include_once("common_lab_header.php");
Excerpt for La Buena Suerte by , available in its entirety at Smashwords









La Buena Suerte,

¿Cuestión de supersticiones, azar o

de actitudes y habilidades personales?


Copyright © Rolando José Olivo, 2019.

ISBN 978-0463617717.

2da Edición.

EE.UU: Smashwords Inc., 2019.

Libro de Autoayuda, Filosofía y Religión.






Nota: Las imágenes de la portada son del dominio público y se encuentran en Pixabay.com.

ÍNDICE


I. INTRODUCCIÓN


II. LA BUENA SUERTE Y LAS SUPERSTICIONES


II.1 EL PENSAMIENTO SUPERSTICIOSO Y RELIGIOSO

II.2 EL TRASFONDO DEL PENSAMIENTO ESPIRITUAL Y RELIGIOSO

II.3 LA BASE DE LAS SUPERSTICIONES


III. LA BUENA SUERTE Y EL AZAR


III.1 LA PROBLEMÁTICA DE LA BUENA SUERTE

III.2 UNA PERSPECTIVA HOLÍSTICA DE LA BUENA SUERTE

III.3 LA IMPREDECIBLE INCERTIDUMBRE


IV. LA BUENA SUERTE, LAS ACTITUDES Y LAS HABILIDADES


IV.1 LA INVESTIGACIÓN DEL DR. WISEMAN

IV.2 LA BUENA SUERTE Y LA RESILIENCIA

IV.3 UNA HISTORIA DE BUENA, MALA Y BUENA SUERTE


V. CONCLUSIONES


VI. RECOMENDACIONES


VII. BIBLIOGRAFÍA

I. INTRODUCCIÓN

Muchas personas piensan incesantemente en la buena y la mala suerte. Incluso, estas creencias se encuentran arraigadas profundamente dentro de la cultura moderna, como resultado de múltiples ideas prácticas, religiosas y supersticiosas, las cuales han ido evolucionando progresivamente, a lo largo de la historia.

Además, es difícil definir a la suerte. La Real Academia Española le asigna múltiples conceptos (de manera resumida): a) encadenamiento de sucesos, fortuitos o casuales, b) circunstancias favorables o adversas, c) la misma suerte favorable, d) casualidades, e) lo que ocurre o puede ocurrir para bien o mal, f) estado o condición, g) medios empleados para adivinar lo que va a venir, etc.

Aunque prácticamente se le trata como a una deidad, fuerza, energía misteriosa, o expresión que determina circunstancias buenas y malas.

Y a pesar que los académicos, científicos e investigadores niegan la existencia de la suerte, algunos han construido algunas definiciones para tratar de explicar esta noción, inventada por la mente humana.

Destacan estas concepciones acerca de la buena suerte:


a) es la combinación acertada de diversos factores (el destino, las condiciones, la fortuna personal, el azar, lo aprendido, las circunstancias y el talento), que se manifiestan en determinadas situaciones, según el psicoterapeuta Jorge Bucay,

b) es un estado mental particular (una manera de pensar y actuar), de acuerdo al psicólogo Richard Wiseman.


Ahora bien, en esta publicación, se aspira dar respuestas a las siguientes preguntas:


¿La buena suerte es una cuestión de las supersticiones, el azar o de las actitudes y habilidades personales?

¿Existe la buena suerte?


En ese sentido, en el Capítulo II. La Buena Suerte y las Supersticiones se examina si la buena suerte es un asunto exclusivo de creencias supersticiosas, resaltando estos aspectos: a) el pensamiento supersticioso es propio del ser humano, el cual es aceptado por las religiones, y rechazado por el judaísmo y el cristianismo (II.1 El Pensamiento Supersticioso y Religioso), b) el pensamiento religioso se basa en el imaginario diurno y nocturno (II.2 El Trasfondo del Pensamiento Espiritual y Religioso), y c) las supersticiones también se sustentan en ideas pragmáticas, de los imaginarios y religiosas (II.3 La Base de las Supersticiones).


