianza Cristiana y Misionera. Al año siguiente de constituida la Unión Misionera, en 1884, enviaron los cinco primeros misioneros al Congo, en África. Cinco años después, ya había embajadas misioneras en 12 países distintos, con cuarenta centros y 180 misioneros.

Citas escogidas

  1. No hay ninguna experiencia de la vida cristiana de mayores alcances que la que se consagra a la oración en el Espíritu Santo.

  2. Cuando Dios está a punto de realizar alguna gran obra con objeto de cumplir sus propósitos, generalmente pone en el corazón de algunos de sus santos en quien puede confiar plenamente, intenso deseo de orar.

  3. Amado santo de Dios, tal vez seas humilde y desconocido, tal vez tengas poco talento y cuentes con muy escasos medios de vida, pero a solas, en tu cuarto (orando), puedes tocar los confines del mundo, y puedes poner en movimiento fuerzas que influyan en el destino de las naciones.

  4. Para poder ocuparnos en el ministerio de la oración debemos reconocer las necesidades de nuestros semejantes y tenerles simpatía.

  5. No podemos prestar ningún servicio mejor a algún verdadero hijo de Dios, que orar por él en el Espíritu Santo. Pág.575

  6. Este es siempre el primer elemento en la oración, una conciencia dolorosa de fracaso y necesidad.

  7. ¿Estas orando por algún caso difícil, algún impío, alma endurecida? Acuérdate del Dios que salvo a Pablo y ora y no desmalles.





Bibliografía

  1. El poder de lo alto

  2. Caminando en el Espíritu.

  3. Danger Lines in the Deeper Life.

  4. A larger Christian life.

  5. But God.



Andrew Murray (1828 – 1917)

Andrew Murray nació en Sudáfrica el 9 de mayo de 1828, en el seno de una familia escocesa. Su padre era un pastor vinculado a la Iglesia Presbiteriana de Escocia y a la Iglesia Reformada Holandesa. Fue enviado por su padre a Escocia a los diez años de edad, para recibir una completa formación académica. En ese tiempo, un gran avivamiento espiritual estaba sacudiendo ese país. El hombre que Dios usó para llevarlo a cabo fue el joven ministro William C. Burns, quien llegó a tener una gran influencia sobre Andrew, ya que con él compartía largas veladas en casa del tío John Murray. Experimentó el nuevo nacimiento, a los 16 años de edad.

Tras diez años de ausencia, Andrew retornó a Sudáfrica como pastor y evangelista. Cuando Murray tenía 28 años de edad contrajo matrimonio con Emma Rutherford, la hija menor de un pastor inglés. En 1860 vino un gran avivamiento sobre Sudáfrica, tal como un par de años antes había venido sobre Estados Unidos y Europa. Murray fue testigo de este avivamiento mientras pastoreaba en Worcester. Sin duda, esta fue una experiencia que influyó por el resto de su vida y que lo sumergió en las profundidades del caminar en el Espíritu que había anhelado y por el cual tanto había orado. Desde entonces la predicación de Murray adquirió una calidad intangible tan sobrenatural que de verdad puede decirse que ministraba “en el poder del Espíritu”.

En 1877, viajó por primera vez a los Estados Unidos y participó de muchas conferencias de santidad allí y en Europa. Su teología era conservadora, y se oponía francamente al liberalismo.

En 1895, Andrew Murray fue invitado a la Convención de Keswick, en Inglaterra. Esta Convención, que se realizaba todos los años, era conocida en todo el mundo cristiano por promover una mayor intensidad espiritual. En aquella oportunidad, los mensajes de Murray estuvieron llenos de poder, a pesar de que su aspecto físico era débil. “Uno siente la presencia de Cristo todas las veces que uno está con él”, era el comentario corriente. Durante los últimos 28 años de su vida, Murray fue considerado el padre del Movimiento Keswick en Sudáfrica. Los resultados de las conferencias anuales en Sudáfrica fueron perdurables en las iglesias de la región.

