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EL PROCESO INTEGRAL DE LA HUELLA DACTILAR



Desde la búsqueda del vestigio hasta la plena identificación.

ANTONIO JOSÉ LEAL BERNABEU



Copyright 2018 Antonio José Leal Bernabeu

Smashwords Edition. Language: Spanish

ISBN: 9780463737989



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ÍNDICE



INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I: ANTECEDENTES

1.- Los inicios de la identificación

2.- Reseña histórica: La evolución de los sistemas de identificación

2.1.- Marcas personales

2.2.- La antropología

2.3.- La lofoscopia

2.4.-Otras ciencias y disciplinas precursoras de la Criminalística

2.5.- Origen de la Criminalística

CAPÍTULO II: LA BÚSQUEDA DEL INDICIO

1.- Introducción

1.1.- El indicio

1.2.- Origen de los indicios

2.- La huella lofoscópica en la Inspección Ocular

2.1.- La Inspección Ocular

2.2.- Tipos de huellas lofoscópicas en el lugar de los hechos

2.3.- La búsqueda del rastro dactiloscópico

CAPÍTULO III: LA FIJACIÓN

1.- Introducción

2.- Fijación del lugar de los hechos

2.1.- La Descripción Escrita

2.2.- El Reportaje Fotográfico

2.3.- El Croquis Planimétrico

CAPÍTULO IV: LA OBTENCIÓN DE LA HUELLA

1.- Introducción

2.- Huellas visibles

3.- Huellas latentes

4.- Técnicas de detención físicas

4.1.- Reveladores mecánicos

4.2.- Técnicas de Rayos “X” o Graham y Gray

4.3.- Disposición Metálica al Vacío, Evaporización Metálica o Metalización en Vacío (Técnica de Thies)

5.- Técnicas de detección químicas

5.1.- Nitrato de Plata

5.2.- Nihidrina

5.3.- DFO

5.4.- Tetraóxido de Osmio y Tetraóxido de Rutenio

6.- Técnicas de detección fisicoquímicas

6.1.- Revelador Físico (PD- Phisical Developer)

6.2.- Realce Radioactivo

6.3.- Reactivo de Pequeñas Partículas (SPR) o Revelador Molecular

6.4.- Deposición Multimetálica (MMD - Multimetal Deposition)

6.5.- Yodo Metaloideo

6.6.- Vapores de Cianocrilato

6.7.- Método de Calor Intenso

6.8.- Revelado de Huellas Latentes Mediante la Electricidad Estática

7.- Técnicas de detección ópticas

7.1.- Fuentes de Iluminación Forenses

7.2.- Láser

7.3.- Fuentes de Iluminación no Láser

7.4.- Fotoluminiscencia

7.5.- Absorción Ultravioleta y Luminiscencia

7.6.- Iluminación Coaxial Epideascópica

8.- Revelado en situaciones particulares

8.1.- Huellas en Sangre

8.2.- Huellas en Piel

8.3.- Huellas sobre Tejidos

8.4.- Huellas en Superficies Mojadas

8.5.- Huellas en Cristales por Ambas Caras

9.- Trasplante

10.- Remisión de objetos

CAPÍTULO V: BÚSQUEDA DE LA HUELLA EN LOS ARCHIVOS

1.- Introducción

2.- Sistema Automático de Identificación (S.A.I.D)

2.1.- Definición y Funciones

2.2.- Distribución Territorial

2.3.- Alimentación de las Bases de Datos del S.A.I.D

3.- Procedimiento de Consulta de Huellas Anónimas

CAPÍTULO VI: EL COTEJO

1.- Introducción

2.- Puntos Característicos

3.- Elaboración de Informes Periciales

4.- Naturaleza de la Prueba Dactiloscópica

CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA

ANEXO

INTRODUCCIÓN

En este trabajo he pretendido recoger el proceso a seguir particularmente para la búsqueda, obtención e identificación de uno de los rastros más importantes para la investigación de delitos, y que ha venido siendo con enorme ventaja el más empleado y el más efectivo para, tanto identificación a personas (vivas o muertas), como para probar la presencia de éstas en determinados lugares o el hecho real de haber posado su mano o pie sobre una superficie, manipulando algún objeto, pues es en este momento cuando, como todos sabemos, en el que la huella dactilar queda impresa.

Es preciso identificar los conceptos de indicio, rastro y prueba, pues son generalmente usados indistintamente pero, si bien están muy relacionados, hay que tener en cuenta ciertas apreciaciones al respecto. A lo largo de este trabajo es, asimismo, muy probable que en alguna ocasión se entremezclen los conceptos por extensión de los términos que tratamos, no tiene mayor importancia esta aclaración que el hecho de tener claras las apreciaciones que los hacen distintos.

La prueba es, en este contexto, aquel acto, hecho o efecto por el que se evidencia la participación de una persona o cosa en la perpetración de un delito, así como la razón, argumento, instrumento y efecto que se obtiene de un indicio o un hecho, y por el que se demuestra la certeza de un asunto. Suele usarse como expresión general para todos los elementos que son aportados a lo largo de la investigación y que contribuyen a su esclarecimiento, aunque técnicamente hasta la fase oral son “Indicios Probatorios” y, solo cuando sean practicados en la fase oral, bajo la inmediación del órgano judicial y con la observancia de los principios de contradicción y de publicidad, se los considerará como pruebas.

Dicen Francisco Antón Barberá y Juan Vicente de Luis y Turégano (Francisco Antón Barberá y J. V. de Luis y Turégano “Policía Científica”, Tirant lo blach (1998) Vol. II. 3ª Ed Pág. 792) que “el indicio es una circunstancia de la que se deduce otra que nos lleva a obtener la prueba, o la acción o señal que nos da a conocer la oculto, así como todo hecho conocido que nos demuestra la existencia de otro desconocido.”

Así, el indicio generalmente no prueba nada, pero colabora eficazmente a la investigación de la prueba o a dejarnos patente aquellos hechos de los que se puede obtener la prueba.

Los términos indicio y rastro son a menudo usados indistintamente, pero este último se refiere, en sentido técnico policial, a aquel intercambio que se deja en todo contacto, a aquella marca producida por una presión determinada, o por una serie de residuos que se intercambian.

Un ejemplo práctico podría ser que en una inspección ocular, llevada a cabo en un domicilio como consecuencia de un robo, hallemos una puerta forzada (este será el indicio de que se ha usado la fuerza para entrar por allí), en ese caso nos disponemos a buscar restos y hallamos tres huellas consecutivas sobre la superficie de la puerta. Estas tres huellas son un rastro del delincuente producido por el contacto, pero también es un indicio de como llevó a cabo el robo, así como de que estuvo allí. Una vez que se identifique al autor de este rastro, constituirá una evidencia de que esa persona apoyó su mano sobre la puerta, y seguramente en el juicio oral se practicará como prueba, según el principio de libre apreciación de la autoridad judicial, salvo que se dé una explicación de porqué están esas huellas ahí, imaginemos que el acusado es un vecino con antecedentes que dos días antes del suceso le pasó por debajo de la puerta, a su vecina, una carta que había sido introducida erróneamente en su buzón, y para ello se apoyó en la puerta.

Cabe aquí diferenciar tres términos que en ocasiones se entremezclan, se trata de “Dactilograma Natural”, “Dactilograma artificial y “Dactilograma Latente”

Por Dactilograma entendemos el conjunto de crestas papilares correspondiente a cada falange llamando “Dactilograma Natural” al existente en las yemas de los pulpejos y “Artificial” al dibujo que cada dígito imprime, tras entintarlo, como si de un sello se tratara.

