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EL

LLAMADO

AL

MINISTERIO

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EL LLAMADO AL MINISTERIO

Copyright © 2012 por Joel Perdomo





Prohibida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso escrito del autor. Al menos que se indique lo contrario, los textos bíblicos han sido extraídos de la versión Reina-Valera 1960.



Publicado en EUA por JOEL PERDOMO


































ÍNDICE


Capítulo - 1 - EL LLAMADO DIVINO

I. LLAMADOS A PROCLAMAR EL EVANGELIO…………...13

  1. Dios anhela restablecer su comunión con la humanidad

  2. Llamados a predicar el Evangelio de Jesucristo

  3. Llamados al servicio del ministerio divino

II. LAS FASES DEL LLAMADO DIVINO………………….…..16

  1. Dios es quién llama al servicio ministerial

  2. El ser humano puede aceptar o rechazar el llamado divino

  3. Un llamado genuino puede pervertirse en el proceso

III. EVIDENCIAS DEL LLAMADO DIVINO………………….22

  1. Señales del llamado divino

  2. Los llamados tienen respaldo divino en el ministerio

  3. Cualidades de los llamados

IV. EL PROCESO DEL LLAMADO DIVINO……………….…26

  1. La promesa del llamado

  2. La aceptación del llamado divino

  3. La rendición al método divino

  4. Sin fe… Es imposible agradar a Dios

  5. La disposición del ser humano cuenta en el llamado

Capítulo 2 - EL DISEÑO DEL PLAN DIVINO

I. UNA VISIÓN PARA CUMPLIR CON LA MISIÓN………..33

  1. Una visión espiritual

  2. Dios deposita su visión en los llamados al ministerio

  3. Dios transforma la vida de quién recibe la visión

  4. El impacto de la visión divina

II. LA OPOSICIÓN AL PLAN DIVINO………………………...39

a. La oposición a la visión divina

b. Confrontando la oposición externa

c. Confrontando la lucha interna

III. TESOROS EN VASOS DE BARRO…………………………44

  1. Toda gloria le pertenece a Dios

  2. Sometiendo el carácter a la voluntad divina

  3. Los enemigos gratuitos

Capítulo 3 - ABRAHAM: “Fe sin límites”

I. LA FE EN EL LLAMADO DIVINO…………………………...49

a. Las promesas divinas se alcanzan por medio de la fe

  1. La fe es probada durante el llamado

  2. Hay que creer… Antes de ver

Capítulo 4 - MOISÉS: “El llamado divino tiene su tiempo”

I. DIOS CUMPLE SUS PROMESAS A SU TIEMPO…………55

  1. Moisés renunció a las glorias de Egipto

  2. Moisés en la escuela del desierto

  3. Moisés responde al llamado divino

Capítulo 5 - JOSÉ: “Implicaciones del llamado divino”

I. LOS EFECTOS DE LA VISIÓN………………………………..61

  1. José “El soñador”

  2. La visión produce persecución

  3. Dios torna todo para bien de los que le aman

II. LA FE SOSTIENE LA VISION………………………………..67

  1. José mantuvo firme su fe

  2. Sueños que matan y dan vida

Capítulo 6 - DAVID: El proceso del llamado divino

I. EL LLAMADO DE SAÚL Y DAVID…………………………..71

  1. Saúl y David fueron llamados por Dios

  2. El legítimo llamado de Saúl

  3. Señales del llamado ministerial de Saúl

  4. Dios demanda obediencia durante el ministerio

  5. La envidia y el celo ministerial

II. EL LLAMADO DE DAVID……………………………………78

  1. El llamado divino y sus implicaciones

  2. David fue escogido por Dios como rey de Israel

  3. David fue ungido como rey

  4. David fue perseguido por envidia

III. EL DESPRECIO A CAUSA DEL LLAMADO DIVINO…..85

  1. Dependencia total de Dios

  2. David se finge loco para salvar su vida

  3. El proceso del perdón

  4. La confianza en la justicia divina

  5. Cómo enfrentar los enemigos gratuitos

IV. LA JUSTICIA DIVINA EN EL LLAMADO………………..94

  1. La confianza en la justicia divina

  2. Dios convierte el lamento en gozo

  3. La paciente espera en Jehová

V. LA RESTAURACIÓN EN EL LLAMADO…………………..98

  1. El perdón es la máxima expresión del amor

  2. Integridad a toda prueba

  3. Cuando el pecado toca a la puerta de los llamados

  4. Siembra amor y cosecharás perdón

Capítulo 7 - JEREMÍAS: Llamados a ser testigos

I. SIN APARENTES RESULTADOS EN EL MINISTERIO…103

    1. El llamado de Jeremías

    2. Cumple tu llamado y déjale el resultado al Señor

Capítulo 8 - JUAN EL BAUTISTA: El costo de la verdad

I. LA GRANDEZA DE JUAN EL BAUTISTA………………...107

  1. El profeta más grande entre los hombres

  2. Características de Juan el bautista y Elías

  3. La grandeza de Juan el bautista

  4. La integridad de Juan el bautista

Capítulo 9 - LA OBEDIENCIA AL LLAMADO DIVINO

I. LA OBEDIENCIA DURANTE EL LLAMADO………………113

  1. Tres principios de obediencia al llamado divino

  2. El ejemplo de la obediencia absoluta de Cristo

  3. La obediencia al llamado divino es incondicional

  4. El llamado divino tiene su tiempo
















DEDICATORIA


Dedico este libro a todos los santos alrededor del mundo que han abrazado incondicionalmente el llamado divino para servir en los diferentes ministerios de la iglesia, aun por encima de sus propios intereses.

A quienes han tenido que abandonar su familia para seguir el llamado divino llevando el Evangelio a lejanas tierras, en sincero servicio a Dios y amor al prójimo.

A los que sufren persecución por causa del Evangelio de Jesucristo y han ofrendado sus vidas al servicio del reino de Dios, sin importar las consecuencias, con tal de obedecer el llamado divino.

A los que han entendido que servir a Dios es un privilegio, no una carga. Jesús dijo a sus seguidores que se gozaran y alegraran cuando sufrieran por causa de su santo Nombre, pues el galardón es grande en el reino de los cielos (Mt. 5:11-12).


El llamado divino se forja en la adversidad;

como el precioso metal se fragua en el fuego.

Joel Perdomo
































PRÓLOGO


Hay circunstancias típicas que suelen rodear a quienes son llamados a servir en los diferentes ministerios de la Iglesia. Los hombres y mujeres de Dios llamados al servicio ministerial, por lo general deben renunciar a sus propios anhelos para seguir la voluntad divina.

El llamado divino, implica que Dios separa ciertas personas para desarrollar una función ministerial, específica, dirigida a la predicación del Evangelio y la extensión del reino de Dios en la tierra.

