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Excerpt for Nuestro Dios Reina by , available in its entirety at Smashwords

Nuestro Dios Reina

Una Análisis Práctico de la Doctrina de la Soberanía de Dios



F. Wayne Mac Leod



Light To My Path Book Distribution
Sydney Mines, Nova Scotia, CANADA

Nuestro Dios Reina

Título en Inglés: Our God Reigns

Copyright © 2018 por F. Wayne Mac Leod

Revisión del texto en inglés Agosto 2013

Publicado por Light To My Path Book Distribution, 153 Atlantic Street, Sydney Mines, Nova Scotia, CANADA B1V 1Y5

Edición Smashwords, Notas de la Licencia

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Todos los derechos reservados. No puede reproducirse ni transmitirse parte alguna de este libro sin el previo consentimiento por escrito de su autor.

Traducción al español: David Gomero (Traducciones NaKar)

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique otra versión, han sido tomadas de la Biblia Reina Valera Revisada (1960) (RVR60).

Especial agradecimiento a los editores y correctores del texto en inglés:

Lillian Mac Neil, Diane Mac Leod



Índice



Prefacio

1 - Autoridad absoluta

2 - Derecho absoluto

3 - Control absoluto

4 - La dignidad humana

5 - El pecado

6 - La injusticia y el sufrimiento

7 - La oración y el servicio

8 - La perseverancia en el pecado

9 - Muriendo al yo

10 - Rindiendo nuestras posesiones

11 - Descansando en Dios

12 - Circunstancias inesperadas y personas difíciles

13 - Valentía en el servicio

14 - Esperar y escuchar a Dios

15 - Historia pasada

16 - La adoración



Prefacio



Por siglos, la doctrina de la soberanía de Dios ha causado gran debate entre los creyentes. Para algunos, ésta ha sido una gran fuente de aliento y bendición; para otros, ha sido una afrenta a la independencia humana.

Quisiera que el lector tuviera presente que mi intención con este estudio no es ser exhaustivo; no pretendo ser exageradamente académico ni tampoco divisivo. Mi mayor deseo es mostrarle al lector cómo este atributo de Dios debe influir diariamente sobre nuestras vidas.

En el transcurso de este estudio he llegado a entender que una comprensión equilibrada de esta doctrina tendrá un impacto dramático sobre la manera en que reaccionamos ante las dificultades diarias de la vida. Esto cambiará nuestra actitud con respecto a nuestra historia personal en el pasado; y también nos dará mayor confianza a la hora de actuar en fe.

La doctrina de la soberanía de Dios es inmensamente práctica. Creo firmemente que cada creyente necesita tomar tiempo para estudiar cuidadosamente este vital atributo de Dios. Es mi oración que este sencillo estudio sea una fuente de bendición y aliento para todo aquel que tome tiempo para leerlo.



F. Wayne Mac Leod

1 - Autoridad Absoluta



La doctrina de la soberanía de Dios resulta ser, de todas las doctrinas bíblicas, la más alentadora y la más perturbadora a la vez. Para algunos, ha sido de gran bendición cuando se han encontrado en medio de las tormentas de la vida. Para otros, ha sido una afrenta a la independencia y dignidad humanas.

¿Qué queremos decir cuando afirmamos que nuestro Dios es un Dios soberano? Queremos decir que Dios tiene la autoridad, el derecho y el control absolutos. Desglosemos esto y analicémoslo más detalladamente.

Debido a que Dios es soberano, Él tiene la autoridad absoluta. ¿Qué es autoridad? Autoridad es el poder de ordenar. La voz de la autoridad ha de ser obedecida. Toda sociedad necesita la autoridad. Donde no hay autoridad la sociedad se descompone. Imaginémonos cómo sería la vida sin leyes ni personas que la hagan cumplir. Imaginemos cómo serían nuestros hijos sin la autoridad de los padres. La autoridad es necesaria si queremos que la sociedad funcione bien.

