Excerpt for La Urna de Oro. Crónicas de Guerras Mágicas. Libro 3 by , available in its entirety at Smashwords

Crónicas de Guerras Mágicas

Libro 3

La Urna de Oro



Adoro Leer

Natalia De Jesus



Derechos de Autor

© Natalia De Jesus, 2018

© Fotógrafa de portada: Anastassia Volkova, Estonia

© Modelo de portada: Karina Model

© Edición de portada: Natalia De Jesus

© De esta edición: Adoro Leer, 2018

Publicado por Adoro Leer en Smashwords

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Este libro es un trabajo de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o han sido usados de manera ficticia y no deben ser interpretados como eventos reales. Cualquier parecido con personas, vivas o muertas, eventos actuales, locales u organizaciones es coincidencia.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, copiada o distribuida de ninguna manera sin permiso expreso del autor, salvo en casos de extractos breves citados en artículos de crítica o reseñas.

Índice

Dedicatoria

Mapa de la Dimensión Negativa

Mapa de la Dimensión Positiva

Mapa del Domo de Grecia

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Epílogo

Árbol Genealógico

Agradecimientos

Acerca de la Autora

Adoro Leer Natalia De Jesus

Dedicatoria

Para mi querido hermano Adrian,

¡simplemente porque me encanta discutir y payasear contigo!

Mapa de la Dimensión Negativa

Mapa de la Dimensión Positiva

Mapa del Domo de Grecia

Capítulo 1

ZEVA

Alcanzo a ver el cielo nocturno y a las estrellas danzantes sobre nosotros mientras trato de girar mi cabeza para observar la puerta del hogar de Magnolia como si pudiera verla a ella ya que el grito que emitió no deja de atormentar mi mente. Pero, algo me lo impide, las manos de Cassius que me toman por el cuello abruptamente haciendo que mi espalda se golpee contra la pared rocosa e irregular de la casa colonial. Sus pulgares aprietan el centro de mi cuello tratando de obstruir mis vías respiratorias. La sensación de ahogo llega a mi cuerpo en un abrir y cerrar de ojos, abro mi boca luchando por conseguir el aire mientras mi corazón palpita preocupado por saber qué le ha ocurrido a Magnolia, y a la vez, por mi mente revolotean las palabras de Cassius una y otra vez: Gracias por dejarnos el dato del espejo.

Los ojos de mi guardián, grises, fríos y escalofriantemente vacíos como un par de hielos, se clavan en los míos mirándome como si deseara verme gritar. En cambio, con esfuerzo, alzo mi mano y rodeo una de sus muñecas que aprisionan mi cuello, normalmente ese acto es para aligerar la presión de su fuerza pero lo que hago es conectarme al arma de oro y mientras contemplo las venas encenderse en dorado a lo largo de mi brazo utilizo la fuerza de un cíclope para alejar sus manos.

Apenas lo veo lejos de mí, corro lo más rápido que puedo y entro al interior de la casa.

Me detengo en seco con mi respiración acelerada acostumbrándose al aire cuando encuentro la taza de té vacía de Magnolia esparcida en trozos sobre el suelo, y luego encuentro a Magnolia tendida en el piso en una posición extraña, su rostro es adornado con una expresión plana y sus ojos abiertos de par en par anuncian que está muerta. Su frente está hundida y rasgada de una forma grotesca, la sangre gotea recorriendo su rostro y es entonces cuando veo la pared detrás de ella, manchada con su sangre, lo que me permite saber cómo murió, puedo imaginarme a Mariel utilizando su persuasión sobre ella mientras se deleitaba viendo a Magnolia caminar a la vez que esta se golpea la cabeza contra la pared, algo parecido a lo que hice con el leviatán hace un tiempo.

Mi corazón palpita preocupado con millones de preguntas en mi cabeza y sentimientos encontrados cuando algo llama mi atención, un lugar de la casa que ahora se encuentra extrañamente vacío.

La piedra de oro no está.

Habían regresado la piedra bajo la protección de Magnolia ya que la dimensión había vuelto a la normalidad, pero después de todo, aquello parece no haber sido un buen plan.

El sonido de unos pasos apresurados provenientes del piso de arriba llama mi atención. Corro por las escaleras con la rapidez de un vampiro y entro en la habitación de Magnolia, en un parpadeo lo único que alcanzo a ver es todo el lugar inundado por un humo inquietante, y a juzgar por el aroma del entorno, identifico que Cassius utilizó su magia cumpliendo las ordenes de Mariel y llevándola a un lugar desconocido para mí.

Con una furia ardiente recorriendo mi interior corro como vampiro nuevamente hasta salir de la casa para buscar a Cassius, pero no lo encuentro por ningún lugar, solo el silencio que invade a la dimensión aprisiona mis oídos haciendo que el palpitar de mi corazón sea lo único que alcance a escuchar a la vez que siento el aire amenazador revolver mi cabello de la misma manera en la que revuelve las hojas de los árboles. Es cuando me conecto al arma de oro para utilizar la vista infrarroja de un drow, de esa manera es que localizo una silueta con una capa ondeante sumergida en la oscuridad iluminada solo por luces flotantes con un ave volando al compás de su paso. Decido volar como un arconte y me detengo frente a él, usando magia de bruja lo envuelvo en un resplandor violáceo levantándolo hasta golpear su espalda contra el suelo. Brutus vuela y trata de tomar mi cabello con sus patas en una actitud protectora con su amo, pero sin titubear uso mi magia y sin pensarlo dos veces lo desintegro haciendo que sus cenizas se mezclen como partículas al viento.

─¡¿Dónde está Mariel, Cassius?!—grito con fuerzas, indignada por la muerte de Magnolia, con el deseo oscuro de tomar a Mariel entre mis manos y verla sufrir.

─¿Mariel?—dice burlándose con frialdad como si yo estuviera enloqueciendo. Un gesto que nunca antes noté en él.

Aprieto el agarre de mi magia a su alrededor consiguiendo que se revuelva.

─No me engañas, Cassius─ digo exhausta y molesta ─. Estoy harta de ella y sobre todo de ti. Sé que eres su perrito faldero, donde estés tú es porque está ella. Así que dime adónde fue después de matar a tu madre.

Noto que al mencionar esa última palabra su expresión se aligera un poco pero pronto vuelve a ser plana. Esperaba una respuesta, alguna excusa o una mentira al menos, pero él decidió permanecer callado. Aprieto nuevamente mi magia lo más fuerte que puedo. Veo que su mandíbula se aprieta con fuerza pero no suelta sonido ni expresión alguna, soportando el dolor, como si estuviera acostumbrado a él. Veo por primera vez en sus ojos un retazo de sus sentimientos, mientras acepta el dolor que le causo, como si se estuviera castigando a sí mismo.

─No puedo creer que estés sintiendo dolor ─ digo burlándome, viéndolo a los ojos. Él me observa fijamente casi desafiándome ─. ¿Qué te perturba? ¿A qué le temes? Cuando una persona siente dolor es porque algo lo intimida─ sonrío ─. ¿A quién quieres que te preocupa tanto?—y como una estrella fugaz, sus ojos lo delatan ─. Cassido─ sonrío aún más cuando sus ojos brillan confirmándome la respuesta a la vez que me insulta en su mente por mencionar el nombre de su hermano ─. Cassius, ¡que ingenuo eres! Estuviste y siempre estarás solo. Te aseguro que ni siquiera tu hermano te quiere, pues la única persona a la que le entregaste tu fidelidad jamás le importará si mueres o te vas. Estás completa y eternamente solo─ digo con un extraño disfrute al ver su rostro y las punzadas de su mandíbula al escucharme ─. ¡Ahora dime! ¿Dónde está Mariel?

