include_once("common_lab_header.php");
Excerpt for Sociedad Protectora Recreativa de Mora (Toledo) - 150 aniversario by , available in its entirety at Smashwords
























AGRADECIMIENTOS



A todas las personas y entidades que participaron en los actos del centésimo quincuagésimo aniversario de la Sociedad Protectora Recreativa, cuyos nombres aparecen en el texto.

Al Ayuntamiento de Mora, a su alcalde y a su concejal de cultura, Dª Raquel Villarrubia, por su colaboración, actos organizados y ayuda económica; aportaciones sin las cuales no hubiese sido posible la celebración del aniversario.

A la Escuela de Música de Mora y a su director, D. Miguel-Ángel Serrano, por el magnífico concierto que nos ofrecieron en los salones de la Sociedad Protectora el día 4 de junio de 2017, con motivo de la celebración del 150 aniversario.

Al Club de Ajedrez de Mora y a su presidente, D. David Naranjo, por la organización del Primer Torneo de Ajedrez “Sociedad Protectora Recreativa”, que tuvo lugar el día 1 de julio de 2017.

A la Junta Directiva de la Sociedad Protectora Recreativa y a todos los hombres y mujeres que componen esta sociedad.

ÍNDICE

ACTO DEL 150 ANIVERSARIO 3

INTERVINIENTES:

D. Vidal Viguera Sánchez de Rojas, secretario de la sociedad 4

Dña. Miriam Núñez Jiménez, hija de D. Salvador Núñez Morales 6

Homenaje a José Salvador Núñez Morales, por D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, historiador y profesor moracho 7

El mundo en 1867, por D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo 10

D. Félix González Argüelles, gerente de la Fundación Anastasio de Gracia 22

D. José-Antonio Ortiz Rudilla, presidente de la Sociedad Protectora Recreativa 24

D. Emilio Bravo Peña, alcalde de Mora 25

Placa conmemorativa y entrega de placas 28

OTROS ACTOS DEL 150 ANIVERSARIO 29

Exposición: 150 años de la Sociedad Protectora Recreativa 30

Conferencia: Mora… Rumbo al siglo XX, por Dª Inmaculada Mora Galán – Archivo Municipal del Ayuntamiento de Mora 44

Conferencia: Importancia de las sociedades de socorro mutuo creadas durante el siglo XIX, por D. José-María Uría Fernández, coordinador del centro documental de AG-FITEL 76

Ruta histórica del 150 aniversario, por D. Jonathan Navarro López – Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Mora 82

Primer Torneo de Ajedrez de la Sociedad Protectora Recreativa 93

NOTICIAS DEL 150 ANIVERSARIO APARECIDAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN 94

Ayuntamiento de Mora (Facebook) 95

Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Mora (Facebook) 98

Fundación Anastasio de Gracia - FITEL (Facebook) 100

Fundación Anastasio de Gracia-FITEL – Sala de prensa 105

Castilla – La Mancha Actualidad 107

Diputación Provincial de Toledo 108

Radio Mora 109

La Tribuna 111

ABC Toledo 112

El Digital CLM 115

Quijote Digital 116


Sociedad Protectora Recreativa

Mora (Toledo)



150 aniversario

1867-2017

Mora, 3 de junio de 2017



Acto del 150 aniversario




Intervienen:


  • D. Vidal Viguera Sánchez de Rojas, Secretario de la Sociedad Protectora Recreativa,

  • Dª Miriam Núñez Jiménez, hija de D. Salvador Núñez,

  • D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, historiador y moracho,

  • D. Félix González Argüelles, gerente de la Fundación Anastasio de Gracia,

  • D. José-Antonio Ortiz Rudilla, presidente de la Sociedad Protectora Recreativa de Mora,

  • D. Emilio Bravo Peña, alcalde de Mora.





Recopilación y diseño: Ángel Ventura Maestro-Muñoz


D. Vidal Viguera Sánchez de Rojas

Secretario de la Sociedad Protectora Recreativa



Buenos días señoras y señores, bienvenidos.

En primer lugar quisiera presentarme. Soy Vidal Viguera Sánchez de Rojas y tengo el cargo de secretario de la junta directiva de esta sociedad.

A continuación vamos a conocer a las diferentes personas que me acompañan y que han tenido una participación muy importante en la preparación de este acto:

Dña. Miriam Núñez Jiménez, hija de D. Salvador Núñez,

D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, historiador y moracho,

D. Félix González Argüelles, gerente de la Fundación Anastasio de Gracia.

D. José-Antonio Ortiz Rudilla, presidente de la junta directiva de la Sociedad Protectora Recreativa de Mora,

D. Emilio Bravo Peña, alcalde de Mora.

En este año 2017 estamos celebrando, como todos ya saben, los 150 años del nacimiento de la Sociedad Protectora Recreativa. Una sociedad que nació de la idea de unos morachos que pensaban —adelantándose a su tiempo— que tenían que ayudar a sus paisanos en aspectos fundamentales: facilitar el acceso a la más elemental educación académica, recibir ayuda en caso de enfermedad y también ayuda económica si fuese necesaria.

Estos morachos tuvieron una visión de futuro en temas tan importantes como los que he citado. Afortunadamente hoy nuestras necesidades básicas en educación y sanidad están cubiertas, pero nosotros queremos mantener el espíritu original de la sociedad, adaptándolo a las nuevas necesidades que provoca nuestro tiempo, y seguir siendo de ayuda para nuestros paisanos.

Y en esa línea existe una premisa que nosotros consideramos fundamental y que los fundadores plantearon desde la primera reunión en la que empezó a gestarse el nacimiento de esta sociedad. Se trata de que para mantener una línea libre e independiente de actuación, era imprescindible que la política y la religión, se quedaran en la puerta del salón y que no pasaran dentro. Querían evitar que algo así pudiera alterar el normal funcionamiento de una convivencia pacífica que ellos deseaban y que nosotros queremos seguir manteniendo.

Llegado el turno de agradecimientos, tenemos que recordar en primer lugar al verdadero artífice de la investigación, la persona que se ocupó de estudiar todos los documentos que se conservan desde el día de su fundación: esta persona es D. Salvador Núñez Morales. El interés que nos demostró desde el primer momento y la alegría que tenía ante todo lo que iba descubriendo según leía la documentación, nos contagiaba y nos hacía tomar conciencia de la gran importancia de la organización que había llegado hasta nosotros. Su investigación se truncó desgraciadamente, con una enfermedad que le impidió terminar su investigación y poder avanzar en el tiempo. Solo pudo sacar a la luz los primeros 50 años. Todos los valiosos y curiosos datos que él conoció tras leer pacientemente los libros de actas están ahora publicados en un libro, en su libro. El resto está ahí esperando las manos y los ojos de alguien que quiera seguir buscando en nuestra vida pasada como sociedad.

También queremos agradecer en nombre de la junta directiva y de todos los socios en general, por la colaboración que hemos recibido de ellos:

Al Ilmo. Ayuntamiento de Mora, encabezado por el Sr. Alcalde y toda la Corporación Municipal.

Al Archivo Histórico Provincial de Toledo, que está procediendo a la digitalización de los documentos que tenemos desde la creación de la sociedad.

A la Fundación Anastasio de Gracia, por el interés que ha demostrado por conocer nuestra historia que, a la vez, es la de nuestro pueblo.

