include_once("common_lab_header.php");
Excerpt for Lecturas Estivales by , available in its entirety at Smashwords



Lecturas Estivales
Felipe A. Matti



Published by Felipe A. Matti at SmashWords.



Copyright 2019 Felipe A. Matti



Discover other titles by Felipe A. Matti:


Elementos de un Vitalismo Trascendental

La desvergüenza del Sol



Smashwords Edition, License Notes

Thank you for downloading this ebook. You are welcome to share it with your friends.

This book may be reproduced, copied and distributed for non-commercial purposes,

provided the book remains in its complete original form. If you enjoyed this book, pleasereturn to your favorite ebook retailer to discover other works by this author. Thank you

for your support.




Cover photograph taken by Felipe A. Matti in Sala 19 of Museo Nacional Bellas Artes (Argentina), Colección Mercedes Santamarina; Edgar Degas





Índice:

Prólogo


Poemas:

Octubre

Noviembre

Diciembre

Enero


Obras de Teatro:

De nihilo et voluntate

Estación

Augurio

Mentes bajo el Sol

Palabras

Sobre la portada y su significado, el título y las obras seleccionadas en esta publicación:



El arte, la pintura y la fotografía:


“El arte es sobre todo un estado del alma. Si creo desde el corazón, casi todo funciona. Si lo hago desde la cabeza, casi nada.” Marc Chagall – Sobrevolando la ciudad.




Me valgo de lo siguiente antes de proseguir en mi osadía expresiva: Es menester que se sepa que no soy más que un entusiasta del arte, es decir, no tengo ninguna clase de noción profesional así como tampoco forense, ni que soy perito de aquella hermosa voz de las musas. Sin embargo, el arte es aquél ejercicio que cualquier mente precoz, sensible y agotada de pensamientos hace; y lo hace de por sí como una empresa que emana de su propia alma o espíritu. De tal índole es el ejercicio, que el arte se ha vuelto un patrimonio de suma importancia que promueve a otra mente a que también se vuelque sobre ella misma; el arte es una voz la cual llama y evoca a todo espíritu y alma que la contemple, en una perturbación que solamente se retira como si fuese la contracorriente de una ola, que acaricia la boca de una cosa turbándola por lo bajo con ese movimiento circular de tan confusa fuerza.

Hemos sido muchas veces cómplices de aquél pensamiento en el cual se ha puesto al hombre siempre como expectante, público de una obra magna, que se enfrenta a él y éste la imita tras comprenderla. Podemos establecer muchos ejemplos, uno podría decir que la naturaleza es aquella obra y el hombre sin participar de lleno es solo el público. Luego muchas veces se ha entendido a la naturaleza como el orden, y de esa manera podemos ora estirar y ampliar el rango del espectáculo ora achicarlo y disminuirlo hasta que el hombre es partícipe y expectante de su propio orden, obra, arte, naturaleza.

Ahora ¿Qué pasa cuando damos a algo tan magna cualidad que se vuelve todo? El hombre se ha encontrado con una intensión más fuerte que cualquier brida, que lo impulsa a comprender la simetría y a pensarla como modo o medio para descifrar si algo es bello o no – formosa- todas las cosas que son bellas es decir formadas estarían al servicio de la geometría. Me he detenido a pensar eso por un tiempo, intentando ver en la naturaleza aquél orden que - en mi hipótesis - encontramos por doquier, y me he frustrado al ver que mi ojo la busca y teniendo por sí un deseo voraz de satisfacerse la ha encontrado en aquello que, sufriendo una más minuciosa inspección, no lo tiene.

Me refiero a una simetría que se asemeje a lo perfecto, a aquello que supuestamente somos capaces de dibujar en nuestra mente; donde las razones geométricas son esos conceptos casi tan puros (según creemos) como aquél aire de las montañas, el cual ni bien queremos insuflarlo nos vemos por algún motivo expuestos a nuestra vulnerabilidad y nos debilitamos; ciertamente porque eso mismo buscamos, esto es, ser partícipes de la perfección.

¿Habrá osadía más grande que utilizar una regla? Tal soberbia es propia del hombre, sin duda. Nos frustramos, enfurecemos incluso, cuando un niño busca dibujar los ejes cartesianos solamente con un detenido movimiento de la muñeca; dejando rastro de aquél pulso que con pequeños saltos no permite que la recta sea tal. Sumergido en la ciudad bonaerense he tenido la oportunidad de apreciar algo que no muchos hacen, quizás por esa idiosincrasia argentina que defenestra todo lo suyo al compararlo con un ideal perfecto de otras cosas, las cuales son nóminas; quizás será que los argentinos somos los más grandes matemáticos habidos y por haber solo que derrochamos esa oportunidad conmovidos por una opulencia perdida. Buenos Aires es el zenit de la arquitectura, de la perfección simétrica. Caminando por San Telmo, Recoleta, y demás barrios en donde la mano y la razón optan por trabajar en conjunto (e manera que hemos cumplido a la perfección casi todos los primeros aforismos de Francis Bacon) me he percatado que es toda la capital argentina una gran labor en función a la simetría. Entonces, al ver muchos artistas detenidos en las calles con suma observancia, yo mismo he sido público de quienes lo eran de la obra de otra persona (que a su vez, en función de confundirte más a ti lector, era público de otra obra). Al verlos con detenimiento, me fijé siempre en el método que utilizaban para apercibirse de lo que tenían en frente. La mayoría tomaba asiento, muchas veces son solemnidad dado que el sol irradiaba fuertemente sobre ellos (es curioso, pero pocas veces optaban por hacerlo bajo la lluvia), y era infalible que en algún momento sacarán de algún bolsillo o mochila ,o lo que fuere, una regla.



¡Oh! Poderoso espíritu, que todo lo juzgas,

Que todo con tu hambre devoras;

Osada, Osada es tu impaciencia,

Pululante que busca por siempre aquella,

La nómina de la perfección,

Una torpe mano que batalla contra tu pasión.



Una regla que buscaba imitar a aquella otra primera con la que se diagramó eso que en frente buscaba el artista representar. Muchos otros, teniendo noción de lo dificultoso que sería imprimir aquél arte vivo, hogar de espíritus, mentes, vida quieta corroída por aquella impulsada en movimiento continuamente; optaban por tomar una cámara fotográfica y osar de la facilidad que les resulta un simple click.

Sin embargo hubo siempre un acto curioso, en tanto la pintura del artista se detenía casi improvistamente. Todas las reglas eran subsecuentemente quitadas, casi como olvidadas, del estuche de las herramientas. Era enterrada, habiendo cumplido su objetivo, no siendo más objeto útil. En tanto el artista necesitaba dedicarse a una estatua, a alguna figura concreta. Por ejemplo a Hefestos y Poseidón que gobiernan por sobre el edificio de la aduana frente a los diques de Puerto Madero. El uso del lápiz se hacía prácticamente vital, cada giro, cada músculo, incluso el estridente o el martillo pretendían viveza absoluta; no había lugar para esa cordura que es el imaginado metro.

¿Alguna vez se habrá alguien atrevido reglar el cuerpo del hombre?

Por supuesto, pero claro que eso ha sucedido. Y nos ha regalado la mente los más divertidos monstruos, similares a un rompecabezas que debemos estimar y con esmero formar nuevamente. Aquello es totalmente curioso, cuando uno busca la perfección rectilínea no hace más que deformarse a sí mismo para luego tener que formarlo mentalmente, actividad enderezada por actividad; un reflejo casi tan instantáneo como levantar un brazo.

