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Excerpt for EL DIEZMO - DESDE ABRAHAM A CRISTO by , available in its entirety at Smashwords


EL

DIEZMO

DESDE

ABRAHAM

A

CRISTO

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EL DIEZMO DESDE ABRAHAM A CRISTO

Copyright © 2011 por Joel Perdomo



Prohibida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso escrito del autor. Los textos bíblicos han sido tomados de la versión Reina-Valera 1960.


TERCERA EDICIÓN – 2018


Publicado en EUA por Joel Perdomo






































CONTENIDO


Introducción............................................................................................................7


Capítulo – 1 – LOS DIEZMO Y LAS OFRENDAS


I. EL ORIGEN DEL DIEZMO Y LAS OFRENDAS…………………………11

a. Significado y origen del diezmo

b. Significado de la ofrenda como acto de adoración

c. El origen bíblico de las ofrendas

II. EL ADORADOR Y SU OFRENDA………………………………………….14

a. El diezmo como medio de comunión y bendición divina

b. La ofrenda del corazón agrada a Dios

c. Dios exige santidad a sus hijos

III. DIOS BUSCA ADORADORES EN ESPIRITU Y VERDAD…………18

a. ¿Por qué Dios no se agradó de la ofrenda de Caín?

b. ¿Por qué a Dios le agradó la ofrenda de Abel?

c. Dios demanda fe y obediencia del adorador

d. Dios busca adoradores en espíritu y en verdad


Capítulo – 2 – EL DIEZMO ANTES DE LA LEY


I. EL DIEZMO DE ABRAHAM………………………………..…………………25

a. Abraham diezmó antes que la Ley fuese revelada

b. Melquisedec como una simbología de Cristo

II. EL DIEZMO BAJO EL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC………..29

a. Melquisedec representa el sacerdocio eterno de Jesús

b. El sacerdocio eterno de Melquisedec (Jesús) sigue vigente

c. El diezmo sigue vigente bajo el Pacto de la Gracia

III. EL DIEZMO DE JACOB………………………………………………………32

a. Jacob hizo un pacto de diezmar a Dios

b. Jacob cumplió su promesa de diezmar y Dios lo bendijo


Capítulo – 3 – OFRENDAS Y PRIMICIAS EN LA LEY


I. ADORADORES BAJO EL PACTO DIVINO………………….................37

a. La obediencia al pacto fue requerida durante la Ley

b. Las ofrendas durante la Ley

c. La consagración de las primicias




Capítulo – 4 – EL DIEZMO EN LA LEY


I. DIOS ORDENO EL DIEZMO EN LA LEY………………...….................43

a. La Ley confirmó la vigencia del diezmo de Abraham

b. El diezmo como acto de adoración

II. EL DIEZMO DE LOS LEVITAS……………………………..………………46

a. Diezmo y ofrendas en lugar de heredad para los levitas

b. La consagración de los diezmos

c. El diezmo del tercer año

d. La distribución del diezmo entre los levitas


Capítulo – 5 – EL DIEZMO EN LA MONARQUÍA ISRAELITA


I. BENDICIÓN O MALDICÓN SON UNA ELECCIÓN……………………51

a. Los reyes de Israel y el diezmo

b. Ezequías restauró el diezmo y Dios bendijo a Israel

c. Nehemías restauró el pago del diezmo

d. Malaquías hizo un llamado a la fidelidad de Israel


Capítulo – 6 – EL DIEZMO Y LAS OFRENDAS EN LA GRACIA


I. JESÚS APROBÓ EL DIEZMO…………………………………....................56

a. Jesús confirmó el pago del diezmo en la Gracia

b. La justicia de los fariseos

c. Jesús ordenó a dar a Dios lo que le pertenece

II. DIEZMOS Y OFRENDAS EN EL NUEVO PACTO……...…………….61

a. El mandato de Jesús para los ministros del Evangelio

b. La ofrenda neotestamentaria

c. Ofrendas especiales


Capítulo – 7 – EL DIEZMO Y LA SALVACION


I. TODA DESOBEDIENCIA A LA APALABRA DE DIOS ES PECADO…………………………………………………….………………………….65

a. ¿Es pecado no diezmar?

b. El robo es pecado de condenación eterna

c. No diezmar es robarle a Dios

d. La palabra de Dios tiene poder para salvar o condenar




Capítulo – 8 – EL DIEZMO Y LA FE


I. EL DIEZMO ESUNA PROMESA DIVINA QUE SE ALCANZA POR MEDIO DE LA FE Y LA OBEDIENCIA……………………………………….71

a. El diezmo es un acto de fe en la palabra de Dios

b. El diezmo no puede ser decidido por la conciencia

c. La autoridad de la Palabra viva de Dios


Capítulo – 9 – DIOS ES DUEÑO DE TODA RIQUEZA


I. DIOS DEMANDA ENTREGA TOTAL……………………..………………75

a. Todas las cosas proceden de Dios

b. Dios es dueño del oro y la plata

c. Dios hace partícipes a sus hijos de sus bendiciones

d. Más que el diezmo

II EL DIEZMO ES UNA PROMESA DE BENDICION DIVINA………81

a. La bendición prometida a los que diezman

b. Dios anhela suplir todas las necesidades de sus hijos

c. Las bendiciones divinas están sujetas a la obediencia

d. Las bendiciones divinas se obtienen por medio de la fe


Capítulo – 10 – LA VERDADERA PROSPERIDAD


I. LA LIBERACIÓN FINANCIERA……………………………………………..87

a. La ruta hacia la bendición económica

b. La ley de la siembra y la cosecha

c. La avaricia es pecado de idolatría

d. La verdadera riqueza del cristiano

Conclusión……………………………………………………………………………96

ANEXO………………………………………..…………………..…………………….99

  • El deber de los ministros del nuevo pacto

  • El diezmo sigue vigente bajo el pacto de la Gracia

  • RAZONES BIBLICAS PARA DIEZMAR


ABREVIATURAS

AT........Antiguo Testamento

N.T.......Nuevo Testamento

hb……..Hebreo

gr.........Griego

a. C......Antes de Cristo

Pág……Página



































INTRODUCCIÓN


  • La importancia de la enseñanza del diezmo

El estudio del diezmo tiene más importancia para la fe cristiana del que usualmente se le da. El péndulo de diezmadores en las iglesias a veces oscila entre los pocos fieles, los titubeantes y los infieles. ¿Por qué razón? Quizá porque no todos están convencidos del mandato divino por falta de evidencia bíblica convincente o por el debido valor que cada cristiano le atribuye a la Biblia como la eterna e infalible Palabra de Dios.