Él sonríe, en voz baja y sepulcral comienza a decir ─Adivina, adivinador…

Y entonces los recuerdos de Hadrien golpean mi mente. Él se encontraba dormido pero súbitamente abre sus ojos con exaltación para encontrar el rostro de Mariel cerca del suyo.

─Querido─ le dijo ella con esa típica sonrisa ─. Zeva te ha lastimado dejándote solo y huyendo de ti cuando David los encontró en un beso apasionado, ¿no es cierto?

Mi corazón salta al escuchar su voz pronunciando esas palabras en mi mente. Hadrien desvió la mirada y sus ojos se encontraron brevemente con el espejo de oro.

El espejo.

Ella está en nuestra habitación por el espejo.

Mi corazón sube a mi garganta haciéndome decidir que esta vez no dejaré que se salga con la suya.

Corro y vuelo, dejando a Cassius atado y olvidado a la vez que combino poderes hasta llegar al palacio y atravesar la puerta de mi habitación.

Observo a Mariel capturando a Sam en su mano evitando que defienda a Hadrien de ella. Él se encuentra sentado al borde de la cama y los ojos de ella están fijos en los suyos, mientras le susurra palabras en un tono escalofriante a la vez que le regala una sonrisa llena de dientes afilados, unos que me recuerdan al tiburón que me atacó. Hadrien parece ido de sí mismo, como una marioneta, claramente hipnotizado por su persuasión.

Mi amado─ dice ella en voz alta, consciente de mi presencia y mirándome por el rabillo del ojo con aquella sonrisa macabra mientras coloca bajo su barbilla su fino dedo índice ─. Cómo me gusta verte siendo un humano, débil y vulnerable ante mi poder. Por eso, estoy segura de que no impedirás que me lleve el espejo, ¿estás de acuerdo?

Hadrien asiente como respuesta.

Mariel se inclina frente a él, rozando sus labios ligeramente contra los suyos haciendo que sienta una punzada en mi estómago, por lo que me conecto al arma de oro y usando magia de bruja, la elevo y la golpeo contra la pared, aprisionándola con facilidad. Ella se carcajea mirándome con ojos desafiantes.

─Mírate, Zeva─ dice ella ─. Defendiéndolo. ¿Quién diría que le entregarías tu corazón a él?—habla mientras la mantengo presa con mi magia y coloco mis ojos sobre Hadrien, él se encuentra aturdido, su cabello suelto recorriendo su espalda, mientras se lleva las manos a la cabeza y frunce el ceño.

─¿Qué pasa? ¿Qué pasa?—noto que susurra para sí mismo.

Suelto a Mariel dejándola caer sobre el suelo y es aquí cuando Sam escupe su saliva ácida y quema su mano, haciendo que ella suelte un gruñido y lo libere finalmente.

─¡No toques el espejo!─ le digo a Mariel mientras observo que se levanta del suelo mirándome con una mirada aterradora que acelera mi corazón y hace temblar mis manos.

Entonces me sonríe mostrándome de nuevo sus dientes afilados, los finos hilos de su cabello negro azabache cubren su rostro haciéndola ver más amenazadora y terrorífica de lo que en realidad es.

─Oh, ¿estás segura de que el espejo es todo lo que te preocupa?—dice dando un paso hacia Hadrien y enredando sus dedos en su cabello.

Él, aún aturdido, sacude su cabeza y aleja su mano de él.

─¡Eres un demonio!—exclamo mientras siento que una energía inusual recorre mi interior.

Ella se ríe ─¿Y se supone que eso sea un insulto?—dice caminando hacia mí─. Querida, por si no lo sabías─ dice con una voz tornándose más grave ─, tú también tienes la parte de un demonio en tu interior─ sus ojos observan los míos y de pronto parece que estoy en un túnel con un zumbido tranquilizador en mis oídos. Sus ojos son atrapantes y noto que habla, su voz grave ahora es una suave melodía, como las suaves notas de un piano o de la armónica de Hadrien.

Ella se acerca a mí y con mucho gusto dejo que me conduzca hasta detenernos frente al espejo de oro. Nuestros reflejos uno al lado del otro.

─Míranos─ dice ella con una voz hermosa e incongruente con sus dientes afilados y sus ojos demoníacos, pero no me importa. Ella acaricia mi cabello colocándolo detrás de mi oído de una forma maternal, como siempre quise que lo hiciera ─. Somos madre e hija. Somos idénticas─ continúa mientras observo atentamente nuestras figuras, jamás me había detenido a observar cuánto nos parecemos, ambas tenemos la nariz fina, los ojos redondos y los labios gruesos, ambas somos pálidas y oscuras al mismo tiempo ─. ¿Lo ves?—pregunta con un tono hermoso, un tono maternal con el que siempre la imaginé. Mi mamá. Tengo a mi lado a mi mamá.

─Somos iguales─ dejo salir en un suspiro.

Ella sonríe con suficiencia ─Exacto, pequeño monstruo. Mi querida, mi hija favorita─ dice en un susurro tranquilizador ─. Mira más de cerca─ aconseja. Y entonces noto que aquella corriente dentro de mí se expande a la vez que veo que su rostro se transforma en una aparición horrenda, aquella forma física que describe a su especie, pero su rostro no es el único así, el mío también lo es, recordándome a aquella vez que Kyle, el chico bajo el domo que luego de bailar conmigo lloró mientras me señalaba diciendo que yo parecía un monstruo. Mi corazón palpita pesado ─. Míranos─ vuelve a decir con notable orgullo ─. Iguales. Ese rostro está dentro de ti solo que en pocas ocasiones lo dejas salir. Solo te falta dejar de ser tan abnegada y sentimental, deberías ser más egoísta, pensar un poco más en ti en vez de ayudar tanto a los demás.

Yo asiento con mis ojos húmedos, viéndonos a ambas. Iguales. ¡Qué complicada suena esa palabra dentro de mi cabeza!, porque es totalmente cierta, en estos reflejos, somos tan semejantes.

─Mi vida─ dice su hermosa voz. Cierro mis ojos para escucharla, para entender que por fin mi madre me habla como en mi más remoto sueño.

Mamá─ dejo salir en un suspiro ─. Por fin. Es mentira lo que he dicho todo este tiempo. Siempre quise conocerte, conocerte a ti y a papá, pero tenía miedo de decepcionarme. Cuando estaba bajo el domo, no sabes lo difícil que era para mí…acostarme a dormir y ver la casa de David a través de mi ventana, observar a su madre, cantándole una canción mientras se quedaba dormido, y a su padre, saludándolo con un abrazo al llegar a su casa luego del trabajo, siempre le tuve envidia a Dave por eso, tal vez…tal vez por esa razón, maté a Cordelia. Amo a Nancy, pero tú…estuve dentro de ti. No sabes, cuanto me alivia escucharte como siempre lo deseé─ suelto y abro mis ojos para sentir mis mejillas empapadas en lágrimas como si fueran cascadas.

Ella coloca una mano en mi mejilla, acariciándome con un nudillo ─Mi pequeña. Estoy segura que por esa razón dejarás que me lleve el espejo.

─Sí─ dejo salir en un impulso.

Pero entonces alguien la empuja lejos de mí y como si regresara de un trance profundo me siento mareada y la habitación da vueltas a mi alrededor como si yo estuviera cayendo en un vació sin fin, mi mente no puede parar de girar haciendo que me tambalee cada vez que doy un paso con mis pies, cierro los ojos para amortiguar la molestia y la presión de mi cabeza sin prácticamente poder recordar lo que pasó.