A la Diputación Provincial de Toledo, por su interés.

A la Caja Rural de Castilla-La Mancha, por su colaboración.

A todas las asociaciones, culturales o no, de nuestro pueblo, a las hermandades y cofradías, a las AMPAS de los colegios y del instituto, a los equipos directivos de los colegios y del instituto, por acompañarnos hoy.

Hay una persona que nos ha servido de enlace, de unión y para facilitarnos muchos pasos. No me lo va a perdonar, pero lo tengo de decir, esta persona es Raúl Alguacil García. Gracias por todo, Raúl.

A todos los asistentes.


Por último, queremos manifestar nuestro enorme agradecimiento a D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, historiador, profesor jubilado y, sobre todo, moracho, que, desde el primer momento que hablamos con él, se puso incondicionalmente a nuestra disposición para prestarnos su ayuda y colaboración. En su turno de palabra nos va a ilustrar con su sabiduría, presentándonos el libro que se ha editado con la Colaboración del Ilmo. Ayuntamiento y que estará disponible para todas las personas, sean socios o no, que estén interesados en nuestra historia

Y yo ya les dejo, agradeciéndoles su atención.

A continuación vamos a escuchar a Miriam Núñez, hija de nuestro Salva (para nosotros siempre será Salva).

Con ustedes Dña. Miriam Núñez Jiménez.

Dña. Miriam Núñez Jiménez

Hija de D. Salvador Núñez Morales


Hola a todos.

A mi padre le hubiese encantado estar aquí. Sería para él un momento de enorme dicha y emoción. Por eso, agradecemos de corazón al Ayuntamiento, a la Junta Directiva de la Sociedad Protectora Recreativa, y a todas las personas que han hecho esto posible.

Emociones mezcladas aparecen en mi cabeza al recordar a mi padre, lupa en mano, buceando entre las actas de la Sociedad Protectora. Pasaba sus hojas, lentamente, con la responsabilidad y delicadeza de saber que entre las manos tenía un tesoro vivo. Un tesoro manuscrito forjado con las memorias de otros tiempos, que a través del papel y tinta vieja, plasmaban la crónica de personas, con nombres y apellidos, que dieron lo mejor de sí en vida, para ayudar a sus vecinos.

Creo que esta historia, conectó profundamente con mi padre, porque más allá de las dificultades de llevar este proyecto a la práctica, que las hubo, se nos muestra una Sociedad que nace con un profundo espíritu filantrópico. Esos valores, que mi padre también compartía, fueron los que le impulsaron a empezar a recopilar la información contenida en las actas y en los periódicos de aquellos años.

Lo que esas antiguas memorias le mostraban, como en un retrato en sepia, eran instantáneas de otra época, de personas que intentaban conjugar idealismo y pragmatismo en unos tiempos muy difíciles. Cuanto más ahondaba en esta parcela de la historia de Mora y sus gentes, mayor era su contagiante ilusión y entusiasmo.

Creo que ésta sería la palabra que mejor podría definir la labor en sus últimos años, cuando empezó a profundizar en las memorias de la Sociedad Protectora de Mora: Entusiasmo. Y es que en estos relatos, se cuenta la historia de la creación y devenir de una sociedad de socorro mutuo. Un tipo de asociaciones que empezaron a divulgarse también por otros lugares de España.

Le sorprendía que esta historia que sucedió dentro de nuestro pueblo no fuese conocida por los morachos. Su sueño era que todos los habitantes de Mora conociesen este trocito de historia de nuestro pueblo. Quería que fuese divulgado, y que no cayese en las redes del olvido.

Una de sus mayores alegrías en vida, fue sin duda, la de entregar en mano el trabajo en el que tanto cariño puso: Un escrito que recoge los primeros cincuenta años de la Sociedad Protectora Recreativa de Mora.

Hubiese sido muy bonito que mi padre pudiera haber tenido este libro entre sus manos, en esta fecha tan especial. Seguro que desde allí arriba nos está mirando con emoción y con una gran sonrisa.

Muchas gracias por darnos la oportunidad de poder expresar un sentimiento que nos desborda por dentro y que mi padre haría suyo: El de infinita gratitud. Muchísimas gracias por hacer su sueño realidad.

En nombre de toda nuestra familia, ¡¡Muchas felicidades por el Aniversario!!………. Que sean, al menos, 150 años más).

Homenaje a José Salvador Núñez Morales (1946-2012)

Por D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo

Historiador y profesor moracho

Queridos socios, amigos y paisanos, señoras y señores:

Los actos que desde hoy celebramos, con la alegría de conmemorar nada menos que un siglo y medio de vida de la Sociedad Protectora Recreativa, adquieren un valor aña­dido por el hecho de que esta conmemoración se ensancha aún con la publicación de un libro que acoge una parte esencial de la historia de esta «sociedad modelo», como con justicia ha sido calificada en numerosas ocasiones. Se trata del estudio La Sociedad Protectora Recreativa de Mora en sus primeros cincuenta años. 1867-1917, del que es autor nuestro querido amigo y llorado compañero José Salvador Núñez Morales, y que ve la luz con el generoso patrocinio del Ayuntamiento de Mora.

Salvador no solo fue un hombre cabal, sino ejemplar en toda la extensión de la pala­bra: un ejemplo en cada una de las facetas con las que queremos acercarnos a su di­mensión individual y social: como persona a lo largo de su recorrido vital, como maes­tro en su dilatada y apasionada dedicación profesional, y también, en los últimos años de la que se nos antoja su corta vida, como entusiasta investigador del pasado de Mo­ra y de los morachos.

No es posible encontrar a nadie que no os hable bien de Salvador. Desde el cariño, desde la amistad, desde el simple conocimiento, Salvador se revelaba, se reveló siem­pre, como una persona prudente, amable, afectuosa y generosa. Una persona entra­ñable que, incluso para los que no nos contábamos entre sus amistades más íntimas, formaba, ha formado, parte invariable de nuestro más preciado entorno sentimental.

Como maestro, aún pueden recogerse dichas o escritas las palabras de reconocimien­to y admiración de sus alumnos de Mora o de la Villa de don Fadrique, entre ellas las de su discípulo el escritor fadriqueño Alejandro Tello Peñalva, quien le califica en in­ternet (cito) de «maestro con mayúsculas», y quien atesora (sigo citando) «el recuerdo intacto de un maestro inolvidable que, además de las lecciones que venían en los li­bros, me enseñó una cosa mucho mejor, una cosa de un valor incalculable, impagable y que nunca agradeceré lo suficiente: me enseñó a pensar».

Salvador era asimismo un hombre tan diligente como curioso, y, una vez jubilado, pu­so el empeño de su curiosidad en las cosas del pasado de su pueblo, y a ellas se aplicó con auténtica pasión. Lástima que la enfermedad nos lo arrebatara tan pronto, cuando estaba entregado a la tarea de proporcionarnos nuevos frutos de sus indagaciones, de su tesón y de su constancia.

