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El terrorismo como crimen internacional

Doble moral de la Unión Soviética frente al terrorismo





Igor Blischenko

Ediciones LAVP 2018

© www.luisvillamarin.com

Cel 9082624010

New York USA

ISBN: 9780463282885

Smashwords Inc.

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El terrorismo como crimen internacional

Introducción

Definición del acto terrorista de carácter internacional

Concepto de acto terrorista

Actos terroristas que caen bajo la acción del Derecho Internacional

Convenios sobre la prevención y la represión de actos terroristas de carácter internacional

Convención de 1937 sobre la prevención y la represión del terrorismo

Convenciones sobre la lucha contra la injerencia ilícita en las actividades de la aviación civil

Convención sobre la prevención y la represión de los actos terroristas en forma de crímenes contra las personas y los actos de extorsión con ello relacionados, cuando estos actos revisten carácter internacional, de 1971

Convención sobre la prevención y la represión de los delitos contra las personas que gozan de protección especial, incluyendo a los representantes diplomáticos, de 1973

Convención europea de 1977 sobre la supresión del terrorismo

Convención contra la toma de rehenes, 1979

El mercenarismo: crimen internacional

Cooperación de los Estados en la lucha contra los actos terroristas de carácter internacional

Elaboración de las normas enfiladas a luchar contra los actos terroristas de carácter internacional

Método de unificación

Mecanismo internacional para enjuiciar y sancionar por la comisión de actos terroristas de carácter internacional

La justicia penal internacional

Conclusión

Introducción

A partir de finales de los años sesenta e inicios de los setenta en la prensa mundial comenzaron a aparecer cada vez más noticias alarmantes sobre secuestro de aviones, explosiones e incendios en las embajadas, rapto de diplomáticos, provocaciones y agresiones directas a diversas representaciones estatales y no gubernamentales, así como sobre el empleo de bombas-correo.

Así, por ejemplo, el 3 de diciembre de 1969 un grupo de sionistas integrado por 40 personas atacó la embajada de la República Árabe de Siria ante la ONU. En 1970, ante la negativa del gobierno de Guatemala de cumplir las exigencias de los secuestradores de liberar a 25 presos políticos y pagar 700 mil dólares de rescate, en Guatemala fue muerto el conde von Spreti, embajador de la República Federal de Alemania.

El 3 de marzo de 1971 contra la sede de la representación iraquí en la ONU fue arrojada una botella que contenía una mezcla explosiva. El 20 de octubre del mismo año en Nueva York un miembro de la “Liga de defensa de los hebreos” organización sionista de orientación fascista, abrió fuego con fusil de gran calibre contra el edificio de la Representación de la URSS en la ONU, desde el tejado de una casa vecina. Dispararon contra la ventana de una habitación donde en aquel momento había cuatro niños.

En noviembre de 1972 a la entrada del hotel “Sheraton” en El Cairo miembros de una organización terrorista palestina dieron muerte al Primer Ministro jordano Wasfi Tal.

Los actos terroristas han afectado no sólo a representantes oficiales de los Estados.

A fines de 1972 Scotland Yard tuvo que aplicar por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial en el correo londinense medidas especiales de control relacionadas con el gran número de bombas-correo enviadas en cartas y en paquetes de impresos.

El ministro de Comunicaciones de la India, Bahuguna hizo una declaración especial en el parlamento con motivo del descubrimiento en correos de Delhi de 50 dispositivos explosivos enviados en sobres de correo aéreo. Señaló, en particular, que el examen de peritos había revelado la presencia de construcciones electrónicas complejas elaboradas a base de componentes que no se producen ni en la India ni en los países árabes.

Se han publicado reiteradamente noticias acerca de acciones terroristas de los ustashes (1) contra representaciones diplomáticas yugoslavas y su personal. Es conocido en el mundo entero el secuestro por los ustashes, en 1972, de un avión sueco con 90 personas a bordo.

(1) Ustashes: miembros de la organización nacionalista separatista de los fascistas croatas, que fue fundada en enero de 1929. (NR.)

En Chipre, 95 personas hubieran muerto inevitablemente en 1974, de no haberse descubierto a tiempo la bomba en un avión venezolano.

En Checoslovaquia fue asesinado un piloto checo y el avión, secuestrado y llevado a la RFA.

En los Juegos Olímpicos de Múnich en setiembre de 1972, 11 deportistas israelíes fueron secuestrados y luego asesinados por miembros de una organización terrorista palestina.

En octubre de 1972 hombres de la organización sionista "Mossad" volaron la librería "Palestina" en París, y en diciembre del mismo año en la misma ciudad se produjo una explosión en la vivienda del representante de la Organización de Liberación de Palestina en Francia Mahmoud Hamshari.

En marzo de 1973 miembros de la organización terrorista palestina "Setiembre negro" agredieron la embajada de Arabia Saudita en Jartum y tomaron como rehenes al embajador de Estados Unidos en Sudán y al encargado interino de negocios de Bélgica, quienes posteriormente fueron asesinados.

El 14 de agosto de 1973 el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega anunció la expulsión del país del diplomático israelí I. Eyal, implicado en el asesinato del súbdito marroquí Bouchiki en la ciudad de Lillehammer. En el apartamento de este diplomático fueron detenidos dos terroristas israelíes, presuntos asesinos.

El 19 de agosto de 1973 en el edificio de la embajada china en Lusaka se produjo la explosión de una bomba llegada por correo.

El 11 de agosto de 1973 fue raptado en circunstancias misteriosas el político sudcoreano Kim Dae Jung que vivía como emigrante en el Japón.

En total, desde enero de 1960 y hasta abril de 1974, fueron cometidos 486 actos de terrorismo internacional(2).

(2)Véase B. M. Jenkins. International Terrorism. House of Representatives. June 24, 1974, p. 8.

