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LOS

MINISTERIOS

DE LA

IGLESIA

LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA

Copyright © 2014 por Joel Perdomo





Prohibida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso escrito del autor. Al menos que se indique lo contrario, los textos bíblicos han sido extraídos de la versión Reina-Valera 1960.







ÍNDICE


Introducción………………………………………………………………….…7


Capítulo 1 - MINISTERIOS LLAMADOS AL SERVICIO DE DIOS

I. USOS BÍBLICOS DE LA PALABRA MINISTERIO……………………….…9

  1. ¿Qué significa la palabra ministerio?

  2. El servicio, es el más excelente de los dones

  3. El servicio en la Iglesia primitiva

II. FUNCIONES DE LOS MINISTERIOS……………………………………....14

  1. La adoración

  2. La proclamación del Evangelio

  3. El discipulado

III. MINISTROS LLAMADOS AL SERVICIO DIVINO…………………………18

  1. La exaltación en el servicio

  2. La humillación conduce a la exaltación

  3. La humildad reflejada en la vida de Jesús

  4. La humildad de Juan el Bautista


Capítulo 2 - LOS MINISTERIOS EN EL REINO DE DIOS

I. EL REINO DE DIOS………………………………………………………..…25

  1. ¿Qué es el reino de Dios?

  2. El reino de Dios sobre la tierra

  3. Jesús regresará a establecer su reino sobre la tierra

II. MINISTROS AL SERVICIO DEL REINO DE DIOS………………………..32

  1. Los ministros son llamados a servir; no a ser servidos

  2. Haciendo tesoros en el cielo

  3. Reyes y sacerdotes de Dios

III. CARACTERÍSTRICAS DE LOS MINISTROS DE DIOS……………….…42

  1. El carácter de los ministros de Dios

  2. Los apóstoles de Cristo sacrificaron sus vidas por amor

  3. Los santos y profetas del AT sirvieron a Dios sin condiciones

  4. El ejemplo de Cristo como ministro


Capítulo 3 - LOS MINISTERIOS COMO EL CUERPO DE CRISTO

I. LA NATURALEZA DE LOS MINISTERIOS………………………………47

  1. Un cuerpo con diferentes miembros

  2. Los diferentes miembros de la Iglesia

  3. Los dones y ministerios de la Iglesia


Capítulo 4 - LOS MINISTERIOS BAJO EL GOBIERNO DE LA IGLESIA

I. LA AUTORIDAD DELEGADA A LA IGLESIA EN EL REINO DE DIOS…53

  1. Los ministerios gozan de la autoridad delegada a la Iglesia

  2. Edificando sobre el fundamento de Cristo

II. LOS MINISTROS FORMAN EL CUERPO DE CRISTO…………………..57

  1. La unidad del cuerpo de Cristo (Iglesia)

  2. La fuente de autoridad de la Iglesia

  3. La analogía de Jesús como árbol de vida

  4. La unidad de Dios con su Iglesia


Capítulo 5 - LOS MINISTERIOS PRODUCEN ORDEN EN EL REINO DE DIOS

I. LA JERARQUÍA DE LOS MINISTERIOS…………………………………...63

  1. Los apóstoles fundadores

  2. Los ministerios producen orden en el reino


Capítulo 6 - LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA

I. EL FUNDAMENTO DE LOS APÓSTOLES………………………………...69

  1. El testimonio de los doce apóstoles de Cristo

  2. ¿Qué significa el fundamento apostólico profético?

II. LOS MINISTROS FORMAN EL CUERPO DE CRISTO…………………..76

  1. Los apóstoles primitivos fueron enviados directamente por Jesús

  2. El nivel de autoridad delegada a los apóstoles fundadores

  3. Testigos oculares de la resurrección de Cristo

  4. Poder para escribir mandamientos

  5. No existe evidencia histórica en cuanto al nivel de autoridad y revelación de los apóstoles fundadores.

III. EL APOSTOLADO DE PABLO………………………………………………83

  1. Pablo fue llamado directamente por Jesús

  2. Los apóstoles de Jesús aprobaron al apóstol Pablo

  3. El apostolado judío y gentil

  4. Un apostolado peculiar

IV. LA GRANDEZA EN EL REINO DE DIOS…………………………………..90

  1. El que quiera ser grande; debe ser el siervo de los demás

  2. La grandeza absoluta del reino pertenece a Dios


Capítulo 7 - EL PASTOR………………………………………………………….93

  1. El ministerio del pastor

  2. La naturaleza del ministerio pastoral

  3. La labor ministerial pastoral


Capítulo 8 - EL MAESTRO

I. MAESTROS DE LA PALABRA DE DIOS………………………………......97

  1. El ministerio del Maestro


Capítulo 9 - EL EVANGELISTA

I. EL APOSTOLADO DE PABLO……………..………………………………102

  1. Predicadores del Evangelio


ANEXO……………………………………………………………………………...105




































INTRODUCCIÓN


El estudio del orden y la función de los diferentes ministerios en el reino de Dios, es un tema esencial para que la Iglesia logre su cometido de evangelizar al mundo.