Por ello, su obra escrita no resulta extensa, pero sí destacada y destacable en muchos aspectos. Se abre en 2007, en la página oficial del Ayuntamiento, con el trabajo Alcal­des de la villa de Mora, un utilísimo repertorio de los titulares de la municipalidad mo­racha consignados puntualmente a partir de 1825, año del que datan las primeras ac­tas de la Corporación: desde Marcos Ventura Álvarez y Ambrosio Díaz Marcote, que lo eran entonces por el Estado Noble y el Estado General, respectivamente, hasta José Manuel Villarrubia de la Rosa, que lo será en 2007, el antecesor inmediato de Emilio Bravo Peña, quien nos honra aquí con su presencia. Subraya Salvador, en las palabras preliminares de su estudio, la dimensión social y colectiva de nuestro pasado histórico cuando apela a su voluntad (cito) de «rescatar la memoria de tantos alcaldes que, des­de la noche de los tiempos hasta nuestros días, han sido, son y serán ya para siempre una parte importante de la historia de nuestro pueblo, y que, en unión de todos aque­llos vecinos, amigos y familiares que vivieron antes que nosotros, han hecho que nues­tro presente sea el que es y no otro».

De ese mismo año 2007 data el trabajo inicial de la que acabará constituyendo una breve serie titulada La enseñanza en Mora ayer y hoy, de varios autores, en la que, en el caso de Salvador, al investigador concienzudo se suma el maestro comprometido para tratar sobre la enseñanza en la villa desde 1910. Enfoca su estudio en la Graduada de Niños de la Glorieta Nueva, luego llamada Fernando Martín, a la vez que amplía sus indagaciones a otros centros anteriores y posteriores, que acompaña con un copioso e interesante material gráfico.

La otra entrega de La enseñanza en Mora ayer y hoy en la que colabora Salvador es la dedicada en 2009 al Colegio Teresiano. Pese a no ir firmada, parece indudable que el grueso de la investigación, y seguramente también de la redacción, le pertenece. Co­mo en el caso anterior, numerosas ilustraciones fotográficas confieren al artículo tanto realce como significación.

Es algo que también sucede en su tercera y última contribución al tema de la educa­ción pública en nuestra villa, dada a conocer, como las anteriores, en los programas oficiales de las Ferias de distintos años. Ahora en el de 2010 nos brinda otro trabajo pionero, titulado Un instituto para recordar, en el cual recorre el itinerario que va desde el otoño de 1931, cuando el Ayuntamiento solicitaba para la villa un Colegio de Se­gunda Enseñanza subvencionado por el Estado, hasta que en los primeros meses del curso 1937-1938 cesaba definitivamente su actividad el Instituto heredero del citado Colegio. Fuentes escritas y abundantes testimonios personales dan cumplida cuenta de la excitante empresa humana en la que nuestros paisanos se volcaron con una convic­ción que conmueve al autor y que aflora en las palabras que cierran su estudio:

El deseo de este escrito —apunta Salvador en su conclusión— es que sea un modesto y merecido homenaje a todos aquellos (alumnos, profesores y personal de todo tipo) que una vez, en un lugar y en una época para los que las palabras espacio y tiempo han per­dido ya su significado material, tuvieron el privilegio de ser parte de aquel primer insti­tuto que existió en Mora, y que en armonía total, todos juntos, dejaron sembrada una fecunda semilla que, aunque tuvo que pasar mucho tiempo, volvió a florecer, llenando de luz y esperanza el horizonte de nuestras vidas.

En junio de 2013, pocos meses después de su fallecimiento, nuestro portal Memoria de Mora hacía público otro trabajo suyo hasta entonces inédito: Leandro Navarro Pé­rez, un hijo adoptivo en la memoria de Mora; como si Salvador intuyese desde el título —suyo por entero y previo a nuestra edición— que la citada web sería el destino final de su estudio. Confieso que en ese momento no pude, ni quise, contener la emoción en las palabras con que presentaba su escrito, que quisiera repetir ante ustedes:

Hoy es una de las ocasiones en que Memoria de Mora lamenta no ser grande. Grande para poder dar a conocer la impagable labor que en su día realizó don Leandro Navarro en los olivares morachos. Y grande sobre todo para difundir a los cuatro vientos con tan­ta fuerza como entusiasmo la pasión y la obra de Salvador Núñez en pro de las cosas de Mora. Cuando se cumplen cien años justos del nombramiento de don Leandro Navarro como hijo adoptivo de nuestra villa y apenas unos pocos meses de la dolorosa pérdida de Salvador, Memoria de Mora se honra con la publicación de este artículo póstumo del que fue amigo entrañable y generoso compañero.

Se trata de otro trabajo oportuno si los hay, que se ocupa de la figura del que fue in­signe ingeniero y catedrático de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid, don Leandro Navarro, pero en especial de sus denodadas campañas en Mora contra los estragos de la arañuela del olivo entre 1907 y 1912, cuando logró erradicar la plaga reinante mediante la fumigación con gas cianhídrico, en una novedosa aplicación a los olivos de un experimento suyo que había ensayado antes en Levante contra el piojo rojo de naranjos y limoneros. Estas campañas le granjearon la admiración incondicio­nal de nuestra población, las sólidas relaciones que estableció con varios propietarios y labradores de aquí, pero sobre todo la inmensa gratitud de los morachos de entonces, que correspondieron a sus desvelos honrando repetidamente su memoria: nombrándole hijo adoptivo de la villa, titular de la calle que tenemos a unos pasos de aquí, y socio de honor de la Protectora.

Póstumo viene a ser por desgracia, asimismo, el libro que hoy presentamos, del cual no quisiera adelantar nada que pudiera rebajar la curiosidad que sin duda sentirán quienes aún no hayan tenido oportunidad de leerlo o de consultarlo. Baste decir que se trata de una reivindicación de la institución como tal, en forma de crónica de sus primeros 50 años, de 1867 a 1917, mediante un minucioso y concienzudo recorrido por la documentación de la Sociedad en ese medio siglo.

Pero sí pretendo dejar una idea que aspira a ser una valoración: la del acierto de la Junta Directiva de la Sociedad al fundir este 150 aniversario con la publicación del libro de Salvador y con el consiguiente homenaje a su figura. ¿Por qué? Porque es de justicia que la recuperación de la Protectora, de la inmensa labor de la Protectora, quede aso­ciada al nombre de Salvador: él fue quien se sumergió en los papeles de la Sociedad y quien descubrió, atónito, la riqueza de su fondo documental; él fue, él es, quien ha hecho despertar con sus investigaciones el interés por la institución de propios y ex­traños, hasta un punto que no pudo prever pero que nosotros casi tocamos con las manos. Y me refiero a la gozosa noticia de la preservación y custodia de este fondo documental por una institución especializada de nuestra región, con lo cual su conser­vación queda asegurada para el futuro; y sobre todo a la noticia complementaria del proceso de digitalización del que creo que después conoceremos más detalles. Todo ello supondrá una facilidad asombrosa para poder abordar las investigaciones que Sal­vador no pudo proseguir a causa de su temprana desaparición; una facilidad para los morachos que pretendan saber más sobre la institución, o simplemente curiosear, y una facilidad también para los estudiosos más capaces que deseen ahondar en los en­tresijos de esa sociedad modelo que fue durante tantos años la Protectora.

Honor, pues, para esta Sociedad y honor para José Salvador Núñez Morales, cuyos nombres pervivirán desde hoy unidos ya para siempre en este libro que nos permite a los morachos mirarnos con orgullo en el espejo más limpio de nuestra historia, el de la Sociedad Protectora Recreativa.

Muchas gracias por su atención.