Mientras que en el Capítulo III. La Buena Suerte y el Azar se evalúa si la buena suerte depende solamente del azar o de circunstancias aleatorias, haciendo énfasis en que: a) las características de la buena suerte son tan misteriosas y extraordinarias que las mismas generan múltiples preguntas (III.1 La Problemática de la Buena Suerte), b) posiblemente, la buena suerte es una noción holística, según el enfoque del escritor Bucay (III.2 Una Perspectiva Holística de la Buena Suerte), y c) ¿Puede el azar dominar y dirigir a la buena suerte? (III.3 La Impredecible Incertidumbre).


En el Capítulo IV. La Buena Suerte, las Actitudes y las Habilidades se examina si la buena suerte es un asunto exclusivo de las actitudes y las habilidades personales, destacando esos tópicos: a) los resultados de un estudio sobre la suerte que duró diez años (IV.1 La Investigación del Dr. Wiseman), b) ¿Cómo las cualidades resilientes influyen sobre la buena suerte, en concordancia con las conclusiones del estudio del profesor Wiseman? (IV.2 La Buena Suerte y la Resiliencia), y c) un relato que avala el éxito de acuerdo a méritos personales, en contraposición con las adversidades, e incluso refutando la existencia de la suerte, lo cual está confirmado y ratificado en las creencias judeocristianas (IV.3 Una Historia de Buena, Mala y Buena Suerte).


En los próximos capítulos (V. Conclusiones y VI. Recomendaciones) se exponen las ideas finales y los lineamientos, de acuerdo a las preguntas anteriores (¿La buena suerte es una cuestión de las supersticiones, el azar o de las actitudes y habilidades personales? y ¿Existe la buena suerte?), indicando que la supuesta buena suerte no es exclusiva de las supersticiones, el azar o de las actitudes y habilidades personales (más bien parece que depende de todos estos factores), y avalando las nociones de Bucay y Wiseman. Sin embargo, la suerte no es más que un invento de la imaginación humana. Por lo tanto, no es un asunto relevante creer o no en la suerte, más bien lo importante es vivir una verdadera vida, plena y satisfactoria, buscando un propósito existencial, en aras de servir a la sociedad y al Señor.

II. LA BUENA SUERTE Y LAS SUPERSTICIONES

En este capítulo se analiza si la buena suerte es simplemente una cuestión de creencias supersticiosas. El mismo se divide en estas secciones:


1. El pensamiento supersticioso y religioso.

2. El trasfondo del pensamiento espiritual y religioso.

3. La base de las supersticiones.

1. El pensamiento supersticioso y religioso:

Tanto el pensamiento supersticioso como el religioso son innatos del ser humano (por lo general, todo lo inexplicable es sustituido por una superstición y el ser humano es propenso a creer en fuerzas sobrenaturales muy poderosas). Sin embargo, persisten grandes diferencias entre el pensamiento judeocristiano y el de las demás religiones, debido a que el primero niega y rechaza contundentemente las supersticiones y sus prácticas asociadas (ciencias ocultas), mientras que el segundo avala la validez de las supersticiones.

2. El trasfondo del pensamiento espiritual y religioso:

Ambas formas del pensamiento se basan en los imaginarios (arquetipos del subconsciente), los cuales confirman o cuestionan un conflicto espiritual entre el bien y el mal (extendido a la buena y mala suerte).

3. La base de las supersticiones:

Casi todas las supersticiones provienen de ideas complejas (siendo pragmáticas, basadas en los imaginarios y a la vez, supersticiosas y religiosas). Por ende, la buena suerte no es simplemente una cuestión de creencias supersticiosas, más bien ésta también se encuentra sustentada en asuntos prácticos, ideas del imaginario diurno y nocturno, y creencias religiosas.