La autoridad no es mala. Es cierto que muchos la han usado mal en busca de sus propios intereses. Sin embargo, la autoridad ha de usarse para crear una mayor armonía. Donde hay autoridad conocemos nuestros límites. La autoridad castiga a quienes rompen con la armonía de la sociedad. La autoridad determina qué es lo correcto y qué es lo adecuado dentro del contexto de nuestras relaciones con los demás. Ésta nos brinda un plan común y nos permite trabajar juntos con propósitos comunes.

Cuando decimos que Dios tiene la autoridad absoluta, estamos diciendo que Él tiene el poder de determinar el plan; y debido a que Su autoridad es absoluta, Él ordena plena obediencia al plan que ha preparado. No hay otro por encima de Él. Él tiene la última palabra en todos los asuntos. Solo puede haber una persona con autoridad absoluta e incuestionable, y solo Dios posee esa característica. Veamos brevemente lo que nos dice la Biblia acerca de la autoridad absoluta de Dios.



Dios tiene autoridad sobre los gobernantes de la Tierra

El rey Nabucodonosor de Babilonia se jactaba de sus grandes logros. Bajo su administración, Babilonia alcanzó la cumbre de poder e influencia. Sin embargo, su soberbia ofendía a Dios. Nabucodonosor no veía que necesitaba a Dios; él mismo se sentía que era un dios. A causa de su soberbia el Señor hizo que quedara fuera de sus cabales. Por años anduvo por los campos junto a los animales salvajes. Cuando finalmente el Señor lo restauró, el rey Nabucodonosor habló estas palabras:

Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Daniel 4:35)

Nabucodonosor llegó a darse cuenta de que había una autoridad superior a la de él en este mundo. Él dobló sus rodillas ante Aquel cuya autoridad es mayor e incuestionable; y aunque era el gobernante del reino más fuerte de la tierra, no pudo cuestionar la autoridad de Dios ni pedirle explicaciones.

Pensemos en esto por un momento. El gran rey Nabucodonosor fue privado de su poder en un instante; vagó por los campos como una bestia; y aunque ningún otro rey sobre la tierra se atrevía a levantarse contra él, quedó indefenso ante el Dios de Israel. Por muy poderosos que los gobernantes de la historia hayan sido, todos tendrán que responder ante el Dios de los cielos. Él está por encima de todos ellos y tienen que sujetarse a Él.



Dios hace lo que Él quiere

Muy pocos en la Biblia sufrieron al igual que Job; sin embargo, ésta nos cuenta que él era un hombre justo e íntegro. Nunca es fácil entender el sufrimiento. ¿Por qué Dios libra a una persona y a otra no? ¿Por qué Dios le da una vida de sosiego a unos, sin embargo otros, solo tienen problemas? En medio de su sufrimiento Job aprendió algo muy importante acerca de Dios:

Pero él es soberano; ¿quién puede hacerlo desistir? Lo que él quiere hacer, lo hace. (Job 23:13, NVI)

Dios hace lo que Él quiere. Esta idea no le llama la atención a muchos, pues piensan que Dios tiene que hacer todo para el beneficio de ellos. Ellos piensan que Dios tiene que rendirle cuentas a Su creación y han reducido a Dios a un sirviente celestial cuya única responsabilidad es satisfacer las necesidades y deseos de Sus criaturas. El Señor se interesa y provee para Sus hijos, pero no lo hace por obligación sino porque ha decidido hacerlo así por amor.

Job descubrió que Dios hace lo que quiere y que nadie puede interponérsele ni acusarlo de hacer mal. Dios no tiene que rendirle cuentas a nadie de Sus acciones. De hecho, ¿quién podría pedirle que le rinda cuentas? Si no fuera por la realidad de que también Dios es bueno, este concepto ciertamente infundiría mucho temor.