Cuando de manera involuntaria, de forma “automática”, tocamos objetos con superficies lisas, tersas y pulimentadas con los dedos, en nuestro trabajo diario, estamos dejando un “Dactilograma Latente”, conocido vulgarmente como HUELLA DIGITAL.

No es objeto de este estudio el tratar las características de la lofoscopia ni, dentro de ésta, de la Dactiloscopia, por lo que se obviará, a estos efectos, el estudio de las especificidades de las crestas y los poros, su composición y el proceso de su formación.

Tampoco trataremos en este trabajo sobre la reseña ni la necroidentificación, que, a pesar de ser aspectos muy importantes relativos a las impresiones dactilares, no forman parte de los objetivos que me he planteado con la ejecución de este estudio.

¿Qué se plantea en este trabajo académico? Pues bien, en este trabajo trataremos con un enfoque esencialmente práctico sobre, no tanto la impresión dactilar, sino más bien sobre lo que hemos definido como huella dactilar, es decir, la búsqueda de ese indicio que nos dice que algo ha sido movido o tocado, el hallazgo y estudio de ese rastro dejado por el delincuente llamado huella digital que se constituirá en evidencia de su presencia física o de su manejo de algún instrumento, la fijación, la recogida y el traslado de esas muestras y, posteriormente, la búsqueda en las bases de datos y cotejo con los resultados obtenidos, así como una referencia breve al marco jurídico sobre el que se sustenta este proceso.

Todo esto será precedido por una reseña histórica de los sistemas de identificación, como entorno que engloba a la investigación policial, necesaria para entender el contexto social que envuelve a la prueba material de que tratamos.

En cuanto a las nuevas tendencias o proyectos que se propuso estudiar en el proyecto de investigación se han ido incluyendo a lo largo del trabajo en cada punto en concreto, por ser las nuevas tendencias aquellos procedimientos que ya se han impuesto o que lo están haciendo progresivamente con el apoyo del avance científico constante al que se ve expuesta la sociedad día a día.

Serán ejemplos de estos avances la fotografía digital, el uso del escáner, el uso de nuevos métodos para el revelado de huellas latentes, y la aplicación de la informática en general.

No procede, por tanto, recopilar todos los avances tecnológicos en un capítulo aparte, en tanto que no se puso una fecha origen desde la cual tener en cuenta estos nuevos avances y que, asimismo, se entienden mejor incluidos cada uno en la explicación del proceso al que afecta.

Por último, debo señalar que el esquema que propuse para el estudio de la fundamentación teórica ha variado ligeramente con el único pretexto de la mejor organización de la información, variando el trabajo en forma, pero no en fondo, pues ha variado el esquema, pero no la fundamentación ni los objetivos de análisis que se propusieron en su día, siendo los mismos que se tratan.

Este trabajo es un trabajo de investigación, de recopilación de información, por ello no pretendo crear nada nuevo, ni inventar nuevos procedimientos, pues no dispongo ni de la experiencia ni de los conocimientos técnicos necesarios, y además este no es el objetivo planteado, si lo es, en cambio, el recopilar la información necesaria para explicar aquello que se platea, añadiendo aquello que se considera de interés para este estudio.

CAPÍTULO I: ANTECEDENTES

1.-LOS INICIOS DE LA IDENTIFICACIÓN

Toda identificación consiste en un cotejo entre unos datos que caracterizan de forma irrefutable a alguien o a algo (indubitados) y que tenemos recogidos y clasificados como de pertenencia exclusiva e indudable de ese ente, con otros datos que se nos presentan o tomamos de una procedencia dudosa (dubitados).

Consiste pues la identificación siempre en un cotejo, una comparación, de forma que lo que no se puede cotejar, no se puede identificar. De esta forma cuando vemos a alguien conocido cotejamos sus facciones con las que recordamos de forma instintiva, y lo mismo ocurre con la voz o con la actitud, de esta forma identificamos a las personas, aunque a menudo confundimos a hermanos o incluso a personas que nada tienen que ver las unas con las otras.

Es por esta razón, que si queremos obtener una identificación no sujeta a la subjetividad y que no presente dudas, debemos recurrir a la ciencia y a la técnica, y es debido a la preocupación constante a lo largo de la historia de que esta identificación sea objetiva e indudable, y a la evolución de los derechos de las personas así como de los sistemas judiciales, cada día con más garantías, que desde la antigüedad se hayan venido estudiando diferentes métodos para que dicha identificación no caiga en error.

Estos distintos métodos de los que se ha venido valiendo el hombre para alcanzar este objetivo, son exponente del grado de civilización y aun de sensibilidad de cada uno de los pueblos que lo llevaron a cabo.

Si bien a lo largo de la historia se ha venido luchando por la igualdad de las personas ante la ley, se ha luchado paralelamente por diferenciarlas e individualizarlas con el único objeto de poder identificarlas inequívocamente.

Estas diferencias que nos permiten distinguir a las personas e individualizarlas como decimos nos vienen dadas por la naturaleza en si, pues aunque aparentemente estemos todos hechos con el mismo molde, no somos exactamente iguales a ningún ser que haya existido, exista, o que en un futuro pueda existir, e incluso entre los seres nacidos del mismo óvulo se aprecian diferencias que los hacen únicos.

De esta forma solo bastará con hallar la fórmula necesaria para bautizar a cada individuo, haciendo referencia a sus peculiaridades antropológicas, y así diferenciarlo del resto de los hombres.

Eso es lo que se ha intentado a menudo empíricamente con los apellidos y apodos desde la antigüedad, nombrando a cada individuo según su lugar de nacimiento, trabajo o defecto físico, claro que el nombre no es un signo de la individualidad física de la persona, constituiría como máximo una personalidad jurídica, no una individualidad natural, pues un hombre puede usar cualquier nombre, y un nombre puede ser escogido por varios individuos.

En vista de todo esto debemos buscar, para identificar a las personas, no una denominación civil, sino un título imborrable, una gracia natural, es decir, un nombre antropolÓgico.

Este nombre antropológico viene dado por la naturaleza desde el claustro materno, impuesto por la naturaleza que antes de lanzar a un individuo al mundo lo individualiza de forma que sea único.

¿Cuáles son entonces las características humanas INDESTRUCTIBLES por los accidentes o a voluntad del individuo, PERMANENTES en el transcurso de la vida y parte de la muerte, INCONFUNDIBLES y fácilmente registrables, y absolutamente DIFERENCIABLES de un sujeto a otro?

Lo son sin duda aquellas características de las cuales nos ha dotado la naturaleza, y todas parten de lo mismo, del mapa biológico mezcla de los mapas de nuestros antecesores, de nuestro ADN.

Esta característica individualizadora junto con el transcurso diario de nuestra vida, también único, y que nos dota de aspectos personales y únicos (cicatrices, amputaciones, defectos físicos, etc.) hace que sea imposible nuestra reproducción exacta, debido a que es todo un producto resultante de un proceso aleatorio.

Una ciencia que establece una técnica mediante la cual se nos puede identificar de una forma exacta, cumpliendo con los requisitos de la más severa, exigente y crítica identificación, es la Lofoscopia, que trabaja tanto con la arbitrariedad de la vida diaria de cada persona (en tanto las manos son el instrumento más usado por el hombre y por tanto es donde con mayor facilidad se puede ver reflejada su actividad en el transcurso de su vida) como con la individualización de que nos dota la propia naturaleza, siendo al mismo tiempo económica en relación con otros métodos de identificación, antiquísima por ser uno de los primeros en usarse, y fácil de estudiar al no suponer la reseña dactilar ningún proceso vejatorio para las personas, como norma general.