La Iglesia es llamada a funcionar, de acuerdo al orden de los ministerios establecido por Jesús en la Biblia. Son los ministerios los encargados de revelar el Evangelio al mundo y de hacer discípulos para Jesús.

Cada ministerio tiene una función específica en el reino de Dios y todos son igualmente importantes para evangelizar al mundo. Cuando los ministerios logran una armonía escritural en la función de cada uno, la Iglesia marcha triunfante ante las fuerzas del mal, logrando su misión evangelística en la tierra.

Un cuerpo no puede funcionar, ni responder normalmente a las órdenes que le envía el cerebro, si uno de sus miembros está afectado. Así mismo, la Iglesia no podrá realizar su obra, mientras los ministerios no encajen uno con el otro. Esta armonía de los ministerios no se puede lograr en un sistema carente de fundamento bíblico; o matizado con una falsa unidad que se inclina a la reverencia de un ministro o ministerio.

La unidad del cuerpo de Cristo (Iglesia) se logra a través del sometimiento voluntario, y el respeto de los diferentes ministerios entre sí, dirigidos por la cabeza que es Jesús.

Este libro persigue el propósito de ayudar a comprender la función de cada uno de los ministerios de la Iglesia, a fin de que armonicen para ser efectivos en la obra que Dios les ha asignado en la tierra.

Esperamos que esta aportación brinde luz, para entender más la función de cada uno de los ministerios de la Iglesia aquí tratados, a quienes con pureza de corazón y sinceridad anhelan servir con humildad, en el reino de Dios. Amén.


Joel Perdomo, U. S. A., 2014.























Capítulo – 1 –


MINISTERIOS AL SERVICIO DEL REINO DE DIOS



I. USOS BÍBLICOS DE LA PALABRA MINISTERIO


a. ¿Qué significa la palabra Ministerio?

La palabra ministerio (y ministro) proceden de diferentes raíces, tanto en hebreo, como en el griego bíblico. Entre otras palabras, en el AT se usa mesharet (hb.) para referirse a quien está al servicio de alguien más importante, de un rey o de Dios.

Esta palabra se usa para referirse a Josué, como servidor de Moisés (Éx. 24:13); a Giezi, como sirviente de Eliseo (2 R. 4:43). También se refiere a los sacerdotes que servían o ministraban en el templo de Dios (Éx. 28:43). Los que adoran a Dios son llamados servidores o ministros. Dios llamó a Abraham, su servidor (Gn. 26:24).

En el NT se usa la palabra diaconeo (gr. servir o ayudar), para referirse a los ministros. En su forma básica significa, atender a la mesa, cuidar, servir de manera abarcadora1.

La palabra ministro en su significado llano es servir. En el contexto bíblico se refiere a la ministración humilde y gratuita de las ayudas y dones espirituales en beneficio de los hermanos en la fe (Iglesia). Por tanto, un ministro no es más que un servidor de Dios. Mas que un título, ministrar es servicio amoroso y desinteresado a Dios y al prójimo.

De esta misma raíz (diaconeo) procede la palabra diácono, que es un ministerio de servicio, primero asignado a ciertos discípulos de la iglesia primitiva que servían alimentos en las mesas, a los demás hermanos en la fe. Para este ministerio de servicio en las mesas (diácono), aparentemente insignificante, la Iglesia primitiva escogió a discípulos llenos del Espíritu Santo. Porque servir es el mayor de todos los dones:

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.

Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hch. 6: 2-3).

Los apóstoles aprendieron de Jesús, durante su ministerio terrenal, que el título ministerial no era más importante que su llamado a servir. Ni siquiera cuestionaron que debían servir a las mesas, lo hacían espontáneamente, considerándolo un privilegio afín a su llamado. Ellos fueron los encargados de repartir los panes y los peces a la multitud que milagrosamente, alimentó Jesús (Mr. 8:1-9).

Al crecer el número de conversos en la Iglesia primitiva, los apóstoles se sintieron obligados a asignar la tarea de servir a las mesas a ciertos discípulos (llamados diáconos o servidores), debido a que la cantidad de personas a servir era demasiada y estaban descuidando la predicación del Evangelio. Indudablemente, ellos consideraban que servir era esencial en su llamado ministerial. La Iglesia es entendida como un solo cuerpo que trabaja por un fin común. Todo somos iguales ante Dios, independientemente de los ministerios, dones, capacidades, solo que con diferentes funciones de acuerdo a la voluntad de Dios.

Los diáconos fueron una extensión del ministerio de servicio al que habían sido llamados los apóstoles. Una mano amiga que les ayudó en su extensa misión de servir a Dios y al prójimo.

La palabra ministro (diácono) en su raíz y etimología implica tácitamente servir. Así que, un ministro en el reino de Dios, es de forma llana, uno que sirve. En este caso, los ministros son llamados al servicio divino2.