Su exhortación a los que le acompañaron en su último cumpleaños –el número 88– fue: “Hijos de Dios, dejen que su Padre los conduzca. No piensen en lo que ustedes pueden hacer, sino en lo que Dios puede hacer en ustedes y a través de ustedes.”

Por creer en lo que Dios puede hacer por medio de la literatura, Andrew Murray escribió más de 250 libros e innumerables artículos. Su obra tocó y toca a la Iglesia en el mundo entero por medio de profundos escritos, entre los que destacan “El Espíritu de Cristo”, “El más Santo de todos”, “Con Cristo en la Escuela de la Oración”, “Permaneced en Cristo”, “Criando sus Hijos para Cristo” y “Humildad”. Sus libros son considerados clásicos de la literatura cristiana. Sin embargo, pese a escribir tantos libros, nunca quiso escribir su autobiografía.

Murió el 18 de enero de 1917, tal como lo había anunciado: en su cama y rodeado de sus hijos. Su esposa había muerto doce años antes.

















Citas escogidas

  1. Un hombre puede acercarse a Dios sólo cuando el deseo de su corazón está fijo en Dios, todo su corazón está buscando a Dios, cuando su amor y su gozo están en Dios.

  2. La vida saludable de un creyente en Cristo es (…) una vida de oración incesante.

  3. Las almas perecen porque hay poca oración. Los hijos de Dios son débiles porque hay poca oración. Llevamos poco fruto porque hay poca oración.

  4. La oración es lo más necesario en la vida espiritual.

  5. La Palabra de Dios siempre insta a orar por todos y no simplemente por nosotros mismos.

  6. Nuestra oración privada y pública es la expresión principal de nuestra relación con Dios. Es en ellas que debe ejercitarse nuestro esperar en Dios.

  7. Cuando estás orando, que haya intervalos de silencio, quietud reverente del alma, en la cual te rindas a Dios, en caso de que haya algo que Él quiera enseñarte u obrar en ti.

  8. Un alma no puede buscar la comunión íntima con Dios, o alcanzar la consciencia permanente de estar esperando en Dios todo el día, sin una entrega sincera y total a su voluntad.

  9. En toda oración verdadera hay dos corazones en acción. El uno es nuestro corazón, con sus propias ideas oscuras y humanas de lo que necesitamos y Dios puede hacer. El otro es el corazón de Dios, que es infinito en sus propósitos divinos de bendición.

  10. Nosotros necesitamos no solo la oración secreta sino también la oración pública, unida.

  11. Vivir en el Espíritu es lo que nos equipa para orar en el Espíritu.

  12. La oración en la tierra (…) es la verdadera medida de la presencia del Espíritu del cielo.

  13. La medida de la oración creyente continua va a ser la medida del trabajo del Espíritu en la Iglesia.

  14. Es la oración la que está a la raíz de la vida espiritual y poder de la Iglesia.

  15. La oración es todavía el único secreto de la verdadera extensión de la Iglesia.

  16. Donde hay mucha oración, habrá mucho del Espíritu; donde hay mucho del Espíritu, habrá oración siempre en aumento.

  17. La oración es todavía el medio señalado para hacer descender bendiciones celestiales en poder sobre toda la iglesia.

  18. Es en intercesión por otros que nuestra fe, amor y perseverancia será revuelta y que el poder del Espíritu será encontrado para equiparnos para traer salvación a la gente.

  19. Es esta falta de amor la que causa mucha de nuestra falta de oración.

  20. El sentido de impotencia es el alma de la intercesión.

  21. La oración sola da al trabajo su valor y su éxito.

  22. Las marcas del verdadero intercesor como se enseña en la parábola (de la viuda y el juez injusto) (1) un sentido de la necesidad de las almas; (2) un amor igual que el de Cristo en el corazón; (4) fe en el poder de la oración; (5) valor para perseverar a pesar del rechazo; (6) y la seguridad de una abundante recompensa. Esa son las cualidades que cambian a un cristiano en un intercesor.

