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LA LEY

y

LA GRACIA

____________________________________________________

Copyright © 2013 por Joel Perdomo



la Ley por medio de Moisés fue dada,

pero la Gracia y la Verdad

vinieron por medio de Jesucristo

(san Juan 1: 17).




Prohibida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso escrito del autor. Al menos que se indique lo contrario, los textos bíblicos han sido extraídos de la versión Reina-Valera 1960.

















































CONTENIDO

Prefacio………………………………………………………………...6

Introducción……………………………………………………………7


Capítulo – 1 – UN DIOS DE PACTOS

I. LOS PACTOS DIVINOS EN LA BIBLIA……………………………...11

a. ¿Qué es un Pacto?

b. El pacto Noéico

c. El pacto Abrahámico

d. Características de los pactos divinos

II. EL PACTO DE LA LEY……………………………………………...15

a. El Pacto Sinaítico

b. Un pacto de bendición

c. Israel invalidó el Antiguo Pacto y Dios prometió un Nuevo Pacto


Capítulo – 2 – EL NUEVO PACTO

I. EL PACTO DE LA GRACIA…………………………………………21

a. ¿Dónde se cumple el Nuevo Pacto de la Gracia?

b. La Ley no justifica ante Dios

c. Nadie puede agradar a Dios por medio de la Ley

d. La Ley produce temor… la Gracia liberta

e. La Letra mata… El Espíritu da vida

II. LA LEY Y LA GRACIA COMO VÍA DE SALVACIÓN………….......33

a. La ineficacia de la Ley para salvar

b. Sólo la Gracia de Cristo justifica ante Dios

c. Las obras de la Ley (cumplimiento de la Ley) no salvan


Capítulo - 3 - LA LEY COMO UN AYO QUE CONDUCE A LA GRACIA DE CRISTO

I. LA LEY DIAGNOSTICA EL PECADO Y LA GRACIA LO CURA……39

a. La Ley como Ayo

b. La Ley conduce a la Gracia de Cristo

c. ¿La Ley es buena o mala?

d. La Ley diagnostica el pecado; la Gracia redime al pecador


Capítulo – 4 – LAS OBRAS EN LA GRACIA

I. LA FE SALVÍFICA Y LA FE PRÁCTICA……………………………45

a. Las obras de la Ley… Y las obras en la Gracia

b. La fe salvífica (aceptar a Cristo como salvador)

c. La fe activa (la práctica de la fe cristiana)


Capítulo – 5 – JESÚS Y LA LEY

I. JESÚS ES EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY…………………………49

a. “No he venido para abrogar; sino a cumplir”

b. El cumplimiento de la Ley en la Gracia

c. El fin de la Ley es Cristo

d. Jesús es mayor que la Ley y los profetas

e. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres

f. La Ley fue dada para exaltar a Cristo

II. LOS DIEZ MANDAMIENTOS EN LA GRACIA……………………..60

a. El espíritu profético de la Ley sigue vivo

b. El decálogo en la Gracia

III. LA NUEVA LEY DEL AMOR……………………………………….67

a. Jesús y el nuevo mandamiento del amor

b. La transición de Ley a Gracia

c. Juan y el nuevo mandamiento del amor


Capítulo – 6 – LA REVELACIÓN DEL NUEVO PACTO

I. JUDÍOS Y GENTILES EN EL ANTIGUO PACTO…………………….75

a. La separación de judíos y gentiles en el Antiguo Pacto

b. Una religión excluyente

II. EL APOSTOLADO JUDÍO Y EL GENTIL……………………………76

a. El apostolado de la circuncisión y la incircuncisión

b. Pablo defendió su apostolado a los gentiles

c. El concilio de Jerusalén

III. LA LUCHA ENTRE PABLO Y LOS CRISTIANOS JUDAIZANTES…83

a. Una lucha milenaria

b. El apóstol Pablo confrontó a los judaizantes

c. El Legalismo y el Antinomianismo


Capítulo – 7 - LA GRACIA Y LOS RITOS DE LA LEY

I. LAS COMIDAS PURAS E IMPURAS………………………………..89

a. La simbología de los ritos de la Ley

b. Jesús y las comidas

c. Dios le confirmó a Pedro que ninguna comida es impura

d. No se debe juzgar la libertad cristiana por una comida

e. El problema de las comidas en Roma

II. EL AMOR Y EL CONOCIMIENTO………………………………….97

a. El conocimiento envanece; pero el amor edifica

b. El peligro de la idolatría

c. La comida sacrificada fuera de los templos paganos

III. LA PASCUA JUDÍA Y LA CENA DEL SEÑOR……………………100

a. La institución de la Cena del Señor

b. La Cena del Señor como substituto de la pascua judía


Capítulo – 8 - EL REPOSO JUDÍO Y LOS CRISTIANOS

I. EL REPOSO JUDÍO Y EL SER HUMANO…………………………105

a. El principio divino detrás del día de reposo

b. El propósito humanitario del día de reposo judío

c. La ley fue dada para bendecir al ser humano

d. El ser humano es lo más importante de toda la creación

II. EL REPOSO JUDÍO EN LA GRACIA……………………………113

a. Un día sin reposo

b. Jesús afirmó que el ser humano es más importante que el día de reposo judío

c. Jesús es el Señor del día de reposo

d. Jesús y el reposo judío

e. ¿Qué enseñó Jesús con relación al reposo judío?

III. CRISTO ES EL VERDADERO REPOSO DE LA HUMANIDAD……120

a. Los gentiles y el día de reposo judío

b. Soportando a los débiles en la fe

c. El reposo en la carta a los Hebreos

IV. EL DÍA DEL SEÑOR EN LA HISTORIA DEL CRISTIANISMO…….127

a. El día del Señor

b. Constantino en la historia del cristianismo

c. El testimonio de Eusebio de Cesarea

d. ¿Por qué tanta aversión hacia Constantino?

V. EL REPOSO JUDÍO Y LA HISTORIA CRISTIANA………………..137

a. El sábado judío es un mandato exclusivo para el pueblo de Israel como señal del antiguo pacto

b. El sabatarianismo en la historia cristiana

c. Los cristianos no están obligados a observar el sábado

d. El cristiano que guarda el sábado como medio de justicia ante Dios, está obligado a cumplir con toda la Ley.


