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Excerpt for Historias de Night City by , available in its entirety at Smashwords

Historias de Nigth City

Scar.Cyberpunk

 

Published by Jordi Ruiz at Smashwords

 

Copyright 2018 Scar.Cyberpunk



¡Oscuridad!

¡Oscuridad y frío!

… …

¡¡¡Oscuridad, frío y dolor!!!

… … …



¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhhh!!!!!!

Con un gran esfuerzo, consigo abrir los ojos, noto que estoy en el suelo, un suelo de arena y muy frio, poco a poco me voy incorporando, noto dolor cada vez que quiero mover un músculo, intento abrir los ojos poco a poco, pero no veo nada… espero unos segundos, respiro hondo, nada, sigo sin ver nada, muevo la cabeza en todas las direcciones, al parecer me he quedado ciego, no espera, creo que simplemente está muy oscuro, forzando la vista hacia arriba, apenas distingo pequeños puntos de luz en el horizonte, de repente me asaltan miles de preguntas de mi parte más racional, ¿dónde estoy? ¿Cómo he llegado aquí? Mierda, no me acuerdo de nada…

Me duele todo, tengo mareos, y sed, mucha sed.

A ver centrémonos, estoy entero, manos, pies, piernas, pecho, y … si todo parece en orden, excepto por una sensación de mareo, pero de momento es soportable.

Mirando alrededor, sólo veo oscuridad, distingo pequeños objetos inmóviles en la distancia, son pequeños objetos más oscuros que el horizonte… si miro hacia arriba se aprecian pequeños puntos de luz, algo difuminados, parece que los puntos crecen y encojen en intervalos de unos segundos… pero que narices… algo no funciona bien… palpo con mis manos mi cabeza y me doy cuenta que tengo la cabeza recubierta de una sustancia pegajosa… y por encima de la sien derecha, un agujero, da la sensación de ser un agujero pequeño, lo palpo con cuidado… parece un agujero de bala… vale esto es malo, muy malo, busco con las dos manos por el resto de la cabeza otro agujero con la esperanza de encontrar un agujero de salida… me empiezo a poner algo nervioso… no lo encuentro, eso quiere decir que tengo la bala aún dentro… pero que leches ha pasado… no recuerdo nada…

De repente un espasmo muscular hace que mis piernas pierdan su fuerza y me caigo de bruces en el suelo, apenas consigo poner las manos en el suelo para intentar no golpearme la cabeza, no me parece muy buena idea, que la bala, si sigue dentro, vaya rebotando de un lado a otro...

Tras unos segundos de espasmos en las piernas, parece que vuelvo a recuperar el control de mi cuerpo… me intento incorporar, y al ver que no puedo, decido sentarme en el suelo con las piernas cruzadas e intentar pensar en la situación en la que me encuentro.

Vamos a ver, no sé muy bien cómo, pero mi cerebro me muestra en letras mayúsculas y de color naranja chillón, un listado de preguntas a realizar a personas con un traumatismo reciente:

Las voy respondiendo sin pensar muy bien en si son ciertas o no… ni de donde han salido…

1.- Como te llamas?

Como si pudiera escribir con mis pensamientos aparecen unas letras de color verde, justo debajo de la pregunta: Jhonny. (Que extraño no recuerdo ningún apellido)

2.- Tienes familia?

Sé que es extraño pero en vez de pensar en unos padres o hijos o esposa sólo me viene una palabra a la cabeza, la cual se escribe en esta “pantalla”: SILVERBAND.

3.- Cuántos años tienes?

No lo sé. (Entre 25 y 40) pero no tengo una cifra exacta.

4.- Cuál es tu nivel de estudios?

Sin apenas pensar la respuesta escribo La calle… pero que narices es todo esto, ¡quién soy!

5.- En que trabajas?

Barman. (y de repente me asalta una oleada de ira, noto como todo mi cuerpo se tensa, y aparece una imagen lejana de un bar siendo devorado por las llamas) uff tengo que pensar más en esto, parece tener algunas respuestas… pero mi cerebro no me lo permite, en vez de eso, me asalta la siguiente pregunta.

6.- Dónde vives?