La palabra ministro en la Biblia, no se usa como un título ostentoso, alude al servicio voluntario a Dios y por extensión al prójimo. Es penoso que a través del tiempo los títulos ministeriales se usen para la preponderancia de los ministros y no en su sentido original de servicio. Apegados al texto bíblico, el ministro es llanamente uno que sirve voluntariamente, por amor y con humildad al Señor.

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  • Apegados al texto bíblico, el ministro es uno que sirve voluntariamente, por amor y con humildad al Señor”.

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b. El servicio es el más excelente de los dones

El ser humano, a diferencia del resto de la creación, fue hecho a imagen de Dios. Dios le dio inteligencia y autoridad para gobernar sobre todo lo creado en la tierra. El ser humano no tiene potestad de crear, solo puede compartir lo que Dios le ha dado, sean cosas materiales o dones espirituales. El ser humano es solo un administrador de lo que Dios ha creado.

Pablo señala que nadie se debe gloriar por lo que ha recibido, pues son solo dones divinos:

Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Co. 4:7).

Como ser creado, el ser humano debe ser humilde en reconocer sus capacidades y limitaciones:

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Mi 6:8).

Dios demanda humildad del ser humano y hacer misericordia al prójimo. Ayudar al prójimo nos enseña que solo somos administradores de los bienes divinos, que nos ha confiado, para beneficio propio y de los demás.

En los tiempos bíblicos, para los griegos el servicio era denigrante, ellos decían: nacimos para mandar. El judío no considera que el servicio sea indigno, ya que el mandamiento de amar al prójimo implica servir. En el NT la palabra diaconeo se usa como atender en la mesa, provisión para el sostenimiento físico, supervisión de las comidas (Lc. 10:40, Hch. 6:1). Paradójicamente, Jesús presenta el servicio como el más excelente de los dones. El mismo se presentó como ejemplo de servicio, al no agradarse a sí mismo; sino que se humilló cuando vino a la tierra a servir a los demás (Mt. 20:25-28, Lc. 22:24-27).

Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo (esclavo)” (Mt. 20: 26-27).

Pedro escribió que los líderes deben pastorear la grey del Señor, pero no para enseñorearse de ella, como si fuesen los dueños:

Apacentad la grey de Dios. No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1 P. 5: 2a y 3).

El principio de servir en el reino de Dios fue reflejado por Jesús durante su ministerio, su humildad fue tal que lavó los pies de sus discípulos como ejemplo a sus seguidores (Jn. 13:4). Jesús mismo atenderá personalmente a sus siervos en su reino (Lc. 12:37). Todo don es para edificar el cuerpo de Cristo:

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12).

La Biblia está nutrida de actos de bondad y de servicio de hombres y mujeres consagrados a Dios. Muchos, sin saberlo, en sus actos de bondad al prójimo, hospedaron ángeles (Hb. 13:2).


c. El servicio en la Iglesia primitiva

En el amor (Ágape3) está implícito el servicio al prójimo. La Biblia señala que el amor, es el más grande de todos los dones (1 Co. 13). Una manera sencilla de expresar el amor, es a través de los actos de cuidado y de servicio al prójimo.

Los cristianos de la Iglesia primitiva entendían claro el servicio amoroso de los unos a los otros. Ellos hacían una cena comunal, durante la celebración de la Cena del Señor, a la que llamaban Ágape4. Esta cena era símbolo del amor divino y de la unidad de la Iglesia primitiva:

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch. 2:44-46).

La Iglesia primitiva es un gran ejemplo de lo que debe ser la Iglesia del Señor, los cristianos tenían en común todas las cosas y se repartían de acuerdo a la necesidad de cada uno. No había aprovechados, ni tampoco mezquinos; tenían un mismo corazón para compartir en común todas las cosas.


II. FUNCIONES DE LOS MINISTERIOS

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Siendo partes integrales de un mismo cuerpo, cada ministerio cumple ciertas funciones específicas dentro del reino de Dios a fin de que la Iglesia logre su misión de adoración, servicio, proclamación del Evangelio al mundo y formación de nuevos discípulos para Cristo, entre otras.


a. La adoración

Dios es el soberano creador de todas las cosas (visibles e invisibles, Ro. 1:20; Col. 1:16) y como tal, merece adoración de sus criaturas. Dios es digno de adoración, pero no la demanda obligadamente, permitiéndole a sus criaturas que libremente elijan adorarle. En el cielo se adora a Dios y se le reconoce como Creador de todas las cosas:

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Ap. 4:8-11).

Viene el día en que toda lengua confesará que Jesús es el Señor, y toda rodilla se doblará ante Él, para la gloria del Padre. Aun los que le aborrecen le reconocerán:

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2:9-11).

No implica que todos los que le reconozcan en ese tiempo serán salvos, pues Jesús será reconocido como Rey para testimonio. Los ministerios tienen como fin común la misión de formar discípulos de Jesús, capacitados para adorar a Dios en espíritu y en verdad. No importando si los ministros son reconocidos o no por la gente.


b. La proclamación del Evangelio

La predicación del Evangelio es un mandato imperativo de Dios para la Iglesia. Es la misión más importante que deben cumplir los ministerios a fin de que la humanidad sea salva. Esta predicación se debe hacer gratuitamente, así les mandó Jesús a sus discípulos:

Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mt. 10: 7-8).