Capítulo – 9 – LA CIRCUNCISIÓN

I. QUIÉN GUARDA UN PUNTO DE LA LEY PARA JUSTIFICARSE ANTE DIOS, ESTA OBLIGADO A CUMPLIR CON TODA LA LEY…………149

a. La verdadera circuncisión es la del corazón

b. La circuncisión no produce justicia para salvación

c. Los cristianos judaizantes o de la circuncisión

d. La circuncisión de nada aprovecha

II. LA CIRCUNCISIÓN E INCIRCUNCISIÓN…………………………154

a. La separación entre la circuncisión e incircuncisión

b. Jesús se hizo siervo de la circuncisión para testimonio

c. Cristianos judíos y gentiles son un solo cuerpo en Cristo

d. Pablo; su revelación del Evangelio y profundo conocimiento de la religión judía


Conclusión…………………………………………………………..164

ANEXO - I - EL ANTIGUO TESTAMENTO COMO TIPOLOGÍA DE CRISTO………………………………………………………………169

ANEXO - II - QUE DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA LEY…………...172


ABREVIATURAS

AT - Antiguo Testamento Nt. - Nota hb. - Hebreo

NT - Nuevo Testamento Pág. - Página aC. - Antes de Cristo

BJ - Biblia Jerusalén gr. - Griego dC. - Después de Cristo

PREFACIO


La Ley y la Gracia, por si mismos, son temas que han generado grandes debates, causado escisiones entre cristianos desde los inicios de la Iglesia primitiva hasta nuestros días.

Basta dar un vistazo a las cartas de Pablo, en las que dedicó gran parte de su contenido a la defensa de la fe cristiana en su choque con la religión judía (Ley).

Escribir de este tema es una necesidad, un gran reto y un proyecto osado. Nuestro objetivo es tratar de poner en balance un tema que oscila en extremos antagónicos y hasta nocivos para la fe cristiana.

Es sabido que cada terreno teológico que los cristianos dejan sin cultivar, es tierra fértil para que Satanás siembre su cizaña. Este tema, aunque es harto controversial, lo escogimos a fin de aportar a la necesidad que existe en la Iglesia de Cristo de entender su fe, a la luz de toda la sagrada Biblia.


Hacemos eco de las palabras de Spurgeon, quien dijo:


La Biblia es como un león,

la sueltas y ella sola se defiende”.







INTRODUCCIÓN


  • Una preocupación real

Una de las preocupaciones más comunes entre los intérpretes de la Biblia, es la manera en que los cristianos interpretan la Ley, en el período de la Gracia. La incomprensión de la aplicación de la Ley en el contexto de la Gracia, puede causar enormes errores de interpretación bíblica que pueden conducir a herejías dañinas para la fe cristiana como advierte el Dr. Rodolfo Blank, en la introducción a su comentario al Evangelio de Juan:

La falta de conocimiento para hacer una clara distinción entre la Ley y las Buenas Nuevas (Evangelio de la Gracia) puede conducir al intérprete por un camino equivocado, distorsionar el mensaje de San Juan (evangelios) y utilizarlo para promulgar ideas y prácticas heréticas” (Blank, 1999. 6).

Al estudiar las raíces de los errores en la interpretación de la Ley en el período de la Gracia, que han culminado en herejías y sectas dañinas para la fe cristiana, se puede comprobar que históricamente se remiten a una fecha en la que sus fundadores erraron en la interpretación bíblica por el desconocimiento de la aplicación de la Ley en el período de la Gracia o enseñanzas fundadas en supuestas “revelaciones” que contradicen el Evangelio de Cristo, revelado en la Biblia.

En el otro extremo, están quienes pervierten la Gracia de Cristo por medio de herejías que promueven el pecado, y que son igualmente dañinas para la fe cristiana.

Dos mil años después de la fundación en la Iglesia cristiana, aun existen grandes lagunas en el pleno conocimiento de la revelación del Evangelio de la Gracia de Cristo, que sigue siendo un misterio no revelado en su plenitud a la mente y el corazón de muchos cristianos bien intencionados, cuya fe cristiana no se ha podido definir y oscila entre la Ley y la Gracia.

Mientras no se posea un conocimiento claro de la Gracia de Cristo que permita definir una posición teológica apegada a la enseñanza bíblica, la puerta estará abierta a la confusión y la herejía al que inevitablemente conducen el legalismo y la perversión de la Gracia. Aunque sea en cristianos muy devotos y bien intencionados en su fe.

El verdadero cristianismo estriba en reconocer la Gracia salvadora de Jesús y entender la revelación del Evangelio en toda la amplitud de su alcance y significado.

El acto salvífico, es una obra consumada por medio de la sangre de Cristo. Es un regalo inmerecido que no se puede obtener por mérito o esfuerzo personal (S. Jn. 1:12-13). Tampoco permite continuar en la práctica del pecado.

El claro conocimiento de estos dos temas, evitará caer en uno de los extremos, a saber: La esclavitud a la Ley o la perversión de la Gracia. La fe en Jesús es el único camino de salvación para la humanidad:

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron (judíos y gentiles), y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, (Ro. 3:21-24).

El pleno conocimiento de la revelación del Evangelio de Cristo, aun es una necesidad dentro del cristianismo. El mundo no puede ser alcanzado con el mensaje del Evangelio, mientras la Iglesia le cierre las puertas de los cielos con sus propios vicios de interpretación bíblica, a quienes lo buscan con desesperación.


  • Los extremos en la interpretación de la Ley y la Gracia son nocivos a la fe cristiana

Si se entiende correctamente la relación entre la Ley y la Gracia; se puede gozar de la plena libertad que produce el Evangelio de Cristo en el corazón del cristiano. Pero, si se desconoce la aplicación de la Ley y los efectos de la Gracia en el curso del destino humano, particularmente en la vida del cristiano, se puede caer en extremos nocivos y aberrantes para la fe cristiana.

Hay cristianos que después de disfrutar de la libertad que ofrece la Gracia de Cristo, tratan de esclavizarse a la Ley para “alcanzar” una salvación ya alcanzada, haciendo partícipes a sus seguidores de cargas difíciles de soportar y estrechando más el camino al cielo de lo que realmente es. Jesús dijo:

Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mt. 23:4).

Por otro lado, hay quienes menoscaban la Palabra de Dios al tomar la libertad cristiana como libertinaje (Judas 1:4), usando la Gracia de Cristo como excusa para justificar el pecado. Pablo advierte el peligro de tal extremo:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la Gracia abunde? - En ninguna manera” (Ro. 6:1, 2a).

Pablo enfrentó estos extremos en la Iglesia primitiva. Además, dio una respuesta muy clara al debate.

