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Libro Primero



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© Herbert Adolfo Soriano, Junio 2017

Edición Yolany y Maynor García

© Ilustraciones Maury Cesar Flores, Junio 2017

© Portada Maury Flores Gómez, Diseño Original, 2017

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ISBN- 978-99979-0-033-3

@sagaelorigen



































Prologo

Desde hace incontables eras en el pasado los Enanos del imperio Vikingo, Centauros del imperio Mongol, Minotauros del imperio Romano, Drow del imperio Árabe, Puru del imperio Maorí y los Elfos del imperio Templario, convivían pacíficamente en los cientos de planetas habitados del universo. Luego de sobrevivir la última catástrofe ambiental que casi había destruido los planetas, los imperios habían tomado las medidas necesarias, para perpetuar su estilo de vida.

El acceso entre planetas, a través de portales planetarios les permitía comunicarse entre sí y lo más importante les permitía comunicarse con Preah Krom el gran templo ciudad, el lugar donde se acumulaba el conocimiento, la ciencia y se desarrollaba la fe de cada uno de los imperios.

En esta sociedad utópica, temas como la riqueza, el poder, la corrupción y cuidado del medio ambiente parecían controlados.

Hasta que los pecados de los líderes del pasado volvieron amenazando la vida de todos y cada uno de los habitantes de los siete imperios.

Estos manuscritos tratan de la lucha por la sobrevivencia de los siete imperios, sus penalidades, sus sufrimientos, ellos son el origen de todo lo habitado en el universo.



























Libro Primero



























A Edna, Maynor, Hector y Liney ellos son mi origen.



Herbert













Sila reacciono ante el llamado de su puerta, el sonido de los golpes inundaron sus oídos sacándolo por completo de su sueño, entrando de inmediato en estado de alerta, “Maldita sea” pensó.

-¡Por Dios Nerva faltan vueltas del reloj, el sol no ha salido, falta para el amanecer!, espero tengas una razón importante para despertarme, - grito Sila –

- Princep nos atacan, sector oeste, pilas de abastecimiento, un destacamento de Elfos.

- Contacte la guardia y que se encarguen ellos- grito enfurecido Sila

- Luzblue está con ellos- respondió una voz detrás de la puerta











Capítulo 1- Jie–Imperio Chin



Jie movió perezosamente su tridente entre su comida, en su juventud las vísceras de búfalo solían ser su comida preferida pero desde hacía unas orbitas había perdido el gusto por ellas, le parecían aburridas y a pesar de la infinita variedad de condimentos usados en las mismas, en su sabor había algo que ya no era como antes. Comió lenta y desganadamente tratando de masticar sin pensar mucho en el sabor de la comida y meditando en los problemas que la noche anterior le habían robado el sueño. Las reuniones de gobierno se tornaban cada ciclo más violentas y cada ciclo se presentaban menos soluciones a los problemas más simpes. La idea de volver a la guerra o no hacerlo no era para nada algo que le gustara pensar a pesar de la predisposición de los Orcos de ser una raza guerrera, siempre dispuestos a la guerra, siempre dispuestos al combate, en sus doscientas cincuenta orbitas de vida él había pasado más de la mitad de su vida en el campo de batalla y había disfrutado cada momento del mismo, pero había algo diferente en esta guerra, su instinto le decía que debía ser más cuidadoso, dominar ese espíritu impulsivo bélico tan predominante de su raza.

Había mucho que perder en las futuras guerras y no estaba seguro de que hubiera tanto que ganar. Los recursos que se perderían en las futuras batallas serían tan grandes como las posibles ganancias sobre las cuales no se tenía ninguna certeza de obtener.

Uno de sus mayores problemas era la falta de confianza en su alto consejo, él sabía que muchos de ellos jamás habían visto batalla alguna, eran Orcos entrenados en estrategia e inteligencia militar la mayoría de ellos jóvenes generales y si, en su mayoría los movía la necesidad de mantener la paz, sin duda nobles motivos.

No dudaba tampoco de la fidelidad de sus consejeros, de ser así estarían muertos bajo su mano hace mucho tiempo atrás, a veces eran demasiado fríos en cuanto a números, a pérdidas y por ¡Nuwa! estaban hablando de Orcos, no de lanzas o reses que se gastarían en las campañas. Además, el entendía claramente que en este caso no se conocía al enemigo por completo, no conocían del todo sus destrezas, habilidades o debilidades. Este era un terreno totalmente nuevo de batalla y sus conocimientos heredados de guerras anteriores eran inútiles hasta cierto punto. Era un enemigo nuevo, poderoso y desconocido.

A pesar de que eran infinitamente superiores al enemigo en cuanto a fuerza, habilidad física y capacidad de combate, el enemigo los superaba enormemente en número eran como cientos de langostas atacando sin piedad, no tenían honor en sus ataques, no daban jamás cuartel a los caídos, destruían todo a su paso, lugares sagrados, casas de descanso, casas de curación, no hacían distinción entre ancianos e infantes lo cual era impensable, no se podía pelear una guerra sin honor.

Cada vez era más difícil controlarlos, a pesar de que las armas de sus enemigos era todas inútiles contra ellos, la gruesa piel de los orcos no permitía daños por los minúsculos proyectiles en forma de piedras, lanzas o flechas que les lanzaban, eso aunado a la resistente armadura de batalla de piel de jabalí endurecida los hacia casi inexpugnables, siempre existían los daños colaterales.

Estaba siempre latente la posibilidad de morir en batalla, los incendios, derrumbes o las aglomeraciones de enemigos habían terminado con la vida de muchos de sus hermanos, a veces las victorias venían acompañadas de grandes pérdidas como la destrucción completa de ciudades o peor aún bosque arrasados por el fuego y lo más terrorífico de sus enemigos es que devoraban tanto a enemigos como a sus propios soldados muertos. ¡Por Nuwa! qué tipo de seres eran.

Al parecer esta raza no conocía el respeto por la vida de ningún tipo y lo más duro de todo eran la cantidad, esas masas interminables de soldados que enviaban al campo de batalla, los cuales morían por millares pero a pesar de sus incalculables perdidas seguían volviendo, cada vez más y cada vez con mayor frecuencia. ¿Tendría razón el consejo? ¿Sería hora de comenzar a atacar con sus ejércitos? ¿Sería hora de invadir los planetas oscuros? ¿Era posible ganar una guerra en esos terrenos desconocidos?

Se levantó perezosamente de la mesa, camino por la sala comedor donde se encontraba, era una sala alta espaciosa pero sin ninguna decoración, alumbrada con candelabros mágicos cuya luz mortecina iluminaba irregularmente la estancia. Las paredes de piedra lisas y rojas no tenían ningún tipo de acabado y se percibía el olor a rancio y húmedo en las esquinas del salón.

Jie tenía una altura normal entre los Orcos de su raza, su piel era verde, dos enormes colmillos surgían hacia arriba en la mandíbula inferior, sus ojos completamente dorados eran grandes y de mirada sincera. La mayor cualidad física de Jie era su desarrollada musculatura, entre todos los ejercito del Imperio Chin era el uno de los más fuertes. Su cabellera era larga y de color negro que terminaba en una trenza sobre sus anchas espaldas.