La vida de los llamados al servicio en el reino de Dios, está rodeada de experiencias aleccionadoras y retos que deben enfrentar para lograr las promesas divinas.

Algunas de estas experiencias están plasmadas en los relatos de los personajes bíblicos, que sirven como espejo para poderse reflejar1 y encontrar respuestas del porque la fe de los llamados al servicio ministerial, comúnmente es probada.

Jesús mismo enseñó esta verdad a todos sus seguidores diciendoles: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese asimismo, y tome su cruz y sígame’’ (Mt. 16:24).

Los personajes bíblicos inspiran con las grandes victorias que lograron por creer, aceptar y obedecer el llamado divino, abriéndose paso en medio de las dificultades de la vida y soslayando los retos del camino por medio de la fe.

No es extraño que los llamados por Dios a realizar una obra en el reino experimenten circunstancias difíciles, a veces este suele ser el medio que Dios utiliza para mostrar su gloria. Si no hay un obstáculo que vencer, tampoco habrá victorias que celebrar. Alguien dijo que: “Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los llamados”.

La Biblia muestra que Dios endureció el corazón de Faraón para que Moisés pudiera ver la gloria de Dios (Ro. 9:17). Job, hablando acerca del trato amoroso de Dios con sus hijos señala: Dios hace la llaga y Él la cura (Job, 5:18).

Dios permite las dificultades, pero también provee la salida para poder vencer. El torna todas las cosas para el bien de los que le aman. En especial de los que conforme a su propósito han sido llamados (Ro. 8:28).

Si alguien es capaz de creerle a Dios en cualquier circunstancia, Él no tardará en honrar su fe. Los retos que Dios le hace a los seres humanos implican dar grandes pasos de fe. Dios primero muestra la maqueta de sus planes para que los resultados sean patentes por medio de la fe.

A Dios nada le toma por sorpresa. Toda obra que llama a hacer está ya realizada, antes de que se lleve a cabo. Dios llama las cosas que no son como si fuesen: Él cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Ro. 4:17b). No obstante, Dios obra por medio de la fe de sus hijos para llevarla a cabo. Si bien, Dios es quien llama al servicio ministerial, se requiere la disposición, fe y obediencia del ser humano en respuesta al llamado divino.


Joel Perdomo






INTRODUCCIÓN

Dios es soberano en sus propósitos, pero no obliga a sus criaturas a servirle, Él respeta la decisión de sus criaturas. Aun después de la rebelión de la primera pareja, Dios sigue llamando al ser humano a que le sirva voluntariamente. La Biblia muestra que los seres creados por Dios gozan de libre albedrío. Aun las personas que Dios llama al servicio ministerial lo hacen voluntariamente en respuesta al llamado divino.

La rebelión de Satanás y los demás ángeles en el cielo muestra que los seres creados por Dios gozan de libre voluntad, de otra manera no se habrían rebelado (Ap. 12:7). El libre albedrío para elegir se nota también en la primera pareja, a quienes Dios les dio la capacidad de poder elegir entre el bien y el mal (Gn. 2:16-17). Dios quiere una obediencia voluntaria y no puede existir verdadera obediencia, si no existe la opción a desobedecer.

En cuanto al servicio ministerial es igual, Dios no obliga a sus hijos a que le sirvan en el ministerio, les da la oportunidad de elegir. Dios como creador conoce a cada ser humano y prepara de antemano un plan para que sus hijos le sirvan, pero al final cada cual decide lo que hará.

La Biblia señala que Dios llamó a Noé en medio de su generación para que fuese su testigo fiel y advirtiera a la humanidad del diluvio universal a causa del pecado (Gn. 6, 8). Dios les dio oportunidad de arrepentirse de sus pecados a toda esa generación, pero solo Noé y su familia fueron librados por su obediencia a Dios.

Dios llamó a Abram siendo un pagano para que le sirviera. El obedeció la voz divina sin titubeos (Gn. 12) y Dios cumplió su promesa de hacer de él una gran nación.

Dios llamó a Moisés, audiblemente para liberar al pueblo judío, cuando vivían bajo esclavitud en la tierra de Egipto y los liberó con grandes señales de su poder (Éx. 3). Dios unge con su poder a los que obedecen el llamado al servicio ministerial a fin de que cumplan su misión.

Dios escogió a Aarón y su familia para el sacerdocio a fin de ministrar en el culto del templo judío (Éx. 28:1, 43). Dios eligió jueces en Israel, entre otros: Jefté (Jue. 6:12-14); Sansón (Jue. 13); Samuel (1 S. 3).

Dios escogió a los reyes que debían gobernar a Israel, entre ellos: David (1 S. 16:12-13) y Saúl (1 S. 9:17). Sería interminable la lista si se menciona las personas que Dios llamó al servicio divino, incluyendo a todos los profetas.

Es indudable que Dios es quien llama al servicio ministerial y espera una respuesta del ser humano.

Desde la perspectiva bíblica, Dios es quien escoge y llama al servicio ministerial. Las personas solo se disponen a obedecer el llamado divino. El cristiano debe tener consciencia de su propio llamado al servicio ministerial, esto le producirá gozo y seguridad en lo que emprenda.

Las vivencias de los personajes bíblicos que fueron llamados al servicio ministerial son una fuente de ricas experiencias que sirven hoy para entender mejor el llamado divino. También ayuda a evitar los errores que otros cometieron en el pasado, si se aprende de ellos.

El llamado divino se obedece por la fe y se desarrolla dentro de un proceso del que surgen muchas preguntas. Este libro está dirigido a dar luz, para entender el llamado a servir en cualquier ministerio de la Iglesia.

Capítulo 1


EL LLAMADO DIVINO

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I. LLAMADOS A PROCLAMAR EL EVANGELIO


a.Dios anhela restablecer su comunión con la humanidad

La Biblia muestra que, en el principio, el ser humano gozaba de perfecta armonía con Dios (Gn. 2:15-17), pero esta fue afectada por la desobediencia humana.

Después del pecado de la primera pareja, Dios se ha manifestado en diferentes maneras en su afán de restablecer su comunión y revelar su gran amor a la humanidad. El escritor de la carta a los Hebreos explica:

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hb. 1:1-2).

Dios escogió personas en diferentes épocas para ser portadores de su mensaje de amor y deseo de comunión con la humanidad, como Enoc, Noé, Abraham, Moisés y otros profetas. Luego, el pueblo de Israel fue llamado por Dios para ser luz a las naciones, pero fracasó en su misión (Éx. 19:5-6). Finalmente, Dios en su amor infinito envió su Hijo amado Jesús a la tierra, a fin redimir a la humanidad del pecado y de la muerte. Pero el conflicto de la relación Dios-hombre no se remite solo al pecado de Adán y Eva. El problema es de carácter individual, debido a la falta de voluntad humana para ajustarse al carácter y a la voluntad divina. Después de la caída, el ser humano está inclinado al mal y es Dios quien se acerca para revelar su mensaje de amor. Dios es quien toma la iniciativa de salvar la humanidad.


b. Llamados a predicar el Evangelio de Jesucristo

Dios ha comunicado su voluntad a la humanidad por medio del mensaje del santo Evangelio de Jesús y espera una respuesta de cada individuo. Pero el reto de predicar el Evangelio al mundo o servir en algún ministerio de la Iglesia es dado a los hijos de Dios y es preciso que cada uno cumpla con su llamado. Ni a los ángeles se les dio el privilegio de predicar el Evangelio (1 P. 1:12).