  23. Cualquier falta de poder con Dios en oración señala a alguna carencia en la vida cristiana.

  24. Los hombres oran solo como viven. Es la vida la que ora. La vida que con toda la devoción del corazón entrega todo para Dios y a Dios también puede reclamar todo de Dios.

  25. La presencia de Dios es el gran privilegio del pueblo de Dios y su único poder contra el Enemigo.

  26. La derrota y el fracaso son siempre debidas a la perdida de la presencia de Dios.

  27. La pérdida de la presencia de Dios es siempre debido a algún pecado oculto.

  28. Cesar de orar es pecado contra Dios.

  29. La oración debe ser tan simple y natural como la respiración o el trabajo es para una persona saludable.

  30. El deseo es el alma de la oración, y la causa de oraciones insuficientes y sin éxito es a menudo debido a falta de deseo.

  31. La fe es la vida y el poder de la oración.

  32. Las cosas espirituales solamente pueden ser agarradas o apropiadas por el espíritu. La respuesta de Dios a tu oración debe ser reconocida y aceptada en tu espíritu antes de que la conozcas en la realidad. Es la fe la que logra esto.

  33. Mientras más alabemos a Dios por la respuesta, más rápido será nuestra.

  34. La oración por nosotros mismos toma su lugar como un medio para prepararnos para ser más efectivos en el ejercicio de nuestro ministerio de intercesión.

  35. El poder de la oración descansa en la fe de que Dios oye nuestras oraciones.

  36. Dios trabaja a través de intercesores.

  37. Todos los que oran por y reclaman en fe el poder reavivador de Dios para Su iglesia deben humillarse a sí mismos con una confesión de pecados. La necesidad de avivamiento siempre apunta a un declive previo, y un declive es siempre causado por pecado. La humillación y constricción han sido siempre las condiciones para el avivamiento.

  38. La vida espiritual con su crecimiento depende en gran medida en la oración. De acuerdo a si oro mucho o poco, oro con placer o como un deber, oro de acuerdo a la palabra de Dios o con mi propia inclinación, mi vida florecerá o decaerá.

  39. Cuando no tengas deseos de orar, solo ve a la cámara secreta. Ve como uno que no tiene nada que traer al Padre, a ponerte delante de El en fe en Su amor.

  40. La fe en lo que El hizo por ti es el poder de lo que tú haces por El.

  41. Lee la Palabra siempre en comunión con el Dios viviente.

  42. Jesús nunca enseño a sus discípulos como predicar, solo como orar. (…) Saber cómo hablar con Dios es más que saber cómo hablar a los hombres.

  43. (La fe) es el oído que ha oído a Dios lo que va a hacer, el ojo que lo ha visto haciéndolo, y, por lo tanto, donde hay fe verdadera, es imposible pero la respuesta debe venir.

  44. Dios gobierna el mundo por las oraciones de Sus santos; esa oración es el poder por el cual Satanás es conquistado; por esa oración la Iglesia en la tierra tiene disposición de los poderes del mundo celestial.

  45. Antes de la oración, es la Palabra de Dios la que me prepara para ella al revelarme lo que el Padre me ha propuesto que le pida. En la oración, es la Palabra de Dios la que me fortalece al darle a mi fe su derecho y su suplica. Y después de la oración, es la Palabra de Dios la que me trae la respuesta cuando he orado, porque en ella el Espíritu me da a oír la voz del Padre.

  46. El que Dios escuche nuestras oraciones depende de escuchar la suya.

  47. ¿Quieres saber cómo puedes siempre experimentar liberación del pecado de no orar? Aquí tienes el secreto. Cree en el Hijo de Dios; dale tiempo en tu lugar silencioso de oración para revelarse a sí mismo en Su siempre presente cercanía como el Eterno, Todopoderoso, Único Altísimo, el Eterno Amor el cual vela sobre ti.

