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NO HAY

MALDICIÓN

PARA LOS

CRISTIANOS

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NO HAY MALDICIÓN PARA LOS CRISTIANOS

Copyright © 2007 por Joel Perdomo



Prohibida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso escrito del autor. Los textos bíblicos han sido tomados de la versión Reina-Valera 1960.


Nueva edición revisada y resumida – 2014


Publicado en EUA por Joel Perdomo



































DEDICATORIA


A ti, Padre celestial, dedico esta obra y te rindo toda gloria, sabiduría y honor, en tu Hijo amado Jesucristo,

por tu Espíritu Santo. Amén.



AGRADECIMIENTOS


Agradezco a Dios por los amigos y hermanos que han colaborado en la realización de este proyecto. En especial, a mi hermano Nelson Perdomo, gracias por creer en mi llamado, tu apoyo incondicional, motivación para escribir y colaboración en la revisión del contenido de este libro.

A la pastora Esther Marina Paz, mi progenitora, de quien siempre he recibido admiración y apoyo. Te agradezco madre, que con tu ejemplo me inculcaras desde niño, el amor por la causa de Cristo.

A mí amada esposa Rhodimari Guzmán, gracias por tu paciencia durante el proceso de preparación de este libro, tu desmedida colaboración en la producción y corrección, que hicieron posible esta publicación. ¡Gracias mi amor!

A Karen Reyes, agradezco tu desinteresada colaboración en la corrección de este material.


Joel J. Perdomo


Así será mi Palabra que sale de mi boca;

no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero,

y será prosperada en aquello para que la envié”

(Is. 55: 11).



CONTENIDO


Introducción....................................................................................................................7


Capítulo - 1 - Las Maldiciones

I. ¿QUÉ SON LAS MALDICIONES GENERACIONALES?.............................................9

a. ¿Qué debe entenderse por Maldiciones Generacionales?

b. Origen y trasfondo de las Maldiciones

II. LAS MALDICIONES EN LA BIBLIA……………………………………………………..12

a. Las maldiciones antes de la Ley

b. La maldición de Canaán

III. SOLO DIOS TIENE POTESTAD DE MALDECIR………………………………….….17

a. Balaam: La maldición no procede

b. Simei: Maldiciones sin fundamento

c. Eliseo: La palabra de Dios en la boca del profeta

IV. JUICIOS DIVINOS CONTRA EL PECADO……………………………………..……..21

a. El juicio de los amalecitas

b. El juicio de Elí y sus hijos

c. Consecuencias del pecado de David

d. La lepra de Giezi


Capítulo - 2 - El Antiguo Testamento y las Maldiciones

I. LAS MALDICIONES EN EL PERÍODO DE LA LEY……………………………………29

a. El propósito de la Ley

b. La Ley fue un pacto divino de bendición para Israel

II. LA VISITA GENERACIONAL…………………………………………………………..…35

a. La visita generacional; ¿Maldición o retribución del pecado?

b. El decálogo y la visita generacional a los desobedientes de la Ley

c. La maldición y la bendición son una elección, no una imposición de la Ley

III. EL ANATEMA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO...................................................44

a. La ley del “herem” o anatema

b. Jericó, bajo el anatema divino

c. Acán toma del anatema

d. El juramento de Josué

IV. LA REMISIÓN DE LA MALDICIÓN……………………………………………………..54

a. El simbolismo de Azazel


Capítulo - 3 - Los profetas y las Maldiciones Generacionales

I. LAS MALDICIONES HEREDADAS EN EL LIBRO DE EZEQUIEL………………..…57

a. Ezequiel, libro de transición entre los dos testamentos

b. Ezequiel confirma que el pecado no se hereda

c. Ezequiel exhortó volver a la interpretación correcta de la Ley

d. Atrapados bajo la idea de la “maldición generacional”

II. DIOS ORDENÓ ROMPER EL MITO DEL PECADO HEREDADO…………………..61

a. Dios condenó el concepto de maldición generacional

b. Israel refuta la palabra de Dios

c. Ezequiel confirma que la bendición y la maldición son una elección individual

d. Un refrán despectivo en honor a la maldición heredada

III. EL PROFETA JEREMÍAS Y LAS MALDICIONES………………………………….…67

a. El Nuevo Pacto


Capítulo - 4 – Las maldiciones de la Ley en el Nuevo Pacto

I. ¿EXISTEN MALDICIONES EN LOS CRISTIANOS?……………………………..….…69

a. Según la Biblia, el pecado no se hereda

b. Jesús rechazó la idea del pecado heredado

c. El Nuevo Pacto


Capítulo - 5 - Las maldiciones y la demonología

I. LA TENTACIÓN Y LA PRUEBA……………………………………………………..……73

a. La lucha de la carne contra el Espíritu

b. Tentados; pero no atados

c. La disciplina de los hijos de Dios

II. LA OBSESIÓN DEMONÍACA………………………………………………………...…..79

a. ¿Qué es la obsesión demoníaca?

b. Maestros obsesionados con los demonios

c. ¿Cristianos endemoniados?


Capítulo - 6 - Temas que suelen confundirse con maldiciones

I. LA PALABRA ESPÍRITU…………………………………………………………………85

a. El significado de “pneuma”

b. El caso de Jacobo y Juan

c. ¿Pedro o Satanás?

II. ¿EXISTE LA “TRANSFERENCIA DE ESPÍRITUS”?………………………………….89

a. El “espíritu de Moisés”

b. El “espíritu de Elías”

c. El “espíritu de Juan el Bautista”

d. Respuesta a la “transferencia de espíritus”

III. ¿QUÉ SIGNIFICA? “EL PAN DE LOS HIJOS”…………………………………..……96

a. “¿El Pan de los hijos?”


Capítulo - 7 – El cristiano y las herencias

I. ¿AFECTAN LAS HERENCIAS AL CRISTIANO?......................................................99

a. El cristiano y su herencia cultural

b. El cristiano y la herencia religiosa

c. El cristiano y la herencia familiar

II. LAS HERENCIAS Y SUS EFECTOS…………………………………………………..105

a. Patrones familiares hereditarios

b. Los pecados de los padres no se heredan

c. ¿Puede un pecador estar bajo maldiciones heredadas?


Capítulo – 8 – ¿Sanidad emocional o maldición heredada?

I. EL CRISTIANO Y LA SANIDAD EMOCIONAL………………………………………..111

a. La sanidad emocional

b. El peligro de la regresión como método de liberación

c. La sanidad emocional

d. La confesión y la liberación

e. El abuso y el perdón


Capítulo – 9 - ¿Por qué enseñar maldiciones heredadas?