Entonces uno se percata de lo siguiente. Siendo que cuando uno pinta construye, en base a lo visto, sea en aquél sitio de fantasmas de vida propia que nos son representados por nosotros mismos o sea aquello otro que estimamos como real y completamente vivo; esa, la que austeramente llamamos realidad; de esta manera es que quien dibuja, pinta, esculpa o cualquier otro rubro debe sí o sí construir en base a lo que percibe. Pero no solo eso, sino que tiene la oportunidad de crear, y al crear, me refiero a bailar en conjunto con las modificaciones que se le presentan en su mente, guiado por pasiones, por historias y demás. De manera como nació ese movimiento al cual le daban burla, el rococó o cómo los límites en Renoir ya casi son imperceptibles excepto por el uso de colores, y porque nosotros, de manera involuntaria tendemos a ordenarlo todo, formarlo si se quiere. Con esto último es que juega quien, por el contrario, opta por la fotografía. Sus ojos serán también aquellos de quien lo observe a él y a su captura.

Es esa la noción en juego, la captura, y en ella se escinde todo lo que uno puede gozar del arte de la fotografía. Mucho movimiento, poco límite marcado se torna confuso, puede incluso arruinar lo que uno busca. Está en la habilidad del fotógrafo el poder captar ese instante, guardarlo en una pequeña cápsula donde nuestro ojo guiado por lo que tiene en frente y tuvo el fotógrafo forma una escena, forma la vida. Hace de ella un movimiento, una pulsión contrita en ese pequeño, ínfimo instante que nosotros tendemos a olvidar.

Quedaría preguntarse entonces qué es belleza ¿Movimiento o forma? Pero, sin embargo en este soliloquio inquieto no me absuelvo de lo siguiente ¿Es que es uno u otro? Así como buscamos esa perfecta simetría, lo hacemos también en tanto buscamos una perfecta polaridad en el pensamiento. Lo confuso nos desagrada por completo, lo abstracto, lo sinsentido genera una turbación, una convulsión en la mente que gira y gira fastidiada hasta poder dar de eso algo que se llama significado. Al menos así pensamos tendidamente muchas veces.

Con este pensamiento paseaba por los pasillos del Museo de Bellas Artes situado en Recoleta. Sentado, frente a esa pared verde me percaté de eso; estaba en mis manos mostrar la conjunción de la simetría y el movimiento que la deforma. Frente a mí, las hermosas bailarinas, rodeadas por un halo, sin un rostro, puro movimiento captado; no son nadie, son algo, son eso que se mueve, eso que vive, actividad. Yo, era un ojo:



¡Ojo! Aquél.

Aquél el cual invisible es,

Cada parte y el todo,

Ojo invisible,

El cual a todo percibe.



En mí, en ellas, estaba la oportunidad de romper con lo que mi mente y sano juicio buscaba, donde me sentaba, un banco que seguramente había sido medido con antelación; un marco simétrico que resguardaba el dibujo, un sócalo tan recto como un eje que aguarda aquella línea logarítmica que le dé un contundente golpe. Quién se mueve, aquello que vive, aquello que quiere estar vivo, y se mueve tanto consciente como inconscientemente.

Entonces eso quiso mostrar mi ojo, la vitalidad móvil; quizás aquello que Thoreau llama “el fuego vital”; eso que buscamos y que nos agrada. Una llama eterna en continuo movimiento, donde el instante que captamos le otorga una figura concreta pero no es tan solo después de una breve lectura que imaginamos cómo es que sería su próximo instante.

La confusión de la fotografía es la siguiente: da la sensación que es una acumulación de instantes eso que creemos tiempo, eso que creemos movimiento. Sin embargo esos límites etéreos (como si fuesen espuma que da a la pintura ,por momentos, una linea que describe el movimiento) son tan solo la carencia de permanencia. La regla que utilizamos, pero que pierde sentido cuando lo que queremos dar a conocer ya no es nuestro invento, es que al momento de hacer nuestro ese espectáculo es que lo deformamos y le damos figuras extravagantes y exactas para nuestra consciencia.


“Entonces eso es Arte, una naturaleza atravesada por el alambique del hombre. Entonces en el Arte, la naturaleza trabaja a través de la voluntad del hombre repleto de la belleza del primer trabajo de ella misma” [1]


Darle vida a un cuadro, una ventana que tras suyo esconde todo un universo conocido. Sin embargo ese detalle, que ha de estar abigarrado a los anteojos de quien lo pintó, que han de traslucir una lumbre ya manchada al hombre que lo ve, eso escinde el arte pintado. Un paisaje, un retrato de Zurbarán, esas tenebrosas neblinas de Caravaggio son un portal que nos permite ver un detalle creado, previsto continuamente por el artista. La foto lo enfoca, no lo crea tanto sino que utiliza y compone lo que ya está ahí haciendo un viaje opuesto. Se amolda en su consciencia aquello que vive, debe hacerlo, y debe actuar acorde a las piezas que les es dada.

El hecho que hay viveza en lo que se nos presenta en ambas formas de arte no es novedad alguna, es un deseo, es el hecho que debemos imaginar todo lo que sucede y sucedió, esa impresión no puede ser sino objeto de un movimiento.


“¿Quién eres tú, hermosa, quien usurpó el lugar

De Blanche, la mujer de gracia sin igual?

Ven, hermosa y bonita, dime,

Quién, en toda tu vida, tú has sido?” [2]


Estas inquietudes de Lamb, quien frente a cuadros en exhibición se dirigía a sus protagonistas siendo ellos personas, pasionales, sentimentales, quienes reflejaban esa sensibilidad del británico que casi como una abrasión quemaba todo lo que sus poéticos ojos veían.

Edmund Waller indica lo siguiente cuando da las instrucciones para pintar la victoria inglesa ante los holandeses en 1665:


“Primero dibuja el mar, esa porción la cual entre

El más grande mundo y este nuestro es vista.” [3]


No muy lejos de aquél inglés es que se encuentra D. José Coll y Vehí quien ya en el primer párrafo de su compendio de Retórica y Literatura expresa lo siguiente:

“El hombre, ser dotado de inteligencia, sensibilidad y voluntad, recibió del cielo el don de expresar y comunicar a sus semejantes, por medio de signos exteriores, todos los estados y modificaciones de su espíritu.” [4]

La importancia que le he brindado a la portada se subsume en el propósito de este libro y el significado de las obras seleccionadas, lo cual osaré expresar lo más ameno posible en las siguientes líneas.




Sobre el título y el significado de las obras:


La etimología de verano es de lo más curiosa, puesto que presuntamente el verano y la primavera eran una sola de aquellas estaciones, diferenciándose principalmente por la noción que en el verano es cuando mayor es el calor, donde hace verdadero calor. Elegí Estío, sin embargo, para representar un poco más la noción de calor álgido, y porque es la elección primordial de varios poetas para expresar la agradable época del año.

El ambiente veraniego trajo siempre a mi mente la necesidad de buscar el sosiego, dado a que el calor activa tanto nuestro cuerpo como nuestro espíritu de modo que el movernos es un tanto menos molesto, pero lleva consigo una cuota de mayor incomodidad en tanto nos agitamos con mayor afabilidad.

Por tanto es común que uno esté en un estado de reposo, en donde es mucho más fácil prestar atención a aquello que usualmente uno ignora en tanto su mente no se encuentra debidamente sosegada.

Frente a este deseo de calma, frente a la pesadumbre húmeda del verano, es que preferí mantener tantos mis escritos como mis pensamientos cortos. Sostenidos por la relectura de los mismos, así como arreglos musicales los cuales se fundan en el detalle, en la búsqueda de la perfección.

Notará, quien sea (contrario a mi naturaleza) habido lector de poesía que no es común en mis poemas, así como en mi uso de la póesis en general, la perfecta simetría. Más allá que mi mente se vuelque a quienes realmente han podido captar la esencia de la forma en las palabras, combinando una apacible perfección medida con el perfecto movimiento que escapa a nuestras manos, a nuestras reglas, efusivamente, una naturaleza que se burla de nuestros ojos de manera tan cordial, así como el primer canto del ruiseñor o el leve graznido de la golondrina valerosa que somete a los chimangos con presteza.