Esta incertidumbre acerca del diezmo mantiene en vilo a muchos cristianos que por su infidelidad hacen nula la promesa de bendición divina y abren una puerta certera al enemigo para la ruina económica y el consecuente fracaso espiritual de sus vidas.

El diezmo no es un tema económico per se, es un acto de adoración y una promesa de bendición divina a los que tienen fe en Dios y obedecen su Palabra revelada (la Biblia).

Las promesas de bendición divina para sus hijos devienen de la obediencia a Su Palabra. Si el diezmo es un mandato divino, negarlo debe tener consecuencias en el área económica, implicaciones en la relación con Dios y efectos en la eternidad del alma, pues toda desobediencia a la Palabra de Dios es un pecado con ineludibles consecuencias.

La Biblia revela la voluntad divina para la humanidad y todo hijo sincero de Dios debe acercarse a la Biblia sin prejuicios, ni temor, para conocer lo que enseña con relación al diezmo.




  • ¿Por qué diezmar?

Generalmente, las iglesias cristianas conocen la enseñanza del diezmo por ciertos versos de la Biblia que son motivadores acerca de las bendiciones prometidas por Dios a quienes diezman y ofrendan. El cristiano se siente motivado a diezmar por esas promesas, pero la evidencia bíblica que se le provee es a veces exigua. Al final se diezma por obediencia a la Iglesia, no por convicción personal basada en un conocimiento bíblico del diezmo.

No todas las personas que diezman están plenamente convencidas del mandato divino y sus promesas de bendición. Los cristianos que diezman basados en la emoción de su recién conversión, posteriormente no son fieles con los diezmos, pues cuando la emoción termina, no tienen bases bíblicas para diezmar.

Todo lo que se hace para Dios -incluyendo el diezmo- tiene la fe como puntal de motivación, pero el cristiano debe conocer la evidencia bíblica para diezmar por convicción y reforzar su fe en el Dios de la Biblia.


  • Una ola de ataque al diezmo

Actualmente el tema del diezmo es refutado con argumentos difíciles de responder, creando confusión y dudas entre los cristianos. Son muchos los cristianos y maestros que se oponen a aceptar la práctica del diezmo en la era de la Iglesia por diferentes motivos, sin considerar las repercusiones presentes y eternas que tendrá la desobediencia a la Palabra de Dios en la vida del cristiano.

Es de esperar que en un mundo materialista, como el presente y debido a las exigencias económicas de la vida moderna, algunos cristianos sientan que el diezmo es una carga difícil de cumplir. De allí que se use todo tipo de excusas y argumentos para atacar el diezmo. Si el diezmo es una demanda divina, las bendiciones de los cristianos estarían en riesgo, pues Dios no bendice a los infieles.


  • El diezmo como acto de adoración

Para algunos cristianos el diezmo es un asunto estrictamente de pagar dinero para el sostenimiento de la obra de Dios (si bien, es uno de los fines), en vez de un acto de adoración que debiera darse por convicción personal en obediencia a la Biblia.

El diezmo como un acto de adoración está dirigido a bendecir y fortalecer la comunión entre Dios y sus hijos. Por tanto, como acto de fe en las promesas divinas debe involucrar fidelidad, agradecimiento, compromiso y obediencia a la voluntad divina revelada en la Biblia.

A través del diezmo se reconoce a Dios como el suplidor de todas las necesidades humanas a fin de darle el primer lugar en todo, demostrando absoluta dependencia del creador. Este acto sagrado cultiva la comunión con Dios.

Todo cristiano debe conocer con claridad lo que la Biblia enseña acerca del diezmo para no tomar a la ligera un tema que va más allá de lo económico y que está íntimamente vinculado a la adoración y el culto a Dios.

Si se desconoce el tema del diezmo puede tener implicaciones más profundas para la vida cristiana de las que se puedan pensar, que afecten el presente y el futuro eterno del alma del cristiano.

El diezmo es una promesa de bendición divina para los obedientes, pero se puede convertir en ajenjo para los que desprecian y le dan la espalda a la bondad divina.


Joel Perdomo




































Capítulo – 1 –






LOS DIEZMOS Y LAS OFRENDAS ________________________________________________


I. EL ORIGEN DEL DIEZMO Y LAS OFRENDAS


a. Significado y origen del diezmo

La palabra diezmo significa literalmente, “décima parte” y tiene su origen en la raíz hebrea “Eser” (diez). De allí se forma la palabra “maasár” que significa desde el décimo. En griego, “apodekatoo” como también en hebreo tiene el mismo significado del pago de la décima parte1.

El principio de diezmar a Dios evoca un acto de adoración y fe que involucra agradecimiento y reconocimiento a Dios como el creador y proveedor de todas las cosas. Abraham diezmó en un acto certero de fe (Gn. 14:20). Abel ofrendó con la misma fe (Gn. 4:4).

El diezmo no ha sido una práctica exclusiva del pueblo judío, ni remitida a la ley de Moisés. El diezmo ya se practicaba alrededor de las tierras bíblicas. Abraham mismo diezmó antes que la ley fuese revelada a Moisés (Gn. 14:17-20). Dios mismo ordenó posteriormente la práctica del diezmo como un mandato en el pacto de la Ley (Lv. 27:30-33a), confirmando que la consagración del diezmo está de acuerdo a su santa voluntad.

  • El principio de diezmar a Dios evoca un acto de adoración y fe que involucra agradecimiento y reconocimiento a Dios como el creador y proveedor de todas las cosas”.

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b. Significado de la ofrenda como acto de adoración

La ofrenda (hb. Minjah) es un don o presente. Esta palabra se usa en diferentes contextos bíblicos, en referencia a un presente de una persona a otra, al tributo que se pagaba a los reyes o las ofrendas y primicias separadas para Dios.2

La ofrenda como acto de adoración conecta al adorador con su Creador. El adorador es implícitamente bendecido al reconocer a Dios como creador y proveedor de todas las cosas. Este acto de fe guía al adorador a gozar de comunión con Dios, que es la parte más importante de la ofrenda.

A Dios le agrada ser el suplidor de las necesidades de sus hijos, y como padre amoroso, anhela que sus hijos dependan totalmente de Él. Sin embargo, Dios le ha dado libre albedrio al ser humano para elegir. Las bendiciones divinas prometidas a sus hijos son una elección individual que depende de la fe y la obediencia a la Biblia.

Dios anhela tener comunión con sus criaturas y en la ofrenda el adorador consagra sus bienes e implícitamente el control total de su vida. Esto evita la vanagloria y la separación del Creador que son causas del fracaso individual y colectivo del ser humano.