Me asaltan miles de imágenes a la vez… una ciudad, un hotel, coches, aviones, alcantarillas, todas se superponen unas a otras, pero distingo una que se repite una y otra vez, es una moto plateada, no una moto no, tengo claro que esa es MI moto, empiezo a recordar, intento centrarme en ese recuerdo pero otra vez mi cerebro, no me lo permite y me quiere asaltar con la siguiente pregunta… pero esta vez no me dejo vencer con tanta facilidad, necesito recordar otras cosas, y no seguir con este estúpido cuestionario… la batalla interna en mi cabeza se recrudece, hasta un punto en el que empieza a dolerme la cabeza mucho más, noto mi corazón bombeando sangre con fuerza en dirección a mi cabeza y como mi cerebro la absorbe para fortalecerse, contra el cuestionario... ¡Dios! Parece algo estúpido pero de verdad parece que el cuestionario se quiere adueñar de mi cerebro… de repente pienso en él como un virus, y en ese momento las letras del cuestionario se reorganizan para crear una forma como de un animal, se parece a un pequeño dragón negro y mi cerebro, reorganizando las letras de mis respuestas crea la forma de un caballero, las dos imágenes se enzarzan en una pelea agotadora, como si de un videojuego se tratara después de lo que me parecen horas y horas de combate mi caballero vence al dragón, no sin haber sufrido varias heridas.

¡Dios! Esto es totalmente abstracto, noto como en vez de estar sentado, ahora estoy totalmente tumbado en el suelo y al parecer lejos de donde me encontraba, aunque sigo rodeado de arena helada, por puro instinto me acerco la mano al orificio de mi cabeza, y en efecto lo que me temía, noto como la sangre sale a borbotones, como desbordada del orificio y me impregna todo el cuerpo… está claro que así no puedo seguir, tengo que salir de aquí, encontrar un médico, un hospital o … vuelve a mí la palabra de familia: SILVERBAND, no recuerdo porque, pero tengo claro que es importante.

Parece que el horizonte se empieza a iluminar, una raya rojiza bordea la silueta del horizonte, es una imagen preciosa, la raya va creciendo poco a poco, cambiando los colores del mundo a mi alrededor, en cuestión de segundo el negro horizonte pasa a ser un cielo azul, y a mi alrededor, arena, giro sobre mí mismo intentado distinguir algún objeto, pero no, sólo veo arena, y más arena, con algún pequeño cactus en medio… dedico unos minutos a escudriñar el entorno y a unos metros distingo como una zona donde la arena es de diferente color, poco a poco me desplazo hacía el lugar, para descubrir que lo que hace cambiar de color la arena no es más que mi sangre, parece que haya perdido cientos de litros de sangre, o a lo mejor no es sólo mía… un pequeño flash invade mi mente, una pelea y un disparo desde la lejanía… bufff, otra vez en blanco… mi cerebro parece que quiere volver a pelear contra mi… pero con gran esfuerzo me vuelvo a centrar, en lo importante y no dejo que ese “dragón” se adueñe de mí, esta vez me resulta mucho más fácil vencerle, lo que hace que recupere algo de mi memoria.

Si aquí me peleé, puede que pueda encontrar algo que me ayude a recordar más cosas, dedico, lo que me parecen un par de horas a buscar en círculos algún objeto enterrado, que me pudiera ayudar, pero nada, tiempo perdido, tengo claro que he de empezar a moverme, si esto es un desierto y estoy en medio de la nada, más vale que empiece a caminar hacía algún lado, ¿pero a dónde?

De repente pienso que si el sol sale por el oeste debería ir en esa dirección, la diversión siempre ha estado en el oeste… y otra vez esa palabra en mi cabeza: SILVERBAND, que sí, que sí, pero ahora mismo tengo otras prioridades, me digo a mí mismo. Puede que simplemente me haya vuelto loco…, ¡bueno, pero al menos un loco vivo! Empiezo a caminar.

A medida que voy avanzando, me voy dando cuenta que en efecto, estoy en un desierto, sólo se ve arena y más arena, me duele todo y de repente un sabor como de metal oxidado inunda mi boca, me da por escupir y lo que sale de mi boca no es saliva, es sangre, me estoy desangrando por dentro, me paro un segundo para estudiarme a fondo, me doy cuenta que es algo que debería haber hecho antes, espera, si lo hice, o no… sigo confundido, ahora a lo mejor es tarde… me paro unos segundo al lado de un pequeño cactus, y empiezo a analizarme a fondo, mis piernas parecen estar bien, llevo pantalones vaqueros, algo desgastados pero en buen estado, unas botas militares que están bien, camiseta roja, bueno fijándome mejor creo que la camiseta era blanca, pero ahora está totalmente empapada de sangre, veo que en los brazos tengo varios cortes recientes, pero que parecen haberse cicatrizado hace algunos días, los nudillos totalmente machacados, como si le hubiera estado pegando a una pared… de repente otro flash… vale no fue una pared, era un tipo del tamaño de una montaña, totalmente blindado, y con brazos y piernas cibernéticos… y veo algo más, tiene la frente cubierta de símbolos japoneses. Vale me asaltan cientos de recuerdos, por un lado, la Yakuza japonesa, y de repente mi cerebro intenta de nuevo bloquear el recuerdo, me asalta con miles de preguntas, pero mi “caballero”, las corta todas, como si de papeles lanzados al aire se trataran, querían nuestro maldito Bar………. ¡SILVERBAND!