El Señor enseñó: De gratis recibieron, den de gratis5. No por ganancias deshonestas, que es condenable en la Biblia:

Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5:2-4).

Si se buscan recompensas y reconocimiento en la tierra al predicar el Evangelio, no se recibirá nada en el cielo, pues ya se tiene el pago en la tierra y su castigo en la eternidad:

Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 6:1).

Los ministros deben mantener íntegras sus intenciones al predicar el Evangelio, de otra manera, no serán recompensados en la eternidad; sino castigados duramente. Hablando acerca del cuidado que deben tener los ministros del Evangelio, a fin de no desviar sus corazones tras ganancias y placeres temporales, Jesús dijo:

Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el Señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mt. 24: 48-51).

El anuncio del Evangelio fue la primera predicación de Jesús en su manifestación al mundo. Esa fue y sigue siendo su prioridad en la actualidad:

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el Evangelio” (Mr. 1:14-15).

Predicar el Evangelio, también fue el último mandato dado por Jesús a sus discípulos, antes de subir al cielo:

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).

Los ministros son llamados a predicar el Evangelio gratuitamente, no por ganancias. Esta misión no debe perder su enfoque, siendo más importante que los mismos proyectos y los edificios de las iglesias.

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  • El Señor enseñó: De gratis recibieron, den de gratis

De gracia recibisteis, dad de gracia”.

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c. El discipulado.

Después de resucitar, Jesús se apareció a sus discípulos e inmediatamente les mandó hacer discípulos a las naciones:

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28).

No basta predicar el Evangelio y que las personas se arrepientan de sus pecados. La labor más importante de los ministerios de la Iglesia es hacer discípulos de Cristo, capacitándoles para adorar, servir y predicar el Evangelio.

Uno de los cuidados que deben tener los ministerios al discipular es asegurarse de hacer discípulos de Jesús, más que seguidores de líderes o ministerios.

Cada ministerio debe tener un discipulado formal donde se le enseñe las doctrinas básicas de la Biblia a los recién convertidos a fin de que desarrollen un fundamento sólido en su fe cristiana. Este mandato de Cristo ha sido descuidado en la Iglesia y no ha permitido formar discípulos capacitados que presenten el Evangelio de manera clara al mundo.




III. MINISTROS LLAMADOS AL SERVICIO DIVINO

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a. La exaltación en el servicio

Es a la luz del ejemplo y las enseñanzas de Jesús que el servicio toma un nuevo matiz y encuentra su verdadera grandeza en el reino de Dios. Jesús dedicó su vida al servicio de los demás y con su ejemplo de humildad elevó el servicio al grado de ser uno de los dones más relevantes del reino de Dios, que debe ser una característica de los verdaderos adoradores.

Los grandes adoradores de la Biblia se caracterizaron por servir, Lot se desbordó en servicio por los varones que visitaron Sodoma, siendo anfitrión de ángeles (Gn.19: 1-3). Abraham sirvió con diligencia a los tres varones que le visitaron (Gn. 18:1-15). Gedeón sirvió amablemente al ángel que se le apareció y presentó una ofrenda de lo que tenia (Jue. 17:21). La Biblia señala que algunos de ellos no sabían que los huéspedes que recibieron, eran ángeles:

No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hb. 13: 2).

Ellos servían porque su corazón amoroso sentía compasión por el prójimo y gratitud con Dios, no por un interés u obligación. Estas acciones van más allá de ofrecer un vaso de agua a un transeúnte. El verdadero adorador considera el servicio como un privilegio, no como una carga. El deseo de servir es la raíz de todo ministerio. No se puede ser un verdadero ministro de Dios, sin tener pasión por servir o ministrar, que es lo mismo.

La palabra ministro o ministerio debe volver a la raíz que encierra su contenido. La función principal de los ministros no es gobernar con señorío, sino apacentar y servir con humildad a las ovejas, como exhorta el apóstol Pedro a los ministros:

Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.  Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5: 2-4).

La autoridad delegada a los ministros es espiritual y asignada para edificar la Iglesia; no para destrucción, como explica el apóstol Pablo:

Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré” (2 Co. 10:8).

Los ministros son llamados a servir, no ha ser servidos. Ministro significa servidor. Servir es el mayor de todos los ministerios en el reino de Dios. Jesús enseñó que quien sirve a los demás, es el mayor en su reino:

Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mt. 20:26-27).

Solo hay una manera de ser grande en el reino de Dios, es humillándose en la tierra y sirviendo a los demás. Jesús no vino a este mundo a ser servido, sino a servir:

Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:28).

A causa de su servicio y humillación, el Padre exaltó a Jesús hasta lo sumo, sentándole a su diestra:

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:5-11).

