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Excerpt for Amor incondicional. Cómo abrir tu corazón a la energía positiva by , available in its entirety at Smashwords

Amor incondicional

Cómo abrir tu corazón a la energía positiva

Laura Patricia Hernández

Editorial Lectorum

Edición Smashwords

Amor incondicional

Cómo abrir tu corazón a la energía positiva

Amor incondicional © Laura Patricia Hernández

D. R. © Editorial Lectorum, S. A. de C. V., 2018

Batalla de Casa Blanca Manzana 147-A, Lote 1621

Col. Leyes de Reforma, 3a. Sección

C.P. 09310, Ciudad de México Tel. 5581 3202

www.lectorum.com.mx

ventas@lectorum.com.mx

Primera edición: abril 2018

ISBN edición impresa: 978-607-457-690-0

D. R. © Portada: Angélica Carmona Bistráin

D. R. © Fotografía de portada: Shutterstock®

Características tipográficas aseguradas conforme a la ley.

Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita del editor.





Agradecimientos

¡Agradezco a Dios Padre Amado por muchas razones! Una de ellas, por el recorrido que he hecho hasta este momento, reconociéndome como un ser espiritual, viviendo esta experiencia humana y a la Madre Tierra, Gaia, por acogerme y disfrutar de todo lo que ofrece.

Agradezco a los Ángeles, que me acompañan siempre y que me dieron la instrucción de escribir y, al ver que no hice caso, utilizaron a Jaime Murillo, quien me motivó a escribir porque él ya ha escrito algunos libros.

A las personas que insistieron que este libro, lo sacara a la luz.

Agradezco a los Maestros que han estado en mi vida por sus enseñanzas, tanto a los terrenales como a los Ascendidos.

Agradezco a mis pacientes y alumnas, porque sin ell@s, mi experiencia como terapeuta holística y maestra de Kundalini Yoga, no sería posible este libro.

Agradezco a mi familia, especialmente a mis hijos, a mi yerno y a mi nieta por la felicidad que me brindan por su compañía en esta vida.

Agradezco al Arcángel Gabriel por su mensaje de que abrazara este proyecto con los ojos cerrados.

A ti, por empezar a leerlo...



Índice

Introducción

Mis pasos en esta tierra

Capítulo 1. Cómo decretamos

Capítulo 2. 5 elementos—Tattvas

Capítulo 3. ¿Cómo ayudarte a vivir mejor en tiempo de estrés?

Capítulo 4. Primer chakra

Capítulo 5. Segundo chakra

Capítulo 6. Tercer y cuarto chakra

Capítulo 7. Quinto chakra

Capítulo 8. Sexto chakra

Capítulo 9. Sabotaje

Capítulo 10. India

Capítulo 11. 12 de abril 2013 (muerte)

Epílogo

Alexa



Introducción

Cuando rompemos paradigmas, generamos cambios y si los realizamos con el corazón abierto al amor incondicional, obtenemos resultados favorables y en consecuencia, disfrutamos de nuestra libertad a plenitud.

Bajo este orden de ideas, escribí el libro que tienes en tus manos con la intención de ayudarte a revisar y cuestionar tu vida, para mejorarla.

Yo lo hice hace más de veinte años. Te confieso que en ese entonces era escéptica a todo lo que leerás ahora, pero muy dentro sabía que el yoga era lo mío y aprendí que somos mucho más que un cuerpo. Aun con mis creencias religiosas, me costaba entender que los ángeles nos hablan y que las terapias alternativas podían dar resultados. No sabía que además de un cuerpo, somos mente, espíritu y alma y que las emociones básicas, el miedo y el amor, son las que rigen a este planeta.

Estoy convencida de que cada persona nace con una misión personal que debe aprender y mejorar. De hecho, todos elegimos un tema para nuestra vida en el que debemos trabajar.

En este obra leerás de todo un poco: de cómo tus pensamientos y decretos afectan tus manifestaciones; de lo que somos, esa parte que no vemos, pero se sabe que tenemos, llamado “lo sutil”, de la sabiduría ancestral, de Kundalini Yoga y de mi pasión por ayudar a los demás. Además esta publicación es sobre mis alumnas y pacientes (prefiero llamarlas así, clientes me parece frío) y en sus historias podrás identificarte descubriendo información importante sobre terapias alternativas y algunos episodios de mi vida.