Salió por una de las puertas de la habitación empujando con sus enormes manos, las doble puertas de un material brillante y translucido sin ningún acabado ni tampoco un cerrojo para mantenerlas cerradas, que se abrieron sin ninguno sonido, en la casa del primer Orco no había jamás restricciones de acceso, tampoco secretos, todos podían acceder a cualquier lugar en cualquier momento, esa era su manera de vivir.

Caminó sin prisa por los corredores de la cueva, la montañas proveían todas las estructuras básicas de los hábitats de todos los planetas Orcos, no existían edificaciones levantadas, todas las habitaciones estaban desarrolladas dentro de montañas, algunas aprovechando los espacios naturales de las cuevas y otros creados por las hábiles manos de artesanos Enanos, que siguiendo el capricho de las montañas y la naturaleza esculpían habitaciones amplias, de grandes cielos e indescriptible belleza acorde al relieve de cada montaña. La mayoría de la muebles eran simples, mayormente de piedra y todo integrados a los espacios creados para ese fin, las mesas estaban esculpidas como parte del suelo, los armarios era parte de las paredes, inclusive lámparas y candelabros eran del mismo estilo.

En su gran mayoría los muebles esculturas que servían como mesas, armarios, sillas o hasta los camas eran parte original de las montañas. Algunos de los muebles eran elaborados de los más diversos tipos de material a veces translucidos, parecidos al cristal, muchas veces de los colores más variados, algunos de los más relevantes estaban finísimamente decorados con imágenes, figuras o formas de madera, la madera era la materia más preciada del universo y las decoraciones de madera se consideraban la propiedad más valiosa de una casa, mostraba el nivel de poder y de riqueza de sus habitantes.

En las paredes podía verse claramente la diferencia de los minerales, grandes vetas de oro y plata recorrían suelos paredes y muebles enriqueciendo las habitaciones, decorando naturalmente las estancias. No en todas las habitaciones existían puertas, y de haberlo jamás con cerrojo pues el concepto de privacidad era desconocido por los Orcos, la mayor función de las puertas y ventanas servían para protección de la lluvia pues estos disfrutaban enormemente del frio.

Podían verse enormes diamantes y magnífica geodas que intensificaban la belleza de cada área como parte de las paredes de las habitaciones, carecían de valor para los Orcos eran simples objeto que estaban en la montaña. Dependía en si del área geográfica del planeta, los colores de las montañas y el material de cada una para los colores reinantes de las habitaciones. Así pues podían verse entre los muebles, paredes y suelos, rubíes o zafiros de tamaños impensables simplemente siendo parte de la estructura de las habitaciones.

Simiao era el primer planeta de los Orcos era por distinción la casa del primero de los Orcos Jie “El Joven” era el líder de los treinta y un planetas habitados por esa raza del Imperio Chin el “Gran Imperio del Dragón”, por excelencia los guerreros más feroces del universo conocido. Dentro del universo todas las razas se consideraban “dueños” de un planeta, en este siempre predominada la raza que se consideraba “dueña del mismo”. Simiao no podía considerarse el planeta más grande de los planetas del Imperio Chin, era un planeta de tres continentes, todos habitados por aproximadamente tres millones de habitantes, pero en el centro del continente más grande yacía una particular meseta, su altura hacía difícil el acceso a la misma, lo que la convertía en un lugar militarmente estratégico fácil de defender de cualquier ataque, por esa razón en este planeta se había establecido la residencia del primero entre los Orcos.

La casa de Jie estaba en una montaña que se levantaba al borde de esa gran meseta, montañas de un color rojizo la cual por su color habían dado al sobrenombre al palacio de “La casa de la sangre”.

Las noticias no podían ahora dudarse, parado frente a la puerta de sus habitaciones veía claramente una infinita cantidad de hogueras en la planicie frente a la montaña. Todos ellos refugiados de Lu, el primer planeta invadido por la plaga de asesinos que ahora asolaba los planetas de su imperio. Eran pocos… menos de cien mil de ellos de un planeta de cinco millones de habitantes en su gran mayoría eran mujeres e infantes.

Jie todavía no podía creer lo que los refugiados le había informado, hordas incontables de animales desconocidos habían atacado sin tregua las ciudades, los ejércitos del planeta lograron presentar batallas organizadas pero la cantidad de enemigos hacía imposible ganar las mismas, los ejércitos encargados de la defensa del planeta habían perecido en su totalidad, una de las razones era que los enemigos no tomaban prisioneros a los soldados no se les dio tregua al rendirse tampoco se respetó soldados heridos, obispos y sanadores corrieron la misma suerte que el resto de los soldados.

Los seres que los habían atacado no conquistaron las ciudades simplemente mataron a sus habitantes sin dejar casi testigos de sus masacres, contrario a otras guerras esta guerra no era de conquista, la meta de los invasores era la destrucción total de cualquier ser vivo. Los pocos que habían sobrevivido, lo habían logrado por grandes sacrificios de batallones de soldados que hasta el último minuto habían dado sus vidas reteniendo los enemigos y sellando los portales de ese planeta. Ahora de ese planeta solo quedaban ellos…

Jie volteo al escuchar un sonido detrás de él, vio a su pareja Jing, esbelta, con sus ojos dorados viéndole fijamente en la oscuridad, Jing princesa del planeta Lu, segundo de la gran Imperio Chin…

  • ¿Lo entiendes? - pregunto Jing

  • Si lo entiendo - contesto fríamente Jie

  • ¿Es hora de atacar?- Pregunto con voz firme Jing

  • ¡Si! - contesto Jie viéndola directamente a sus hermosos ojos brillantes , - es hora de sobrevivir-

Ambos salieron del cuarto a pasos acelerados vociferando nombres de sus sirvientes. El gran Imperio Chin, decidió de inmediato entrar a la guerra.

Capítulo 2 – Farideh – El imperio Árabe



Farideh escupió los restos de su pescado en el plato delante de su mesa, sus ojos violetas brillaron con una intensidad inusitada pero ninguno de sus músculos faciales se movió ni un ápice , sus ojos estaban fijos en los ojos de Gondemar, en sus delicados ojos verdes que cambiaban de tonalidad esporádicamente, sentados en lados opuestos de la corta mesa Gondemar movió delicadamente su mano para tomar el cuchillo y el tenedor de su plato mientras con disgusto veían como su anfitriona masticaba ruidosamente su pescado.

-Veo que tus modales no han cambiado - Farideh susurro delicadamente Gondemar, mientras Farideh sacaba de su boca una espina de su bocado a medio masticar abriendo la boca teatralmente.

Sobre la cabeza de Farideh podía verse un estandarte de color negro con una media luna cruzada por una espada curva dorada y brillante. Este gran estandarte colgado a la pared que en conjunto con ella daba una impresión dramática e impresionante al mismo tiempo. Una de las cosas más llamativas es que el color del estandarte era exactamente el mismo color de la piel de la anfitriona, Farideh la reina de todos los planetas Drow, del gran Imperio Árabe.