El profeta Isaías proclama la urgencia divina de llevar las buenas nuevas de salvación, siendo imprescindible que alguien acepte el reto de predicar el Evangelio. Pablo lo explica de la siguiente manera:

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?  ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Ro. 10:14-15).

Los elegidos al servicio del ministerio deben responder el llamado divino para que el mensaje sea predicado al mundo.


c. Llamados al servicio del ministerio divino

Jesús ascendió al cielo ante la vista de sus discípulos, pero antes estableció diferentes ministerios en la Iglesia, con el objetivo de darle un ordenamiento, con el propósito de capacitar a los cristianos para la obra del ministerio, y que de manera ordenada sean más efectivos en su labor evangelizadora en la tierra. Aquí algunos de los ministerios relacionados a proclamar la Palabra de Dios:

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:11-12).

Si bien estos ministerios son los principales con relación a la predicación del Evangelio, los ministerios de la Iglesia no se remiten a estos cinco ministerios de la Palabra. Hay diversidad de ministerios que Jesús le ha delegado a su Iglesia en la tierra para que como un cuerpo ordenado pueda ser efectiva en su misión evangelizadora:

De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Ro. 12:6-8).

En esta lista de dones los ministerios son sinónimos, haciendo notar la diversidad en el servicio del ministerio, pero enfatizando más la unidad por encima de la individualidad o importancia de cada ministerio.

La iglesia es un solo cuerpo, pero cada ministerio tiene su propia función y son asignados a cada persona por Dios, según su voluntad, como a Él le place: ”Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11).

En el Antiguo y Nuevo Testamento los ministerios son asignados por Dios. Nadie sirve en el ministerio por antojo personal, es un privilegio que procede de Dios.

II. LAS FASES DEL LLAMADO DIVINO


a. Dios es quien llama al servicio ministerial

Dios es todopoderoso y tiene ejércitos de ángeles a su disposición (Sal. 103:20); pero, le dio a seres humanos el privilegio de predicar su Palabra (1 P. 1:12). Dios llama, capacita y envía individuos para realizar su obra en la tierra.

La Biblia muestra que Dios hace partícipe a sus hijos en su misión de comunicar su mensaje a la humanidad (Ro. 10:15). Dios elige personas de acuerdo a su voluntad para que cumplan una misión específica relacionada a su reino. Dios llamó a Abraham, Moisés, Noé, Samuel y otros con el fin de comunicar su voluntad a la humanidad. Un ejemplo bíblico en la era de la Iglesia, son los apóstoles, que fueron escogidos por Jesús para el servicio del Evangelio:

Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios (Mr. 3:13-15).

Cuando Dios llama, el ser humano escucha y entiende sin duda el llamado. Dios en su soberanía elige a quien Él quiere, para servir en algún ministerio del reino. Aunque la forma en que Dios llame sea diferente en cada caso, hay algo que no cambia, siempre es Dios quien llama al servicio del ministerio. De alguna manera, quien es llamado al servicio divino entenderá claramente que Dios le escogió para realizar una labor específica en el reino.

No se debe tomar un ministerio divino por voluntad propia. Aunque la disposición humana es compulsoria para cumplir los propósitos divinos, es Dios quien decide a quien elige, pues solo Él conoce el corazón del ser humano.

Aunque Dios utiliza medios humanos para hacer efectivos sus planes, como sus autoridades delegadas, asambleas, etc., al final, el verdadero llamado al servicio ministerial depende exclusivamente de Dios, no de los hombres. Dios honrará la fe de los que, siendo legítimamente llamados, obedezcan su voz.

Los llamados no se pueden estereotipar. Dios puede llamar a alguien a través de un rayo, pero no se debe esperar que en cada llamado divino caiga un rayo.

Dios llama de diversas maneras al ministerio, a veces directamente, a través de las circunstancias, etc. Lo importante es tener seguridad de haber sido llamados por Dios a fin de evitar un juicio (Jr. 48:102). El servicio ministerial no es una profesión o una vocación personal, se desarrolla bajo una elección divina.

Todo cristiano es llamado a servir en la obra de reino de Dios; pero, los ministros llamados al servicio completo del Evangelio son escogidos directamente por Dios.

Todo ministro llamado al servicio divino tendrá como denominador común, el respaldo de Dios en lo que emprende. Dios prosperará la visión de un ministro llamado legítimamente al ministerio. No implica que deba ser inmediatamente. La misión que Dios le asigna a sus ministros puede tomar tiempo, pero, al final habrá resultados de dicha labor, no conforme al deseo personal; sino de acuerdo al plan de Dios. El resultado incluso, puede ser póstumo, si es legítimamente llamado por Dios.

b. El ser humano puede aceptar o rechazar el llamado

Dios es soberano y puede hacer conforme a su voluntad con sus criaturas. No obstante, Dios respeta el libre albedrio humano y en su efecto diseña un plan para cada individuo, a fin de que responda a su llamado.

La disposición del ser humano es tomada en cuenta por Dios en sus planes, Dios respeta la decisión final de quien es llamado al ministerio. Si Dios no obliga a sus criaturas a obedecerle, menos podrá servir en el ministerio alguien que no haya sido llamado. Desde la perspectiva divina el llamado divino es irrevocable: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento” (Ro. 11:29).

Dios no puede retractarse, pero de parte del ser humano el llamado al servicio divino puede ser rechazado. El verso anterior enfatiza la firmeza de los favores de Dios. Él no se retracta de su elección y del llamado que ha dispuesto para un individuo. Él no puede negarse a sí mismo:

Si fuéremos infieles, Él permanece fiel;

Él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti. 2:13).

No implica que, si Dios llama a alguien a realizar una obra, como sea lo hará, sin importar su decisión. El llamado es irrevocable porque Dios es soberano y no cambia, pero el ser humano cambia y puede rechazar el llamado.

El verso anterior señala que, aunque fuésemos infieles, Dios permanece fiel. Implica que el ser humano falla, pero Dios no. Si la respuesta del ser humano es favorable Dios cumplirá sus promesas, pero si se resiste al llamado, Dios no está obligado a bendecirle. Dios honrará a los que no le honren, pero los que le desprecian serán tenidos en poco (1 S. 2:30).