2.- RESEÑA HISTÓRICA: LA EVOLUCIÓN DE LOS SISTEMAS DE IDENTIFICACIÓN

La necesidad de identificar de forma fehaciente a las personas ha sido una preocupación constante a lo largo de la historia, en especial en los aspectos relacionados a la investigación de delitos. Con objeto de situar la importancia que ha tenido la identificación a lo largo de la historia, haremos aquí una pequeña reseña histórica de las técnicas, ciencias y disciplinas de investigación criminal más utilizadas desde la antigüedad hasta nuestros días, y de aquellos que protagonizaron su desarrollo y facilitaron su implantación, constituyendo los principios en que se basa la actual Criminalística general.

La información reflejada en este capítulo ha sido extraída de varias fuentes, entre las cuales nombramos las más importantes:

- Raúl Cueto Peruyero, “LA IDENTIFICACIÓN LOFOSCÓPICA” Revista ciencia Policial nº 74 (2004) INSTITUTO DE ESTUDIOS DE POLICÍA, SUBDIRECCIÓN GENERAL DEL GABINETE TÉCNICO DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA POLICÍA.

- Francisco Antón Barberá y J. V. de Luis y Turégano “POLICÍA CIENTÍFICA”, Tirant lo blach (1998) Vol. 1. 3ª Ed. Cap,s. II y III.

- Francisco Antón Barberá y J. V. de Luis y Turégano “Manual de Técnica Policial”, 2ª Ed Vol. 1. Tirant lo blach (1998)

2.1.- Marcas personales

En la antigüedad como consecuencia de la preocupación constante por diferenciar y clasificar a las personas, buscando sin duda una forma de marcar a los delincuentes, a las pertenencias, y de poder autentificar los documentos mercantiles, de la propiedad, y los relativos a la legislación que iban estableciendo los líderes de las distintas civilizaciones, van surgiendo en distintos lugares y épocas unas marcas personales, todas con un objetivo común, la identificación.

El primer indicio de estas marcas aparece en la norma que insta a cortarle las orejas a los delincuentes, para que en caso de huida se les reconociera como tales, en la ley del Rey babilónico Ammurabi, hace más de cuarenta siglos.

Los persas marcaban a los criminales cortándoles la nariz y las orejas y en Grecia y la antigua Roma se marcaba a los delincuentes con una señal hecha a hierro candente. Dicha costumbre se extendió por Europa y, de forma especial, por Francia, manteniéndose con alguna interrupción hasta bien entrado el S.XIX. Al principio se marcó el rostro de los reos de ciertos delitos con la flor de “lis”, que era el signo real, posteriormente se cambió la flor de “lis” por una marca en forma de “V” para los ladrones que no eran reincidentes, añadiendo las letras “GAL” (abreviatura de galeras) a los que sí llegaban a serlo, debiendo su origen esta última marca a la circunstancia de ser destinados los reincidentes a cumplir en “galeras” las penas que se les imponían.

En España se señalaba el rostro a los esclavos y en los Estados Pontificios se marcaban los brazos de los ladrones con dos llaves cruzadas en forma de aspa.

En el transcurso de esta interminable lucha surgieron en Europa, ya en el siglo XIX, diferentes intentos de desarrollar un sistema fiable de identificación de personas que permitiera reconocer claramente a los delincuentes, basándose en las diferencias inequívocas que nos hace únicos e irrepetibles. Unas tendrían mayor proyección de futuro que otras, básicamente por tener una base científica más fiable y tratar con características más individualizadoras. Entre ellas, las más importantes son:

2.2.- La antropología

Fue el antropólogo francés Alfonso Bertillón el primero que, de una manera científica y eficaz, consiguió con su “sistema antropométrico” (también conocido como “retrato hablado de Bertillón”), llevar a la práctica la medición, descripción morfológica y reseña de marcas particulares y cicatrices de los hombres, y clasificar debidamente dichas reseñas, identificando así a losreincidentes. Bertillon fue un funcionario de la Prefectura de Policía de París e hijo del presidente de la Sociedad Antropológica de París que promovió la teoría de que las medidas corporales de un delincuente podían usarse no para medir el grado de criminalidad, sino para conseguir una identificación más precisa

El “sistema antropométrico” ideado por Bertillón fue presentado en el año 1879 a la Prefectura de Policía de París quien lo autorizó en el año 1882. Sus ideas fundamentales son:

1.- Fijeza casi absoluta del sistema óseo a partir de la edad de 20 años.

2.- Extrema diversidad de las medidas del esqueleto de un individuo comparado con el de otro.

3.- Facilidad y relativa precisión con que se pueden medir sobre el cuerpo vivo ciertas dimensiones del esqueleto utilizando para ello un compás de muy simple construcción.

Bertillón asoció la fotografía rápidamente a su sistema antropométrico, pero dictando reglas tan oportunas para la obtención de los retratos, que su método fue adoptado con la denominación “fotografía descriptiva, judicial o de filiación”.

Las medidas adoptadas para el señalamiento antropométrico eran:

1.- Medidas de la cabeza (rostro, nariz, pabellón auditivo, etc…).

2.- Extremidades (longitud del pie izquierdo, longitud dedo medio izquierdo, longitud dedo auricular izquierdo y longitud codo antebrazo y mano).

3.- Cuerpo (talla de la persona sentada, abertura de brazos, y talla de la persona de pie).

Asimismo se hacían constar cicatrices y marcas de la persona. Su principal inconveniente era que sólo se podía realizar a personas totalmente desarrolladas y además requería de operadores extremadamente expertos.

2.3.- La lofoscopia

Los datos que provienen de la historia, permiten establecer que la primera disciplina precursora de la Criminalística fue la que en la actualidad se conoce como dactiloscopia. Algunos de los primeros usos prácticos de la investigación mediante las impresiones dactilares son acreditados a los chinos, quienes las aplicaban diariamente en sus negocios y empresas legales, mientras tanto el mundo occidental se encontraba en el período conocido como la edad oscura.

Kia Kung-Yen, historiador chino de la dinastía Tang, en sus escritos del año 650, hizo mención a la identificación mediante las impresiones dactilares, en un comentario sobre un antiguo método en la elaboración de documentos legales. De aquí se deduce que para el año 650 los chinos ya utilizaban las impresiones dactilares en sus tratos comerciales y en ese mismo año, hacían mención al método anterior, que consistía en la utilización de placas de madera con muescas iguales recortadas en los mismos sitios en ambos lados. Se conservaban las partes del contrato con las tablas, e igualando las mismas se podía constatar la autenticidad o falsedad de los contratos de referencia: el significado de muescas era el mismo que la identificación mediante las impresiones dactilares (hua-chi), de la actualidad.

En los pueblos de la antigua Babilonia también eran empleadas las huellas digitales por los reyes, que querían conferir a sus edictos un sello de autenticidad incontestable, y ponían la huella de la mano derecha debajo del texto grabado sobre arcilla, antes de cocerlo. Estos pueblos, como muchos otros de la Antigüedad, sabían que no hay dos manos con huellas idénticas.

Numerosos estudiosos de la anatomía humana dirigieron sus esfuerzos hacia la investigación comparativa de la morfología de los dibujos papilares existentes en la palma de las manos y en la planta de los pies del ser humano.

En 1665, Marcelo Malpighi profesor de anatomía de la Universidad de Bolonia, Italia, ya observaba y estudiaba los relieves papilares de las yemas de los dedos y de las palmas de las manos.

En 1684 apareció en Inglaterra una de las primeras publicaciones en Europa acerca del estudio de las impresiones dactilares, realizado por el Doctor Nehemiah Grew, perteneciente al colegio de físicas y cirujanos de la Real Sociedad de Londres.