Las voces de la noche, los perfectamente diseñados poemas de Waller, de Vaughan, tienen a mi parecer una distinción en lo que buscan hacer.

Recuerdo haber leído dos veces a Arlt decir que el teatro era la mejor forma para él de expresar sus problemas al mundo, una vez a través de su propia hija quien me introducía a una de sus aclamadas obras de teatro, y en otra circunstancia vociferado por uno de sus propios protagonistas, o como el preferiría llamar ,fantasmas. Prontamente me evocó un pensamiento aquello que leía, que me remitió a mis favoritos poetas.

Quienes me hayan leído a esta altura conocerán mi amor por el arte en sí, por la composición, por el detalle. Se me ha preguntado una vez “¿Qué es el detalle?” a lo que, luego de un rato largo de caminar, contesté “¿Alguna vez viste a tu ventana? Esa que está en tu cuarto, a través de la cual vislumbrás todo un mundo, ajeno pero contenedor de vos mismo. Pero, no me refiero a lo que ese rectángulo te presenta, aquél avistamiento de la realidad. No, sino, tu propia ventana. Su marco, los trozos de pintura restantes, carcomidos por el tiempo, las imperfecciones, la mano de obra. Tu ventana en sí. Ahí es cuando apreciás el detalle, eso que estaba ahí todo el tiempo, que no capta tu atención porque se ha vuelto mundano, pero está ahí, y de no estarlo todo sería diferente ¿Qué pasaría si repentinamente el tenue, dulce correr del viento por los pinos y eucaliptos, sonase como bocina de barco? Nuestros ojos virarían tanto consternados, como sorprendidos y perplejos, fascinados diría alguien. Si nuestra lapicera, esa con la que encarecidamente siempre escribimos, de momento a otro nos mostrase todo el universo en su infinitud, todo estuviese ahí, o la tinta que siempre fue azul comenzase a ser naranja. Eso es el detalle, el detalle hace la perfección. Nuestra perfección. El detalle es el movimiento natural que evitamos para que algo no pierda simetría o forma, pero está ahí. Como un bardo que toda su vida ha entonado, el detalle es prestar atención a cada nota que proviene de su dulce garganta acompañada por el viento de su flauta y las cuerdas de su lira.”

Por supuesto no fue eso lo que dije, sino lo que contesté en mi mente ante la pregunta que yo mismo me había hecho.

Recuerdo haber leído en un ya hoy muy viejo manual de retórica y poesía que esta última era: La expresión de la belleza ideal por medio de la palabra sujeta a una forma artística.

Estupenda forma de introducirnos a dicho arte, realmente lo es. Siendo simpatizante, quizás para algunos fanático, del trascendentalismo, ese que comienza con los pensamientos y reflexiones de Ralph Waldo Emerson; así como también siendo alguien a quien los ojos se le nublan codiciosamente cada vez que Swinburne es encontrado en alguna vieja librería; quien con hastío intenta comprender a Spenser, y sin embargo lo lee hasta que sus párpados se agoten; es que siempre he batallado entre mi perezosa necesidad de obviar toda estructura poética así como en apreciarla al momento de leerla.

Si quitase de mi mente toda determinación, esas formas arrogantes que hacen de sí cada objeto; si pensase que ese objeto y yo somos lo mismo, ese ejercicio muy poco posible de realizar me hace sujeto de un pensamiento. Buscar expresar en la poesía ese movimiento perpetuo, esas oposiciones que degustamos con tanto detenimiento, como aquellos poemas de Bruno al inicio de sus diálogos, como esos pensamientos ostentadores de oxímoron de Pascal escritos con tan profunda reflexión.

Entonces de la misma manera me sostengo al punto de lo que busco expresar con la poesía, simplemente esos problemas, esos gritos al aire a los cuales no puedo responder. Esas sensaciones, intuición pura. Reflexión acorde a lo que uno ve y siente.

En cuanto al teatro, veo como prácticamente lo opuesto. Si bien aún se intenta presentar lo que se da, el teatro tiene eso hermoso que es todo un artilugio. Donde no hacen falta explicaciones de argumentos por lo general, donde el escritor se atiene a cómo algo se ve, y aún así no siempre su aparato imaginario le permite comprender en la plenitud lo que la multitud de consciencias juzgará de su obra. El diálogo es algo hecho artificialmente, que busca ser expresado como lo es en la cotidianeidad; lo cual nunca funciona, tendemos en la vida “así nomás” a extender por completo nuestros parlamentos; y si uno se atiene a decir lo justo y necesario (como ostento a veces a hacerlo a modo de experimento) despierta en sus interlocutores miradas de lo más intrigadas por lo raro que es todo. Uno de los más grandes hacedores de diálogos siempre logra cautivar al público y ser por momentos previsible y por momentos completamente imprevisible. No puede uno ser una u la otra, debe ser las dos, y allí está el mayor desafío, el dramaturgo debe muchas veces atrasar lo que quiere decir y ocultarlo, o dar giros extraños al diálogo.

El teatro del absurdo por ejemplo, tiene esa característica de ser maleable al punto de ir sobre una marcha atemporal, pero por ejemplo el diálogo Non-sequitur (uno de mis preferidos) debe sí o sí mantenerse acorde a un tiempo engendrado por la propia mente del autor y de la circunstancia generada al momento en que suceden las cosas en la obra.

Se me ha dicho una vez que los libros son gran compañía, en respuesta a una broma que había hecho sobre que dormía junto a libros dado que en mi biblioteca ya no había más espacio para los nuevos. Muchas veces se suele caracterizar al libro como aquél sitio donde uno puede habitar distintos mundos, incluso antropomorfizar o hacer del mismo un cosmos propio, sujeto de juicio por su cuenta, hasta se suele dirigir al libro como un amigo; obliterando todo resquicio de invención e ingenio, olvidando que el libro es a su vez una creación. Es un límite muy difuso realmente, y lo veo más elusivo en estas dos formas de arte que he decidido publicar aquí, el teatro y la poesía.

El poema es objeto de voz, las más grandes poesías se distingan por tener ese ritmo propio del pensamiento del escritor, del poeta quien canta en su mente a la velocidad que escribe. El teatro contiene la misma especificidad, sin embargo el dramaturgo se divide, causa en su mente diferentes personificaciones y juega con ellas. En el libro me comunico con el autor. Quien es gran compañía no es el libro en sí, sino esa porción de la mente que el creador decidió compartir.

Por mucho tiempo el teatro y la poesía estuvieron conjugados, quedando solamente de modo permanente el uso de los tropos poéticos y demás recursos en el poema dialogado, al menos así lo cree mi mente lunática que en tanto quiere expresar algo y encuentra el modo de hacerlo se disfraza así como un actor y con distinta vestimenta se vuelve distinta mente creadora.


Es entonces que introduzco esta obra, contenedora de dos obras de teatros y una larga línea de poemas. Estos últimos se podrá notar que no poseen título sino fecha, y es que siempre me ha costado encontrar nombre a distintos pensamientos, de la misma manera se me hizo entretenido mostrar el desarrollo de mi pensamiento a lo largo del verano dando día exacto en el que fueron escritos, algunos poemas sufrieron cambios a medida que iban dejando su estado de borrador y por ende han sido introducidos dentro de las calendas acorde a cuando fueron editados; detalle que solo será verdadero para mí, sin embargo sentí necesario al momento de escribir este breve prólogo su mención.



Poemas:



10-10-18


Para mi más querido amigo, quien es perseguido por una majestuosa ave:



Sospecho que en algún lado estás,

Monstruo injusto,

Que a mí inducción has de provocar.


Temerosa mi consciencia,

Retrocede por tu indulgencia;

Desfigurados fantasmas le advienen,

Cada vez que busco,

Ilusionado y confundido,

A la verdad atrapar.


Se me escurre,

Y de mi espíritu busca escapar,

¿Por qué?

A tu forma no hay esquema,

Que mi consciencia pueda dibujar.