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  • Gozar de comunión con Dios, es la parte más importante del que ofrenda”.

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c. El origen bíblico de las ofrendas

Desde el principio de la humanidad el relato bíblico describe a Caín y Abel ofreciendo las primicias del fruto de su trabajo a Dios. Estas son las primeras evidencias bíblicas que sugieren que los primeros humanos honraban a Dios con ofrendas extraídas del producto de sus ganancias.

Dios aceptó la ofrenda de Abel, ya sea porque Él se lo hubiese demandado o porque la haya recibido como un acto ínsito de adoración del corazón humano. Abel fue justo y la ofenda formó parte de su vida como adorador:

Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda” (Gn. 4: 4).

Si se busca un origen de las ofrendas como en el culto a Dios se debe partir del mismo relato bíblico y no estrictamente de la influencia de las culturas establecidas alrededor del culto de la tierra de Israel.

Cuando el ser humano comenzó a multiplicarse y a apartarse de Dios dieron ofrendas a los ídolos, emulando el culto al Dios verdadero y creador de todas las cosas. El culto pagano promovió las ofrendas a los ídolos, reyes, templos, etc., después que no quisieron darle gloria al Creador, sino a las criaturas (Ro. 1:21-23).











II. EL ADORADOR Y SU OFRENDA


a. El diezmo como medio de comunión y bendición divina

El valor espiritual de las ofrendas está dirigido a que los hijos de Dios gocen de comunión íntima con su Creador y consecuentemente participen de las bendiciones prometidas a los que obedecen su Palabra. Existe la tendencia humana a olvidar las bendiciones divinas, después de recibirlas:

Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? o que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Pr. 30:8-9).

Las bendiciones divinas prometidas a los obedientes evitan que se produzcan estos dos extremos, a saber: El ser humano después que tiene abundancia de bienes se cree autosuficiente y se olvida de Dios. Por otro lado, al vivir sin provisión económica roba para obtener lo que necesita y peca contra Dios. La ofrenda como acto de adoración le recuerda al adorador que todo procede de Dios. Esto cultiva la dependencia y la comunión con su creador.

El diezmo como ofrenda a Dios procura mantener en primer lugar a Dios en el corazón de sus hijos. Esto redunda en comunión y protección al corazón que constantemente tiende a la autosuficiencia, que rompe la comunión y aleja al ser humano de Dios, su creador.

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  • El valor espiritual de las ofrendas está dirigido a que los hijos de Dios gocen de comunión íntima con su Creador y consecuentemente participen de las bendiciones prometidas a los que obedecen su Palabra”.

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b. La ofrenda del corazón agrada a Dios

Con una ofrenda material no se puede pretender alcanzar justicia divina para salvación, ni comunión íntima con Dios, que están reservadas para sus hijos (Jn. 1:12; Sal. 25:14).

Tampoco se debe privar de ofrendar o diezmar a una persona que no sea cristiana. Las ofrendas son voluntarias y Dios conoce la intención del corazón. Nadie perderá su recompensa material si ofrenda a Dios (cristianos o no cristianos, Mt. 10:42). Pero el diezmo y las ofrendas por sí mismas no salvan ni producen comunión con Dios.

Las diezmos y ofrendas sinceras son agradables a Dios, pero no hacen por sí mismas agradable al ser humano ante Dios. Primero se debe ofrendar el corazón a Cristo, naciendo de nuevo por medio del Evangelio para ser agradable de manera total a Dios (Mr. 1:15).

La rendición voluntaria del corazón es lo único que el ser humano le puede ofrecer de sí mismo a Dios, pues Él le dio libre voluntad para elegir entre el bien y el mal.

En la Gracia, nada substituye el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz como la única ofrenda que satisface las demandas divinas para que el ser humano goce de comunión íntima con Dios (Hb. 10:12-14). Dios busca adoradores genuinos, que le adoren en espíritu y en verdad (Jn. 4:23). Después que la persona rinde su vida a Cristo tanto él, cómo su ofrenda es agradable a Dios.

Dios como dueño de todas las cosas necesita primero la entrega de la vida total del adorador para ubicarle en una posición de comunión que redunde en una bendición integral (espiritual y económica), que es el propósito de Dios para sus hijos.

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  • No se debe privar de ofrendar o diezmar a una persona que no sea cristiana. Las ofrendas son voluntarias y Dios conoce la intención del corazón. Nadie perderá su recompensa material si ofrenda a Dios (cristianos o no cristianos, Mt. 10:42). Pero el diezmo y las ofrendas por sí mismas no salvan ni producen comunión con Dios”.

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c. Dios exige santidad a sus hijos

Las ofrendas de los hijos de Dios son integralmente agradables ante su presencia porque proceden de un adorador que goza de comunión íntima con su Padre, por medio de la sangre de Jesús. Dios demanda santidad a sus hijos (Hb. 12:14).

Caín y Abel presentaron ofrendas como hijos de Dios, pero Caín se fingía santo y Dios no aceptó su ofrenda con la que trataba de encubrir sus malos actos para justificarse delante de Dios:

Y aconteció andando el tiempo que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda. Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya” (Gn. 4: 3-5a).

La ofrenda de Caín y Abel como un acto de adoración muestra que Dios primero está interesado en el corazón del adorador y después en su ofrenda. Dios quiere que la ofrenda de sus hijos sea el resultado de una vida de fe y verdadera adoración.

Jesús señaló que todo adorador debe vivir en santidad para que tanto él como su ofrenda sean agradables a Dios. Antes de presentar su ofrenda el adorador debe tener cuentas claras con Dios y con su prójimo. Jesús dijo:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt. 5:23-24).

La condición espiritual del adorador es más importante que la misma ofrenda, aunque un genuino adorador dará siempre lo mejor para Dios. En este caso, Jesús no le dice a la persona que no ofrende, sino que deje la ofrenda allí en el altar, que vaya a reconciliarse primero con su hermano y después presente su ofrenda, porque Dios es Santo.

Puede ser que cristianos bien intencionados pretendan que solo con sus ofrendas a la iglesia serán agradables a Dios, sin vivir una vida en santidad. Eso no implica que no puedan ofrendar, pero para gozar de comunión con Dios no bastan las buenas intenciones. Dios exige santidad a sus hijos para que no disfruten solo de sus bendiciones, como de una verdadera comunión que conduce a la vida eterna.

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  • Puede que cristianos bien intencionados pretendan que solo con sus ofrendas a la iglesia serán agradables a Dios, sin vivir una vida en santidad. Eso no implica que no puedan ofrendar, pero para gozar de comunión con Dios no bastan las buenas intenciones. Dios exige santidad a sus hijos para que no disfruten tanto de sus bendiciones, como de una verdadera comunión que conduce a la vida eterna”.