Por haber sido humilde y obediente hasta la muerte en una cruz, Dios le dio toda potestad a Jesús en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Su humillación le llevó a la exaltación. Jesús enseñó que en el reino de Dios, quien se humilla será exaltado:

Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lc. 14:11).

Los ministros de Dios son llamados al servir a fin de ser recompensados en la venida del pastor de los pastores:

Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5: 2-4).

El llamado ministerial al servicio divino debe ser voluntario, ajeno a los intereses y ambiciones personales.


b. La humillación conduce a la exaltación

En el concepto de reino que tiene este mundo, los más agresivos tienen poder y se enseñorean de los más débiles:

Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:25-28).

La violencia es la norma del mundo para ejercer autoridad, porque las estructuras están trazadas por la influencia del pecado y de Satanás como príncipe de este mundo. En el reino de Dios es diferente, aquí los humildes son exaltados y los soberbios son humillados:

 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mt. 23:11-12).

A veces, sin apercibirnos, traemos las estructuras del mundo para gobernar a la Iglesia de Cristo, olvidando los mandatos y enseñanzas bíblicas que Dios ha dejado para relacionarnos con el prójimo y con Dios, todas basadas en el amor y el perdón.

En cierta ocasión, Santiago y Juan, usando la influencia de su mamá, pretendieron alcanzar un puesto especial en la mesa del Señor cuando Él establezca su reino:

Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre” (Mt. 20: 23).

Jesús demostró que en el reino de Dios los privilegios divinos no vienen por medio de influencias, si no por designio del Padre. En la tierra se pueden alcanzar muchas cosas por medio de influencias, menos las que proceden del corazón de Dios, quien pagará a cada uno, según su obra (Ap. 22:12).

El servicio genuino a Dios y al prójimo es el único camino a la exaltación en el reino de Dios. La altivez no tiene cabida en este reino, ni en los verdaderos ministros de Dios, que han sido llamados a servir, no a ser servidos. Los hijos de Dios deben servirse los unos a los otros por amor:

sino servíos por amor los unos a los otros” (Gá. 5:13b).


c. La humildad reflejada en la vida de Jesús

La humildad es una de las características más notables que deben reflejar los verdaderos ministros del Evangelio. Jesús se humilló hasta lo sumo, al dejar su trono de gloria, para venir a este mundo a morir en una vil cruz, por amor a la humanidad:

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2: 8-11).

Jesús fue humilde desde su nacimiento en la tierra. La Biblia señala que, después que María le dio a luz, le puso en un pesebre (establo) junto a los animales (Lc. 2:1-26). Ese fue un presagio de lo humilde que viviría Jesús entre los hombres. Su nacimiento y manifestación al mundo no fue con algarabía. Sus conocidos no creyeron en el (Mt. 13:53-58) y su familia creía que se había vuelto loco (Mr. 3:21). Aunque se quiera pintar con mil matices, Jesús vivió una vida sencilla. La gente no creyó en Él, porque esperaban un rey lleno de pompa.

Dios sujetó a su Hijo a las limitaciones de cualquier ser humano. Jesús se fatigaba, padecía sed, hambre y sus pies polvorientos se cansaban al caminar. Todo lo sufrió por amor.

Jesús exhortó a sus seguidores a aprender de su humildad:

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11: 29a).

Jesús no tenía casa donde reposar cuando estuvo en la tierra:

Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mt. 8:20).

Jesús entró a Jerusalén humilde, montado en un asno prestado:

Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita” (Lc. 19: 33-34).

Jesús lavó los pies de sus discípulos, cosa que solo hacían los esclavos de la casa con las visitas, en los tiempos bíblicos:

Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido (Jn. 13:4-5).

Jesús no ofreció, ni predicó un evangelio de prosperidad económica a sus seguidores, su mensaje fue sencillo, de arrepentimiento y negación voluntaria al pecado:

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9: 23).

Jesús condenó el afán y la ansiedad por las cosas de este mundo:

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mt. 6:31-34).


d. La humildad de Juan el Bautista

Juan el Bautista es un gran ejemplo de humildad, Jesús dijo que Juan fue el profeta más grande que ha nacido en la tierra:

De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él” (Mt. 11:11).

La verdadera grandeza de Juan consistía en que vivía una vida íntegra y apartada del pecado, en medio de una sociedad corrupta. A veces se trata de matizar la verdad divina por temor a la censura de la sociedad o la opresión de gobiernos corruptos. No se trata de ofender a las personas por pecado; pero tampoco dejar de predicar la verdad por temor al rechazo. Dios ama al pecador, pero rechaza el pecado.

Juan tenía comunicación con el emperador (Mt. 14:4) y quizá era invitado al palacio, pero no vendió sus convicciones por un paseo en el palacio real, ni se dejaba impresionar por los manjares que le servían los cortesanos del rey.

Juan era un ministro humilde. La Biblia señala que su vestido era de piel de camello, no de lino fino como usaban los ricos de su tiempo (Lc. 7: 25), y su alimento era sencillo:

Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre” (Mt. 3: 4).