Ella sonrió…su sonrisa se convirtió en una carcajada enorme mientras sonoramente tragaba y sorbía un gran trago de vino intensamente rojo y espeso. Lentamente subió una de sus piernas a apoyo de su silla, dejando ver sus extraordinariamente contorneados muslos negros azabache poniéndose cómoda.

De inmediato noto como por un segundo los ojos de Gondemar se desviaron a su desnuda pierna y al leve atisbo de su entrepierna volviendo de inmediato a sus ojos hacia el estandarte.

Ella sonrió y delicadamente tomo un nuevo sorbo de su vino sonriendo.

-¿Cuándo paso? -pregunto Farideh

-Hace diez ciclos – respondió Gondemar

-¿Lo viste tú mismo? - pregunto Farideh

-¡Si! – Dijo ásperamente levantando levemente el tono de su voz - lo vi, combatí y por primera vez en centurias vi la muerte de cientos de Elfos, los vi morir entre dolor incontrolable, los vi morir devorados por las fauces de los enemigos, sin poder defenderse de un ataque incontenible. Miles de oscuros de todas las razas que conocemos (y algunas que no conocíamos) atacaron sin piedad el planeta. No se tuvo el tiempo de organizar una defensa formal, pues la velocidad e intensidad del ataque nos tomó totalmente por sorpresa vi al planeta entero extinguirse frente a mis ojos en unos pocos ciclos, mientras desde los más jóvenes, mujeres, preñadas y ancianos morían sin poder hacer nada al respecto, no tomaron prisioneros, mataron sin tregua ni honor a todo lo vivo.-

Farideh bajo los ojos, sus ojos se encendieron por primera vez y una mueca tosca e infernal de enfado lleno su bellísimo rosto, dos colmillos de aspecto diabólico se insinuaron sobre los labios superiores.

La reina de los Drow entendía ahora perfectamente el porqué de la visita del primero entre los planetas Elfos el gran maestre de los caballeros de la Orden Templaría. Era obvio que Drows y Elfos no solamente eran enemigos naturales, era sabido que hacía muchos milenos los Drow habían sido Elfos que fueron desterrados evolucionando en esta raza, se odiaban visceralmente pero por diplomacia había accedido al extraño pedido de Gondemar de hablar con ella, eran las únicas dos razas que por sus raíces iguales eran capaces de comunicarse entre sí. Durante eras los planetas Elfos y Drow habían luchado por la supremacía pero también hacia milenos los planetas vivían en paz. Ambos bandos habían entendido que la muerte que se causaban no tendría fin y no existía entre ellos amistad pero tampoco ninguna hostilidad. Así como la mayoría de los planetas conocidos y explorados del universo la paz reinaba entre los planetas, muchas batallas ocurrían entre planetas de la misma raza, por tierra, gobernación o poder pero nunca entre planetas puesto que cada planeta atendía las necesidades de cada raza. Los Drow y los Elfos cumplirían incontable orbitas de tensa paz, pero paz duradera al fin.

Ambas razas descendiente de una raza en común compartían muchos rasgos, tanto físicos como de gobierno, la legalidad de sus decisiones era una de ellas. Para entrar a una etapa de guerra ofensiva y de reconquista los Elfos necesitarían aliados para asegurar el mínimo de pérdidas y los Drow eran sus aliados naturales, antes habían peleado juntos con magníficos resultados para aliarse en una guerra a gran escala, era sin duda necesario convocar el Consejo.

Existía desde tiempos inmemoriales un Consejo de Antiguos que resolvía pronta y efectivamente cada conflicto que pudiera surgir entre los planetas, así como temas de guerras y disputas.

Existía un nombre para el planeta donde este Consejo estaba, este planeta estaba habitado por una raza que tenía dos características particulares, era la única raza que vivía en un solo planeta y ese planeta solamente tenía una ciudad. La raza de los Arcontes también llamados los imparciales y el planeta donde estaba ubicada la ciudad del Consejo, se llamaba - Atlantis –

Pero el planeta de los antiguos, el planeta del gran Consejo estaba cerrado desde hacía un tiempo, no se podía entrar al planeta y nada salía de él hacía unas orbitas. Los sacros de cada planeta seguían tratando de entender por qué las rutas hacia la Atlantis permanecían cerradas.

-Seguimos solos como lo sabrás Atlantis sigue cerrado a todo acceso o comunicación- dijo Gondemar haciendo una larga pausa, bajo delicadamente la fruta que sostenía en la punta de su brillante y afilado cuchillo.

-¿Lo sabes entonces? - pregunto Farideh….

-Si…lo sé es hora de reunir a los primeros – dijo en un susurro bajando los ojos mientras una profunda tristeza se apoderaba de Gondemar.

-Lucharemos juntos de nuevo mi amor- Dijo sonriendo Farideh…

Gondemar no contesto, pero lentamente volvió sus ojos a la entrepierna de Farideh de manera muy descarada.

Capítulo 3 – Sila – Imperio Romano



Era muy difícil encontrar una parte de la espalda de Sila que no estuviera cubierta de cicatrices, su piel rojo vino era fuerte, cruzada por los diferentes surcos de antiguas batallas y los tatuajes ceremoniales que había recibido el día que se convirtió en el primero, hacían de su espalda un laberinto de cicatrices. Las curvas de sus heridas se fundían con los surcos en su piel tatuados con cuchillos calientes , esa fue la última prueba antes de convertirse en el primero de los Minotauros, veintiún ciclos tardo el tatuaje en forjarse con hierros calientes y otros catorce en permitirle a Sila levantarse del lecho donde agonizo en la prueba final de su coronación, treinta y un ciclos en los cuales diferentes sacros le drogaron constantemente no solamente para hacerle un poco más manejable el dolor , también para llevarlo a encontrarse con la divinidad y sabiduría de los primeros Minotauros, ver sus vidas aprender de sus errores, revivir sus recuerdos, después de ese tiempo todos los recuerdos y experiencias de todos los gobernantes anteriores eran suyos, esta cualidad de transmisión de recuerdos era única entre todas las razas y hacia a los Minotauros los políticos y diplomáticos más hábiles del universo. El gran Imperio Romano se basaba en eso, pero a pesar de eso muchos de ellos estaban perdiendo su habilidad en la batalla, los Minotauros feroces guerreros de la galaxia perdían ahora su fuerza, solamente sus ejército y sus fuerzas elite unos pocos millones entre los doce planetas Minotauros eran ahora hábiles para la guerra.

