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Miguel de Cervantes

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA



Introducción histórico-literaria, análisis general y ejercicios integrados.



INTRODUCCIÓN



1. Panorama histórico-literario

1.1 El otoño de la Edad Media o la transición al Renacimiento

El siglo XV, como todo proceso evolutivo de la cultura humana, anuncia en toda Europa nuevos aires, nuevas formas de vida y de pensamiento, pero con la permanencia de los antiguos. Por eso, un escritor —Joan Huzinga llama a este momento de la historia “otoño de la Edad Media”.

El rasgo principal que revela la presencia de las nuevas ideas en este siglo es la aparición del Humanismo —muy débil, por cierto—, en muchos autores de la época. Pero estos escritores combinan las nuevas inquietudes con las tradiciones propias del pensamiento medieval en el que se han formado.

El género de mayor difusión en el siglo XV es el de la poesía, en donde se destacan los llamados “grandes poetas del siglo XV”: el Marqués de Santillana (1398-1458), con sus Serranillas, Juan de Mena (1411-1456), con su Cancionero, y Jorge Manrique (1440-1479) con sus Coplas a la muerte de su padre.

Las influencias literarias más importantes del siglo XV son los tres grandes poetas italianos: Dante Alighieri (1265-1321), con su Divina Comedia; Francesco Petrarca (1304-1374), con sus Triunfos y Cancionero, y Giovanni Boccaccio (1313-1375) con su Decamerón.

La crisis ideológica que caracteriza los momentos finales de la Edad Media y los anuncios de los nuevos aires renacentistas se condensan admirablemente en su expresión literaria en 1. La Celestina. Así, los personajes de la obra tienen muy presentes la verdad de que la vida humana está limitada —y abreviada— por lo irremisible y lo implacable de la muerte (pensamiento medieval). Pero este hecho no los obliga a reflexionar, a meditar sobre lo perecedero de la vida como lo hacen los poetas propios del siglo XV (Manrique y sus “Coplas”), sino lo contrario: se sienten incitados a aprovechar los placeres de la juventud, a practicar el deseo epicúreo de vivir la vida y gozar de todo su placer (pensamiento renacentista).

1.2 Concepto y origen del Renacimiento

El siglo XV se cierra con la época de los Reyes Católicos y España entra en los caminos del Renacimiento con la introducción del humanismo y el gusto por la antigüedad clásica.

El vocablo renacimiento fue aplicado por primera vez por el historiador francés Jules Michelet, hace más de cien años. Y se empleó, primero, para expresar resurrección o renacer de la cultura clásica.

Definido en términos generales, el Renacimiento es una amplia serie de fenómenos de tipo político, cultural y social que sirve de tránsito entre la Edad Media y la Edad Moderna, y produce una honda transformación en las sociedades occidentales. El foco de la actividad renacentista surge en Florencia, Italia, en el siglo XV, con las figuras más representativas: Dante, Petrarca y Boccaccio. De ahí se extendió por todo el mundo (España, Francia, Alemania, Inglaterra, Flandes) durante los siglos XVI y XVII. En su formación contribuyó el Humanismo, que es un conjunto de actividades espirituales realizadas por los sabios europeos para conocer y reconstruir en lo posible la cultura de Grecia y Roma.

1.3 Características

El pensamiento renacentista es, en gran parte, contrario al medieval. “Mientras el hombre de la Edad Media —escribe Alborg—había situado a Dios en el centro de su Universo y considerado la existencia terrena como una estación de paso para conquistar la vida eterna, el hombre del Renacimiento trastrueca los valores y se coloca en el centro de un mundo que considera digno de ser vivido por sí mismo. La tierra ya no es el valle de lágrimas del hombre cristiano-medieval, sino un lugar de goce; la inteligencia no es una débil lucecilla que nada vale sin la revelación, sino faro potente que puede descubrir todos los arcanos; el cuerpo no es el mal, sino la fuente del placer que justifica y hace hermoso el vivir”. Durante la Edad Media, la preocupación sobrenatural se mezcla con la natural; en el Renacimiento se deslindan ambas, y hay escritores que no rozan siquiera el tema religioso (Garcilaso) y otros que sólo escriben sobre dicho tema (San Juan de la Cruz). Mientras el hombre medieval desprecia el cuerpo por la superación del espíritu, el renacentista busca la plenitud del desarrollo tanto físico como espiritual.