La Biblia señala que Juan no hizo milagros durante su ministerio:

Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que dijo de éste era verdad” (Jn. 10:41).

El verdadero ministro de Dios no se conoce por los milagros que puedan ocurrir en su ministerio; si no por la comunión con Dios y el valor para predicar y vivir la verdad. Características más relevantes en la vida de Juan el Bautista.

Juan el Bautista no hizo milagros, pero hizo temblar a los gobernadores romanos con sus palabras y fue muy respetado en Israel como un verdadero profeta de Dios, debido a su vida celosa de buenas obras. El no buscaba reconocimiento, ni fama.

Juan fue humilde y en una de sus frases inmemorables al presentar a Jesús como el Mesías expresó:

Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3: 30).

Juan fue el profeta más grande, pero cuando Jesús apareció en escena se humilló para darle paso. La Biblia revela que por sus frutos se conocen los verdaderos ministros del Señor, no por sus milagros o lo grande de sus ministerios:

Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20).

Capítulo – 2 –


LOS MINISTERIOS EN EL REINO DE DIOS

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I. EL REINO DE DIOS


En la gran comisión que Jesús le asignó a la Iglesia, de llevar el Evangelio por todo el mundo, la forma de entender el reino de Dios y las funciones de los ministerios de la Iglesia, determinará en gran manera la efectividad de la misión.


a. ¿Qué es el reino de Dios?

Para explicar que es el reino de Dios, se debe conocer lo que no es el reino de Dios. El reino de Dios no es materialismo:

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro. 14:7).

Al interpretar el reino de Dios, podemos errar al asociarlo con el materialismo imperante en este mundo, creyendo que se trata de un reino de riquezas, en nombre de Dios. Con esa descabellada visión se puede tergiversar lo que en verdad significa el reino de Dios, que según la Biblia, en su origen es fundamentalmente de carácter espiritual6, pues se trata de restablecer el gobierno de Dios sobre la humanidad, recobrar la vida espiritual perdida y la relación entre Dios y el ser humano. La restauración material es consecuencia de una buena relación con Dios. La tierra no puede ser restaurada en su totalidad, si la humanidad completa no se vuelve a Dios.

En su primera manifestación al mundo, Jesús enseñó abundantemente acerca del reino de Dios. En una de sus afirmaciones acentuó que su reino no es de este mundo:

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36).

El reino de Dios se ha acercado a la tierra, pero no se ha establecido totalmente porque el ser humano sigue eligiendo el pecado y rechaza voluntariamente el gobierno de Jesús. Pero vendrá el día cuando Jesús regresará a la tierra a limpiarla de todo pecado y a restaurarla físicamente.

Este reino que se establecerá literalmente en la tierra, es el gobierno de Dios sobre la humanidad, que fue roto al principio por la primera pareja. Para que ese reino se vuelva a restablecer, Cristo tiene que regresar a la tierra a gobernar para: a) Ser ungido como Rey. b) Establecer una justicia perdurable. c) Ponerle fin al pecado:

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Dn. 9: 24).

Eso sucederá en el milenio, cuando Jesús regrese a gobernar y a purificar la tierra de todo pecado. En este mundo y bajo el sistema actual (gobernado por el pecado), no se va a restablecer a plenitud el reino de Dios. Es necesario que se le ponga fin al pecado, Satanás sea atado y echado al infierno (Ap. 20:1-3).


b. El reino de Dios sobre la tierra

El interés de que el reino de Dios se vuelva a establecer en toda la tierra, tal como fue al principio (cuando Dios creó la primera pareja y les bendijo en el huerto del Edén, Gn. 1: 26-27) es un anhelo latente de toda la creación y del corazón amoroso de Dios. Adán y Eva al obedecer a Satanás, automáticamente rechazaron el gobierno de Dios y se lo entregaron a Satanás. Ese pecado afectó a toda la raza humana7:

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Ro. 22-23).

El restablecimiento del reino de Dios sobre la tierra, es una prioridad en el plan divino a fin de que se haga su voluntad perfecta, así como se hace en el cielo. Esto redundará en beneficio para la humanidad, porque cuando el ser humano se gobierna asimismo fracasa y cuando vive bajo el gobierno total de Dios, goza de todas sus bendiciones.

En la oración modelo, Jesús enseñó a sus discípulos a que oraran para que el gobierno de Dios se restablezca nuevamente en la tierra y exista una obediencia absoluta a Dios, así como existe en el cielo:

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:9-10).

Jesús pidió a sus hijos que oraran para que el reino de Dios se restaure pronto y de forma total sobre la tierra. En su primera manifestación al mundo, Jesús no pretendía establecer su reino en su totalidad, este solo se acercó a los hombres:

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el Evangelio” (Mr. 1:14-15).

Los judíos del tiempo de Cristo anhelaban la restauración del reino de Israel, ya que estaban bajo el yugo del imperio romano por causa de sus desobediencias. Los discípulos, preocupados por la partida de Jesús hacia el cielo y anhelando una restauración inmediata en la tierra, le preguntaron acerca del reino en Israel:

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hch. 1:6-7).