En octubre de 1977 el gobierno japonés se vio obligado a satisfacer la demanda de los terroristas de la organización japonesa "Sekigun", cuyos miembros se apoderaron del avión, con pasajeros a bordo, de la compañía "Jal" que hacía el vuelo París— Tokio. Los terroristas pidieron 6 millones de dólares de rescate y la liberación de nueve cómplices suyos que se encontraban en las cárceles niponas. En caso contrario —declararon— todos los pasajeros y la tripulación serían muertos. Sus condiciones fueron satisfechas y el avión aterrizó en Argel, donde los terroristas se enhenaron a las autoridades.

El Primer Ministro Fukuda declaró en aquella oportunidad que estaba dispuesto a hacer todo para establecer la cooperación Internacional a fin de prevenir semejantes delitos.

El 21 de septiembre de 1976 resonó la explosión en Sheridan Circle, Washington, donde murió Orlando Letelier, ministro de Relaciones Exteriores de Chile en el gobierno de Allende. Su homicidio fue organizado por agentes de la DINA, policía secreta chilena. Con anterioridad, el 10 de setiembre de 1974, en Buenos Aires al explotar un artefacto colocado en su automóvil murieron el general Prats y su esposa, que habían emigrado de Chile; y el 6 de octubre de 1975 en Roma fue abierto fuego de fusiles automáticos desde un automóvil contra Leighton, uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano de Chile, y su esposa quien quedó paralizada a consecuencia de lesiones sufridas.

La viuda de Orlando Letelier declaró abiertamente en una concedida al corresponsal de la revista Tiempos Nuevos: "Nos enfrentamos con el terror estatal enfilado contra muchas personas que se encuentran en Chile y en otros países. . . Para ello se utilizan no sólo bandas de asesinos, sino también la máquina estatal de Chile y de otros países latinoamericanos"(3).

(3) Véase Tiempos Nuevos, 1979, N 11.

Sal Landau, autor de un libro dedicado al atentado contra Letelier escribe: "En cuanto al asesinato de Letelier, les puedo comunicar con toda responsabilidad, que George Bush, director de la CIA en aquel entonces, tuvo en su mesa de trabajo las fotografías y todos los datos sobre los dos asesinos potenciales seis meses antes de producirse el asesinato, pero no emprendió ninguna acción... Durante la investigación se revelaron hechos escandalosos.

Por ejemplo, los relacionados con el general Vernon Walters (precisamente el que viajó por encargo de Reagan a los países de América Latina con la misión de atraerles al lado de Washington en el problema de El Salvador). En aquel tiempo ocupaba una posición clave en la CIA y había recibido del embajador de Estados Unidos en el Paraguay una comunicación, según la cual dos hombres con documentos falsos recibidos de la policía chilena se dirigían a Washington para cometer un asesinato político, con mayor probabilidad contra Letelier; sin embargo, V. Walters no hizo nada para prevenir el crimen. Más aún, cuando a V. Walters le preguntaron con posterioridad si hubiera testimoniado durante el proceso contra los asesinos de Letelier, replicó: "Sí, indudablemente, pero hubiera dicho también que Letelier era comunista y por eso hicieron bien cuando lo mataron".

En mayo de 1980 el periódico Daily mail comunicó que los servicios especiales británicos tomaron parte en la preparación del grupo terrorista para eliminar a los dirigentes del Frente Patriótico de Zimbabue. Según el diario, en abril de 1979 un grupo de saboteadores, vestidos con el uniforme de los militares de Zambia, perpetró un ataque contra el edificio en que se encontraba la representación del Frente Patriótico en Lusaka.

Por una feliz coincidencia el líder de este Frente J. Nkomo salió ileso. A finales de febrero de 1980 en Rhodesia durante las elecciones tuvo lugar un atentado contra la vida de R. Mugabe (electo Primer Ministro). En el camino, por el que se dirigía en un automóvil para asistir a un mitin preelectoral en Forte Victoria, voló una bomba.

El tercero de esta lista fue J. Tongochara, jefe del ejército africano Liberación Nacional de Zimbabwe, quien perdió la vida ni un accidente automovilístico a fines de 1979, después de terminar en Londres la Conferencia sobre Rhodesia. La enumeración de ejemplos podría ser continuada. (4)

(4) Véase I.P.Blischenko. International violence as a special problem of the fight against crime. —International Review of criminal policy, N 32, 1976, U. N., pp. 8-13.

Del número total de actos terroristas cometidos en los años 70 el 50% le corresponde a Europa, el 21%, a América Latina, el 14% a América del Norte, y el 11%, al Oriente Medio y el Norte de África. En 1970 en América Latina se cometió el doble de acciones terroristas que en Europa. En 1978 esta correlación se hizo inversa. En el transcurso de 1970-1978, las pérdidas directas ocasionadas por el terrorismo y los gastos con él relacionados para la protección, seguridad, etc. alcanzaron a miles de millones de dólares. Entre 1970 y 1978 solo el rescate declarado por las personas secuestradas superó la cifra de 145 millones de dólares.

En su trabajo Terrorismo internacional y seguridad mundial, el norteamericano B. M. Jenkins escribió: "El terrorismo ha aparecido y se ha incrementado notablemente en los últimos años. Los extremistas políticos y criminales en diversas partes del mundo atacan a los pasajeros en los aeropuertos, estaciones ferroviarias, lanzan bombas contra edificios gubernamentales, oficinas de corporaciones multinacionales, restaurantes y teatros; secuestran aviones, naves e inclusive transbordadores en Singapur; toman como rehenes a centenares de pasajeros; ocupan embajadas, raptan a representantes gubernamentales y diplomáticos. Cada día nos enteramos de nuevos incidentes. El terrorismo ha aportado un nuevo elemento en las relaciones internacionales"(5).

(5)International Terrorism and World Security, ed. by David Carlton and Carlo Schaerf, London, 1975, p. 13.