En 1686, nuevamente Malpighi hacía tan valiosas aportaciones al estudio de las impresiones dactilares que una de las partes de la piel humana lleva el nombre de capa de Malpighi

Un sobresaliente acontecimiento en la historia de la dactiloscopia, lo marcó un tratado publicado en 1823, por el checo Jan Evangelista Purkinje, fundador de la fisiología experimental, quien presentó el ensayo en el que estudiaba las glándulas sudoríparas como su tesis para obtener el grado de Doctor en Medicina en la Universidad de Breslau. En ese escrito, Purkinje describió los tipos de las huellas dactilares de los dedos y las clasificó en nueve grupos principales, percatándose de que no hay dos personas en las que el dibujo de las crestas y los surcos de la piel sean idénticos.

En ese momento, y no antes, la ciencia consagra de modo oficial el carácter específico e individual de las huellas digitales.

La descripción de los relieves triangulares (deltas) de los dibujos papilares de los dedos fue realizada en 1823 por Huschk.

Aunque ninguno de los trabajos que hemos enumerado fue hecho con fines meramente identificativos, lo cierto es que sirvieron de base a ulteriores estudios, tanto anatómicos como antropométricos e identificativos.

La primera aplicación oficial debidamente documentada en la que se utilizan las crestas papilares con fines identificativos, data del año 1858 cuando William Herchel, funcionario del Servicio civil de la India, lo aplica a la identificación de indígenas analfabetos en asuntos de índole civil, y a los delincuentes reincidentes.

Herchel descubrió la perennidad e inmutabilidad del dibujo digital sirviéndose de dos impresiones de su dedo índice tomadas con 28 años de diferencia.

En 1888 Francisco de Latzina le asignaba el nombre de dactiloscopia al antiguo sistema icnofalangométrico y el inglés Henri Faulds en Tokio hacia valiosas contribuciones en relación a la dactiloscopia, como precisar los tipos arco, presilla y verticilo en los dibujos papilares de yemas de los dedos.

Ese mismo año el antropólogo inglés Francis Galton, sirviéndose de los trabajos realizados por Herchel en la India, publicó sus estudios sobre los dibujos papilares y dio un paso más: ideó un sistema de clasificación de los dibujos papilares aislados. Además confirmó de una manera científica lo que dicho funcionario había observado sobre la perennidad e inmutabilidad de las crestas papilares y llegó a precisar que éstas aparecen formadas desdeel sexto mes de la vida intrauterina.

Aunque la clasificación propuesta por Galton no prosperó debido a su enorme complejidad, suyo es, sin embargo, el modelo de subformulación que propuso para los monodeltos, y en su honor la línea delto-central de conteo de crestas lleva el nombre de línea de 13alton o galtoniana.

Ante la complejidad del sistema de clasificación ideado por Galton, pero siendo consciente de su innegable fiabilidad en el proceso de identificación de personas, Henry ideó un nuevo sistema de clasificación dactilar que puso en práctica en la India. El nuevo sistema resolvía las dificultades para las que Galton no había hallado solución. Fue adoptado en Inglaterra en 1901 y poco después en la mayor parte de sus colonias de África y Oceanía, así como también en Irlanda, Dinamarca, Suecia, Canadá y algunos Estados de los Estados Unidos de América. Derivaciones de este sistema se aplican en Portugal, Holanda, Alemania, Austria, etc.

Juan VUCETICH, ciudadano argentino de origen dálmata, siendo Jefe de Estadística de la Policía de La Plata, en agosto de 1891, introdujo en Argentina los estudios de Galton, ideando para ello un sistema de clasificación más sencillo que usaba tanto la antropometría como las huellas digitales de ambas manos creando así la ficha decadactilar.

El sistema Vucetich fue adoptado en diversas naciones americanas y en Egipto y filiales del sistema de clasificación ideado por Vucetich, aunque con sus propias peculiaridades, son el sistema francés, el noruego, el italiano y el español.

Dactilónomo, creado por Vucetich para enseñar la dactiloscopia en el mundo, este aparato representa la ficha dactiloscópica con las diez impresiones, construido en 1899 para la difusión del sistema y poder probar su simplicidad y gran cantidad de combinaciones que se podían obtener con los dibujos digitales, 1024 series (mano derecha) por 1024 secciones (mano Izquierda) es decir un total de 1.048.576 combinaciones posibles.

A partir de 1890, los ingleses elaboran un sistema comparable, conocido con el nombre de GaltonHenry, que Scotland Yard aplica en junio de 1900. Tres años después, Alphonse Bertillón, fundador de la antropometría criminal francesa, utiliza la dactiloscopia. En la actualidad su empleo sigue siendo habitual en todos los servicios de identidad judicial del mundo.

En España la lofoscopia se introduce en el año 1911 de la mano del Catedrático de Anatomía, Académico de la de Medicina, Inspector Técnico del Servicio de Identificación Judicial y Profesor de Identificación en las Escuelas de Criminología y Policía de Madrid, doctor D. Federico OLORIZ AGUILERA, el cual realizó un profundo estudio descriptivo del dibujo papilar al que calificó de “embrión del retrato hablado de la yema del dedo”. Oloriz ideó su propio sistema de clasificación dactilar, adaptando a nuestro país el que había desarrollado en Argentina Juan Vucetich.

2.4.- Otras ciencias y disciplinas precursoras de la Criminalística

En 1575 surge la Medicina Legal, iniciada por el francés Ambrosio Pare, y continuada por Paolo Sacchias en 1651.

En 1753, otro ilustre estudioso y precursor, el doctor Boncher, realizó estudios sobre balística, disciplina que a la postre se llamaría balística forense.

En 1840, el italiano Orfila creó la Toxicología, y Ogier la continuaba en 1872 ciencia que auxilia los jueces a esclarecer ciertos tipos de delitos, en donde los venenos eran usados con mucha frecuencia.

En 1829 N. Niepce y Jacques Daguerre, experimentaron con la fotografía; estas investigaciones fueron continuadas por Fox Talbot y posteriormente por el estadounidense Jorge Eastman, quien en 1884 patentó el rollo fotográfico y en 1888, la primera cámara de rollo de la marca Kodak.

En 1866, Allan Pinkerton ya había puesto en práctica la fotografía criminal para reconocer a los delincuentes, disciplina que posteriormente sería llamada fotografía judicial y actualmente se le conoce como fotografía forense.

En 1882 Alfonso Bertillón, como se indicó anteriormente, creaba en París el Servicio de Identificación Judicial en donde se ensayaba su método Antropométrico dado a conocer en 1885 y adoptado oficialmente en 1888, como otra de las disciplinas que se incorporarían a la Criminalística general. En esa época Bertillón, publicaba una tesis sobre el retrato hablado (portrait parle), otra de las disciplinas precursoras de la Criminalística constituida a partir de la distinción minuciosa de ciertos caracteres cromáticos y morfológicos del individuo.

Emile Villebrum ideó en 1888, un método para identificación personal a través de las uñas.

Frigorio propuso la identificación por medio de la otometría, teniendo en cuenta las medidas y forma de la oreja.

El italiano Luis Alfonso inventó en 1896 el craneógrafo.

El alemán Mauricio Morciolle presentó en 1891 al Laboratorio Legal de Lyon un método de investigación a partir de los dientes; posteriormente incluyó la radiografía de las falanges de los pies y las manos, obteniendo así medidas más exactas que las definidas por Bertillón.

En 1903 Capdeville propuso la identificación a partir de la forma de las córneas. A estos métodos siguieron otros menos efectivos como la clasificación a través de las cicatrices del ombligo o las ramificaciones venosas.