Esfumados siempre serán,

Tus oscuros límites;

Debido que en tu tierra

Los míos me mostrarás.


Tan cierto eres,

En mi suposición que nunca me abandonarás,

Y sin embargo tus negras alas

Más bien volar pueden.


Aunque mi almario ruegue,

Cortarlas así podrá retenerte,

De tal modo es que te quiere.



21-10-18



¿Hay acaso

tortura más penosa

que ver a una madre llorar?


Todo hombre

ha de fenecer,

al momento que sus ojos

eso han de ver;

debilitado completamente

sin poder irrumpir

el sordo silencio

que el ver a su propia alma

anquilosar cada órgano de su cuerpo;

detenido por completo,

como si la luna haya usurpado

el poderío de su espíritu.


He visto a mi propio ser,

y lo he querido tocar,

abrasar, junto a él llorar,

y sin embargo toda esa fuerza

la cual es plena,

infausta, volitiva,

poseída por la consciencia

o al menos así ella lo ha de creer.


Cuando a una madre,

es que nuestro espíritu

conmovido ha de ver;

los llantos han sido acariciados,

y sin embargo aquí digo que me paro

sin saber qué hacer.


Sin tener herramienta,

el entorno es obsoleto,

nada hay que pueda aliviarte.


Solamente queda un llorar,

arrepentido de mi intimidad,

temperado y subsumido en un acongojar,

del cual ya nadie me puede librar.


Una herida,

que hierde mi alma,

en la veleidad de mis pasiones,

reflejada e un tropel de errores,

nada, absolutamente nada,

quitará estas cadenas

que ante esos húmedos ojos tuyos

me hacen contigo perecer.




22-10-18


¿Qué es esto que me causa aquí dolor?

El ocaso que deviene

en displicencia me encuentro.


Me remito a sentir,

a aquejar sin discernir,

pero qué, qué,

ruda consciencia demandas de mí.


Algo que se oculta,

intangible, sinceramente no puedo,

por más que en todo mi ser,

volente mi espíritu desea;

¿Habrá risa que a esto espante?


Te veo belleza,

mar de formas que es la naturaleza,

un optimismo cantado de cubre,

sin embargo aunque arrojado

a ti mi consciencia

no parece que sea de tu agrado.


Me infundo sin saber

realmente cómo acudir;

cómo salvarte de este maldecir.


Si abrazarte no puedo,

si contigo encontrarme no debo

¿Dónde estás?

Quiero oírte,

poder gozar de tu alegría resonante.


Pero mente injusta,

mis pasiones estultas nublan su mirada.

Donde estás ya sé,

que me esperas confío,

entre tanto, abrumado de reír me olvido.




23-10-18



Te crees astuta, vos,

insaciable mente,

sin embargo todo te fagocita,

languidece y deja

revuelta sobre vos misma;

tu propio velo te repliega,

te ensimismas en la nada.


En este jagüel tuyo,

sobre el cual busco vivir.


Te carcome, de modo lento,

te disuelve como el fuego lento,

y en desasosiego estás

buscando atrapar

aquello que en vos habrás de encontrar.


Entiende, de una vez,

que no hay trovador que te explique,

consciencia que te indique,

realmente qué hay detrás

de estas telas, de estos lugares,

que en la lid defenestran

todo intento de clamar

claro dominio sobre este conocimiento,

el cual decae y desvanece,

en cuanto avanza

para clamar victoria.


Intensión tuya,

burda y abismal,

deshabitas el sino

confiada que nada te vincula;

sin sopesar que eres tú

quien en la balanza siempre ha de estar.



26-10-18


A man fights,

And so he does,

With a pure spirit,

A forsaken mind;

His own conscience

Was long ago

Left behind.


A man who fights,

Is pure soul;

Something not akin

To any foreign spirit or form,

Just a soul, his own soul,

Which in its hands

Holds its heart.




27-10-18



Pensar que estás en algo,

es no entender

que lo absoluto e infinito

en nada puede contenido ser.


Así es, y así será,

como uno deberá

aceptar aquél límite

que es como uno piensa.


Que todo en eso uno,

contenido ha de estar.



29-10-18



Sortero, hermoso sortero,

es desde mi ventana

que siempre te veo.


Techo de un gran poeta,

bajo tuyo he enterrado,

con un máximo dolor

a aquél que supo

mimarme y darme

todo su esplendor.


El viento ruge con vos,

te doblan los tormentos

de los fuertes vientos;

pero arraigado al suelo

no te dejas desplazar.


¡Hogar! Hogar de vida,

de cantos, alegrías,

de años y sus desdichas.


Bajo tuyo me he partido

en un llanto desdeñado,

tu inquebrantable espíritu

desde ese entonces he admirado.


Observando siempre

a todos quienes a menudo

te han visitado.

¿Seguirás allí,

al momento que de aquí,

me haya retirado?

Cuando mis persianas ya

por siempre hayan bajado.

Quedate, otorgame esa serenidad,

ese sosiego,

esa verdad.


Probame que no todo,

nunca ha de languidecer,

que esta alma hermosa

que encontró reposo en su sombra

en tus raíces habrá de vivir.



2-11-18



Baña el sol

Los verdes pastos

Quienes renovados esperan

La venida de aquella,

A quien virgo deposita

Con inmaculado vigor.


Es entonces cuando recuerdo

De tus deseos y melancolía,

En tanto memorabas

Que junto a tu tío te sentabas

Y sendos ojos buscaban

Encontrarse con el tren

Que frente suyo pasaba.


¿Acaso hubo

En esa confesión,

La cual expresaba

Tus deseos más laudos

De vagar sobre el metal,

Donde frente tuyo

Solamente se posaba

Un futuro cierto

Dirigido rectamente 

Sin que nadie lo interponga?


¿Que había en ese deseo

Tan precoz

Y a su vez

Tan sincero?


Solamente sé

Que cuando,

En aquellos momentos,

Que un manto me abandona

Y me deja expuesto;

Desnudo en una invisible lona,

Pienso en vos,

Veo esa imagen,

Sosegado y esperanzado,

Junto a un fantasma nubloso

De límites vaporosos,

Destinado a sentir

La brisa de aquello

Que demuestra nuestro vivir.


Imagino ese polvo,

Esos pastos que acarician

Tus piernas

Y lavan tus cenizas

Y te vivifican

En mi mente,

En mi mente,

Allí estás vos;

Así te veo cuando solo me siento,

Mi aire se renueva.


Orgulloso estoy

De tus incrédulos sueños,

De tanta simpleza,

De tan espureos deseos

De no tener aura de grandeza.


Porque me has enseñado

Que ella está,

En lo que uno es,

En cómo uno es percibido

Honesto, puro, recatado

Con furias, esperanzas,

Deseos inmaculados,

Culpas, reflexiones,

Principios

Y una cualidad,

De no temer ser humillado

Ante la enormidad,

De todo lo que a uno le supera

De caer y arrodillarse,

Y sentir nuevamente que 

Nuestro aire se regenera

Y volver a pararse,

Hasta por fin curarse.



13-11-19



No muerdas tus labios,

Ni encuentres

Con tu pecho el suelo,

Ni raspes tus rodillas con tus manos.


No pierdas tu aliento,

Ni sufras

Especie alguna de remordimiento;

Porque hayas luchado,

Y ahora solo te relames

Las lágrimas que tus pómulos bañan

Que el fracaso ha dejado,

No hace que tu corazón,

Aunque deshauciado,

Añicos hecho,

De vida despojado,

De condolencias infundado,

Con dolores incrustrado,

Tenga que abandonarte,

Ni vos a él.


Sosiega tus puños,

Cubre tus ojos y limpiate,

Limpiate de las calumñas,

Que han Sido arrojadas,

Y por tu consciencia atajadas.



20-11-18



Aquí, aquí, a tus pies señor,

Sobre un pavimento seco,

Al cual irradia el sol

Y la abrasión siento

Junto con un aliento,

De puro cansancio,

De suma extenuación.