La autoridad de Dios no tiene límites

No hay ningún lugar del cielo o de la tierra donde Dios no tenga autoridad. Los reyes y los líderes políticos tienen autoridad en sus países, pero no así más allá de sus fronteras. Con Dios no sucede esto pues Su autoridad es absoluta y se extiende por toda la creación. No hay lugar en el universo donde Dios no sea el rey soberano. No hay ningún lugar de Su creación a donde Su autoridad no se extienda; y esto hace que sea la creación la que le rinda cuentas a Él. El salmista lo expresó de esta manera:

Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. (Salmo 135:6)



La autoridad de Dios es definitiva

Veamos lo que le dijo el profeta Isaías a su audiencia en cuanto a las decisiones de Dios.

Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder? (Isaías 14:27)

La decisión de un juez puede ser denegada, el presidente de una compañía puede ser despedido y su cargo entregado a otro, pero con Dios no sucede esto. No hay una corte superior a quien se pueda apelar. Él es la autoridad final. Lo que Él decide se queda como tal. Nadie tiene el derecho de decidir en contra de lo que Él ha dictaminado. No hay autoridad por encima de la Suya.



Dios no le rinde cuenta de su autoridad a nadie

El apóstol Pablo nos dice que Dios hace todo de acuerdo a Su voluntad.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11)

A un embajador se le da autoridad para hablar a nombre de su país. Sin embargo, él tiene que seguir el programa que le den, pues no está libre de hacer lo que quiera ni de decir lo que venga a su mente. Su opinión y su programa han de estar en sintonía con los del pueblo que representa. Pero no sucede así con Dios. Él obra para llevar a cabo Su voluntad y Su propósito, y toda la creación ha de someterse a ese propósito o enfrentar las consecuencias.

Dios hace lo que quiere y no tiene que rendirle cuentas a nadie de Sus acciones. Lo que Él decide no puede ser cuestionado. Su autoridad está por encima de la de reyes, líderes y todo lo que Sus manos han creado. Muchos han rechazado a Dios a causa de esto y no están seguros si quieren rendirse a un Dios con tal autoridad, pues prefieren a uno débil que más bien tenga que escucharlos.

Aunque nos guste o no, el Dios de la Biblia es un Dios que tiene autoridad absoluta sobre la Tierra. Él traza los planes y determina lo que es correcto. Él es quien hace las reglas y decide el destino de Su creación. Él es un Dios que exige respeto; por eso, cada rodilla se doblará ante Él como el rey soberano sobre todas las cosas. Nadie puede cuestionar lo que Él hace.



Para orar:

¿A qué nos referimos cuando decimos que Dios tiene autoridad absoluta?

¿Por qué nos resulta alentador saber que el Dios que posee la autoridad absoluta también es un Dios bueno y santo?

¿Por qué nos resulta difícil aceptar la doctrina de la autoridad absoluta de Dios?



Para orar:

Agradezcámosle al Señor que aunque posee la autoridad absoluta también es un Dios amoroso y bueno.

Pidámosle al Señor que nos enseñe a rendirnos a Su autoridad. Pidámosle que nos muestre qué áreas no hemos rendido a Su propósito para nuestras vidas.



2 - Derecho Absoluto



Hemos visto que Dios posee la autoridad absoluta (poder para ordenar). También vimos que no hay autoridad por encima de la suya y que nadie puede cuestionar lo que Él dice o hace. En esta próxima sección examinaremos el hecho de que Dios también posee el derecho absoluto. ¿Qué es un derecho? Podemos definir derecho como una licencia o un privilegio. Cuando joven recibí mi licencia de conducir y se me otorgó el derecho de conducir un auto. Mi licencia matrimonial me dio el permiso legal para tomar esposa. El derecho da permiso legal.

Como seres humanos nuestros derechos están limitados. El joven que posee una licencia de conducir debe hacerlo de cierto modo o corre el riesgo de perder su licencia. Sin embargo, el derecho de Dios es absoluto. Nadie puede quitarle el derecho a Dios. Él tiene el derecho, sin límites o restricciones, de hacer lo que quiera con lo que ha creado. Este tipo de privilegio en manos de cualquiera que no fuese un Dios amoroso causaría terror. Sin embargo, tomemos un instante para considerar algunos pasajes bíblicos que hablan del derecho absoluto de Dios.