Atella con manos expertas costuraba una larga herida, superficial pero que debía costurarse poniendo especial cuidado en no causar más dolor que el que sabía que Sila sentía en ese momento. Delicadamente con agua caliente y paño húmedo limpio la herida para ver el resultado la cual la dejo satisfecha. Terminando de cortar el hilo casi trasparente de la sutura susurro delicadamente al oído de Sila,

- ya puedes dejar de simular que estas dormido -

Abriendo los ojos aspiro el dulce aroma que emergía de la piel fresca de Atella, su bellísima piel roja casi perfecta y su delicada figura despertaban una serie de pasiones que a él mismo le era difícil controlar. Era su consorte desde hacía mucho tiempo, pero su presencia tenía la cualidad de despertar en él pasiones que no terminaba de entender del todo. Sus cuernos por ser una hembra de la raza eran muchos más pequeños que los de Sila, Atella explotaba su sexualidad llevando el pelo corto dejando ver claramente sus cuernos, lo que, otras hembras Minotauros evitaban hacer, originalidad que fascinaba al Princep del todo el imperio Romano de la raza de los Minotauros.

Sentándose sobre la amplia mesa de madera acolchonada de múltiples cueros Sila sintió el dolor punzante de la herida que le recorría desde la mitad de la espalda hasta la base del cuello. Paso la mano por la cintura de Atella y jalándola con suavidad llevo sus labios hasta los de ella.

De inmediato ella le acerco un vaso que tenía preparado para ese momento como previendo la situación. El vaso contenía un vino amarillento con un polvo que había disuelto con anticipación. Atella era la principal curadora de los planetas Minotauros. El con displicencia bebió de un solo trago el contenido del vaso, y dejándolo a un lado se levantó de la cama.

-Necesitas descanso- le dijo Atella en un suave gemido

- Cierto - le dijo Sila mientras bajaba las manos por su cintura poderosa abriendo el vestido de par en par exponiendo toda su femineidad.

Ella deslizo lentamente los dedos por sus muslos subiendo hasta su entrepierna mientras el delicadamente metía en su boca uno de sus rojos pezones

- Princep - se escuchó de una voz tímida que emergía en el fondo del salón.

Atella volteo los ojos a la vez que se volteaba sin cerrar su vestido. Encontró la mirada de Nerva jefe de la guardia pretoriana, guardia encargada del cuidado del Princep, “el principal” del todo el Imperio Romano.

Viendo fijamente a su cuerpo sin siquiera poder disimular la sorpresa ni el encanto que ese maravilloso y contorneado cuerpo le causaba, Nerva dio nerviosamente un paso atrás, de repente Atella comenzó a caminar directamente hacia Nerva, ella era una ejemplo perfecto de la belleza de su raza, de alta estatura, aproximadamente un metro ochenta y cinco eran la segunda raza más alta de todas después de los Orcos, sus patas fuertes de toro terminaban en una pezuñas poderosas, las facciones animales terminaban a la altura de la cintura, una delicada y fina cintura dejaba ver sus músculos abdominales, dos pechos hermosos, grandes y firmes coronaban la parte alta de su torso. De cuello largo las facciones eran bellas, su nariz un tanto aplastada y sus ojos separados eran rasgos característicos de su raza, de pelo corto sus cuernos pequeños brillantes y blancos eran claramente visibles.

Atella vestía una túnica romana clásica para hembras, larga, abierta a la mitad se cerraba en un fajín pequeño de cuero, sus brazos desnudos delgados pero musculosos dejaban ver en uno de sus bíceps el mango de un cuchillo dorado, dentro de una vaina de cuero café de fino acabado sujeto a su brazo.

Muchas argollas ceremoniales colgaban de los lóbulos de las orejas de Atella, los Minotauros apreciaban la madera más que nada, era como en todos los planetas el material más valorado, las argollas de madera tenían un exquisito acabado, estas a su vez estaban cubiertas de runas ceremoniales de la posición que ostentaba Atella en todo el imperio.

Sin siquiera intentar cerrar su túnica ella comenzó a caminar, Nerva intentó permanecer impasible mientras una gota de sudor corría entre sus cuernos. Ella paso a su lado y fue hasta ese momento que comenzó a cerrar su vestido abandonando la sala riendo suavemente.

- Sila - dijo soltando una risita provocadora -no llegues tarde me urge que me poseas-

Nerva cerró los ojos y trago en seco tratando de borrar la imagen desnuda de la consorte de su mejor amigo, el primero de todos los planetas Minotauros, la imagen de su futura primera.

- Luzblue estaba con ellos - dijo con amargura Sila

Atella asintió sin variar su camino dejando escapar un muy audible suspiro.

-Le dices hola de mi parte a ese delicioso y maldito Drow- dijo al cruzar la puerta.

Sila no dejaba de ver fascinado desde la cama las interacciones que se daban y con una sonrisita se acomodó el bracae (pantalón a las rodillas) mientras veía a los ojos a su amigo.

-Está en el calabozo, mi general – dijo secamente Nerva – junto con todos sus soldados, no causaron ninguna baja a nuestro ejército , tampoco bajas de ellos , solamente heridos y ninguno de gravedad mi señor- termino diciendo

Sila se levantó lentamente y acomodó su gladius en su funda

-Es hora, vamos a verlo - dijo sin emoción alguna.



Capítulo 4 – Orak – Imperio Mongol



Las dos enormes espadas entrechocaron mientras cientos de ojos las seguían expectantes, el pecho de Ormont gran Kan del imperio Mongol brillaba empapado de sudor, respiraba rápidamente en una clara señal de cansancio, sus movimientos eran más lentos ahora, jadeaba, retrocedía, estaba ahora a la defensiva en sus ataques. Ormont era fenomenalmente musculoso, sus bíceps enormes se tensaban con los movimientos de su espada la cual ahora sujetaba con ambas manos. Su oponente notablemente más joven, se movía más velozmente su estrategia de ataque no era la fuerza bruta era más bien la velocidad, muchas fintas con su larga espada estaban cansando a su oponente la cual estaba obviamente dando resultado. Después de dos vueltas de lucha este combate estaba llegando a su fin, Ormont trastabillo resbalándose, su oponente no ataco aprovechando la debilidad, más bien retrocedió dando tiempo a su oponente a recuperase, este se enderezo y reuniendo fuerzas se impulsó hacia adelante levantado la espada sobre su cabeza la bajo a gran velocidad imprimiendo toda su fuerza al golpe, la violencia del golpe era enorme pero no encontró más que aire, por el impulso dado al golpe el cuerpo de Ormont se desbalanceo , se percató de que había perdido de vista a su oponente este a gran velocidad se había movido del punto de donde él había lanzado el golpe , de un punto ciego de su vista la espada de su oponente lo alcanzo justamente en el cuello cercenándole de un tajo limpio la cabeza.

Orak levanto su espada, la sangre roja cubría completamente la misma y a él, desde sus larguísimas trenzas sin cortar desde su nacimiento que se unía a su barba hasta su cara y todo su torso desnudo, él estaba cubierto de la sangre de su padre. Orak acababa de convertirse en gran Kan de todos los treinta y cinco planetas Centauros. El Kurultai había terminado, el gran consejo de los Centauros reunido desde hacía seis ciclos había terminado en la gran batalla de ascensión al Kanato por parte de Orak hijo de Ormont Kan durante las últimas ciento treinta y dos orbitas.