En su afán de escapar del legalismo implícito en la Ley, algunos cristianos abusaban de la libertad que produce la Gracia de Cristo, usándola como excusa para justificar su pecado. Mientras otros cristianos se esclavizaban a la Ley por el miedo que produce el desconocimiento pleno de la Gracia de Cristo, cayendo en abusos igualmente aberrantes que pueden conducir al maltrato, menosprecio y abuso entre los cristianos.

El legalismo minimiza el sacrificio de Cristo por los pecados, al procurar alcanzar por osado esfuerzo personal, una salvación ya alcanzada por Cristo. Por otro lado, la perversión de la Gracia, niega la fe que se profesa. Existe el peligro de caer en estos extremos igualmente dañinos para la fe cristiana.


  • El propósito de este libro

El propósito que persigue este libro es que, por medio del conocimiento bíblico, los cristianos se apropien y disfruten de la libertad plena que les ha concedido el sacrificio perfecto de Cristo hecho en la cruz del calvario, a fin de servir a Dios sin temores infundados, propios de una mala interpretación de la Ley (Mt. 15:3-6; Col. 2:4, 8; Gá. 4:9-11).

Por otro lado, el conocimiento pleno de la Gracia de Cristo tampoco permite menoscabar el valor de los mandamientos que se relacionan con Dios y el prójimo, que ahora se cumplen bajo la nueva Ley del Amor (Gracia).

Uno de los anhelos y oraciones más profundos del apóstol Pablo fue que todos los cristianos gozaran de libertad por medio del pleno conocimiento del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo:

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cual es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Ef. 1:15-18).

Al apóstol Pablo debió mediar en el conflicto que habían creado los judaizantes entre los cristianos de la Iglesia primitiva, insistiendo en el cumplimiento de la Ley como vía de salvación. También condenó a quienes, en el otro extremo, usaban la Gracia como una excusa para el pecado.

Pablo, con autoridad divina, pudo definir una postura muy clara para la Iglesia. El conocía a profundidad la Ley, y a la vez le fue dada la revelación del Evangelio de la Gracia de Cristo. Hacemos eco de ese deseo y oración de Pablo, para que Dios imparta sabiduría y pleno conocimiento del Evangelio de la Gracia de Cristo a los cristianos que así lo anhelen.

Este tema está dirigido a que los cristianos disfruten de la libertad plena que produce el Evangelio de la Gracia de Cristo y se eviten extremos que esclavizan a la Ley o pervierten la Gracia. Los cristianos han sido libres del miedo de la Ley, que no fue dada para los justos, sino para que los pecadores se arrepientan del pecado. La Gracia tampoco promueve el pecado.

Deseo de todo corazón que este pequeño grano de arena, en el amplio espectro de la interpretación bíblica de la Iglesia de Cristo, coadyuve a la edificación de quienes tengan sus oídos atentos a la Palabra de Dios y deseen fundamentar su fe en la Biblia, más que en doctrinas o mandamientos de hombres.


¡Dios te bendiga!


Joel Perdomo




Capítulo – 1


UN DIOS DE PACTOS

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I. LOS PACTOS DIVINOS EN LA BIBLIA


a. ¿Qué es un Pacto?

Dios se ha revelado en la Biblia, como un Dios de Pactos. Él muestra sus planes a los seres humanos para que le sirvan voluntariamente. Dios puede concertar pactos con los seres humanos, porque desde el principio les dotó con la capacidad ínsita de decidir entre el bien y el mal.

Después de la caída de la humanidad, Dios se ha revelado a través de dos grandes Pactos: La Ley y La Gracia.

La palabra Pacto procede del hebreo “berith” que se traduce como cortar. En la Biblia se encuentra la frase hebrea “karath berith” cortar un pacto. Esta etimología procede de los orientales, que solemnizaban sus pactos mediante el sacrificio de animales, pasando las dos partes interesadas entre las víctimas cortadas en dos mitades1.

Los pactos se pueden concertar entre humanos, como el caso de Jacob y Labán (Gn. 31:43-55); David y Jonatán (1 S. 20-8, 42). Entre naciones, como Israel y los gabaonitas (Jos. 9:3-27). De soberanía, entre Dios y los hombres (Éx. 19:3-8, 20:1-17).

En términos humanos los pactos pertenecen a la experiencia social de los hombres, por medio del que se realizan y confirman acuerdos entre dos o más partes interesadas, que se comprometen en cumplir lo estipulado con el fin de obtener beneficios mutuos.

Un pacto, es llegar a un acuerdo en el que las partes interesadas pueden gozar de sus privilegios, si cumplen con sus responsabilidades; si una de las partes no cumple su parte de lo pactado, el pacto se invalida. Dios se caracteriza por pactar con la humanidad y ha usado este medio para establecer pactos de vida y bendición con los hombres.2

Después de la caída, Dios estableció varios pactos con la humanidad, que permiten tener una idea generalizada de cómo funcionan. Dios estableció pactos con algunas personas: El pacto Noéico, Abrahámico, Sinaítico, Palestino, Davídico y el Nuevo Pacto. Estudiaremos algunos de estos pactos para confirmar las características, antes mencionadas.

Antes de la caída, Dios estableció su primer pacto con Adán y Eva. Este fue un pacto de vida. Dios prometió darles vida, bajo el pacto de que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal que estaba en el huerto del Edén, porque morirían:

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn. 2:27).

Dios dotó al ser humano con la capacidad de decidir por sí mismo, desde el principio y Dios respeta ese libre albedrio. El ser humano voluntariamente decidió pecar y rompió el primer pacto de vida. Después de la caída, Dios concertó diferentes pactos con personas a fin de redimir a la humanidad de su pecado para restablecer su comunión con el ser humano.


b. El Pacto Noéico

Noé, varón justo y perfecto en medio de una generación pecadora, decidió agradar a Dios (Gn. 6:5-7). Dios estableció un pacto con Noé a causa de su justicia (Gn. 6:8-9) y fue salvo con toda su familia del diluvio universal que Dios derramó sobre la tierra a causa del pecado humano (Gn. 7).

Después del diluvio, Noé ofreció animales en sacrificio a Jehová en agradecimiento por la salvación (Gn. 8:20). Dios hizo pacto con Noé, su familia y la humanidad, de no exterminar más los habitantes de la tierra con diluvios (9:9-11). Además, prometió bendecir a Noé y a su descendencia, como premio a su rectitud y obediencia (9:1).