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III. DIOS BUSCA ADORADORES

EN ESPIRITU Y EN VERDAD


a. ¿Por qué Dios no se agradó de la ofrenda de Caín?

Caín y Abel separaron ofrendas de lo mejor que tenían para ofrecer a Dios. La ofrenda de Abel fue agradable a Dios, pero la de Caín no fue aceptada:

Y aconteció andando el tiempo que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda. Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya” (Gn. 4: 3-5a).

El relato bíblico no señala que Dios rechazó la ofrenda de Caín por su calidad.3 La narración se centra más en la actitud justa de Abel, en contraste con el corazón malo de su hermano Caín. Las acciones de Caín delataron que no fue integro en sus intenciones de adoración. El actuaba con evidente envidia y en competencia contra su hermano:

Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín ¿Por qué te has ensañado y por qué ha decaído tu semblante?” (Gn. 4:5-6).

El problema de Caín era moral (espiritual). Su corazón era malo y sus actos no eran agradables a Dios, por eso lo confrontó con su propia maldad para convencerle de su pecado, a fin de que se arrepintiera a tiempo.

La pregunta de Dios a Caín revela esta verdad:

Si bien hicieres, ¿No serás enaltecido? Y si no hicieres bien el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será tu deseo, y tú te enseñorearás de el” (Gn. 4: 7).

Dios confrontó a Caín diciéndole: si bien hicieres, ¿No serás enaltecido?” El primer reclamo de Dios a Caín es que no está haciendo el bien, ‘’si bien hicieres’’ e implica que estaba haciendo el mal. En segundo lugar, Dios le señala a Caín que su humillación se debe a la ausencia de ese bien en su corazón. El resultado del bien es la exaltación, si bien hicieres, ¿No serás enaltecido?”. Pero la consecuencia del mal es la humillación (Mt. 23:12).

Dios le mostró a Caín que su juicio fue justo. Dios no aceptó su ofrenda a causa de su maldad. La culpa estaba en el corazón de Caín, no en Dios, ni en su hermano Abel. Ciertamente, si hubiese hecho el bien habría sido exaltado igualmente que su hermano. Dios es justo.

Antes de salir a la luz, Dios reveló el mal engendrado en el corazón de Caín. El pecado estaba a punto de salir de su corazón, para producir la muerte de su hermano. Dios le dio tiempo a Caín para desistir, pero no lo hizo.

Caín se presentó como un genuino adorador, pero Dios desnudó su corazón y la auscultación de sus intenciones reveló la maldad que estaba en su interior. Dios le dijo: “El pecado esta a las puertas” como advertencia para que no pecara, pero se dejó tentar por el mal y cometió el vil asesinato de su hermano.

Entre otras cosas, Dios se acercó a Caín a fin de:

a) Revelar lo que había en su corazón para que reconociera su maldad y se rechazara el mal. b) Mostrarle que la ofrenda no fue aceptada por sus malas acciones, no por culpa de su hermano o por la calidad de esta. c) Enseñarle que nadie puede fingirse santo ante Dios, Él no puede ser burlado. d) Dios está interesado primero en la santidad de sus hijos y después en sus ofrendas. e) Mostrarle que él tenía poder de renunciar al pecado. f) Dios quiso evitar que Caín cometiera el crimen.

A la luz de la Biblia, la razón por la cual Dios no aceptó la ofrenda de Caín, no fue por el tipo de ofrenda; sino porque no procedía de un corazón santo, requisito que Dios le exige a todo verdadero adorador que se acerca a su presencia, porque Él es santo.

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  • Según el texto bíblico, Dios no rechazó la ofrenda de Caín por su calidad. El relato se centra más en la actitud justa de Abel, en contraste con el corazón malo de su hermano Caín”.

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b. ¿Por qué Dios se agradó de la ofrenda de Abel?

La ofrenda de Abel agradó a Dios a causa de su justicia y santidad. Jesús dijo:

Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado en la tierra, desde la sangre de Abel el justo” (Mt. 23: 35 a).

Es evidente el contraste entre el bien y el mal, el justo y el pecador tipificado en la vida de Caín y Abel.

No fueron los atributos externos la simple razón por la que Dios aceptó la ofrenda de Abel. A Dios se le debe dar lo mejor (Lv. 22:21) y Abel lo hizo (Hb. 11:4), pero fue su adoración genuina lo que marcó la diferencia.

Hebreos afirma que la ofrenda de Abel fue un acto certero de fe y Dios dio testimonio de él aceptando su ofrenda:

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Hb. 11: 4).

La primera y más excelente de todas las ofrendas que se le puede entregar a Dios es la vida misma. Todas las demás cosas que se puedan ofrendar le pertenecen a Dios como creador de todas las cosas (1 Cr. 29:14). La ofrenda solo debe reflejar el agradecimiento del corazón del adorador. El corazón es lo único que el ser humano le puede ofrecer a Dios de sí mismo.

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  • El corazón es lo único que el ser humano le puede ofrecer a Dios de sí mismo. Dios le dio libre albedrío para decidir lo que hará con su vida, pudiendo elegir entre el bien y el mal”.

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c. Dios demanda fe y obediencia del adorador

En el caso de Caín su ofrenda era carente de valor espiritual, una burda imitación del certero acto de fe de su hermano; pues sus acciones posteriores delataron el mal que anidaba en su corazón, antes de ofrendar.

Caín no se arrepintió del mal, siendo advertido por Dios del peligro de sus malos sentimientos. La frustración le sumió en el resentimiento y finalmente asesinó a su hermano por envidia:

No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Jn. 3:12).

En un caso diferente, Jesús juzgó la exigua, pero sincera ofrenda de una pobre viuda como la más generosa y agradable ante Dios, entre otras de mayor valía. La viuda dio todo lo que tenía, aunque monetariamente su ofrenda era insignificante, comparada con la abundante ofrenda que daban los demás, de lo que les sobraba (Mr. 12:41-44).

Cuando un genuino adorador se acerca con fe ante Dios no escatima en dar lo mejor de sí. Siendo él y su ofrenda agradables a Dios.

La recompensa es el resultado, no el fin que persigue el verdadero adorador con su ofrenda. El acto de ofrendar o diezmar por sí mismo, no hace a nadie agradable ante de Dios, si no va acompañado de una vida de fe y obediencia a la voluntad divina revelada en la Biblia.

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  • La recompensa es el resultado, no el fin que persigue el verdadero adorador con su ofrenda”.