En Josué 1, el Señor le ordenó a Josué que tomase la tierra de Canaán. Esta tierra estaba habitada por los cananeos. Dios le dijo a Josué que los sacara de esa tierra y se la diera a los israelitas. Analicemos por un momento lo que aquí está sucediendo. Estos cananeos habían habitado esta tierra por generaciones y habían establecido sus casas y sus familias en aquel lugar. Dios le estaba diciendo a Josué que los sacara de la única tierra que ellos conocían.

A muchas personas les resulta conflictivo lo que aquí Dios le estaba diciendo a Josué que hiciera. Sin embargo, de lo que necesitamos percatarnos es que aquellos cananeos simplemente eran arrendatarios de aquella tierra que pertenecía a Dios. Dios tenía el derecho de darle la tierra a quien el quisiese. Veamos las palabras del salmista en el Salmo 135: 6, 10-12:

6 Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Destruyó a muchas naciones, y mató a reyes poderosos; 11 A Sehón rey amorreo, A Og rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán. 12 Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel su pueblo.

Observemos la frase que dice: “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos”. Dios tomó la tierra de los cananeos y se la dio a Su pueblo. Él tenía el derecho de hacerlo y nadie puede cuestionar legalmente Su decisión porque toda la tierra es Suya y puede hacer lo que quiera con ella.

Luego en la historia de Israel, Dios le habló al profeta Jeremías acerca de los pecados de Su pueblo. Él le dijo a Jeremías que le iba a quitar la tierra a Israel y dársela a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Veamos lo que le dice Dios al profeta Jeremías:

Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo quise. (Jeremías 27:5)

La creación es de Dios, tiene derecho sobre ella y hace con ella como Él estime. En ninguna otra parte esto se hace más evidente que en la ilustración del alfarero y el barro. En una ocasión Dios le dijo a Jeremías que fuera a casa del alfarero para que viera cómo éste trabajaba. En Jeremías 18:3-6 leemos:

Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. 5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.

Dios le dijo a Jeremías que Israel era como el barro en sus manos, que podía hacer con él lo que quisiera. El destino y la forma de sus vidas estaban en Sus manos; y Él daba o retiraba Su bendición según le pareciera.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo usó esta misma ilustración cuando dijo en Romanos 9:20-21:

20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? 21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

Pablo dejaba bien claro que, como creación de Dios, no tenemos derecho de “replicarle” ni de protestar acerca de cómo nos ha hecho o la forma que han tomado nuestras vidas.

En una ocasión el Señor le dio permiso a Satanás para probar a Job. Satanás respondió matando a todos sus hijos, destruyó sus ovejas, su ganado y a los sirvientes. Job lo perdió todo. Observemos la respuesta de Job ante esos sucesos (Job 1:20-22):

20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, 21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. 22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Percatémonos en particular del versículo 22:

En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Dios había permitido que mataran a la familia de Job; le había dado permiso a Satanás para arrebatarle a Job todo lo que tenía, y a pesar de esto, Dios no había hecho nada malo. Dios no peca al quitar una vida o permitir el sufrimiento. Él tiene el derecho de hacer lo que quiera con Su creación y nadie puede acusarle de hacer algo malo. Job no tenía una queja legítima contra Dios. Todo lo que él tenía lo había recibido de Él, y Dios puede reclamar o hacer lo que quiera con lo que le pertenece.

Imagina que eres un gran artista que ha pintado una gran obra de arte; la cuelgas de la pared de tu casa y disfrutas de su belleza. Sin embargo, un día decides que ya no quieres esa pintura, así que la quitas de la pared y la destruyes. ¿Eres culpable de algún delito por haber hecho eso? De ninguna manera, la pintura es tuya y puedes hacer con ella lo que quieras. Puedes quedártela o destruirla y al final no has cometido ningún delito.