Al mismo tiempo se llegan a mezclar diversos fenómenos Antilegales de la vida internacional con el terrorismo, lo que impide concentrar de modo objetivo, los esfuerzos para combatir este tipo de delitos internacionales. Cabe citar el ejemplo del libro de L. R. Beres Terrorismo y seguridad global: amenaza nuclear(6), en el que se trata de la posesión del arma nuclear y la posibilidad de su empleo como formas de terrorismo. Es evidente que en este caso se afectan otras esferas de las relaciones internacionales sujetas a otra calificación.

(6)L. R. Beres. Terrorism and Global Security: The, Nuclear Threat, Boulder, Westview Press, 1979.

Ya en 1972 en la XXVII sesión de la Asamblea General de la ONU se discutió el problema del "terrorismo internacional", que fue incluido en el orden del día de la Asamblea General como el punto 92, titulado "Medidas para prevenir el terrorismo internacional, que amenaza la vida de personas inocentes, ocasiona su muerte, o pone en peligro las libertades fundamentales, y estudio de las causas de estas formas de terrorismo y actos de violencia, originados por la miseria, la decepción, las calamidades y la desesperación, que incitan a ciertas personas a sacrificar vidas humanas, inclusive las suyas propias, en el afán de lograr cambios radicales"(7).

(7) Documentos de la ONU, A/C 6/418, p. 5.

Las diferencias de las posturas de distintos países en cuanto al problema del terrorismo, y la vaguedad de la formulación del punto 92 del orden del día fueron la causa de que ni la sesión XXVII ni la XXVIII de la ONU pudieran elaborar medidas encaminadas a combatir las acciones terroristas que ponen en peligro el desarrollo normal de las relaciones internacionales. Por las mismas razones el Comité Especial, creado sobre la base de la resolución de la Asamblea General 3034 (XXVII) del 18 de diciembre de 1972, no pudo presentar a la XXVIII sesión ningún documento de trabajo.

Los representantes de los Estados imperialistas intentaron aprovechar la discusión del problema del "terrorismo internacional" en la ONU para extender este concepto a la lucha de liberación nacional y diversas formas de la lucha de clase de los trabajadores por sus derechos(8).

(8)Véase Self-determination: national, regional and global dimension!. Ed. by Y. Alexander, K.A. Friedlander. Ohio Northern University College of Law, 1979,

Esta circunstancia viene a determinar la importancia del arreglo del problema teniendo como base los principios de las relaciones interestatales, lo cual permitiría rechazar los intentos de los países imperialistas de torpedear las normas comúnmente reconocidas del Derecho Internacional, así como llenar el vacío existente en este campo.

Los autores occidentales han insistido en tergiversar la posición marxista-leninista respecto al problema del terror en general(9) y han adulterado la historia de muchos movimientos revolucionarios, procurando demostrar que el terror es un método de violencia propio de la práctica de la lucha revolucionaria. Las ediciones enciclopédicas más importantes que se hicieron en la Rusia zarista, Europa Occidental y Estados Unidos vinculaban históricamente la propia noción del terror con la Gran revolución burguesa en Francia, caracterizando la política de la dictadura jacobina como violencia unilateral por parte de la revolución.

(9)Véase International Terrorism in the Contemporary World. Ed. by M. H. Livingston with L. B. Press and M. G. Wanek. Greenwood Press, London, 1978.

En su obra La burguesía y la contrarrevolución Marx dio una brillante evaluación objetiva de las acciones de la gran revolución francesa como método de lucha. V.I. Lenin en sus trabajos Tercer Congreso del POSDR, titulado Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, Los enemigos del pueblo, dedicados a cuestiones del movimiento obrero ruso e internacional da múltiples apreciaciones de este período de la historia de Francia como período de lucha revolucionaria auténtica de los trabajadores y oprimidos contra la clase explotadora.

El terror es mencionado en más de treinta tomos de las obras completas de Lenin. Lenin rechazaba la práctica de los miembros del grupo "Naródnaya Volia" ("Voluntad del Pueblo") y desenmascaraba el seudo-revolucionarismo de los socialistas-revolucionarios terroristas. Calificaba el terror de aventura, de acción desesperada, ilusión y falta de fe en las masas.

En su intervención en la XXVII sesión de la Asamblea General de la ONU A.A. Gromiko, miembro del Buró Político del CC del PCUS y ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, dijo: "La Unión Soviética se pronuncia desde posiciones de principio contra los actos terroristas que obstaculizan las labores diplomáticas de los países y sus representantes, las vías de transporte entre ellos, el desarrollo normal de los contactos y encuentros internacionales, contra los actos de violencia que no sirven a ningún fin positivo y acarrean la muerte de las personas".

Cuando a comienzos de 1981 la administración norteamericana de R. Reagan intentó izar la bandera de lucha contra el "terrorismo internacional", el trasfondo de esta acción se reveló desde el primer instante. Se trataba de encubrir una serie de delitos de carácter terrorista, cometidos por la CÍA y otros servicios especiales norteamericanos en el territorio de otros países con la finalidad de desestabilizar las relaciones internacionales, acusando de ello a los movimientos de liberación nacional y a la Unión Soviética.

Con su interpretación de la "lucha contra el terrorismo inter-nacional", la administración Reagan se pronunció contra la legalidad internacional, introduciendo las llamadas "pequeñas formas de violencia" en las relaciones internacionales como norma de conducta, persiguiendo el mismo fin de desestabilización.