2.5.- Origen de la Criminalística

Lo anterior permite establecer que las investigaciones policíacas se empezaban a guiar científicamente, pero con un porcentaje considerable de empirismo, donde se usaba la intuición y el sentido común y, lógicamente, no se obtenía resultados muy satisfactorios. Pero todas estas investigaciones y pesquisas empíricas, adquirieron un nombre propio cuando el más ilustre y distinguido criminalista de todos los tiempos, el Doctor en derecho Hanns Gross, las denominó conjuntamente como Criminalística, en Graz, Austria.

El Doctor Hanns Gross nació en Graz Austria en 1847, fue juez de Instrucción en Stejermark y Profesor en Derecho Penal en la Universidad de Graz, y por primera vez fue quien se refirió a los métodos de investigación criminal como Criminalística. La elaboración del Manual del Juez, le tomo veinte años de experiencia e intensos trabajos, en donde hizo orientaciones que debe reconocer la instrucción de una averiguación para aplicación de la técnica del interrogatorio, el levantamiento de planos y diagramas, utilización de los peritos, la interpretación de escrituras, conocimiento de los medios de comunicación entre los participantes de un mismo delito par el reconocimiento de las lesiones, etcétera, siendo en general un manual útil para los jueces en el esclarecimiento de cualquier caso penal.

Él mismo, en 1892, daba a conocer mediante su obra: Manual del Juez, todos los Sistemas de Criminalística.

Del contenido científico del Manual del Juez, se desprende que el Doctor Hanns Gross, en su época, constituyó a la Criminalística con las siguientes materias: Antropometría, Argot Criminal, Contabilidad, Criptografía, Dibujo Forense, Documentoscopia, Explosivos, Fotografía, Grafología, Hechos de Transito Ferroviario, Hematología, Incendios, Medicina Legal, Química Legal e Interrogatorio.

CAPÍTULO II: LA BÚSQUEDA DEL INDICIO

1.- INTRODUCCIÓN

1.1- El indicio

Es conveniente mencionar primero que "indicio" proviene del latín indicium, y significa signo aparente y probable de que existe alguna cosa y a su vez es sinónimo de seña, muestra o indicación, según el diccionario. Es de primordial importancia aclarar que la palabra "indicio” ha sido integrada desde tiempo atrás para el orden principalmente penal, pero en el orden técnico de la investigación Criminalística se le conoce como evidencia física, evidencia material o material sensible significativo, pero para comprensión de todos se usa aquí la terminología consagrada de "indicio" e indistintamente se mencionan las otras terminologías que también son permitidas en la investigación criminal.

Desde el punto de vista criminalístico, se entiende por material o indicio todo objeto, instrumento, huella, marca, rastro, señal o vestigio que se usa y se produce respectivamente en la comisión de un hecho.

Define Julio Nieto Alonso (Julio Nieto Alonso, “Apuntes de Criminalística” Editorial Tecnos Madrid 2002 página 19) el indicio como “aquella circunstancia de la que se induce otra que nos lleva a obtener la prueba” o como la “acción o señal que da a conocer lo oculto”; o bien como “todo hecho conocido que demuestra la existencia de otro desconocido”

Es decir, es toda evidencia física que tiene estrecha relación con la comisión de un hecho presuntamente delictuoso, cuyo examen o estudio da las bases científicas para encaminar con buenos principios toda investigación, y lograr fundamentalmente:

a) la identificación del o los autores,

b) las pruebas de la comisión del hecho, y

c) la reconstrucción del mecanismo del hecho.

Con base en la experiencia y aplicando los métodos inductivo y deductivo, así como las técnicas adecuadas, se podrá hacer hablar a los "indicios". Se debe recordar la famosa sentencia del doctor Edmond Locard (Manual de policía científica, JEAN GAYET, 1962) y sentir la profundidad científica de su mensaje: “Los indicios son testigos mudos que no mienten”.

Debe recordarse que no hay delincuente que a su paso por el lugar de los hechos no deje tras de sí alguna huella aprovechable, y cuando no se recogen evidencias útiles en la investigación, la verdad es que no se ha sabido buscarlas, pues en virtud del principio de Intercambio de Indicios, casi siempre se manifiesta un intercambio de indicios entre el autor, la víctima y el lugar de los hechos.

La indiciología, sin pretender mencionar un barbarismo, es la columna vertebral de la Criminalística donde se plasman las tareas profesionales de esta ciencia en estudio y de donde se va a lograr el máximo provecho para obtener datos únicos y científicos de vital importancia en las investigaciones criminales.

1.2- Origen de los Indicios

Las evidencias físicas o indicios, proceden primordialmente de las siguientes fuentes (Julio Nieto Alonso, Apuntes de Criminalística 1998 página 19):

a) del lugar de los hechos,

b) de la víctima, y

c) del presunto responsable o autor y sus ambientes.

Todos ellos son de imperativa utilidad en la investigación de los delitos, existiendo varias clasificaciones: atendiendo a su naturaleza física (determinantes e indeterminantes), atendiendo a su relación con el hecho (asociativos y no asociativos), atendiendo al momento de su comisión en relación al hecho, según se hayan producido con anterioridad, al mismo tiempo o con posterioridad (antecedentes, concomitantes o consecuentes) así como atendiendo a su naturaleza (orgánicos, e inorgánicos o materiales).

Los indicios determinantes son aquellos cuya naturaleza física no requiere de un análisis completo de su composición y estructuración para su identificación, sino sólo de un examen cuidadoso a simple vista o con auxilio de lentes de aumento, como lupas o estereoscopios y guardan relación directa con el objeto o persona que los produjo, permitiendo conocer y determinar su forma y naturaleza, por ejemplo huellas dactilares, escrituras, armas de fuego, armas blancas, casquillos, balas, etc.

Los indicios Indeterminantes son aquellos cuya naturaleza física requiere de un análisis completo a efecto de conocer su composición o estructura, ya que macroscópicamente no se podría definirlos y generalmente consisten en substancias naturales o de composición química, como sedimentos en vasos o recipientes, pastillas desconocidas con o sin envoltura, productos medicamentosos sueltos, manchas o huellas supuestamente de sangre, semen, orina o vómito, etc.

Los indicios, una vez seleccionados en el lugar de los hechos, los subdividimos en: asociativos y no asociativos. Los primeros están estrechamente relacionados con el hecho que se investiga, y los segundos, como su nombre lo indica, se aprecian en el lugar de los hechos, pero no tienen ninguna relación con el hecho que se investiga.

Por otra parte, a través de la experiencia que adquiera el criminalista, reunirá conocimientos suficientes para saber identificar las evidencias físicas propias de cada uno de los hechos en sus diversas modalidades, fundamentalmente las que se utilizan y producen ante facto, in facto y post factum.

Las evidencias materiales relacionadas con un hecho, siempre deben ser suministradas como elementos de prueba por los funcionarios autorizados, y debe tenerse cuidado de que dichos indicios queden registrados específicamente en las diligencias, con objeto de evitar su manejo inadecuado.

La Criminalística inicia las investigaciones preliminares de manera general hasta llegar a lo objetivo y significativo del pequeño detalle, razón suficiente para que en la búsqueda de indicios que en algunos casos resultan pequeños e insignificantes, se requiera de personal preparado científicamente, experimentado y con vocación sincera.