II.1 EL PENSAMIENTO SUPERSTICIOSO Y RELIGIOSO

Desde los orígenes de la humanidad, los seres humanos observaron los cielos, preguntándose por los grandes enigmas existenciales (origen, propósito y destino de la humanidad), el significado de la vida y la realidad final después de la muerte. También le buscaron un sentido a diversos fenómenos naturales inexplicables. Esto dio origen a un pensamiento supersticioso, místico, esotérico, espiritual y religioso, considerando que todo aquello que no tiene explicación era sustituido por una superstición o una creencia religiosa.

Ciertamente, los seres humanos siempre han sido supersticiosos y al percatarse que no pueden controlar muchos de los hechos de la vida diaria ni derrotar a la muerte, han apelado a fuerzas sobrenaturales y a seres invencibles e inmortales[1] que les permitan sobrevivir y ser exitosos.

Algunos antropólogos sostienen que las primeras generaciones de seres humanos adoraron a un único Dios Creador, y casi todas las próximas les rindieron culto a varios dioses, aspirando que la buena suerte o la buena fortuna los acompañara.

De la misma manera, en la gran mayoría de las culturas primitivas predominaron las siguientes ideas:


a) existe un dios por cada hecho inexplicable. Por lo tanto, hay innumerables dioses y diosas asociados con la naturaleza (el fuego, el mar, el trueno, la lluvia, las cosechas, etc.), el cosmos (el Sol, la Luna, los planetas, etc.) y nociones más abstractas (el año nuevo, el bien, el mal, el sueño, el tiempo, la belleza, la fertilidad, la guerra, la justicia, la muerte, la vida, y por supuesto, la buena suerte o la buena fortuna, etc.),

b) los eventos catastróficos (derrotas militares, enfermedades, hambrunas, inundaciones, invasiones, muertes, sequías, terremotos, etc.) se deben a la cólera de los dioses,

c) es necesario realizar sacrificios humanos o de animales para complacer a los dioses, calmar su furia, y solicitarles varios favores (un clima ideal para las cosechas, protección contra los pueblos enemigos, victoria en las guerras, larga vida para los gobernantes y sus descendientes, etc.), en concordancia con la buena suerte o la buena fortuna,

d) los gobernantes legítimos de la comunidad (astrólogos, magos, sacerdotes, etc.) son los que se comunican con los dioses, y actúan conforme a su voluntad.


Este pensamiento fue evolucionando y dio origen a las religiones. Los extraordinarios e insaciables seres humanos, inmersos en su miedo a la muerte, y siendo incapaces de comprender muchos fenómenos naturales (incluyendo su existencia y la del universo) buscaron respuestas a los enigmas existenciales y maneras de vivir mejor en esta vida, y en la próxima, acompañados por el triunfo y la buena fortuna.

Incluso, en esta era moderna (a pesar del extraordinario avance científico y tecnológico, y de la sofisticación de las religiones) es común que tanto los ateos como los religiosos sean supersticiosos, busquen la buena suerte y eviten a toda costa la mala suerte.

Más aún, cuando tenemos éxito aclamamos:


¡Qué buena suerte!


Y cuando las cosas salen mal, simplemente decimos:


¡Qué mala suerte!

¡Hoy no es mi día!

¡Estoy en una mala racha!


No obstante, también es conveniente aclarar que pese a la esencia supersticiosa del ser humano (quien es propenso a entregarse a las fuerzas del más allá, por sus limitaciones y múltiples aspiraciones), desde la perspectiva de la buena fortuna o la buena suerte, existe una gran diferencia entre las creencias judeocristianas y las de las religiones politeístas.

Por una parte, de acuerdo al judaísmo y al cristianismo, el Todopoderoso Dios Creador no está sujeto a caprichos ni a deseos egoístas de los seres humanos, quienes deben aceptar la autoridad del Señor y enfrentar el sufrimiento, en un mundo imperfecto en el cual prevalece la rebeldía contra el Creador, el pecado y la maldad. Y por la otra, las religiones politeístas, apoyadas por prácticas supersticiosas, métodos de adivinación del futuro y el culto a varias deidades, quedan subordinadas a los anhelos y al egoísmo humano, prometiendo el mayor bienestar posible.

