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Excerpt for Río De Plata by , available in its entirety at Smashwords















RIO DE PLATA


Copyright 1994 Jordana Blasco

Published by Jordana Blasco at Smashwords




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Contenido

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV

Capítulo XV

Sobre Jordana Blasco

Otros libros publicados por Jordana Blasco





























No eres más santo porque te alaben,

Ni más vil porque te desprecien.

Lo que eres, eso eres.

Kempis, Libro II, capítulo VI















CAPITULO I


Sus lágrimas recorrían su rostro llevando consigo la suciedad del miedo y la desesperación. Estaba cansada, asustada y confundida.

Tomó aire una vez más, cerró los ojos y recordó a sus perseguidores: hombres y mujeres de su misma sangre a quienes la habían entregado y abusado sin compasión…

Eran unos seres inhumanos y egoístas que encontraban placer en el dolor de los demás. No pudo soportar más el vacío en su vida. No tenía a nadie que la cuidase, nadie que se preocupase por ella… Nadie que la quisiese… y se escapó… El sentimiento interior de desesperación era mayor que su miedo y corrió…

Corrió escuchando las voces amenazantes de aquellos que la perseguían…

Corrió sintiendo las duras piedras que le tiraban contra su cuerpo…

Corrió a través de la polvareda del día y el frío de la noche…

Corrió a través de bosques y campos…

Corrió delante de la multitud enfurecida y detrás de su libertad…

Corrió delante de nada y detrás de todo…

Sintió cómo se abría la piel de sus pies ya descalzos cuando pisaba las piedras afiladas, las espinas hundiéndose en su piel y arañando piernas y brazos y los golpes de las ramas airadas que se encontraba de camino a lo desconocido…

¿Cuánto tiempo hacía que se había escapado? No consigue recordarlo.

Mira a su alrededor…

¿Cuándo dejó de escuchar esas voces que la atormentaban? ¿De verdad han cesado?

Está … sola … y agotada.

¿Qué camino puede tomar? Hay una gran roca cubriendo la entrada de una cueva delante de ella y un gran precipicio a la izquierda.

No hay más caminos…

Se le nubla la visión y se apoya en la roca respirando con dificultad. Algo ocurre… Ha pisado algo y con un extraño sonido, la roca donde estaba apoyada, desapareció y ella cae al suelo…

Al comienzo del amanecer de un nuevo día, desconcertada, escucha el ruido de agua corriente… ¿Quizás sea un río? Se levanta con dificultad y camina lentamente hacia el lugar de donde viene el sonido. Las piernas le fallan. Cae fuertemente al suelo y todo se vuelve oscuridad…




CAPITULO II


Es un mundo agradable. Ella es una niña y su madre le da los buenos días dulcemente. Su padre se acaba de ir a trabajar y ella está sentada, tapándose con una manta mientras observa a su madre cocinar. Puede sentir el calor de la manta perfectamente. “Una sensación tan distinta comparado con el frío de la noche afuera…”

Es entonces que se da cuenta de que está soñando. Aterrorizada, con el cuerpo dolorido y el corazón latiendo fuertemente en su pecho, se sienta de un salto.

Está rodeada de oscuridad, siente calor y oye un lejano murmullo.

Tras unos minutos, su vista se acomoda a la oscuridad y comienza a diferenciar algunos objetos.

Estaba a punto de levantarse cuando un pequeño haz de luz atraviesa los laterales de lo que parece ser una puerta y escucha voces.

Portando una luz, entran lentamente en la habitación un grupo de ancianos.

Unos traen comida y agua y otros, ropa.

Ella está asustada.

Agarra la manta fuertemente y la presiona contra su pecho.

Los ancianos le dicen que no tenga miedo, que no le van a hacer nada. Que debería descansar, comer y sentirse como en su casa y cuando estuviese lista, la llevarían a su Guía.

Se marcharon y cerraron la puerta.

La luz que trajeron iluminaba toda la habitación y pudo observar que no había ventanas ni armarios… Era una habitación muy sencilla que sólo tenía una cama, una mesa, una silla y una pequeña bañera con agua.

Comprobó que la puerta no estaba cerrada con llave y se sintió extrañamente tranquila.

Devoró la comida y bebió con una sed insaciable y, cuando se sintió llena, se lavó el cuerpo amoratado y ensangrentado, se puso la ropa limpia y decidió salir del cuarto…

¡¿Se le permitiría?!

El cuarto parecía una prisión, pero… le habían dado de comer y ropa limpia… la puerta no estaba cerrada con llave…

Abrió la puerta y la empujó lentamente. Cuando salió de la habitación no pudo creer lo que veía…

Se encontraba de pie, en un largo balcón dentro de una cueva grandiosa. Las paredes eran de plata y las casas de estas personas parecían haber sido excavadas en la piedra con estos balcones uniéndolos entre sí. Cientos de hemiciclos se extendían a lo largo y ancho de la cueva y los niveles estaban unidos por escaleras rocosas perfectamente construidas y pulidas que llegaban hasta el suelo. Abajo, en mitad de la cueva, se veía un ancho camino que la dividía. Al fondo, a la izquierda, se encontraba una fuente cuya agua iluminada por una luz azulada, crecía y menguaba a capricho. A la derecha, un extraño grupo de rocas transparentes y una cascada inmensa, parecían bloquear la entrada. El ruido ensordecedor de las aguas le resultaba inaguantable.

Pequeñas hogueras se esparcían por el suelo y parecían ser lugar de reunión de los habitantes de la cueva y, arriba flotando, grandes bolas de cristal de un azul tenue, iluminaban la estancia durante la noche… Eso era lo que ella pensó en ese momento ya que no podía ver ninguna apertura que dejase pasar la luz del sol.

Mientras bajaba las escaleras y se aproximaba a una de las hogueras, notó lo bellas que eran estas gentes, lo bonito de su piel oscura, su pelo negro y sus ojos del color de la luna llena: grises, avispados y llenos de vida.

Todos vestían ropas muy similares y llevaban unos extraños brazaletes de plata en muchas de sus articulaciones… los dedos… los codos… las rodillas… Era precioso y muy llamativo.

El grupo la saludó amablemente cuando se acercó y la llevaron a quien ella suponía, era su líder.

Le presentaron al hombre conocido como el Guía.

Le dijeron que él fue el que la había encontrado unas noches atrás, en el suelo, junto al río, al amanecer de un nuevo día.

Ella le dio las gracias por haberle salvado la vida.


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