Sobre el particular en la declaración de TASS del 2 de febrero de 1981 se decía:

"No, no son la Unión Soviética ni los movimientos de liberación nacional los responsables por el surgimiento de focos de tensión y el culto a la violencia, que implantan determinados círculos en la palestra mundial, ni por las acciones terroristas con las que se ven forzados a chocar algunos países. El caldo de cultivo de la arbitrariedad, violencia y terrorismo en el campo internacional es la actividad, y la política de los que vienen pisoteando los intereses y los derechos legítimos de Estados y pueblos soberanos, que siembran la ideología de odio racial y nacional, quienes apoyan los regímenes reaccionarios dictatoriales y que se mantienen en el poder sólo gracias al terror, quienes se aferran al fomento de la tensión mundial y al estímulo de la carrera armamentista y caldean la atmósfera de sicosis bélica. Las características de aquellos de quienes se trata son bien conocidas".

Según U. S. News and World Report, desde 1961 hasta 1976 la CIA de Estados Unidos realizó unas 900 operaciones secretas de gran magnitud contra personalidades “indeseables” y gobiernos enteros. Entre ellas, el asesinato del Primer Ministro iraní Mossadegh y el derrocamiento en 1953 de su gobierno, el derrocamiento del gobierno de Guatemala en 1954, de la República Dominicana en de Ghana en 1966, de Chile en 1973. Cabe enumerar a las siguientes personalidades políticas que cayeron directamente de manos de la CIA:

Che Guevara, el presidente de Chile S. Allende, O. Letelier, el general Carlos Prats, el ex presidente de Bolivia Juan Torres, el primer ministro del Congo P. Lumumba, el Secretario General del Partido Africano de Independencia de Guinea y las Islas del Cabo Verde A. Cabral, el dirigente de la ludia del pueblo de Mozambique Eduardo Mondlane, el Primer Ministro de Sri Lanka Solomon Bandaranaike.

La CIA ha organizado más de 20 atentados contra la vida de Fidel Castro: se ha intentado matarlo con armas de fuego, granadas, caracoles-minas, cigarros envenenados, pastillas tóxicas, escafandra de buzo con bacilos tuberculosos.

El almirante Turner, director de la CIA durante el gobierno del Presidente Cárter, declaró en cierta ocasión que para aprovechar con éxito el terrorismo en favor de los intereses norteamericanos la única posibilidad era penetrar físicamente en las filas terroristas.

En julio de 1981 la revista italiana Panorama publicó un extracto del documento secreto "FM 30/31," que fue elaborado por el general Westmoreland, ex jefe del estado mayor del ejército estadounidense. En él se habla claramente de la utilización en provecho de Estados Unidos de los movimientos terroristas en los "países amigos".

Ejemplo brillante de ello es la organización del terror y su desenfreno en Italia, en particular, el llamado asunto de la logia masónica "Propaganda 2" (en siglas "P-2"). Ya en 1974 el teniente coronel Amos Spiazzi, agente del servicio de contraespionaje italiano y al mismo tiempo miembro de la organización neofascista "Rosa de los vientos", declaró en un interrogatorio que precisamente los masones habían organizado los contactos entre los neofascistas, la mafia, los servicios secretos italianos y la CIA.

Según el diario Paese Sera, a juzgar por los hechos, precisamente en 1969 (al menos así se considera en círculos neoyorquinos competentes) los dirigentes del departamento de seguridad nacional de Estados Unidos y representantes de las fuerzas de la derecha italiana tomaron la decisión de encubrir con la pantalla masónica una organización subversiva, que en realidad debía contribuir a un viraje radical de la política italiana. Fue así como esta misión se le encomendó a la logia "P-2", que ya actuaba con energía entre los empresarios y financieros.

A partir de ese momento la vida de políticos y personalidades públicas de Italia se hizo depender de sus simpatías o antipatías a la política de Estados Unidos y hacia la OTAN. Entonces también A. Haig, asesor del presidente estadounidense para las cuestiones de seguridad nacional, estableció no pocos contactos con empresarios italianos.

El "asunto Occorsio" fue característico de la actividad terrorista de la logia "P-2". Como es sabido, en los años 70 Italia estuvo más de una vez al borde de ser víctima de golpes fascistas, preparados a través de toda una serie de monstruosas acciones terroristas. La prensa informó sobre "los designios" anti-estatales de Valerio Borghese, el "conde negro" en 1971, y en 1974 Licio Gelli preparó otro golpe semejante.

Los neofascistas procuraron crear un ambiente político desestabilizador: en mayo de 1974 fue organizada la explosión en Brescia, en agosto del mismo año se hizo explotar una bomba en el tren expreso "Italikus". La investigación de estos crímenes fue encargada a Vittorio Occorsio, substituto del fiscal general de Roma.

En el curso de la investigación se estableció que la bomba había sido colocada por Mario Tuti, Pietro Malentachi y Luciano Francia, neofascistas de la organización "Frente Nacional". Occorsio descubrió el hecho que revelaba la relación de los masones con bandidos que secuestraban a personas y completaban los caudales de las organizaciones neofascistas a cuenta de los rescates obtenidos. Llegó a precisar que el abogado Antonio Minghelli —que tiene el título de maestro de la logia masónica "Lira y Espada" y que luego se hizo secretario de "P-2"— era el cajero de la banda de secuestradores. En una de sus conversaciones privadas Occorsio dejó escapar alguna palabra sobre Minghelli.

Al cabo de unos días, el 10 de julio de 1976, al salir de su casa le dispararon una ráfaga con un fusil automático. El asesino fue un neofascista —Luigi Goncutelli— y en el local donde fue detenido se encontraron 11 millones de liras, que acababa de recibir el bandido Renato Villanzasca por el rescate de Emanuela Trapagni, raptada por la mafia. Pero luego la investigación comenzó a detenerse.

En aquel mismo tiempo fue detenido por tráfico de drogas el norteamericano Ronald Stark, según la opinión pública, agente de la CIA quien comunicó que las "llamadas "brigadas rojas" “preparaban el asesinato del fiscal de Genova F. Coco y el secuestro de un importante político en Roma". La declaración de Stark no se tomó en cuenta y dos meses después F. Coco fue muerto por los terroristas de las "brigadas rojas".