Tanto es así que el judaísmo y el cristianismo condenan las prácticas de las ciencias ocultas y de cualquier método de adivinación (astrología, brujería, espiritismo, hechicería, interpretación de sueños, magia, numerología, quiromancia, tarot, etc.), haciendo énfasis en que las mismas:


a) les abren las puertas a demonios y espíritus malignos, los cuales pueden causar daños considerables a las personas,

b) desobedecen las órdenes divinas de no intentar conocer el futuro, obviamente no es conveniente que el ser humano trate de adivinar su destino por estos medios, los supuestos adivinadores o falsos profetas tienden a equivocarse, los consultantes pueden recibir información falsa, tomar decisiones irracionales, cometer errores graves y desconocer la voluntad de Dios,

c) desvirtúan los verdaderos canales de comunicación establecidos por el Señor, únicamente los profetas autorizados por Dios tienen el conocimiento y la capacidad para emplear poderes sobrenaturales, y por ende, solamente el Señor y sus representantes legítimos conocen y pueden transmitir determinados mensajes a las personas, en concordancia con un propósito trascendental relevante, y no de acuerdo a las intenciones egoístas de cada persona,

d) desconocen las concepciones naturales del bien y el mal, y la noción del pecado, en aras de flexibilizar los principios y los valores morales, y relativizar la ética, a conveniencia de cada quien,

e) reafirman las creencias esotéricas de la reencarnación y el karma (rechazadas contundentemente por las religiones monoteístas).

Conclusiones sobre el pensamiento supersticioso y religioso:

A pesar que el pensamiento supersticioso es innato del ser humano (por lo general, lo que está fuera de nuestro control depende de seres sobrehumanos muy poderosos o de energías misteriosas o del enigmático factor suerte) y persiste una tendencia natural a procurar la buena suerte o la buena fortuna, en aras de lograr el éxito y la felicidad, el pensamiento judeocristiano desafía las creencias relativas al factor suerte, obligando a aceptar la voluntad de Dios y a no procurar el éxito mediante pseudociencias supersticiosas.

II.2 EL TRASFONDO DEL PENSAMIENTO ESPIRITUAL Y RELIGIOSO

La esencia del pensamiento espiritual y religioso no se limita a las supersticiones, más bien, el mismo se encuentra influenciado poderosamente por los imaginarios[2].

Un imaginario es un conjunto de ideas y creencias, amplias, complejas, difusas y abstractas, propias del subconsciente colectivo, las cuales se manifiestan en: las actitudes, el comportamiento de las personas y diversas expresiones artísticas (cine, literatura, música, pintura, teatro, etc.).

Hay dos imaginarios: el diurno y el nocturno. Aunque los mismos no otorgan respuestas a los misterios existenciales, éstos proporcionan los pilares para interpretarlos.

1. El Imaginario Diurno:

Es el que contiene el mensaje de rechazar o vencer a la muerte, reflejando una lucha entre el bien y el mal, en la cual el primer referente abstracto derrota al segundo. Se basa en el día y la luz, siendo contrario a la noche y la oscuridad. Éste se subdivide en: a) ascensional, b) diarético, y c) espectacular.

1.1 Imaginario Ascensional:

El bien (arriba, adelante, futuro y vida) supera al mal (abajo, atrás, pasado y muerte), el ascenso prevalece sobre la caída y los colores brillantes son mejores que los opacos.


Símbolos: el cielo, las estrellas, el Sol, las nubes, las montañas, las escaleras, los ascensores y cualquier figura, natural o artificial, que haga referencia a elevarse o a salir adelante o victorioso.

1.2 Imaginario Diarético:

Se separa el bien (norte, derecha y día) del mal (sur, izquierda y noche), mediante el tiempo o por un instrumento cortante o utilizando ataduras.

Esto también se realiza en los rituales de limpieza y purificación, transformándose el cuerpo sucio (mal) en limpio (bien), y al limpiar y ordenar los objetos. El aseo y la organización (bien) vencen al desaseo y desorden (mal).