En el pacto Noéico, Dios prometió que aparecería su arcoíris en los cielos como señal de la promesa de no destruir más a los habitantes de la tierra por medio de agua (Gn. 9:8-17). Ese pacto es evidente cuando llueve, siendo el arcoíris un testigo fiel de que Dios mantiene y cumple su palabra.


c. El Pacto Abrahámico

Dios llamó a Abraham con la promesa de bendecir a su familia y a toda la humanidad, en general (Gn. 12:1-3). Abraham creyó y obedeció la voz divina, por eso Dios hizo pacto con él.

Dios le prometió y confirmó a Abraham por medio de un pacto que su descendencia sería una nación muy grande y que por su medio bendeciría a todas las naciones de la tierra.

Este Pacto de bendición, incluyó un sacrificio de animales ofrecido por Abraham, quien lo partió en dos mitades y Dios pasó por en medio del sacrificio en forma de una antorcha de fuego, para confirmarlo (Gn. 15:9-10, 17-18). El pacto de Abraham fue corroborado después, por medio de un juramento (Gn. 22:16)3.

La señal del pacto de Dios con Abraham y su descendencia fue la circuncisión de todo varón (Gn. 17:4-11). Una señal exclusiva que Dios le demandó a Abraham y a su descendencia (Gn. 17:6-8). La bendición de toda la humanidad sería el punto culminante de la promesa hecha a Abraham y fue revelada a su tiempo, por medio de Jesús (Gá. 3:16).







d. Características de los pactos divinos

Los pactos que Dios estableció en la Biblia tienen características generales, entre ellas:

  • Dios es quien toma la iniciativa de bendecir a los seres humanos y en su soberanía establece las reglas del Pacto.

  • Dios es santo y todos los pactos tienen implícito su carácter de santidad.

  • Dios, como creador de todas las cosas, no necesita nada. Él es quien bendice y el ser humano es el beneficiario.

  • Dios establece pactos con personas piadosas y apartadas del pecado.

  • Los pactos divinos en el AT., se sellan con sangre de animales.

  • Los pactos contienen promesas divinas de bendición y a veces ciertas advertencias implícitas o explicitas acerca del peligro del pecado.

  • Existen señales que recuerdan y atestiguan la vigencia de los pactos.

  • Los pactos tienen el propósito de volver el corazón de la humanidad, a la restitución de la comunión con Dios.




















II. EL PACTO DE LA LEY


a. El Pacto Sinaítico

El Pacto Sinaítico (Monte Sinaí) fue revelado por Dios a Moisés y es la continuidad del Pacto de Abraham; pero ahora con su descendencia, que se había convertido en una nación (Israel, Dt. 5:3). Una parte de la promesa hecha a Abraham se cumplió (multiplicar su descendencia) y la tierra prometida estaba pronta a serles entregada; faltaba el cumplimiento total de la promesa que era, bendecir a todas las naciones. La bendición para Abraham y su descendencia era solo una parte de la promesa.

El pacto Sinaítico es abarcador e instruye en todos los aspectos de la vida humana. En este pacto fue revelado a Moisés el decálogo, la Ley divina, aspectos legales de la nación judía e instrucciones acerca del culto y la adoración en Israel.

En este Pacto, Dios propuso separar al pueblo de Israel para ser un estado teocrático y el pueblo debía comprometerse a ser un reino de sacerdotes y gente santa (Éx. 19:5-6), pero ellos invalidaron el pacto (Jr. 31:32).

Dios mismo descendió sobre el monte Sinaí y habló con Moisés, a quien le escribió los diez mandamientos en tablas (Éx. 32:16). Esta es la Letra (2 Co. 3:6-8); el antiguo Pacto entre Dios e Israel, que también fue sellado con sangre (Hb. 9:18:21).

El Antiguo Pacto tuvo injerencia para toda la humanidad y su cometido era dar vida a los que obedecían (Ro. 7:10). Por medio de su conocimiento el ser humano podía decidir, entre el bien y el mal (Dt. 30:15, 19).

El Pacto de vida, irónicamente, causó muerte a causa de la continua desobediencia humana; siendo la culpa y los juicios más evidentes a causa del conocimiento del bien y el mal, develados por la Ley (Ro. 7:7-25).

Israel no se mantuvo fiel al Pacto divino, como Abraham y sus primeros descendientes (Dt. 10:15), y lo invalidaron. Dios prometió un Nuevo Pacto (Jr. 31:31), con mejores promesas (Hb. 8:6). El antiguo Pacto quedó abolido, como medio de salvación y justicia ante de Dios (Hb. 7:18). No obstante, la Ley cumple su función de mostrar el bien y el mal (Ro. 7:7), pues como un Ayo que instruye, conduce al ser humano a los brazos amorosos de Cristo, para el perdón de todos los pecados (Gá. 3:24).

b. Un pacto de bendición

La promesa que Dios le hizo a Abraham fue de bendecir a toda la humanidad; no solo a Israel:

Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3b).

La Ley revelada establecía consecuencias a los que la quebrantaban, éstas eran resultado de despreciar voluntariamente la bendición de Dios, al abandonar el Pacto.

La Ley fue dada para bendecir al ser humano, fue un pacto de bendición motivado por el amor y la misericordia divina para Israel, y la humanidad en general. Jesús mismo señaló que el amor y la justicia son lo más esencial de la Ley:

Y dejáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe” (Mt. 23:23b).

Jesús exhortó constantemente a los religiosos judíos por ignorar el amor a Dios y al prójimo, como lo esencial de la Ley, y resaltar más los castigos a los desobedientes.

La justicia y el amor son la esencia de la ley y la fe en Dios está implícita para creer a las promesas divinas de bendición (la fe salvífica en Jesús no había sido revelada aún).

Una Ley fundada en el amor divino, no podía tener el prurito de maldecir a la humanidad. Lo que falló no fue la Ley, sino el ser humano con su pecado. Irónicamente, el mandamiento que era para dar vida se convirtió en muerte, a causa de la desobediencia humana.

La Ley estaba destinada a bendecir y proteger. El espíritu de la Ley no es punitivo en sí mismo, sus mandamientos tenían el objetivo de advertir los peligros del pecado a fin de evitar sus castigos; si produjo muerte, fue causa del pecado humano.

Cuando no se conoce a profundidad la real intención de la Ley, se puede llegar a creer que fue dada para ensañarse contra el malo, no para bendecir al justo.

El juicio resaltó en los relatos del AT a causa del constante pecado de Israel, no porque Dios tuviera la intención de usar la Ley como medio de aniquilación.

Un pacto de bendición no puede tener la intención de maldecir. El problema fue que Israel desobedeció el pacto y lo invalidó.