Cuando abro los ojos, buscando recobrarme, observo a Hadrien sentado sobre Mariel tratando de inmovilizarla, mientras ella está boca arriba con su espalda contra el suelo. Hadrien coloca las puntas afiladas de su tridente contra el cuello de ella, tan profundo que por primera vez puedo sentir como me hieren también a mí, ayudándome a recordar que mi vida está unida a la de ella.

─Te equivocas, Mariel—dice Hadrien apretando sus dientes amenazándola con el arma que carga entre sus manos ─. Zeva y tú son tan diferentes que me pregunto si en verdad es tu hija.

Mariel suelta una carcajada áspera mientras espera a que Hadrien la mire directamente a los ojos para poder controlarlo, pero él es más astuto y desvía sus ojos hacia donde los de ella no los alcancen.

─Jamás lo consideré, pero hoy más que nunca reconozco que eres un cobarde─ dice ella provocándolo, noto que funciona pues Hadrien aprieta sus dedos entorno al tridente ─. Te acobarda reconocer que me ves en Zeva tanto como te cuesta reconocer que los sentimientos que ustedes comparten no son más que una mentira.

Hadrien hunde el tridente en el cuello de Mariel con fiereza. Veo atentamente y con admiración cómo Mariel lucha por respirar, pero de pronto yo también siento lo mismo, me llevo mis manos al cuello a medida que voy sintiendo el filo del tridente perforando mi piel con precisión.

Ella vuelve a soltar una carcajada plana ─Eres un insignificante humano, Hadrien, ¿crees de verdad que puedes contra mí utilizando un inútil tridente común? La única razón de que me tengas a tu merced ahora mismo es porque quiero que lo hagas.

Hadrien aprieta su mandíbula y profundiza más su tridente perforando su cuello. Ella grita al hundirse un poco más contra su piel. Yo siento el dolor debido a la alianza de mi vida con la de ella, así que grito cuando ella lo hace sintiendo las puntas del tridente traspasar mi piel.

Hadrien alza la mirada cuando me escucha y noto que su mirada llena de sed de venganza se torna preocupada, y siento que afloja el agarre del tridente.

─¡No te detengas!—le grito viendo horrorizada que deja de hacer lo que estaba a punto de finalizar ─. ¡Mátala!

─¿Estás loca, Zeva? Te puedo matar a ti también─ dice lleno de incredulidad con un dulce brillo en sus pupilas.

Noto con rapidez como ella lo mira triunfante y comienza a removerse para deshacerse del agarre de Hadrien.

─¡Mátala!—le grito a Hadrien en forma de advertencia.

─¡No!—me grita él de vuelta.

Y antes de que Mariel pudiera moverse un poco más, tomo mi correa con los discos que cuelga en el perchero de la habitación para colocarlo como costumbre, atravesando mi pecho. Tomo uno de los discos, transformándolo en un cuchillo y con rapidez lo hundo en el muslo de Mariel. Ella grita y a la vez yo grito con ella. Caigo arrodillada a su lado con un dolor escalofriantemente agudo y frío en mi pierna, además noto que sangro mientras ella lo hace. Hadrien coloca los ojos como platos para alejarse de Mariel y arrodillarse a un lado, con una mirada aturdida y alarmada me observa como si me preguntara: ¿Qué haces?, te estás haciendo daño. Pero eso ya lo sé.

─¡Me cansé, Mariel!— grito cuando ella me mira llena de odio ─ Si tengo que acabar con mi vida para terminar contigo, pues que así sea. Y como una vez te dije cuando eras Rose y me preguntaste qué le diría a uno de nuestros padres si alguna vez lo encontraba, aquí te lo repito─ digo para luego soltar una carcajada áspera ─. Gracias por dejarme con Nancy─ dejo salir y alzo el cuchillo con decisión para clavarlo en su pecho.

Pero entonces Hadrien, utilizando su tridente obstaculiza el camino de mi cuchillo hacia su pecho. Mis ojos se encuentran con los de él, pidiéndome a súplicas que entienda porqué impidió que yo la matara, y lo sé muy bien: lo hizo para salvarme, pero en aquel breve descuido Mariel le arrebata el tridente de su mano con fuerza y me empuja a un lado a la vez que usa el tridente para perforar mi costado, Mariel grita de dolor cuando yo lo hago. Entonces, Hadrien se acerca a ella para quitarle el tridente forcejeando, pero ella con una fuerza mayor que la de un humano lo empuja lejos. Aprovecho el momento de distracción para conectarme al arma de oro y usando magia la empujo alejándola de mí, tomo otro disco y transformándolo en una pistola, apunto a su hombro y le disparo, gruño cuando ella lo hace, con el retorcido conocimiento de que ambas sentimos cada dolor que nos producimos conscientemente.

En un abrir y cerrar de ojos, un humo gris inunda la habitación para darle la bienvenida a Cassius. Mi guardián es rápido ya que decide usar su anillo para envolverme con su poder, alzándome del suelo y llevándome con tal fuerza para golpearme con brusquedad contra la pared más lejana, caigo aturdida al suelo, mi cabeza palpita por el impacto. Me siento claustrofóbica, debido a la pequeña habitación y al gran número de personas adentro, pero no solo implica aquello, mi respiración se detiene cuando veo el espejo, con su aspecto frágil y reluciendo de una manera coqueta recordándome que él puede darme cualquier respuesta, y ahora mismo puede decirme dónde está la piedra de oro. Hadrien sigue mi mirada y a través de nuestras conexiones me entiende, a penas alcanzo a ver cuando él camina para tomar el espejo pero Cassius es más rápido y lo aleja usando la misma técnica que conmigo, solo que esta vez alza a Hadrien hasta el techo y luego lo deja caer hasta que su cuerpo golpea el suelo, cayendo inerte e inconsciente.

Ahogo un grito desesperado con aquella corriente nueva en mi interior. Me levanto buscando a Mariel pero mis ojos no alcanzan verla, aunque sí encuentro a Cassius, sin meditarlo uso magia aprisionándolo con fuerza, tanta que le dificulta respirar. Los ojos grises de Cassius me encuentran y noto que se ríe con una extraña debilidad.

¿Sabes algo?—dice Cassius ─. Mariel está en lo cierto. Ustedes dos son sorprendentemente iguales.

Frunzo el ceño ante sus palabras ─¿Por qué lo dices?

─Porque cuando te veo deseando matar a alguien tienes la misma mirada que ella cuando desea lo mismo─ de pronto, hace una pausa, mirándome con un extraño anhelo ─. Porque cuando te besé, Zeva…fue como besarla a ella.

Me concentro solo en él, y al verlo solo puedo reconocer su interminable frialdad. Quiero hacerle daño por tantas razones: porque arrastró a Cassido a vender su alma, por actuar siempre de la forma equivocada, por mantenerme cautiva en la dimensión negativa, por ayudar a Mariel en todo, por encerrar a David, por desaparecer a Nancy, por matar a Magnolia y por matar a Esmeralda.

Escucho mi corazón palpitar pesado en mis oídos mientras lo miro con severidad, deseando poder acabar con él con solo mis ojos. Pero hay algo inédito que me lo impide, y ese algo es que al mirarlo, puedo ver a Cassido, no solo por su físico sino por el amor fraternal que se profesan el uno al otro. ¿Cómo puedo hacerle daño a alguien que no puede morir y que Cassido ama tanto?