Hay casos bíblicos en los que Dios ha usado medios para que personas cumplan con su voluntad, cuando estos han estado indecisos, pero Dios les ha obligado.

Jeremías fue seducido por el gran amor de Dios a continuar su ministerio en un momento de decepción a causa de la rebeldía del pueblo de Israel (Jr. 20:7-18). También sintió que era un hombre que no tenía la capacidad de hablar de parte de Dios (Jr. 1: 4-10).

Moisés se sintió igualmente impotente y con miedo ante el enorme reto de su llamado y Dios le ayudó, pero no rehusó a cumplir su llamado (Éx. 4:10-17).

En un extremo peligroso están los que se dejan engañar por el pecado. Estos piensan que si están destinados para un ministerio o para salvación, Dios lo hará como sea; sin importar su decisión o respuesta al llamado divino.

Ese grave error ha conducido a muchos a la herejía, pues todas las promesas de Dios están sujetas a la obediencia voluntaria del ser humano. De lo contrario, ni el sacrificio de Cristo, ni la predicación del Evangelio tendrían sentido.

Si Dios obligara al ser humano a obedecerle, en vano se predicaría un arrepentimiento para perdón de los pecados. Dios simplemente obligaría a toda la humanidad a servirle. Pero no es así, Dios respeta la decisión de cada persona.


c. Un llamado genuino puede pervertirse en el proceso

Hay llamados genuinos al ministerio que con el paso del tiempo pueden ceder a la tentación y torcer la verdad de Dios. Esto puede conducir a distintas herejías.

En la Biblia se encuentra el clásico ejemplo del sacerdote Elí (descendiente de Aarón). A su familia Dios se le había prometido el sacerdocio levítico para siempre (Éx. 29:7-9), pero Dios se lo quitó por su desobediencia y lo cedió a otra familia levita, a pesar de la promesa:

Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco” (1 S. 2:30).

No existe contradicción alguna en el carácter de Dios. Él es inmutable. En ninguna parte de la Biblia (referente al sacerdocio) Dios prometió que respaldaría a los sacerdotes en sus ministerios, aunque fueran pecadores. Al contrario, el pacto que Dios hizo con los sacerdotes era explícito acerca de la vida de santidad y separación para el ministerio que debían guardar (Éx. 28:36-38).

La promesa de un sacerdocio eterno hecha a Aarón y sus descendientes estaba sujeta a la obediencia del llamado santo. Ninguna persona que sea llamada por Dios puede separarse de su carácter santo y justo y a la vez pretender mantener la promesa. Dios no es participe del pecado.

Elí y sus hijos fueron desechados del sacerdocio porque quebrantaron el pacto divino. Los hijos de Elí se entregaron a una vida de pecado y su padre lo consintió. No puede haber nada más herético que pensar que Dios, que es santo, deba cumplir sus promesas e incluso salvar a alguien que se desvía de la Verdad. Quien piense así, debe arrepentirse antes que sea demasiado tarde.

Alguien legítimamente llamado al ministerio puede pervertir su llamado y conformarse voluntariamente al pecado, con la excusa de que Dios es amor. Pero si no hay arrepentimiento verdadero, el pecado posteriormente saldrá a la luz causando mayores pérdidas (1 Ti. 5:24-25).

La Biblia relata el caso de Saúl y David, ambos fueron llamados legítimamente por Dios (1 S. 9:16, 10:1 y 2 S. 12), pero cada uno eligió su destino final. Mientras David se tornó a Dios cuando pecó (2 S. 12); Saúl decidió permanecer en su pecado, resultando en un final fatal (1 S. 31:2-4). Saúl y David habían sido llamados legítimamente por Dios, ungidos con el mismo aceite santo por el mismo profeta de Dios; pero sus caminos fueron distintos por sus decisiones personales con relación a la voluntad de Dios.

Implica que un llamado legítimo puede ser pervertido durante su proceso de desarrollo y se pueden perder las bendiciones divinas.

Un líder que pervierte su ministerio puede fácilmente arrastrar muchos seguidores con sus herejías, pues al principio se ven muestras del respaldo divino y cuando pervierten sus ministerios es difícil que sus seguidores logren entender la nueva realidad que les embarga.

No obstante a los fracasos, se debe señalar que el arrepentimiento genuino conduce a la plena restauración ministerial. Dios da tiempo para el arrepentimiento aun a sus ministros, porque su amor es inmensurable.








III. EVIDENCIAS DEL LLAMADO DIVINO


a. Señales del llamado divino

Hay señales que suceden alrededor de la vida de los llamados al servicio divino que les confirma su legítimo llamado, aparte de la prosperidad de su labor.

Aun antes que Dios le diera la promesa a David de que sería rey, ya se manifestaba el poder Dios en su vida de forma sobrenatural para enfrentar sus enemigos (1 S. 17:34-37). Cuando Moisés fue llamado por Dios experimentó algo sobrenatural al ver ante él, una zarza que ardía y no se consumía (Éx. 3:2). Dios convirtió la vara de pastor de Moisés en una culebra y su mano se tornó leprosa, para luego ser sanada como señal del poder de Dios (Éx. 4). Dios inspiró la fe de Moisés con estas señales, antes de comenzar su ministerio.

La misión de Moisés fue monumental y aunque no todos los llamados al servicio ministerial pueden esperar que Dios actúe en el mismo nivel de los personajes bíblicos u otros ministros, lo importante es estar convencido de haber sido llamado por Dios al servicio divino.

Los llamados no deben estereotiparse, cada uno es distinto del otro, pero Dios, en su sabiduría infinita y multiformes medios se lo hará entender a quienes son llamados al servicio del ministerio3.

Hay un principio que no cambia en la Biblia, a saber: Dios es quien separa para el ministerio. Dios toma la iniciativa en el llamado y espera una respuesta.

b. Los llamados tienen respaldo divino en el ministerio

Al aseverar que todo ministro debe tener un llamado legítimo al servicio ministerial, implica que se pueden tomar posiciones ministeriales que no corresponden o que no hayan sido asignadas por Dios. Esta es una de las razones más importantes de entender el llamado divino.

Son innumerables los casos bíblicos de personas que trataron de usurpar ministerios que no les correspondían y fracasaron o fueron puestos bajo el juicio de Dios.

Saúl en un momento de desesperación ofreció sacrificios a Dios que no le eran permitidos hacer y eso le costó que su reino fuera de poca duración, aun siendo llamado legítimamente por Dios y confirmado por el profeta Samuel en su cargo (1 S. 13).

Otros personajes bíblicos recibieron juicios inmediatos por usurpar ministerios que no les correspondían. Tal es el caso de Coré y un séquito de personas que se levantaron contra Moisés e hicieron sacrificios que no les correspondían, sino a los sacerdotes levitas. Dios les consumió con fuego del cielo por su rebelión (Nm. 16).

