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Excerpt for Una Sola Carne by , available in its entirety at Smashwords

Una Sola Carne

El Propósito de Dios Para el Matrimonio Cristiano:
Lo que Significa ser una Sola Carne



F. Wayne Mac Leod



DISTRIBUIDORA DE LIBROS “LIGHT TO MY PATH”
Sydney Mines, Nova Scotia, CANADA B1V 1Y5

Una Sola Carne

Publicado en ingles con el título: One Flesh

© 2018 por F. Wayne Mac Leod

Traducción al español: David Gomero

Todos los derechos reservados. No puede reproducirse ni transmitirse parte alguna de este libro sin el previo consentimiento por escrito de su autor.

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Todas las citas bíblicas, a menos que se indique otra versión, han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960 (RVR60).

Publicado por Lumbrera a mi Camino (Light to My Path Book Distribution, [LTMP, por sus siglas en inglés]) Atlantic Street, Sydney Mines, Nova Scotia, CANADA B1V 1Y5

Índice

Prefacio

Capítulo 1 - Introducción y Contexto

Capítulo 2 - El Ambiente en el Cual Debe Desarrollarse la Relación de Una Sola Carne

Capítulo 3 - La Presencia de Dios en la Relación de Una Sola Carne

Capítulo 4 - Lo que Dios Juntó

Capítulo 5 - Falsas Relaciones de Una Sola Carne

Capítulo 6 - Una Sola Carne y la Renuncia a los Derechos Personales

Capítulo 7 - El que Ama a su Mujer, a sí Mismo se Ama



Prefacio

En Génesis 2:24 leemos:

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24)

El propósito de Dios para el matrimonio cristiano es que el esposo y la esposa sean una sola carne. Si éste es Su propósito, entonces es importante que dediquemos tiempo para entender lo que significa. El concepto de ser una sola carne va más allá de la relación sexual. De hecho, a medida que analizamos las Escrituras, vemos que ella toca cada aspecto de la vida de la pareja. En una época donde se valora mucho la independencia, esta enseñanza puede ser desafiante para muchos.

Para que dos personas lleguen a ser una sola carne se requiere que ambos sacrifiquen derechos personales. Esto constituye una afrenta a nuestros deseos egoístas, pues se hace necesario que quitemos la vista de nosotros mismos y de nuestras propias necesidades y consideremos las de nuestro cónyuge como si fueran las nuestras. No todos los lectores estarán preparados para hacer esto, sin embargo, confío que los pasajes que examinaremos hablarán a sus corazones como lo hicieron al mío.

Es mi oración que a medida que analicemos las enseñanzas bíblicas sobre este importante tema, el Espíritu de Dios se mueva y traiga mayor claridad sobre el mismo. Confío que Él también les indique si existe algún aspecto de sus vidas que necesite ser completamente rendida a Él y al propósito de Dios para su matrimonio. Quiera Dios complacerse en usar este estudio como una herramienta para renovar y bendecir a muchas parejas y que aprendan a caminar en la unidad que Dios desea.



Dios les bendiga,

F. Wayne Mac Leod

Capítulo 1 - Introducción y Contexto

Este estudio comenzará en Génesis 2 con la historia de cómo Dios creó al hombre y a la mujer. En el capítulo 1 se menciona la creación del hombre, pero el capítulo 2 entra en más detalles. Existen algunos pormenores que debemos examinar en esta porción de las Escrituras que marcan el trasfondo para nuestro estudio.



El hombre fue creado del polvo de la tierra

El primer detalle que aprendemos en Génesis 2 es que el hombre fue creado del polvo de la tierra.

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. (Génesis 2:7)

La palabra que aquí se traduce como “polvo” también puede referirse a lodo o barro. El hombre era resultado de la tierra. Fue dentro de una figura inanimada de lodo o polvo que el Señor sopló vida. El primer hombre vino a ser una criatura viviente por medio del aliento de Dios en él. Medite en el poder de Dios que formó tal criatura del polvo de la tierra y luego escogió tener una relación con él.

Sin embargo, muy pronto esa relación con Dios se tornaría tensa. No pasaría mucho tiempo antes que Adán y Eva pecaran al desobedecer a Dios. Ese día Dios le habló al hombre acerca de su origen y destino final a causa de su rebelión.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. (Génesis 3:19)

Adán fue creado de la tierra, la trabajaría con el sudor de su rostro y volvería a ella al morir.

Job, hablando a Dios en su dolor, declaró:

Acuérdate que como a barro me diste forma; ¿y en polvo me has de volver? (Job 10:9)

Ambos, Adán y Job, entendieron que estos cuerpos terrenales un día se reducirían al polvo. La humanidad le debe su existencia a la increíble sabiduría de Dios que sopló vida en el barro de la tierra.