En 1978, unos días después de que el embajador de Estados Unidos en Italia Gardner calificara a Aldo Moro, líder del Partido Demócrata Cristiano, de "personaje peligroso en la arena política de Italia", puesto que éste se inclinaba al diálogo con los comunistas, las mismas "brigadas rojas secuestraron y asesinaron a Aldo Moro.

Stark, deportado después del secuestro de Moro a Florencia bajo vigilancia policial, envió una carta a la redacción de un periódico local, prometiendo contar la verdad acerca de sus vínculos con los terroristas. Después de esto Stark desapareció sin dejar rastro.

He ahí otro ejemplo característico del espíritu de venganza de la CIA. El italiano Salvatore Krisaffi, que se negó a raptar por orden de la CIA a Giovanni Agnelli, gerente del consorcio automovilístico Fiat, y a Angelo Rizzoli, jefe de un importante grupo de impresores de periódicos, fue simplemente encerrado en una cárcel estadounidense, bajo acusación falsa de intento de violación, y el tribunal de Nueva York, a pesar de no haber sido confirmada la acusación, le dictó una sentencia que no podía ser revisada hasta mayo de 1982. El asunto Krisaffi muestra que la CIA pretende realizar su estrategia de tensión, al menos en Italia, no sólo a través de los neonazis locales, sino también de modo directo.

Es significativa la conclusión que saca la revista L'Europeo: "El ejército negro clandestino (mucho mayor y belicoso de lo que se supone) es un engendro de la concepción otanista de la "defensa de Europa en caso de conflicto". Esta concepción precisamente constituyó el fundamento del golpe de los "coroneles negros".

Según la prensa italiana, Gelli, individuo que ya hemos mencionado, estableció en su tiempo vínculos entre los terroristas italianos y los coroneles griegos. El "asunto de Occorsio" tiene la clave en la estrecha relación de la logia "P-2" con los neofascistas.

En la actualidad ha quedado demostrada documentalmente la vinculación de Gelli con la CIA. El gran maestro de la logia masónica francesa "Grand-Orient de France" considera que "P-2" era instrumento tanto de la CIA como de la "comisión tripartita", centro influyente del poder de los Estados Unidos.

Por consiguiente, sólo la renuncia total a la intervención en los asuntos internos, a la violación de los principios y normas del Derecho Internacional reconocidos universalmente puede permitir elaborar amplias medidas internacionales de lucha contra el terrorismo.

Es evidente que con buena voluntad se puede llegar también a un acuerdo sobre el problema de la lucha común contra los actos terroristas de carácter internacional, tanto más porque esto atañe a la vida de todos los hombres.

Así, en la Conferencia de Madrid de 1981, conforme al Acta Final de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa, se logró llegar a un acuerdo respecto a los principios de la lucha contra las acciones terroristas de carácter internacional.

Los países participantes condenaron el terrorismo, inclusive el terrorismo en las relaciones internacionales, por ser un fenómeno que amenaza y acarrea la muerte de personas inocentes o que pone en peligro los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Los Estados manifestaron su decisión de aplicar medidas efectivas con tal de prevenir y poner término a los actos terroristas, medidas tanto de carácter nacional como por medio de la cooperación internacional, incluyendo los acuerdos bilaterales y multilaterales correspondientes, y ampliar y multiplicar la colaboración mutua en la lucha contra tales actos sobre la base de la Carta de la ONU, la Declaración de los Principios de Derecho Internacional, concernientes a las relaciones de amistad y cooperación entre los países de acuerdo con la Carta de la ONU y el Acta Final.

Reviste suma importancia el acuerdo de principio sobre la abstención a prestar ayuda directa o indirecta a la actividad terrorista encaminada a derrocar por medio de la violencia el régimen de otro Estado miembro, así como el acuerdo de abstenerse de financiar, estimular o instigar toda actividad de esta índole o de transigir con ella.

Teniendo en cuenta la realidad actual cabe reconocer como progresivo el acuerdo de los Estados participantes de adoptar las medidas pertinentes a fin de impedir que sus territorios sean empleados para preparar, organizar y realizar actividades terroristas, incluyendo acciones dirigidas contra otros países participantes y sus ciudadanos.

Entre ellas figuran las medidas que prohíben a personas, grupos y organizaciones realizar en su territorio actividades ilegítimas encaminadas a instigar, organizar o participar en acciones terroristas.

Es muy importante el acuerdo de los países participantes de hacer todo lo que esté a su alcance para garantizar la seguridad de los representantes o personalidades que participan en los territorios respectivos en todo tipo de actividades diplomáticas, consulares u otras de carácter oficial.

De este modo, el Derecho Internacional dispone de los principios que reglamentan las relaciones entre los Estados y cuya aplicación en la práctica puede levantar un serio obstáculo en las actividades del terrorismo internacional, para posibilitar la unificación de los esfuerzos de todos los Estados para liquidar el terrorismo.



Capítulo I

DEFINICIÓN DEL ACTO TERRORISTA DE CARÁCTER INTERNACIONAL

§ 1. Concepto de acto terrorista

El vocablo "terror", proveniente del latín y afincado en el grupo de lenguas romances, pasó posteriormente a otras lenguas europeas. En la actualidad tienen amplio uso las formas derivadas de esta raíz: "terrorismo" y "acto terrorista".

En este contexto, es preciso dar una clara definición de estos términos.

En opinión de historiadores occidentales, el término "terror" tiene su origen histórico en los tiempos de la Gran revolución burguesa en Francia (1); sin embargo, las acciones de Estados, clases y personas particulares dirigidas a atemorizar a capas, grupos y clases sociales se conocen desde los tiempos remotos.