En el Nuevo Testamento se menciona a los hijos de Esceva, quienes pretendieron echar fuera demonios como hacía Pablo (sin vivir en santidad), pero los demonios no obedecieron y fueron agredidos y avergonzados por usurpar una autoridad que no les había sido conferida (Hch. 19:13-16). Hay personas que por diversas razones o intereses personales se autodenominan con un título ministerial, sin haber sido llamados legítimamente. Dios no respalda a quienes no hayan recibido llamado al ministerio.4 No significa que los llamados al servicio ministerial no pasarán dificultades, pueden ser las mismas circunstancias de cualquier ser humano. La diferencia será que al final, Dios le dará la victoria a los llamados que luchen con paciencia y mantengan firme su fe.


c. Cualidades de los llamados

Dios separa a sus ministros, sin importar su preparación académica, posición social u otras cualidades individuales que a la vista humana pudieran ser dignas de reputación. Dios conoce el corazón de todo ser humano y el llamado al servicio divino esta ajeno a los atributos que humanamente puedan contar. Dios llama al servicio del ministerio a quien Él quiere, basado en su omnisciencia (Él lo sabe todo).

David no llenaba los requisitos básicos de un guerrero para pelear contra el gigante Goliat, ni siquiera podía manejar correctamente las armas de guerra (1 S. 17:38-39). Inicialmente, Saúl menospreció a David por su juventud y poca experiencia en la guerra; pero David fue el único israelita que pudo derrotar al gigante, porque su confianza estaba puesta en Dios, no en sus propias fuerzas (1 S. 17:33). Desde la perspectiva humana, David no estaba apto para gobernar Israel, pero para Dios era el elegido.

Cuando Dios llamó al profeta Samuel para ungir al sucesor del rey Saúl en el reino de Israel, le dirigió a la familia de Isaí. Este hombre hizo desfilar delante del profeta siete de sus hijos y Samuel fijó su mirada en Eliab, quien poseía unas condiciones físicas típicas de un guerrero, pero Jehová le respondió al profeta:

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 S. 16:7).

Los seres humanos se forman criterios por la impresión que les causan los demás, pero Dios conoce el corazón de todo ser humano y no se deja impresionar. Después que desfilaron los siete hijos de Isaí, ninguno fue elegido por Dios. El profeta preguntó si eran todos sus hijos e Isaí se acordó que su hijo menor no había sido presentado al profeta. Era el más insignificante de todos como candidato y estaba ausente porque cuidaba las ovejas de su padre.

Nadie, ni aun el padre de David creía en su capacidad, pues no le tomaron en cuenta, ni mencionaron su ausencia mientras se elegía al escogido de Dios. David, pero cuando fue traído ante el profeta Samuel, Dios le dijo:

Levántate y úngelo, porque éste es” (1 S. 16:12b).

Dios no buscaba alguien con grandes atributos físicos que se agenciara la gloria de las victorias que Él le daría a Israel, sino alguien que reconociera la gloria de su poder.

David supo reconocer que Dios era su fuerza y de sus debilidades aprendió a depender de Dios. No es que Dios busca la gente más débil para que le sirvan, pero Dios juzga de manera diferente a los seres humanos, porque Él conoce el corazón. Jesús exhortó a los judíos, a no juzgar por apariencias (Jn. 7:24). Los juicios basados en los propios significantes pueden ser errados. El llamado al ministerio debe nacer primero en el corazón de Dios y después debe ser confirmado por el ser humano.

IV. EL PROCESO DEL LLAMADO DIVINO


a. La promesa del llamado

Dios elige y llama a una persona para que realice una obra específica en su reino (visión) que usualmente va acompañada de una promesa divina. En la Biblia se encuentran varios casos similares. Al llamado de Abraham se le unió una promesa de bendición:

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Gn. 12:1-2).

Dios le dio promesa a Moisés, de sacar a Israel de la esclavitud de Egipto y antes le mostró lo que sucedería:

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte” (Éx. 3: 10-12).

En el nuevo pacto Dios llamó a Saulo y a Bernabé para un ministerio específico por medio del Espíritu Santo:

Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch. 13: 2).

Es evidente en la Biblia que el llamado al ministerio va acompañado de ciertas promesas divinas relacionadas al tipo de ministerio o labor de cada persona en el reino.

Aunque el llamado y los dones divinos son irrevocables para quien lo recibe: Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Ro. 11:29), la promesa del llamado solo será el puntal de fe para alcanzarla.

Para que un ministerio logre consolidar y realizar su ministerio debe mantener la fe hasta el final, sin importar si se entiende o no la forma en que Dios lo llevará a cabo.

El cumplimiento de la palabra verdadera de Dios con relación al ministerio solo puede ser impedido por la persona que ha sido llamada, si no obedece hasta el final. Aunque haya un llamado legítimo, su cumplimiento está sujeto a la fe y obediencia de quien ha sido llamado al ministerio. Eso implica que un llamado legítimo, se puede menospreciar. En tal caso, Dios siempre cumple sus propósitos utilizando a otra persona.


b. La aceptación del llamado divino

De la experiencia del llamado del profeta Isaías, se pueden extraer importantes principios relacionados al servicio divino (Is. 6). Isaías, fue trasladado a un escenario espiritual donde Dios le hizo tener una experiencia sobrenatural. Isaías se humilló en la presencia de Dios, reconociendo que era indigno de estar en aquel lugar.

A pesar de ser trasladado a esta experiencia espiritual donde pudo contemplar la gloria de Dios, Isaías no fue obligado de inmediato a llevar el mensaje divino, aunque Dios lo llevó hasta allí con ese propósito. Luego que Dios le santificara para estar en su presencia, Isaías escuchó la voz audible del Señor que lanzaba una pregunta al aire:

¿A quién enviaré, y quién irá por Nosotros?” (Is. 6: 8a).

Dios lanzó una pregunta a quien la escuchara, aunque la alusión era directa para Isaías. El respeto de Dios por el ser humano se nota en esta experiencia. Dios prefirió que su pregunta quedara abierta a la respuesta de algún candidato valiente y esperó que Isaías respondiera, en vez de darle una orden.

Dios quería comunicar un mensaje a su pueblo y necesitaba un mensajero. Aunque Dios mismo había preparado de antemano aquel escenario y conocía la disposición del corazón de Isaías, prefirió auscultar su corazón a través de este llamado. Al escuchar el llamado divino, prontamente Isaías respondió:

Heme aquí, envíame a mí” (Is. 6:8b).

Dios le permitió a Isaías elegir entre obedecer o negarse. Todo servicio a Dios es voluntario, aunque el señale a alguien para servirle, esperará una respuesta.

El llamado al ministerio se puede rechazar y esa desobediencia puede causar consecuencias y pérdidas en quien lo desprecia, aunque Dios siempre llevará a cabo sus planes con otras personas que se dispongan y acepten el reto. En los planes divinos nadie es especialmente indispensable. Dios solo cuenta con los que se rinden voluntariamente a su servicio.