¡Dios! Tengo una pelea en mi cabeza, no, otra vez no, otro espasmo en las piernas que me vuelve a tumbar, caigo al suelo, pero esta vez no me da tiempo a poner las manos, suerte que la arena es blanda, las piernas siguen su fiesta particular y con los brazos intento que por lo menos la cabeza no se golpee mucho contra la arena, no creo que sea bueno que el agujero que tengo en la cabeza se llene de arena, pasan minutos u horas, y por fin mis piernas se quedan sin fuerzas y se paran… me quedo tumbado unos minutos recuperando el aliento, mi vista se queda fija en el cielo, y vuelvo a notar como cuando intento enfocar la vista en algún punto, éste crece y disminuye de tamaño cada pocos segundo, otro flash… visualizo una imagen: La casa de un matasanos, yo en una de las habitaciones y mirando un catálogo de ojos cibernéticos… esta vez lo recuerdo con claridad, fue hace años, me cambié un ojo y amplifiqué el otro… el calor sofocante me devuelve a la realidad de mi situación, tumbado, desangrándome, con mucha sed, mucho dolor, y un agujero de bala en la cabeza… pienso que podría ser peor, por lo menos sigo vivo… la imagen del bar en llamas aparece de nuevo, mi cuerpo reacciona poniéndome en pie, y continúo mi camino hacía lo que creo que es el oeste…

Avanzo hasta que el horizonte se vuelve oscuro, y cuando pienso en descansar un rato, en vez de eso me caigo hacía adelante totalmente agotado y noto como si perdiera la consciencia.

Abro los ojos, y ya es de día, me levanto y avanzo de nuevo ahora sí está claro que voy hacía dónde sale el sol, sigo mi camino al oeste, me intento analizar, pero soy totalmente incapaz, todos mis sentidos están como aletargados, noto como si toda la fuerza de la que soy capaz de disponer, se esté dirigiendo hacia las piernas haciendo que estas se muevan hacía a delante…

Pasan varias horas y en mi cerebro empiezo a oír un zumbido, que cada vez se hace más intenso, empiezo a pensar que éste es el final del camino, el zumbido se intensifica y se hace cada vez más grave, pero es un zumbido que no sé porque, me da fuerzas, a medida que se hace más intenso y más grave, noto como si mi cuerpo se curara, mi cerebro fluyera mejor, los ojos empiezan a enfocar el entorno, miro al suelo y ya no es arena, es asfalto miro hacia atrás y me doy cuenta que hace rato que estoy caminando por una carretera, el zumbido ya no parece un zumbido, es más bien el motor de algún tipo de vehículo… ¿una moto tal vez? Mi corazón se acelera, la adrenalina invade mi cuerpo, mis nervios se tensan, y mi cerebro parece que funcione cien veces más rápido, por puro instinto mi cuerpo adopta una posición defensiva, cierro los puños, dirijo la vista hacia el origen del ruido, mis ojos vislumbran una sombra acercándose, un objeto que refleja la luz del sol, como si estuviera hecho de espejos… no, de espejos no, es un objeto plateado, que se acerca a una velocidad endiablada, mis ojos amplían la imagen, x5, x10,x20, x50… mis rodillas pierden su fuerza y hacen que mi cuerpo se arrodille, ahí está, se acerca, mi cuerpo lo sabe, mi alma lo sabe, la otra mitad de mi ser viene hacía mí! mis ojos dejan de ampliar la imagen, mi cuerpo se relaja, mis brazos caen sobre mis piernas, sólo tengo que esperar un minuto y mi moto llega a mí! noto en el ruido del motor que ha estado buscándome desde que desaparecí, con la fuerza que me queda, que no es mucha, me levanto, y me monto! Nada más sentarme, vienen a mi todos los recuerdos, todos los cuándo y todos los porqués… pero sé que ahora no es momento de recordar, es momento de recuperarse. De la parte de atrás de la moto saco un cable, que conecto a la base de mi espina dorsal, de repente intercambio todos mis recuerdos con los de mi moto y ella todos los suyos conmigo, también noto como todos mis implantes empiezan a recargarse, ojos, oídos, brazos, piernas, varios órganos internos, los nanobots de mi cuerpo y los de mi moto, se activan, empiezan a regenerar todas mis heridas, es un proceso algo lento, le meto mano de nuevo a mi moto y saco una lata de Smash, me la bebo de un trago, lo que provoca una tos incontrolable y mi estómago se fuerza para sacar ese líquido de mi cuerpo, pero no le dejo, termino la lata y me bebo otra, esta vez más despacio, disfrutando de cada sorbo. Me siento vivo y completo de nuevo, pero de repente, salta una alarma, en mi cabeza y en el salpicadero de mi moto, es la bala… ahora lo veo claro, no es una bala, es un chip de control mental, disparado desde un arma de largo alcance, por eso no tengo orificio de salida, está diseñado para entrar en la cabeza y luego controlar a cualquier persona desde dentro, pero se han equivocado de víctima, yo no soy cualquier persona. Con una orden mental, reconfiguro los nanobots que se dirigen en tromba a por el chip de control mental, destruyéndolo en segundos, ufff, ¡es como si hubiera vuelto a nacer!