El símbolo por excelencia de este constructo es la espada, la cual es limpia y corta de manera perfecta, apartando el bien del mal.


Otros símbolos: día-noche, cielo-infierno, mundo espiritual y material, cuchillos, bisturís, flechas, imanes, llaves, tijeras, trenzas, sogas, etc.

1.3 Imaginario Espectacular:

Las grandes creaciones (bien) se oponen a la destrucción, el desorden, la miseria y la muerte (mal). Además, los colores suaves y luminosos son mejores que los oscuros.


Símbolos: el universo, las constelaciones, las estrellas, el Sol, el planeta Tierra, los océanos, las ciudades luminosas, las catedrales, los monumentos, las estatuas, los edificios, etc.

En resumen, el imaginario diurno, producto del miedo al fin de la vida y la necesidad de derrotarlo, se basa en que arriba es mejor que abajo, hay que separar el bien del mal y dirigirse a lugares y sitios grandiosos. Éste propicia la búsqueda del sentido de la existencia, confirmando que: a) las creencias religiosas son verdaderas, b) hay vida después de la muerte, c) el bien vencerá al mal, y d) la Justicia Divina acabará con el sufrimiento y restablecerá los derechos humanos.

Estos aspectos también se manifiestan en las canciones e himnos optimistas.

La mayoría de los textos literarios, películas y obras de teatro, se basan en este enfoque. Exceptuando el budismo (niega la dualidad bien-mal) y varias religiones orientales de la Nueva Era, casi todas las demás religiones se sustentan en un enfrentamiento entre el bien y el mal, en el cual, finalmente, se impondrá la verdadera justicia y terminará la problemática del sufrimiento humano[3].

2. El Imaginario Nocturno:

Incluye la concepción de aceptar o evadir la muerte (exista o no una vida posterior) y negar el conflicto entre el bien y el mal.

Se fundamenta en: la noche y la oscuridad, la eufemización (cambiar expresiones por otras menos ofensivas), la lógica de la doble negación (para construir “nuevas verdades”), la inversión de significados (todo lo nefasto es beneficioso y viceversa), y el disfrute de una vida oculta, hedonista y placentera (postmoderna), en la cual se evitan responsabilidades.

Sus principales premisas son las siguientes:


2.1 Arriba es igual que abajo.

2.2 Es lo mismo un infierno que un paraíso.

2.3 No importa o no existe el futuro.

2.4 Los colores oscuros son mejores.

2.5 La riqueza es mala.

2.6 El sufrimiento es normal e inevitable.

2.7 No hay, ni habrá justicia.

2.8 Una vida “subterránea” es mejor que la diurna.


Principales símbolos: la noche, la Luna, las tinieblas, las cavernas, las prisiones, las tumbas, los sitios cerrados y los seres siniestros (demonios, monstruos, vampiros, zombies, etc.), entre otros.

En resumen, el imaginario nocturno, resultado de la aceptación o evasión de la muerte, se basa primordialmente en la eufemización y negación de la realidad, lo cual incluye no buscarle un significado a la vida, cuestionando y/o rechazando: a) las creencias religiosas, b) la existencia de vida después de la muerte, c) las concepciones del bien y el mal, y d) la justicia.


Desde esta perspectiva, se acepta la realidad del mundo físico, sin considerar la moral y las creencias religiosas. Esta conducta es propia de ateos, religiosos “light”[4] y algunos practicantes de religiones que niegan la existencia del bien y el mal (budismo) o son pesimistas (hinduismo) o no aceptan la existencia de un Creador, enfocándose en varios dioses y/o energías del universo (ciertas religiones orientales de la Nueva Era). Además, el género literario de terror, extendido al cine y teatro, se basa en este imaginario.