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d. Dios busca adoradores en espíritu y en verdad

Jesús dijo:

Mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren” (Jn. 4: 23-24).

Dios busca que sus hijos sean adoradores genuinos, que vivan la fe que profesan.

En espíritu, sugiere que no es un acto puramente humano o religioso; sino una adoración espiritual. Solo quienes han nacido de nuevo por medio del Espíritu pueden adorar a Dios en espíritu (Jn. 3:6).

La ofrenda no hace agradable al adorador delante de Dios; el adorador hace agradable la ofrenda por medio de su integridad.

En verdad, implica que la adoración a Dios no puede ser fingida; debe reflejar una nueva vida en el Espíritu. Es estar plenamente convencidos de lo que agrada a Dios por un conocimiento previo de su voluntad revelada en la Biblia, y partir de esa convicción para ofrendar.

La verdadera adoración no es una acción externa o emocional, es el fruto de la convicción de un adorador conscientemente sometido a la obediencia de la voluntad divina revelada en la Biblia.

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  • La ofrenda no hace agradable al adorador delante de Dios; el adorador hace agradable la ofrenda por medio de su integridad. La ofrenda sólo debe reflejar la gratitud genuina del corazón del adorador”.


  • La verdadera adoración no es una acción externa o emocional, es el fruto de la convicción de un adorador conscientemente sometido a la obediencia de la voluntad divina revelada en la Biblia”.

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Capítulo – 2 –






EL DIEZMO ANTES DE LA LEY

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I. EL DIEZMO DE ABRAHAM


En el AT los patriarcas de Israel ofrecían a Dios el diezmo de todas sus ganancias (ganado, cosecha, botines de guerra, etc.). Abraham fue un fiel diezmador y sus hijos también recibieron ese legado como parte del pacto de bendición que establecieron con Dios. Posteriormente, en la Ley de Moisés, Dios ordenó al pueblo de Israel la consagración de los diezmos, confirmando así que el diezmo bíblico no está fundado en una simple costumbre cultural de los pueblos alrededor de las tierras santas y que los patriarcas judíos diezmaron en apego a la voluntad del Dios altísimo.


a. Abraham diezmó antes que la Ley fuese revelada

El primer diezmador que registra la Biblia es Abraham:

Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el valle del rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo diciendo: Bendito sea Abraham del Dios altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos de todo” (Gn. 14:17-20).

En este relato, Abraham se lanza al rescate de su sobrino Lot, que había sido llevado cautivo por Quedorlaomer y sus reyes aliados. Abraham salió victorioso en la batalla y a su regreso le recibió Melquisedec rey de Salem (Jerusalén), sacerdote del Dios altísimo con pan y vino. Abraham, a la vez, le entregó todos los diezmos del botín conquistado.

Abraham gozó de intima comunión con Dios durante vivió en la tierra, por eso fue llamado amigo de Dios (2 Cr. 20:7; Is. 41:8; Stg. 2:23).

El relato bíblico resalta como hecho relevante que Abraham diezmó de su botín de guerra. El escritor no pasa desapercibido el diezmo de Abraham. Dios permitió que este relato quedara plasmado en la Biblia como evidencia de que los hombres de Dios diezman.

Abraham fue un hombre próspero y parte de su práctica como adorador fue diezmar a Dios. Abraham es considerado el padre de la fe, ya que en sus días la Ley no había sido aun revelada. Abraham diezmó por la fe. El diezmo es inicialmente de la fe. La Ley solo lo confirmó.

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  • Abraham es considerado el padre de la fe, ya que en sus días la Ley no había sido aun revelada. Abraham diezmó por la fe. El diezmo es inicialmente de la Fe. La Ley solo lo confirmó”.

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b. Melquisedec como una simbología de Cristo

Melquisedec significa; “mi rey es justo o legítimo” o “rey de Salem” (Jerusalén), “rey de paz”. En la “Torah” Melquisedec es llamado “Cohen Lel Elyón”, Sacerdote del Dios altísimo. Es rey y sacerdote a la vez, y salió al encuentro de Abraham con una bendición sacerdotal y un banquete real. Abraham le entregó el diezmo del botín de guerra que obtuvo al derrotar sus enemigos cuando rescató a su sobrino Lot, eso demuestra que Melquisedec era mayor que Abraham.

Esta alusión de sacerdote y rey a Melquisedec fue entendida por la Iglesia primitiva como un claro simbolismo del sacerdocio eterno del Rey Jesucristo. Los discípulos de Jesús escucharon las enseñanzas de su boca y su testimonio tiene autoridad por encima de comentarios históricos o contemporáneos con relación a Melquisedec.

En la Carta a los Hebreos se hace un estudio exhaustivo del sacerdote Melquisedec como una evidente simbología del sacerdocio eterno de Jesús:

Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo. A quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es Rey de paz. Sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios permanece sacerdote para siempre” (Hb. 7: 2-3).

Melquisedec no es un hombre común, ni un nombre personal cualquiera. No aparece en las genealogías de la Biblia. Es una figura escatológica que simboliza el sacerdocio eterno de Cristo (Hb. 7:21-28).

Jesús fue constituido por el Padre como el sumo sacerdote eterno de la orden de Melquisedec, quien vive siempre para interceder por la humanidad. Esto fue profetizado en los salmos, antes de nacer Jesús:

Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Sal. 11:4).

Los judíos consideran a Abraham como su padre genealógico y espiritual. Es un personaje grande para su fe y religión. El escritor escribe precisamente a judíos, para mostrarles que el personaje que bendijo a Abraham era divino porque tuvo el poder de bendecir a Abraham, quien ya tenía promesa de bendición divina. El escritor explica:

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quién aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín (el escritor se asombra). Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la Ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna el menor es bendecido por el mayor” (Hb. 7:4-7).

Abraham, se humilló delante de Melquisedec reconociendo su autoridad divina al darle los diezmos. El escritor señala que “el menor es bendecido por el mayor”. De acuerdo a la tradición judía, el menor era bendecido por alguien mayor dentro de la familia. Si Melquisedec (prototipo de Cristo) bendijo a Abraham, es porque es mayor que él. Melquisedec representa una simbología de la línea sacerdotal eterna de Cristo y es bajo el sacerdocio de Melquisedec que se registra el primer diezmo en la Biblia.

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  • Jesús fue constituido sumo sacerdote eterno de la orden de Melquisedec, quien vive siempre para interceder delante del Padre por la humanidad. Esto fue profetizado en los salmos, antes de nacer Jesús’’.