Ahora lo recuerdo todo, ¡y ya sé quién soy! Mi nombre es Jhonny, líder de la banda nómada SILVERBAND, y hoy empieza mi venganza.

.- ¡98! – Grita alguien con voz muy grave, como si fuera un oso, que acaba de aprender a hablar nuestro idioma.

Justo medio segundo después se oye un golpe seco y siento dolor, como si me hubieran golpeado con algo en la espalda. Espera, ¿un látigo? ¿Me están dando latigazos? ¡Que narices está pasando!

.- ¡99! – Vuelve a gritar el oso…

Otra vez justo medio segundo después otro golpe seco, en mi espalda, pero esta vez apenas lo noto, como si de repente mi piel se hubiera endurecido, justo en la zona del impacto.

.- ¡100!

Otro golpe seco y esta vez apenas lo he sentido, pero si he notado como no sólo mi piel se ha endurecido, si no como una ola de adrenalina invadía mi cuerpo.

Gracias a ese subidón de adrenalina, noto que puedo abrir los ojos, bueno en realidad sólo un ojo… veo delante de mí a un hombre enorme, medirá más de dos metros y medio, lleno de tatuajes con símbolos orientales, tiene los puños llenos de sangre, y en su mano derecha distingo lo que parece un látigo, como el de los adiestradores de animales en los circos, está sudando, parece agotado, creo que soy más dura de lo que él se pensaba.

.- Ves a lavarte y descansa un poco, dile a tu hermano que venga en una hora, esperemos que ya se haya recuperado. (dice una voz metálica que parece venir de las paredes)

Miro la estancia, no hay nada, excepto mucha sangre en las paredes, y charcos y charcos de sangre, espero que no sea sólo mía, si no estoy jodida…

Intento hacer un diagnóstico de mi situación, la gran mayoría de sensores muestran errores, lo único que veo al final del autodiagnóstico es una luz en el GPS que parece acercarse… aunque todavía está muy lejos.

A ver analicemos el resto, los pies atados con esposas, apenas logro rozar el suelo con los dedos gordos, ahora que los miro, veo que me faltan varias de las uñas y tengo bastantes cortes, tanto en los pies como en las piernas.

Las manos atadas a unas cadenas, que cuelgan del techo, apenas puedo levantar la cabeza, con lo que no puedo ver la gravedad de las heridas en los brazos, pero no creo que sean mejores que las de las piernas, forzando la vista hacía el otro ojo, veo como sobresale lo que parece un mango de un cubierto… puede que un tenedor… o una cuchara… no lo consigo distinguir, bueno continuo, múltiples cortes en los pechos, así como varios cubiertos, tenedores, cuchillos, clavados en mi abdomen, y en mis piernas. La leche estos cabrones se han ensañado conmigo de lo lindo…

Pero ¿por qué? Y sobre todo porque ahora, firmamos la paz con los Yakuza después de la última batalla campal, hace por lo menos cinco años, los dos bandos sufrimos múltiples bajas, y estaba claro que ninguno de los dos bandos iba a parar, Fuimos Jhonny y yo a la reunión, quedó todo claro, les dejamos comerciar en nuestra zona, cualquier mercancía menos las drogas de diseño para niños, a cambio de libre circulación de nuestra banda, por los barrios controlados por ellos, y es más alguna vez hemos unido fuerzas contra Arasaka o Militech, cuando han venido a por alguno de nuestros miembros o de los suyos… no tiene ningún sentido romper la alianza, a menos que nos quieran erradicar de un solo golpe.