El mundo en 1867

Por D. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo

Historiador y profesor moracho


Cuando mis amigos de la Directiva de esta casa me plantearon la posibilidad de colaborar en el acto que hoy felizmente nos congrega, acepté sin vacilar, tan complacido por ser útil a mis paisanos como honrado por hacerlo en una conmemoración de tanta relevancia en la historia de Mora. Y pensé de inmediato que lo que procedía era hablar de la andadura de la Protectora misma. Pero al saber que en este acto se presentaba —yo mismo presentaba— el libro de Salvador, cambié enseguida de parecer: yo no debía ofrecer aquí nada de lo que el libro ya ofrecía, pues no era sensato contribuir a restarle interés, y menos aún apropiarse abusivamente de su contenido.

No obstante, desde la satisfacción que hoy comparto con todos ustedes por este siglo y medio que fueron forjando quienes nos precedieron, me resisto a dejar de exponer al menos unas consideraciones que abarquen los formidables logros de la Sociedad Protectora Recreativa a lo largo de su dilatada existencia:

Primera: su contribución al progreso de los morachos. La Protectora se propondrá mejorar las condiciones de la vida de los trabajadores de Mora y de sus familias, sobre todo en los ámbitos de la salud y del trabajo, pero también en los de la formación cultural y moral. Y lo conseguirá con creces.

Segunda: su dimensión social y colectiva. La Protectora no solo integrará pronto a un crecido número de morachos, sino que se proyectará en todos los sectores de la población. No quedará restringida únicamente a los beneficiarios de las prestaciones —que eran a la vez sus promotores—, sino que ampliará su acción a quienes se sumaron a esta empresa con voluntad altruista y desprendida, que los hubo en abundancia.

Tercera: su apertura y su apuesta por la concordia. La Protectora constituirá una asociación abierta, que promoverá el respeto de todos y para todos, y que pondrá especial celo en no contaminarse del veneno de la discordia, como muestran cumplidamente los sucesivos reglamentos por los que se regirá.

Dicho esto, entremos en El mundo en 1867, para comenzar justificando un título tan pretencioso por el imperativo de la concisión, y para indicar que lo que me propongo en mi charla es ofrecer unas pinceladas, tomadas de los periódicos del momento, de la realidad que vivían quienes en aquel año fundaban la Protectora, se asociaban a ella, o simplemente contemplaban persuadidos o reticentes su nacimiento. Lo que no explicará su creación y primeros pasos, pero sí se acercará al contexto en que aquella y estos se produjeron, y a la Sociedad misma en algunas circunstancias de la actualidad de su tiempo. Y también, indirectamente y por contraste, a la actualidad del nuestro. En este punto debo recordarles, hablando de acercamientos, que tendremos ocasión de saber más sobre su origen y naturaleza en la conferencia que sobre las sociedades de socorros mutuos dará aquí mismo D. José María Uría Fernández el próximo jueves.

En cuanto a mi intervención, la desarrollaré en los próximos 40 minutos en tres partes sucesivas, que dedicaré: la primera, al mundo en general, sobre todo a Europa; la segunda, a España; y la tercera y última, a Mora.

Entremos en materia. Unos 1.400 millones de habitantes poblaban el mundo de 1867, algo menos de la quinta parte del actual. La distribución geopolítica del Occidente europeo, con escasas salvedades, no era por entonces muy distinta de la de nuestros días, pero sí lo eran la zona central del continente y sobre todo la oriental. Prusia y el Imperio Austro-Húngaro ocupaban la práctica totalidad de Centroeuropa, y los Imperios Ruso y Otomano la Europa del Este, incluyéndose en las posesiones del zar Finlandia, los países bálticos, Ucrania y hasta Polonia, y en las del sultán turco, Bulgaria, Albania, Chipre y buena parte de Grecia y de lo que después sería Yugoslavia.

Regían las principales potencias Luis Napoleón III como emperador de Francia (junto a la emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Mora durante más de 70 años, de 1839 a 1910); Guillermo I como rey de Prusia, asistido por Bismarck, su canciller; la reina Victoria gobernaba Inglaterra; Alejandro II era zar de Rusia; Francisco José I, emperador de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia (casado por cierto con Isabel de Baviera, la famosa Sisi o Sisí que llevaría a las pantallas Romy Schneider en 1956); Víctor Manuel II, rey de la nueva Italia unificada desde 1861; Pío IX, papa y soberano de los Estados Pontificios; Abdulaziz I, sultán de Turquía; y Andrew Johnson, presidente demócrata de los Estados Unidos, que había sustituido a Abraham Lincoln tras el asesinato de este en 1865.

Las noticias del extranjero que sobresalen en la prensa española de 1867 proceden siempre de París. Y con frecuencia son informaciones de otros lugares; es decir, París y sus periódicos tienden a ser el foco de las novedades o de los rumores que corren por todo el continente, se trate de Londres, Berlín, Viena o San Petersburgo. De hecho, algunos de los principales diarios y revistas españoles no cuentan entonces con más corresponsal en el extranjero que el de París, que se ocupa de toda la actualidad internacional a partir de la lectura de los periódicos franceses.

De las estrictas noticias de Francia —aludida reiteradamente como «el vecino imperio»—, cabe destacar las tensiones constantes con Prusia, que en distintos momentos de este año hacen temer acciones de guerra. Temor que obedece a varios motivos, pero sobre todo a la supuesta voluntad francesa de anexionarse el Ducado de Luxemburgo. Durante muchas semanas será la referencia preferente del extranjero y el asunto europeo más destacado, hasta que en mayo el Tratado de Londres lo declare Estado neutral. No obstante, las tensiones entre las dos potencias no se extinguirán, y acabarán desembocando en 1870, ahora sí, en la guerra franco-prusiana.

Las noticias que suscitarán el mayor interés de los españoles hacia el «vecino imperio» serán las relativas a la Exposición Universal de París del 1º de abril al 31 de octubre (coincidiendo por tanto en buena parte con los primeros pasos de la Protectora); pero la cita parisina ya aparece desde el mes de enero con los preparativos y las expectativas que despierta, las novedades y curiosidades que acogerá, los participantes españoles que concurrirán, la cantidad de amigos de lo ajeno que previsiblemente acudirá a la ciudad, el escandaloso aumento que sufrirán los precios de los hoteles…

Valga este como ejemplo de las mil curiosidades que se anuncian:

Entre las industrias que deben llamar la atención de la Exposición Universal, debe citarse un restaurant portátil chino. Un solo hombre carga sobre sus espaldas y sirve él mismo el establecimiento culinario. Es un edificio muy ligero, y más aún porque está suspendido de una caña de bambú. El aparato tiene dos metros de alto y tres de ancho. El vendedor tiene con una mano en equilibrio el edificio y con la otra cuida de la cocina.

También se ocupan largamente los periódicos de las visitas a la Exposición de mandatarios de todo el mundo. A primeros de junio ya la han recorrido —resumen los diarios— el zar, los reyes de Prusia, Grecia y Bélgica, los príncipes de Suecia, Gales y Orange, el zarévich, el príncipe real de Prusia y el príncipe Humberto. Por cierto que en su visita del 6 de junio, acompañado del emperador francés, el zar Alejandro sufrirá un aparatoso atentado sin consecuencias a manos de un activista polaco, un tal Berezowski, que llenará los periódicos, como también el posterior proceso al que será sometido el agresor. Más tarde acudirá a la Exposición, entre muchos otros, el sultán turco; y se llegó a especular que también lo haría el presidente de los Estados Unidos, lo que chocará a propios y extraños, pues jamás hasta esa fecha un presidente norteamericano había puesto los pies en Europa.