Dios les quitó la tierra a los cananeos para entregársela a Israel a causa del pecado de esas naciones paganas; pero Dios tampoco toleraría el pecado en Israel.

Dios castiga el pecado con la muerte, y en la Ley a veces con muerte inmediata (espada, plagas, fuego, etc.). Dios había santificado la tierra prometida del pecado de sus antiguos moradores, pero le advirtió a Israel que si pecaban morirían igualmente. Eso fue lo que ocurrió:

No sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros” (Lv. 18:28). Ver, Lv. 20:22

Al igual que en la Gracia, la bendición del Antiguo Pacto era prometida a quien voluntariamente deseaban permanecer en obediencia; no sin antes advertir las consecuencias del pecado. La bendición no era imputada de forma automática, ni colectiva, carente de un compromiso individual. Dios juzga a cada ser humano por sus propias acciones, no por las ajenas (Dt. 24:16).

La Ley prometía bendición a los obedientes y las maldiciones eran consecuencias a los desobedientes.

En la lista de bendiciones y maldiciones escritas en la Ley, aparecen primero las bendiciones por la obediencia, luego las maldiciones por desobediencia (Lv. 26; Dt. 28). Eso demuestra que la bendición era el propósito que perseguía el Viejo Pacto y la maldición era solo una consecuencia extrema de apartarse voluntariamente de Dios.

El propósito del Pacto de la Ley era bendecir, pero no se logró a causa de la continua desobediencia humana. Por eso Dios se hizo carne en la humanidad de Jesús, para librar de la maldición de la Ley a toda la raza humana, que no pudo cumplir con la Ley.

Dios quería que a través de la Ley en Israel imperara la justicia y la misericordia que Él les había mostrado, sacándoles de la injusta esclavitud egipcia4. Dios advertía el peligro del pecado por medio de los mandamientos, para que no se apartaran del pacto a fin de garantizarles su bendición.

Creer que la Ley es un elemento de castigo ensañador contra el malo y no un pacto de bendición, es desvirtuar el verdadero espíritu de la Ley.

Como todo pacto, la Ley incluye beneficios y deberes. Su primordial intención era bendecir (beneficios); en segundo lugar, contiene mandamientos preventivos (deberes), con la obvia intención de evitar el pecado a fin de mantener la bendición.

El pacto de la Ley pretendía bendecir, pero Israel lo invalidó y ningún ser humano lo pudo cumplir. Por eso Dios se encarnó en Cristo con el fin de redimir gratuitamente del pecado y de la muerte a la humanidad (Gracia), no por obras (Ley, Ro. 3:28).


c. Israel invalidó el Antiguo Pacto y Dios prometió un Nuevo Pacto

Es evidente en la Biblia que existe un Antiguo Pacto (la Ley), escrito con letras en tablas; y un Nuevo Pacto (la Gracia) firmado con la sangre de Cristo en la cruz del calvario. Negar esta verdad constituye una herejía, porque implícitamente se niega el sacrificio de Cristo para perdón de los pecados, pues si la Ley salvara, en vano murió Cristo como señala Pablo:

No desecho la Gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gá. 2:21).

Dios reprendió fuertemente a Israel, a causa del quebrantamiento del Antiguo Pacto (el cual invalidaron):

Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este Pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.

Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén. Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi Pacto, el cual había yo concertado con sus padres” (Jr. 11:8-10).

Israel con su continua desobediencia, invalidó el Pacto de la Ley como medio de justicia ante Dios (un pacto se mantiene vigente, si ambas partes cumplen lo acordado). Dios prometió establecer un Nuevo Pacto, con mejores promesas que el anterior:

He aquí vienen días, dice Jehová, en los cuales haré Nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el Pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi Pacto, aunque fui Yo un marido para ellos, dice Jehová” (Jr. 31: 31-32). Ver, Jr. 11:10.

Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo (Cristo), cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas’’ (Hb. 8:6).

Los Pactos divinos, a diferencia de los humanos, están garantizados por la fidelidad de la palabra de Dios. Él es infalible a sus promesas, pero el ser humano puede quebrantarlos. Dios se mantuvo fiel al Pacto que estableció con Israel, pero ellos lo invalidaron con su desobediencia.

Dios estableció que haría un Nuevo Pacto y este se cumplió cabalmente en Jesús, nuestro Dios y Salvador, quien puso su vida por la nuestra, derramó su sangre para salvarnos y justificarnos gratuitamente ante el Padre, quitando la justicia que se obtenía por medio de las obras (Ley).

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  • Israel no se mantuvo fiel al Pacto divino, como Abraham y sus primeros descendientes (Dt. 10:15) y lo invalidaron. Dios prometió un Nuevo Pacto (Jr. 31:31-32), con mejores promesas (Hb. 8:6).


  • El antiguo Pacto quedó abolido, como medio de salvación y justicia ante Dios (Hb. 7:18). No obstante, la Ley cumple su función de mostrar el bien y el mal (Ro. 7:7), pues como un ayo que instruye, conduce al ser humano a los brazos amorosos de Cristo, para el perdón de todos los pecados (Gá. 3:24).

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Capítulo – 2


EL NUEVO PACTO

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I. EL PACTO DE LA GRACIA


Dios hizo Pacto con Abraham en el que le prometió bendecir a su descendencia y a todas las naciones de la tierra, no solo a Israel. Dios honró la fe de Abraham y cumplió su promesa de bendición para toda la humanidad.

Posteriormente, Dios reveló el Pacto de la Ley a Israel, pero ellos lo invalidaron con su continua desobediencia y Dios estableció un Nuevo Pacto de salvación para toda la humanidad que tuvo fiel cumplimiento en Jesús, nuestro Señor y Dios, quien también fue desechado por Israel (Jn. 1:11).

Dios quiso hacer de Israel un pueblo de sacerdotes y gente santa, pero ellos rechazaron ese llamado, que ahora lo tiene la Iglesia de Jesucristo5 (Éx. 19:6; 1 P. 2:9; Ap. 1:6).


a. ¿Dónde se cumple el Nuevo Pacto de la Gracia?

Hebreos, afirma que en Jesús se cumple el Nuevo Pacto de bendición prometido a Israel y a todas las naciones. “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor Pacto” (Hb. 7:22).

El Nuevo Pacto de Cristo es mejor que el anterior, no solo por la calidad del mediador (perfecto), con relación al mediador del Antiguo Pacto (Moisés); sino porque el antiguo no era perfecto, por eso era necesario el contínuo sacrificio.