I. PROMESAS DE LIBERACIÓN FINANCIERA…………………………………………119

a. Buenas intenciones; falsas expectativas

b. La ruta hacia la bendición económica

c. Prosperidad por la vía rápida

d. La avaricia es pecado de idolatría


Capítulo – 10 – El poder de las palabras

I. PALABRAS DE MALDICIÓN……………………………………………………..……..125

a. El poder de la palabra hablada

b. El anatema en el Nuevo Testamento

c. La prohibición apostólica de maldecir

d. El poder de la palabra escrita (canónica)


Capítulo - 11 - Las maldiciones heredadas y la Soteriología

I. LA ENSEÑANZA DE MALDICIONES EN LOS CRISTIANOS LACERA LA DOCTRINA DE LA SALVACIÓN…………………………………………………………..133

a. Una salvación completa

b. Una salvación integral: espíritu, alma, y cuerpo


Capítulo – 12 – El pecado como herencia

I. CONSECUENCIAS DEL PECADO ORIGINAL………………………………………..137

a. El pecado adámico y el pecado personal

b. La condenación eterna se puede rechazar

c. La muerte física es inevitable; la muerte eterna se puede evitar

II. EL PECADO DURANTE LA LEY……………………………………………………….141

a. La ley y las herencias

III. BENEFICIOS DE LA GRACIA DE CRISTO…………………………………………..142

a. Los beneficios de la Gracia de Cristo

b. La muerte vicaria de Cristo redime del pecado y de la maldición de la ley


APÉNDICE……………………………………………………………………………………145

Resumen de las maldiciones en el AT y el NT

El AT y las consecuencias por desobediencia a la Ley (resumen)

El NT y la Ley (resumen)

Conclusión…………………………………………………………………………………..147


ABREVIATURAS


AT. Antiguo Testamento a. C. Antes de Cristo

NT. Nuevo Testamento d. C. Después de Cristo

MG. Maldiciones Generacionales Cap. Capítulo

hb. Hebreo p. pp. Pagina (s)

gr. Griego Nt. Nota del autor

Cp. Compárese


INTRODUCCIÓN


¿Podría el cristiano estar bajo maldición a causa de los pecados de sus padres o aun de los que abandonó? Esta y otras preguntas relacionadas al tema de las maldiciones exigen respuestas bíblicas responsables, ya que confrontan la doctrina de la salvación cristiana, al poner en tela de juicio el sacrificio perfecto hecho por Cristo en la cruz para remisión de todos los pecados de la humanidad (Col. 2:13).

El tema de las maldiciones es tan difuso como abarcador. No se puede aclarar con una sola respuesta. El tema está bifurcado en dos fuentes primarias a partir de las que usualmente se enseña, a saber: Las experiencias personales y la relación que se hace de estas con ciertos pasajes de la Biblia. De allí se desencadenan innumerables propuestas y preguntas que justifican la necesidad de respuestas estrictamente bíblicas.

Existe abundante literatura cristiana que promueve las maldiciones heredadas en los cristianos desde diferentes perspectivas. También se enseña en los púlpitos a base de experiencias personales o familiares, acuñadas con ciertos versos bíblicos a veces fuera de contexto.

Este libro marca la diferencia en el tema de las maldiciones porque no está basado en experiencias u opiniones personales, sino en un estudio serio de la Biblia, única fuente de autoridad de la fe cristiana.

El tema de las maldiciones estudiadas en este libro no se debe confundir con las consecuencias del pecado adámico (aunque está relacionado); tampoco se refiere a las herencias de tipo genético, social o cultural que un individuo pueda recibir de su familia, ambiente, religión, etc., las cuales son comprensibles y se estudian en su apartado en este libro. El tema está dirigido a demostrar si desde la perspectiva bíblica, un cristiano puede o no, estar bajo la maldición de pecados pasados (propios, ancestrales o a causa de la Ley).

El título del libro: No hay Maldición para los Cristianos” fue elegido a propósito de no confundirlo con los demás libros que promueven maldiciones en los cristianos; pero, las grandes interrogantes que genera el tema solo pueden ser aclaradas a través de la paciente lectura del mismo.

El lector debe mantener en mente, durante su lectura, que el tema está dirigido a estudiar específicamente, si el cristiano convertido a Jesucristo (no el pecador) y lavado con su sangre a través de un nuevo nacimiento, hereda maldiciones de sus padres o pecados pasados.

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  • El lector de este libro debe mantener en mente, durante su lectura, que el tema está dirigido a estudiar específicamente, si el cristiano convertido a Jesucristo (no el pecador) y lavado con su sangre a través de un nuevo nacimiento, hereda maldiciones de sus padres o pecados pasados.

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Capítulo – 1 –


LAS MALDICIONES

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I. ¿QUÉ SON LAS MALDICIONES GENERACIONALES?


a. ¿Qué debe entenderse por Maldiciones Generacionales?

Maldiciones Generacionales” es la enseñanza que postula que los hijos pueden heredar maldiciones de sus padres o sufrir por pecados pasados. Hay dos elementos, en los que está fundada esta creencia dentro del cristianismo: a) Las experiencias de patrones repetitivos de conductas y enfermedades hereditarias en ciertas familias; b) La relación que se hace entre esas experiencias y la interpretación de la visita generacional que Dios advirtió a los desobedientes de la Ley (según, Éxodo 20:5).

En lo que atañe al cristianismo, esta enseñanza señala que, aun los cristianos pueden estar bajo “maldición” a causa de pecados supuestamente, heredados de los padres.

Antes de entrar de lleno al estudio del tema de las “maldiciones generacionales”, es importante hacer notar la diferencia entre las consecuencias del pecado adámico y las maldiciones advertidas a Israel en el pacto de la Ley. Estos son dos temas imbricados, pero a la vez diferentes, y no deben confundirse.

La primera es una consecuencia de muerte espiritual sobre toda la humanidad, causada por el pecado de Adán. La segunda está fundada en la retribución que Dios haría, a quienes voluntariamente, abandonaran el pacto de la Ley para seguir sus propios caminos (la Ley tenía sus propias características y aplicación).

Las consecuencias del pecado adámico fueron funestas sobre toda la humanidad; pero la muerte fue el castigo final. Mientras que las maldiciones de la Ley incluían penalidades y muerte inmediata en ciertos casos a quienes abandonaban el santo Pacto y pecaban con conocimiento de la Ley. Es preciso tener bien claro estos dos conceptos.

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  • La enseñanza de “Maldiciones Generacionales” postula que: Los cristianos aún siendo redimidos por la sangre de Jesucristo, pueden estar bajo “maldición” a causa de pecados heredados de sus padres.

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b. Origen y trasfondo de las maldiciones

Etimológicamente, maldición se define como un acto mágico provocado por palabras (Coenen, 1998. 19). Pero el uso en el contexto bíblico difiere del secular y de muchas religiones.

En las religiones más antiguas del mundo, ya existía el mito de la reencarnación del alma. En las religiones orientales como el hinduismo y el budismo -que pudieron haber influenciado el pensamiento del cristianismo primitivo- la doctrina del “Karma”, sirve como justificación para aceptar un statu quo miserable.