Malditos desgraciados, lo peor de todo es que no recuerdo como consiguieron capturarme… y cómo es que aún nadie de la banda ha venido a buscarme… cuando los vea se van a enterar.

Bueno mejor empiezo a centrarme en mi situación, que opciones tengo…

Plan 1: Romper las esposas y romper las cadenas, no creo que sea especialmente difícil, pero y luego… no sé dónde estoy, no sé cuántos son, y además parece que me están observando…

Plan 2: Esperar a que venga el hermano del gigante y desde que pueda hacerlo hablar, y luego… uff tocará improvisar.

Lo bueno es que me voy encontrando cada vez mejor… veo como las múltiples heridas de mi cuerpo se van cerrando, como incluso algunos objetos empiezan a salir de mi cuerpo… incluso el tenedor del otro ojo, por fin puedo ver con los dos ojos, aparece una imagen superpuesta, indicando todas las heridas de mi cuerpo, porcentajes de curación, tiempo estimado para la total recuperación, y los datos de siempre, pulsaciones, tensión, drogas, etc… pero no todo podía ser bueno, de todas las cifras del autodiagnóstico que parece que voy recuperando, hay una que no deja de disminuir… cuando empecé el chequeo estaba en más de 4 millones, y ahora apenas queda un millón y bajando… no creo que sea bueno… ahora mismo no puedo hacer nada, ya me preocuparé después de esto, ahora a esperar a que llegue el hermano.

Boom – Se oye un portazo detrás mío, imagino que es el hermano.

.- ¡Hola Rubia! ¿Me has echado de menos? ¡Yo a ti sí!

Noto como me mira de arriba a abajo y veo por su expresión, que algo no le gusta…

.- ¡Mi hermano es un total inútil, que ha estado haciendo contigo! ¡¿Te ha estado curando o qué?! – Por el tono de su voz, está claro que está muy enfadado.

.- No importa, ¡volveré a empezar!

Veo que saca del bolsillo de atrás del pantalón unos nudillos metálicos, terminados en unos pinchos enormes…

Está claro que no aguantaré mucho si me da varios golpes con eso… es hora de ponerme en marcha. Con una orden mental que no me lleva ni un milisegundo, ordeno a mi cuerpo a entrar en modo de combate. Noto como saltan decenas de alarmas internas, como si de un coche antiguo se tratara, cuando le pides que acelera más de la cuenta, pero la gran mayoría de mi cuerpo reacciona bien.

Es en ese momento, es cuando el tiempo parece detenerse, lo primero es activar los hidráulicos de las piernas para deshacerme de las esposas,

Hecho,

El segundo paso balancearme para sujetarme con las piernas a la viga que sujeta las cadenas de mis manos y tratar de soltar los brazos,

Hecho, ¡y ahora a por el gigantón!

Me doy impulso con las piernas sobre el techo y me lanzo en picado, apunto mi codo contra su cabeza, mientras me acerco veo como si él se moviera a cámara super lenta, la escena parece hasta cómica, mientras me acerco a una velocidad endiablada, veo como su rostro marcado por una cara de ira, pasa fotograma a fotograma a una cara de sorpresa…

¡Impacto directo!

Mi codo impacta contra su cabeza, y justo en ese momento activo las cuchillas ocultas y le atravieso con tanta fuerza que se me clava la cuchilla contra el suelo, atravesando por completo la cabeza del gigantón.

De repente suena la voz metálica de nuevo: ¡Alarma! ¡La prisionera intenta escapar!

Mierda, bueno era inevitable, yo que pensaba en interrogar al gigante amarillo... no se puede tener todo.

Le registro los bolsillos del pantalón, no encuentro nada, pero si veo que del cuello le cuelga una identificación, me hago con ella.

Toca correr, y eso hago, no paro, como no sé qué dirección elegir, siempre la bifurcación de la izquierda y a ver… a la cuarta bifurcación he vuelto donde estaba, pues a la tercera cambio, paso dando vueltas por lo que parecen los mismos pasillos una y otra vez, lo que me parece una eternidad, cuando por fin, veo una puerta al final del pasillo, acerco la identificación y se abre la puerta.

.- ¡Sorpresa! Grita el Oso.

Boom (Se oye el disparo de una escopeta recortada, que no me da tiempo a esquivar)

.- No te lo esperabas… Grita con voz de satisfacción el oso, pero de repente se calla, porque se da cuenta que los perdigones no han atravesado mi piel, y eso que por el tamaño de las postas eran cartuchos para elefantes.

Le arrebato la escopeta de las manos y le pego con ella, hasta que la culata de la escopeta se funde con su cráneo, y cae de tan alto que hasta hace más ruido del esperado.