Dios bendijo al hombre y le dio un hogar.



El segundo detalle que observamos en Génesis 2 es que Dios no solo dio vida al polvo que Él había moldeado con la forma de un hombre, sino que lo bendijo al colocarlo en un huerto hermoso.

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. (Génesis 2: 8-9)

En estos versículos se hace evidente el interés de Dios por el hombre. Dios plantó un huerto para el hombre y lo colocó allí. Ese huerto tenía abundancia de árboles. Veamos lo que el versículo 9 nos dice: los árboles eran hermosos y producían frutos deliciosos. El huerto que Dios plantó para el hombre era hermoso a la vista. Sus ojos debieron haber estado sorprendidos ante esta belleza y él debió haber quedado anonadado ante la obra maestra de Dios.

No obstante, el huerto no fue creado solamente para deleitar los ojos del hombre, sino también sus gustos. El fruto de ese jardín era bueno para comer. Estos árboles producían frutos deliciosos que asombraban el paladar del hombre. Es sorprendente que Dios bendijera de este modo a este ser que creó del polvo de la tierra.



Dios compartió con el hombre la responsabilidad de trabajar y mantener el huerto.

Génesis 2:19 continúa diciéndonos que Dios compartió con el hombre la responsabilidad del cuidado del huerto. Debemos comprender que esta tarea de trabajar y cuidar del huerto no era tan pesada ni gravosa como lo es hoy. En aquellos días labrar la tierra era un oficio placentero. La maldición del pecado no había caído sobre la tierra y Adán estaba maravillado ante el poder admirable de Dios mientras observaba cómo crecían y se producían estos frutos deliciosos. Esto le dio a Adán un gran motivo para alabar al Creador por el milagro de la vida y la fertilidad. Su tiempo había sido ocupado y tenía un propósito para estar en el huerto: disfrutar de la bondad de Dios y alabarle.



Dios llenó el jardín con animales para el hombre

En Génesis 2:18 Dios dice:

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. (Génesis 2:18)

A medida que Adán exploraba el huerto ocupaba su tiempo con la belleza de los árboles y el maravilloso sabor de sus frutos. Él cuidaba del huerto y daba gracias a Dios por las maravillas y el milagro del cultivo y la cosecha. Adán, en comunión con su Creador, disfrutaba paz y satisfacción; pero esto no era todo lo que Dios tenía para él.

Observe que en Génesis 2:18 Dios, el Señor, dijo: “no es bueno que el hombre esté solo”. Lo que Dios creó era bueno, sin embargo, lo que debemos entender es que Dios creó al hombre con necesidades y desde Génesis 2:18 vemos que una de ellas era la necesidad de compañía. Adán no fue hecho para ser independiente y autosuficiente. Él fue creado con necesidad de Dios y de otros semejantes a él. Cuando Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo, estaba señalando esta necesidad que creó en él, la necesidad de compañía.

Percátese también en este texto cuál fue la respuesta de Dios a esta necesidad en el hombre: “haré ayuda idónea para él”. La palabra “ayuda” nos muestra que Dios le proveería al hombre alguien que estaría a su lado para ayudarlo en sus necesidades. Esta ayuda sería “idónea para él”- una pareja perfecta y una ayuda que permanecería con él para complementarlo y satisfacer su necesidad de compañía.

Es interesante observar aquí que Dios creó a los animales y los trajo ante Adán inmediatamente después de decidir que le haría una ayuda “idónea para él”. El contexto puede indicar que estos animales servirían como ayuda en el cuidado del huerto. Al igual que el hombre, ellos también fueron creados de la tierra (Génesis 2:19) y fueron traídos ante él para darles nombres. El hecho de que Adán pusiera nombre a estas criaturas, parece indicarnos que se le había dado dominio sobre ellas, por lo que estarían sujetas a él en el huerto.

Aunque los animales eran de ayuda, no eran idóneos para el hombre. Esto nos revela que lo que él necesitaba era algo más que una simple ayuda en el huerto, y esto era una compañía e intimidad más profundas.