Según esta doctrina, el alma tiene que segar en futuras generaciones, lo que ha sembrado en reencarnaciones anteriores. Se cree que es la voluntad de los dioses que las personas nazcan predispuestas a la pobreza, enfermedades, etc. La persona debe aceptar sin objeción la desgracia que le depara su destino de haber nacido maldito (Blank, 1999. 272-273).

En la cultura griega, la maldición se entendía como un “poder mágico” relacionado con la capacidad de maldecir por medio de la palabra hablada. Se creía que una vez proferida la maldición, ésta afectaba al aludido hasta que se agotaba la fuerza de su efecto. Existían varios tipos de maldiciones en este contexto, desde la simple ofensa o sospecha, hasta la proclamación verbal de la maldición.

En la Biblia, es muy variado el número de palabras que se traducen como maldición, tanto en griego como en hebreo. En el griego clásico se menciona que hay hombres atrapados bajo la “ará” (gr. αρά) o maldición. En hebreo la palabra “arur” se traduce como maldición. Esta procede de la raíz hebraica “arar” (maldecir) que aparece en las maldiciones al final de la Torah1 (Coenen, 1998. 18).

“Alah” es otra palabra hebrea que se traduce como maldición o juramento y se refiere a una maldición por quebrantar un pacto entre dos partes, denotando que la maldición bíblica es desobediencia al pacto, no se hereda automáticamente, ni es impuesta arbitrariamente por Dios o heredada de los padres.




























II. LAS MALDICIONES EN LA BIBLIA


a. Las maldiciones antes de la Ley

Las maldiciones sentenciadas por Dios y sus siervos (antes de la Ley) fueron a causa de la infracción de la voluntad divina. En la Biblia, se menciona la maldición, por primera vez a la serpiente por haber engañado a Adán y Eva:

14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida (Gn. 3:14).

Esta maldición pronunciada por Dios, fue específica, mencionando las consecuencias que sufriría la serpiente como castigo por haber mentido y engañado a Eva y a Adán. Luego a la mujer y al hombre Dios les advirtió su castigo, pero no se les mencionó como “malditos”:

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti (Gn. 3:16).

Dios le advirtió a la mujer que sus dolores aumentarían durante su embarazo, “multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces”. Al señalar que multiplicaría los dolores de parto implica que ya existían, era un asunto natural en la mujer, pero fueron agravados a causa del pecado. La segunda maldición fue para la tierra, que produciría espinos y cardos a causa del pecado de Adán y Eva:

17 Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo (Gn. 3:17b-18).

Al principio, la primera pareja vivía en un jardín maravilloso preparado por Dios para su deleite y comodidad (Gn. 2: 8), pero a causa del pecado fueron echados fuera, para labrar la tierra con el sudor de su frente. Una tierra que se había tornado áspera a causa del pecado.

La creación entera aún sufre las consecuencias de la corrupción del planeta tierra y anhela la libertad plena de tanto dolor que existe en el mundo a causa del pecado. Aguardando por el retorno de Cristo, quien establecerá un nuevo orden en toda la creación (Ro. 8:19-22).

Dios le advirtió a Adán, que el día que comiera del árbol prohibido moriría a causa de su desobediencia:

17 Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (Gn. 2:17).

Apegados al contexto bíblico, una de las consecuencias evidentes del pecado de Adán fue la introducción de la muerte en la raza humana (Ro. 5:12. Cp. Fee, 1994. 912), no una maldición de la Ley (la Ley se dio siglos después). Si bien, el pecado de Adán afectó a toda la humanidad, eso no implica que toda consecuencia del pecado sea producto de una maldición de la Ley, remitida a pecados ancestrales. Si a esta muerte espiritual (transmitida por la naturaleza adámica caída a la humanidad)2 se le quiere llamar maldición (por tradición), hay que reconocer que no es una maldición de la Ley, como la que Dios advirtió a los desobedientes bajo el antiguo Pacto.

Dios entró en un Pacto de vida con Israel, que advertía una visita generacional a los que abandonaban la Ley y a sus descendientes que continuaban en pecado; pero la muerte como un estigma humano, ya existía en el mundo (Ro. 5:13). Adán no transmitió maldiciones generacionales basadas en la Ley, porque la Ley fue revelada posteriormente a su pecado.

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  • Es curioso que, aunque el pecado tuvo consecuencias funestas sobre el hombre y la mujer, a quienes Dios creó a su imagen y semejanza, no los mencionó como “malditos”, así como hizo con la serpiente y con la tierra (Gn. 3:14. 17).

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b. La maldición de Canaán

En las maldiciones pronunciadas por hombres de Dios en la Biblia, antes que la Ley fuese revelada, usualmente se especifica en qué consistían y como afectarían a los aludidos. Este hecho sirve para compararlas con las maldiciones escritas posteriormente en la Ley.

Al comparar la maldición pronunciada por Noé contra su hijo se puede comprobar que los hombres de Dios (antes de la Ley) fueron inspirados por Dios para pronunciar dichos juicios contra el pecado, ya que sus palabras encuentran respaldo posteriormente en la Ley. La primera mención en la Biblia de una maldición proferida de una persona a otra, fue cuando Noé maldijo a su hijo Cam (padre de Canaán) por deshonrarlo:

22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. 24 Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, 25 y dijo: Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos (Gn. 9:22, 24-25).

Noé tenía comunión con Dios y a pesar de no existir la Ley, de alguna manera Dios le hizo entender que aquel acto de su hijo merecía el castigo divino3. Posteriormente, la Ley confirmaría que la maldición proferida por Noé estaba fundada en la palabra de Dios y no fue un arrebato de ira provocado por las palabras de un padre enfadado.

La Ley dada a Moisés (después de Noé), confirma que Dios condena con una maldición al hijo que deshonra al padre:

16 Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre (Dt. 27:16).

De inicio se puede afirmar que el concepto de maldición bíblica no era causado por simples palabras mágicas o por ira contra su prójimo. La maldición era un juicio divino a causa del pecado. Noé como profeta de Dios, le advirtió a Canaán que sería esclavo de sus hermanos:

25 Y dijo: Maldito sea Canaán4; siervo de siervos será a sus hermanos (Gn. 9:25).

Noé no maldijo a su hijo por el conocimiento de la Ley (no existía aún). Esta palabra de maldición fue una profecía que predijo anticipadamente la inclinación maligna de Canaán al pecado y el posterior juicio que cosecharía por su maldad.

Noé estaba bajo inspiración divina, no maldijo por voluntad propia, este era un juicio divino a causa del pecado. Dios no condena injustamente al ser humano por simples palabras.

Esta maldición no podía ser un juicio prejuiciado o una discriminación étnica5. Pero Dios conoce el futuro y puede predecir el camino que elegirá cada ser humano y lo que acontecerá en el transcurso de su vida6. La posterior conducta pecaminosa de Canaán, afloró a través de este acto donde deshonra a su padre, develando de antemano su inclinación al pecado (los cananitas fueron destruidos después por Israel a causa de sus abominaciones, Dt. 18:9-14).