Como dictaba la tradición la elección del Kan era democrática un noyan (líder) de cada planeta elegían en total libertad entre los diferentes candidatos, muchos podían aspirar a obtener el Kanato pero solamente dos quedarían al final. En los primeros ciclos se presentaban los candidatos, se votaban por ellos, los primeros cuatro más votados eran los que seguían a la segunda ronda, estos hablaban, bebían y se dedicaban a orgias con los demás noyan para convencerles de que eran adecuados para continuar la gloria de los Centauros. Al final solo quedaban dos, estos combatían hasta que uno de ellos se rendía, en la gloria de la batalla el derrotado se convertía en el consejero máximo del Kan.

El trabajo final del ganador era batirse a duelo al filo de espada con el Kan saliente en una batalla a muerte, esta batalla significaba la muerte gloriosa de un Kan a manos de otro Kan, ese gran honor el de matar a su padre había sido la razón para que Orak estuviera en este momento cubierto en la sangre de su padre, muerto en una gloriosa batalla que le había costado a Orak uno de los seis dedos de su mano izquierda y la mitad de una de sus orejas.

Ormont yacía decapitado en un charco de su propia sangre, en ese mismo lugar seria sepultado con una cubierta de piedra, nunca ninguna mano tocaría de nuevo ese sagrado lugar.

En los ciclos siguientes todas las concubinas sin hijos de Ormont, una por una, le acompañarían en la muerte suicidándose para acompañar al Kan a su último caminar.

El silencio ceremonial del momento solo fue roto por la respiración entrecortada de Orak, que caminando lentamente se volteó del lugar dirigiéndose hacia el trono ceremonial del Kan.

Orak era joven muy joven, solamente doscientas orbitas lo cual lo convertía en el Centauro más joven en convertirse en Kan de todos los planeta en toda la historia documentada Yassa del pueblo Centauro el gran Imperio Mongol de los caballos.

Caminó, tratando de evitar cojear por la severa cortada que cruzaba el muslo izquierdo de su pata delantera de la cual manaba una buena cantidad de sangre. Diferentes cortadas en diferentes partes del cuerpo se comenzaban a sentir, al llegar frente del trono amarillo cubierto de bordados blancos y dorados, el chamán mayor Bat Erene se acercó a él para colocarle sobre los hombros la finísima camisa de seda blanca que solo podía usar el Kan de Kanes.

Gruesas manchas de sangre invadieron la camisa dando gran solemnidad al momento en que Orak, el nuevo gran Kan se posaba en su trono ceremonial, mientras todos los presentes hincaban rodilla al suelo y por primera vez en su joven vida Orak sentía el sabor del poder, también por primera vez en ese mismo momento sentimientos encontrados inundaron sus pensamientos, recuerdos de su padre, de su educación, de la nueva responsabilidad que ahora llenaban su vida. Todos los reunidos inclinaron su cabeza en reverencia delante del gran Kan por primera vez, el gran Kan levantó su cabeza y alzando las manos dijo, “Los ciclos de Orak han llegado, que la paz y prosperidad vengan a nosotros”.

El chamán mayor – Bat Erdene – movió su cabeza mientras un pensamiento oscuro se reflejó en sus ojos los cuales se cerraron mientras bajaba su cabeza lentamente.

Capítulo 5 – Ragnar y Valeska – Imperio Vikingo

El planeta Angkor es un planeta totalmente virgen, desde tiempos inmemoriales nada en el planeta ha cambiado, ningún árbol o planta se han cortado, nada en el planeta se ha construido y en todo el planeta solo existe una ciudad.

En una alta montaña de uno de los cuatro continentes de este verde planeta, se encuentra una metrópolis que alberga millones de habitantes de todos los planetas conocidos, tiene la forma de un circulo perfecto, una muralla gigantesca de más treinta metros de altura encierra tres círculos menores concéntricos perfectos, cada circulo está separado por dos kilómetros de distancia, en círculo interior, el más pequeño encontramos la gran ciudad conocida como el gran templo de Preah Krom.

Seres escogidos de cada planeta que tienen el privilegio de vivir durante diez orbitas cuidando y vigilando el templo el cual es el único lugar donde las siete razas primordiales del universo podían entenderse. Este mágico lugar creado por seres ancestrales no tiene fecha de creación ni datos de quienes los construyeron pero se considera el centro de toda la sabiduría y conocimiento de las galaxias conocidas.

La comunicación desde siempre fue la gran barrera entre las razas, no solamente se trataba de idiomas, se trataba de lenguaje, de sonidos, de guturalidad, cada lenguaje era totalmente incomprensible para cada una de las diferente razas, más aun la infinita cantidad de variaciones de cada lengua entre planetas , entre las razas y hasta entre regiones de cada planeta. Sin duda era imposible saber cuántos lenguajes e idiomas eran entendidos entre los planetas del universo.

Esta barrera idiomática era totalmente imposible de flanquear y el único lugar del universo donde todas las razas podían comunicarse era el templo Preah Krom.

El templo era en si una inmensa ciudad, con más de veinte mil edificios, una inmensa cantidad de observatorios astrológicos, jardines, lagos, senderos y cavernas perfectamente talladas en el entorno de la montaña daban una sensación de perfecta armonía a los edificios y la naturaleza en el lugar. Magnificas fuentes termales, grandes plazas y decenas de fuentes de agua fresca, todos en armonía con los grandes círculos que rodeaban la ciudad, hacían de este lugar el más bello lugar del universo conocido.

Nada había sido alterado en el templo, se mantenía en toda su gloria original desde que se tenía memoria de ello, ninguna de las civilizaciones recordaba en sus datos históricos la creación del templo o datos de construcción del mismo.

El mantenimiento del lugar se llevaba a cabo por un enorme ejército de individuos de todos los planetas. Era uno de los máximos privilegios de cada raza enviar a un grupo de habitantes a trabajar al templo, cada diez orbitas un grupo nuevo de cada planeta era escogido para vivir en el templo y remplazando a los que habían vivido ahí todo ese tiempo.

Cada una de las razas tenía sus propios métodos para escoger a sus mejores habitantes, para seleccionarlos y enviarlos al templo. Ninguna raza sabía con exactitud el método de selección de las otras razas, lo que si estaba claro eran las diferencias de los seres que llegaban hasta el templo.

Entre los más privilegiados enviados a vivir, cuidar e instruirse en el templo estaban los miembros ya escogidos de las tres castas, la casta guerrera, la casta sacra y la casta de los sanadores. De todas las razas llegaban una infinidad de trabajadores para las diferentes necesidades de la ciudad templo. Artesanos, cocineros, artistas, músicos y jardineros de los diferentes planetas tenían el privilegio de vivir en Preah Krom durante diez orbitas.

Pero se consideraba uno de los privilegios más grandes de los habitantes de los planetas ser escogido para servir en una de las tres castas, estos les aseguraban una vida de bienestar pero también de servicio.