Jesús perfeccionó para siempre a los santos ante Dios, con un solo sacrificio. Hebreos explica que el Antiguo Pacto solo era un simbolismo de la persona y obra de Jesús. No hay sombra sin luz. La Ley solo era la sombra de la verdadera Luz, revelada en Jesús (Jn. 1:9):

Porque la Ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un Mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas” (Hb. 10:1 y 8:6).

La expresión “mejor ministerio” (v.6), contrasta con el antiguo ministerio sacerdotal, según la orden de Aarón (levítico). Ese sacerdocio levítico de la Ley, y su culto, fue abolido a causa de su ineficacia, para dar paso al sacerdocio eterno de Jesús.

La frase “mejores promesas” revela que las promesas de salvación y vida eterna gratuita por medio del sacrificio de Jesús, no se comparan a la Ley, que contenía sólo la sombra de ésta verdadera gloria manifestada a través de la Gracia de Cristo:

Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos” (Hg. 2: 6-7, 9).

La Gloria de Cristo es mayor que la del Viejo Pacto, porque solo Moisés podía hablar cara a cara con Dios. En la Gracia todos los cristianos tenemos acceso al trono de la Gloria (Hb. 10:19-22, 4:14-16). La Ley solo contenía la sombra de la Gloria de Dios, pues estaba llena de simbolismos, oblaciones y sacrificios externos que apuntaban a la realidad misma, que es Cristo.

El tiempo postrero es una expresión usada por los judíos para referirse a los días después del Mesías, en contraste a los primeros días, antes del Mesías. Esta gloria postrera profetizada por Hageo, es el Nuevo Pacto revelado por Dios encarnado (Jesús). El sacerdocio de Jesús (en su faceta de intercesor ante el Padre), según el orden de Melquisedec, es eterno:

Juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor Pacto” (Hb. 7:21b-22).

Un mejor Pacto” se refiere a que el Nuevo Pacto, es mejor que el Antiguo, con una revelación más personal de la gloria de Dios (Jn. 1:14)6, según lo afirma la promesa (Jr. 31:31-34; Is. 59:20-21). Las leyes divinas del Nuevo Pacto serían escritas por Dios en el corazón de los creyentes nacidos de nuevo por medio del Espíritu (Hb. 8:8-12), no en tablas (Ley).

Con la llegada del Nuevo Pacto se termina el exclusivismo que habían adoptado los religiosos judíos y la bendición se extiende a todas las naciones de la tierra, como Dios le había prometido a Abraham, antes que Israel existiera como pueblo.

La Ley tenía vigencia como medio de justicia hasta que viniera la Simiente santa:

Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la Simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en manos de un mediador” (Gá. 3:19).

Jesús le puso fin a la Ley como medio de justicia para salvación, pues la Ley fue dada “a causa de las transgresiones” de la humanidad hasta que viniese la Simiente”. Jesús es la Simiente de la promesa de Abraham (Gn. 26:4, 28:14; Gá 3:16).

Pablo, no se refiere a que la Ley fue dada para el pecador, a diferencia del judío o posteriormente al cristiano, pues no alude al pecador, sino al pecado: “a causa de las transgresiones”.

Toda la humanidad (primeramente, los judíos que recibieron la Ley y no la cumplieron, y luego los gentiles) quedaron cautivos al pecado por el conocimiento de la Ley, que los mató a todos por su incapacidad de cumplirla:

Porque si la Ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la Ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la Ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gá. 3:21b-26).

Pablo no señala a pecadores sin conocimiento de Ley; sino a conocedores de la Ley (judíos y gentiles) declarando que todos están bajo el juicio de Dios por desobedientes:

Pero sabemos que todo lo que la Ley dice, lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Ro. 3:19).

Nadie puede cumplir, ni justificarse asimismo por medio del cumplimiento de la Ley, ni siquiera Israel que recibió la misma Ley. Por esa razón Jesús les predicó a los judíos, quienes vivían bajo la Ley, para que se arrepintieran y creyeran al Evangelio (Mr. 1:15). Pablo señala que lo escrito en la Ley alude a los que vivían bajo la Ley (Israel) y que no la pudieron cumplir. Todo orgullo de ser descendiente de Abraham o haber recibido la Ley es vano para salvación, porque todos quedan bajo el juicio de la Ley a causa de la desobediencia:

Ya que por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de Él; porque por medio de la Ley es el conocimiento del pecado. Siendo justificados gratuitamente por su Gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro. 3:20, 24).

La salvación en el Nuevo Pacto de la Gracia es un regalo inmerecido por medio de la fe en Cristo. En la Gracia queda abolida la justicia humana por medio de las obras de la Ley:

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por FE sin las obras de la Ley” (Ro. 3:28).

Ni Israel, ni la humanidad entera, que estaban bajo la promesa de bendición, pudieron agradar a Dios por medio de la Ley. Dios proveyó un substituto, porque la paga del pecado es la muerte, según la Ley. Jesús, Dios hecho carne, cargó la maldición que la Ley advertía a los desobedientes (judíos y gentiles), para dar paso a una justicia gratuita por la fe en el Evangelio de la Gracia:

Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la FE vivirá” (Ro. 1:17).

Cristo no es una pieza de la Ley, Él es la Ley misma y apareció para deshacer la maldición y la muerte a la que la Ley sometió a toda la humanidad a causa del pecado.

La Ley condena a muerte irremisible e inmediata al pecador. La Gracia brinda perdón y salvación eterna a los que en vida invocan a Jesús, como suficiente Salvador.

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  • Cristo no es una pieza de la Ley, Él es la Ley misma y apareció para deshacer la maldición y la muerte a la que la Ley sometió a toda la humanidad a causa del pecado.

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b. La Ley no justifica ante Dios

Pablo afirma que todos los que pretendan justificarse por medio del cumplimiento de la Ley ante Dios (judíos o gentiles) quedan bajo maldición, ya que nadie la puede cumplir por sí mismo:

Porque todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para hacerlas” (Gá. 3:10).

Pablo explica que, si la Ley justificara ante de Dios, no hubiese sido necesario que Jesús muriera en la cruz por los que estaban bajo la Ley:

No desecho la Gracia de Dios; pues si por la Ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gá. 2:21).

Según la Biblia, quien se somete a cualquier punto de la Ley y no la cumple todo lo demandado, debe morir irremisiblemente. Si se falla en un punto de la Ley se queda bajo la maldición de toda la Ley y en pena de muerte. El apóstol Santiago señala:

Porque cualquiera que guardare toda la Ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg. 2:10).