Ahora que ya puedo centrarme en otras cosas, veo que detrás del gigante lo que hay es un pasillo, como si fuera una pasarela de un barco… aunque por el ruido que hay de fondo ahora mismo parece más bien… ¿un submarino?

.- No, no, no, ¡no puede ser! (Por eso nadie me encuentra) Grito al aire y como era de esperar no obtengo respuesta…

Registro también al hermano y veo que no sólo lleva la identificación, si no también varios juegos de llaves y un tubo de cristal, que me recuerda mucho a un sistema antiguo de almacenaje…

Pensemos… estoy inmóvil, muchos de los marcadores del autodiagnóstico empiezan a reducir sus valores… del que había 4 millones ahora pone 0, eso me da que es mala señal… y el resto de pasar a colores en azul, están pasando a colores verdes, bueno eso quiere decir que todo se está estabilizando, pero que no tengo más oportunidades de fallar…

Si es un submarino tiene que tener una sala de control… y alguien deberá estar pilotando… por la estructura del submarino debe de ser uno grande, consulto mi base de datos, pero no me termina de encajar en ningún modelo conocido, puede que sea uno diseñado por y para los Yakuza… mientras estoy ensimismada en estos pensamientos, noto como el submarino se empieza a inclinar, como no sé dónde está la proa, ni la popa, e imagino que todo esto es por mí, y lo que quieren es eliminarme, estarán posicionando el submarino para hundirse, me dirijo a lo que yo creo será la popa, para ver si puedo hacerme con el control de este submarino.

Después de un buen rato de descenso, llego a lo que parece una cabina de mando, pero claro, no hay nadie… todo está controlado por alguien en el exterior, miro todas las pantallas, no estoy familiarizada con los controles, no veo nada que me a simple vista me sirva, intento relajarme, respirar hondo, y pienso… que haría jhonny… se me escapa una carcajada, el muy cabrón se dedicaría a destruirlo todo, cuando ya empiezo a pensar en esa locura como una solución, me fijo en que uno de los indicadores, indica latencia, ping y los números parecen coincidir con una dirección de red… me paro a observar por un segundo más y si lo tengo claro, es un maldito indicar de la conexión remota… (Pero no creo que sean tan torpes ¿no?) o simplemente un señuelo… como no tengo otra salida, y hay que empezar a destrozarlo todo, qué más da empezar por uno que por otro… saco de nuevo mis cuchillas retráctiles de los brazos y empiezo a moverme en círculos, en un baile mortal ensayado miles de veces, destrozando cuantos cables veo y en cada paso final, acuchillo un monitor, o una tubería…

En menos de treinta segundas, hay miles de alarmas sonando por todas partes, se oyen pequeñas explosiones a lo lejos, pero que se van acercando… en uno de los últimos giros, que empieza rozando el suelo con la cuchilla izquierda para dar un leve salto que permite embestir en alto con la derecha, y termina de rodillas en el suelo con los brazos en cruz en una posición de defensa, veo que el indicar de mi GPS, empieza a pitar y que el punto que se estaba acercando, está realmente cerca…

No me da tiempo a nada más, una explosión enorme tupe mis sentidos y me deja semi inconsciente, empiezo a notar como mi cuerpo se cubre de agua helada…

Cuando ya los indicadores de oxígeno están a 0%, empiezan a saltar alarmas internas indicando colapso múltiple interno, de repente noto un leve golpe en la espina dorsal, y el indicador de oxígeno empieza a subir, las alarmas se desactivan, giro sobre mí misma y ahí está, no sé cuántas veces me ha salvado la vida de forma directa y de forma indirecta, no sería quién soy sin ella, delante de mí está mi moto, inconfundible, totalmente cromada, con cientos de luces en todas partes.

Me agarro al manillar y me acerco a ella, me posiciono como si me fuera a sentar, pero soy consciente que no está diseñada para funcionar bien debajo del agua, pero todo y eso ha venido a buscarme, ya nos lo dijo Jhonny, estas motos morirían por nosotros, no lo entendía hasta que después de varios años con ellas, me he dado cuenta que son más fieles que muchos de nuestros amigos.

A nuestro alrededor, cada vez más explosiones, haciendo que el agua entre con más fuerza y el submarino cada vez se hunda a una mayor velocidad.

Activo el sistema de armas de la moto, lo que activa el escáner de combate que analiza perfectamente todo el submarino, y nos posiciona en uno de los extremos del mismo, eso quiere decir que estamos realmente cerca de poder salir, con una orden mental, le pregunto a la moto por donde ha entrado, y automáticamente se marca la ruta en el mapa, acelero y nos dirigimos hacia el exterior del submarino, la salida no es nada fácil, no paran de explotar cosas, a nuestro alrededor, y de acercarse objetos desde múltiples direcciones, pero pasados pocos minutos, ya estamos fuera.