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II. EL DIEZMO BAJO EL SACEDOCIO DE MELQUISEDEC

a. Melquisedec representa el sacerdocio eterno de Jesús

El escritor de la carta a los Hebreos señala que Abraham, y aun los levitas (asombroso), llamados a recibir los diezmos del pueblo, diezmaron a Melquisedec (prototipo de Jesús) a través de su padre Abraham:

Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quién se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos. Porque aun estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro” (Hb. 7:8-10).

Según Hebreos, aún la tribu de Leví, pagó sus diezmos a Melquisedec en un sentido simbólico (a través de su padre Abraham). Los levitas diezmaban de sus diezmos a Dios (diezmo de diezmos, según la ley)4 dando a entender que este sacerdote (Melquisedec) toma un lugar divino en esta acción al recibir el diezmo de Abraham.

El propósito del escritor es reafirmar que el sacerdocio según Melquisedec (cuyo sumo sacerdote es Jesús) es eterno con relación al sacerdocio levítico que fue temporal.

El escritor no puede ser más preciso con relación a la vigencia eterna del sacerdocio eterno de Cristo (Melquisedec), bajo el cual diezmó Abraham. Por tal razón, el diezmo está vigente hoy más que nunca, porque Jesús, el sumo sacerdote eterno de la orden de Melquisedec, se ha manifestado al mundo, está sentado a la diestra del Padre, y vive para interceder por la humanidad (Hb. 7: 22-25).

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  • El diezmo está vigente hoy más que nunca, porque Jesús, el sumo sacerdote eterno de la orden de Melquisedec, se ha manifestado al mundo, está sentado a la diestra del Padre y vive para interceder por la humanidad” (Hb. 7: 22-25).

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b. El sacerdocio eterno de Melquisedec (Jesús) sigue vigente

Al manifestarse Jesús al mundo se elimina el viejo sacerdocio levítico y continúa vigente el sacerdocio eterno de Jesús, según la orden de Melquisedec:

Si pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la Ley). ¿Qué necesidad habría aún que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Por que cambiado el sacerdocio, necesario es también que haya cambio de Ley” (Hb. 7:11-12).

El sacerdocio de Jesús, según la orden de Melquisedec, no es de la línea de Aarón, como establecía la Ley (sacerdocio levítico, Ex. 29:9). Aarón era de la tribu de Leví y Jesús de la tribu de Judá (Hb. 7:14). Hubo un cambio del antiguo sacerdocio de la Ley (levítico), al sacerdocio eterno de Jesús (Melquisedec) bajo el pacto de la Gracia (Jr. 31: 31-33).

Abraham diezmó bajo el sacerdocio de Melquisedec, no bajo la Ley, pues su justicia fue por la fe, no por obras de la Ley (Ro. 4: 3-5; Gá. 3: 6-9). La Ley no fue revelada a Abraham, sino más de 400 años después a Moisés.

El escritor de Hebreos trata de demostrarles a los judíos que el sacerdocio de Jesús está vigente por la eternidad. Hoy es más patente porque el sumo sacerdote de la fe cristiana (Jesús) se ha revelado al mundo:

Juró el Señor y no se arrepentirá. Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor Pacto. Más éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” (Hb. 7:21b, 22, 24).

Cristo es el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham:

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su Simiente. No dice: y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu Simiente, el cual es Cristo” (Gá. 3:16).

El diezmo no pertenece a la Ley, sino al sacerdocio eterno de Cristo (Melquisedec). La Ley sólo confirmó su práctica.

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  • El diezmo no pertenece a la Ley, sino al sacerdocio eterno de Cristo (Melquisedec). La Ley sólo confirmó su práctica”.

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III. EL DIEZMO DE JACOB


Jacob, al igual que sus padres, práctico el diezmo y fue un hombre muy prosperado. Era de esperar que los descendientes de Abraham siguiesen su legado y enseñanzas, pues Dios expresó que se agradó de ellos (Dt. 10:15). El diezmo fue una práctica de Jacob como adorador y parte integral de su gran éxito como hombre de negocios. De su ejemplo se pueden rescatar lecciones prácticas para la vida cristiana.


a. Jacob hizo un pacto de diezmar a Dios

Siendo muy joven, Jacob debió huir de su casa a causa de la persecución de su hermano, a quien le había usurpado su bendición (Gn. 27:41-43). Económicamente, Jacob no tenía nada que ofrecerle a Dios cuando emprendió su incierto viaje. Pero, Jacob conocía el secreto de la bendición de sus padres por medio del diezmo.

Jacob siempre fue un hombre astuto para los negocios y no fue la excepción cuando negoció con Dios. Él sabía que si se comprometía a diezmar y cumplía, Dios no fallaría en bendecirle. Jacob sabía que si involucraba a Dios como su primer socio en el viaje que estaba a punto de emprender, él sería prosperado.

Jacob no tenía nada que ofrecerle a Dios, más que su palabra de compromiso y aunque era un hombre listo, sabía que a Dios no lo podía engañar. Dios no hubiese bendecido a un mentiroso y desleal. Dios honra a los que le honran (1 S. 2:30b) y aún con sus defectos y debilidades, Dios guía a sus hijos a la perfección cuando se disponen a obedecer (Fil. 1:6).

Jacob se levantó de la nada para ser un hacendado muy rico en su época. El secreto de este hombre fue su fidelidad al pacto que hizo con Dios:

E hizo Jacob voto, diciendo: si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios, y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para Ti” (Gn. 28:20-22).

Jacob hizo el pacto de diezmar a Dios antes de recibir algo, como un acto de fe. Él sabía que si cumplía su parte del trato con Dios, nadie detendría su bendición. Y quedó demostrado al prosperar en casa de su suegro Labán, siendo antes su trabajador asalariado (Gn. 29:15-30).

Posteriormente, Dios cambiaría el nombre de Jacob (suplantador), por Israel (el que lucha, Gn. 32:28). Jacob dejó a un lado las patrañas para convertirse en un hombre de carácter firme. Dios le cambió su nombre por el luchador, pues venció las amenazas de los hombres, peleó su bendición con un ángel y supero sus propios engaños.

Jacob hizo un pacto con Dios pidiéndole que le protegiera, supliera sus necesidades y le regresara salvo a su casa, después de emprender su largo viaje. El por su parte prometió cumplir con sus diezmos y seguir a Jehová su Dios todos los días de su vida.

Jacob regresó con mucha riqueza en su viaje de retorno a su tierra a causa de su pacto de diezmar de todo lo que recibiera y confesando lo que prometió: Que Jehová sería su Dios (Gn. 31:1, 32:9). Eso implicaba ser fiel en todas las demandas divinas, incluyendo su promesa de diezmar.



b. Jacob cumplió su promesa de diezmar y Dios lo bendijo

Jacob fue bendecido a causa de su fidelidad al pacto que hizo con Dios y todo lo que tocaban sus manos prosperaba.