Quienes pretendan justificarse a sí mismos por medio del cumplimiento de la Ley, encontrarán gran frustración; ya que no podrán cumplirla. El castigo a quien quebrante uno de los mandamientos (según la Ley) es una muerte inmediata e irremisible.

Si la Ley, estuviese vigente, quien pretenda cumplirla hoy día y no lo haga perfectamente, debe morir apedreado. Fue inútil cumplir con la Ley por medio de un esfuerzo humano:

Pero sabemos que todo lo que la Ley dice, lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de Él; porque por medio de la Ley es el conocimiento del pecado” (Ro. 3:19:20).

Judios y gentiles quedaron bajo el juicio de Dios a causa de la debilidad humana para cumplir con la Ley e inevitablemente deben recurrir a la Gracia de Cristo para ser salvos.

El Padre le entregó a Jesús todo el juicio (Jn. 5:22). Él es el único medio de justicia para salvación que Dios ha provisto gratuitamente para toda la humanidad (1 Ti. 2:5).

Independientemente del hecho de que nadie puede cumplir o justificarse a sí mismo por medio de la Ley, la razón por la que no existe otro medio de salvación, fuera de Jesús, es porque el Padre le cedió toda potestad para salvar (Mt. 28:18). Es tan firme el Pacto que Dios estableció con su Hijo, que la única forma de llegar al Padre, es solo a través de Jesús (Jn. 14:6).

El Padre ha salvado al mundo a través de Jesús y Él se sujeta a lo que ha establecido como único medio salvífico. Jesús tiene las llaves de la vida y de la muerte (Mt. 28:18; Jn. 5:21-30; Ap. 1:18). Quién procure buscar a Dios por otro medio (incluyendo la justicia propia por medio de la Ley) directa o indirectamente rechaza a Jesús como su Salvador y queda bajo el juicio de Cristo (Jn. 3:18), pues le niega como Salvador y Dios al suponer que se puede justificar, asimismo, por sus obras.

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  • Ni las obras de la Ley ni la justicia propia salvan; la salvación es un regalo inmerecido.

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c. Nadie puede agradar a Dios por medio de la Ley

La Ley no pudo perfeccionar al ser humano, no porque la Ley sea imperfecta en sí misma; sino a causa de la imperfección humana. El problema fue que el ser humano no pudo ajustarse a las demandas divinas a causa de su debilidad. Esto, no permitió que la Ley lograra su cometido de dar vida:

Porque lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Ro. 8:3).

A la Ley le fue imposible hacer su labor por la resistencia humana a la voluntad divina, más bien dejó al ser humano en una condición peor, de esclavitud, maldición y muerte (Ro. 7:9-11).

La solución al problema del pecado fue que Dios redimiera la culpa humana de forma gratuita, y Cristo cargó en su cuerpo la maldición de la Ley, que sentenciaba a muerte a la humanidad.

Jesús cargó en su cuerpo el pecado y venció la muerte que le correspondía a la humanidad, incluyendo a los que estaban bajo la Ley, porque no pudieron cumplirla. Si los que vivían bajo la Ley quedaron bajo condenación y Cristo les predicó el arrepentimiento, ¿cómo un cristiano puede vivir bajo la Ley, después de conocer a Cristo? Pablo señala que, por la Ley, ningún ser humano será justificado para salvación:

Y que por la Ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la Ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Ya que por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de Él” (Gá. 3:11-12, Ro. 3: 20a).

Quien quiera justificarse asimismo por medio de cualquier punto de la Ley u otro medio, hará vano el sacrificio de Cristo; pues el Padre le dio toda autoridad a su amado Hijo Jesucristo, como el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti. 2:5). La justicia propia es vana para salvarse.


d. La Ley produce temor… La Gracia liberta

Pablo señala que Cristo libertó al cristiano del temor que producía la Ley o del miedo a quebrantarla y luego morir:

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud (Ley) para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción (Gracia), por el cual clamamos: !Abba, Padre!” (Ro. 8:15)7.

Hay un relato muy interesante acerca de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. El hijo de un esclavo leyó en el periódico que la esclavitud había sido abolida y corrió a anunciarlo a su padre, quien le respondió:

Yo nací esclavo y esclavo moriré”.

Este hombre esclavo tenía miedo de enfrentar una vida de libertad, pues, aunque sería libre, temía por su suerte y quizá pensaba que moriría de hambre si se liberaba de su amo. No es que no anhelaba la libertad, es que temía a lo desconocido.

Hay cristianos que se les ha enseñado que deben ganarse la salvación por medio del cumplimiento de la Ley y se aferran al legalismo por miedo a que Dios les castigue o pierdan su salvación. Este constituye uno de los más graves peligros de la enseñanza de la observancia de la Ley como medio de salvación, pues cualquiera que piense que perderá su salvación, al no poder cumplir con la Ley, estaría en una crisis sin fin.

Un cristiano que no entienda que el sacrificio de Cristo le ha hecho libre de la esclavitud de la Ley (que tampoco le permite pecar), no disfrutará de la plenitud del Evangelio de la Gracia de Cristo, ¿cómo puede salir una persona de ese laberinto aterrador que produce el miedo de perder la salvación?

La Biblia es clara al señalar:

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”

(Jn. 8:32).

Cristo es la verdad y en su perfecto amor no hay temor: 

En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Jn. 4:17-18).

La fe en Jesús como Salvador y la dependencia total en su Gracia redentora, le da la confianza al cristiano de que será aprobado ante Dios en el día del juicio. No por sus propios méritos; sino por los de Cristo. El amor y la fe en Cristo, echan fuera el temor al castigo, como explica Pablo: “No habéis recibido el espíritu de esclavitud (Ley) para estar otra vez en temor”; sino el espíritu de adopción de hijos amados de Dios por medio de la Gracia de Cristo.

Pablo sostuvo constantes luchas y sufrió acusaciones maliciosas de parte de los judaizantes por sus explicaciones acerca de la Gracia. Al estar acostumbrados a procurar la justicia por medio de sus propias obras (Ley), las enseñanzas de Pablo les producía muchos temores e inseguridades al sentirse dependientes de sus propias acciones para salvarse.

Cuando el ser humano se acostumbra a ganarse las cosas por sus propios méritos, le es difícil aceptar regalos. Pablo era judío y sabía a lo que se estaba enfrentando, pues siendo uno de los fieles del judaísmo, Dios le llamó a predicar una salvación gratuita por medio de la Gracia de Cristo. Indudablemente, su revelación del Evangelio de Cristo e interpretación de la Gracia es sorprendente. Cf. Ro. 11:28-36.