Es entonces cuando escucho la risa de Mariel a mis espaldas. Me giro para mirarla. Ella está parada a un lado del espejo, al verla allí, mi corazón se hunde preocupado. Mariel coloca un dedo sobre el marco dorado como si estuviera acariciándolo.

─Mientras te vi, Zeva, tan preocupada por este espejo─ dice ella con cierta diversión ─. Se me ocurrió un plan mejor que tan solo llevármelo.

Ignorándola le exijo una respuesta a la pregunta que me perturba ─¿Dónde está la piedra de oro?—pregunto con mi mirada fija sobre el espejo.

Veo con preocupación y anhelo el artefacto antiguo fabricado por aquella bruja llamada Tabatha.

─Creo que no lo sabrás─ dice con facilidad fingiendo un puchero burlón.

Es entonces cuando lo empuja con el dedo. Me desconecto del arma de oro automáticamente mientras veo fijamente cómo el espejo pierde el equilibrio y cae de frente contra el suelo fragmentándose en miles de pedazos. Mi corazón se rompe junto a él esfumándose con todas la soluciones que me brindaba aquel objeto. Abro los ojos como platos.

Suelto un grito lleno de frustración por todo lo que me ha pasado por culpa de ambos, haciendo que mis ojos se llenen de lágrimas. Me giro para ver a Cassius liberado porque me desconecté del arma de oro, él se encuentra con su puño alzado preparado para que ambos se vayan de aquí, es entonces cuando corro nuevamente hacia él y usando la fuerza de un ogro lo golpeo contra el suelo, tomo dos discos transformados en cuchillos, controlada por aquella fuerza interna y completamente nueva para mí, clavo un cuchillo en su hombro y otro en su pierna. Cassius grita y se revuelve desesperado, entonces alza la mano ligeramente y envolviendo a Mariel con su poder hace que desaparezca, salvándola una vez más.

La puerta se abre dejando entrar a un huesudo Cassido apoyado sobre su bastón con la ayuda de su prometida Samantha.

Noto que los ojos de Cassido me miran preocupados, y a la vez observan a Cassius ser herido por mis propias manos.

Aquella fuerza disminuye, hasta desaparecer por completo cuando miro aquellos ojos preocupados de mi querido Cassido, y también cuando me encuentro con los ojos críticos de Samantha. Mis extremidades comienzan a temblar y mi corazón palpita acelerado lleno de sentimientos encontrados. Me alejo de Cassius que se encuentra increíblemente débil sobre el suelo. Me vuelvo un ovillo al lado de Hadrien que está tendido inconsciente, caigo sobre él echándome a llorar, llena de frustración y confusión, a la vez sin entender cómo fue que reaccioné de una manera tan salvaje contra Cassius, como si yo, en realidad, fuera un monstruo.

Para mi sorpresa todas las miradas se encuentran sobre mí, los ojos de Samantha, los ojos de Cassido y la mirada fría de Cassius, de pronto, este último se echa a reír nuevamente como si estuviera desesperanzado y a la vez triste.

¿La vieron?—dice Cassius ─. Por un momento era un súcubo, mostrándome su verdadero rostro mientras me acuchillaba─ comenta. Lo miro aterrada de mí misma, llevándome las manos a mi cara, a la vez que noto que las manos de Cassius tiemblan y sus ojos me ven con fascinación.

Pero entonces Cassido mira a Cassius. Y por un momento ambas miradas se encuentran quedando conectadas diciéndose todo en silencio. Cassido es una mezcla de pensamientos y emociones, mirando a Cassius con clemencia y amor pero a la vez con severidad y decepción.

─Dejaste que mataran a mamá─ dice Cassido con la voz quebrada y los ojos rojizos ─. ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Estás loco!

Cassius solo lo mira y puedo saber que aunque trate de ocultarlo siente culpabilidad cuando ve a su hermano, quedándose callado.

─¡Habla, Cassius!—exclama Cassido con fuerza mientras su respiración se vuelve pesada debido a su debilidad ─. ¿Por qué?—vuelve a exigir mientras Samantha apoya una mano sobre su hombro ─. Eres un cobarde que no puede hablar cuando debe hacerlo. ¡Me das lástima y pena!

Por primera vez noto que Cassius traga saliva con dificultad.

─Cassido…─dice Cassius en voz baja, llamándolo como si estuviera pidiendo auxilio en silencio ─. Cassido…

─¡¿Qué?!—exclama Cassido herido y obstinado.

─Hay algo que no sabes.

─¡¿Y qué es?! ¿Qué estás enfermo mentalmente?

Cassius suelta una pequeña sonrisa triste ─Que…al vender tu alma no solo te puede matar la condena, existe una segunda cosa que puede quitarte la vida.

─¿Y qué es?—pregunta Cassido frunciendo el ceño.

─La otra forma de morir es si en ti hay un poder tan grande como el tuyo.

─¿A qué te refieres?

─Mueres si lo haces tú mismo─ explica exhalando un suspiro cansado.

─¿Por qué lo dices? ¿Consideras que debo matarme yo mismo en vez de sufrir por mi estado? No gracias, no soy así, prefiero enfrentar de esta manera las consecuencias de todo lo que he hecho por haber seguido tus pasos y los de Mariel.

Y sin respuesta alguna, en un parpadeo inesperado, Cassius alza su anillo apoyando el cristal redondo igual que un cielo nocturno contra la sien de su cabeza, cierra los ojos mientras recita palabras en el idioma negativo.

Por un momento recuerdo la primera vez que vi sus ojos, cuando salí del domo y él había atacado a David, cavilé que eran sorprendentes, porque parecían que se estuvieran difuminando debido al baile de tonos de grises que existe en ellos. Al principio pensé que había visto por primera vez aquellos ojos en Cassido pero lo cierto es que los había visto en él.

Sin previo aviso, su brazo cae flácido a su lado y de su nariz se escapa un hilo de sangre.

En tan solo dos segundos, Cassius había muerto.

Capítulo 2

HADRIEN

Abro mis ojos con precaución mientras noto la claridad del día atravesando la ventana, y noto que mi entorno da vueltas. Mi cabeza y mi cuerpo palpitan con dolor unido a una presión punzante y prácticamente insoportable. Reconozco que estoy en la habitación que comparto con Zeva tendido sobre la cama y cubierto cómodamente, hasta que escucho que no estoy solo, alguien tose incontrolablemente mientras solloza sin consolación. Me giro para observar a Cassido sentado en la orilla de la cama dándome la espalda, con su cuerpo cubierto por su típica capa y con una postura encorvada, colocando su delgada cabeza entre sus manos mientras apoya estas sobre su bastón. Sus hombros se agitan al compás de su respiro veloz entre sollozos.

─Cassido─ lo llamo.

Él se endereza un poco con esfuerzo y no se atreve a mirarme mientras se enjuaga las lágrimas con sus delgados y finos dedos parecidos a agujas.

─Cassido─ vuelvo a llamarlo recordando toda la ayuda que me ha brindado estos últimos días ─. ¿Qué ocurre? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Zeva? ¿Y Mariel? ¿Y Cassius?

Él se gira con cuidado y me dedica una mirada desconsolada con sus ojos inyectados en sangre.

─No─ tartamudea en un murmullo inaudible ─ no puedo─ suelta mientras aprieta sus ojos y continúa llorando dándose a sí mismo una apariencia mucho más demacrada que lo usual.

─No me digas que has usado magia negra para curarme─ digo en forma de advertencia mientras en el fondo de mi mente se asoman mis recuerdos de cómo la magia de Cassius me elevaba sin control hasta que vi todo negro.