Me hecho atrás

Y sobre mis brazos descanso,

En estos escalones

Pavimentados,

A los cuales la sombra

Hace horas ha olvidado.


Sin embargo en mis oídos resuenan,

Esas voces risueñas

Extentas de males,

Voces de niños

A la sombra de un árbol,

Cuya copa otorga

Ese sonido suave,

Apaciguado que me recuerda,

A barrocas notas,

Leves contrapuntos,

Cánones angelicales

De germánicos compositores.


Allí, me siento,

Sin nada más que hacer,

Solamente observo

Y etérea mi mente divaga,

Sin rumbo más que si misma;

Esa consciencia

Amarrada a la vida,

Al sosiego y a la acción,

Oximoron soy

En una simpleza que no comprendo.


Solo en alegorías revuelo,

Y lo hago cuando nada me vuelvo,

Nada soy,

En este recuadro que desde dentro

Mis ojos miran con sazón.



11-12-18


Bullicio, voces

arrinconadas y exaltadas

agotan su lumbre,

disfónicas y abatidas

atenuado su tono.


Las luces

que iluminan el líquido vital,

que en raudales

corre las sudorosas frentes,

la calle nublada por el silencio;

vela el agite que ocurre allí dentro.


Los zapatos galopean

esas tiesas piedras

que en su momento

fueron formadas por reos.


Me detengo a pensar,

qué puedo sino esperar;

del dolor que mañana este castigo

mi cuerpo entones sufrirá.


Con gruesas piernas,

ojos adormecidos,

las manos abrigadas por un agotamiento,

los puños rasposos,

cerrados y lastimosos.


Siento que bajo a los infiernos,

sin embargo es solo un simple subsuelo,

que me fatiga

y me somete al descanso.




12-12-18



Cuando los humores te colmen,

cuando, surgidas las lágrimas

el desdén tus rabillos ocluya

y los ofuscados ojos

no puedan ser ya lavados

por tus enfurecidas y adoloridas manos.


Cuando el suelo sea ya

acongojo y dolor,

no rehuyas ni temas,

no caigas en esa tentación,

no creas que tu furia

será capaz de apaciguar

tu dolor.


Llora, pero que tu corazón

no se escape,

ni que tu desazón

emancipe tu voto por la vida,

aquél que con clemencia

ruega que encuentres la calma,

así como el canto vespertino

anuncia la llegada de un hermoso alba.


Cuando no quede ya ni voz

que calle tu tristeza,

cuando la injuriosa llama del enojo se encienda,

ahí, ahí es cuando

debes aferrarte al amor,

debes luchar con todo fragor

por tu paz.


Del cogote tomalos

a los viles y monstruosos pensamientos,

y hazte de ellos;

arrojalos y velos

en su propia codicia ahogar.


Cuando ya la vida

es la que tiende de una suave hoja,

desnudada por la injusticia,

cuando ya cualquier brisa

te penetra y lastima;

allí es donde la vida te llama y ama,

vigoroso debes responder

inclinarte a ella

y en tus manos tu espíritu sostener.



14-12-18



Clash! Clash the clouds,

Upheaval and motion are commanded,

Zeus's thunders descend,

Damaging darts sent

To smite you, my earth.


But powerful ye,

Undamaged by those blistering darts,

With an upper lip stiffened enough,

You teach me, wisely so,

To prevail against any ill sort

Of mockery, jest, or any kind,

Of evil that is cast

To weaken a pure heart,

Such as mine,

When it forgets

That it is a minds throne.

That soul,

Sure enough is appeased

When no darkened thought

Perturbs it.


So as the winds pass by,

The birds at my doorstep

And windows find sweet refuge,

With songs that tell

The tale of this lore,

Which they have suffered.


I smirk, and find myself crying,

As in that fear,

When my sleep interrupted was,

I found such a notion

Of forgetfulness,

And I thank you,

Since you are my most humble master.



17-12-18



Mente encendida fuego,

Fulgurante, exitante,

Amable poeta 

De ojos brillantes,

De mirada palpitante.


Revuelta está mi consciencia,

Junto con tu apasible mirada,

Que busca a la naturaleza

Y la encuentra en sí, en todo

En aquello que bello clamo

Con el vigor de mi espíritu.


Tantas veces a ti me he arrojado,

Esperando respuesta

Extenuado por las imperiosas

realizaciones que mi corazón

Cometido y empecinado

Piensa sin igual.


Mi corazón se expande

Y en tus ensayos,

Donde honestamente te resuelves,

He encontrado método y certeza,

Más que respuesta,

En creer en mi inocencia

Tras guiarme por la intuición;

No esa que alemanes creen racional,

Más bien aquella que me vincula

Directamente con ese alma

A la cual piensas superior

Círculo no circundado,

Infinito espíritu

Limitado por nuestro saber

Y olvido que esta naturaleza,

Almario de nuestro conocer 

Nos da acabada respuesta,

Sobre qué creer.



19-12-18


Los dedos de rosa,

Esos que Odiseo miraba

Tras los ojos de Homero,

Dichos de ser ciegos,

Y sin embargo con cuánta precisión

Es que sus escritos a Febo adornaba.


Habrá algo, más allá

De tu lenta respiración,

Que me quite del miedo

De que no seas real.


Siendo afuera tan claro,

Tan suave y de un colorido

Cielo nublado,

De matiz pastel,

Con un leve puntillismo

Sobre un canvas celeste y color miel.


Inundado tu desnudo pecho,

Reflejando aquel cielo

Digno de las alabanzas de Milton,

De aquellos mensajeros y trompetas,

De cordiales poetas,

En mi penumbroso cuarto,

Tanto un umbral parece todo,

Inquebrantable, solo violable

Por tu carácter vestal.


El límite, el límite aquí está,

Mientras mis dedos

Pasan lentamente, rasposos y fatigados,

Sobre tus desnudas caderas,

Veo que desde aquí al infinito

Mis ojos contemplan,

Avistamientos de lo simple,

Concepción de lo perfecto,

Límite que me trasciende,

Que ilumina mi pecho.


Mi corazón,

Alli, Acá es, dónde se sienta la razón;

Nada tan sublime cómo presenciar,

Que somos nosotros hacedores

De paredes y de hogares

En dónde queremos ver a ella

La verdad.

23-12-18



This air I breathe,

Weighs and suffocates

The numbing pain

That shrouds my arms and hands

As it is my head,

Full of emotions and seeking for rest,

That over them stays.


Oh I look up,

I do, I miss you,

You, house of Vesta,

Virginal and pure,

White, madame Bleache,

I beg you to come,

As before you did,

During the nights.

Those where the times

When you

My eyelids kissed

And granted me

Such a grand liberty,

Which made

All my ill wits dissolve

And feign with complete

Ethereal motion;

Then they disappeared

As they were frozen,

Controlled, dissipated,

By the cold you brought.


Now blazed,

Torched by this

Venuses Fire that Kindles

All earth, scorched

Awaiting for the rain,

The downpour that will

Graciously restore

An ease, that is, that peace

That now for it I await.


As this soft air

Crawls into me,

Looking for some space,

Oh yes, which I will surely give,

I look through this window that shows

A Vista of dreams,

Soft sorrows and drowsy thoughts.


I represent,

I believe,

I beckon God,

His light, his seed,

I cry

I beseech,

Beg and sorrow,

I ask for a companion,

In this, the path I will now take,

To this barren and girdling land

Where I'm no more

The leader and resolver

Of these, my mistakes

That pry open

The soothing eye,

The one full of dew,

Hue and pure desire

To lurk for love and for truth.


There, there I see,

All these chants, all these songs

These épopée and épiques,

This, this, the via

Where I float, slowly and surely

Touched by them, blooming souls,

Prepared for her, she who

With soft, ill, weakening fingers

Will be collecting

In order for them to take

This journey I now,

In my head,

Until the morrow,

And sunshine ,

I represent.