Por ejemplo, ¿sabías que la enfermedad es una llamada de atención de nuestro cuerpo hacia nosotros?

El cuerpo es tan noble y sabio que nos avisa —como un pequeño niño jalando el vestido de su mamá para que lo atienda— que estamos haciendo algo mal, pidiéndonos que rectifiquemos nuestro comportamiento o manera de actuar en la vida.

Otros autores nos han hecho sentir que la enfermedad es un castigo. En esta propuesta explico lo contrario: me enfoco en la meta-medicina y el significado de las enfermedades más allá de la explicación médica.

El conocimiento te empodera y te fortalece; no hay nada malo en aprender todo lo que más puedas en esta vida ¡y qué mejor que aprender sobre ti mismo!

Finalmente, debes saber que en este mundo interactuamos con diferentes personas para cumplir con nuestro desarrollo espiritual. Millones de seres humanos cuentan con grandes dones, otros no creen que son seres espirituales viviendo una experiencia humana, pero en conjunto vamos ayudándonos a experimentar nuestras vidas dirigiéndonos hacia la propia liberación espiritual porque sin la Luz de cada uno, el Plan Divino no podría manifestarse totalmente en este planeta.

Es mi deseo que esta obra sea amena en su lectura, para que te ayude a superar las adversidades, comprendiendo que todo tiene un para qué y que mis palabras te lleven a las respuestas que tanto necesitas.

Te invito a abrir tu corazón al amor incondicional y deseo que el eterno sol te ilumine por siempre.

Para motivar tu lectura, describiré el caso de una paciente, a quien aprecio por su recorrido de vida hasta este momento, porque desde las primeras sesiones la percibí como “Índigo”, tema que explicaré más adelante.

Mujer en la segunda mitad de sus “treintas”, quien desarrolló miomas al punto de deformar su útero, por lo que tuvieron que realizarle una histerectomía. Cabe aclarar que en la actualidad son muchas las mujeres con problemas de quistes y miomas.

Al enterarse sobre la decisión del médico de practicarle la cirugía; “aceptó” su realidad racionalmente a que le extirparan su útero, órgano representativo de la mujer, parte de su femineidad.

Debe ser apabullante para cualquier persona que le notifiquen que le extirparán algún órgano o que le amputarán algún miembro. Así que la comprendí...

Pero para el inconsciente o el sub-consciente no es fácil entender lo que ocurre en el cuerpo.

Obviamente le di Quantum Touch, terapia que leerás su beneficio a detalle más adelante, la que se recomienda en pre y post cirugías y que reduce o elimina quistes o miomas. Lamentablemente llegó a mi consultorio con su situación muy avanzada y con la decisión de someterse a cirugía.

Cuando salió de la sala de recuperación del hospital, ya en su cuarto, los siguientes malestares se hicieron presentes: dolor, presión alta, taquicardia y ansiedad.

Y al llegar a su casa: estreñimiento y para cuando acudió a su sesión conmigo, se sentía hipersensible.

Le expliqué lo que le estaba ocurriendo, pero de la manera metafísica, la meta-medicina, que a simple lectura, es muy fácil de entender, pero viviéndolo, no lo es:

Y fue de la siguiente manera:

El dolor que sintió, fue precisamente el dolor de haber perdido su útero. Era su duelo, pero el dolor explicado metafísicamente, es bueno, porque está recordándonos hacer contacto con nosotros@ mism@s, con nuestra alma y cuerpo.

El enojo estaba presente y su cuerpo reaccionó como una olla express que no podía contener más ese enojo, aumentando la presión arterial.

El enojo es la exaltación de pensamientos y sentimientos que se atropellan y que no permiten ver claramente.

El aumento de la presión arterial, hipertensión, se da porque la persona no está expresando sus pensamientos y emociones: “haciendo hervir el interior”.

La taquicardia fue un llamado de su corazón: que se tranquilizara porque todo estaba bien.

La taquicardia son palpitaciones que actúan como un grito de socorro con relación al amor. Es un SOS sobre una situación angustiosa.

Era la manera que su corazón le gritaba: “¡Aquí estoy!” “¡Cuídame!”