─¡No!—exclama con la voz quebrada ─. ¡Qué va! Si la uso puedo morir en un instante.

─Entonces dime qué está pasando─ insisto acomodándome para sentarme ─. ¿No puedes qué?

─No pude ir a los entierros e insistí en quedarme a cuidarte─ dice en un susurro.

Mi corazón palpita pesado mientras un pensamiento alarmante se asoma en mi mente: ¿Será el entierro de Zeva? ¿Ella habrá muerto mientras estuve inconsciente? Una presión preocupada hace que mis manos tiemblen.

¡No! Mi Zeva no, ella no puede morir, no ella.

Un nudo se forma en mi garganta.

─Zeva…─ susurro junto a un suspiro ahogado.

─¡No! Zeva está bien, solo está presente en aquella pequeña ceremonia que organizó la reina─ dice asintiendo mientras lágrimas silenciosas recorren sus mejillas sin control.

Un alivio embriagante inunda mi cuerpo permitiéndome soltar un pequeño suspiro.

─Entonces…te refieres a Magnolia ¿cierto?—digo con tristeza ─. Yo lo siento tanto…

─Al menos pude reconciliarme con ella antes de que se fuera─ me interrumpe sin verme con el deseo de desahogar sus sentimientos ─. Fue como una despedida─ asiente con la cabeza ─. Era mi madre, Hadrien, mi mejor amiga, pero no sé qué me duele más. Que ella haya muerto, que cuando yo muera mi alma no esté junto a la de ella o que mi propio hermano estaba consciente de su asesinato. No solo perdí a una madre, la dimensión positiva también perdió a una gran fuente de poder. Pero a lo que a muerte se refiere, no solo hablo de ella.

─¿Sobre quién, Cassido?—insisto con mi mirada fija en él.

─Cassius—no puedo evitar que mis ojos se abran por la sorpresa —. Él usó su magia y ayudó a que Mariel desapareciera luego de que ella rompiera el espejo en pedazos. Pero Zeva fue rápida y detuvo a Cassius reteniéndolo aquí. Vi los ojos de mi hermano─ cuenta haciendo una pausa y llevándose una mano al pecho mientras sus ojos se estrechan como si estuviera analizando una imagen en su mente ─. Los vi, su mirada no tenía ninguna pizca de arrepentimiento o de redención, él estaba determinado a hacerlo, estoy seguro de que él ya lo había planeado.

─¿En qué había pensado?—pregunto frunciendo el ceño.

Cassius se mató a sí mismo con su propia magia. Acabó con su presencia. Simplemente pensaba que ya no tenía salida, murió porque estaba cansado y a la vez para no ser capturado y no tener que confesar nada─ dice y entonces su voz se vuelve a quebrar, tose sin control y comienza a sollozar como un niño pequeño ─. Pero yo solo sé que ya no veré más a mi hermano. Adriano, mio fratello─ me dice llamando a su hermano en nuestro idioma natal.

Inmediatamente recuerdo la agonía que sentí al ver las tumbas de Giulia y de mi madre, entiendo completamente todos aquellos sentimientos encontrados dentro de su interior. Me acerco a él y decido darle unas palmadas en su espalda, y también decido no decir nada porque en momentos como este es mejor quedarse callado. Él tampoco dice nada más apoyando su frente contra su bastón mientras se permite llorar, drenando todos aquellos sentimientos que nos hacen prisioneros por toda la eternidad. Extrañar es la palabra más contradictoria, pues su significado la hace ver como una de las cosas más hermosas y horribles del mundo.

Mis ojos se encuentran con los fragmentos del espejo esparcidos sobre el suelo, mientras los recuerdos de Zeva van emergiendo en mi mente a la vez que solo pienso en que todos nosotros nos hemos convertido en un gran desastre, pues me cuesta pensar en cuánto hemos perdido en tan solo un abrir y cerrar de ojos.

Sé que el corazón de Zeva debe de estar tan roto como el mío ante la pérdida del espejo pues siendo así, ambos hemos perdido también increíbles soluciones que solo él nos podía brindar. Todos en la dimensión, hemos perdido esta noche al único ser mágico que ha vendido su alma a nuestra dimensión, y junto a ambos hemos perdido también a la piedra de oro. Pero, ¿por qué? ¿Por qué Mariel se llevó la piedra si ninguna de las criaturas oscuras puede tocarla o usarla?

La puerta de la habitación suena anunciando que hay alguien del otro lado interesado en entrar. Cassido sorbe su nariz y se endereza como puede haciendo que sus hombros huesudos se vean más pronunciados.

─¿Sí?—deja salir con la voz quebrada.

─Cariño─ escucho la voz de Samantha mientras abre la puerta con cuidado ─. Ya todo ha terminado─ sus ojos se alzan de pronto, mirándome ─. ¿Cómo te sientes, Hadrien?—pregunta con amabilidad.

─Solo un poco aturdido─ respondo, mientras miro la espalda de Cassido ─. Sé que no ayuda mucho lo que voy a decirte Cassido, pero creo que debes ir a descansar.

Samantha lo mira con tristeza y preocupación pero ninguno de los dos equivale a la cantidad de amor que también expresa.

Cassido tarda en responder pero luego de unos segundos suelta un suspiro triste, acaricia la cabeza de Sam que está sentado en el buró para luego levantarse con esfuerzo, y encorvado sale de la habitación junto a Samantha para irse y cerrar la puerta.

Mis ojos observan la ventana. Miro con admiración a los hipogrifos y dragones volar en el cielo azul llenos de libertad. Y apreciar este cielo índigo que yace frente a mí solo me lleva a pensar que Zeva, cada vez que lo mira, relaciona mis ojos con el color de aquel admirable horizonte.

Oh, Zeva.

¿Por qué tengo que ser egoísta y desear que David regrese dentro de aquel collar?

Oh, Zeva.

Le dije que la amaba y sin embargo nunca he escuchado aquellas palabras salir de sus labios como tanto he querido.

Estiro mi brazo para tomar la vieja foto en blanco y negro de mi familia que encontré en mi eterno hogar en Italia, la cual había dejado sobre el buró para verla siempre antes de dormir, suspiro con nostalgia apreciando cada rostro que se muestra en la imagen, recordando con cariño a aquellas personas que tanto amo, pero al mismo tiempo reconozco que tengo que dejar ir el pasado.

Y de pronto, sin previo aviso, como imágenes uniéndose una junto a la otra, antes del ataque de Mariel, recuerdo cuando Zeva fue a casa de Magnolia, a pedirle que la ayude a cumplir una promesa que ha logrado ocultarme ágilmente.

Mi corazón se contrae decepcionado al comprender que le pidió que le ayudara a regresar a Priscilla a la vida.

Capítulo 3

TRADEUS

Estoy de brazos cruzados mientras el viento me envuelve sintiéndome frío y más atónito de lo que ya me encuentro, tengo un nudo en la garganta que no puedo liberar. Mis pulmones se sienten aprisionados mientras escucho el murmullo sumergido de las criaturas que se alejan para regresar a sus hogares indicando que el funeral ha terminado.

Lo cierto es que la mayoría de las criaturas mágicas somos inmortales hasta que somos asesinados por otro tan o más resistente como nosotros.

El cielo es azul, intacto como si nunca hubiese pasado una tragedia como en la que estoy ahora.

Observo fijamente los montones de tierra que cubren los cuerpos de dos personas de mi familia. Dos montones de tierra que se encuentran a mitad de la zona boscosa de la dimensión positiva. Cuando alzo mis ojos alcanzo ver a lo lejos el territorio de los valquirios, un pequeño palacio rodeado por una aldea que parecen aislados del resto de la dimensión.