(1) Véase Diccionario enciclopédico, t. XXXIII, págs. 69-80. San Petersburgo, 1901; The Encyclopedia Americana, v. 26, p. 449, New York—Chicago, 1944; Encyclopedie Internationale, Focus, t. IV, p. 3516, Paris, 1958; Encyclopedia universale, t. XV, p. 9, Milano, 1971; Assasination and political violence, a Staff report to the national commission on the cause and prevention of violence, prepared by James F. Kirkham, New York, 1970, p. 526; Three Questions on Terrorism. In Government and Opposition. Vol. 8, Number 3, Summer 1973, p. 299.

La propia institución de la ejecución pública de criminales comunes y políticos conllevaba cierto elemento que aterrorizaba a quienes la presenciaban. Por ello cuando eran ejecutados delincuentes políticos o herejes, las autoridades laicas y eclesiásticas procuraban que toda la población presenciara la ejecución, llegando incluso a ejecutar o perseguir a quienes se negaban a mirar o presenciarla.

Por lo general, bajo el terror de la revolución francesa se comprende la política interna de la dictadura jacobina implantada después de la expulsión de los girondinos de la Convención Nacional del 31 de mayo al 2 de julio de 793 y derrotada por el golpe contrarrevolucionario del 27 de julio (9 de termidor) de 1794.

Los historiadores burgueses intentan demostrar que la dictadura jacobina no fue sino un derramamiento de sangre, se aducen cifras, según las cuales en este período 17000 personas fueron condenadas a morir en la guillotina, y 25000 fueron ejecutadas sin que se dictara sentencia alguna (2), olvidando al mismo tiempo los embates de "terror blanco" (3) que se sucedieron tras el golpe del 9 de termidor y negando otros aspectos de la actividad desplegada por la dictadura jacobina y las condiciones en que se vio abocada la gran revolución francesa.

(2)Véase Encyclopedia universale, t. XV, p. 9, Milano, 1971.

(3)"Terror blanco": represiones de los realistas en 1795 y durante el período de la II restauración de 1815. El terror fue denominado "blanco" por el color de la bandera de los realistas.

La política de terror fue la respuesta que dio la revolución francesa a los incendios y a las explosiones, a la traición dentro de la república, al asesinato de los comisarios de la Convención y de los jefes de la revolución(4), el sabotaje, acaparamiento de productos y mercancías de primera necesidad, especulación y espionaje de los agentes de los países de la Coalición.

(4) El 18 de julio de 1793 fue asesinado Marat; ése fue uno de los actos terroristas contra los líderes de la revolución.

Es preciso añadir que sólo los Estados Unidos de América y la Confederación Suiza mantuvieron una posición de neutralidad respecto al Estado francés. La república se encontraba bajo constante peligro de intervención extranjera, y en reiteradas ocasiones los países de la Coalición intentaron ahogar la revolución francesa directamente por la vía militar. El frente interno y externo y las dificultades económicas expresaron las agudas contradicciones que estaba llamada a resolver la revolución francesa.

Maximilien Robespierre consideraba que el terror debía aplicarse sólo cuando su no aplicación conducía a la violación de 'la "libertad social", o sea, podía poner en peligro los intereses de la revolución(5).

(5) M. Robespierre. Obras Escogidas. Sobre los principios del gobierno revolucionario. Edit. "Naúka", 1965, t. 3, pág. 92.

Refiriéndose al terror de la revolución burguesa francesa, C. Marx escribió: "Todo el terrorismo francés no fue sino un procedimiento plebeyo para ajustar las cuentas a los enemigos de la burguesía: al absolutismo, al feudalismo y a la pequeña burguesía".(6)

(6) C. Marx. La burguesía y la contrarrevolución. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 6, pág. 114.

Ya con la experiencia de las revoluciones del siglo XIX C. Marx previno que las revoluciones de los tiempos modernos serían cada vez menos "improvisadas", espontáneas y se transformarían en acciones de masas y partidos más conscientes y más organizadas. "La época de los ataques por sorpresa —señaló F. Engels—, de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde se trate de una transformación completa de la organización social, tienen que intervenir directamente las masas, tienen que haber Comprendido ya por sí mismas de qué se trata, por qué tilín su sangre y su vida." (7)

(7)F. Engels. Introducción a la obra de Marx "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850", C. Marx y F. Engels. Obras, t 22, pág. 544.

Lenin, al caracterizar la dictadura jacobina, escribió: "Los jacobinos de 1793 han pasado a la historia como un gran ejemplo de lucha verdaderamente revolucionaria contra la clase de los explotadores por parte de la clase de los trabajadores y los oprimidos que se habían adueñado de todo el poder del Estado"(8).

(8)V.I. Lenin. Los enemigos del pueblo. O. C., t.; 32, pág. 307.

Dadas las circunstancias de la lucha política del proletariado, Lenin reconocía la necesidad de utilizar el "procedimiento plebeyo" para poner fin a la autocracia rusa(9), señalando, no obstante, que "esto en modo alguno significa que queramos sin falta imitar a los jacobinos de 1793, adoptar sus concepciones, su programa, sus consignas, sus métodos de acción. Nada de eso. Tenemos un programa nuevo, y no viejo: el programa mínimo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia"(10).

(9) Véase V. I. Lenin. Tercer Congreso del POSDR. O. C. t. 10, Pag. 138.

(10) V. I. Lenin. Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática. O. C., t. 11, pág. 48.

A este respecto cabe subrayar un detalle sustancial de la política de la dictadura jacobina, que adquiere significado jurídico-internacional: el gobierno francés jacobino negó de modo sistemático todo tipo de proposiciones para aplicar el terror individual contra los reyes o jefes militares del enemigo (proyectos de "Asesinos de tiranos"), en tanto que los realistas no perdieron la oportunidad de cometer actos terroristas contra los líderes de la dictadura jacobina.

La revolución francesa históricamente es una revolución burguesa, al igual que las revoluciones burguesas precedentes de los Países Bajos e Inglaterra en el siglo XVII, pero en virtud de la agudeza de las contradicciones de clase en Francia superó a estas últimas por su resolución y métodos de violencia.