Dentro de todas las razas y sus planetas existían las tres mismas castas, el privilegio más grande de un miembro de estas castas era ser escogido de entre todos para servir en la ciudad templo. Una particularidad es que siempre los escogidos de las tres castas eran siempre en la misma cantidad, por lo tanto los planetas debían preparar y escoger cuidadosamente a los miembros de cada una de sus castas que enviarían a la ciudad templo como representantes de cada raza.

Este enorme privilegio no siempre recaía en los líderes de los planetas, no serían jamás suficiente ni todos los hijos de las realezas de los planetas para cubrir la cuota de individuos que debían ser enviados a servir al templo por eso siempre también eran escogidos los mejores, los más destacados y los aptos para servir de cada planeta. Vivir en Preah Krom fuera cual fuere el trabajo casi aseguraba una buena vida, además de ser el centro de espiritualidad Preah Krom era la gran universidad de todos los planetas. Cada uno de los llegados recibiría una estricta instrucción en diferentes áreas de los saberes del universo sin importar cual fuere el área a donde fuera escogidos a servir, grandes maestros serían sus supervisores y tutores durante diez orbitas así que vivirían en el templo aprendiendo de los más antiguos profesores de cada área del conocimiento. Por lo general éstos al final siempre se convertirían en los líderes de sus planetas y sus civilizaciones, sus conocimientos serian luego traspasados a los habitantes de los planetas conocidos, sin lugar a dudas uno de los tesoros más importantes del universo era el conocimiento, era eso lo que mantenía los planetas civilizados. El saber era un bien muy preciado en cada uno de los planetas, lo cual contribuía en gran medida a los milenios de paz que ahora se habían vivido en todo el universo, hacer la guerra era un tema casi imposible en sí de considerar siquiera para todas las razas.

El gran templo ciudad también cumplía con una segunda función igual de importante que la primera, la función de hacer interactuar a todas la razas en el mismo lugar. En Preah Krom no existía una raza gobernante, tampoco una casta gobernante, los sanadores eran tan importantes como los sacros o los guerreros e inclusive éstos no tenían un status mayor que los jardineros o los cocineros. Todos se respetaban por igual y se reconocían por igual, todos tenían deberes y los privilegios se ganaban por méritos. Todos habitaban en las mismas habitaciones, sin diferencia de razas, por lo tanto los habitantes debían de aprender a convivir no solamente con miembros de su misma raza de los diferentes planetas sino también con habitantes de los siete diferentes imperios.

La única diferencia residía en las habitaciones de los miembros de las tres grandes castas. Estos si vivían en lugares particulares dada la necesidad de aprendizaje particular que estos tenían. Muchas veces estas necesidades de aprendizaje hacían necesarios lugares especiales para desarrollar mejor sus habilidades y esa era la única razón por lo cual las tres grandes castas habitaban en edificios especiales para su aprendizaje.

Un minúsculo grupo de ellos los mejores de cada raza se quedarían para siempre en el templo, se convertirían primero en acólitos del saber y durante muchos ciclos aprenderían las artes profundas de los diferentes saberes. El conocer su área particular se convertiría en su modo de vivir, durante muchísimos ciclos y hasta que estuvieran listos serian servidores y alumnos de los grandes maestros del saber para luego volverse sabios en el templo donde tendrían el privilegio de vivir hasta su muerte. Los sabios gobernaban las diferentes áreas del gran tempo ciudad, la agricultura, el comercio, la seguridad, la ciencia, el arte y toda área de la ciudad misma.

Un grupo aún más selecto seria el grupo de estos sabios que tendrían el privilegio de convertirse en maestres de las grandes castas, éstos serían escogidos por su experiencia y sabiduría, asimismo estos se convertirían en los tutores de todas las áreas del conocimiento incluyendo las tres castas.

El privilegio ultimo de un gran maestre sería el de alargar su vida casi hasta la eternidad siendo escogidos para vivir en la sagrada Atlantis y así colaborar en el desarrollo de la paz, armonía, seguridad y educación de las razas.

Si Preah Krom era el centro de la sabiduría de todo el universo, la mística Atlantis era el centro de la ley, el orden y el progreso de todos los planetas conocidos.

Las disputas y problemas legales, conflictos o grandes eventos siempre eran resueltos con sabiduría y sin discusión alguna en Atlantis.

Tantos los sabios como la raza de Arcontes eran los encargados de traer balance y orden al universo, sus decisiones nunca eran discutidas y mucho menos desobedecidas, estos eran seres superiores con excepcionales habilidades de combate y eran capaces de destruir cualquier ejercito con un grupo reducido de ellos. Los más hábiles guerreros del universo constituían la fuerza élite de toda la galaxia, los guardianes de la Paz, “Los inmortales”, fuerza que estaba constituida por legendarios guerreros y generales que habitaron Preah Krom en su momento y luego fueron elegidos para vivir en Atlantis, junto con los Arcontes eran los encargados de mantener la paz en los planetas.

La gran mayoría de los que eran escogidos para vivir en el templo volvían a sus planetas para convertirse en los líderes de los mismos. En las orbitas en que habitaban en Preah Krom no existía ninguna diferencia entre las razas. Vivian en las mismas habitaciones, coexistían con todas las razas y lo más importante podían comunicarse entre ellas, grandes y magníficos lazos de amistad se forjaban entre estos seres, por lo tanto no era nada coincidente que las reuniones de Consejos de los planetas estuviera plagada de amigos que tenían mucho tiempo sin verse y quisieran sin duda recordar sus orbitas de educación en el templo. Como era de esperarse rivalidades, antiguos amores y hasta enemistades también se formaban en ese tiempo y también volvían a flor de piel al verse de nuevo.

El gobierno del planeta estaba a cargo del Consejo de los Primeros, este estaba compuesto por trece miembros, un representante de cada una de las siete razas y dos miembros de cada una de las grandes castas. Las tres grandes castas estaban representadas por dos sacros, dos sanadores y dos guerreros, casi en su generalidad por los más antiguos de cada raza de habitar el templo de cada casta eran escogidos por aclamación para volverse parte de este consejo. La sustitución siempre se daba por el fallecimiento por vejez de uno de los escogidos.

El templo estaba habitado siempre en su totalidad, museos, centros de aprendizaje, barracas, templos, mercados, restaurantes y centros de entretención existían para cada raza y en numerosas ocasiones para todas las razas.

Los teatros eran siempre los lugares más visitados por todas las razas los cuales siempre presentaban diferentes obras artísticas o musicales para todos los gustos.

En la ciudad en si no existían puertas de acceso, las tres murallas de treinta metros que la rodeaban tenía un ancho de veinte metros capaz de albergar a un batallón entero de guerreros en caso de necesitarse. Cada quinientos metros torres de vigilancia eran habitadas por la casta de los guerreros que no solamente eran encargados de velar por la seguridad de la ciudad también por cuidar el orden de la misma.

Entre cada una de las murallas existía una separación, haciendo de la ciudad un centro dentro de un grupo de círculos concéntricos. La separación entre cada muro era de dos kilómetros y estaba totalmente abandonada por habitantes de la ciudad. Animales salvajes de tamaño descomunales vivían entre las murallas, ciénagas, arenas movedizas y todo tipo de peligro infranqueable hacía imposible moverse entre murallas a no ser por los puentes.