Observo de nuevo las tumbas, me siento rígido como una estatua mientras mi mente está en blanco. Mi hijo y mi ex esposa están muertos. Apoyo una mano debajo de mi mentón mientras suspiro tratando de procesar aquellas palabras hirientes, tanto como el filo de una espada. Intento aceptar algo que ahora bruscamente es mi realidad.

Sé que me alejé de ellos porque Magnolia y yo acordamos que sería lo mejor antes de que los humanos notaran que ella envejecía y yo no, antes de que fuésemos acosados o cuestionados por una sociedad que ahora es prácticamente inexistente.

Sonrío al recordar cuando Cassius y Cassido comenzaron a dar sus pequeños pasos, cuando encontraron sus objetos para desarrollar sus magias. Todavía recuerdo que luego de conocer a Nathaniel, quien se había convertido en un gran amigo para mí, dejé mi país natal, Austria, para estudiar hechizos italianos, y fue un día que vi a Magnolia, por primera vez, haciéndole trucos a los humanos que lanzaban monedas en la Fontana di Trevi, con su alborotado cabello rubio, que nuestros hijos heredaron, traviesa sonrisa y sabia mirada oscura. Jamás había visto a una chica tan bella. Hace dos días, cuando llegué a esta dimensión, la vi nuevamente, había envejecido y por supuesto su cabello ya no era rubio, su rostro parecía más duro y tenía algunas arrugas acumuladas por la experiencia en su piel, pero seguía siendo hermosa. Todavía escucho a mi corazón latir con la cobardía de querer hablarle, sintiéndome como un colegial humano al ver al amor de su vida, y vaya que he tenido muchas relaciones a lo largo de toda mi existencia.

No puedo creer que los perdí a ambos y con ellos perdí la oportunidad de hablarle a Magnolia, y no puedo ignorar el hecho de que aún estoy perdiendo a otro hijo, quien muere con el paso de los minutos. Mi corazón se hunde ante tal pensamiento. No puedo creer que dos personas de mi familia hayan muerto y que el último que queda esté muriendo también, todos por culpa de Mariel.

En un parpadeo mis ojos se encuentran con la única persona que ha quedado como yo en todo el lugar, ella se encuentra al otro lado, de brazos cruzados observando las tumbas.

Zeva, el arma de oro.

La chica se ve retraída, con una mirada fija pero que es más pérdida que pensativa, es como si estuviera impresionada, y su piel, usualmente pálida, se ve casi azul, parece una diosa griega con su vestido púrpura, rasgado y maltratado que a la vez se mueve con el viento como si fuera una musa para una vívida imagen artística. Ella está allí, llamando la atención con su apariencia sin ni siquiera intentar hacerlo. ¿Cómo puede ser ella hija de un súcubo?

Camino hasta detenerme a su lado, ella alza sus peculiares y llorosos ojos hacia mí.

─Tradeus─ dice exclamando con sus ojos que soy la persona con la que menos quiere hablar ─. Espero que me disculpes─ añade desviando sus ojos ─. Espero que tú y Cassido puedan perdonarme.

¿Por qué?—decido preguntar lleno de curiosidad ya que sé que hay un asunto importante que pasa por su mente, la delata la expresión de su mirada.

─Si tan solo hubiera dejado que Cassius huyera con Mariel…─ confiesa ─. Pero yo lo ataqué. Y no te mentiré, Tradeus─ dice ahora observándome con aquella fuerte mirada ─, quería matarlo, algo se apoderó de mí desde adentro, quería hacerlo y si lo pienso no me arrepiento, lo único que lamento es lo que ahora piensan tú y Cassido sobre mí─ añade observándome mientras el viento remueve su flequillo ─. Y Magnolia…─hace una pausa mirando de nuevo el césped insegura de la respuesta mientras patea el aire con sus desgastadas botas.

─¿Qué ocurre con Magnolia?—pregunto insistente, entiendo su confusión y aquellos sentimientos que parecen egoístas pero que en realidad no lo son ─. ¿También la atacaste?

Ella suelta una sonrisa torcida ─Es que…en ambas muertes de alguna forma estuve presente.

A ver…¿estuviste presente en las recolectas de humanos y eso quiere decir que eres responsable de las criaturas y personas que murieron?

Ella alza su mirada arqueando una ceja ─No.

─Exacto. Estabas presente en la sociedad humana y no quiere decir que tú seas responsable de las equivocaciones y crueldades que cometió la humanidad antes de la invasión, como las guerras, los asesinatos a seres inocentes, el abuso a la naturaleza, la corrupción, los crímenes, las mentiras, las burlas, entre otras cosas, y debo agregar que las criaturas mágicas aprovecharon ese momento de debilidad para invadir el mundo─ ladeo la cabeza ─. En fin, tengo razón en lo que digo, ¿cierto?

Ella deja salir una pequeña sonrisa ─Cierto.

Que hayas estado presente en las dos muertes no quiere decir que haya sido tu culpa. Según lo que me dijo Cassido la única culpable es Mariel, y en cuanto a Cassius… él decidió morir solo.

─Cassius─ pronuncia frunciendo el ceño ─, él era un completo misterio ¿no? ¿Por qué habrá decidido morir? ¿Por qué colaborar con la muerte de su propia madre?

Cassius siempre tuvo ideas diferentes al resto. Él tenía problemas desde pequeño y se refugiaba en su hermano, imitándolo, tratando de ser como él, pero todo lo que hacía le salía mal, esto llevaba a que su comportamiento se volviera más retorcido. Supongo que enamorarse de Mariel fue una manera de independizarse y de abandonar la idea de copiar a Cassido. Magnolia se desesperaba con ese hecho y en vez de alentarlo a mejorar se equivocaba con reprimirlo e incluso con ignorarlo, por esta razón Cassius nunca valoró ni quiso a Magnolia como para pensar en el dolor de su muerte─ explico regresando en el tiempo a través de los recuerdos ─. Yo nunca fui un padre excelente pero traté de hacer mi papel lo mejor que pude hasta que Magnolia y yo nos separamos. Ahora que lo pienso, creo que Cassido fue la única persona en dedicarle cariño y paciencia a Cassius.

─Me duele tan solo pensar en cómo se siente Cassido ahora─ comenta ella con una expresión triste demostrando cuanto quiere a mi hijo, es lógico, todos siempre lo han estimado.

─Tener a Cassido ahora es importante para mí. Solo quiero que sea feliz, deseo ver que se case con la mujer que ha amado durante toda la vida, quiero ver que se sienta como alguien normal mientras pueda─ confieso.

─Ayudaré en lo que pueda para que él logre ser feliz─ dice.

Gracias, Zeva─ digo, ella sonríe alzando la mirada hacia el cielo, sus ojos brillan cuando lo hace, tal vez porque piensa en algo que le agrada cuando lo ve.

Ella se percata de mi mirada fija sobre ella y se gira a verme ─ ¿Ocurre algo?—pregunta llena de curiosidad.

─Sí─ respondo ─. Me pregunto qué piensas al saber que Mariel es tu madre.

Es algo que nunca esperé─ dice ─. Y ahora me duele más que nunca, pero tengo que aceptarlo. Ser su hija, en parte, me hace ser quien soy ahora. Y aunque digan que me parezco a ella, yo sé que no hace falta compararme, somos dos mentes distintas, no somos similares en absolutamente nada — ella frunce el ceño como si saber que ser hija de aquella súcubo produce una mezcla de sentimientos en su cuerpo, y luego de suspirar suelta las siguientes palabras —. El mundo no es más que una realidad llena de decepciones.