  48. La comunión continuada con Cristo es la única escuela para el entrenamiento de estudiantes del Espíritu Santo.

  49. Nuestra vida diaria tiene una tremenda influencia en nuestras oraciones, así como nuestras oraciones influencia nuestra vida diaria.

  50. ¡Cuán tonto es orar por la llenura del Espíritu si primero no nos hemos colocado bajo el poder total de la cruz!

  51. El secreto de la verdadera obediencia, entonces, es el volver a una cercana y continua comunión con Dios.

  52. El único poder para obedecer está en la presencia de Dios y Su voz hablándonos.

  53. Si queremos orar en poder, y si queremos esperar al Espíritu Santo que venga con poder, y si queremos de veras que Dios vierta su Espíritu, debemos entrar en un pacto con Dios que nosotros nos amemos unos a otros con amor divino.











Bibliografía

  1. Acerquémonos al Señor.

  2. La vid verdadera.

  3. En busca de la vida victoriosa.

  4. Esperando en Dios.

  5. Beliving prayer

  6. The ministry of intercessory prayer.

  7. The New Life: Words of God for Young Disciples.

  8. Abiding in Christ.

  9. With Christ in the school of prayer.

  10. Living a prayerful life.

  11. Jesus Himself.

  12. A life of obedience.

  13. Holy in Christ.

  14. The Master’s Indwelling.

  15. The two covenant.

  16. Working for God.

  17. The Spirit of Christ.















Carlos Hadon Spurgeon (1834 – 1892)

Nació el año de 1834 en Inglaterra. Descendiente de cristianos refugiados de los Países Bajos que huyeron de la persecución desatada por Felipe II. Su padre Santiago Spurgeon y su abuelo fueron pastores.

A los 15 años buscó con anhelo intenso la comunión con Dios por lo cual asistía a diferentes iglesias. Su conversión ocurre durante una tormenta de nieve en cierta iglesia en la cual predicó un zapatero al no poder asistir el pastor. El sermón sencillo del zapatero se basó en "Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra" (Isaías 45:22). El joven Carlos comprendió el evangelio cuando el zapatero le dijo -¡Joven, mira a Jesús! ¡Míralo ahora!-.

Recién salvo se dedica a la enseñanza en la Escuela Dominical de su iglesia y a distribuir folletos en cualquier oportunidad que tiene. Empieza a predicar a los 16 años en lugares como establos o en casas de agricultores. Unos meses después se le llama a pastorear la Iglesia de Waterbeach.

Después de 2 años de predicar en la Iglesia de Waterbeach es llamado al Park Street Chapel de Londres cuya capacidad era de 1,200 oyentes, sin embargo solo había un puñado de creyentes que no cesaban de orar por un avivamiento. A los pocos meses el Park Street Chapel ya era insuficiente puesto que centenares de oyentes permanecían afuera.

Para aumentar la capacidad de esta Iglesia se trasladan al Exeter Hall con capacidad para 4,500 personas. A los meses al intentar regresar nuevamente se dan cuenta de que el Park Street Chapel ahora New Park Street Chapel es ya insuficiente. La Iglesia decidió aumentar su capacidad de acuerdo a la gran cantidad de oyentes y el 19 de octubre de 1856 inauguran los cultos en el auditorio Surrey Music Hall con capacidad para 12,000 personas.

El día del primer culto el auditorio se llenó quedando 10,000 personas fuera, sin poder entrar. Este día se ensombreció por los enemigos del evangelio quienes sembraron el pánico entre la multitud al grito de ¡Fuego!¡Fuego!.

En marzo de 1861 quedó terminado el Tabernáculo Metropolitano en el que Spurgeon predicó durante 31 años con un promedio de 5,000 personas, quienes se retiraban cada 3 meses para dar lugar a otras personas.

Spurgeon escribió 135 libros, publicó un periódico ("La espada y la cuchara"), fundó y dirigió el orfanato de Stockwell y el Colegio de los Pastores. Indudablemente Spurgeon estuvo ungido por el Señor, el cual lo dotó con un poderoso don de la predicación; por lo que se le conoce con el título de "El príncipe de los predicadores".