Dedico unos segundos a observar cómo termina de hundirse el submarino, y como las explosiones empiezan a ser cada vez más frecuentes y potentes.

Acelero al máximo la moto, y nos dirigimos, a la superficie.

Una vez ya en el exterior, me detengo unos segundos a otear el horizonte y consigo distinguir a lo lejos una barcaza con un logo que me es familiar, Un puño cromado en el centro con dos guitarras que lo cruzan por detrás, nuestra bandera.

De repente noto como todo el cansancio, todas las heridas, me pasan factura y caigo desfallecida, encima del manillar de mi moto.

Sólo me da tiempo a un último pensamiento que provoca una leve sonrisa en mi rostro:

Casi ha muerto luchando contra el inmenso océano, aquí casi yace: ¡Sylvia Silverband!

¡Todo a mi alrededor son llamas, humo, fuego y calor!

No recuerdo muy bien cómo, ni porqué, pero a mi alrededor hay como una docena de cadáveres, todos armados, con diferentes tipos de armas, pistolas, fusiles, ametralladoras, espadas, y todos están muertos, por puro instinto reviso mi cuerpo y veo que a pesar de que mi ropa está ardiendo, por lo demás estoy bastante bien, mi biomonitor, me informa que la temperatura corporal está ascendiendo, pero no parece excesivamente grave, busco con la mirada una salida y veo a pocos metros, una ventana, a medio derruir parece una opción tan buena como cualquier otra, pero cuando me dirijo hacia ella, algo capta mi atención, mi dulce compañera de aventuras, mi amante en secreto, mi dulce amada, me desvío para recogerla del suelo, la examino con atención y veo que está en perfecto estado, a los lados veo las dos maletas de munición, me cargo una a la espalda y sujeto la otra a mi enganche especial de la pierna, levanto a mi amada del suelo, la conecto a la maleta y ahora si me dispongo a salir.

No recuerdo bien la fecha exacta, pero si recuerdo el momento exacto, había aceptado junto a mis compañeros de armas una misión en el centro de África, era una misión de “rescate” de un agente que estaba vendiendo planos militares a uno de los caciques, éste controlaba a un pequeño grupo armado, habíamos localizado el poblado donde se iba a realizar la transacción, pero nos tenía bloqueado el acceso un bunker blindado cuando ya estábamos pensando que la misión iba a ser muchos más difícil de lo previsto, fue cuando apareció Lucy, a lomos de un blackhawk de Arasaka, en el centro del mismo, asomaba orgullosa, brillando por el efecto del reflejo del sol, y entonces fue cuando empezó a canta, 600 proyectiles del calibre .50 por minuto, no creo que pasaran ni 15 segundos cuando el bunker desapareció convertido en escombros, ese día fue cuando me enamoré de ella. No tardé ni dos días en vender todas mis posesiones para comprar a Lucy, bueno el nombre se lo puse por el emblema en la empuñadura: Gatling - LCY y desde que volví a la banda, le he hecho mil arreglos, sin contar con los cargadores en maleta con capacidad de 3.000 proyectiles, ordenados de a 3, uno perforante, uno explosivo y uno flechette, destrucción asegurada en segundos.

De repente me devuelve a la realidad que las paredes empiezan a derrumbarse a mi alrededor, pero no me importa, tengo claro que tengo que salir, y ver quién se ha atrevido a hacernos esto. Estoy a pocos metros de la ventana cuando las oigo, por lo menos diez tipos diferentes de ametralladoras, disparando, lo que parece en mi dirección, como si estuvieran viendo que estoy a punto de salir.

Desde fuera la imagen es de campo de batalla total, en una de las esquinas de la parte más pobre de la ciudad, se encuentran, más de 15 vehículos blindados, todos negros, con los logos de los Yakuza por todas partes, unos 60 hombres armados con fusiles y subfusiles de todo tipo, están disparando sin parar, a un edificio de piedra vista, cada pocos segundos una explosión, provocada por dos hombres con bazookas. Alrededor del edificio hay decenas de cadáveres, tanto de ciudadanos normales que sólo pasaban por ahí, como de miembros de la banda, se les distingue por el logo del puño con las guitarras, el mismo que a pesar de todas las explosiones y disparos, aún ondea en lo alto del edificio.