Nótese lo que le dice Jacob a su suegro Labán, cuando trabajaba para él:

Porque poco tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número, y Jehová te ha bendecido con mi llegada” (Gn. 30: 30a).

Jacob le hizo saber a su suegro que desde su llegada, el también empezó a prosperar. La presencia de un diezmador fiel y comprometido con Dios produce bendición en quienes le rodean. De Jacob la Biblia señala:

Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, camellos y asnos” (Gn. 30:43).

La prosperidad de Jacob fue innegable en todos los aspectos de su vida; tanto económicos como espirituales y aunque diezmar por sí mismo no era la parte total de su bendición, sino su completa fidelidad a Dios, no se puede negar que el cumplimiento de su pacto de diezmar a Dios redundó en bendición. Dios cumple su promesa, si somos fieles a su pacto.

Su suegro Labán, no soportaba la bendición de Jacob, quien prosperaba cada día más. Jacob pasó de ser un simple empleado de su suegro a un hombre próspero porque antes de recibir había prometido separar todos los diezmos para Dios y cumplió. Por eso Dios lo honró.

Labán quiso hacerle trampa a Jacob cuando era su empleado; pero ante la fidelidad de un diezmador nada puede interrumpir la bendición divina, pues Dios está comprometido con su Palabra.

Hablando acerca de las tretas que Labán su suegro quiso utilizar para detener su bendición, Jacob dijo a su esposa:

Y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal” (Gn. 31:7).

Labán trató diez veces de encontrar la fórmula para detener la bendición de Jacob; pero no la encontró, porque Jacob conocía una formula basada en el diez que si funciona (el diezmo). La bendición de Dios no se detenía sobre Jacob, porque nadie puede detener la bendición de un fiel diezmador, ni los hombres, ni Satanás. Dios lo ha prometido en la Biblia y Él cumple lo que promete.

La bendición de Jacob no estaba fundada en su inteligencia, suerte o trucos, sino en el fiel cumplimiento del pacto de diezmar que había concertado con Dios.

El diezmo fue parte integral de la práctica de adoración del creyente Abraham y sus hijos. Ellos entendieron que hay bendición en separar el diez por ciento de lo recibido para consagrarlo a Dios, por eso fueron prosperados.

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  • Jacob pasó de ser un simple empleado de su suegro a un hombre próspero porque antes de recibir había prometido separar todos los diezmos para Dios y cumplió. Por eso Dios lo honró”.


  • Nadie puede detener la bendición de un fiel diezmador, ni los hombres, ni Satanás. Dios lo ha prometido en la Biblia y ÉL cumple lo que promete”.

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Capítulo – 3 –






OFRENDAS Y PRIMICIAS EN LA LEY

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I. ADORADORES BAJO EL PACTO DIVINO


a. La obediencia al pacto fue requerida para ofrendar durante la Ley

En la Ley fue requisito que los oferentes hicieran una confesión de obediencia al pacto divino, antes de presentar sus ofrendas. Vide., Dt. 26. Eso implica que a Dios no le bastan las ofrendas si no se practica la fe que se profesa.

A continuación, un resumen general de lo que Dios le ordenó al pueblo de Israel con relación a los diezmos y ofrendas en el pacto, antes que entraran en la tierra prometida. Israel debía diezmar y ofrendar porque Dios como creador y dueño de todas las cosas les había regalado la tierra prometida (Deuteronomio 26):

Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría” (v. 1-3).

El oferente debía hacer remembranza al pueblo acerca de la liberación de la esclavitud egipcia, donde Dios les había librado de la muerte. De esta manera reafirmaban que habían entrado en un pacto con Dios y debían cumplirlo para mantenerse bajo la bendición divina.

La ofrenda sólo reflejaría la gratitud y fe del oferente que deviene en obediencia a la Palabra de Dios. Las ofrendas se darían con gratitud, alegría e integridad de corazón por los beneficios recibidos gratuitamente de parte de Dios:

Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel” (v. 5-9).

El oferente debía presentarse como un adorador consciente del mandato divino. Reconociendo a Dios como Creador:

Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová” (v. 10a).

El oferente debía adorar y regocijarse con su familia delante de Dios por participar de sus bendiciones:

Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios. Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti” (v. 10b, 11).

El oferente debía ser un adorador obediente, con una experiencia viva de su fe en Dios. La ofrenda no debe ser un acto carente de fe, sino de genuina adoración:

Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos” (v. 13).

Sólo después que el adorador confesaba ser obediente a la palabra de Dios su ofrenda era agradable y podía invocar la bendición divina prometida a los obedientes: “Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel” (v. 15).

Toda esta experiencia cultica demandada a Israel demuestra que desde la perspectiva divina el diezmo es un acto de adoración más que un asunto de dinero per se.

El secreto de una ofrenda grata a Dios radica en la comunión intina y santa entre el adorador y Dios.


b. Las ofrendas durante la Ley

Las ofrendas a Dios fueron parte integral del culto del AT (Lv. 1:1). La palabra hebrea “Korban” (ofrenda), significa lo que se ofrece a Dios (ofrendas, sacrificios y hasta el control de la vida).5 También en el AT se usa la palabra “Minjah” (cerca de 200 veces en el AT) y se traduce como ofrenda, tributo, presente, don, sacrificio u oblación.6

Las ofrendas como sacrificios requeridos fueron establecidos en la ley de Moisés para expiar todo tipo de pecado cometido contra Dios y el prójimo. Existían varios tipos de ofrendas requeridas por la Ley, entre ellas: (a) En sacrificio por el pecado, (Lv. 4:1-35, 6: 24-30). (b) Por culpa o pecados por omisión (Lv. 4:1, 5:2-19, 17:1-7) (c) Ofrendas de Paz (Lv. 3), etc.

Las ofrendas expiatorias fueron ordenadas por Dios en la Ley a causa del pecado del pueblo de Israel, por ofensa o daño al prójimo o por impureza ritual. Las ofrendas requeridas por la Ley tenían dos objetivos supremos: Expiar el pecado cometido contra Dios y contra el prójimo. No se puede estar bien con Dios y mal con el prójimo (1 Jn. 4:21).

En la Ley también se daban ofrendas voluntarias, como fue costumbre antes de la Ley. Las ofrendas de paz (Ex. 20: 24), que se ofrecían en acción de gracias por las misericordias recibidas o esperadas (Lv. 7:12). Era un acto voluntario de un corazón agradecido de Dios (Lv. 7:16) o para hacer un voto o promesa delante de Dios (Lv. 7:16).