Si el propósito de Jesús hubiese sido que el reino de Dios se restableciera en su plenitud en su primera venida, habría comenzado por Israel y Él lo habría confirmado. Pero el reino de Dios solo se ha acercado a los hombres y ha sido dado a conocer al mundo por la Iglesia, no ha sido establecido en su totalidad, sino hasta que Jesús aparezca por segunda vez. Así les dijo Jesús a los judíos:

Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt. 23: 39).

Hablando del futuro gobierno de Jesús, que será establecido en la tierra de manera palpable, Hebreos señala que como decreto, Dios ha sujetado de antemano el mundo venidero a Jesús:

Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero (sino a Jesús), acerca del cual estamos hablando” (Hb. 2:5).

Aunque toda potestad le ha sido dada Jesús en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra (Mt. 28:18), no todo está sujeto a Él; hasta que establezca su reino de forma literal en la tierra:

Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a Él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas” (Hb. 2:5, 8).


c. Jesús regresará a establecer su reino sobre la tierra

La Biblia afirma que Jesús, después de ofrecer su vida por la humanidad, se ha sentado a la diestra de Dios y está esperando descender a la tierra para establecer su gobierno:

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies” (Hb. 10:12-13).

La Biblia confirma que en su segunda venida, Jesús establecerá su reino en la tierra restaurada y la gobernará durante mil años:

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la Palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Ap. 20:4). 2 P. 3:10.

Se puede tener la tendencia a creer que el reino de Dios se debe establecer aquí y ahora, bajo este sistema de pecado. Aunque Jesús derrotó a Satanás y a la muerte en la cruz (Col. 2:15), la humanidad todavía sigue tras el pecado, a voluntad propia. Por eso Satanás es el dios de este siglo (2 Co. 4:4). Satanás mismo le ofreció a Jesús todos los reinos de este mundo a cambio de que le adorara (Mt. 4:9). Pedro quiso convencer a Jesús de que no fuera a la cruz, ya que perdía la esperanza de un gobierno inmediato en Israel, pero Jesús le reprendió duramente:

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: !Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:21-23).

Jesús estará en el cielo hasta que regrese a restaurar todas las cosas y se restablezca el reino de Dios sobre la tierra:

Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hch. 3:20-21).

En una ocasión Pedro le preguntó a Jesús qué recibirían a cambio de haber despreciado todas las cosas de este mundo, para seguirle. Jesús le habló de su reino venidero:

Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt. 19:27-28).

Jesús les prometió a sus discípulos que durante su futuro gobierno en la tierra, ellos gobernarán a Israel, sentados en doce tronos, por haber despreciado hasta sus propias vidas en este mundo, por amor de Su santo nombre:

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14:26).

La Biblia señala que el reino de Dios será establecido de manera literal sobre la tierra, durante mil años, pero primero Satanás debe ser atado, pues Jesús no puede gobernar mientras haya pecado en la tierra:

Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Ap. 20: 1-4). Ver, Is. 11:1-10, 65: 18-25.

Mientras vivamos en este sistema de pecado, existe la tentación de desvirtuar el futuro y glorioso reino de Cristo en la tierra, confundiéndolo con una vida material próspera y cómoda en un mundo de pecado. Un verdadero ministro de Dios, no estará satisfecho con la abundancia material, mientras el pecado reine en este mundo y las almas se pierdan en una eternidad, sin Cristo.









II. MINISTROS AL SERVICIO DEL REINO DE DIOS

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a. Los ministros son llamados a servir, no a ser servidos

En su primera venida, Jesús no vino al mundo a gobernar bajo el sistema político de los hombres, ni tampoco a competir con los reyes de esta tierra (Jn. 18:36); vino a servir, al grado de ofrendar su vida en la cruz para rescatar a la humanidad.

Jesús señaló que su reino no es de este mundo:

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36).

El reino de Dios no se puede restablecer bajo este sistema corrupto y pecador. El gobierno de Cristo sobre la tierra será libre de todo pecado, como afirma el profeta Daniel:

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Dn. 9:24).

Es necesario que se le ponga fin al pecado, antes que Jesús gobierne en toda la tierra y sea ungido como rey. Confundir el reino de Dios con el materialismo que impera en este mundo o con una ambición material que alcanza aun a la iglesia disfrazada de “prosperidad”, puede conducir a tergiversar la realidad del futuro gobierno de Jesús sobre la tierra. Jesús fue claro en señalar que nadie puede servir a Dios y a las riquezas:

Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lc. 16:13).

La avaricia puede cegar el corazón de los más devotos cristianos de los últimos tiempos, para hacerles caer en el error de querer establecer el reino de Dios bajo este sistema humano corrupto, usando el nombre de Dios y una falsa prosperidad como excusa. Tergiversando el verdadero reino que solo Cristo establecerá en su regreso a la tierra.

