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LAS GAFAS DE BRUNO





Bruno era conocido en su clase como el niño que no hablaba con ningún compañero. Era muy tímido y reservado. En general, le costaba comunicarse con los demás, a excepción de cuando su profesora Sara le preguntaba algo. Entonces Bruno, aunque conocía la respuesta la contestaba bajito, muy bajito, para que nadie le escuchara porque lo que le ocurría a Bruno es que tenía muchísima vergüenza de hablar en público, en especial, delante de sus compañeros de clase.



Y es que Bruno sólo tenía la habilidad de comunicarse muy bien con sus papás. Tenía un buen discurso pero por más esfuerzos que hacía en hablar y jugar con los demás niños, se quedaba siempre paralizado sin saber qué decir y cómo reaccionar. A decir verdad, sus compañeros de clase lo veían como un “bicho raro”. Muchas veces, en vez de salir al patio a jugar con ellos, Bruno prefería quedarse en clase con su cuaderno de dibujo. En él, inventaba historias a lápiz para después colorearlas y era capaz de pasarse horas y horas dibujando.



Los papás de Bruno no entendían cómo con lo hablador que era en casa y lo retraído que resultaba en clase.

-¡Bruno cariño!- le decía muchas veces su mamá. -¿Es que no tienes amigos en clase? Tu profesora Sara me dice que no juegas con nadie. Y tampoco te apetece salir al patio de la escuela. ¿Es eso cierto?

- Mamá, mis compañeros no me dicen nunca de jugar con ellos. Así que prefiero dibujar y crear historias en mi cuaderno.

-¡Pero Bruno!- le contestaba su papá. A veces somos nosotros, uno mismo, quiénes debemos dar un paso adelante y preguntar si podemos jugar. Estoy convencido que si lo haces los compañeros te dirán que sí puedes jugar con ellos.

-¡Papá! Créeme que lo he intentado todo, pero parece que soy invisible. Nunca me responden cuando les pregunto y cuando empiezo a jugar con ellos, los demás compañeros se marchan de mi lado.

Los papás, cuando escuchaban las palabras de Bruno, quedaban un poco preocupados. Sin embargo, sabían que con lo parlanchín que era en casa y la cantidad de historias que les explicaba Bruno, poco a poco, con el tiempo, empezaría a hacer amigos.





Los últimos días, Bruno llegaba a casa un poco preocupado porque le costaba enfocar bien. Su profesora Sara, había dejado una nota en su agenda escolar, en la que aconsejaba a los papás que tal vez, Bruno debería ir al oculista para revisarse la vista. Había observado que Bruno forzaba mucho los ojos para poder ver bien la pizarra y que estuvieran pendientes de él unos días.












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