Pablo proclamó que Cristo, ha liberado al cristiano del constante temor que asediaba a los que vivían bajo el miedo de la Lay a causa de sus juicios de muerte inmediata.

Jesús elevó a los cristianos a un nivel de hijos y por eso clamamos con confianza Abba, Padre. La expresión Abba, Padre, es contrastada por Pablo con la antigua condición de esclavos (Ley) y muestra la nueva condición de hijos (Gracia), por la que gozamos de confianza llamando a Dios, nuestro Padre.

Jesús fue el primero en usar la expresión Abba, Padre (Mr. 14:36), o papito. Esta frase era usada en Israel cuando un niño llamaba cariñosamente a su padre.

Pablo señala que los hijos de Dios (judíos y gentiles) ya no están en la condición de esclavos (Ley); sino, en una relación de intimidad con el Padre, por eso nuestro espíritu (al igual que el de Cristo) clama con la ternura y la confianza de un niño hacia su Padre: ¡Papito! Bajo la adopción de hijos por medio del pacto de la Gracia.

A los judíos les parecía una blasfemia que Jesús hablara al Padre con tanta confianza e intimidad. Ellos no se atrevían ni si quiera a pronunciar el nombre de Yaweh, porque no habían cultivado un temor reverente; sino un miedo morboso hacia Él.

Dios no prohibió que se usara su nombre, lo que prohibió fue que se usara en vano (Éx. 20:7). Dios reveló su santo nombre con el claro propósito de que fuese usado, de otra manera no lo hubiese revelado (Éx. 3:15)8. Los judíos del tiempo de Cristo habían desarrollado un miedo morboso al nombre de Yaweh, no un temor reverente al Dios Yaweh, que deviene en obediencia.

Normalmente, ningún hijo teme a su padre. Es natural que todo hijo se sienta confiado en los brazos amorosos de su padre y más en los de Dios como Padre celestial, quien ama con amor perfecto e incondicional. El miedo a perder la salvación por no cumplir con legalismos implícitos de la Ley, es derivado del desconocimiento o por mandamientos de hombres. En la Gracia, Jesús liberta de toda justicia propia y de la maldición de la Ley.


e. La Letra mata… El Espíritu da vida

Pablo usa frecuentemente la expresión la Letra para referirse a la Ley y el Espíritu para referirse a la Gracia. Refiriéndose al Nuevo Pacto del Espíritu Pablo señala:

El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un Nuevo Pacto, no de la Letra, sino del Espíritu; porque la Letra mata, mas el Espíritu vivifica” (2 Co. 3:6).

La expresión “Letra”, que Pablo usa en este verso, no es para referirse al conocimiento. Es inverosímil que Pablo diga semejante cosa, siendo él un erudito en las sagradas Escrituras. Pablo se refiere a la Ley cuando usa la palabra Letra. Una lectura ligera de los versos siguientes (contexto) demuestra tal hecho:

Y si el ministerio de muerte grabado con Letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu?” (2 Co. 3:7-8).

Pablo se refiere a las Letras grabadas en las tablas de la Ley; en contraste con el ministerio del Espíritu (Gracia), grabado en el corazón del cristiano por el Espíritu Santo. Este contraste entre la Letra y el Espíritu es producto de la erudición paulina y tiene su fundamento sólido en las mismas Escrituras. Pablo hace su exégesis partiendo de la misma promesa del Nuevo Pacto:

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi Ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jr. 31:33). Ver, Hb. 8:10, 10:16.

En contraste a la Ley de Moisés, escrita con letras en piedras, en el Nuevo Pacto la Ley está escrito en el corazón de los hijos de Dios, pues el cuerpo del cristiano es el templo del Espíritu9. Jesús explicó a Nicodemo la obra del Espíritu:

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:5-6).

El Espíritu Santo es quien da vida al cristiano, por medio del nuevo nacimiento en Cristo. En cambio, el ministerio de la letra (Ley) mata; porque le da conocimiento del pecado al ser humano por medio de los mandamientos y consecuentemente, le hace culpable ante de Dios a causa de su desobediencia, pues la Ley exige obediencia perfecta y solo Cristo la pudo hacer:

Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la Ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la Letra” (Ro. 7:5-6).

La Ley mata al dar conciencia del pecado, pero la Gracia imparte vida a quien reconoce su pecado por medio de los mandamientos y se arrepiente ante Cristo para obedecer al Evangelio.

Pablo hace una analogía entre el matrimonio y la Ley:

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera” (Ro. 7:1-3).

Así como durante el matrimonio la mujer está sujeta a su marido mientras vive, también la humanidad estaba sujeta al cumplimiento de la Ley mientras no había llegado la Gracia.

En el matrimonio, cuando uno de los dos cónyuges muere, el otro queda libre y puede casarse de nuevo. Así también, la Ley murió como medio de justicia.

Según Pablo, el cristiano se ha casado con su nuevo esposo (Cristo), siendo libres del primer marido (la Ley) para servir a Dios, según el nuevo régimen del Espíritu (Gracia). Eso no implica que la Gracia permita el pecado, esa fue una acusación que sufrió Pablo de parte de los detractores del Evangelio.

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Así como durante el matrimonio la mujer está sujeta a su marido mientras vive, también la humanidad estaba sujeta al cumplimiento de la Ley mientras no había llegado la Gracia:


Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (Ro. 7:4).

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II. LA LEY Y LA GRACIA COMO VÍAS DE SALVACIÓN


a. La ineficacia de la Ley para salvar

El propósito de la Ley, era brindar esperanza de vida a una humanidad perdida y solucionar así el estado pecaminoso del mundo, posterior a Adán:

Pues antes de la Ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay Ley, no se inculpa de pecado” (Ro. 5:13).

Pablo acentúa un cambio en la condición espiritual de la raza humana con la introducción de un nuevo orden establecido por medio de la revelación de la Ley, que estaba destinada a dar vida a quien la cumpliera (Gá. 3:12):

No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir” (Ro. 5:14).

Al decir que la muerte reinó “desde Adán hasta Moisés”, sugiere que la Ley pretendía terminar con la muerte introducida en el mundo por el pecado de Adán y Eva. La Ley prometía dar vida a la humanidad, específicamente a quien la cumpliera:

Y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas” (Gá. 3:12). Ver, Ro. 10:5; Lv. 18:5.

Pero la debilidad humana hizo ineficaz el propósito de la Ley:


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