Su Ser gritaba: “¡Estamos bien... Estamos vivas y sanas!”

La ansiedad que experimentó era miedo a lo que ocurriría después.

¿Qué pasaría sin su útero?

La ansiedad es un conjunto de emociones, que puede incluir, dolores de cabeza, palpitaciones, transpiraciones, tensiones y en ocasiones llantos e insomnios, que logran que se sienta un desequilibrio en general, haciendo perder el control y la percepción de la realidad. Es querer controlar el futuro sin todavía vivirlo, lo que hace necesario permitir el fluir de la vida y a su proceso. Dejar ir y tener fe que las cosas funcionarán. Relajarse.

El estreñimiento, relacionado con el colon, le estaba recordando que no soltaba ese cúmulo de emociones negativas. Se sabe que cada persona vive su duelo, de acuerdo a sus tiempos, pero el cuerpo avisa cuándo debemos detenernos, cuando ya ha sido suficiente el tiempo invertido en ese pensamiento.

El estreñimiento significa que debe liberarse del pasado, de ir hacia delante, de vivir relajad@ y tener confianza en la vida.

Después presentó diarreas. El mensaje: estaba dejando ir su bien. Lo bueno de su vida.

El significado de la diarrea es que se está evitando una situación que se siente totalmente desagradable. La recomendación es integrar y asimilar la circunstancia.

La hipersensibilidad fue un recordatorio que sigue siendo: ¡mujer, femenina y triunfadora!

Porque la sensibilidad habla de lo femenino.

Como describí, parece y se lee fácil, pero esta es una de mis aportaciones como terapeuta, ayudar a entender a las personas el por qué y el para qué, les está ocurriendo algún síntoma o enfermedad y al entender el llamado de su cuerpo, se le llama meta-medicina. (Más allá de la medicina alópata tradicional).

Leerás sobre algunas historias de mis pacientes y personales, de cómo mis pasos en esta Tierra han sido fundamentales y entrelazados con alumnos y pacientes, de quienes he escrito solamente la inicial de sus nombres, para proteger su privacidad, aunque considero que cualquier situación descrita aplica para cualquier persona.

Algun@s de mis pacientes ya no asisten a terapia, otr@s han dejado la ciudad o incluso el país y otr@s siguen elevando su frecuencia vibratoria con mis sesiones. Mencionaré los casos que considero más importantes.

Que cada aportación de cada uno de ellos sea una guía para tu vida.

Agradezco a cada uno de mis pacientes y alumnos.



Mis pasos en esta Tierra

Mi nombre espiritual es Guru Mata Kaur, significa la Princesa Madre que te lleva hacia la Luz y me fue otorgado por dos personas importantes: un Lama (Budista) y el Maestro Yoghi Bhajan (Mahan Tantric), de acuerdo a mi fecha y lugar de nacimiento.

Saberlo, indica cuál es la misión espiritual en la vida.

Esta es la razón por la que encuentres en algunos párrafos a la maestra que soy.

Las personas me perciben también como maternal. Recuerdo a una compañera, cuando trabajaba en oficina, que me repetía, “es que eres toda una mamá”, “te gusta hacer sentir bien tanto a los visitantes como a nosotros”. “Estás al pendiente de las necesidades de las personas”. Todavía no sabía mi nombre espiritual.

Soy niña, soy mujer, soy ingenua, (naive), soy madre y abuela.

Soy un alma vieja. He aprendido a reconocer los lugares de vidas pasadas, por ejemplo, sé que viví en la Atlántida, en Egipto, también fui celta, (vikinga, celta, escocesa), italiana, árabe y tal vez en India. ¿Será que por esta razón algunas personas de diferentes países pensaban que yo era lugareña? Cuando estuve en Turquía, pensaban que era turca, en Egipto, que era árabe, en España, española, en Italia, italiana, pero nunca mexicana. Con esto no deseo negar mi nacionalidad, ni mi país, el cual amo y agradezco, aun con todas sus situaciones gubernamentales, porque aquí es donde escogí nacer para llevar a cabo mi karma y reencontrarme con las personas de esas vidas pasadas para cerrar círculos en amor, el dharma, principalmente con mi difunto ex esposo, mis hijos, padres, hermanos, ex parejas. De hecho, un ex novio, al que le costaba poder formalizar una relación, supe que vivimos dos vidas pasadas, en Inglaterra y en Francia, siglos xvi—xvii, donde yo estaba casada y él era mi amante; en esta vida, yo estaba soltera, pero él seguía pensando que yo era casada. Otro ex novio, curiosamente nos comunicábamos en italiano. Fuimos un matrimonio campesino italiano, tal vez del siglo xv, pero lamentablemente, aunque se nos da la oportunidad de corregir situaciones adversas del pasado, de liberarnos del Karma, que significa la falta de amor que consciente o inconscientemente lastima a otros o nos lastima a nosotros, tampoco fue posible en esta vida. La vida pasada con mi hijo, él fue monje como yo, en Tíbet o Nepal.