Al morir el año de 1892 dirigió estas últimas palabras a su esposa -¡Oh querida, he gozado un tiempo glorioso con mi Señor!-.

















Citas escogidas

  1. Para que la oración tenga algún valor, debe tener peticiones definidas por los cuales suplicar.

  2. Junto con un objetivo de oración muy definido, es igualmente necesario que haya un deseo verdadero para alcanzarlo.

  3. El que quiere poner dos balas en la pistola no puede esperar tener éxito. Descarguen un tiro primero, y luego carguen el otro. Pídanle algo a Dios y prevalezcan, y entonces pidan de nuevo.

  4. La convicción de mi propia alma es que la oración es el mayor poder en el universo entero; que tiene una fuerza más omnipotente que la electricidad, que la atracción, que la gravedad, o que cualquier otra de estas fuerzas secretas que los hombres han llamado por nombres, pero que no entienden.

  5. Las oraciones del pueblo de Dios no son sino promesas de Dios musitadas por corazones vivos, y esas promesas son los decretos, sólo que puestos en otra forma y figura. No pregunten: “¿cómo pueden mis oraciones afectar los decretos?” No pueden, excepto que en la medida que sus oraciones son decretos, y que conforme brotan, cada oración que es inspirada por el Espíritu Santo a su alma, es tan omnipotente y eterna como ese decreto que dijo: “Sea la luz; y fue la luz;”

  6. He confiado en el hombre y he sido engañado, pero mi Dios nunca me ha denegado la petición que le he hecho, cuando he apoyado la petición con fe en Su disposición a escucharme, y en la seguridad de Su promesa.

  7. Con la oración aceptable debe mezclarse la santa sal de la sumisión a la voluntad divina.

  8. La oración misma es un arte que únicamente el Espíritu Santo puede enseñarnos. Él es el dador de toda oración.

  9. Oren para poder orar: oren hasta que puedan orar; oren para recibir ayuda para orar, y no renuncien a la oración porque no puedan orar, pues precisamente cuando piensas que no puedes orar, es cuando estás orando más; y algunas veces cuando no tienes ningún tipo de consuelo en tus súplicas, es cuando tu corazón todo quebrantado y abatido está realmente luchando y verdaderamente prevaleciendo con el Altísimo.

  10. El hombre de obediencia es el hombre a quien Dios oye, porque su corazón obediente le conduce a orar humildemente, y con sumisión, pues siente que su más elevado deseo es que la voluntad del Señor sea hecha. Por esta razón, el hombre de obediente corazón ora como un oráculo; sus oraciones son profecías.

  11. Nosotros creemos que las oraciones de los cristianos son una parte de la maquinaria de la providencia, dientes de la grandiosa rueda del destino, y cuando Dios guía a Sus hijos a orar, ya ha puesto en movimiento una rueda que tiene que producir el resultado solicitado, y las oraciones ofrecidas se están moviendo y son parte de esa rueda.

  12. Una vez que un hombre es enseñado a orar por el Señor, está preparado para enfrentar cualquier emergencia que se pueda presentar.

  13. Le va a ir mal a cualquier hombre que luche contra un hombre de oración.

  14. La humildad es la actitud adecuada para la oración.

  15. Un hombre que tiene una buena opinión de sí mismo, no puede orar: lo más que puede hacer es murmurar “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres,” y esa no es ninguna oración.

  16. Si quisieran luchar con Dios y prevalecer, utilicen mucho estos argumentos maestros: misericordias y verdad.

  17. El poder de la oración es en mucho el indicador de nuestra condición espiritual.

  18. La oración es (…) una necesidad para nuestra vida espiritual, de la misma manera que el respirar lo es para nuestra vida natural.

  19. La verdadera oración es medida por peso, y no por longitud.

  20. El hombre que prevalece en la oración es quien puede predicar exitosamente, pues puede prevalecer ante los hombres por Dios cuando ya ha prevalecido ante Dios por los hombres.