—No, el mundo no, Zeva. Quien decepciona es la sociedad. La sociedad humana donde creciste está rota, siempre lo estuvo, incluso más que ahora. Ni siquiera cuando hay un problema que los involucra a todos se animan a ayudarse mutuamente. No lo sé, supongo que por más que he intentado, nunca lograré entender a los humanos completamente; porque, a decir verdad, ellos son increíblemente complejos, pero a la vez, sus impulsos guiados por su instinto salvaje son tan sencillos de comprender — digo recordando toda la historia de la humanidad y de aquellos altibajos históricos de los que no aprenden —. Solo, no confundas el mundo con la sociedad y tampoco mezcles lo que ocurre en tu vida con el mundo, porque a pesar de que se complementan y están increíblemente relacionados, uno sigue siendo distinto al otro.

—Es cierto, Tradeus— dice la chica y suspira de nuevo con confusión y una extraña melancolía —. Supongo que si no fuese por Mariel, creo que yo no sería tan fuerte. Pero me indigna que haya matado a Magnolia y solo lo hizo para llevarse la piedra de oro— de pronto frunce el ceño con una duda revoloteando en el interior de su mente —. ¿Por qué se la llevaría?

─¿No se te ha ocurrido el por qué?—pregunto impresionado de que no haya pensado en lo más probable.

─¿Cuál?—pregunta de vuelta con sus ojos brillando llenos de curiosidad olvidando completamente nuestra conversación sobre Mariel.

─La única posibilidad que veo es que se la haya llevado porque la última profecía está por activarse y puede implicar la utilización de la piedra de oro─ explico.

Sus expresivos ojos se abren de par en par al escuchar mis palabras —Entonces, el comienzo de la última profecía está cerca—suelta ante aquella posibilidad.

—Sin duda alguna—respondo seguro —. Y cuando llegue el momento debemos estar preparados. Sobre todo la reina. Aquí, entre nosotros, me parece que ella aún no asume su papel con fuerza.

—Dionne apenas está comenzando, hay que tener en cuenta que todo lo que ocurre cae directamente en sus manos. Es una chica joven que está comenzando a enfrentar la realidad, una que no es nada sencilla. Además, ahora junto a Giselle tiene que resolver con urgencia lo que está ocurriendo bajo los domos en el plano medio— dice ella con determinación.

—La reina estuvo aquí— respondo recordando el breve funeral —. Llevaba aquel vestido de seda color pastel, el collar rodeaba su cuello, y su dorado cabello ondeante caía sobre sus hombros, su apariencia sin duda era de una líder, pero su postura era confundida y su mirada perdida.

—¿Qué quieres decir? — pregunta el arma de oro frunciendo el ceño como si estuviera a la defensiva.

—¿Has hablado con ella? — pregunto de vuelta cruzándome de brazos.

El viento envuelve su cabello mientras me escruta con sus extraños ojos aún sin entender mis palabras.

—¿Por qué me haces esa pregunta, Tradeus? —se limita en decir.

—Creo que la reina oculta algo, algo que le preocupa o la atormenta.

—Tal vez se trata del riesgo que existe de perder su collar.

—Sinceramente, creo que es algo más—comento recordando las cejas arqueadas de la reina —. Con respecto al hechizo que está sobre ella. He estado leyendo libros de la biblioteca del palacio, estudiando casos y recordando otros hechizos y conjuros, incluso he intentado combinarlos para tratar de encontrar una solución— cuento recordando la infinidad de páginas polvorientas que leí en distintos idiomas e incluso las figuras conjúrales que descifré.

Sus ojos, esta vez entusiasmados, me miran con esperanza —¿Lograste algo? Porque Magnolia no tuvo el tiempo suficiente para comenzar a trabajar en él.

La mención de su nombre hace que mi cuerpo se estremezca pero inmediatamente alzo firme la mirada y me enfoco en el asunto —Me temo que no encuentro nada, he leído todos los libros de hechicería e incluso otros que no tienen nada que ver con el tema. El hechizo que yace en la reina es tan extraño y es el más complejo que he podido presenciar, a tal extremo que he llegado a creer que ni siquiera el líder de la dimensión negativa fue capaz de crearlo por sí mismo.

—¿Crees que tuvo ayuda?

Afirmo con la cabeza con brusquedad —Una ayuda increíblemente ágil. El líder actúa como si fuera un brujo o un mago por la sangre de demonio y de humano en sus venas, pero lo cierto es que no es uno. Si él depende de una esfera de cristal y la utiliza sin ser brujo o mago, es indiscutible que también la crearon para él.

—Entonces…quien creó el hechizo y la persona que inventó la esfera de cristal debe de ser la misma.

—Exactamente, pero es solo una suposición a través de mis estudios— contesto y tras un fugaz suspiro digo —. También creo que quien inventó el hechizo es la única persona capaz de deshacerlo, ni siquiera Magnolia que había entregado su alma hubiese estado capacitada para retirarlo. Quien lo haya hecho sin duda es audaz y posee inteligencia superior, debe de tener una larga experiencia y trayectoria en el área mágica.

—¿Más experiencia que tú?

—Aunque no lo creas estoy seguro de que sí. Si Cassius, Cassido y Magnolia han sido las únicas criaturas mágicas en toda la historia en entregar sus almas y servicios a alguna de las dimensiones, estamos hablando de una persona que sin entregar su alma maneja magia de una manera superior a cualquiera que existe. Y yo no poseo conocimiento de nadie así, además no soy capaz de manejar cualquier clase de conjuro, hechizo o magia.

—¿Qué otra clase de magia puede existir?

—Aquella persona debe manejar planos conjúrales ancestrales y hechizos místicos antiguos, de aquellos que son indescifrables incluso para mí, por el idioma en el que están escritos, como el latín, y porque son tan anticuados que han existido durante siglos antes de que yo naciera, tanto que prácticamente todos los brujos y magos ya no tienen conocimientos sobre ellos.

Ella me observa como si una idea brillante se le hubiese ocurrido —Tengo el arma de oro, ¿yo podría ser capaz de retirarlo?

Niego con la cabeza con decisión —Por supuesto que no. Si el hechizo de tu hermana fue creado con base en conjuros ancestrales, también debe de tener alguna técnica especifica que solo el creador conoce, además todos los conjuros ancestrales son peligrosos y deben de tener una práctica arriesgada y constante.

—¿Qué solución tenemos entonces?

Me encojo de hombros —Encontrar a la persona responsable del hechizo.

—¿Cómo sería si quiera posible?

—Tendrías que estar dispuesta a sumirte en una nueva aventura, Zeva.

Ella me observa con una sonrisa burlona como si la respuesta es un tanto obvia —Me encantan las aventuras, porque, cada vez que me pierdo encuentro una parte de mí misma que antes no conocía.

—Pero antes debemos esperar a que la profecía se active y que la dimensión positiva encuentre a un nuevo mago o brujo que se entregue, porque estoy seguro de que le hará falta— le recuerdo de inmediato.

—Podrías entregarte tú— sugiere.

Le sonrío con suficiencia —Es una idea que he estado considerando.

Tras decir aquello ambos nos quedamos en silencio mientras el murmullo de las hojas de los árboles azotadas por el viento es intercambiado por el ruidoso vuelo de los dragones, pegasos e hipogrifos en el aire. Observo de nuevo y detenidamente las tumbas indiscretas en el suelo haciéndome recordar la pena que llevo dentro y este solamente es reemplazado por el serio rostro de Magnolia en mi mente con el deseo incontrolable de querer hablar con ella nuevamente.