Todo ello con gran éxito de público, como trae a mediados de junio El Imparcial:

De 100 a 120.000 personas entran todos los días en el palacio de la Exposición de París pagando sus respectivas entradas. La comisión imperial debe de estar haciendo un gran negocio; mas para comprender las ganancias que reportará París de la Exposición, baste decir que hay en aquella capital más de un millón de extranjeros, y se calcula que su gasto no bajará de diez millones de francos.

Entre ellos, por cierto, los no pocos españoles que nos consta que visitaron el certamen, y quizá también, por qué no, algún moracho relacionado con las dos empresas de jabón que en él expusieron sus productos, la Viuda de Guerrero e Hijos y Jiménez Hermanos, con medalla final a la calidad obtenida por estos últimos. El jabón de Mora alcanzaba entonces su consagración internacional.

La segunda gran fuente de noticias que atraviesa casi día a día el año 1867 es la llamada cuestión romana, esto es, el mantenimiento o no de los Estados Pontificios como entidad política independiente. Se trataba, en otras palabras, de la controvertida vigencia del poder temporal del Papa, quien, al margen de la Italia recién unificada (con capital en Florencia por cierto), conservaba bajo su mando la ciudad de Roma y algunos territorios circundantes, en unos 11.000 kilómetros cuadrados que, para formarnos una idea, equivalían a la extensión de la actual provincia de Murcia.

Los diferentes estados europeos, y la opinión pública del continente, tomarán partido ante el conflicto. En el caso del gobierno español será favorable al mantenimiento de la situación, apoyada militarmente desde octubre por Francia, que con la fuerza de las armas se aplicará a contener los deseos de anexión del rey Víctor Manuel y los intentos de invasión de Garibaldi, el héroe popular, enfrentados ambos al Papa.

La disputa apasionó a los españoles, como comprobamos en el número de El Imparcial del 31 de octubre, que ofrecerá a sus lectores un mapa de los Estados Pontificios «con el cual podrán seguir cuidadosamente el curso de las operaciones militares de que empieza a ser teatro aquel territorio».

A finales de año se plantearán iniciativas para convocar una conferencia internacional sobre la cuestión romana que no conseguirán sortear las desavenencias sobrevenidas, especialmente entre Francia e Italia, y que no llegará a celebrarse. Habrá que aguardar más de 60 años, a 1929, para que los Pactos de Letrán consagren la situación que prevalecerá hasta nuestros días, tras la creación en Roma del Estado del Vaticano.

El tercero de los conflictos que llenan este año 67 proviene de México. Se trata del desmoronamiento del Segundo Imperio Mexicano, que auspiciaba Francia sosteniendo incondicionalmente al emperador Maximiliano I desde 1864. Por entonces nuestros vecinos habían ido retirando buena parte de las tropas de apoyo al emperador frente a la rebelión republicana de Benito Juárez, quien acabó siendo proclamado presidente el 25 de octubre después de haber fusilado a Maximiliano el anterior 19 de junio.

Las noticias diarias de la sublevación, de la guerra, de los rumores y posterior confirmación del fusilamiento de Maximiliano; los datos, comentarios, reacciones y repercusiones del suceso en Europa y Estados Unidos inundaron las páginas de la prensa española y europea. Lo que resulta comprensible si atendemos al suelto que trae El Imparcial el 10 de julio, tres semanas después de su muerte, en el que detalla sus múltiples lazos de parentesco con las familias reales de más de media Europa, trabadas entre sí como las cerezas por los rabillos. En todo caso, hasta diciembre no será entregado su cadáver y conducido a La Habana, para ser transportado luego a su Austria natal.

Sin salir del continente americano, no escasean las noticias de los Estados Unidos, que sufren entonces fuertes convulsiones, pocos meses después de acabada la Guerra de Secesión y de asesinado Lincoln en 1865. Numerosos desórdenes se producen en los estados del sur, varios de estos aún fuera de la Unión, en la que en 1867 ingresa Nebraska, mientras Alaska es comprada a Rusia también en este año por 7.200.000 dólares.

No faltan tampoco informaciones sobre los conflictos acerca de la esclavitud (abolida igualmente en 1865), con movimientos de esclavistas opuestos a los libertos, y otras acerca de las desigualdades entre blancos y negros, del exterminio de algunas tribus indígenas y de las activas corrientes sufragistas.

En otro orden de cosas cabe reseñar, como lo hace el periódico, el extraordinario poder de atracción ejercido por la populosa ciudad de Nueva York, que en el año anterior —resume un diario del mes de enero— había acogido a 233.418 inmigrantes de diferentes naciones, la mayor parte de Alemania y Gran Bretaña, con más de 100.000 de cada una de ellas. Los españoles, por cierto, fueron solo 315.

En los primeros meses de 1867 menudean las informaciones en torno a los insurgentes que en la isla de Candia o Candía (hoy Creta) se alzan contra el poder otomano, a los que apoya Garibaldi, del que se afirma más de una vez que prepara una expedición a la isla que nunca se produjo. Y a lo largo de todo el año, las noticias sobre las acciones, conspiraciones, sabotajes y atentados del movimiento feniano, que es el de los nacionalistas irlandeses opuestos al dominio británico sobre Irlanda. La supresión de la pena de muerte en Portugal, Suiza y algunos estados alemanes, y las iniciativas en el mismo sentido en Austria y Francia, completan las noticias de la actualidad política.

Como lo serán asimismo las epidemias que invaden distintos puntos del planeta. En especial el cólera, que en diferentes momentos se cierne sobre lugares tan diversos como Argentina, Cuba, Malta, Italia o Roma, donde en el mes de agosto se producen unos 25 fallecimientos diarios. También la fiebre amarilla en la misma Cuba y en varias ciudades sureñas de los Estados Unidos, sobre todo del golfo de México, que verá diezmada su población.

En cuanto al progreso de la ciencia, la técnica y las comunicaciones, cabe señalar que el 17 de febrero de este año atraviesa por primera vez un barco el canal de Suez, una obra clave para el comercio mundial que, iniciada en 1859, se inaugurará oficialmente en noviembre de 1869.

Crece también entonces en todas partes la construcción de ferrocarriles. El Imparcial del 13 de julio escribe breve pero significativamente: «En 1825 no existía en todo el mundo más que un kilómetro de ferrocarril. En la actualidad alcanza a la importante cifra de 120.000 kilómetros la longitud de los caminos de hierro construidos. ¡Tres veces la vuelta al mundo!», acaba exclamando.

Y avanzan igualmente las comunicaciones telegráficas. «He aquí un ejemplo maravilloso —leemos en La Correspondencia de España del 2 de marzo— de la rapidez que han alcanzado las comunicaciones: un telégrama —como decían entonces— expedido en Agra, ciudad del Indostán, el martes a las 3 de la tarde llegó al Havre [en Francia] el miércoles a las 11 de la mañana. ¡Unas 4.000 leguas […] recorridas en 21 horas!».