Sin embargo, imagina que esa pintura estaba colgada en la pared y que un ladrón entra en tu casa, roba la pintura y la destruye. ¿Es este ladrón culpable de algún delito? De cierto que sí. Las leyes locales lo castigarían porque no tenía el derecho de tomar lo que no era suyo y destruirlo. Dios no peca cuando hace lo que quiere con lo que le pertenece.

Pablo nos dice en Colosenses 1:16 que todas las cosas fueron creadas por Dios y para Dios:

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Aquí vemos que todas las cosas fueron creadas por Dios y “para Dios”. No siempre entendemos lo que este pasaje nos dice. Dios ha creado todo para Sí mismo. Esta tierra no fue creada para nosotros. Todo lo que Dios creó fue para Él y no tenemos derecho alguno sobre nada de lo que Dios creó. En realidad, nada es nuestro; todo es de Dios y por eso Él puede hacer lo que quiera con lo Suyo.

El profeta repite esta idea en Isaías 43:7, 21 cuando dice:

7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice (Isaías 43:7).

Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará (Isaías 43:21).

Fuimos creados para la gloria de Dios. Dios nos formó para que pudiéramos proclamar Su alabanza. De diferentes maneras Dios logra glorificarse en nuestras vidas. Él reveló Su propósito por medio del sufrimiento de Job. En los días de Josué, Dios manifestó Su gloria al tomar la tierra de los cananeos y dársela a Su pueblo. Luego, tomó la misma tierra de Su pueblo y se la entregó a los babilonios. En esto Dios también sería glorificado. Él tiene el derecho de hacer todas estas cosas.

¿Cuál es nuestra respuesta a esto? Cuando Elí, el profeta, descubrió que Dios había declarado a su familia indigna del sacerdocio, le dijo al joven Samuel: “Jehová es; haga lo que bien le pareciere.” (1 Samuel 3:18). Esta es nuestra única respuesta legítima ante un Dios soberano que tiene el derecho y la autoridad absolutos. Ninguna queja sería justificada. Lo único que podemos hacer es rendirnos. .



Para meditar:

¿Qué significa para Dios tener el derecho absoluto?

¿Está pecando Dios cuando permite que suframos o nos quita la vida? ¿Por qué?

¿Tenemos el poder absoluto? ¿Cuál es la diferencia entre el derecho de Dios y el nuestro?

¿Cuál es nuestra respuesta al derecho absoluto de Dios?



Para orar:

Tomemos un momento para agradecer al Señor que Él tiene el derecho absoluto de hacer con nosotros lo que quiere.

Pidámosle al Señor que nos dé la gracia para aceptar que Él tiene el derecho de hacer lo que quiera con nosotros y todo lo que nos ha dado.

Oremos pidiendo perdón a Dios por las veces que hemos protestado y nos hemos quejado contra Él y Sus propósitos.



3 - Control Absoluto



Hasta el momento hemos definido la soberanía de Dios en términos de autoridad absoluta y derecho absoluto. Todavía nos queda añadir una dimensión más a nuestra definición. En teoría, se puede tener autoridad absoluta y derecho absoluto, pero no tener la capacidad de ejercer estos privilegios. Por ejemplo, un hombre puede que tenga el derecho y la autoridad de conducir un auto, pero estar a la vez incapacitado para hacerlo a causa de alguna limitante física o algo por el estilo. A veces hay situaciones que no podemos controlar y que nos privan de nuestra capacidad o derecho. Tales restricciones y limitaciones no son problema para Dios, pues no hay situación alguna que se salga fuera de Su total control.

¿A qué nos referimos cuando decimos control absoluto? Cuando decimos que Dios tiene el control nos referimos a que Él determina lo que va a suceder y hace que suceda. Él tiene dominio sobre las circunstancias. Los eventos y las personas que le rodean están sujetos a Sus propósitos porque están contenidos dentro de los parámetros que le ha establecido y los usa para cumplir Sus metas. Cuando decimos que este control es absoluto, queremos decir que no hay nada que pueda interrumpir el propósito de Dios.