Las características del Renacimiento pueden enunciarse de la manera siguiente:

Creación del tercer mundo: la fama o la gloria. El hombre renacentista se siente orgulloso de su poder. Inventa la imprenta (1450) y descubre mundos insospechados (América, 1492). Se entusiasma con las obras del pensamiento humano, que los hallazgos ponen a su alcance y la imprenta multiplica.

El individualismo. El hombre vuelve la mirada a sí mismo y afirma su valor individual humano, hasta pensar que puede, sin la intervención divina, llegar por sí solo a la verdad.

Paganización de la vida. Su pensamiento se paganiza. Considera la vida como un botín puesto a su vista para disfrutar de él (hedonismo).

Cultura laica. El hombre se libera de la tutela de la disciplina de la Iglesia, y se organiza una cultura laica (no religiosa).

Culto a la naturaleza y literatura bucólica. El bucolismo y el culto a la naturaleza influyen en el contenido renacentista. Por eso, Garcilaso, Fray Luis y todos los poetas de este período cultivan de alguna manera la literatura bucólica.

1.4 El Renacimiento en los países europeos

El Renacimiento fue un fenómeno europeo. Surgió primero en Italia en donde se manifiestan, en términos generales, los rasgos de este proceso histórico. Por ejemplo, Nicolás Maquia­velo formula sus nuevas concepciones del poder: un Estado laico y fuerte; aparece el cortesano, un nuevo tipo social que no es el inculto señor feudal, sino el cortesano, hombre culto en las armas y las letras; la concepción del hombre adquiere una dimensión universal, cargado de mucho orgullo humano, con afanes de goce y de estudio, interesado por todos los aspectos del arte y de la literatura. Ejemplos supremos de esta inquietud universal son Miguel Angel, arquitecto, escultor, pintor y poeta; y Leonardo de Vinci, pintor, ingeniero (precursor de la aeronáutica), escultor y literato. Además, se difunde el ansia de saber, se retoma el estudio del latín y del griego y se fundan “Academias” para reflexionar sobre las nuevas ideas en ascenso.

Pero el Renacimiento surge en el siglo XV, cuando todavía perviven elementos del mundo medieval y nuevos aires anuncian el inicio de los tiempos modernos. Por eso se considera un siglo de transición entre esas dos épocas: la medieval y la moderna. Es pues un período de contradicciones o concepciones contrapuestas en la manera de pensar.

Este proceso de transformación de la vida material y espiritual de las sociedades de Europa no fue uniforme y más bien cada país adoptó características especiales. Hagamos un somero recorrido.

En Italia, el poeta Lorenzo de Médicis (1449-1492) exalta en sus obras a la mujer al estilo medieval.

En Francia, el gran novelista Francisco Rabelais en sus Aventuras del gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel propone que la educación no debe someterse a las reglas escolásticas (doctrina filosófica de la Edad Media) sino a las leyes de la naturaleza.

En Alemania, el renacimiento adquiere un carácter nacionalista: surge la Reforma protestante con Martín Lutero a la cabeza y la traducción de la Biblia al alemán.

En Inglaterra, el renacimiento siguió los dos momentos de su evolución: el de la imitación de formas clásicas, como consecuencia de la admiración por Italia, y el de la libertad de pensamiento, influido por los humanistas alemanes. Figura cumbre: William Shakespeare, el genio del teatro nacional inglés, el más formidable creador de caracteres humanos del teatro universal. Sus obras se clasifican en tres períodos: optimista (Romeo y Julieta, El sueño de una noche de verano, Las alegres comadres de Windsor); período trágico de madurez sus obras del período trágico de madurez: Macbeth, Hamlet y Otelo.