En una ocasión el rey Salomón ofreció como ofrendas de paz 22.000 bueyes y 1.200 corderos en agradecimiento por la bondad de Dios (1 R. 8:62-66). Salomón fue uno de los reyes más ricos y sabios de la historia. La clave de su bendición fue su fidelidad al pacto divino. El sabio aconseja: Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Pr. 3: 9-10). Lo separado para Dios debía darse sin objeción (Lv. 27:33). En la mayoría de las ofrendas requeridas por Dios a causa del pecado o voluntarias, lo ofrecido debía ser lo mejor, sin defecto alguno (Lv. 3:1, 4:3, 32).


c. La consagración de las primicias

Dios ordenó en la Ley la consagración de las primicias de los frutos y animales (Ex. 23:19). Estas primicias eran los primeros frutos de la cosecha que debían ser consagrados a Dios. Las primicias tenían el valor de reconocer a Dios como el creador de todas las cosas, quien otorga la fertilidad a toda criatura. Estas se daban en acción de gracias a Dios y era parte de toda la teología de la creación, en la cual se admite implícitamente que Dios es el dador y propietario de la vida de toda criatura existente. El fin es darle el primado a Dios, para que el ser humano no se olvide de Él, después de ser bendecido (Pr. 30:9).

Las primicias, al igual que todas las ofrendas, evocan un acto de reconocimiento de Dios como el que da vida a todas las cosas que existentes y de agradecimiento por el sustento diario recibido. Esto incluía consagrar la vida de los hijos primogénitos de cada familia israelita (Ex. 13:12-13). Cada israelita al llegar a los 20 años debía pagar una ofenda por su vida y era usada posteriormente para los sacrificios de expiación (Ex. 30:11-16).

Esta Ley estaba fundada en la liberación de la muerte de los primogénitos de Israel, cuando Dios envió su juicio contra los primogénitos egipcios. Dios libró los primogénitos de cada familia y de los animales en Israel, por eso debían redimirse con una ofrenda, pues pertenecían a Dios porque Él les salvó de la muerte.

Posteriormente, Dios redimió a todo varón y animal de Israel por cada levita consagrado al servicio de Dios y sus animales (Nm. 3: 40-51). Por eso todas las ofrendas y primicias eran dadas para el sostenimiento de los sacerdotes en el templo (Nm. 18:8-20).

Hoy día, en muchas ciudades modernas los cristianos no cultivan productos del campo, ni crían animales; pero hay quien, de forma voluntaria, ofrece el primer ingreso de un negocio o empleo como primicias.

La palabra primicia significa, lo primero. Así que se refiere al primer fruto de la labor. No se refiere a una ofrenda mensual y menos obligada para llevar al templo. Este concepto ha sido tergiversado por los movimientos cristianos que fundan su fe en una falsa prosperidad.

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  • Las primicias, al igual que todas las ofrendas, evocan un acto de reconocimiento de Dios como el que da vida a todas las cosas que existen en el mundo y de agradecimiento por el sustento diario recibido”.


  • Estas se daban en acción de gracias a Dios y era parte de toda la teología de la creación, en la cual se admite implícitamente que Dios es el dador y propietario de la vida de toda criatura existente. El fin es darle el primado a Dios, para que el ser humano se no olvide de Él, después de ser bendecido” (Pr. 30:9).

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Capítulo – 4 –






EL DIEZMO EN LA LEY

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I. DIOS ORDENÓ EL DIEZMO EN LA LEY


a. La Ley confirmó la vigencia del diezmo de Abraham

Abraham diezmó cuando no existía la Ley, ni el pueblo de Israel. Tampoco había nacido Moisés, quien recibió la Ley. Pasaron más de 400 años para que todas estas leyes fuesen reveladas a Israel. El diezmo no pertenece a la Ley.

Abraham y sus hijos diezmaron antes que la Ley fuese dada, bajo el pacto de la Fe dado a Abraham, revelado y cumplido en nuestro Señor Jesucristo.

Dios ratificó el pago del diezmo en la Ley dentro del pueblo judío para que continuaran siendo bendecidos con la promesa hecha a Abraham. Este mandato divino se encuentra en diferentes versos del AT:

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa debajo de la vara, el diezmo será consagrado a Jehová. No mirarás si es bueno o malo, ni lo cambiará” (Lv. 27:30, 32, 33a).

Al momento de presentar los diezmos y ofrendas el Señor advirtió que no se debía ver si el producto separado era bueno o malo para cambiarlo por otro: No mirarás si es bueno o malo, ni lo cambiará”. A medida que los animales y productos crecen desarrollan ciertas características que se pueden apreciar mejor. Dios quería evitar la tentación de cambiar un producto bueno separado para Dios para darle otro de menos valor, pero el trato era justo, tampoco se debía cambiar el malo para dar a Dios uno mejor.

Lo que a Dios le interesa es la fidelidad. Siempre existe la tentación de pensar que se le está dando demasiado a Dios una vez que se está bajo su bendición, olvidando que Dios es el dador de todas las cosas.

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  • El diezmo no pertenece a la Ley. Abraham diezmó cuando no existía la Ley, ni el pueblo de Israel. Tampoco había nacido Moisés, quien recibió la Ley. Pasaron más de 400 años para que todas estas leyes fueran reveladas a Israel”.

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b. El diezmo como acto de adoración

El diezmo y las ofrendas eran llevados al templo para ofrecerlos a Dios. Estos eran entregados a los levitas para consagrarlos a Dios y cubrir sus necesidades.

El propósito de esta ceremonia es que el adorador goce de comunión con Dios y reciba la bendición de su Creador al reconocerlo en todos sus caminos. La consagración de diezmos y ofrendas debe ser motivo de gozo: ”Y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido” (Dt. 12:7). El oferente debía participar y regocijarse de las bendiciones recibidas de Dios, atribuyéndole todo mérito y honor por prosperar la obra de sus manos conforme a su promesa de bendición a los fieles con sus diezmos y ofrendas: “para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren” (Dt. 14:29b). El adorador intima con Dios en este acto de adoración. El mandato divino señala:

Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días (Dt. 14:22-23).

El sentido de este acto de adoración por medio del diezmo es “para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días”. Aquí se refiere a un temor reverente, no de miedo. Dios estableció el diezmo a fin de que el ser humano se mantenga en absoluta dependencia de su Creador y no se olvide que Dios es el proveedor de todas las cosas.

El adorador es bendecido al mantenerse en comunión con Dios y alejado del juicio advertido a los desobedientes que rechazan sus promesas de bendición.


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