Enormes puentes conectaban las murallas en diferentes puntos cerrados por magnificas puertas de cristal oscuro translucido de más de diez metros de altura y anchura haciendo imposibles de franquear una vez cerradas con gigantescos contrapesos las mismas.

Cada una de las murallas contenía barracas, con almacenes y armas para defender fácilmente un muro por separado sin necesidad de conectarse con el muro interior que le sucedía. Haciendo que en el caso de ser necesario una pared podía aislarse completamente durante orbitas dejando a los guerreros de una casta defendiendo un muro sin necesidad de arriesgar el resto de los accesos a los muros.

Grandes asedios y monumentales ataques habían sido llevados en el transcurso del tiempo sin que jamás ningún atacante hubiera sido capaz de poner un pie en el segundo muro.

Este trabajo servía como entrenamiento para luego volver a sus planetas a entrenar y servir a sus razas bajo sus propias castas.

La ciudad estaba colmada de conocimiento acumulado ancestral y enormes bibliotecas albergaban la gran mayoría de los libros que contenían el conocimiento del universo, tanto las razas como las castas sabían que guardar el conocimiento era el deber más importante de cada uno de ellos, por eso el templo se convertía en algo muy atractivo para piratas y ladrones.

Esclavos, armas y libros eran sin duda algo que convertía a Preah Krom en un jugoso botín para estos seres que abundaban en el universo.

Ragnar, el de las espaldas anchas, cruzó el portal desde su planeta para encontrarse con la gran ciudad por primera vez en su vida. Abrió los ojos desmesuradamente sin tratar de ocultar su asombro por lo que estaba viendo. Acomodó su enorme hoz a su espalda casi del mismo tamaño de el mismo, en ese mismo momento otros tres Enanos cruzaron el portal, quienes por sus ropas, venían del mismo planeta pero le eran desconocidos a él. Los tres Enanos recién llegados tuvieron la misma impresión que había tenido Ragnar pero solo dos de ellos lo hicieron notar, uno de ellos vestido de ropas mucho más finas que los otros dos, levanto su finísimo mentón, Valeska, princesa de Lorthbrok no había visitado antes el lugar, pero su educación estaba orientada a no dar a demostrar sus sentimientos. Los cuatros Enanos se quedaron viendo coincidiendo con sus miradas reconociéndose uno al otro.

Valeska saludó levantando la mano en el saludo ceremonial típico de los Enanos, pero se dio cuenta de que los demás no había entendido su saludo. Estaba claro que, aunque vinieran del mismo planeta, no hablaban la misma lengua.

Ragnar cortésmente contestó el saludo pronunciando palabras incomprensibles para Valeska pero ambos asintieron. Los otros dos Enanos seguían tan incrédulos y ensimismados en su alrededor que no se dieron cuenta de que se les saludaba o se hablaba con ellos.

Ragnar comprendió entonces que los tres Enanos recién llegados procedían de diferentes continentes al suyo, por lo tanto sus lenguas serian diferentes, también se dio cuenta de que tampoco se comprendían entre ellos mismos, era cuestión normal que entre los habitantes de un planeta no pudieran comprenderse entre ellos mismos, millones de personas habitaban en los planetas en áreas diferentes y muchas veces sus lenguas podían llegar a ser totalmente incomprensibles.

Una cosa en común entre todos los Enanos de todos los planetas si era su capacidad de entenderse por señales, los Enanos eran los grandes constructores de todos los planetas, no solamente eran los ingenieros más capaces también eran los escultores más sofisticados de los planetas. En algunos planetas Enanos nada vivía en la superficie, ni nadie, no porque los planetas no fuera apto para la vida en la superficie, más bien por mero costumbrismo o a veces por simple ego prefirieran vivir en las ciudades que ellos mismos habían excavado en los planetas, lo cual les causaba inmenso orgullo. Debido a esta necesidad de trabajar bajo tierra, donde la voz no a veces se opacaba por diversas razones, ancestralmente los Enanos había aprendido a comunicarse con señales, la cuales no habían cambiado nunca.

Ragnar levanto su mano tocando su pecho del lado izquierdo donde estaba su corazón, de inmediato los otros tres Enanos asintieron haciendo el mismo gesto de “Saludos somos amigos”.

-Bienvenidos - se escuchó claramente y los cuatro Enanos volvieron sus cabezas al unísono.

Una figura negra más alta que ellos los veía con una sonrisa, sus ojos de un violeta clarísimo parecían brillar a la luz del jardín donde habían llegado. Haala les sonreía, ladeando la cabeza observo a los recién llegados.

-Bienvenidos a Preah Krom – dijo Haala dulcemente mientras guiaba su mano hacia su pecho del lado derecho haciendo el saludo “Somos amigos” tradicional de los Enanos.

Ni Ragnar ni los otros Enanos habían visto algo antes en sus vidas, la piel negro azabache de Haala contrastaba casi mágicamente con el color morado claro de sus ojos que era exactamente el mismo color de su pelo. Su físico era como tallado en mármol, dos piernas perfectamente torneadas salían de un simple vestido gris que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, dos aberturas a la altura de la cintura daban total libertad a las piernas, el vestido no tenía ningún adorno a excepción de un pequeño cinturón de un morado un poco más oscuro que sus cabellos que se centraba en un hermosa pieza de madera finísimamente tallada en forma de una runa. Su calzado eran unas simples sandalias de cuero que se amarraban a sus tobillos frescos y muy firmes. No llevaba adorno alguno en su cabello que se recogía en una trenza dando claridad a las facciones de su cara.

-¿Cuáles son sus nombres? - Pregunto – Haala

-Mi nombre es – Valeska – contesto la enana levantando sus ojos hasta cruzar la miradas con su interlocutora

-¿Que eres? - Pregunto asombrado Ragnar

Mientras en ese momento se daba cuenta de dos cosas, la primera de ellas y posiblemente la que más le llamo la atención fue su falta de educación, Ragnar primer general de los pueblos de las espaldas anchas no había sido capaz de contestar un saludo y fue terriblemente grosero al dirigirse (al parecer) a una fémina con una pregunta sin haber sido presentado formalmente y en segundo lugar se dio cuenta que había entendido perfectamente a Haal y que también había entendido a la fémina de su raza – Valeska.

Inmediatamente hinco su rodilla a tierra y bajo la cabeza en vergüenza

– Pido mil perdones, soy grosero y mal educado – Mi nombre es Ragnar de las espaldas anchas general del imperio Vikingo del sur y mi vida está a su disposición.

En ese momento Ragnar sintió una mano tocando su hombro en el lugar exacto, señal de símbolo de perdón incondicional de los Enanos, levanto su cabeza y sus ojos asombrado esperado ver a un Enano pero vio los expresivos ojos de Haala que lo veían con ternura.

-Arriba valiente y noble Ragnar, primer general de los espaldas anchas, lo esperábamos es un honor conocerle-.