Debido a que somos seres humanos no podemos controlar las circunstancias de nuestras vidas. Nuestra influencia sobre la gente que nos rodea es limitada. Muchas cosas nos toman por sorpresa y nos vemos enfrentando obstáculos que son demasiado grandes para nosotros. Pero a Dios no le sucede eso. Veamos qué le dijo Dios al profeta Jeremías:

He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? (Jeremías 32.27)

Jesús repite esa misma idea en Mateo 19:26 cuando dijo:

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible

¡Qué bueno es saber que hay alguien con el control absoluto! ¡Cuánto más saber que este Dios se interesa en nosotros y dispone todas las cosas para nuestro bien! (Romanos 8.28, NVI). Veamos brevemente hasta dónde llega el control de Dios.



Circunstancias de la vida

La Biblia nos enseña que Dios controla las circunstancias de nuestras vidas. El clásico ejemplo de esto lo vemos en la historia de José. Cuando era un muchacho de diecisiete años fue vendido como esclavo por sus hermanos. Este fue un tiempo muy oscuro en la vida de José ya que fue obligado a abandonar a su familia y a su país, y fue víctima de los celos y el odio cruel de sus hermanos. Estando en Egipto fue falsamente acusado por la esposa de Potifar y puesto en la cárcel por un crimen que no cometió.

Dios tenía el control de las circunstancias que rodeaban a José. Luego, José se convertiría en el segundo al mando en todo Egipto y Dios usaría esto para salvar a la nación de Israel del hambre severa que hubiera barrido la mayoría de su población. Al mirar en retrospectiva lo que había sucedido en su vida, él les dijo a sus hermanos:

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo (Génesis 50:20)

Dios se fue por encima de lo que parecía una terrible injusticia e hizo que causara mucho bien. Esta historia es tan solo una de tantas parecidas en la Biblia que nos recuerdan que Dios tiene el control de todas las cosas que sucedan en nuestras vidas. Las dificultades y pruebas que tengamos tienen en el fondo un sentido y Dios las usará para cumplir Su propósito en nosotros.



La naturaleza humana

Dios también tiene el control de la naturaleza humana. El pueblo de Dios, los israelitas, le había dado la espalda, pues constantemente había rehusado a aceptar Su palabra. Como castigo Dios los envió al exilio, y aún allí, ellos persistieron en su rebelión contra Dios. Un día el Señor le dijo a Jeremías que iba a hacer una obra en la vida de Su pueblo. Escuchemos lo que le dijo Dios al profeta:

Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón (Jeremías 24:7)

Este pueblo rebelde sería quebrantado. Su viejo corazón de piedra sería cambiado por uno nuevo. El corazón que Dios les iba a dar sería uno que lo deseara a Él, y ya más nunca le darían la espalda en rebeldía. Sus corazones se volverían a Él. Podemos ver que esto no era algo que este pueblo haría por su propia voluntad. Dios era el que cambiaría sus corazones. Isaías lo expresa de esta manera:

Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. (Isaías 64:8)

Somos como el barro en manos del alfarero. Él nos puede moldear de la manera que Él quiera, cambiar nuestros corazones e ir por encima de nuestra naturaleza pecaminosa. Él tomó a Pablo, un perseguidor de la iglesia, e hizo de él uno de Sus principales voceros. Dios puede tomar la rebelión de un hijo o una hija y derretirla. Él puede quebrar el corazón endurecido de un amigo. El control absoluto de Dios se extiende por encima de nuestras naturalezas pecaminosas.



La ira del hombre

El versículo 10 del Salmo 76 constituye un versículo importante en relación con la soberanía de Dios y Su control absoluto:

Ciertamente la ira del hombre te alabará; tú reprimirás el resto de las iras.