El progreso social y moral se refleja precisamente —y esto nos acerca a nuestra Protectora— en el notable aumento que se opera por entonces en Francia de las sociedades de socorros mutuos y de las cooperativas de producción o asociaciones de obreros, que desde El Imparcial se defienden y alientan.

Un breve apunte musical da razón del estreno en el Teatro Imperial de la Ópera de París, el 11 de marzo y dirigido por su autor, del Don Carlo de Giuseppe Verdi, sobre el que la prensa había creado gran interés al hacerse eco repetidamente de los ensayos que se venían celebrando desde enero. Así como del éxito de La Africana, de Meyerbeer, en ese mismo teatro, del que los periódicos de los inicios de 1867 ponderan las 131 representaciones parisinas a partir de su estreno en abril de 1865, al margen de las habidas desde entonces en Londres, Nueva York, Madrid, Bolonia y Barcelona.

Sin salir del terreno de la cultura, en varias ocasiones a lo largo del año los diarios informan de las actividades de Josefina Soudre como incansable valedora de la lengua musical universal creada por su marido, Francisco Soudre, «una lengua de comunicación fácil de aprender, de pronunciar y de escribir, y cuyo conocimiento puede adquirirse en dos o tres meses». Cabe retener el dato histórico, puesto que se adelanta en más de diez años al volapük o al esperanto, es decir, a otros intentos de creación de lenguas universales que gozaron luego de mayor difusión.

Nuevas modas y nuevas costumbres ocupan también su espacio en la prensa de 1867. Como las que se prevén en el vestido de la mujer:

Se anuncia, según dicen de París, una innovación en el ornato de los trajes femeninos: el ámbar va a reemplazar al azabache, y en adelante todo será ámbar. El ámbar es más feo, pero es más caro; y si una guarnición de azabache cuesta ahora 100 francos, la de ámbar costará 300. He aquí la lógica de la moda.

Sabias palabras sin duda, que no comentaremos. También de París, y más cerca de la publicidad que de la información:

En París se ha aumentado extraordinariamente en los círculos elegantes el consumo de las naranjas mandarines, pero también ha crecido mucho en Madrid, siendo ya muy grande el número de cajas que se expende en su depósito, calle de Silva número 17, principal derecha, donde se ha reducido su precio desde 50 reales a que se vendían los años anteriores, a solo 24 la caja.

Interesante: la introducción en Europa de las naranjas mandarines, esto es, de nuestras hoy vulgares mandarinas, también es cosa de 1867 o años próximos.

Entremos ahora en España. El país cuenta en 1867 con unos 16 millones de habitantes, que vivirán por entonces una honda crisis política e institucional, y también económica, como veremos. Desde 1843, y tras las regencias de María Cristina de Borbón y del general Espartero, ocupa el trono Isabel II, en un reinado que se aproxima entonces a su final, derrocada como será en 1868 a raíz de la Revolución de Septiembre, antes del reinado de Amadeo de Saboya y de la proclamación de la I República. Seguirá luego la Restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII, y entre 1872 y 1876 se librará la tercera y última guerra civil o guerra carlista.

Es presidente del Gobierno en 1867 el general Narváez, del Partido Moderado, que había implantado una monarquía constitucional formalmente liberal pero en realidad fuertemente autoritaria. Pocos meses después de su muerte, en abril de 1868, el hundimiento de este partido será una de las causas que abonen la citada Revolución de Septiembre y ocasionen la consiguiente caída de la monarquía.

España vive en buena medida de acuerdo con el dicho atribuido a Alejandro Dumas de que África empieza en los Pirineos. Apenas si pinta algo en Europa, como lo prueban las relaciones políticas al más alto nivel: en este año la Reina solo visita Portugal, en enero, y solo es visitada por el rey de Portugal, en agosto, y esto a La Granja de San Ildefonso, es decir, a su residencia de verano. Las audiencias de dignatarios extranjeros en Madrid se celebran invariablemente para recibir la felicitación de las cortes de otros países por el feliz alumbramiento de la infanta doña María Cristina a finales de 1866. Ni el Gobierno ni los ministros viajan a parte alguna en misión política. Por ejemplo, en el Tratado de Londres sobre Luxemburgo que antes citábamos, y en el que participan las principales potencias europeas, se hallarán Francia, Rusia, Inglaterra, Prusia, Austria, Bélgica, Países Bajos y hasta la Italia recién unificada, pero no España.

Con lo que parece claro que el peso internacional de nuestro país queda muy por debajo del lugar que objetivamente le corresponde en el concierto de las naciones. Varias informaciones tomadas de distintos periódicos nos ilustran sobre ello. Por ejemplo, en los presupuestos de gastos:

Inglaterra: 9.000 millones de reales.

Francia: 8.000 millones.

Rusia: 6.000 millones.

Austria: 5.000.

Italia: 3.300.

España: 2.100 millones de reales.

O en los contingentes militares:

Rusia: 1 millón de hombres.

Francia: 600.000.

Austria: 500.000.

Prusia: 400.000.

Inglaterra e Italia: 300.000.

España: 200.000 hombres.

De El Imparcial del 20 de septiembre tomamos el detalle del cuerpo diplomático español en el extranjero, que sin duda se corresponde en parte con estas limitaciones a las que aludíamos. Copiamos:

Tres embajadores: en París, Roma y San Petersburgo.

Diez ministros plenipotenciarios: en Londres, Lisboa, Viena, Berlín, Washington, México, Florencia, Bruselas, China y Tánger.

Tres ministros residentes: en El Haya (que hoy diríamos La Haya), Copenhague y Estocolmo.

Y cinco encargados de negocios: en Buenos Aires, Río de Janeiro, Montevideo, Caracas y Constantinopla.

Por lo demás, España conserva todavía algunas de sus colonias, en especial las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, pero las noticias de prensa que de ellas reciben los ciudadanos resultan muy distantes —si bien se da la cruel paradoja de que muchos jóvenes españoles tengan que ir allí a servir en el ejército—; distantes en el tiempo, siempre con uno o dos meses de intervalo, pues viajan a nuestro país en el correo marítimo: no hay cables aún entre ellas y la Península. Y colean todavía a lo largo de 1867 las consecuencias del conflicto de España con Perú y Chile tras los bombardeos en 1866 de Valparaíso y el Callao, la llamada cuestión del Pacífico, en la que actúan como mediadores Estados Unidos, Francia e Inglaterra. El año acaba con las especulaciones de un tratado de paz entre los tres países que no llegará a firmarse.

Las restricciones impuestas por el decreto de libertad de imprenta del mes de marzo hacen que conozcamos mejor —y no exageramos— la política europea, sobre todo la francesa, que la española. Apenas si hallamos información política alguna de España fuera de las meras disposiciones o nombramientos. Nada sabemos de las actividades del Gobierno y de los partidos, y menos de la vida colectiva de los ciudadanos. Entre líneas deben leerse las frecuentes noticias de regresos a la Península de emigrados acogidos al indulto de diciembre de 1866 que habían participado en el pronunciamiento del general Prim o en la sublevación del Cuartel de San Gil, en enero y junio de 1866, respectivamente. Sí asoma a las páginas de los periódicos asiduamente el citado general Prim, exiliado en Suiza, desde donde hace público un manifiesto el 2 de octubre que será muy comentado por toda la prensa española.