Desde la perspectiva bíblica solo Dios puede maldecir. Dios le dijo a Abraham que bendeciría a los que le bendijeran y maldeciría a los que le maldijeran (Gn. 12:3). Abraham no podía maldecir de sí mismo, era Dios quien haría el justo juicio. En la Biblia, las maldiciones sólo tienen efecto cuando están fundadas en el quebrantamiento de las leyes divinas. No se producen por un simple deseo humano.





















III. SOLO DIOS TIENE POTESTAD DE MALDECIR


Todo pecado cometido acarrea consecuencias en quien lo practica. En ciertos casos del AT el pecado provocó que individuos o familias enteras sufrieran enormes castigos, pérdidas y hasta la muerte por su pecado. Existe el peligro de interpretar estas consecuencias del pecado como maldiciones heredadas de los padres.


a. Balaam: La maldición no procede

Un clásico ejemplo bíblico de maldición es de Balac, rey de Moab, quien buscó al profeta Balaam para que maldijera al pueblo de Israel a fin de derrotarlo. Balac dijo:

5 Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6 Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito (Nm. 22:5b-6).

No existía razón, más que el odio del rey Barac, para que Balaam maldijera a Israel. Por eso Dios no lo permitió:

12 Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es (Nm. 22:12).

Israel estaba bajo la protección divina a causa del Pacto que habían concertado con Dios. La maldición en la Ley era consecuencia de la desobediencia, solo cuando Israel desobedecía sufría las consecuencias de ese juicio advertido (Dt. 28:15:68). En este caso no es Dios quien quiere castigar a Israel, es el rey Balac que quiere obligar al profeta a maldecir a Israel.

En el contexto bíblico, nadie puede maldecir de su propia voluntad, ni los ángeles, ni los ministros, solo Dios posee tal potestad. Balaam no pudo maldecir a Israel a su antojo, solo podía hacerlo por venia divina. Cada vez que Balaám se disponía maldecir a Israel, Dios tornaba la maldición en bendición (Nh. 13:2) y aunque lo hubiese hecho no hubiese tenido efecto alguno por causa del pacto que Israel había establecido con Dios.

En el AT Dios no obró maldiciones proferidas por antojos humanos, sin fundamento en la Ley. Cuando Goliat lanzó fuertes palabras de maldición sobre David y su Dios, no surgieron efecto, porque no estaban fundadas en la Ley, sino en el odio humano, juicios injustos, y pleitos contra Dios (1 S. 17:43).

Mientras el rey Saúl dirigía su ejército, ignorantemente, hizo un juramento que puso bajo maldición a quien comiera durante una batalla, su hijo comió, pero fue librado de morir por el pueblo. Dios no reclamó su muerte porque dicho juicio estaba fundado en una maldición injustificada, producto de unas palabras apresuradas y no en la Ley de Dios (1 S. 14:24-46).

Las maldiciones de la Ley estaban remitidas al incumplimiento de la Ley. Fueron advertidas como consecuencias a los desobedientes del Pacto:

15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán (Dt. 28:15). Ver, Deuteronomio 28:15-68.

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  • Nadie puede maldecir de sí mismo, ni los ángeles, ni los ministros, solo Dios posee tal potestad’’.

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b. Simei: Maldiciones sin fundamento

David sufrió un período de profunda crisis, a causa de la rebelión de su hijo Absalón contra su reino. David abandonó Jerusalén avergonzado y humillado ante los ojos del pueblo. Cuando David iba cansado del camino y emocionalmente destruido, Simei (un familiar de Saúl, el rey anterior) maldijo a David con palabras violentas, acusándole de asesino:

7 Y decía Simei, maldiciéndole: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario, y perverso! (2 S. 16:7). Ver, 2 S. 16: 5-13.

Las maldiciones de Simei contra David eran producto de su ambición al poder y envidia contra David; porque el reino de Israel, ya no le pertenecía a su familia. Las acusaciones de Simei contra David eran falsas, porque Saúl fue quien (sin causa) levantó guerra contra David, quien muchas veces le perdonó la vida, aunque tuvo la oportunidad de matarle (1 S. 24: 4-6).

Cuando David regresaba nuevamente a Jerusalén para retomar el reino, Simei, temiendo por su vida, le pidió perdón a David por sus ofensas y él le perdonó (2 S. 19:18-23).

Salomón (hijo de David) se encargó después de hacer justicia en este caso (1 R. 2:8-9). Simei murió a causa de su maldad, cayendo en su propia trampa (1 R. 2:36-46). David y Salomón no sufrieron ninguna consecuencia, a causa de las palabras de maldición de Simei. Al contrario, la bendición de Dios estuvo sobre David y su casa como expresó Salomón:

44 Dijo además el rey (Salomón) a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza. 45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová (1 R. 2: 44-45).

Dios cambió las maldiciones lanzadas por Simei contra David por bendiciones y la maldición la recibió Simei, porque la maldición bíblica no afecta a los fieles, sino a los desobedientes.

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  • La maldición bíblica no afecta a los fieles, sino a los desobedientes.

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c. Eliseo: La palabra de Dios en la boca del profeta

Después que Elías ascendió al cielo, el Espíritu de Dios vino sobre Eliseo con una unción poderosa (2 R. 2). Cierto día, mientras Eliseo subía a la ciudad de Bet-el, unos jóvenes se burlaron de su calvicie. Eliseo, los maldijo y de inmediato muchos fueron devorados por unos osos:

24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos (2 R. 2: 24).

En esta ocasión la palabra de Dios hizo efecto, porque fue usada por un hombre de Dios que conocía la Ley. Sin el previo conocimiento de la ley de Dios, nadie podía advertir una palabra de juicio o maldecir en el marco del AT7. La palabra de maldición que envió Eliseo, no fue una maldición generacional, fue un juicio inmediato. La Ley prohibía hacer burla de una persona a causa de sus discapacidades:

14 No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de Jehová tu Dios. Yo Jehová (Lv. 19:14).

Este juicio no fue provocado por el puro enojo del profeta, Eliseo estaba bajo la unción divina. Es posible que los jóvenes hayan hecho afrenta al Espíritu de Dios, al ridiculizar a Eliseo como el simple servidor de Elías y no como su real sucesor. Por eso lo severo del juicio. La acción de estos jóvenes solo reveló su vida pecaminosa, que les produjo maldición por causa de su maldad.
















IV. JUICIOS DIVINOS CONTRA EL PECADO


a. El juicio de los Amalecitas

Cuando Dios liberó a Israel de la esclavitud egipcia y les guió rumbo a la tierra de la promesa, los amalecitas8 les negaron el paso por su tierra e hicieron guerra contra ellos sin razón.