Fui amante, esposa, cortesana, campesina, sanadora, tal vez bruja, nos hemos experimentado de diferentes maneras.

He bailado y he cometido locuras. Me considero culta pero no engreída, sencilla y sabia, también dulce y en ocasiones enojona. Todas las contrapartes que existen, que sin lugar a dudas, me hacen ser quien soy, en general una persona buena, porque cuido mucho de no herir los sentimientos y cuido las emociones de los que me rodean. He recordado que hay maestros ascendidos, hadas y duendes y que la Tierra respira y palpita.

Soy una mujer como tú. Me he puesto a dieta y fui casi vegetariana.

Con todo esto, deseo expresar que he vivido, que he sentido, que he amado incondicionalmente.

Menciono mujer repetidamente, porque en alguna ocasión, cuando mi hijo tenía la edad de 11 años, me preguntó: “¿qué eres antes de ser mamá?” y no supe qué responderle y él me contestó: “eres mujer”.

Es curioso cómo vamos olvidando quiénes somos. Cuando mis hijos eran pequeños, en edad escolar, yo era la mamá de Vanessa, o era la mamá de Eduardo Jr. En otras circunstancias era la esposa de Eduardo y años después me di cuenta que perdí mi nombre, mi identidad y me había olvidado de ser mujer. Fui mamá, esposa, compañera, enfermera, psicóloga, cocinera, chofer, en fin, todo lo que sabemos las mujeres que somos, cuando atendemos a una familia y lo hice felizmente.

Recuerdo esos viernes de primaria de mis hijos, en los que invitaban a sus amiguitos a comer en casa y me los llevaba al cine o se quedaban a jugar para que más tarde pasaran sus mamás a recogerlos.

Menciono lo de mi nombre, porque desde niña hasta los 18 años fui Paty. Cuando me casé, mi segundo nombre y los apellidos paterno y materno, fueron eliminados, yo lo decidí así, para quedar con Laura más el apellido de casada. Fue hasta que me divorcié, cuando recuperé mis dos nombres y mi primer apellido. Parece simple explicarlo con mi nombre, pero ¿qué tanto permití en mi vida como mujer, como Laura Patricia, olvidarme de mí?

Ahora soy viuda, (y aunque muchos digan que no lo soy, porque siguiendo los preceptos de la religión Católica, me casé por la iglesia). Legalmente debe decirse soltera, otras personas dicen, que soy divorciada, y al referirme cuando hablo de él, mi difunto ex esposo.

Fui primogénita, por parte de las 2 familias. No puedo decir que fui consentida, porque recuerdo el mismo trato hacia mis hermanos, salvo lo que ellos guarden en su memoria, porque las vivencias de cada hermano/hermana son diferentes. La experiencia de vida recibida tanto del padre como de la madre es diferente para cada hijo. Decía mi abuelita, “los hijos son tan diferentes como los dedos de una mano, como lo es cada ser humano”.

Fuimos la adoración de nuestros tíos y abuelos paternos.

Disfruté de los domingos en familia, lo menciono porque en estos tiempos, todo ha cambiado, con la participación de la mujer trabajando en la familia, el domingo se ha vuelto el día para ir al supermercado, lavar ropa, en fin, alistarse para la semana, con la preparación de alimentos y sobre todo si no se tiene la ayuda doméstica.