Períodos del Renacimiento

Desde el punto de vista literario, el Renacimiento se ha dividido en los siguientes períodos perfectamente diferenciados:

Primer Renacimiento (reinado de Carlos V) Comprende la primera mitad siglo XVI y está dominado en lo político por Carlos V, y en lo ideológico por la influencia de Erasmo de Rotterdam y la tolerancia religiosa. Es el período de importación, de “recopilación”, de traslado. Se importan las formas literarias italianas acompañadas de una ideología filosófica reformista, particularmente en la religión. En el terreno netamente literario, se trasladan ciertos metros, ciertos tipos de versos, estrofas y de composición como el endecasílabo italiano, el soneto, el terceto, el cuarteto, etc.

La labor del primer Renacimiento es realizada por Juan Boscán y Garcilaso. Este último, hombre de pluma y espada, vino a aclimatar todas estas formas literarias al español. El trabajo de escribir al “itálico modo” lo iniciaron, no obstante, otros poetas de renombre: Juan de Mena y Marqués de Santillana.

Segundo Renacimiento (reinado de Felipe II) El segundo Renacimiento corresponde a la segunda mitad del siglo XVI. En lo político, está influido por el reinado de Felipe II, y en lo ideológico por la intolerancia religiosa, la hegemonía española y el triunfo del barroco. Es el período de incorporación y asimilación. Se funden las escuelas literarias españolas con las italianas. En España, literariamente, se incorpora todo, pero se rechazan las ideas reformistas.

En la poesía renacentista, lo más importante es la influencia italiana que se va a sentir en la forma y en el contenido. En la forma, el metro es el endecasílabo; en el contenido, la influencia mitológica. Todos los poetas recurren a la mitología. Y en algunos, se complica la comprensión del poema como en Góngora, cuyas alusiones mitológicas son insistentes e intrincadas.

De los poetas italianos, Petrarca es el que más influye directamente (Petrarquismo). Y lo más grande que toma España de Italia es el subjetivismo, pues la poesía española anterior a la italiana era un poco rígida.

Dos escuelas literarias surgen en el renacimiento: la Escuela Salmantina (en Salamanca), con su fundador Fray Luis de León, la cual se caracteriza por su expresión sencilla, su admiración por lo clásico y su predilección por el verso corto. La otra escuela es la Sevillana, que se caracteriza por su exube­rancia y ampulosidad, con predominio de los sonidos y los colores, razón por la que se prefiere el verso, especialmente de estrofa larga; su iniciador es Fernando de Herrera.

El Barroco, consecuencia y prolongación del Renacimiento, es un período en el cual se llega a una total asimilación de las formas italianas que se intentaron en el espíritu español.

La literatura que se produce en esta época se llama del Siglo de Oro por el esplendor y fecundidad de sus escritores. En este período se presentan dos tendencias literariamente opuestas, que se constituyen durante el Barroco: el culteranismo y el conceptismo.

En cuanto al culteranismo, Dámaso Alonso afirma que es “la síntesis y la condensación intensificada de la lírica del Renacimiento”. Se caracteriza fundamentalmente por la riqueza de palabras, sobre todo la brillantez de la forma y la musicalidad de los versos; el empleo abundante de neologismos, especialmente del griego y del latín, para diferenciar el lenguaje poético del vulgar; el uso del hipérbaton, tomado del orden la frase latina; el empleo audaz de la metáfora.

Paralelamente al culteranismo, se formó una escuela de signo opuesto, el conceptismo, caracterizado por la concisión de palabras; por eso Gracián decía: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. El otro aspecto que caracteriza al conceptismo es el uso del concepto, que consiste en expresar la “correspodencia que se halla entre los objetos, no comparando las realidades exteriores (metáforas) sino sus significados.