  21. El mejor hombre de oración es aquél que más cree y está más familiarizado con las promesas de Dios. Después de todo, la oración no es otra cosa que llevar las promesas de Dios a Él mismo, y decirle: “Haz así como has dicho.”

  22. Un hombre tendrá éxito en la oración cuando su fe sea poderosa.

  23. La oración (…) debe ser nuestro primer recurso; o, si es también el último, que sea a la vez el primero.

  24. Nosotros podemos orar a Dios mientras estamos involucrados en cualquier ocupación, siempre que sea legítima.

  25. El espíritu de oración es todavía mejor que el hábito de la oración.

  26. Es mejor ser capaz de orar en todo momento que tener la regla de orar en ciertos momentos y ocasiones.

  27. Un cristiano es más desarrollado en la gracia cuando ora por cada cosa, de lo que sería si sólo orara en ciertas condiciones y circunstancias.

  28. Siempre siento que algo anda mal si paso sin orar incluso durante intervalos de media hora en el día.

  29. En tanto que tengas un corazón para orar, Dios tiene un oído para oír.

  30. Cualquier lenguaje que no sea natural, es malo; el mejor tono es aquel que usa el hombre cuando está hablando sinceramente, y quiere decir lo que dice, y esa es la manera correcta de orar.

  31. Si no sabes cómo luchar con Dios de rodillas, encontrarás que es muy difícil luchar de pie en el púlpito con los hombres.

  32. Dejen que el mundo diga: “abajo con él;” yo me enfrentaré a todos ellos, si ustedes oran por mí; pero si ustedes cesan en sus oraciones, todo habrá terminado para mí y para ustedes.

  33. Si se pudiese comparar la vida de un cristiano con un sacrificio, entonces la humildad cava el cimiento para el altar; la oración trae las piedras sin labrar y las apila unas sobre otras; la penitencia llena de agua la zanja alrededor del altar; la obediencia ordena la madera; la fe argumenta con Jehová-jireh, y coloca a la víctima sobre el altar; pero el sacrificio está incompleto en ese momento, pues, ¿dónde está el fuego? El amor, sólo el amor puede consumar el sacrificio proveyendo desde el cielo el fuego necesario.

  34. “Ahora he concentrado todas mis oraciones en una, y es esta: que pueda yo morir a mí mismo, y vivir sólo para Él.”

  35. “Nuestra sabiduría consiste en mirar al Señor, no en discutir con los hombres.”

  36. “La oración es el pequeño nervio que mueve el músculo del Omnipotente.”

  37. Hay una erudición que es esencial para un ministerio eficiente, a saber, la erudición de toda la Biblia; conocer a Dios por la oración y la experiencia de su misericordia.

  38. La oración nos une al cielo; el ayuno nos separa de la tierra. La oración nos lleva a la casa de los banquetes de dios, el ayuno nos libera de nuestro afecto por el pan que perece.

  39. El predicador se debe distinguir por encima de todos los demás, como un hombre de oración. Ora como un cristiano común, de lo contrario, sería un hipócrita. Ora más que un cristiano común, de lo contrario quedaría descalificado para el oficio que ha asumido.

  40. Un alma sin oración es un alma sin Cristo.

  41. La oración tiene un fuerte poder para sostener el alma en cada temporada de angustia y tristeza.

Bibliografía

  1. Sermón, verdadera oración verdadero poder.

  2. Sermón, La oración de Jabes.

  3. Sermón, Las condiciones del poder en la oración.

  4. Sermón, La humildad, amiga de la oración.

  5. Sermón, El secreto del poder de la oración.

  6. Sermón, La oración modelo de Jacob.

  7. Sermón, La oración más breve de Pedro.

  8. Sermón, La oración de Pedro.

  9. Sermón, Oremos.



D.L. Moody (1837 - 1899)