2.- LA HUELLA LOFOSCÓPICA EN LA INSPECCIÓN OCULAR

2.1.- La Inspección Ocular

El acto de reconocimiento del lugar del suceso, misión atribuida desde antiguo a los jueces, auxiliados posteriormente por los médicos legistas, es el antecesor de la inspección ocular técnico-policial. La primera vez que se nombra la inspección ocular fue por Alfonso X el Sabio en el libro de Las Siete Partidas del (s. XIII). Más tarde, en el año 1643, en el tratado “El Juez Criminalística”, del juez Antonio María COSPI, alude a la conveniencia de presentarse el juez en la escena del crimen, así como de tomar declaración al sospechoso y testigos lo antes posible. (Antonio Cantero Álvarez, La inspección ocular en la Guardia Civil para el siglo XXI, 2005)

En la Ley de Enjuiciamiento Criminal, Capítulo I, Título V, Libro II, artículos 326 a 333, se describe la inspección ocular como un acto de comprobación personal, practicado con el objeto de recoger los vestigios o elementos materiales de la perpetración del hecho punible y efectuar una descripción del paraje y de los objetos relacionados con la existencia y naturaleza del hecho.

Cuanto mayor es la complejidad y número de hechos delictivos menos posibilidades tiene el juez de poder ejercer todas y cada una de las complejas operaciones técnicas especializadas, por ello delega actualmente, en la Policía Judicial parte de sus primitivas funciones. En Ley de Enjuiciamiento Criminal, artículo 328, se prevé que “Si se tratare de un robo o de cualquier otro delito cometido con fractura, escalamiento o violencia, el Juez instructor deberá los vestigios que haya dejado, y consultará el parecer de peritos sobre la manera, instrumentos, medios o tiempo de la ejecución del delito.”

Todo delincuente comete errores, pérdidas de atención, que suponen que éste dejará indicios. Ésta es la motivación de la inspección ocular.

Define la inspección ocular Julio Nieto Alonso como “el conjunto de actuaciones que funcionarios policiales especializados realizan en el lugar de los hechos, con aplicación de métodos científico-técnicos, a fin de apreciar y recoger indicios y pruebas (hechos, circunstancias, efectos, instrumentos, huellas, etc.) que permitan el esclarecimiento de lo sucedido, la identificación del autor y la demostración de su culpabilidad”. (Julio Nieto Alonso, “Apuntes de Criminalística” Editorial Tecnos Madrid 2002 página 53)

Otra definición de la Inspección Ocular Técnico Policial es la que nos da Peña Torrea: “conjunto de observaciones (ver no es observar), comprobaciones y operaciones técnico policiales que se realizan en el lugar del hecho a efectos de su investigación para comprobar la realidad del delito ( puede ser que estemos ante la simulación de un delito para encubrir otro), para la averiguación del móvil o interés que determina que uno o varios individuos cometan un delito (es lo más importante en la Inspección ocular, pues una vez que se averigua el móvil es relativamente más fácil seguir averiguando aspectos), para la identificación del autor o autores (puede ocurrir que identifiquemos a los autores pero que falte demostrar su culpabilidad), para aportar pruebas (sin manipulación, siguiendo las normas sobre la cadena de custodia de pruebas), y para demostrar su culpabilidad y circunstancias que han concurrido (generalmente mediante informes periciales). (Francisco Antón Barberá y J. V. de Luis y Turégano “Manual de Técnica Policial”, 2ª Ed Vol. 1. Tirant lo blach (1998) Pág. 27)

Los principios fundamentales de la inspección ocular son:

a) su criterio de demostración,

b) la obligatoriedad de su práctica, siempre se hará una IO cuando se cometa un delito,

c) la prontitud en la realización y el aseguramiento del lugar del hecho criminal para evitar la pérdida de indicios, aunque habrá que compaginar la rapidez con las medidas de precaución,

d) la objetividad, la información obtenida del lugar del hecho es inicialmente un indicio, y una vez haya sido analizada puede, o no, constituir una prueba,

e) la importancia de todo detalle, el examen del lugar, de los objetos, y de la víctima debe ser exhaustivo, sin perder detalle,

f) y la exactitud y precisión en documentos, hay que dejar constancia de todo, descendiendo a la minuciosidad.

Los factores que pueden condicionar la Inspección Ocular son:

1.- Duración, no hay plazos establecidos. Sólo puede afectar a la visibilidad.

2.- Visibilidad, puede afectar la falta de luz por ejemplo.

3.- Celeridad, por razones de urgencia, lluvia, etc.

4.- Previsión, operativa y logística (material necesario).

5.- Capacidad de respuesta, afrontar la IO en el menor tiempo posible.

6.- Adaptación a lugar y al tipo de delito que se nos presente.

Por otra parte, el maestro LOCARD nos enseña que observar no es mirar despreocupadamente y tomar nota de lo que llama la atención, sino que es “proceder a una investigación metódica siguiendo un plan determinado, e igualmente, describir con todo detalle aquello que pueda servir para resolver el problema criminal.” (Francisco Antón Barberá y J. V. de Luis y Turégano “POLICÍA CIENTÍFICA”, Tirant lo blach (1998) Vol. 2. 3ª Ed Pág. 736)

En la inspección ocular una de las actividades fundamentales es la recogida de muestras en la escena del crimen, pero como es lógico en la mayoría de los casos las muestras no se encuentran a simple vista, teniendo por tanto que buscarlas y localizarlas, pero aunque el simple análisis y reconocimiento del lugar de los hechos aportará con seguridad una parte importante de los indicios y pruebas presentes en dicho lugar, es de obligatorio cumplimiento el desarrollar procedimientos minuciosos, técnicos y lógicos para poder obtener el mayor número posible de pruebas, indicios y muestras, que nos permitirán sacar el mayor provecho posible a la inspección ocular y evitar que ninguna prueba quede perdida en la escena del crimen, pues las más importantes es probable que no se hallen a la vista, y normalmente la inspección ocular será irrepetible.

Asimismo se debe tener en cuenta que, mientras hay determinados indicios que se ven a simple vista o con un examen minucioso del lugar como se indicó más arriba, hay otros que deben ser localizados mediante técnicas o material especial, o que se debe intuir su existencia y remitir los objetos, en los que se cree su existencia, al laboratorio para la búsqueda con métodos más complejos (como se indicará en próximos capítulos) surgiendo así grandes dificultades para evitar dejar en la escena alguna evidencia; con la ventaja de que lo que no apreciamos a simple vista tampoco fue detectado por el delincuente al tratar de ocultar los elementos que le pudieran inculpar, y por lo tanto suelen ser los más importantes para la investigación ( Ej.: huellas latentes).

Las áreas de importancia en la exploración del escenario del delito, pueden resumirse de la siguiente manera: recolección de la evidencia física, reconstrucción del hecho, identificación y eslabonamiento del sujeto con el escenario del suceso y establecimiento de la causa probable de detención.

Básicamente existen tres alternativas para el esclarecimiento de un hecho: confesión del sujeto, declaraciones de una víctima o testigo, y la información obtenida a través de la evidencia física. Rara vez existirá confesión por lo que a parte de las posibles manifestaciones de testigos (los cuales pueden ser o no dignos de confianza, dependiendo de la persona que ha presenciado el delito y las condiciones físicas que rodearon su visión) solo nos quedará la evidencia física, que nos proporcionará vestigios llamados testigos silenciosos o mudos que nos proveerán de realidades o hechos imparciales y, utilizados con eficacia, nos ayudarán a superar afirmaciones conflictivas y confusas ofrecidas por testigos que observaron el hecho y que pudieran tener diferentes versiones de los hechos.

El suministro potencial que brinda la evidencia física guarda directa relación con la actitud de los encargados de obtenerla. La actitud más benéfica y constructiva es aquella que enfatiza que su detección siempre será lograda cuando el tiempo y el esfuerzo sean utilizados de una manera metódica. Nada estará excluido de consideración y la búsqueda continuará hasta que se esté totalmente seguro de que todas las posibilidades han sido exploradas.