Mi generación ha vivido tantos cambios, desde la televisión en blanco y negro, hasta hoy día pantallas planas y touch. ¿Quién no recuerda el view master? Los programas de televisión como el Súper Agente 86, donde su celular era el zapatófono. Conocí el télex, el fax y la llegada de la computadora, ¡la cual me resistía a usar! ¡Ha sido una evolución en aparatos y cibernética y esperemos qué nos falta por conocer!

Pero volvamos a las comidas familiares de domingo. Gocé de la atención completa de fines de semana por parte de mis abuelos, quienes me encausaron a las artes. Esas tardes, nos alentaban a presentar un “teatro”, así que mi hermana y yo preparábamos el bailable, la canción y como mi abuelo nos regaló un piano, tanto para la casa de mis papás como para su casa, también amenizaba con lo que iba aprendiendo de mis clases particulares. Mi tío, a quien recordaré con un profundo cariño, (todo mi agradecimiento para él), acondicionaba una de las salas del departamento de mis abuelos, para que fuera el escenario de las dos pequeñas artistas y así entreteníamos a la familia.

Mi tío me llevaba a museos, a patinar sobre hielo, me ponía música de los Beatles, para que practicara el inglés, en fin, me parece que hacía la parte divertida, mientras mi papá trabajaba para sostener a su familia, como en muchos hogares. Analizo sus enseñanzas como la semilla que se sembró en mí y germinó años después, en esa incursión al mundo de los museos que me motivó a estudiar años después un diplomado en historia del Arte, lo que me impulsó a visitar museos en algunos países.

Recuerdo que al leer cuentos de niña, me creaban conflicto; reflexionaba sobre cómo podría haber gente “mala”, que está dispuesta a hacer daño, a robar, a lastimar...

Ahora entiendo el por qué y el para qué. Y que explicaré más adelante. Los cuentos para niños tienen gran profundidad. Valdría el esfuerzo releerlos para encontrar los mensajes ocultos.

En casa de mis abuelos, me prestaban una máquina de escribir, no recuerdo si era de la marca Remington, pero era similar y jugaba a ser la escritora o la secretaria. Primicias de años más tarde...

Se preocuparon para que yo hablara diferentes idiomas, primero el inglés, luego alemán y después el francés y ya por mi cuenta, el italiano. Los que me han servido para comunicarme en mis viajes y recordar en qué países viví en vidas pasadas.

La señal de esa máquina de escribir en mi niñez, fue para estudiar años más tarde para secretaria bilingüe y ahora esté escribiendo. En mi primer contacto con una angelóloga, dijo que al haber trabajado en una compañía papelera debió haberme recordado que en otra vida fui escritora. Si observáramos las señales que tenemos en nuestras vidas, creo firmemente que ayudarían en nuestro presente. Señales.

He visitado muchos lugares sagrados, ciudades y pueblos. He viajado en bicicleta, burro, camello, en tren, barco, en avión y hasta en un globo aerostático, disfrutando de la vista de las Pirámides de Egipto. Lugar que desde niña soñé con visitar. (Más señales).

Mis abuelos nos llevaban los domingos a Chapultepec para desayunar en el bosque, a montar en bici, a días de campo y por consecuencia a disfrutar de la naturaleza, una de las razones por la que me desespero cuando pasan los días y no he estado en contacto con la tierra. Paseo, que considero, han perdido muchas familias, por el crecimiento exagerado de los centros comerciales, ahora lugar de diversión para muchos niños. Cuando necesitan respirar aire puro, pisar tierra y estar en contacto con otros seres de la naturaleza, árboles, plantas, pasto, los que nutren, relajan y sanan. La mayoría vive en departamentos; van a la escuela y por la tarde en casa, ven televisión o juegan con la computadora y los fines de semana a tiendas y me pregunto ¿cuándo les da el aire? Así que me considero muy afortunada de haber vivido una niñez disfrutando de la naturaleza.

Viví el divorcio de mis padres con gran alegría, ya que vivir en “familia” era estresante.

Por ser la mayor, maduré pronto, porque a los 11 años, ya tenía cuerpo de mujer y mis compañeras tenían cuerpos de niñas todavía, así que adquirí responsabilidades a mis cortos años.

Desde adolescente tuve la inquietud de ayudar a sanar.

Recuerdo haberle dicho a mi mamá que quería ser doctora, después psicóloga y hasta pensé en ser ginecóloga.