No falta el recurso gubernamental a los enemigos exteriores. Y así, los emigrados españoles en Europa darán pie a González Bravo, ministro de la Gobernación, para acusarlos de emprender campañas difamatorias contra el Gobierno y la Reina de las que se harán eco —según asegura aquel en una circular del 7 de marzo— los periódicos liberales de Inglaterra, Francia, Bélgica e Italia.

La durísima crisis económica que atraviesa entonces el país sí aparece, aunque a veces sesgada, en las páginas de la prensa, por ejemplo en este suelto del 17 de enero de El Pabellón Nacional:

A pesar de los inauditos esfuerzos que hace el Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid por dar trabajo a tantos y tantos obreros como se encuentran sin él, anteayer contamos cerca de mil de estos en la Plaza Mayor, que carecen absolutamente de ocupación, y por lo tanto de pan con que alimentar a sus familias.

Distintos partes de distintos momentos nos informan, por ejemplo, de la paralización de la industria en ciudades como Barcelona o Cádiz; del establecimiento de cocinas económicas en Granada o en la misma Barcelona; de la miseria que se vive en pueblos como Purchena, en Almería, donde el alcalde ha salido en unión del párroco a pedir de casa en casa para allegar auxilios en favor de los braceros sin trabajo; o hasta de fallecimientos de personas a causa del hambre.

Asimismo, la crisis ha obligado a suspender algunos de los numerosos proyectos de construcción de ferrocarriles emprendidos en todo el país, que en los años inmediatamente anteriores había pasado de los 2.119 kilómetros de vía con que contaba la red en 1861, a los 4.909 de 1866, como trae El Imparcial del 10 de agosto, que especifica todas las líneas existentes: entre muchas otras, Madrid-Zaragoza, Zaragoza-Barcelona, Madrid-Alicante, Sevilla-Cádiz, Valencia-Tarragona o Ciudad Real-Badajoz.

En el capítulo de sucesos, cabe mencionar en febrero los temblores de tierra en Torrevieja (Alicante). Nada menos que 56 llegaron a contarse el día 3 de este mes, que obligaron a cerrar escuelas y oficinas públicas por el estado ruinoso en que quedaron las casas y edificaciones, aunque no parece que se produjeran desgracias personales. Se repetirán hasta primeros de marzo, con las gentes instaladas durante varias semanas «en ligeras tiendas de campaña y chozas formadas de cañas y esteras».

En el ámbito de la prensa misma, noticia de relieve será el 16 de marzo la aparición de El Imparcial, que acabará convirtiéndose en motor de la transformación de la prensa española y en el más influyente diario contemporáneo hasta su cese en 1933. Surge al calor del restrictivo decreto de libertad de imprenta de 7 de marzo, frente al cual se manifestará adverso, para desbancar pronto a La Correspondencia de España, que venía siendo hegemónica desde 1859.

Una de las campañas que promoverá El Imparcial será la de la disminución de los días festivos. Tendrá éxito, y se aprobará su reducción por real decreto de 26 de junio. En alguna ocasión apoyará su petición argumentando que en los Estados Unidos de entonces los únicos festivos del año, domingos aparte, eran el aniversario del nacimiento de George Washington y el Día de Acción de Gracias.

Otra supresión en marcha desde el año anterior, que se activa en octubre del 67, es la de los ayuntamientos de menos de 200 vecinos, que no acabará de concluirse. Y muy curiosa, hoy y aquí, resulta la noticia de La Correspondencia del 19 de enero: «En Ávila se ha formado una sociedad de socorros mutuos cuyos reglamentos se están redactando para que desde luego comience a funcionar la asociación». Lo que evidencia, como indicábamos, la actualidad de la creación de este tipo de sociedades, cosa que confirmaría poco después la fundación de nuestra Protectora.

Abundan las obras, en ocasiones para paliar la miseria reinante. No sabemos si es el caso de la restauración del Alcázar de Toledo, de la que informa el semanario El Tajo, o el de la urbanización de la Puerta de Alcalá en Madrid, que comienza con el inicio mismo del año, como trae La Correspondencia de España, que nos hace saber que es entonces cuando el lugar queda más o menos como hoy:

Las obras para hacer una plazuela circular en cuyo centro quede aislada la Puerta de Alcalá, como monumento histórico y de gran mérito, han dado principio hace pocos días y ya se ha demolido una parte del muro del Retiro; con lo cual dentro de pocos días quedará trazado el semicírculo de la derecha. La casa donde estuvo el Registro de Carabineros y algunas inmediatas deben desaparecer en breve plazo para dejar terminada esta plazuela que tanto ha de contribuir al embellecimiento de la población aumentando por lo tanto el número de los paseos.

Sí es el caso, sin salir de Madrid, del Barrio de Salamanca, en construcción desde 1864, y acerca del cual escribe El Imparcial del 2 de septiembre:

Los trabajos interrumpidos en el magnífico barrio que el señor marqués de Salamanca está construyendo detrás de la Casa de la Moneda han tomado estos días gran incremento. Más de 2.500 operarios mantiene el opulento capitalista en unas obras que han de servir a Madrid de gran ornato y desahogo.

Y esto trae el 31 de diciembre:

Créese que muy en breve recibirán gran impulso las obras del Barrio de Salamanca, con lo cual acabará de hermosearse aquella parte de Madrid, y los obreros desocupados encontrarán trabajo. El Sr. Salamanca tiene casi terminada una importante negociación que permitirá terminar en breve plazo aquellas obras.

En el capítulo de diversiones o entretenimientos populares, tal vez convenga señalar la que viene a ser una importante diferencia con la realidad de hoy, y es la inexistencia del deporte como fenómeno de masas; no ya del fútbol, que por entonces nacía, sino de cualquier actividad deportiva. El esparcimiento o espectáculo más seguido es el de los toros, por más que parte de la prensa liberal se declare firmemente contraria a las corridas. En fin, anotemos los nombres de los matadores que más lucen en esa temporada, que son, entre no muchos más, los de Francisco Arjona Herrera, Cúchares, y su hijo Francisco Arjona Reyes, Currito; además de Rafael Molina, Lagartijo; Salvador Sánchez, Frascuelo; Antonio Sánchez, El Tato; y Antonio Carmona, Gordito.

La lotería es otra afición muy arraigada también en la España de entonces. Databa de 1811, con sorteos que en 1867 se celebraban cada diez o doce días y en los que se otorgaba un premio mayor de 60.000 escudos. El de Navidad se multiplicaba por diez, hasta los 600.000 escudos, y en el 67 correspondió al 14.985, vendido en Sevilla. Digamos al hilo de los premios que en este año asistimos al último de vigencia del escudo como unidad monetaria, pues desde 1868 lo será ya la peseta.

Del gordo anterior, que había caído en el improbable número 615, dice esto el periódico del 14 de enero:

El viernes se pagó en la Administración de Loterías de la Puerta del Sol […] otro de los décimos de billete agraciados con el premio grande en el sorteo de Navidad. El afortunado ha sido un vecino bien acomodado de uno de los pueblos de la provincia de Toledo.

Pueblo que, lamentablemente, no hemos alcanzado a averiguar.