El edificio se encuentra a los pocos minutos totalmente envuelto en llamas, pero de repente a medida que las paredes se empiezan a derrumbar, de una de las ventanas, emerge totalmente envuelta en llamas una figura enorme, dando pasos lentos desciende por los escombros hasta que toca el suelo y es entonces cuando se oyen los gritos de guerra de los Yakuza, instando a todos los miembros que están alrededor del edificio a eliminar a esa figura.

Por fin alcanzo la ventana, y veo la calle al otro lado, sincronizo a Lucy con mis implantes, y empieza la fiesta de las luces, mis chips de combate generan miles de combinaciones, en consonancia a la situación que están analizando, yo mientras tanto, desciendo por los escombros, necesito un apoyo firme para empezar a disparar o Lucy me tumbará, desde que dupliqué su velocidad de disparo, tiene un retroceso, que ya me ha costado tres refuerzos adicionales en los brazos, piernas y costillas.

¡Por fin Toco suelo firme con los dos pies! – Es el momento

Con todas mis fuerzas y a la vez que aprieto el gatillo de Lucy grito: ¡POR SILVERBAND!

Lucy empieza la fiesta, de izquierda a derecha, los tres primeros proyectiles, impactan en el primero de los vehículos, que en apenas unos segundos explota debido a los proyectiles explosivos, que cada uno es casi como una granada de mano, en realidad ni un tanqueta podría soportar el impacto directo de Lucy por mucho tiempo y mucho menos un vehículo por mucho blindaje que le pusieras, ni que decir que ningún ser humano, por muy blindado que vaya, podría soportar más de dos o tres impactos directos.

Siguiendo el planteamiento que han realizado mis implantes de combate, me muevo apenas unos centímetros cada pocos segundos, asegurándome que por lo menos impacta una ráfaga de tres proyectiles a cada objetivo… la masacre es evidente…

El contador de munición empieza a bajar y el seguimiento de víctimas empieza a aumentar.

Por supuesto no iba a ser tan fácil, noto en mi cuerpo múltiples impactos de bala y rezo por poder aguantar hasta el final, noto como algunos rebotan directamente en mi armadura, pero también noto como la munición perforante si hace mella en mi cuerpo, noto como empiezo a sangrar por mis piernas, y en los brazos, algún impacto directo en la cabeza me hace perder algunos segundos al tener que retomar la trayectoria de Lucy, pero también me doy cuenta que cada vez son menos los impactos, y veo en el sensor de combate que ya estoy terminando, apenas quedan mercenarios Yakuza en pie.

Es en ese momento cuando del final de la calle, que es donde está nuestro garaje, salen nuestras motos en direcciones opuestas, por supuesto en pocos segundos mi moto aparece delante de mí, sirviéndome en parte de escudo y en parte para mejorar mis capacidades.

Minuto y medio de canción es suficiente para que mi sensor deje de detectar amenazas, no queda ningún mercenario en pie, los vehículos han explotado o están ardiendo, reviso de nuevo la zona y en efecto, no queda ningún enemigo con vida.

Justo 1.500 proyectiles en 90 segundos, ha valido la pena la inversión, la mitad de mis implantes están diseñados para que Lucy y yo seamos la pareja de baile ideal, y todo el esfuerzo y el dinero invertidos, son precisamente para estos momentos, por un momento mi mente ha vuelto al centro de áfrica, cuando el agente de Arasaka de repente no quiso venir con nosotros y nos autorizaron a desactivarlo, y yo pude montar en el helicóptero y disparar el arma aún montada, no olvidaré ese sonido, ¡era música para mis oídos! Y reconozco que cada vez canta mejor.

Una vez asegurada la zona, conecto el cable de la moto a mi espina dorsal y hago el chequeo… podría ser peor, tengo heridas entre leves y ligeras en todas las partes de mi cuerpo, pero ninguna realmente grave, los nano-médicos de la moto empiezan a hacer su trabajo y empiezan a sellar, a curar las heridas, empiezo a relajarme y a preguntarme donde estarán los demás, hace días que no nos vemos y habíamos quedado en vernos hoy… por eso nos han atacado ahora porque no estábamos juntos…

Pero una cosa tengo clara, estén donde estén volverán aquí, y será cuando llamemos a los miembros de la banda y entonces vayamos a por los que nos han atacado, este ataque no puede quedar sin respuesta.

Una cosa tengo clara, vengan los demás o no, sea en grupo o sólo yo, tengo claro que hay que contraatacar y tengo claro que hay que hacerla de tal manera que sirva de escarmiento a todo el que esté pensando en hacer lo mismo.

Señores Yakuza, voy a por ustedes, se van a enfrentar a la ira de ¡SCAR SILVERBAND!


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