Conclusiones sobre el trasfondo del pensamiento espiritual y religioso:

El pensamiento humano (primordialmente el religioso) está influenciado por arquetipos muy poderosos: a) el imaginario diurno, que se sustenta en buscarle el significado a la vida (creencias religiosas optimistas, existencia de vida después de la muerte y victoria del bien sobre el mal, para restablecer la Justicia Divina y acabar con el sufrimiento humano), y b) el imaginario nocturno, que se basa en negar el sentido de la vida (creencias ateas o religiosas difusas, minimización o distorsión de fundamentos religiosos, posible inexistencia de vida después de la muerte, rechazo a las concepciones del bien y el mal, y ausencia de justicia).

II.3 LA BASE DE LAS SUPERSTICIONES

Actualmente, las principales supersticiones se sustentan en creencias pragmáticas, ideas de los imaginarios, concepciones supersticiosas propias y religiosas. Su trasfondo está estrechamente relacionado con la persistencia de un conflicto espiritual entre el bien y el mal (trasladado a la buena suerte vs. la mala suerte), el cual obliga a buscar incesantemente la buena fortuna y protegerse de la mala fortuna. En ese sentido, todavía existen estas supersticiones:


1. No caminar debajo de una escalera.

2. No tocar madera.

3. No entregar cuchillos o tijeras.

4. No derramar, botar o regalar sal.

5. No salir de noche o durante una tormenta.

6. No abrir un paraguas en un sitio cerrado.

7. Evitar el número 13.

8. Utilizar amuletos y talismanes.

1. No caminar debajo de una escalera:

Esta superstición cuenta con estos componentes:


a) pragmático: la escalera puede caerse y terminar con la vida,

b) imaginario diurno: la escalera es uno de los principales símbolos del imaginario ascensional,

c) imaginario nocturno: el sitio debajo de la escalera es un símbolo del imaginario nocturno (espacio cerrado e inferior, cueva, etc.) que representa a la vida subterránea,

d) supersticioso: el temor a que se caiga la escalera o que sus energías negativas nos afecten (llevándonos a un inframundo) es el mismo de perder los medios de seguir avanzando en la vida,

e) religioso: la escalera también representa el ascenso al más allá y al pasar por debajo de ésta es una manera de cuestionar el ascenso al cielo.

2. No tocar madera:

Esta superstición cuenta con estos componentes:


a) pragmático: hay peligro de cortarse e infectarse,

b) imaginario diurno: el árbol es un símbolo de la vida,

c) imaginario nocturno: la madera es parte de un árbol muerto y constituye un símbolo de la transformación de la naturaleza por obra humana, el cual incluye el fin de la existencia de la vida,

d) supersticioso: el temor a tocar a la madera es el miedo a morir prematuramente,

e) religioso: la madera se asocia con la muerte del árbol (símbolo sagrado de la vida en muchas religiones) y la cruz de Cristo (la cual refleja su sufrimiento y muerte en este nefasto método de ejecución).

3. No entregar cuchillos o tijeras:

Esta superstición cuenta con estos componentes:


a) pragmático: persiste el peligro que la otra persona se corte,

b) imaginario diurno: estos instrumentos son símbolos del imaginario diarético y deben ser bien utilizados,

c) supersticioso: estos objetos pueden derramar sangre y liberar energías negativas,

d) religioso: una tijera abierta representa a la cruz.

4. No derramar, botar o regalar sal:

Esta superstición cuenta con estos componentes:


a) pragmático: hay peligro de perder este alimento, indispensable para la vida humana,

b) imaginario diurno: debidamente empleada, la sal es un símbolo de salud y prosperidad,

c) imaginario nocturno: la sal es parte de la tierra y de la oscuridad, que puede ser escondida fácilmente,

d) supersticioso: una vez activadas las poderosas energías negativas de la sal, se pueden perder la salud y las riquezas. Además, en la Antigüedad era común derramar sal en la puerta de la casa de los enemigos para maldecirlos,

e) religioso: aunque este elemento es muy preciado, de acuerdo a las enseñanzas de Jesús, en el Sermón de la Montaña, el mismo es parte del mundo material que desaparecerá (Mateo 5:13-16).

5. No salir de noche o durante una tormenta:

Esta superstición cuenta con estos componentes:


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-23 show above.)