Dios puede tener un trato fuerte con aquellas personas que resisten su llamado, pero sólo llevará al extremo de la obediencia a los que en verdad lo desean en su corazón, pero no encuentran las fuerzas para renunciar a lo que les impide obedecer. Para que el llamado divino sea consumado, es necesario que el ser humano acepte y obedezca el plan divino, después de ser llamado.


c. La rendición al método divino

Todo llamado divino a cualquier ministerio tiene sus propias características e implicaciones particulares. La aceptación del llamado divino es el primer paso hacia el pleno ministerio, pero a veces, el método para conquistar las promesas divinas suelen ser el más grande escollo que los llamados deben librar.

El llamado divino es incondicional, no depende de las circunstancias y Dios llama a un rendimiento total a su voluntad en el momento que Él lo pide:

Y llamando a la gente y a los discípulos les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mr. 8:34).

Jesús mandó a sus seguidores a negarse a sus propios deseos, para seguir su voluntad y que le dieran prioridad a lo eterno, con relación a lo temporal (Mt. 8:19-22).

Hay quien se queda en esta primera etapa. Aceptan el llamado divino, pero no les agrada el método que Dios elige para llevar a cabo su voluntad. Usualmente se tiene una idea preconcebida de cómo Dios podría llevar a cabo su plan, pero los modelos humanos pueden ser totalmente distintos y contrarios al designio divino. Esto puede producir grandes frustraciones por no entender el plan divino. Aunque la voluntad de Dios implique pasar por ciertas dificultades; posteriormente se convertirán en grandes victorias, a través de la fe. El método divino siempre será el mejor.

La Biblia señala que las pruebas no causan gozo, sino tristeza. Pero después se tornan en grandes lecciones que servirán de edificación para la vida de los hijos de Dios (Hb. 12:11). Aunque el método divino sea diferente al que se tenga en mente, sin duda será el más conveniente, confiable y seguro. Dios es sabio y sus pensamientos son más elevados y profundos que los humanos, porque Él conoce el futuro (Is. 55:8-9).


d. Sin fe… Es imposible agradar a Dios

Hay principios divinos que rigen el reino de Dios que son inherentes al carácter y la naturaleza divina, que determinan su voluntad. La Biblia es clara en señalar que sin fe es imposible agradar a Dios (Hb. 11:6). Eso implica que nadie puede agradarle, sino es por medio de la fe. Dios mismo provee la fe que necesitan sus hijos por medio de sus promesas en la Biblia.

Los llamados divinos siempre van acompañados de ciertas promesas, como el caso de Abraham: Y haré de ti una gran nación”. A veces con ciertas advertencias: Vete de tu tierra” (Gn. 12:1-3). En ocasiones específicas con señales evidentes de su poder (Éx. 4) o con autoridad delegada para actuar en Su nombre (Mt. 10:8).

Dios presenta su plan al ser humano y espera que se ejecute por medio de la fe. Abraham salió de su lugar de origen en obediencia a Dios, sin saber a dónde iba.

Dios comienza su obra desde el final. En su presciencia, ya vio todo realizado y luego llama a una persona para que realice esa obra que físicamente no se ve:

El cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Ro. 4:17).

Dios, como arquitecto de la historia humana, primero presenta la maqueta de sus planes y para ver la obra original realizada, hay que creerle y actuar por la fe.

La fe deviene en obediencia. No se puede profesar creerle a Dios, sin obedecerle. Abraham debió marcharse de su tierra hacia un lugar desconocido en absoluta obediencia a Dios, y sin saber específicamente a donde iba o lo que le esperaba. La fe fue evidenciada por medio de su obediencia.

e. La disposición del ser humano cuenta en el llamado

La voluntad humana es respetada por Dios. La disposición de cada individuo cuenta en el llamado divino.

Cuando Pablo tuvo su encuentro personal con Jesucristo y escuchó su voz en la ruta hacia Damasco, sus primeras palabras fueron de sumisión a su voluntad:

El, temblando y temeroso, dijo:

Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:6).

Pablo, convencido de que Jesús le había hablado, se rindió inmediatamente para hacer su voluntad y le preguntó al Señor qué debía hacer, en una actitud de obediencia al llamado de Jesús y de renuncia a sus planes personales.

Jesús narró en una parábola, como la disposición del ser humano a aceptar su voluntad influye en el servicio ministerial. Comparando el reino de los cielos a un hombre que necesitaba trabajadores para sus labores:

Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo” (Mt. 20: 1-7).

Este hombre de la historia fue al lugar donde los obreros estaban esperando ser contratados para trabajar. Es el dueño de la viña quien toma la iniciativa, porque tiene necesidad de trabajadores, pero los obreros también estaban dispuestos a ser contratados, por eso estaban en la plaza esperando una oportunidad.

Nadie que no estuviera dispuesto a trabajar estaría esperando ser contratado. Dios es quien llama, pero la disposición humana cuenta en la consumación del llamado. Dios no hace nada en contra de la voluntad humana. Aunque puede usar la corrección con sus hijos para que le obedezcan, cuando resisten el llamado, no les obliga (Job 5:17-18; Pr. 3:11-12; Hb. 12:5-6).

La expresión: “Porque nadie nos ha contratado” explica que los obreros en mención estaban dispuestos a trabajar, pero nadie les había contratado. Lo mismo sucede en la viña del Señor, Él está buscando obreros, dispuestos a servir en su reino (Mt. 9:37-38).

No se debe usar la excusa de no haber sido llamados por Dios para no trabajar en su reino. No todos los cristianos son llamados al pleno ministerio, pero todo discípulo de Jesús debe ser un testigo, en fe, conducta y palabra. No se deben mal interpretar estos dos conceptos.

Hay quienes enseñan como regla general que Dios solo llama gente ocupada en lo secular, pero en el caso anterior los llamados estaban desocupados, porque no había empleo y Jesús les contrató para que le sirvieran.



Capítulo 2


EL DISEÑO DEL PLAN DIVINO

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I. UNA VISIÓN PARA CUMPLIR CON LA MISIÓN


a. Una visión espiritual

Toda persona llamada por Dios a realizar una obra en su reino, recibe una visión acerca de lo que debe hacer. Esta visión no se refiere a un éxtasis. En realidad, es un proyecto del plan que Dios anticipadamente, ha preparado para que se realice. A veces Dios lo pone en el corazón (Fil. 2:13).

Dios llama al ministerio con un propósito específico y es determinante conocerlo; de otra manera, será difícil tener éxito ministerial. Este plan divino puede ser revelado antes o durante el llamado; pero se debe orar diariamente para que Dios devele la forma de ejecutarlo.