El capítulo de las curiosidades resultaría interminable. Nos limitaremos a dos de ellas, que plantean las que entonces constituirán sendas novedades que juzgamos de interés. La primera pertenece a La Correspondencia de España del 12 de enero:

La empresa del Teatro Real ha tenido el buen gusto de establecer un guardarropa donde gratuitamente se custodian los abrigos y los paraguas. Parécenos que este ejemplo debiera ser imitado en los demás teatros, designando un dependiente que, sin necesidad de retribución, guarde las prendas de abrigo de los concurrentes, pues lo que hoy sucede es ocasionado a abusos que quizá desconocen las empresas.

La segunda es de carácter lingüístico, y se refiere a la expresión declararse en greve, que comienzan a usar los periódicos precisamente en este 1867 cuando se da la situación correspondiente, que explica así El Imparcial del 10 de diciembre:

Declararse en greve.—Se dice de los obreros o empleados que se niegan a trabajar hasta que se les aumente el jornal o sueldo que reclaman. La plaza del Hôtel de Ville de París, llamada antiguamente Plaza de la Greve, era el sitio de reunión de los obreros que esperaban trabajo, y también de los descontentos que querían mejorar su condición: de ahí el nombre de Greve.

Pues bien, meses antes, el 23 de agosto, habíamos leído en La Época:

Un antiguo suscritor […] nos indica dos palabras nuevas o de nueva acepción que, si se emplearan en la prensa, quedarían pronto adoptadas como castizas y serían muy útiles para el lenguaje general. La una es huelga, en el sentido de greve o vacación voluntaria de obreros. Es vocablo castellano, y si algo le falta para corresponder exactamente a grève, su uso frecuente con aplicación a ese hecho en las frases declararse en huelga, ponerse en huelga, etc., la constituirían poco a poco un perfecto equivalente de la voz francesa.

La otra es borguesía, hoy burguesía, para el también francés bourgeoisie, pero no nos detendremos en ella. Digamos, eso sí, que la propuesta de este lector tuvo éxito inmediato, pues la expresión declararse o ponerse en huelga fue empleada ya corrientemente por La Época desde febrero de 1868, y por La Esperanza, El Imparcial, La Iberia y La Correspondencia de España a lo largo de 1869; es decir, todo ello bien poco después de la proposición del avezado lector de La Época.

En cuanto a Mora, y vamos finalizando, indiquemos que contaba entonces con unos 6.000 habitantes, y no parece que se publicase en la villa periódico alguno. Anotemos al paso que sí hubo varios más tarde, todos de corta vida: uno en 1907, del que desconocemos el nombre; El Eco de Mora en 1912 y 1914; La Antigua en 1919; La Opinión en 1920. Y agreguemos que la situación no era mucho más halagüeña en la capital de la provincia, pues, al margen de La Constancia, revista del Magisterio, en 1867 solo se publicaba el semanario El Tajo.

Por lo que respecta a los periódicos madrileños, Mora estará muy presente en ellos a lo largo de todo el siglo a través de los anuncios de su jabón. Y es que mucho antes del año que nos ocupa, el jabón de Mora no solo era bien conocido, sino enormemente estimado en la capital, hasta el punto de erigirse, ya desde los años veinte, en un producto con denominación de origen, como hoy diríamos. El jabón habitual usado en Madrid era invariablemente el jabón de Mora. Más aún, había llegado a convertirse en un genérico: la expresión jabón de Mora había alcanzado a designar todo el jabón empleado para lavar la ropa y limpiar la casa; lo mismo, ahí es nada, que ocurre en nuestros días y en sus respectivos ámbitos con la Coca-Cola para todos los refrescos de su clase; o con los Kleenex para los pañuelos de papel; o el Cello para la cinta adhesiva de plástico; o el Rimmel para los cosméticos que oscurecen y endurecen las pestañas.

Lo cual continuaba de plena actualidad en nuestro año de 1867, en el que, recordemos, los jabones de la Viuda de Guerrero e Hijos y los de Jiménez Hermanos se presentaban en la Exposición Universal de París, con premio para estos últimos. Continuaban, decíamos, los anuncios de nuestro jabón, sobre todo en el Diario Oficial de Avisos de Madrid, que a lo largo del mes de octubre publicaba un pliego de condiciones de la Junta Provincial de Beneficencia bajo las que sacaba a pública subasta «el suministro de jabón para los establecimientos de los que está encargada, calculando su consumo al año próximamente en 11.249 kilogramos, o sean 1.138 arrobas». Pues bien, en el segundo de sus 12 artículos, este pliego de condiciones establecía: «El jabón ha de ser de la mejor calidad, blanco, duro y bien enjuto, del conocido de Mora, conforme a la muestra que estará de manifiesto en la secretaría de la Junta, entregándose en los establecimientos libre de todo gasto».

En otro orden de cosas, El Tajo da cuenta de la fuga de Justo Serrano, alias Sartenilla, quien se ausenta de Mora el 18 de diciembre de 1867 «con ánimo de unirse a los forajidos que vagan por los montes, según pudo deducirse de las palabras que dirigió a un paisano suyo y atendidos sus no buenos antecedentes». Tras robar una escopeta en Consuegra, huye a esconderse a las Guadalerzas, por lo que es buscado por el Gobierno de la provincia. Años después, en 1874 y ya en la Tercera Guerra Carlista, encabezará —junto al consaburense Manuel Martín Albacete, Milreales— una partida facciosa de la que conocemos escaramuzas en Mascaraque y en el Cristo del Valle.

Pero la noticia principal que nos ofrece este semanario —y con la que queremos cerrar nuestra intervención— es la que encontramos en el número del 9 de junio y en la sección de «Crónicas». Aunque ciertamente no refleja con precisión la naturaleza de la nueva Sociedad, su importancia resulta excepcional en el asunto que nos ocupa. En todo caso, leemos bajo el título «Nuevo casino» (y citamos íntegra, como se merece):

En la tarde del jueves 30 del pasado mes de mayo se inauguró en la villa de Mora, población rica e industriosa de esta provincia, un círculo literario y recreativo.

Entre las bases que forman su reglamento, todas muy meditadas y prudentes, es digna de mencionarse la que establece la creación de cátedras de Moral, Historia, Geografía, Dibujo, etc., con el objeto de difundir gratuitamente la enseñanza entre las clases desvalidas, y preparar a la artesana, muy numerosa, activa e inteligente en aquel pueblo, el ensanche de instrucción que necesite para perfeccionarse en los diferentes ramos que constituyen su arte u oficio.

El acto de la inauguración fue presidido por la autoridad local, y a él asistió una numerosa concurrencia, que fue obsequiada con un exquisito refresco y entretenida agradablemente por una de las orquestas de la población, la cual durante la ceremonia tocó aires nacionales y otras piezas escogidas y de mucho gusto.

Los socios jóvenes del casino improvisaron en la noche del mismo día un brillante baile, que tuvo lugar en uno de los espaciosos salones que aquel ocupa, y donde lucieron sus gracias y lujosas galas casi todas las niñas de las principales familias de la población.

Nos complace ver el paso avanzado que Mora da para vivir dentro de las exigencias de la vida moderna.

Así era. Un paso enormemente avanzado; un paso que acabó suponiendo para Mora un progreso formidable en todos los órdenes; un paso que constituye una de las aventuras más hermosas que han emprendido los morachos a lo largo de su historia.

Muchas gracias por su atención.

D. Félix González Argüelles

Gerente de la Fundación Anastasio de Gracia



Continue reading this ebook at Smashwords.
Download this book for your ebook reader.
(Pages 1-34 show above.)