Como dicen los maestros de la Criminalística; el sitio del suceso habla, y el lugar del crimen nos entregará siempre información determinante. La conexión entre el imputado y el hecho criminal es uno de los factores que más ha avanzado en los últimos tiempos y que se hace cada vez más evidente.

2.2.- Tipos de huellas lofoscópicas en el lugar de los hechos

En la inspección ocular, como se ha venido diciendo, se aprecian y recogen todos los indicios y pruebas que aparezcan en el lugar de los hechos, y entre todos los indicios que nos podemos encontrar en el escenario del hecho delictivo destacan las huellas lofoscópicas, la importancia de éstas radica en la información que puedan aportar, sobre todo en lo relativo a la posibilidad de identificación indubitada de las personas que han estado en el escenario del hecho delictivo.

El valor de la huella lofoscópica hallada en el lugar del crimen es tanto “absoluto” en cuanto demuestra la presencia física de un individuo en ese lugar, como “relativo”, pues no implica necesariamente que esa persona sea el autor del delito, sino que tocó o cogió tal objeto o superficie. (Francisco Antón Barberá y J. V. de Luis y Turégano “Policía Científica”, Tirant lo blach (1998) Vol. 1. 3ª Ed Pág. 594)

En cuanto a las aportaciones de la huella lofoscópica, toda huella aporta a la investigación un elemento “identificativo”, indica de quién es la huella, es decir, señala la pertenencia a un determinado individuo, puesto que las huellas lofoscópicas descubiertas en el lugar del delito constituyen una prueba fehaciente respecto a la identidad de su autor –autor de la huella- que generalmente coincide con el autor del delito, y también aportan un elemento “reconstructivo” a la investigación, el cual nos indica los lugares tocados o por donde estuvo el delincuente –ruta seguida-, así como los objetos y efectos que ha manipulado y la forma con que lo hizo.

Las huellas de crestas papilares se producen mediante el contacto de la cara anterior de la mano del hombre o la planta del pie con cualquiera de las múltiples cosas, enseres u objetos que presenten espacios adecuados para admitirlas y conservarlas.

Cabe aquí mencionar que las huellas lofoscópicas se pueden dividir por su zona de procedencia en dactilares (yema de los dedos), quiroscópicas o palmares (palma de las manos) y pelmatoscópicas o plantares (planta de los pies), por extensión y por ser las más usuales trataremos indistintamente todas como huellas dactilares, teniendo en cuenta que lo que es aplicable a éstas lo es a toda huella lofoscópica.

Condición indispensable para quedar marcadas las líneas papilares sobre las superficies es que éstas sean aptas para acoger los dibujos, pero no es este requisito el único necesario pues, además, es necesario para que el dibujo se copie y resulte señalado sobre el soporte, el que las crestas reúnan algunas de estas características (Barberá y Turégano “POLICÍA CIENTÍFICA”, 1998):

a) Suficientemente impregnadas de sudor y materia sebácea, para que estos depósitos se adhieran al soporte.

b) Deben encontrarse manchadas de cualquier materia susceptible de quedar depositada sobre el plano con el cual entre en contacto.

c) Sin estar pringadas las crestas papilares con sustancia alguna se haga presión con ellas sobre soportes blandos, de forma que por efecto de esta compresión queden los dibujos reimpresos en la extensión tocada.

Además, para que la huella reproduzca fielmente el dibujo de las crestas papilares, recordar que el espacio sobre el cual asiente debe congregar las siguientes propiedades:

- LISA. La extensión no presentará rugosidades, pues dan lugar a deformidades en el dibujo.

- LIMPIA. La suciedad (polvo, herrumbre, etc.) es la causa por la cual es el reactivo se mezcla con ella, perdiendo adherencia.

- PULIMENTADA. Si el área es porosa, absorbe las sustancia depositadas por los poros de las crestas, imposibilitando la formación de la huella.

- SUFICIENTE. En el supuesto en el cual el soporte fuese tan pequeño que impidiera contener una huella, sólo podríamos disponer, en el mejor de los casos, de un fragmento, cuyo estudio presentaría grandes dificultades.

Los planos más idóneos para contener huellas dactilares, por reunir en grado máximo los cuatro atributos citados, son los cristales y por lo tanto todos los objetos de él derivados.

Considerando lo expuesto, las huellas dactilares que descubrimos en los lugares donde se hayan cometido delitos se dividen en dos clases: INVISIBLES Y VISIBLES. (Barberá y Turégano “POLICÍA CIENTÍFICA”, 1998)

HUELLAS INVISIBLES. También denominadas huellas latentes, se denominan así por su condición de no ser normalmente apreciables a la vista y deben su origen a excreciones cutáneas tan importantes como el sudor y la materia sebácea.

Las impresiones latentes son invisibles o difícilmente visibles a la luz directa; encontrándose principalmente sobre objetos lisos, como vidrios espejos, vasos, botellas, porcelana, loza, muebles de madera pulimentada y charolada, papel, y cartones. Algunas veces, en determinados soportes, particularmente sobre el vidrio y el cristal, aparecen ligeramente apreciables a simple vista; pero, no obstante, por su procedencia se estiman como invisibles o latentes, toda vez que para su análisis y reconstrucción es indispensable tratarlas con reactivos adecuados que las pongan de manifiesto y en condiciones aptas para su estudio identificativo.

HUELLAS VISIBLES. Aquellas que se ofrecen marcadas a la vista en mayor o menor grado, no precisando para su examen tratarlas con reactivos reveladores que las destaquen. Se distinguen, por consiguiente, en que su producción no interviene el sudor ni la matera sebácea; y se subclasifican en:

1.- Huellas por adición o huellas estampadas

Producidas al tocar las crestas papilares, previamente manchadas o ensuciadas con alguna sustancia (sangre, pintura, grasa, tinta…), una superficie apta, en donde quede depositada parte de la sustancia.

Según Jean Gayet, profesar de la Escueta Nacional Superior de Policía, Jefe de la Sección de Criminalística del Laboratorio de Policía Científica de Lyon, en su Manual de policía científica: “estas no son siempre perfectamente legibles. Algunas parecen más bien borrones en que no se distingue ningún elemento identificador, ninguna cresta. Aunque el dedo no se haya deslizado en el momento de su aplicación, la huella no es necesariamente descifrable: un exceso de colorante en la superficie del pulpejo puede cubrir indistintamente las crestas papilares y los surcos, y dejar manchas informes. La aplicación reiterada del dedo elimina el exceso de colorante y pone de manifiesto los dibujos digitales, pero las crestas, que son las primeras en perder el colorante, no quedan marcadas, y la huella obtenida representa los surcos. Nos hallamos, en este caso, en presencia de una huella negativa o paradójica.

Si, por el contrario, la sustancia que mancha el dedo se encuentra en cantidad adecuada o relativamente débil, la huella obtenida es normal o positiva y representa, efectivamente, el dibujo de las crestas papilares.

No es excepcional encontrar en los cuerpos del delito una huella en parte normal y en parte paradójica.

En resumen: un dedo insuficientemente manchado no puede dejar una huella distinta, y, si lo está en exceso, produce una serie de borrones deformes antes de proporcionar un dibujo descifrable. Las huellas coloreadas utilizables se encuentran, pues, muy raras veces.”

2.- Huellas por sustracción

Originadas como consecuencia de llevarse, por contacto, las crestas papilares una ligerísima cantidad de la materia que mancha una superficie (polvo, sangre, barniz, pintura, grasa…), quedando después un relieve coincidente con el dactilograma pero invertido (las crestas papilares forman surcos en la superficie tocada). En la mancha se reproduce el dibujo de las crestas sustractoras en forma de surcos, invirtiendo la realidad del lofograma. Las zonas elevadas de las manchas corresponden a los surcos interpapilares y las zonas hundidas a las crestas papilares.