Deseos que cumplí, porque ayudo a sanar física y emocionalmente, como terapeuta holística.

Me preparé como doula, (la mujer que apoya emocionalmente a la embarazada y parturienta), aquí mi labor como la ginecóloga que quería ser, ofreciendo la orientación pre y post natal en mis clases de kundalini yoga para embarazadas para ayudar a llegar a esta Tierra seres, con partos respetados y humanizados.

Los caminos de Dios no son como nosotros los planeamos. Estoy realizando mis sueños pero sin títulos en medicina.

Me disgustan las injusticias, detesto el poder cuando hay humillación, la falta de respeto y por eso creo que soy rebelde ante esto.

Nací en un hogar disfuncional, como en muchas familias, pero agradezco a mis padres por sus enseñanzas a ser lo que soy y lo que no debo ser, porque como mencioné anteriormente, cada persona en nuestras vidas trae una enseñanza o un aprendizaje, el cual es recíproco y me enseñaron mucho! Porque aprendí a ser amorosa con mis hijos, definitivamente por la carencia de amor de parte de mis padres.

Podría pensarse que nosotros, los “trabajadores de la Luz”, (lightworkers), (término utilizado para describir a las personas altamente sensibles, requeridas para traer paz al mundo, ya seamos sanadores, maestros, o personas involucradas con el medio ambiente o con animales), “deberíamos entonces nacer en hogares perfectos, pero: ¿cómo aprenderíamos o entenderíamos la vida sin “sufrir”?

Me casé joven, porque así lo decreté en algún momento de mi vida. Ya trabajaba como secretaria bilingüe y me uní con el hombre que visualicé alguna vez de pequeña, que fuera delgado y que se peinara con fleco de lado, y así era Eduardo. Me casé profundamente enamorada, de diecinueve años. Recientemente leí que el amor de la primera vez, no se repite. Hasta ahora creo que tienen razón...

La meta de mi vida en esos años fue formar una familia que viviera en armonía y lo logramos. Mis hijos, los que parí naturalmente y amamanté, los ayudamos a evolucionar, lo que me lleva a estar orgullosa de ellos, excelentes personas en todos los aspectos.

Viví feliz como ama de casa y esposa. Deseo que mis hijos agradezcan el maravilloso ejemplo de su padre, incansable trabajador, reconocido profesionalmente y un ser humano que no dañó a nadie en su vida.

Sufrí la crisis de los 30’s, cuestionándome, si el resto de mi vida sería ama de casa.

Cuando mis hijos crecieron y tenía tiempo para trabajar medio día; pedí permiso y me fue negado. Te preguntarás, ¿por qué pedí permiso? Porque veníamos de familias tradicionales, por lo que nuestras creencias de pareja eran que la mujer no podía seguir desarrollándose intelectualmente o económicamente. Únicamente ser mamá y esposa. Lo cual no es malo ni denigrante. Ser madre implica una gran responsabilidad, somos las generadoras de familias, bases de sociedades, pero mi alma se sentía aprisionada, sentía que tenía mucho que ofrecer. Así que tomé clases de cocina internacional, aprendí otros idiomas, diplomados, otros conocimientos intelectuales, hasta que empecé por preguntarme por qué estaba en la Tierra, para qué vivía, qué más tenía que hacer, por qué nacemos, nos reproducimos y morimos, qué pasaba después de la muerte. Me aburrían las conversaciones sin fondo, sin enseñanza, ¡quería comerme al mundo! Aprender. Saber más. Porque sabía que podía dar más de mí. Mi alma gritaba desesperada “¡tienes más por hacer!”

Como sagitariana que soy, que ama la libertad, y que había vivido algunos treinta y tantos años escuchando negativas en cuanto a poder realizar cosas, ya que siempre fui obediente, digamos sumisa, pero con esa sumisión, de respetar al ser querido, y querer ser respetada; fue cuando ocurrieron entonces las diferencias de pareja que ya no nos permitieron vivir felices; seguramente porque cuando el propósito de la relaciones se cumple, disminuye la atracción entre las dos personas. La pareja debe ayudar a ser mejor a la otra persona, esto es amor incondicional. Así que acordamos separarnos... tomé el riesgo y ahí empezó este bello peregrinaje de ayudar a las personas.


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