Existe la tentación de mezclar el verdadero reino de Dios con los sistemas políticos de este mundo a fin de que la Iglesia sea más un poder político, perdiendo su enfoque de liberar al mundo de las cadenas del pecado (Jn. 8:32). Esto podría conducir a una falsa unidad de las iglesias, que de acuerdo a la Biblia, dará a luz una iglesia mundial falsa (Ap. 17), dirigida por un líder religioso perverso (el falso profeta8).

Cegados por la ambición, muchos ministros y cristianos de los últimos tiempos no se percatarán en que se habrán convertido, pues la avaricia entorpece el corazón y ciega la razón para no entender lo simple de la Palabra de Dios, como el verso anterior, donde Jesús afirma que nadie puede servir a Dios y a las riquezas9.

Todo discípulo de Jesús es llamado a caminar en este mundo como el anduvo, imitando su ejemplo de servicio y humildad:

 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt. 11: 29-30).

Jesús fue humilde, como ejemplo a todos sus discípulos que le habrían de seguir, por eso el Padre puso todas las cosas a sus pies como recompensa (Mt. 28:18). Así mismo, los ministros son llamados al servicio divino para ser recompensados un día por el pastor de los pastores.

En el reino de Dios no imperan los valores del mundo, se contraponen. En los gobiernos del mundo se imponen los más bravos. En el reino de Dios, los humildes son exaltados:

Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:25-28).

El servicio es el más grande de todos los dones del reino de Dios, paradójicamente, es el menos procurado por ministros y cristianos del reino. Los títulos encumbrados y de exposición son más apetecidos, como símbolo de una presuntuosa autoridad y falsa prosperidad, que conducirá a la apostasía de la Iglesia, que de acuerdo a la Biblia, es una señal de la antesala a la segunda venida de Cristo (2 Ts. 2:3; 1 T. 4: 1).

Los ministros son llamados a servir, no a ser servidos.

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  • Jesús dijo: “No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

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b. Haciendo tesoros en el cielo

Jesús enseñó que el reino de los cielos es semejante a un hombre que descubre un tesoro en un terreno y vende todo lo que posee para comprar esa tierra a fin de obtener algo mejor:

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” (Mt. 13:44).

Jesús quiso enseñar el valor de su reino y la vida eterna, con relación a las riquezas materiales y temporales de este mundo. El discípulo debe estar dispuesto a perderlo todo en este mundo, para ganar las riquezas eternas, como dijo Pablo:

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil. 3:8).

El Señor Jesús exhortó a sus discípulos a renunciar a las riquezas temporales de esta tierra, donde se pudren y los ladrones roban; para buscar las riquezas eternas:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6: 19-21).

En este mundo existe la tentación de amar más las cosas materiales temporales, que las riquezas eternas. Los cristianos somos llamados a amar a Dios por encima de todas las cosas de este mundo10. Pablo señaló que nada trajimos a este mundo y nada llevaremos al morir. Inclinar el corazón a las riquezas de este mundo, aleja de hacer tesoros en el cielo:

Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Ti. 6: 7-10).

Los que buscan enriquecerse en esta tierra caen en tentación de codicias necias e indiferencia por las cosas de Dios y el prójimo. Jesús explicó que la raíz de todo problema tiene su origen en el amor al dinero. No es el dinero en sí mismo, sino el amor al dinero, que se constituye en un ídolo:

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Col. 3:5).

Jesús condenó el afán por las cosas materiales de esta vida:

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:31-33).

Jesús explicó que la gente del mundo busca las riquezas materiales como una prioridad en sus vidas. En cambio, los hijos de Dios son llamados a buscar primero lo eterno y Él suplirá todas sus necesidades materiales (Fil 4:19).

Un joven rico le preguntó a Jesús que debía hacer para heredar la vida eterna. Él le respondió que vendiera todo lo que poseía para compartirlo con los pobres:

Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.  Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: !Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (Mr. 10:21-23).

Jesús habló que es difícil que un rico entre en el reino de los cielos. Hay dos razones a considerar: Las personas para llegar a tener mucho dinero suelen ser indiferentes con las necesidades del prójimo a fin de acumular mucho dinero para sí mismos, y después que tienen dinero se aferran a este, impidiéndoles despojarse de lo material para seguir y amar a Dios. No es que Dios no le permita entrar al cielo a los ricos, es que ellos llegan a amar más sus riquezas que a Dios; por eso es que es difícil que ellos hereden la vida eterna.

Contrario al joven rico, que se fue decepcionado por las palabras de Jesús, la Biblia señala que Zaqueo, un hombre rico que reconoció a Jesús como el Mesías de Israel11, se despojó de su dinero a fin de hacer tesoros en el cielo:

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham” (Lc. 19: 8-9).

En la Iglesia primitiva los cristianos se despojaban de sus riquezas con gozo, para compartir con los más necesitados:

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hb. 4: 32, 34-35).

Las riquezas de este mundo, están en las manos de Satanás y se contraponen a las riquezas eternas que ofrece Dios, quien ha prometido suplir las necesidades de sus hijos en esta tierra; pero les llama a despojarse de las ambiciones materiales:

Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (Lc. 12:22-31).


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