La revolución francesa combatió contra la reacción por medio del establecimiento de una dictadura que incluía los siguientes organismos: la Convención; el Comité de Salvación Pública, con carácter de gobierno revolucionario investido de poderes ilimitados; el Comité de Seguridad Pública, órgano represivo de la dictadura jacobina; el ejército revolucionario creado por decreto del 5 de septiembre de 1793 para luchar contra los culpables de acaparamiento de productos y especulación con los bienes de primera necesidad (cada unidad del ejército revolucionario solía contar con su propio tribunal y llevaba en el convoy una guillotina); los comités revolucionarios que representaban la dictadura en los órganos locales; el sistema de tribunales revolucionarios contaba con un simple procedimiento judicial que no duraba más de 24 horas. Dicho procedimiento se basaba en el principio de racionalidad revolucionaria, teniéndose en cuenta el origen social del enjuiciado.

Es decir que las acciones desplegadas por los revolucionarios en aquel período en Francia se distinguían del terror individual como la lucha de masas se distingue de las acciones aisladas.

En las investigaciones burguesas se han emprendido numerosos intentos de definir el concepto de terror y clasificar sus diferentes tipos, utilizando este planteamiento para aplastar la lucha política de las masas oprimidas.

Esta tendencia se ha revelado con mayor nitidez en las labores de las conferencias internacionales que tienen como objetivo unificar la legislación penal. En la resolución que aprobó la tercera conferencia(11) bajo el término de terrorismo se comprendían acciones "capaces de constituir peligro social".

(11) La tercera conferencia tuvo lugar en Bruselas en 1930.

El profesor Rádulescu (Rumania), informante oficial sobre el problema del terrorismo en la cuarta conferencia(12), declaró que el terrorismo tiene su manifestación primitiva en la explosión de bombas y artefactos análogos, capaces de provocar grandes pérdidas humanas y de bienes materiales(13). Al revelar el contenido del terrorismo señaló que "...se trata de atentados realizados para... destruir por la fuerza toda organización política y jurídica de la sociedad...! (14)

(12) La cuarta conferencia tuvo lugar en París en 1931.

(13) Véase Actes de la Conference Internationale pour la unification du droit penal, IV, 1931, p. 134.

(14)Véase Actes..., p. 40; Reflexión! sur la définition et la répression du terrorisme. Actes du Colloque. Editions de l'Université Libre de Bruxelles, 1974.

El académico A. N. Trainin (URSS), criticando este punto de vista, indicó con toda razón que según lo dicho "se califican de actos terroristas en el sentido de las conferencias unificadoras, de actos que acarrean la aplicación de la legislación criminal internacional, los atentados contra el sistema social dominante, contra el régimen capitalista"(15).

(15)A. N. Trainin. Protección de la paz y la ley penal. Obras Escogidas. Ed. "Naúka", Moscú, 1969, pág. 56.

Compartimos el punto de vista de L. N. Galénskaya (URSS) quien afirma que "las medidas de orden internacional tomadas en la sociedad capitalista no están dirigidas a erradicar las principales causas de la delincuencia, y ya por ello tienen un carácter limitado y no pueden dar resultados eficaces"(16).

(16) L. N. Galénskaya. La lucha internacional contra la delincuencia. Ed."Mezhdunarodnie otnoshéniya", Moscú, 1972, pág. 150.

El artículo de Schwarzenberger (Gran Bretaña) Terroristas, highjackers, guerrilleros y mercenarios(17) es interesante. En él se analiza sobre la base de un rico material fáctico el contenido de estas nociones. Se presta especial atención al status de los guerrilleros en caso de conflicto armado internacional e interno y a las normas vigentes en el Derecho Internacional respecto a la injerencia ilícita en las actividades de la aviación civil.

(17) G. Schwarzenberger. Terrorists, Highjackers, Guerillers and Mercenaries. In Current Legal Problems. Vol. 24, 1971, p.p. 257-282.

El autor del artículo analiza la resolución 2548 (XXIV), aprobada por la Asamblea General de la ONU el 11 de diciembre de 1969, la cual calificaba la práctica del empleo de mercenarios contra los movimientos de liberación nacional como actividad delictiva que debía ser castigada, y consideraba a los propios mercenarios como personas que están fuera de la ley.

En nuestra opinión, en esa investigación carece de fundamento la clasificación de los terroristas en grupo aparte, por cuanto el acto terrorista puede ser perpetrado por el combatiente en condiciones de conflicto internacional o interno, por un mercenario o cualquier persona civil, etc. La injerencia ilícita en la labor de la aviación civil también puede contener elementos de acción terrorista.

Es evidente que a los combatientes o a los mercenarios se les considera en virtud de su status, en tanto que los terroristas son sujetos que cometen actos terroristas.

Al discutir el problema del "terrorismo internacional" en 1972-1973 en la ONU, los juristas burgueses insistieron también en aprovechar el planteamiento del problema en de sus intereses de clase: declarar ilegítima la lucha de liberación nacional, extender el concepto de "acto terrorista” a acciones que se realizan en el marco de la lucha de la liberación nacional.

En los estudios burgueses contemporáneos el terror se define como "producto de violencia fanática cometida para lograr un objetivo político determinado en aras del cual son sacrificadas todas consideraciones humanitarias y éticas (18), como "instrumento ciego que a menudo falla"(19), como "instrumento para la consecución de diferentes fines"(20), como "campaña de violencia que provoca el miedo"(21) o como "expresión característica de la desesperación política"(22).

(18)P. Wilkinson. Three Questions on Terrorism. In Government and Opposition. Vol. 8, Number 3, 1973, London, p. 292.

(19)R. Moss. Urban Guerillas. Temple Smith, London, 1972, p. 64.