Israel no representaba amenaza para los amalecitas; éstos deseaban pasar el territorio en condición de paz. Además, Israel venía cansado, huyendo de Faraón y su paso por aquel territorio era de trámite. Pero los amalecitas, sin piedad alguna, atacaron por la retaguardia al campamento judío y mataron a las personas más débiles y cansadas del pueblo (Dt. 25:17).

Es posible que hayan sido los ancianos, niños y las mujeres. Por ensañarse (sin causa) contra un pueblo indefenso, Dios prometió que haría justicia por los crímenes de Amalec contra Israel y advirtió que borraría su memoria de la faz de la tierra9:

14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo (Éx. 17:14).

Dios destruyó con la espada de Israel a los pueblos que les aborrecían. Posteriormente, en la Ley, la visita generacional establecía que Dios visitaría la tercera y cuarta generación10 de los que le aborrecen. Los amalecitas estaban bajo el juicio divino por su pecado, porque aborrecían a Dios:

16 Y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación11 (Éx. 17:16).

En la antigüedad, había una guerra entre los dioses y Amalec subestimó y retó al verdadero Dios, en nombre de sus dioses12. Amalec, se levantó contra el trono de Jehová”, en un reto abierto contra el Dios de Israel.

Dios les dio muchos años a los amalecitas para que se arrepintieran de su pecado, pero no lo hicieron. Dios conoce el futuro y sabia que Amalec persistiría en su pecado, por eso advirtió un juicio anticipado. El paso de Israel por la tierra de Amalec sacó a la luz el pecado, en el que los amalecitas perseveraron. Dios es justo y si se hubiesen arrepentido les habría perdonado.

Muchos pueblos y personas en el marco de la historia bíblica pudieron ser erradicados por Dios a causa del pecado que les rodeaba, pero Dios hizo una diferencia marcada entre el justo y el pecador13. Por ejemplo, Noé y su familia fueron salvos a causa de su justicia (Fe, Hb. 11:7) mientras vivían en medio de una generación perversa (Gn. 7).

El justo Lot fue rescatado del juicio que Dios envió sobre las ciudades malvadas de Sodoma y Gomorra (Gn. 19; 2 P. 2:8). La ciudad de Nínive estaba bajo el juicio divino a causa de su pecado, pero fue perdonada por Dios porque se arrepintieron a tiempo de sus pecados ante la advertencia divina de destrucción (Jonás 3).

El castigo contra Amalec fue justo. Los pecadores quedan bajo la maldición divina, a causa de sus propios pecados. La maldición no es para los hijos de Dios, es para los pecadores.


b. El juicio de Elí y sus hijos

El sumo sacerdocio israelita fue asignado perpetuamente a Aarón y a su descendencia14:

8 Dijo más Jehová a Aarón: He aquí yo te he dado también el cuidado de mis ofrendas; todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo (Nm. 18:8).

Elí fue sucesor del sacerdocio aarónico, antes de establecerse la monarquía israelita; pero sus hijos fueron perversos y corrompieron el oficio sacerdotal:

12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová (1 S. 2:12).

A causa de su pecado, Dios le quitó el sacerdocio a Elí y a sus hijos y lo cedió al joven Samuel (de otra familia levítica, 1 Cr. 6:33-34), a pesar de que la promesa había sido hecha a la descendencia de Aarón:

30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco (1 S. 2:30).

Dios les habí224a dado el sacerdocio a Aarón y a su des224224cendencia para siempre, pero ese privilegio tenía sus deberes. Dios exige obediencia para cumplir con sus promesas. El servicio sacerdotal demandaba una vida de santidad15, requisito que no cumplió la familia de Elí, por eso en un mismo día murió Elí, por tolerar el pecado y sus dos hijos por su perversión (1 S. 4:17-18).

El relato de Elí y sus hijos es un ejemplo claro de la justicia individual de Dios, quien juzga a cada ser humano por su propio pecado; ni la promesa sacerdotal hecha a Aarón, ni la justicia de sus ancestros libró a Elí y a sus hijos del justo juicio divino.

El juicio contra los hijos de Elí no fue fundado en alguna maldición ancestral (fue un juicio inmediato), sino en el justo juicio de Dios para apartar la corrupción del ministerio sacerdotal en Israel. En contraste con el caso de Elí, los hijos del profeta Samuel, también se pervirtieron como jueces, pero Dios no destruyó a Samuel porque él fue un hombre recto delante de Dios (1 S. 8:1-5). La diferencia fue que Elí, toleró el pecado de sus hijos, aun siendo advertido acerca de su perversión y no tomó acciones concretas para separarlos del sacerdocio.


c. Consecuencias del pecado de David

El rey David pecó contra Dios cometiendo adulterio con Betsabé esposa de Urías, a quien también le fraguó un plan para darle muerte. Dios le advirtió a David que ese pecado tendría consecuencias:

10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer (2 S. 12:10).

La Ley penalizaba un delito aplicando el mismo daño que causaba el agresor. Tanto el adulterio (Lv. 20:10), como el asesinato (Éx. 21:12), eran castigados con la muerte bajo la Ley. David cometió ambos pecados de muerte, pero Dios lo exoneró, porque se arrepintió (2 S. 12:13).

Es evidente en la Biblia que David se arrepintió de todo corazón por su pecado y Dios le perdonó la vida16. Pero, Dios le advirtió que la muerte rodearía su reino y que ésta se levantaría en su propia casa. Sin embargo, la rebelión de Absalón, hijo de David, contra su reino (2 S. 15 y 18), no debe establecerse como ejemplo de un castigo generacional injusto. Absalón murió a consecuencia de sus crímenes y ambición de poder, no por una maldición generacional, pues su padre David fue perdonado de su pecado.

A Salomón tampoco le afectó algún pecado generacional de su padre David y siendo el hijo que nació del pecado de adulterio, tuvo uno de los reinos más bendecidos, pacíficos y estables de Israel.

Absalón cosechó las consecuencias de su propio pecado y Salomón los éxitos de su buena elección. Tanto Absalón como Salomón son hijos de un mismo padre que pecó, pero la elección individual marco la diferencia al final. Esto descarta una herencia pecaminosa en la Biblia. Si ese fuera el caso todos los hijos de David, sin excepción, debieron tener una vida maldita.

La idea de un juicio generacional implica que el castigo se perpetúe y afecte a las futuras generaciones, pero el juicio del pecado de David, fue en vida de éste y no después de su muerte. La posteridad de David fue tan bendecida que de esa línea genealógica descendió el Mesías (Mt. 1:1-17).

Desde la perspectiva divina no existe un pecado heredado de los padres, cada cual sufre las consecuencias de su propio pecado, lo que la Ley advierte es que Dios castiga a los que continúan en las prácticas pecaminosas de sus padres. Es una consecuencia obvia de su propia elección de pecar, pues ni sus padres, ni nadie más le obligan, teniendo la oportunidad de renunciar voluntariamente al pecado.