26-12-18



Una fiebre,

un calor

mientras atraviesa el Sol

esta pequeña ventana

anunciando la llegada

de la primera tenue luz,

que despeja al luar

y me conmueve;

me toma con sus dedos anaranjados,

que cunden las nubes

y me abrasan al momento

que el agua roza mi rostro,

así como antes

previo al estío

roran las cálidas luces,

ahuyentan las penumbras

y arrojan al frío suelo

sus más vigorosos deseos

de perderse

en aquél llano

y húmedo pasto.



Entonces me recuesto

rememorando aquél ocaso,

desesperado por creer

que mis ojos nunca lo dejarán de ver,

contigo, calor fúlgido,

de fastuoso tamiz,

de fulgor propio

hogar del movimiento por vivir,

tu mirada

penetrante y seria,

sin embargo serena

que me persigue

hasta que me infundo en tu alma,

esa en donde subsiste el todo,

que insuflo y transpiro.




1-1-19



Con tal brisa, sólida y dulce,

es que te recibo a ti

nueva calenda, obsoleta al numen;

sin embargo Pandora te trae a mí,

roba mis tristes ojos, dejando así,

la libertad del mundo

servida a mis pies, frenando el frenesí;

despertando los cantos de los juglares mudos,

quienes te alaban, la venidera esperanza, apagando los miedos oscuros.



2-1-19



Mi amada musa, perdóname

Pues te he abandonado,

Sé que aunque breve ha sido éste,

El tiempo en el que a tus ojos,

He escapado.


Pero es que tanto te he dedicado

Que ya insostenible se ha vuelto.

Una riolada turba mi mente,

Que se esconde en el alivio

Ese que me traen las letras

Intuidas más que delicadas,

Esas que no se hayan

Trastocadas por aquél,

El deseo más grande nuestro,

El que se esconde y rehuye al ojo,

Que nos burla atrás del rabillo,

Nos gesta cómicamente,

Con saltos sin igual,

Dónde quiera que gire mi rostro

Él de allí escapara y se reira

Vilmente de mi torpeza.


Pero tú, musa hermosa

Que me acercas a él,

Dándote yo cuarto

Cada vez que me siento a oler

Tus augurios hermosos

Que han sabido a los hombres,

Conocedores de tu dulcura,

Consolar.


No, no me he ido,

Solamente vacaciono

más no me retuerzo por las noches

Al realizar que no hay manera

Que a ti olvide, que aunque quiera

De ti me aleje, están nuestras almas unidas,

Por esa la grande, por esa la madre,

A tal punto que en mi sueño apareces,

En mi consciencia cantas,

No, no te he olvidado.



5-1-19



Said he the forsaken orator to the crowd

"My people, a message for you

I have, I really do"

His voice pierced through the watching hearts;

"Do not forget people,

you, that aren't but few,

Still your force is strong,

Enough it is to overthrow this

The empire of malady that reigns

Above each and every of your heads"


In this manner he did speak,

Glancing eyes beheld him,

As the leers at the top awake

By the gruesome and hypocritical words spew by their outrageous son.


"To them" his finger lifted he had

"Nothing but obliteration,

To us" his voice deepened, he claimed high,

"Nothing but honor in this,

the revolt of the mass".


Eyes dimmed were, as at this man they saw,

The observers didn't agree,

Yet it was theirs the person of bad deeds,

Twain hands up in the air

Had this jester who looked upon the unfaired,

Deceiving those who dwell nowhere,

Nothing were their hopes, to nothing they saw across,

Frowned upon by sense, the most common

That which man in his sleep only prays,

As the snore is his most intuitive voice

Ever to leave his chest.


He, the no-one,

He had came to be,

As the others who nobody were,

In his eyes lost all Identity.


"My people, your upbringing will

To all eyes make halt,

Girdled by the desire

To be led by us, the ones who hold

The truth and every single sense

Of that which is nothing but absolutely pure and righteous glory."

These were the words, barren

But well disguised

By the single tiny man,

That made people be a confused mass.




8-1-19



Instrucciones para dibujar acorde al Artista Interior:


Saber primero debe

que tres los intelectos han de ser:

puesto que Todo divino es,

y Todo al mundo ha de hacer,

y al Todo uno se ha de disolver.


No olvidar, artista,

que el medio no es

tanto como extrínseco,

sino más bien intrínseco;

por lo que todo extremo,

empero, se vuelve a sí,

y es allí justo

donde este medio habita para sí.


¡Oíd! ¡Oíd! A este suyo,

que artista interior llamamos,

de un gran talento él poseedor,

sin detrimento él productor.


Del modo como un zorzal,

fastidiado por las motas y los bichos,

así usted no debe dejar

que lo ofusquen aquellos

quienes entendemos como necios sumisos;

quienes se alteran y se pierden

en el uso de verbos y ejemplos

así como el pájaro se divierte,

usted no haría más que perderse.


Una sus sentidos y contemple,

que la forma y la materia

lo mismo han de ser,

que ellas han de parir,

naciendo de ese seno

que dentro de sí

todo ha de configurar.


Dibuje primero la raíz,

despliegue luego el tallo,

brote entonces las ramas,

no se olvide, estimado, de las pequeñas ya forjadas,

despliegue el rico fruto,

contenedor del humor,

de la tez y la ternura,

productor de la suave piel

y toda su amargura.


Hecho esto, sin apresurarse,

debe con sosiego avisparse,

para replicar la hermosa fauna

que en todo momento lo ha rodeado

y usted de eso no se ha percatado.


Piense primero en ese músculo,

tan fuerte y necesario,

como que sin él

siquiera exhalar tendría razón de ser.

Será ese el cual teja

el hermoso plumaje, o la dura piel,

los suaves ojos u hocicos,

las fieras garras,

las libres alas;

cincelada la animalia,

deberá ahora, mi amado pintor,

poeta mudo,

músico sordo,

lírico absorto por la belleza del mundo.


Deberá ahora

arrojarlo todo,

imitación sobria

infecunda e infausta,

perplejo habrá quedado,

y consigo enfurecido

se dirá soberbio descontrolado;

tal es su observación

que todo quieto ha quedado,

pues en el detalle ha hecho eso disoluto,

intangible e invisible ha de ser todo detalle,

todo ha quedado, ciertamente, quieto.



9-1-19



Tan extraño cómo me cautivas,

Tú, que vagas sin aparente destino ni partida,

Exhumada del deseo,

Tu movimiento no es otro que el propio del cielo.


Me intriga, realmente,

En tanto que te quito de tu ambiente,

Puesto que pensarte indica

Una mirada olvidada,

Perdida en la lejanía,

Cautivada por la lontananza.


Languidece mi inquietud

Si mis ojos fijo en tu solicitud

De ser mirada, figurada

Informada eres y sin embargo belleza te creo,

Materia maleable, sosegada y admirable.


Trompetas te han rodeado,

Dioses rosas, anaranjados,

Sobre ti han pugnado,

Y sin embargo todo te perturba

Al punto que nada de daña,

Todo te conmueve, y en tu sensibilidad

Estoica es tu mirada.


Cuál es tu secreto,

Que descubierto ha sido por unos pocos,

Que como tú en soledad han diambulado

Perdidos en valles soleados y de escasa calamidad.


Oscurece, el calor se esfuma

Y pequeños focos, algunos vagos otros no,

Luchan contra el último suspiro del máximo Dios,

Alma del cielo.


Sobre una italianita no pudiente,

Pues nada tenía,

Una historia voy a contar.


A eso que el hombre admira

Que busca en la naturaleza

En éxtasis y que le suscita intriga,

Aquello que nombramos belleza

Nada su pobreza le retenía.


Enamoraba a todo noble,

Se comportaba tal como la señoría,

Roraban los corazones por su bailar

Tal era la simpleza de su caminar;

A ella los pastos tendían

Agraciados por sus pies poder rozar.