Dwight Lyman Moody fue un evangelista y editor estadounidense que fundó la Iglesia Moody, la escuela Northfield y escuela Mount Hermon en Massachusetts (ahora llamada escuela Northfield Mount Hermon), el Instituto Bíblico Moody y la Moody Press. Dwight Moody nació en Northfield, Massachusetts. Su padre, un pequeño granjero y cantero, fue alcohólico y murió a la edad de 41 años, cuando Dwight tenía sólo 4 años. Tuvo cinco hermanos mayores y una hermana menor, además de dos hermanos gemelos y una hermana nacida un mes después del fallecimiento de su padre. Su madre luchó para poder mantener a su familia pero pese a sus esfuerzos tuvo que enviar a trabajar a algunos de sus hijos para que pudieran tener comida y techo. Dwight también fue enviado a un trabajo donde recibía un plato de cereales y leche tres veces al día. Más tarde se quejó con su madre pero cuando ella se dio cuenta de que le daban lo necesario para su alimentación lo envió de regreso. Aún durante ese tiempo, su madre enviaba a sus hijos a la iglesia. Dwight y sus ocho hermanos crecieron en la Iglesia Unitaria. Su hermano mayor se fue de casa y no volvió a saber de su familia hasta algunos años después.

Cuando Moody tenía alrededor de 17 años, se mudó a Boston con solo 5 dólares que le dio para trabajar en la tienda de zapatos de un tío. Uno de las exigencias de su tío fue que Moody asistiera a la Iglesia Congregacional de Mount Vernon donde era pastor Dr. Edward Norris Kirk. En abril de 1855 Moody se convirtió al cristianismo cuando su maestro, Edward Kimball le explicó cuanto lo amaba Dios. Su conversión encendió el comienzo de su carrera como evangelista. Sin embargo, su primera postulación a la membresía de la iglesia en mayo de 1855, fue rechazada y no fue aceptado hasta el 4 de mayo de 1856.

El trabajo de Moody en Chicago condujo a su escuela dominical a ser la más grande de su época. Trabajó tan arduamente que en el transcurso de un año la concurrencia media en su escuela era de 650 personas, mientras que 60 voluntarios de varias iglesias hacían las veces de profesores. Llegó a ser tan conocido que el que el recién elegido presidente Abraham Lincoln visitó y habló en una reunión de la escuela el 25 de noviembre de 1860.

Su vida más adelante

Después del comienzo de la guerra civil, se unió a la Comisión Cristiana Estadounidense YMCA e hizo de ministro en varios campos de batalla.

En Chicago, Moody trabajó para empezar una escuela dominical para niños en las zonas más pobres de la ciudad. Pronto tuvo más de 1.000 niños y sus padres asistiendo cada semana. En 1862, el presidente estadounidense Abraham Lincoln visitó la escuela. La congregación de la misma, cada vez mayor, necesitaba un hogar permanente, así que Moody comenzó una iglesia en Chicago, la Illinois Street Church. Cuando la iglesia se quemó en el Gran Incendio de Chicago, fue reconstruida luego de tres meses en una localización cercana, bajo el nombre de Chicago Avenue Church.

Fue en un viaje a Inglaterra donde se hizo más conocido como evangelista, al punto de haber sido llamado el evangelista más grande del siglo XIX. Su predicación tuvo un impacto tan grande como la de George Whitefield y John Wesley dentro de Gran Bretaña, Escocia e Irlanda. En varias ocasiones llenó estadios con capacidad de entre 2.000 y 4.000 personas. Una reunión en el Botanic Gardens Palace se juntaron entre 15.000 y 30.000 seguidores. Este séquito continuó a través de 1874 y 1875, con las muchedumbres en todas las reuniones. Cuando regresó a los Estados Unidos, las muchedumbres de 12.000 a 20.000 eran tan comunes como en Inglaterra. Sus reuniones evangélicas se celebraron desde Boston a Nueva York, a través de Nueva Inglaterra y otros pueblos de la costa oeste, como Vancouver y San Diego.


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