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  • Los juicios de Dios son individuales y tanto las bendiciones prometidas, como las maldiciones advertidas en la Ley, son un llamado a permanecer fiel a Dios y a alejarse del pecado.

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d. La lepra de Giezi

Naamán un general del ejército de Siria padecía de lepra, este aconsejado por una esclava judía buscó ayuda de Jehová en Israel para sanarse. El general trajo consigo presentes de mucho valor para recompensar a Eliseo, a fin de que orara por él para sanar de su enfermedad (2 R. 5). El profeta rehusó aceptar obsequios, solamente le mando lavarse siete veces en el río Jordán para que fuera sano.

El general obedeció a regañadientes, pero fue sanado de su lepra. Eliseo tenía un criado llamado Giezi, quien, tentado por la avaricia, siguió tras Naamán para pedirle presentes en nombre de Eliseo, sin que este último supiera. Pero el Espíritu de Dios se lo reveló al profeta Eliseo y confrontó a Giezi advirtiéndole que la lepra de Naamán pasaría a él y a su familia para siempre por su pecado: 27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti a tu descendencia para siempre (2 R. 5: 27a).

Esta palabra de Dios dada por el profeta Eliseo fue un juicio específico que aplicaba a la vida de Giezi y a su familia, pero no estaba fundada en un castigo generacional; y es evidente por que la Ley prohíbe condenar a los hijos por el pecado de los padres (Dt. 24:16).

La lepra es una enfermedad contagiosa y era de esperar que afectara toda la familia, pero no obligaba a los descendientes de Naamán a heredar el pecado de su padre. El estigma físico no impedía que los hijos de Naamán alcanzaran la vida o invocaran a Dios para ser sanados.

Ezequías invocó a Dios, cuando el profeta Isaías por palabra de Jehová había determinado que moriría y Dios le prolongó la vida por quince años más (2 R. 20:1-11). El rey Acab se humilló ante Dios cuando se le advirtió juicio de muerte por su pecado y Dios le perdonó, advirtiéndole que estos juicios se llevarían a cabo posteriormente en su hijo (1 R. 21:17-29), no como una maldición generacional, sino porque Dios conocía las inclinaciones pecaminosas del hijo de Acab (el futuro rey) de quien la Biblia señala que se dio al pecado de su padre y de Jezabel su madre (1 R. 22:51-53).

Dios es soberano y en este juicio, Giezi debió cargar el estigma de su avaricia. La mentira que fraguó en lo oculto, se tornó en una vergüenza pública para él y su familia, como evidencia de que Dios no puede ser burlado. Pero, es meritorio aclarar que el estigma físico de la lepra de Giezi, no era un pecado heredado, pues la enfermedad no condenaba el alma de sus descendientes17.

El problema de Giezi era de carácter espiritual, debido a su infidelidad y eso no se hereda. El pecado tiene consecuencias obvias, pero la lepra no les quitaba a los descendientes de Giezi la oportunidad de vivir una vida agradable a Dios y de clamar incluso por sanidad (Éx. 15:26).

Dos aspectos relevantes en torno a las maldiciones y las bendiciones de la Ley son: a) Las bendiciones de Dios fueron prometidas a los fieles al pacto (Dt. 28:1-14). b) Las maldiciones son advertidas a los desobedientes de la Ley (Dt. 28:15-68). En ese sentido, Giezi quebrantó la Ley al codiciar, mentir y engañar (Ex. 20:17; Lv. 19:11), develando que su condición espiritual no era agradable a Dios y estaba expuesto a la maldición de la Ley.

Esta verdad también confirma que los hijos de Dios, que viven de acuerdo a su Palabra, no pueden estar bajo maldición, solo los pecadores. Giezi quebrantó la Ley y demostró a través de sus mentiras, el pecado que anidaba en su corazón (Mr. 7:21). Este caso no se puede considerar como el de un hijo de Dios puesto bajo maldición, porque el hijo obedece y Giezi no obedecía. La Biblia señala que aun los demonios creen y tiemblan ante Dios, pero no le obedecen (Stg. 2:19).

Según el contexto de la Ley, quienes permanecían bajo el pacto divino no podían estar bajo sus juicios (maldición); si no quienes lo abandonaban18. Los hijos de Dios (cristianos) no pueden estar bajo maldición, están bajo la bendición divina, si permanecen fieles a Dios.





























Capítulo 2


EL ANTIGUO TESTAMENTO Y LAS MALDICIONES

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I. LAS MALDICIONES EN EL PERÍODO DE LA LEY


a. El propósito de la Ley

Una de las preocupaciones comunes de los intérpretes de la Biblia, es la manera en que el cristiano entiende la transición de la Ley a la Gracia. La incomprensión acerca de la aplicación de la Ley, en el contexto de la Gracia, puede causar enormes errores de interpretación bíblica, como lo expresa el Dr. Rodolfo Blank, en la introducción a su comentario del Evangelio de Juan: “La falta de conocimiento para hacer una clara distinción entre la Ley y las buenas nuevas (Gracia) puede conducir al intérprete por un camino equivocado, distorsionar el mensaje de San Juan (o los evangelios) y utilizarlo para promulgar ideas y prácticas heréticas” (Blank, 1999. 6).

Estas expresiones son acertadas, si el lector lee literalmente la Biblia sin entender su contexto histórico y sin comprender la diferencia entre la Ley y la Gracia; puede caer en extremos nocivos para la fe cristiana. Aunque el AT establece consecuencias para los que quebrantaban la Ley, éstas eran el resultado de despreciar la bendición de Dios y no una maldición arbitraria resultado de un capricho divino ejecutado por la Ley.

Un semáforo en la calle con su luz roja encendida, advierte que se debe frenar el auto y no continuar en la marcha, hasta que cambie a color verde. La luz roja no está puesta como una trampa para que el ciudadano común la rebase y se accidente, tampoco para que se cometan infracciones a la ley a fin de que hayan sancionados. Originalmente, la idea es la prevención, para garantizar un orden en el que todos sean beneficiados y tengan seguridad en las calles. De igual manera, el propósito de la Ley era advertir el peligro del pecado, para que el pueblo no se apartara de Dios, no para condenarles o maldecirles.

En la actualidad, cuando una familia en circunstancias normales, establece normas correctivas para sus hijos, no lo hace pensando en favorecer o humillar a un hijo en particular. Lo que se pretende es proteger a todos por igual y hacer justicia a cualquiera que sufra agravio, creando un estado de derecho con igualdad para todos.

Dios quería que, a través de la Ley, en Israel imperara la justicia y la misericordia que Él mismo les había mostrado sacándoles de la esclavitud egipcia19. La Ley fue dada para bendecir y proteger al pueblo, no para condenarles; por eso advertía el peligro del pecado, a fin de que no se aparataran de Dios, pues eso les garantizaba su bendición.