Cupido su flecha dorada

Con esmero la misma duplicó,

Evitando que corra su destino

Tal como Dafne dió vida al laurel,

Así como cuando

Queriendo que se olvide de Hipólito

A Afrodita quiso pregonar.


Fue entonces que franco caballero,

Cundido por la suma del destino,

Apremiado por la fuerza del sino,

A la joven muchacha por los prados corrió.


La Sorbona solamente

En la memoria de la vestal se marcó,

Quedando entonces el apellido del niño

Por siempre honroso, París se llamó.



21-1-19



Habitaban aquella casa

Cuyo eje sobre el infinito se posaba,

Quienes en sus manos buscaban

Eso que a lo lejos sus ojos divisaban.


Venida la luz del día

Por la puerta de a uno salían.

Primero siempre se iba aquél dogmático,

Siguiendo su misma ruta,

Apreciando los leves cambios en las flores,

Despreciando los colores agrios,

Los fétidos olores,

Que emanaban de los pequeños charcos

Que sus huellas dejaban.


Por la ventana avistaba

Aquel escéptico,

Quien de estar en lo cierto se vanagloriaba

puesto que la duda su consigna impregnaba.


Pronto hubo quien un mar olfateó,

Y hacia él desesperado se arrojó,

El bramaje nuevo era a sus oídos,

Por primera vez de allí alguien salía,

Esperando él ser su propio guía,

Confiando que sus ojos la ruta transformaban,

Sin temor a quitárselos

Para entonces quedar ciego,

Incapaz de arrojar sobre la verdad su mirada.


Hubo quien antes habitó aquella costa,

Conocedor del artesano mágico,

Que ordena los astros

Y no confunde al perro de la constelación.


Hubo quien ante el descubrimiento

Se arrojó de lleno,

Sin vituperio alguno, tan solo éxtasis

De presenciar semejante metamorfosis,

Sumergido en el mar de formas,

Contemplando la belleza,

Donde rige la simpleza.


Allí donde el hombre nació,

Su curiosidad exploró

Y a sus ojos el mundo se cambió.

29-1-19



Recuerdo,

Cuando a las aves con esperanza

Tanto a ellas como a tu suave roce

Esperaba.


El momento,

En que el calor se disipara,

Que pudiera oír

Cómo con gentileza

Tus delgados dedos,

Apacibles y reconfortantes

Sobre mi techo cantaran.


¡Ah llegado el momento!

Y tu honra me inspira,

Clamo cada momento

Que tu canto a mi mente apacigua,

Tan agraciados los pastos

Hacia tí se arrojan

Cambiando su tez,

alimentas sus colores.


Recuerdo,

Cuando el canto a la lluvia

Ese grito sagrado,

Sobre las calles añoraba,

Es ahora que me recuesto

Memorioso de ese día,

Y sin embargo no puedo sino

Abrazar este momento

Cuando tu pétalo traslúcido

Me insufla el espíritu

Y me otorga alegría.



30-1-19



“¡Argentino porque de plata es mi corazón,

porque áurea la sangre tengo,

porque amo estas calles

por las cuales ando

errando y buscando

aquella montaña

y aquél río del cual yo vengo!


Me contaron en el barsito,

unos tanos que arengaban

a unos gallegos

que la falta envido cantaban,

pero eran solo dos caballos

los que a los garbanzos añoraban.

Estos que de la bota vienen,

entre risas y gritos,

insuflaban aquella espesa nube

que de sus pipas fulguraba;

de “un pibe gauchito, de aire francés,

un rey de aquellos” me hablaban;

“que su espada envainada dolía más,

que el revés de una inglesa enfadada.”


Trataré de mantener estas rimas,

y te pido ayuda, a vos, mi amable musa,

que me dejes afanartelas,

que voy a contar,

como mi amigo el vasquito,

el de vaina y camisa de pocos botones

hace cada vez que la ginebra le llega a los pulmones.


La historia que planeo acá dejar,

es la de un loco

que lo único que quiso

es a su amada Argentina

una vez más regresar.


De largas y abultadas patillas,

francés y gallo se hizo después,

porque bienvenido de la rivera plateada

es este amigo que busca a su patria perdida.


Una riolada de pensamientos

como cuando era pibe le atañía

¿Cómo es posible que hayamos llegado a ésto?

Entre hermanos nos matamos,

argentinos ya no queremos ser

¿Qué nos pasó?

¿Porqué pintan el cabildo?

¿Dónde es que todo debarrancó?

Así sus libros en mano y mano llevó,

sobre el escritorio de la biblioteca

pequeñas pelusitas el amado Sol iluminaba,

los añejados libros

hacían un estrepitoso ruido,

y nuestro héroe

lentamente recapacitaba.


Ni de dioses,

ni de Dios,

ni de nada,

sólo quería recuperar a aquélla,

su Argentina,

que cuando lejos estaba,

sin el cuerpo que su alma comandaba,

solo un éter que por el universo y el Todo vagaba;

allá por donde la nieve cae

en las duras calles adoquinadas;

donde de guerras hubo

y de indiscriminada matanza escuchaba;

siempre pensó que la plata

que su corazón segregaba

era algo valeroso de su orgullo.


Con celeridad él viraba los libros

se detenía solo un segundo

por si algo veía que se destacaba,

o por si no entendía.


“Batallas si las hubo,

pero entre nosotros no fueron,

si es que eso no podíamos,

realmente lo entendíamos

¿Para qué murieron nuestros viejos?

¿Por qué estos imberbes

siembran su lujuria,

arrojan azúcar

sobre la sangre que por ellos

fue derramada?”


El mate estaba ardiente

y la yerba ya su olorcito emanaba,

ese que dice que alguien piensa

y que reflexiona con un corazón en llamas.


Las dos manos sostenían la madera encuerada

con atención sus ojos

a lo que enfrente tenían miraban;

aquella luz le hablaba,

algo le decía,

sus pensamientos se transfiguraban;

sus ojos cubiertos por una nube estaban.


La trataba de agarrar, la olía,

sus manos como si a una mosca

intentaran agarrar

tiraba; pero nada,

no ocurría nada.


“¡Manchones!

¡Manchones de tinta!

¡De sangre derramada!”

Gritaba, eso hacía,

su garganta tapada

por un sufrimiento

que en su pecho se hundía,

no hay

ni tampoco había

cavilación alguna

que alguna explicación le otorgara.


Las uñas sus palmas cortaban,

ofuscado, con bronca no podía creer

lo que sus brillantes rabiosos miraban

“Pintan el obelisco, se desnudan,

gritan y se golpean,

se bañan de culpa.”

Sus cienes arrugadas

se encontraron con el ardor de sus yemas,

su pelo transpirado,

caía sobre sus párpados

y para atrás se lo acomodaba.


“Algo hay que hacer,

tengo que encontrarnos,

que gritarnos,

tengo que volver a Argentina,

este suelo no tiene nombre.

Ya no son cancheros,

ya no somos gauchos,

hasta los cafichios y los chambones

al suelo argentino respetaban

¿Dónde esta nuestro amor

por nuestra cuenta de plata?

Nos buscamos tanto por ese río,

nunca encontramos a esa montaña,

pero sí un nombre,

ese que el portugués Lopo vió,

y que el gran Martín del Barco Centenera nos dió,

gracias por decirnos

que fuerte como la espada,

caliente y amargada

tengo la sangre.”


Pero el héroe cuenta se dió

que la guita ahora

había hecho que la sangre

de aluminio sea,

golpes uno tras otro a la mesa daba

y se preguntó millones de veces

porqué carajo

la gente ya hasta decir que argentina era

vergüenza le daba.


“¡Te busco mi amada!”

Exaltadas era su vociferar,

tragaba su angustia

y con espuma iracunda,

como una Afrodita recién nacida,

su boca acallaba.


“¿En manos de quién te he dejado?