3.- Huellas moldeadas

Deben su formación a la presión de las crestas papilares sobre cualquier textura blanda (masilla, plastilina, cera, materias plásticas no endurecidas…) o sobre aquellas materias que se hallen próximas al punto de fusión, reproduciendo el dibujo papilar.

4.- Huellas en polvo

Estas huellas no necesitan, como las latentes, superficies lisas tersas y pulimentadas, de aquí esta especial mención aunque entren dentro de más de una de las clasificaciones ya citadas. Añadiremos que se dan en superficies rugosas y sin pulimento alguno.

SANTAMARÍA atiende a la modalidad de “positivas” y “negativas” (según sean por adición o sustracción respectivamente), teniendo igualmente en cuenta “la colocación del polvo y la tonalidad cromática del soporte”. (Barberá y Turégano “POLICÍA CIENTÍFICA”, 1998)

a) Huellas Negativas. Producidas “en superficies empolvadas” en la que al posar sobre ellas el dedo, palma o planta, la cresta papilar se lleva adherido el polvo y queda reproducida por inversión. La línea resultante en polvo del dibujo papilar corresponde al surco, los puntos característicos que aparecen en esta fase se transforman en otros de naturaleza distinta: la abrupta se ofrece como bifurcación o convergencia, según su dirección, el ojal, como fragmento o como punto, según su tamaño; estos en ojal, etc.

b) Huellas Positivas. Producidas “con el polvo”; en esta fase queda reproducida la imagen de la cresta positivamente, las líneas que se observan corresponden a las crestas, es el dactilograma artificial involuntariamente reproducido y una consecuencia de la huella negativa, donde el soporte empolvado hace de plancha-tintero y al posar sobre él la superficie papilar de la mano o del pie; ésta, por adherencia de la cresta, recibe el polvo; seguidamente, al tocar con las crestas impregnadas otra superficie limpia y de color que contraste con aquél, se produce la huella positiva.

La gran mayoría de huellas pertenecen al grupo de las INVISIBLES o LATENTES. Estas se hacen visibles mediante el uso de una serie de reactivos, llamados reveladores, cuyo tipo y modo de aplicación depende fundamentalmente de las características del soporte que contenga la huella, y cuya aplicación será tratada en el capítulo siguiente.

Asimismo, no debemos olvidar que la huella no va a permanecer de forma permanente en la superficie, dependiendo su permanencia en el tiempo de: las condiciones medioambientales, las características de la superficie y las peculiaridades de la propia persona

Por último, pretender detallar donde encontrar huellas de los delincuentes resulta tarea poco menos que imposible, por lo cual, trataremos aquí de recoger unas directrices generales de donde buscar y como hacerlo, no pretendiendo innovar, sino más bien recopilar los mejores métodos, y reflejar las posibilidades acerca de su uso en cada caso, quedará reservado a la perspicacia del investigador la elección del método y su aplicación en el sitio más apropiado, según las circunstancias.

Como regla general, habrá que buscar siempre sobre cualquier cosa que se sospeche que ha podido ser tocada o desplazada por el delincuente.

2.3.-La búsqueda del rastro dactiloscópico

El proceso de búsqueda de huellas es fundamental, el hallazgo de una huella en buen estado asegura una parte del éxito de la investigación; además como norma general siempre se dejan huellas, el autor del hecho delictivo tomará un gran número de precauciones pero debido a la tensión a la que está sometido casi siempre cometerá un error, y el dejar una huella constituye el error más frecuente. Por otra parte es raro que lleven guantes, porque no teniendo el hábito de su uso les molesta cuando es preciso trabajar en lugares oscuros, cuya disposición desconocen. Además, los guantes no son un obstáculo para la formación de la huella, habiéndose identificado a personas, no obstante haber llevado guantes, además, en no pocas ocasiones el delincuente se deshace del guante en un lugar cercano y del interior del mismo se pueden extraer sus huellas.

Las huellas de guantes o más propiamente dicho con manos enguantadas tienen en común con las huellas de crestas papilares que aparecen en estado latente que son susceptibles de quedar en soportes de las condiciones exigidas para aquellas, requieren idéntico procedimiento de revelado y son dejadas involuntariamente en circunstancias de manipulación.

Quedan en estado latente. La epidermis tiene esta propiedad en virtud de la secreción cutánea. Con el uso esta misma secreción, se va depositando en el guante, sobre todo en su cara palmar, al ser tocado con superficie epidérmica humana en los momentos de enguantarse o desenguantarse las manos, en su contacto con el pelo u otras partes de la piel, en infinidad de lugares y circunstancias.

Esta propiedad de producirse en estado latente, de por sí sola, tendría escaso valor si se tratara de una superficie lisa, uniforme; si no proporcionara elementos para distinguir una piel de otra o aun de una misma piel, porciones diferentes.

Son diversiformes. Las diversas clases de pieles empleadas más frecuentemente en la fabricación de guantes presentan características especiales propias de cada grupo y todas ellas en su cara externa, con excepción de la gamuza, una serie de prominencias de distintas formas y tamaños limitadas por pequeños canales que se entrecruzan formando variadísimos dibujos. A esos elementos naturales se le añaden otros artificiales o adquiridos, también permanentes, de gran valor individualizador que toma el guante con el uso (pliegues o arrugas de forma, dirección, tamaño y localización diverso; incluso cortes o quemaduras que ocasionan cicatrices).

Pueden revelarse. Con los reactivos al uso (carbonato de plomo...). para obtener cotejos de las impresiones de guantes, posar unos segundos los dedos de los guantes sospechosos sobre una superficie adecuada, cualquiera de las variedades de cristal, metal muy pulimentado, niquelado mejor, o superficie análoga, NO RODAR. Hacer una ligera presión y revelar en igual forma que se tratan de ordinario las huellas latentes.

A pesar de tal afirmación, no siempre es posible encontrar huellas con valor identificativo, pues aunque la publicidad dada por los medios de comunicación a las huellas digitales, nos induzca a pensar que su obtención es tan trivial y simple que sin medios y competencia técnica puede realizarse fácilmente, nada resulta más erróneo y alejado de la realidad. La sencillez del reconocimiento dactiloscópico es simplemente teórica, pues para llevarlo a cabo con éxito es necesario el estudio técnico preciso y muchísima experiencia.

En definitiva, la norma más importante a seguir para toda localización, es la del sentido común y de la lógica, basta con imaginarse el proceso del delito para saber dónde buscar y donde localizar cada tipo de muestra. En la mayoría de los casos bastará con esto para tener éxito, aunque siempre es necesario y útil recurrir a técnicas más específicas, como los diferentes tipos de iluminación, para obtener todas las evidencias necesarias.

Además, en otras ocasiones nos será imposible localizar determinadas evidencias teniendo que realizar “tomas ciegas” para obtenerlas, teniendo de nuevo que recurrir a la lógica para adivinar sus posibles ubicaciones.

Será imprescindible, por tanto, según F. Barberá y J. V. de Luis y Turégano “ajustarnos a un orden lógico y racional, cuya metodología puede ser la de actuaciones preliminares, reconocimiento general del lugar del suceso, reconstrucción teórica del caso, reportaje fotográfico, levantamiento de planos, recogida y transporte de objetos y efectos, identificación necroscópica y redacción del acta y del informe de la inspección ocular realizada”.

A) Primeras actuaciones

En el manual de Policía Judicial del Cuerpo, punto 4.7.4, se establece:


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