Para proveer a Adán de su ayuda idónea, el Señor le hizo caer en un sueño profundo y mientras él dormía, tomó una costilla de su costado e hizo de ella una mujer (Génesis 2:21-22). Adam Clarke comenta lo siguiente al respecto:

Dios podía haber formado a la mujer del polvo de la tierra, como hizo al hombre; pero si hubiera hecho esto, ella aparecería antes sus ojos como un ser diferente con quien él no tendría relaciones naturales. Pero como Dios la formó de una parte del mismo hombre, él vio que ella era de la misma naturaleza, idénticos en sangre y carne y de la misma esencia en todos los aspectos; y por consecuencia, con iguales poderes, facultades y derechos. Esto hizo que inmediatamente el hombre afianzara su cariño y la tuviera en gran estima” (Clarke, Adam, Commentary on the Bible [Comentario bíblico] de Adam Clarke (Electronic edition), Comentario de Génesis 2:21: Laridian Inc., Marion Inc.)

No se nos dice cómo el hombre entendió que la mujer provenía de su propio cuerpo. ¿Estaba él consciente de haber perdido una costilla? No lo sabemos. Sin embargo, lo que sí está claro es que él no tenía la más mínima duda de que ella era diferente de los animales que recién había nombrado. Ella fue hecha de él para ser una ayuda y compañía para él. En la mente de Adán, ella estaba por encima de las demás criaturas que estaban en el huerto y a diferencia de ellas, la mujer era una compañía y ayuda perfecta. Se parecía a él y había salido de su cuerpo.

Tal y como lo hizo con los animales, el hombre daría un nombre a esta hermosa creación de Dios que estaba frente a él y la llamaría ‘mujer’.

Dijo entonces Adán: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será llamada “Mujer” porque del hombre fue tomada. (Gen 2:23, versión RVR95)

Percátese cómo Adán dijo: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos!”. La expresión “¡Esta sí que es…!” nos da la idea de que él había estado buscando esta ayuda y compañía, pero no había podido encontrarla. Ahora su búsqueda había terminado. Finalmente él encontró lo que anhelaba y en ello había satisfacción y realización.

Génesis 2 concluye con la siguiente declaración.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24)

Fíjese en la frase “por tanto”. Esto indica que lo que sigue es resultado de lo que justamente nosotros hemos analizado acerca de la creación de la mujer. Debido a que la mujer fue hecha del hombre, había entre ellos una conexión especial. Ellos fueron creados para complementarse el uno al otro.

Génesis 2:24 continúa diciendo que cuando un hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, los dos vienen a ser una sola carne. ¿Qué significa ser una sola carne? Este es el motivo de nuestro estudio. En los próximos capítulos intentaremos desmenuzar lo que las Escrituras enseñan acerca de este tema para ver cómo se aplica a nuestras relaciones como esposos y esposas.

Hemos visto que el hombre fue creado por Dios del polvo de la tierra. Aunque fue creado perfecto, también tenía necesidad de compañía y ayuda. Dios creó una ayuda y compañera para él con la forma de una mujer. Ella no fue hecha del polvo sino del costado del hombre y esto le mostró a Adán que, a diferencia del resto de la creación en el huerto, ella era como él. Esta conexión entre el hombre y la mujer era tal que cuando el hombre crecía y dejaba a su padre y a su madre para tomar esposa, ambos experimentarían la verdadera unidad, llegar a ser una sola carne.

A medida que profundizamos en el libro de Génesis vemos que este principio de una sola carne fue quebrantado. El pecado perturbó la unidad entre Adán y Eva y entre todas las parejas después de ellos. Esto significa que si queremos experimentar la unidad que Dios diseñó para nuestros matrimonios, debemos batallar contra el pecado que nos impide disfrutar de este tipo de relación. Que Dios nos dé sabiduría, no solo para entender Su propósito para nuestros matrimonios, sino también el deseo de luchar por esto para la Gloria de Su nombre.



Para Reflexionar:

Génesis 2 nos recuerda que el hombre fue creado del polvo. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo debemos considerarnos a nosotros mismos?



¿Qué evidencia existe de la bendición de Dios en el huerto? ¿Qué nos enseña esto sobre la relación que Dios quería disfrutar con el hombre? ¿Qué testimonio usted tiene de la bendición de Dios en su vida?



Dios creó al hombre como un ser social que necesitaba relacionarse con otros iguales a él. ¿De qué manera nosotros nos necesitamos unos a otros?



¿Por qué Dios no creó a la mujer del polvo de la tierra, sino del costado del hombre? ¿Qué nos muestra esto acerca del tipo de relación que Dios había diseñado que tuvieran el hombre y la mujer?



¿Por qué cree usted que Dios nos creó con la necesidad de compañerismo? ¿Ha sido usted compañero y ayuda para su cónyuge? ¿Qué aspecto de su matrimonio necesita mejorar?



Para Orar:

Pídale a Dios que le ayude a recordar la realidad de que usted depende totalmente de Él para vivir y respirar. Ruegue le perdone por las veces que ha tenido más alto concepto de sí que el que debía tener.


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