-Hans – se escuchó de repente - Exol – se escuchó otra voz, mientras los otros dos Enanos cada vez más asombrados se presentaban, al mismo tiempo que una risa gutural surgía de Valeska - los entiendo chilló muy contenta- .

Haala levanto su mano izquierda a manera de solicitar la atención de los presente mientras Ragnar se incorporaba en silencio.

-Estoy seguro que están tan sorprendidos por el lugar como por el poder comprendernos todos, no sé si lo sabían pero este el único lugar del universo donde todos sin excepción del planeta o raza podemos comprendernos perfectamente. Es un fenómeno que solamente se da en esta ciudad de todo el universo, los sabios lo conocen como el fenómeno Babel y es uno los tantos fenómenos mágicos que verán en la ciudad templo. -

Todos asintieron por que recordaron que esto se les había mencionado o porque habían entendido la explicación.

-Antes de todo quiero comentarles que durante los próximos diez ciclos estarán bajo mi tutela antes de ser enviados a sus castas o lugares de trabajo permanentes. En este tiempo van a aprender todo lo necesario para moverse y saber cómo vivir cómodamente en el gran templo.-

Fue en ese momento que Ragnar se dio cuenta de que estaban en un recinto cerrado, a pesar de ser un espacio muy amplio que parecía un gran jardín al aire libre pero no era así , esto se percibían así puesto que no habían paredes más si una serie de árboles y flores dispuestas en arreglos, el cielo podía verse azul por lo tanto la estancia no tenía techo, pero debido a su entrenamiento guerrero fue en ese momento que observó que realmente no existía salida del lugar, la única salida era una y estaba resguardada por dos enormes Minotauros con armaduras de combate rojas , éstos armados y en posición de guardia cerraban la salida o entrada a la estancia, ambos dotados con enormes lanzas en ambas manos, sendas espadas a sus costados y podía notarse un pequeño carcaj de flechas en los hombros, lo cual hizo pensar a Ragnar que la cinta que cruzaba el pecho de ambos era por alguna arma como una ballesta o un arco colgado a la espalda.

-Antes que todo se debe registrar en el acceso planetario, así que les ruego acercarse para poder completar su registro y así tener pleno acceso al templo – Dijo Haala

Uno por uno los Enanos levantaron las mangas de sus camisas mostrando el tatuaje ceremonial que era la señal ganada para poder entrar al planta, la señal final de su privilegio de vivir diez orbitas de esta maravillosa aventura.

Haala toco cada uno de los tatuajes que se ilumino en diferentes colores, Valeska fue la última y como axil su tatuaje brillo en un rojo carmesí brillante.

-Pasen- sean bienvenidos a Preah Krom – Les dijo Haala la Drow que sería su guía al inicio de sus vidas en el gran templo ciudad.









































Capítulo 6 Mere – Imperio Puru



Mere salto de la canoa, trenzando con fuerza la cuerda al cabo mayor, aferrándose a la cuerda cruzó de babor a estribor en un gran salto abarcando por completo la longitud de la nave para caer de pie sobre el fino borde contrario de donde había saltado en una gran muestra de equilibro. Diestramente amarro el aparejo y caminando lentamente sobre la baranda de estribor dejando que el bote se deslizara suavemente sobre los metros finales que la separaban de la playa.

El bote encalló suavemente en la arena, haciendo el sonido tradicional de madera incrustándose en el área mientras el agua cristalina chapoteaba alegremente en el cuerpo y la cara de Mere y una sonrisa se dibujó en su rostro, estaba en casa.

Con gran agilidad tomó la canasta de esterilla que estaba a sus pies mientras saltaba de la canoa. La canasta estaba llena de cangrejos y langostas enormes - todavía vivos se movían en la canasta cerrada. Los pies de Mere descalzos se resistieron al cambio de superficie, las membranas de entre sus dedos se retractaron casi desapareciendo formando los dedos de sus pies sin uñas, a la vez que las membranas de sus manos comenzaron a retractarse mostrando claramente los dedos de las manos. Mere se recogió el pelo, sacerdotisa de Paikeia, uno de los planetas de los cuarenta y un planetas azules en el universo, el gran Imperio Maorí se extendía por todo el universo. Los Puru eran la raza más adaptada al agua de todo el universo, también llamados los azules vivían en planetas donde el agua era el componente principal. Delgados, altos estilizados estaban perfectamente adecuados para vivir en los ambientes marinos aunque no podían vivir en el agua. Poseían las mismas facciones de los Elfos a excepción de sus orejas puntiagudas, casi carecían de oídos solo una pequeña forma de los mismos se dibujaba a los costados, tenían también una reducidísima nariz, dos pequeños agujeros se dibujaban sobre sus caras sobre las cuales sobresalían enormes ojos de color azul turquesa. En su cuello tres hendiduras demostraban la existencia de agallas para poder respirar debajo del agua.

Carecían completamente de pelo, su piel era lisa de color azul y cubierta de una membrana, lo cual les permitía permanecer grandes periodos de tiempo en el agua, esta membrana también les proveía de gran agilidad y velocidad en el agua, la misma restaba resistencia al agua, dando aerodinámica a sus cuerpos. Sus pies reaccionaban al contacto del agua desplegando membranas que daban la apariencia de aletas tanto a sus manos como a sus pies, lo cual les permitían alcanzar grandes velocidades tanto en el agua como al sumergirse en ella.

Todos los Puru vivían en islas o atolones y eran pescadores por naturaleza, poco interesados en los avances tecnológicos vivían pacíficamente en cada uno de sus planetas. El gobierno de los planetas era escogido por antigüedad y su trabajo siempre era mínimo, dirigir ceremonias, solventar problemas y por sobre todo organizar el Rapa Nui, cada orbita era una de las tareas de los escogidos líderes de este pueblo. Las magníficas habilidades atléticas los convertían en grandes deportistas, surfistas, navegantes, remeros y nadadores de grandes distancias o velocidad. Siempre estaban practicando algún deporte.

El Rapa Nui era la gran reunión de los Puru que se celebraba una vez cada orbita siempre en la isla más grande de uno de los planetas, esos lugares adecuados y atendidos para ese fin era escogido siempre en un planeta diferente y al azar, dando oportunidad a diferente planetas de ser la casa del Rapa Nui.

Piscinas naturales, bahías calmas y todo tipo de conveniencias estaban siempre dispuestos para las grandes competencias. Todos llegaban a participar en competencias atléticas o simplemente a reunirse y compartir un tiempo juntos. Los ganadores de las competencias tenían el privilegio de ser servidores de Preah Krom durante veinte ciclos así que se esforzaban al máximo para disfrutar de este gran privilegio.

El Rapa Nui era tan famoso en el universo que venían habitantes de todas las razas lo cual significaba grandes ingresos para los Puru, grandes tratos de comercio e intercambio se daban en los veinte ciclos de competencia del Rapa Nui. En el universo este evento significaba para todos una pequeña vacación en un lugar paradisiaco donde podían descansar y hacer negocios, era un evento apreciado por todos.


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