(20)Assassination and Political Violence. A Report to the National Commission on the Causes and Prevention of Violence, by James F. Kirkham, Washington, 1969, p. 421.

(21)B. M. Jenkins. International Terrorism: A new kind of Warfare. A Statement Submitted to the Subcommittee on the car East and South Asia, Committee on Foreign Affairs, House Representatives, June 24, 1974, p. 2.

(22)R. A. Falk. Hearings on Terrorism and Counterterrorism. Subcommittee on the Near East and South Asia, Committee on Foreign Affairs, House of Representatives, June 19. 1974, p. 4.

En las definiciones citadas no se revela el contenido del terror y su finalidad. La clasificación que hacen los autores burgueses demuestra un poco su posición respecto a esta cuestión.

En la quinta conferencia(23) sobre la unificación de la legislación penal se manifestó la idea de que la conferencia debía elegir como objeto de su trabajo no el terror político, sino el social, ya que este último "está enfilado contra la organización económica de la sociedad moderna"(24).

(23)La conferencia se celebró en Madrid en 1933.

(24) Véase Actes..., V, p. 243. "-"

En este sentido se expresaron los profesores Lemken (Alemania) y Azua (Francia) (25).

(25)Ibíd., pp. 51, 243

Wilkinson (Gran Bretaña) propone la siguiente clasificación:

1) terror militar (aspectos de aterrorización de la población mediante el empleo de diferentes tipos de armas: arcos de tiro, arma de fuego, bombas, etc.);

2) terror represivo (acciones del aparato represivo);

3) terror revolucionario;

4) terror sub-revolucionario (actos que en opinión de Wilkinson son cometidos por razones políticas e ideológicas, pero no son parte de la campaña por la toma del poder en el país) (26).

(26) Wilkinson, Three Questions on Terrorism. In Government and Opposition, Vol. 8, Number 3, 1973, London, p. 306.

Feliks Gross (Estados Unidos) estima que es necesario distinguir:

1) La lucha y la violencia respecto a la autocracia local;

2) La violencia con relación a los conquistadores extranjeros que exterminan la nación o esclavizan a los pueblos;

3) La violencia respecto a las instituciones democráticas ejercida por los nazis, fascistas y sus satélites. (27)

(27) Assassination and Political Violence. A Report..., Washington, 1969, p. 422.

Al dar una característica general del terror, Gross lo divide en:

1) Táctico (castigo, represalia, endeblez del gobierno),

2) Terror no sistémico,

3) Terror enfocado (sistémico)

4) Terror masivo.

5) Asesinatos políticos de representantes de la dinastía gobernante(28).

(28) Ibíd., p. 432.

Las clasificaciones mencionadas revisten un carácter ecléctico en tal grado que ahí pueden incluirse actos terroristas, actividades guerrilleras, asesinatos políticos, el terror del aparato estatal para aplastar la oposición, y aspectos sicológicos del uso de uno u otro arma.

Estas clasificaciones carecen de sistema, aunque reflejan a veces de modo objetivo las diferencias sustanciales de los actos terroristas en cuanto al sujeto que lo comete y al objeto perseguido, determinan además su contenido político.

Por ejemplo, el terror revolucionario, el terror masivo, el terror represivo, etc. Esta circunstancia se explica por la ausencia en estos es ludios de una metodología y teoría única sobre el problema de la violencia en la historia, en general, y el terror, en particular.

El autor belga P. Mertens al hacer el análisis de varios documentos de Derecho Internacional, escribe que si bien cuellos se habla del terrorismo, el concepto aún no está definido. Más aún, los actos terroristas tienen sentido diferente en tiempos de paz y en tiempos de guerra. En este último caso "entran en los marcos de jus in belli y significan acciones de crueldad inútil u odio... y se interpretan como crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad e infracciones de los derechos humanos". En tiempos de paz se cometen actos terroristas dirigidos contra el terror por parte de los Estados (la España franquista, la dictadura militar en Grecia), por consiguiente el enfoque objetivo del problema condiciona "la condenación de todos los tipos de terrorismo"(29).

(29) P. Mertens. L’ introuvable" acte de terrorismo. In Réflexions sur la définition et la répression du terrorisme. Actes du Colloque. Editions de l'Université de Bruxelles, 1974, pp. 36, 49.

Últimamente en los países capitalistas han aparecido una serie de artículos y libros dedicados al problema del terrorismo. Entre ellos ocupa lugar especial el libro Terrorismo: teoría y práctica, bajo la redacción de Y. Alexander, D. Garitón, P. Wilkinson(30).

(30)Terrorism: Theory and Practice. Ed. by Y. Alexander, D. Garitón, and P. Wilkinson. Westview Press, Boulder, Colorado, 1979.

La recopilación ha sido preparada por el Instituto de estudio del terrorismo internacional adjunto a la Universidad del Estado de Nueva York. En la primera parte del libro, L. Banker, B. Miller y Ch. Russell definen el terrorismo como "amenaza de uso o uso de la violencia o fuerza para lograr un fin político por medio del fomento del miedo, la coerción y la intimidación"(31).

(31) Part 1. Overview. Op. cit, p. 4. 26

Consideran que las raíces del terrorismo de nuestros días se remontan al movimiento estudiantil y radical de los años 60 con su orientación "contra el sistema". Es interesante que los autores citan como países de elevada actividad terrorista a aquellos que durante los años 60 y 70 revelaron mayor agudeza las contradicciones capitalistas: Italia, España, Irán, Grecia, Turquía, Estados Unidos, los países de América Latina y del Sur de Asia.

Según los autores de la recopilación, en el futuro el peligro del terrorismo puede aún más a causa de la extraordinaria complejidad del problema de la defensa contra los terroristas, quienes se valen del factor sorpresa y llegan a disponer de todos los medios técnicos modernos, incluidos los misiles.


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