—¿En qué piensas? — me pregunta la chica a mi lado.

Titubeo un poco antes de hablar—En las palabras que nunca le pude decir a Magnolia.

—Pues tienes suerte— dice ella de pronto —. Porque aún puedes decírselas, sería un privilegio que todos pudieran visitar a sus seres queridos en el plano positivo de los espíritus.

Abro los ojos como platos con una nueva esperanza recorriendo mi interior — ¿Y si eligió ir al cielo?

—Pues ve y averígualo— dice ella con una sonrisa sincera.

—Tienes razón— concuerdo con respeto —. Y tú, deberías arreglar aquellos problemas personales que tienes.

Ella rueda los ojos y estoy seguro de que la imagen del chico humano que dejó de ser un arconte revolotea en su mente —Completamente cierto— contesta.

Y sin despedirme de la extraña y valiente chica de ojos color amatista, comienzo a dar pasos firmes para atravesar el bosque e ir a la plano positivo de los espíritus y así decir las palabras que en este momento me asfixian mientras me regaño mentalmente por haber perdido el tiempo cuando tanto ella como yo aún lo teníamos.

***

Doy pasos dudosos para luego detenerme frente a la imperiosa verja dorada que indica la entrada del plano positivo de los espíritus. Una mujer mayor es la única que se encuentra aquí, me dedica una mirada cuestionante sobre sus anteojos.

—Me llaman guardiana. Y tu nombre es Tradeus, ¿cierto? —pregunta ella ahora con una mirada afectuosa como si me conociera de toda la vida.

—Exacto—contesto precavido.

—¿A qué debemos tu visita? Tengo entendido que aún no es tu momento de pasar a esta nueva vida, y mucho menos elegir a qué lugar quieres ir para tu eternidad.

Yo ladeo la cabeza —En efecto. La única razón por la que vine aquí es porque necesito hablar con Magnolia.

Ella alza sus cejas indicando reconocimiento —¡Oh! Magnolia. ¡Vaya!, ni siquiera tiene veinticuatro horas que dejó su antigua vida y ya la solicitan.

Una presión llena de ansias se forma en mi pecho y siento como mis ojos se iluminan —¿Eso quiere decir que ella decidió estar aquí, en el plano positivo de los espíritus?

—Por supuesto—asegura la guardiana —. ¿Entrarás a verla?, porque presiento que el fantasma de la duda se expande en tu interior.

Titubeo, pero finalmente, luego de apretar mis manos en puños, respondo —Sí.

La anciana sonríe con suficiencia y luego, alzando un dedo, me advierte —Un minuto.

La valla se abre y de pronto es como si un nuevo y frío aura me rodea invitándome a entrar con pasos inseguros. Me adentro viendo mi alrededor infinito formado por un cielo colorido y un suelo repleto de nubes. Observo cada rostro buscando el suyo con mi corazón latiendo dubitativo.

Humanos y criaturas pasan de largo sin verme, riendo y disfrutando con entusiasmo su "nueva vida", como dice la guardiana. Solo son humanos y criaturas mágicas, porque, siempre he sabido, que los animales, al ser tan puros, cuando mueren van directamente al cielo; además, todo aquello que tiene vida es porque tiene un alma. Es irónico pensar que los humanos bajo el domo actualmente viven cautivos y preocupados siendo temidos y sometidos por las criaturas mágicas que invadieron el plano medio, al igual que ellos cuando solían someter a los animales indefensos para obtener beneficios materiales que realmente, no eran necesarios.

Me desprendo de mis profundos pensamientos y razonamientos cuando me sobresalto al sentir un conocido apretón sobre mi hombro derecho. Me giro súbitamente para encontrar los ojos oscuros que buscaba tan cerca de los míos después de tanto tiempo. Está cubierta con uno de sus típicos vestido floreados y coloridos. Y aquella herida en su frente, que ocasionó su muerte, ha desaparecido sin dejar rastro.

—¿Tradeus? — pronuncia con aquella voz profunda que tanto deseé volver a escuchar y pregunta con su usual expresión dura—. ¿Qué haces aquí?

—Magnolia— digo como si no pudiera creerlo —. Yo solo quería decirte…—descubro que me encuentro trabado con aquellas palabras insistentes por salir pero que han quedado atoradas en mi garganta.

La expresión de sus ojos se aligera y suelta una pequeña sonrisa —También te extrañé, Tradeus. Tú has sido el único con el que decidí formar una familia— pronuncia mirándome con seguridad —. Espero que esas dos frases sean explicación suficiente para que tengas la certeza de que jamás he dejado de sentir por ti, el sentimiento que te demostré una vez.

Se me escapa una sonrisa al escucharla —Me siento débil ahora. ¿Cómo es que tú sí puedes expresar las mismas palabras que yo no pude decirte?

—¿Cuándo vas a aceptar que entre tú y yo, yo siempre he sido la fuerte?

Me río y luego alzo la mirada para observarla en silencio por un momento —¿Cómo estás?

Magnolia deja salir una mirada divertida para luego responder —Aún estoy sorprendida de estar aquí, pero a la vez es un inesperado alivio. No tengo magia, ninguna criatura es capaz de usar magia aquí— se encoge de hombros —. Al fin y al cabo, ya estoy en el descanso eterno.

—Mariel te asesinó ¿cierto? — pregunto con curiosidad.

—Por supuesto, aunque confieso que su visita fue totalmente inesperada, supo aprovechar mi distracción cuando conversaba con Zeva para escabullirse en mi hogar. Ella quería deshacerse de mí pero al mismo tiempo quería la piedra de oro, tú sabes la razón, indudablemente la última profecía requerirá usarla. La piedra será importante para el futuro— explica —. La mayoría de las criaturas mágicas somos inmortales hasta que otra con más agilidad sepa dominarnos, justo como me sucedió, Mariel usó su persuasión en mí antes de que pudiese percatarme de ello. A veces, aquello que piensas que ocurrirá de una forma y luego no sucede de la manera en la que habías esperado es lo mejor que puede pasar.

—La dimensión positiva te necesitará. Debemos encontrar a alguien que entregue su alma, y yo quiero hacerlo— suelto sin pensarlo.

Por un momento ella se dedica a verme con cariño, y dando un pequeño paso, coloca su mano sobre mi mejilla —Cuando entregas tu alma, la dimensión debe de tener la certeza de que eres un buen brujo. Tú eres excelente, pero, existe alguien mejor que tú y mejor que yo. Y para la magnitud de la guerra que se avecina la dimensión necesita que esa persona se entregue.

Yo frunzo el ceño —¿Quién es?

—Lo sabrás, descubrirán su identidad pronto.

—Entonces, ¿no concedo mi alma a la dimensión?—pregunto.

Ella ladea la cabeza —Es mejor que no lo hagas. No estás destinado a entregarla.

Yo me quedo callado por un instante y cuando ella aleja su mano de mi rostro, nuestros ojos se encuentran.

—Cassius también murió— decido hacerle saber.

Ellos no tenían una buena relación, pero a juzgar por la expresión de sus ojos puedo notar a simple vista el amor que siente por él a pesar de todo.

Magnolia se lleva una mano al pecho —Lo sé— suelta —. Pero el decidió estar en el plano negativo de los espíritus incluso mucho antes de morir. Aunque no lo parezca, él sabía lo que hacía y se encontraba cómodo con sus decisiones.


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