No se conocerán en su totalidad los detalles e implicaciones de los proyectos divinos, pero se debe pedir sabiduría a Dios para entender y obedecer sus directrices paso a paso sin objeción, aunque no se entienda porque suceden todas las cosas que Dios permita en el camino y las que escapan a nuestro entendimiento. Dios obra por medio de la fe de sus hijos y cumple a su manera lo que promete, si se le cree y obedece hasta el final.

Para que una visión sea efectiva debe proceder primero del corazón de Dios. Los planes puramente humanos, por bien intencionados que sean, no producirán los resultados deseados. En cambio, una persona que ha sido genuinamente llamada por Dios verá el resultado de su servicio, porque trabaja a base de la visión que Dios ha puesto en su corazón, no de sí mismo.

Cuando Dios llamó a Zorobabel a hacer la obra monumental de restaurar la ciudad destruida de Jerusalén, le dio una palabra que hace eco a través de los siglos, para toda persona llamada al servicio divino:

Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zc. 4:6).

Zorobabel necesitaba un gran ejército para sentirse humanamente seguro ante la oposición de sus enemigos en su tarea de reconstruir Jerusalén. Israel no tenía un ejército formado, ni las armas necesarias para defenderse de sus enemigos, pues los muros y la ciudad estaban derribados. Dios le advirtió a Zorobabel, que no se apoyara en sus propias fuerzas, que confiara en el poder del Espíritu Santo para realizar la obra.

La confianza en Dios es más importante que los mismos recursos con que se cuente en el ministerio; la dependencia total de Dios es algo de lo que todo llamado no debe prescindir o se expone al fracaso.

Toda persona llamada al servicio divino debe ser dirigida por el Espíritu de Dios para realizar la obra del ministerio. La sola confianza en sí mismo (intelecto, influencias, poder, dinero, profesión o capacidad propia) es inútil para hacer la voluntad de Dios, se debe depender totalmente de Él, todo el tiempo, para no perder el rumbo.


b. Dios deposita su visión en los llamados al ministerio

Dios revela sus planes directamente a la persona que Él llama al ministerio y no se debe esperar que los demás entiendan o acepten dicho llamado, pues puede conducir a la frustración. La visión ministerial legítima puede ser controversial, porque exige cambios. Es de esperar la oposición porque se desarrolla en un mundo hostil entregado al pecado.

Dios deposita su visión en personas que Él escoge, tengan o no una posición social, económica o preparación académica. Dios conoce el corazón de sus hijos y no espera que le impresionen. Dios suele glorificarse en personas que no tienen mucho en que confiar y a los que tienen a veces les despoja de todo aquello en lo que pudiesen confiar para que aprendan a depender totalmente de Él.

Cada visión posee un modelo único y no se debe parecer a la de otro llamado. A veces los retos que Dios llama a emprender son totalmente diferentes a los que ya están establecidos como norma. Dios siempre sorprende con cosas nuevas, aunque sus planes siempre se ajustan a lo establecido en la Biblia, nunca la contradicen.

Cuando Dios dirige a sus hijos por medio de su Espíritu Santo a hacer una obra en su reino, la victoria está garantizada, porque Dios ya vio todo realizado de antemano, solo espera que se le crea para verlo realizado. Todos los recursos necesarios han sido preparados y suplidos de antemano por la providencia divina (Ro. 4:17).


c. Dios transforma la vida de quien recibe la visión

Quien recibe el llamado al servicio divino es transformado a fin de cambiar la vida de otros. Nadie que no haya sido tocado por el poder divino podrá afectar positivamente la vida de otros.

La visión cambia y transforma a quien es llamado al servicio ministerial, para elevarlo al nivel de fe y conocimiento que Dios quiere llevarle a fin de impactar a los demás. Primero tiene que haber una transformación en quien recibe la visión, para poder impactar a otros.

Moisés usó como excusa muchos temores personales que le impedían cumplir con el llamado divino. Pensó que no le creerían porque carecía de poder militar para enfrentar a Faraón. También trató de evadir el llamado divino con el pretexto de no ser un hombre elocuente para hablar. Dios confrontó a Moisés y le hizo superar esas limitaciones (Éx. 3 y 4:1-17).

Quien es llamado al ministerio primero sufre una transformación en su vida. Moisés no fue el mismo desde el día que Dios le llamó y vio su poder manifestado (Éx. 3). David no fue igual desde que la unción de Dios se manifestó en su vida y podía vencer osos y leones por el poder de Dios (1 S. 17:34-37). Saulo cambió el día en que Jesús se le apareció camino a Damasco (Hch. 9:1-19).

Una persona transformada por el poder de Dios no puede pensar como el común de los humanos. Cuando Moisés envió los espías para observar la tierra de Canaán que Dios había entregado en sus manos, la mayoría de los que fueron se atemorizaron a causa de las ciudades fortificadas y los gigantes de aquellas tierras. Pero, Caleb y Josué no se enfocaron en los gigantes ni en los muros, ellos vieron lo que Dios quiso que vieran, porque su visión había sido transformada por el poder que Dios había mostrado a través de Moisés (Nm. 13, 14).

La visión puede causarles miedo a los incrédulos que pueden causar el rechazo o el menosprecio del líder. A Josué y a Caleb el pueblo les quiso apedrear por señalar que esos pueblos cananeos serían como un bocado de pan para Israel. Pero fueron librados por el poder de Dios de las manos del pueblo, siendo los únicos de aquélla generación que posteriormente poseyeron la tierra a causa de su fe (Nm. 14). Los demás perecieron en el desierto.

Jesús impartió su visión a doce personas que Él escogió y por medio de ellos transformó al mundo por el poder del Evangelio. La visión divina transforma para bien la vida de quien la recibe, para que pueda impactar a otros. El plan de Dios no busca intereses mezquinos, no pretende crear famosos, siempre persigue el objetivo de bendecir a toda la humanidad (Hch. 3:25).


d. El impacto de la visión divina

La visión divina causará un impacto en la persona llamada, su familia y comunidad. Es posible que alcance a toda una generación y hasta puede marcar la historia. Pero habrá reacciones diferentes en los vecinos.

Es casi seguro que habrá imitadores de los verdaderos llamados divinos, pero estarán destinados al fracaso. No tiene nada de malo imitar lo bueno de un ministerio. Pablo señala: Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1). Sin embargo, cuando alguien consciente o inconscientemente trata de usurpar un llamado divino, tomando posiciones ministeriales que no han sido aprobadas por el Señor, puede causar gran confusión alrededor de los llamados genuinos, pérdidas personales, y hasta herejías destructivas. El peligro es inminente.

Se pueden imitar las buenas acciones y hasta las claves del éxito de otros llamados al ministerio, pero no se puede imitar su llamado per se. El llamado al servicio del ministerio solo procede de Dios y es muy individual.

La persona llamada por Dios puede impactar la vida de los que le conocen si obedece a Dios, de tal manera, que parecerá que muchos se unen a la causa, pero con el paso del tiempo se podrá notar que no todos están dispuestos a obedecer y seguir el llamado al servicio divino.