La Ley divina no se dio para ensañarse contra el pueblo a quien Dios mismo mostró tanto amor. La Ley trata de evitar las consecuencias del pecado, al crear conciencia del peligro por el mandamiento a fin de evitar el castigo, no para que el individuo se provocara a desobedecerla (Dios no tienta a nadie, Stg. 1:13).

Creer que La Ley era únicamente un elemento de castigo ensañador contra el malo y no una advertencia para mantenerse bajo la bendición de Dios, es desvirtuar el verdadero espíritu de la Ley divina. Los mandamientos de la Ley son preventivos; se dieron con la obvia intención de no quebrantarla para mantener la bendición divina y evitar el castigo advertido a quienes voluntariamente abandonaban el Pacto para seguir vanidades20.

Sería irónico pensar que un Dios justo haya dicho, “no matarás” para que el hombre se sienta tentado a matar; cuando la intención clara del mandamiento es infundir respeto por la vida de cada ser humano. Jesús enseñó la intención preventiva de los mandamientos al señalar: 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno (Mt. 5:29).

La intención de Jesús no era recomendar la mutilación de un miembro del cuerpo como solución al pecado; pues, aunque alguien se mutilara, el pecado aun permanecería en su corazón. Lo que Jesús pretende lograr en sus oyentes es una acción concreta de rechazo al pecado, con el objetivo de evitar la condenación eterna. Sin duda, nadie querrá perder un miembro de su cuerpo, prefiriendo hacer la voluntad de Dios.

Los mandamientos que Dios le dio a Israel, no eran una carga gravosa (Dt. 30:11-14). La maldición resaltó en el relato bíblico por la continua desobediencia de Israel, no porque la Ley fuese un tributo a la maldición. Esa idea no afina con el carácter de un Dios justo y bueno, ni con la intención que da origen a la Ley (bendecir). Eso no significa que Dios tendría por inocente al pecador21. Quebrantar la ley de Dios traería maldición para los desobedientes del pacto, no para los fieles.


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  • El espíritu de la Ley no era punitivo, tenía como objetivo advertir los peligros del pecado. La Ley no fue revelada para ensañarse contra el malo; sino para bendecir y hacer justicia a todos por igual.

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b. La Ley fue un pacto divino de bendición para Israel

Un pacto entre dos partes, se establece para obtener mutuo beneficio. En el caso de los pactos bíblicos, Dios es quien bendice a los seres humanos. El Pacto de Dios con Abraham fue establecido para bendecirle a él, su familia y a la humanidad entera (Gn. 12:1-3, 17:6-7).

Todo pacto tiene dos partes interesadas que gozan de sus privilegios, si cumplen con sus deberes. Por una parte, en el Pacto de la Ley Dios compró el derecho sobre un pueblo que redimió por medio de su poder de la esclavitud egipcia. Dios ordenó que fueran un pueblo santo en medio de la tierra, para ser luz al resto de las naciones y dar gloria a Su santo nombre (Éx. 19:6, Dt. 7:6). Israel es la otra parte interesada de este pacto de bendición y como beneficiario debía cumplir con la Ley para mantenerse bajo la bendición de Dios:

16 Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella (Dt. 30:16).

Israel tenía el deber de mantenerse fiel al pacto para ser bendecidos. La Ley no sería gravosa, sino un deleite22. Pero la continua desobediencia de Israel provocó que en los relatos bíblicos resaltara más la maldición, que la bendición. No obstante, la Ley en sí misma es santa, justa y buena (Ro. 7:12), pero el ser humano es malo (Ro. 7:14). Lo que falló fue el ser humano, no la Ley (Ro. 8:3). En el Pacto de bendición de Dios con Israel la maldición no era impuesta, cada persona decidía permanecer en la bendición o elegir la maldición:

15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal (Dt. 30:15).

Dios quería que el pueblo eligiera la bendición:

16 Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella (Dt. 30:16).

Abandonar el pacto de bendición tenía consecuencias funestas:

24 Más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? 25 Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto, 27 Por tanto, se encendió la ira de Jehová contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro (Dt. 29:24, 25-27).

Desde la perspectiva bíblica, las maldiciones de la Ley no eran obradas por un juicio humano o por antojo satánico (aunque Dios le permitiera a Satanás ejecutar parte de esos castigos)23. Las maldiciones de la Ley eran causadas por consecuencia de abandonar el santo Pacto.





OBSERVACIONES ACERCA DE LAS MALDICIONES

EN EL PERIODO DE LA LEY:


  • Las maldiciones del AT eran consecuencias que sufrían los desobedientes de la Ley que voluntariamente abandonaban el Pacto de bendición que habían concertado con Dios.

  • La voluntad de Dios era que el ser humano permaneciera en bendición y desechara la maldición.

  • La maldición no era una imposición divina, ni una trampa de la Ley, era producto de una mala decisión.

  • Las maldiciones prescritas en la Ley eran advertencias para mantenerse en la bendición divina y alejarse del mal.

  • La maldición bíblica del AT no era obra satánica, ni una palabra mágica pronunciada por un individuo, era producto de la desobediencia y establecida por un justo juicio divino.

  • Dios es soberano, pero no impone maldiciones. Desde que la humanidad hace diferencia entre el bien y el mal, a causa del pecado, puede elegir entre la bendición o la maldición.

  • La palabra maldición en la Biblia generalmente se refiere a las consecuencias de la desobediencia. Implica que las maldiciones son para los desobedientes, no para los obedientes.

  • La Biblia prohíbe proferir maldiciones contra el prójimo. Sólo Dios tiene tal potestad.

  • La Ley es un Pacto de bendición. La maldición es el resultado de abandonarla.












II. LA VISITA GENERACIONAL


a. La visita generacional; ¿Maldición o retribución del pecado?

La visita generacional es una sección específica de la Ley que se refiere a la advertencia de castigo que Dios hizo a quienes abandonaran el pacto de bendición y a sus descendientes que persistieran en pecar. Se debe hacer la diferencia entre todas las maldiciones advertidas en la Ley, que eran específicas a quien la quebrantaba, y la visita generacional escrita en el decálogo.

Generalmente, las maldiciones de la Ley son específicas acerca de las consecuencias que sufrirán los desobedientes. En cambio, en la advertencia de la visita generacional dentro del decálogo, no se detalla de qué manera Dios haría tal retribución de castigo a causa del pecado. Esa atribución únicamente le correspondía a Dios. Lo cierto es que nadie en Israel podía tomar la justicia en sus propias manos con relación a la visita generacional mencionada en los diez mandamientos.

La creencia de una maldición o pecado heredado de los padres hacia los hijos tiene una larga historia en el contexto bíblico que ahora acecha al cristianismo actual, y que seguramente se pretenda sustentar en la visita generacional que Dios advirtió a los desobedientes de la Ley:

5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen (Ex. 20:5).