En el fondo, culteranismo y conceptismo son dos escuelas con características propias, pero que al mismo tiempo se complementan y hasta se combaten entre sí. Díaz-Plaja nos explica:

El culteranismo se preocupa de la forma; la riqueza y ordenación de las palabras es su principal fundamento; sus poetas tienden a poner de relieve las formas, el color, la música, con las palabras más brillantes y musicales. El conceptismo se basa en el fondo, en las ideas, dejando las palabras reducidas a lo indispensable; sus escritos se dirigen a la inteligencia del lector, a hacerle meditar sobre temas filosóficos.

En síntesis, el Siglo de Oro de la literatura española comprende en realidad más de una centuria (todo el siglo XVI y gran parte del siglo XVII), por lo que la denominación más exacta sería época de oro. En el transcurso de estas dos centurias se crea el gran teatro nacional, aparecen las formas españolas más esplendentes de la novela, descuellan los escritores ascéticos y místicos y la poesía se ilumina de su mejor esplendor. Esta edad de oro comprende desde la plenitud del Renacimiento, tardío en España, hasta el barroco con sus tendencias literarias bien diferenciadas: el culteranismo (Góngora) y el conceptismo (Quevedo).

Los los autores más representativos de esta época brillan con luz propia en tres géneros: poesía, novela y teatro. En poesía sobresalen, entre otros: Garcilaso de la Vega, Fernando de Herrera, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Luis de Góngora y Francisco de Quevedo; en novela figura Miguel de Cervantes y Saavedra, y en teatro se destacan: Lope de Vega, Tirso de Molina, Juan Ruiz de Alarcón y Pedro Calderón de la Barca.

2. Cervantes y la novela renacentista

Cervantes es, por sobre todas las cosas, un novelista. Toda su poesía aparece eclipsada por la pluma del gran prosista. Incluso su teatro, considerado por la crítica como el mejor hasta la aparición de Lope, se empequeñece ante la cumbre del novelista. Juan Luis Alborg afirma:

Resulta innecesario insistir en que, sea cualquiera el valor que hay de atribuirse a Cervantes en el campo de la poesía y de la dramática, su lugar principal, indiscutible, lo tiene en el dominio de la novela; como novelista es el maestro del género en la literatura universal, creador de varias de sus formas y autor, en el Quijote, de la más famosa, profunda y original de sus manifestaciones.

2.1 La novela renacentista: de la transición a la plenitud

Muchas fueron las novelas que aparecieron y se divulgaron en esta época. Basta una obra —El Quijote— para reconocer no sólo el cultivo y difusión del género, sino su esplendor y gloria en la literatura de España y el mundo.

La novela del Siglo de Oro comprende varias etapas, de acuerdo con el género cultivado.

a. La novela de transición: la novela de caballería

Las llamadas novelas de caballería surgieron en el siglo XV. Alcanzaron su apogeo a mediados del siglo XVI y llegaron a la decadencia total en el XVII. Sus orígenes los encontramos en la Edad Media, cuando apareció la caballería como institución de justicia frente al todopoderoso señor feudal. Los caballeros emprendían su recorrido en busca de justicia y de libertad para los oprimidos, de modo que se constituían en símbolo de redención humana.

El primer libro de caballería que se conoce en España es el Amadís de Gaula (1508), del cual provienen los demás. Esta novela no pertenece cronológicamente al Siglo de Oro, sino al período de transición. El tema es el mismo de todos: las hazañas que realiza un valeroso caballero para conseguir el amor de su amada. Su autor se desconoce y sólo se sabe el nombre de su corregidor: Garci (Rodríguez, Ordónez o Gutiérrez) de Montalvo. Es una obra de mucho valor didáctico y social. Exalta el amor, el valor y la lealtad, y sus personajes son más humanos que los de los libros de caballería posteriores, especialmente Tirante el Blanco, la mejor novela después del Amadís, de Juan Martorell y Juan de Galba quien le agregó una cuarta parte; otra novela es Palmerín de Oliva, de autor anónimo. Ambas son de 1511.


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