Hay momentos en los que la maldad de la humanidad parece salirse de control. Sin embargo, el salmo 76 nos recuerda que al final hasta la ira del hombre glorificará a Dios. En la historia de este mundo hemos visto que se han perpetuado hechos terribles. Los creyentes han sido perseguidos y martirizados por su fe. Sin embargo, el salmista nos dice que, inclusive en situaciones como esas, Dios está obrando para llevar a cabo propósitos mayores. Esto se vio muy claramente en el caso de la historia de José que mencionamos anteriormente. Sus hermanos arremetieron contra él con la ira de sus celos, pero Dios usó sus acciones para glorificarse y traer bien a Su pueblo. No siempre podremos ver cómo estas cosas obran para nuestro bien, pero podemos estar seguros que ninguna circunstancia queda fuera del control de Dios.



Líderes políticos

El control soberano de Dios está por encima del liderazgo político de la historia. Al referirse al faraón de Egipto en Éxodo 9:16, Dios expresa:

Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. (Éxodo 9:16)

El Faraón había hecho mucho para dañar al pueblo de Dios. No quiso que el pueblo de Israel saliera de Egipto y se encargó de hacerles la vida miserable. Cuando llegó el tiempo correcto, Dios envió a Moisés para lidiar con Faraón y liberar a Su pueblo. El mundo vio la grandeza del Dios de Israel cuando las plagas fueron desatadas sobre Egipto. Ellos vieron cómo esta gran nación era puesta de rodillas ante el poder del Dios de Israel.

Éxodo 9:16 nos dice que el Faraón fue levantado para que se mostrara el poder de Dios y que Su nombre fuese proclamado en toda la tierra. Lo que fue una realidad para Faraón lo es para todos los grandes líderes. Dios puede usar, incluso, el mal causado por líderes políticos para al final lograr Sus propósitos.

Naturaleza

El control de Dios se extiende también sobre la naturaleza. Podemos ver cómo las tormentas se calmaron a la voz del Señor Jesús (Marcos 4:39). Dios dividió las aguas del Mar Rojo para proveer una salida a Su pueblo que huía de Faraón (Éxodo 14). En otra ocasión, Dios hizo salir agua de una roca para calmar la sed de la nación de Israel (Números 20:8-11). En muchas otras ocasiones el Señor hizo que mujeres estériles dieran a luz. El Salmo 104:7-10 nos habla del control de Dios sobre toda la naturaleza:

A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste. Les pusiste término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; van entre los montes. (Salmo 104)

El Señor le ha puesto límites al mar. A Su voz se hace escuchar el trueno. El mundo, como lo conocemos hoy, se sostiene por el control soberano de nuestro Dios creador y responde solamente a Su voz.



El curso de la historia

El curso de la historia está en las manos de nuestro Dios soberano. Escribiendo en sus días el profeta Isaías dijo:

Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo. (Isaías 46:10, NVI)

Desde el principio, Dios ya conoce el fin. Nada lo toma por sorpresa. La historia se desenvuelve de acuerdo a Su plan global. Las naciones se levantan y caen según Su deseo. Hasta la crucifixión del Señor Jesús era de acuerdo al cumplimiento del plan y propósito de Dios.

27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. (Hechos 4:27-28)

Dios había determinado desde el principio de los tiempos que Su Hijo muriera por los pecados del mundo. La muerte de Su Hijo, el Señor Jesucristo, era el cumplimiento directo de Su propósito y plan. La historia está en las manos de Dios, el Señor. Él determina el curso de las naciones y el camino de los grandes líderes. Él también conoce cada detalle de mi vida.



Poderes de las tinieblas

Los poderes del infierno están sujetos al control de nuestro Dios soberano. En Job 1 podemos ver que Satanás no tenía poder sobre Job, excepto el que Dios le permitía. En los evangelios los demonios huían de la presencia del Señor Jesús. Apocalipsis 20:10 nos habla acerca del destino final de nuestro gran enemigo, Satanás:


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