En esta visita generacional que Dios advirtió en los diez mandamientos no se usa la palabra “maldición”, en cambio señala que Dios visitaría la maldad o castigaría el pecado de quienes le despreciaran para seguir dioses paganos y a sus descendientes que persistieran en ese pecar, sin arrepentirse.

Este castigo no podía ser injusto, ya que la misma Ley ordena que cada quién pagará por su propio pecado, no por los ajenos:

16 Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado (Dt. 24:16).

La pregunta que surge es la siguiente: ¿Existe alguna contradicción entre los dos versos anteriores? El primero (Éx. 20:5), señala Dios que visitará la maldad de los desobedientes que persistieran en pecar y el anterior afirma que la justicia divina es individual, no condena por herencia.

Petuchowsky, en su comentario, “Lecturas Rabínicas Sobre los Diez Mandamientos”, recoge la siguiente respuesta a la aparente contradicción entre estos dos versos:

A esto se ha respondido diciendo que no existe contradicción. Un versículo habla de los hijos que continúan los pecados de sus padres. El otro versículo habla de los que no siguen las malas acciones de sus padres” (Petuchowsky, 1989. 49-50).

Esta aseveración es confirmada por el verso anterior, el cual señala que Dios visitaría la maldad “de los que le aborrecen”. Es evidente que Dios no podía inculpar también a los hijos inocentes y justos que no seguían los pecados de sus padres, en abierta contradicción a la misma Ley, que decreta: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado”.

La visita generacional, debe entenderse como una alusión a los hijos que continuaban en los pecados de sus padres, no a quienes se apartaban de esos pecados. Douma, en su comentario a los diez mandamientos explica lo siguiente:

Esto nos ayuda a darnos cuenta que el castigo y las bendiciones divinas no son automáticos como si el adagio de tal padre, tal hijo, (nieto), se aplicara de manera automática a su forma de vida, de una generación a otra. Sin duda es verdad, que el mal ejerce gran influencia. Cuando un padre se aparta del Señor, sin duda es milagroso que su hijo, encuentre la senda correcta. Es obvio que, bajo la influencia del padre, se espera que también el hijo se aparte del Señor. No es accidental que una maldición así, se anexe a este mandamiento concreto. Si un padre cae en el pecado, esto no implica necesariamente la ruina de sus descendientes; y si un padre anda en el camino de los mandamientos del Señor, esto no garantiza que sus hijos lo harán” (Douma, 2000. 75-76).

Es de esperar que un padre con su mal ejemplo, incline el corazón de sus hijos a la maldad. Al expresar que Dios visitaría la maldad, “de los que le aborrecen”, no incluye a los hijos obedientes. Es una clara advertencia para que los hijos no sigan los malos caminos de sus padres y esa misma expresión (los que me aborrecen) implica que Dios no castiga a los obedientes por pecados de sus padres.

No es compulsorio que un hijo siga los caminos de su padre (buenos o malos). La justicia divina fundada en la Ley, es de aplicación individual, no generacional (Dt. 24:16). Esto significa que Dios castigaría a quienes continuaban en las prácticas pecaminosas de sus padres, no a quienes rechazaban el pecado.

Para reforzar estos comentarios con evidencia bíblica, basta resaltar algunos ejemplos. Tal es el caso del piadoso rey Josafat, quien tuvo un hijo impío (Jorán, 1 R. 22:43). A Josías, uno de los reyes más temerosos de Dios, le sucedieron en el reino tres hijos y un nieto impíos (1 R. 22 y 23). En estos casos los hijos no siguieron los buenos ejemplos de sus padres.

Por otro lado, al rey impío de Judá, Acaz (quien hizo pasar su hijo por fuego en sacrificio a los dioses paganos de Canaán y que le dio las espaldas a Jehová, 2 R. 16), le sucedió en el reino su hijo Ezequías, quien quitó los ídolos en Israel e incluso la serpiente de bronce que hizo Moisés, a la cual los israelitas le quemaban incienso en adoración. La Biblia señala que ni antes, ni después de él hubo otro rey tan celoso por Jehová en Judá (2 R. 18), a pesar de haber nacido de un padre impío.

Ezequías eligió hacer lo bueno y Dios no le podía condenar por los pecados de su padre, los que él no siguió, porque la justicia divina es individual.

Los hijos no están obligados a seguir los pasos de sus padres, el bien y el mal son una elección individual que Dios respeta. Los ancestros heredan costumbres, no transmiten pecados por osmosis. Se aprenden costumbres, principios y valores (buenos o malos); pero nadie está obligado a obedecerlos, ni se condena automáticamente a una eternidad de perdición por pecados ajenos. Cada quien elige en vida el destino eterno de su alma.

Referente a la visita generacional escrita en los Diez Mandamientos, que es la base bíblica más fuerte a partir de la cual se pretende sustentar la enseñanza de las maldiciones heredadas, no se menciona la palabra “maldición”, lo que Dios advierte es una clara retribución por el pecado a quienes se apartaban voluntariamente del pacto de bendición y a sus hijos que siguieran sus pasos.

Un asunto relevante sobre la visita generacional, es que el pueblo de Israel desarrolló una idea errónea de lo que Dios había prescrito en el Pacto, pervirtiendo el sentido original de la Ley. Esto no es extraño, es bien sabido por la historia bíblica, que el pueblo judío le agregaba cargas más duras a sus seguidores de lo que la misma Ley establecía (Mt. 15:2-6, 23:4; Lc. 11:46).

Dios tampoco autorizó al pueblo de Israel a juzgar o ensañarse contra su prójimo a causa del pecado de sus padres en cumplimiento de la visita generacional que él advirtió hacer a los desobedientes de la Ley. Esta fue una atribución deliberada de los líderes judíos, los cuales estigmatizaban de maldito al hijo de un pecador, aunque este no fuese pecador como su padre.

El señalamiento de un pecado familiar heredado fue, a todas luces, una equívoca interpretación de la visita generacional de los judíos, quienes tomaron por sí mismos la atribución de juzgar al prójimo por su pasado familiar, amparados en su forma tradicional de interpretar la Ley, no por orden divina.

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  • La visita generacional no la sufrirían quienes vivían en obediencia al pacto de la Ley; sino los que lo abandonaban. Los hijos de los pecadores caían bajo maldición, solamente si seguían las prácticas pecaminosas de sus padres. Precisamente, la advertencia de la Ley era para evitar ese castigo (Éx. 20:5).

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b. El decálogo y la visita generacional a los desobedientes de la Ley

Es muy importante entender la causa que da origen a los mandamientos de la Ley, ya que sería inexplicable pensar cómo un Dios que separó a Israel para santificarlo y apartarlo de las abominaciones de la tierra, pudiera a la vez maldecir su heredad. En relación a la visita generacional el decálogo señala:

1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos (Éx. 20:1-2, 5-6).


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