¡Hipócritas!

Falaces, indignos y deshonrosos,

alegan pueblo y representación,

pero no veo más que sedición;

sus bolsillos llenos,

como mendigo que de ciego poco tiene,

y de falsos relatos abunda;

han perdido el respeto

por el fecundo suelo

que claman proteger

¡Caraduras!

¿Cómo me lo permití?

De latinos y romanos ya se olvidan,

de modelos europeos ya no recuerdan;

esta amnesia auto-gestionada

que ni figura ni puede ser extirpada

de su corazón.

Pues como el sabio estoico supo decir;

que de todas las cosas que el corazón nos desgarran,

nos desprendemos,

pues de no poder que el corazón mismo nos arranquemos.

Ahora mis venas gotean

ante toda esta sangre derramada

gobernada por la infamia

por el desinterés;

traidores,

han corrompido mi patria,

que perdida ahora como niño feral

en un recóndito rincón del bosque

aferrado a su pasado

su nombre trata de olvidar.

Irrespetuosos ante la autoridad,

idealistas que en la celeste bóveda han de acampar

¿Acaso no se pueden percatar?

Mal-agradecidos,

por la soberanía de sus calles se luchó,

por su congreso se murió.

Ahora estamos perdidos,

pues se piensa que alguien es

dueño de una inexistente verdad,

que ante la más mínima inspección

solo le respalda el dinero,

solo busca la fama,

y vemos pudrirse despacio en el suelo

al igual que una mordisqueada manzana;

el tiempo la abrasa,

y la gente le alaba

olvidando que detrás suyo

no hay siquiera un árbol.

Veo quienes el alto a esto

quieren poner,

clamando que aquello nunca más

habría de suceder;

pero mi corazón palpita,

quiero recobrar este tiempo perdido,

mis puños se agitan.”


Habiendo esto sucedido,

nuestro héroe a la calle se lanzó,

vaina en mano y con un corazón romano

su semblante estoico se erizó;

sus rodillas al suelo cayeron,

la conmoción perpetuaba su sufrimiento

que cuitado lo dejaba,

caían sus amargas lágrimas

y se lamentaba en cuanto daba cuenta

que la solitud a él se amarraba.


¿Acaso él era quien soñaba?

Una mente en blanco,

aislada,

en cuyo delirio

solamente una alusión presenciaba.

Sus pies, desesperados,

buscaban terminar la misión;

sin embargo los demás ojos

captaban a un loco,

que sin explicación,

deambulaba por las calles

con una enfurecida espada

una frente ofuscada

y una constante mente que sollozaba.

Su frente lidiaba

con el sudor

que el irradiante sol le causaba,

sus oscuros ojos brillaban

ante el hermoso y despejado firmamento.


En su plaza se sentó,

el poeta acariciaba su tristeza;

soslayando su dolor

y señalando cómo la gente

por allí pasaba

sin pudor.

Las brisas removían

su dolorosa rapsodia

de acaudalado defraude,

flamígeras y fulgurantes

las rayas del divino,

se entremezclaban con los audibles

cantos de los horneritos.


“¿Qué anda pasando mi buen hombre?”

Interrogó una voz,

“Ando buscando a mi amada”

Y ante la ida mirada,

añadió

“A mi amada Argentina”

“¿Qué dice mi joven?

Si sentado en la plaza de Mayo

usted ha de estar,

Si el Sol le irradia la frente

en argentino suelo”

La sombra acariciaba

los blancos pómulos,

los ojos de la señora

respuesta esperaban,

“Pero tan solo mire,

observe cómo destruyen,

cómo aniquilan a la cultura,

como rompen las estructuras, los cimientos,

las mismas esculturas,

cómo arremeten contra las fuentes

¿Qué amor a la patria

habrán de tener,

si su propio suelo han de querer

ver morir, ver fenecer?

Mire señora, tan solo mire,

cómo marchan en voz de traición,

mire cómo dañan todas las paredes,

cómo sangra la copa bronceada,

y tan solo pensar que mi amado hermano

pobre de sí,

sedó su honrosa alma por ese congreso

ante el cual lanzan puños y palabras odiadas.

Que de lo lejos, allá,

desde el suelo español todo lo dejó.

Ahora mire cómo se matan entre ellos,

escuche lo que dicen,

sus gritos de condena,

falsos relatos,

como si fuesen malones

sin ideal por el cual luchar

ni al cual defender,

descorazonados en una escaramuza,

se apoderan, insultan, lastiman,

todo por pensamientos exuberantes,

completamente irritantes?

¿Qué no se da cuenta,

bella dama,

que este pueblo argentino no es,

que esta nación sin patria se quedó?

Se ha perdido el orgullo,

difuso en intereses de transparente alma,

y la tengo que encontrar,

¡La tengo que encontrar!”


Las lágrimas sobre su pecho caían,

agitado y espasmódico,

el silencio perturbador se mezclaba

con el leve silbido del viento

que todos los oídos no escuchaban.


“Me habla usted de cosas que no veo,

se sulfura ante un paisaje distinto

¿Acaso sus oídos

no son receptores

de tal paz?”


Unas celestiales trompetas anunciaban

el comienzo de la lucha de las luces

esas que por la tarde se entremezclaban,

tupido por una agonizante lluvia

de la sangre que antes fue derramada.


“Señora preste atención,

dígame, grite, clame, escuche,

aunque le cause disgusto

¿No lo ve? ¿No lo siente?

Preste atención, fíjese cómo

utilizan a otros

para la falsa redención,

los mártires que nuestra tierra ha tenido,

todos han sido ya olvidados,

e intentan que sean desplazados;

la revolución siempre ha sus hijos ha decapitado,

es una bestia indomable,

y sin embargo oídos sordos hacen,

se cubren los sentidos,

subsumen los órganos,

tan solo enriquecerse desean los zánganos.”


Los brazos alzados al iracundo viento,

su rostro acariciado por la indiferencia,

clamaba con vigor:

“Libertad, eso queremos;

autonomía, nación, patria,

por esas cosas combatimos

por eso he vuelto,

porque ya no somos

más que presos de un remordimiento”.


Desolado el héroe,

parado y enfrentado

a la mujer de dorados cabellos,

de visibles huesos,

le dirigió unas últimas palabras:


“No todos los mártires

la divinidad han de ver,

pues la gloria no se hospeda para quienes

la memoria han de tener,

ser olvidados, ser nadie,

ellos quienes provocan una torrencial ira,

han perdido todo deber,

este suelo habrá de purgarlos

en cuanto Argentina

habremos nuevamente de llamarnos.”


Con la cabeza en alto,

hacia el Congreso ni más ni menos,

se comenzó a dirigir.


Repentinamente algo lo detuvo,

no fue otra cosa que la bella voz,

que atajar no podía,

lo que este hombre le decía;

a paz penetraba

tal como la fuerza del sino,

que marcaba la presente locura

que ambos ojos entonces ya veían:

“No te hemos olvidado, no todos,

pero señor, debe retornar la gloria,

que con nuestra tumba se ha sellado;

recordales primero el himno,

hablales de nuestras marchas,

espadas manchadas,

mostrales la imperiosa gloria

eterna y pura de nuestro pueblo.”


Su cabeza hundida

reposaba sobre un agobiado pecho,

nuestro guía

al ver al cielo

prontamente confuso estaba,

sobre la iglesia de Santo Domingo,

sideral a la tumba de su hermano,

en la lontananza del firmamento

el Sol por última vez

el campanario acariciaba,

las adoquinadas calles

nuestro héroe marchaba.



31-1-19



“¿Es que intangible sos Argentina?

Todo te lastima,

me pregunto,

ante esta derramante herida,

si parte tuya ha ya muerto;

en ese momento

que tu patria que abandonada,

que tu gente no a la verdad


Continue reading this ebook at Smashwords.
Download this book for your ebook reader.
(Pages 1-78 show above.)