Quienes reciben el llamado al servicio del ministerio y son obedientes, pueden hacer cosas más grandes que sus propios maestros. Jesús mismo, al finalizar su obra en la tierra les dijo a sus discípulos que ellos verían cosas mayores de las que Él manifestó, porque Él estaría a la diestra del Padre para interceder por sus hijos (Jn. 14:12).

Pero se debe tener el cuidado de darle voluntariamente a Dios toda la gloria. El Señor no obliga a los llamados a que le atribuyan la gloria de sus victorias. Será deber de los llamados reconocer quien les envió e inclinar totalmente el corazón de sus discípulos al señorío de Cristo, no a la adoración del ser humano.

Los seres humanos pueden influenciar grandes masas de gentes para bien o para mal. Generaciones completas han sido influenciadas por los ideales de otras personas. Unos han sido dirigidos a la perdición por falsos maestros; otros han sido transformados para bien y dirigidos a eterna salvación por hombres y mujeres llamados genuinamente por el Señor al servicio del ministerio.




II. LA OPOSICIÓN AL PLAN DIVINO


a. La oposición a la visión divina

Es típico que una persona llamada al servicio ministerial sufra oposición, porque los ministros son delegados por Dios para ejercer autoridad en la tierra, donde operan las fuerzas del mal. Además, la maldad del corazón humano también se opondrá férreamente a dichos propósitos. Los llamados deberán luchar contra la oposición de Satanás, los seres humanos y aun contra su propia voluntad.

La incomprensión de los llamados, aun de parte de las personas más allegadas, suele ser una de las consecuencias más comunes que sufre quien es llamado al servicio ministerial, pues no todos gozarán del mismo nivel de fe y revelación que posee quien ha recibido el llamado.

Jesús mismo fue incomprendido por Pedro, quien tenía unas expectativas diferentes (un reino terrenal inmediato). Jesús tenía el objetivo de salvar a la humanidad por medio de su sacrificio y Pedro quería librarle de la cruz (Mr. 8:33).

Jesús fue tildado de endemoniado y loco por los judíos: “Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís? (Jn. 10:20). Cuando Jesús declaró abiertamente ser el Mesías de Israel, sus mismos familiares creyeron que se había vuelto loco: Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3:21). Aun los hermanos de Jesús creyeron en el Él hasta después de su muerte (Jn. 7:1-5).

Los llamados al ministerio deben prepararse para enfrentar la oposición, no pueden esperar que todos entiendan o crean su llamado al servicio ministerial. Solamente asegúrese que haya sido Dios quien le llamó.

Cuando David, por inspiración divina, trató de luchar contra Goliat fue criticado por sus hermanos de querer abandonar el cuidado de las ovejitas de su padre para ser espectador de la batalla. Su decisión de enfrentar al gigante fue ridiculizada y menospreciada como un acto descabellado y arrogante (1 S. 17:28). Sus propios hermanos no entendieron el llamado de David.


b. Confrontando la oposición externa

La fe no está lejos de la razón en los que le creen a Dios. El convencimiento propio acerca del poder de Dios brinda seguridad en las promesas divinas a los llamados al ministerio. La fe está íntimamente vinculada al llamado divino. Dios espera que se den pasos de fe para alcanzar las promesas.

Dios llama al servicio ministerial sin condiciones e independientemente de las circunstancias que rodean cada ser humano. La obra de Dios depende totalmente de Él, no de la condición de quien es llamado al ministerio. Se debe estar preparado para enfrentar con sabiduría y valor los retos y la oposición al plan divino. Los llamados al servicio ministerial deben disponerse a obedecer a Dios por encima de las circunstancias y obstáculos del camino.

Como Dios no obra de acuerdo a los cánones humanos, no se debe esperar que los demás entiendan tan claro el plan de Dios como lo percibirá quien ha recibido el llamado ministerial. Desde la perspectiva bíblica pareciera que la lucha más enconada de toda persona llamada al servicio ministerial, es la oposición de los hombres.

Moisés debió enfrentar la oposición del Faraón. David recibió férrea oposición del rey Saúl, antes de alcanzar las promesas. En una ocasión David dijo que prefería que Dios le castigara por sus errores, antes que caer en manos de sus enemigos (2 S. 24:14). David entendía que el ser humano no tiene misericordia, pues detrás de cada intención de maldad, está Satanás.

La lucha contra los seres humanos puede ser muy hostil. No obstante a las armas espirituales que Dios le ha proveído al cristiano para vencer el mal; el amor será la más poderosa para vencer a los enemigos físicos (1 P. 4:8).

Toda persona llamada al servicio ministerial debe estar preparada para recibir oposición a su llamado o sufrirá grandes decepciones y hasta el fracaso en su ministerio. Los llamados al ministerio deben tomar la firme decisión de obedecer a Dios por encima de la voluntad humana, cuando haya que decidir entre ambas.

Dios mostrará su voluntad divina, pero obedecer el llamado es una decisión personal. Dios puede quitar los obstáculos del camino y obrar en las circunstancias o personas que se oponen al llamado; pero en ocasiones Dios usa estas circunstancias adversas para formar el carácter de sus hijos y hay que estar dispuestos a que Dios obre su propia justicia por encima de los sentimientos personales (Ro. 12:19).


c. Confrontando la lucha interna

Si la oposición humana hiere el corazón de todo hijo de Dios, la lucha interna entre la voluntad humana y la divina es la batalla que más confusión y problemas causa a los llamados al servicio ministerial.

La lucha interior es la batalla más grande, puesto que Cristo derrotó a Satanás y la fe vence al mundo, pero quien controla la voluntad humana sino el mismo ser humano. Mantener sometida la voluntad personal a la de Dios constituye uno de los retos más grandes de los llamados al servicio ministerial, pues el conflicto original que desató el caos de la humanidad fue la falta de obediencia a Dios. El problema número uno del ser humano es que su carácter no se ajusta a la voluntad de Dios.

Anteriormente explicamos que Dios primero muestras sus planes antes que se realicen (Ro. 4:17). Eso implica que la persona llamada al ministerio recibirá una obra para realizar durante su ministerio, pero la base sobre la que estará fundada esa visión será la fe de quien la recibe. Durante el proceso en que se devela el plan divino, la visión deberá sostenerse por la fe de quien ha recibido el llamado ministerial.

Eso provocará una lucha constante, pero normal, entre lo que Dios ha prometido y la razón humana. A veces la razón y la lógica dirán todo lo contrario a las promesas divinas. Habrá momentos como el de Cristo en la cruz, cuando parece que todo se detiene en el plan divino y con la impresión de que Dios ha desaparecido del escenario y nos ha abandonado (Mt. 27:46). La fe será probada antes de ver los resultados esperados en el ministerio.


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