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Atrápame si puedes….

Vanessa Lorrenz





















Título: Atrápame si puedes.

Portada: Vanessa Lorrenz

©2017 Vanessa Lorrenz

Todos los derechos reservados

1ª Edición: Febrero, 2017

Es una obra de ficción, los nombres, personajes, y sucesos descritos son producto de la imaginación del autor. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso del autor.



Has llegado tan impuntualmente a mi vida, que he decidido

mover todos los relojes hacia tu posibilidad







Capítulo 1









—Esto va hacer realmente fácil—Andy habló entre dientes para que únicamente su voz se escuchará por el micrófono que tenía dentro del escote la pudiera escuchar.

Su siguiente víctima estaba frente a ella, lanzando los dados en el craps dentro del famoso casino Royal Price, el hombre que estaba frente a ella la miró como si fuera un suculento manjar al que fuera a devorar en cualquier instante. Intentaba con todas sus fuerzas que las náuseas que sentía al ver aquel hombre no se le notaran, debía rondar los cincuenta años, calvo, con muchos kilos de más, los cuales no lograba disimular con su esmoquin de marca, se notaba que se le reventarían los botones en cualquier instante.

Tomó la fina copa llena de burbujeante champagne y la saboreó entre sus labios, mirándolo sensualmente. El hombre comenzó a sudar y entreabrió los labios mirándola con deseo, «maldito asqueroso» pensó al mismo tiempo que caminaba en su dirección.

—Hermosura será mejor que nos retiremos a la habitación—Andy le sonrió como si esa fuera la mejor idea del mundo, «llegó la hora del show» pensó decidida mientras se dejaba guiar por la mano del asqueroso hombre hasta la lujosa habitación del hotel, que se encontraba en la parte superior del casino.

Cuando entraron el hombre prácticamente se abalanzó sobre ella, pero en un acto reflejo logró escapar de la prisión de sus brazos.

—Espera un segundo querido, a mí me gusta jugar lentamente, permíteme que te sirva una copa de vino.

Se ajustó su vestido entallado color negro con sinuosos movimientos, volviéndose a acomodar sus cabellos color rojo cobrizo, se dirigió al pequeño mini bar de la habitación sirvió dos copas de vino, con un sutil movimiento llevó a su mano una pequeña pastilla que al hacer contacto con el vino, parecía un burbujeo inocente, cuando estuvo todo listo, le ofreció la copa y mirándolo a los ojos se llevó su copa a los labios. El hombre sin dudarlo dos veces apuró su copa de un sólo trago, para volver al ataque con ella.

— ¡Oh espera cariño!, deja que te mime esta noche pareces cansado, vamos recuéstate en el sillón.

Sabía que no tardaría mucho en caer rendido, así que para que no sospechará nada, se tumbó a horcadas sobre de él, reprimiendo las náuseas al sentir la excitación del hombre crecer al tener contacto con sus piernas.

Le empezó a desanudar la corbatilla del traje, y comenzó a masajear los hombros.

—Vamos cariño esta noche la vamos a pasar genial—dijo tratando de parecer melosa, cuando en realidad lo único que quería era vomitarle encima.

—Eso espero—al escuchar la voz adormilada del hombre, supo que su víctima estaba a punto de caer rendido. Cuando escuchó el sonoro ronquido sonrió satisfecha.

—Vaya cariño no me rendiste nada.

Ahí tenía a un hombre poderoso, Stuart Clangor el hombre más rico según los estándares de una famosa revista, estaba ahí, rendido ante una mujer.

—Adelante Tom—volvió hablar al micrófono que tenía oculto en el vestido.

Unos segundo más tarde un hombre de unos veinticinco años, entraba por la puerta de la habitación, cargando un portafolio, vestía un traje hecho a la medida con el que nadie pondría en duda que era un alto ejecutivo, se acercó a ella y sonriendo divertido comenzó a abrir el portafolio de donde saco una computadora y otros aparatos eléctricos que Andy jamás entendería.

—Este te ha durado menos, no será que te has pasado con la pastillita milagrosa.

Hizo una mueca observando al hombre que estaba tendido en el sillón, incluso se lograba observar un hilillo de baba que salía de su boca.

—No, sólo que este quería pasarse de listo, me arrinconó en cuanto llegamos a la habitación, así que tuve que actuar de inmediato.

—Bueno este asunto va a salirle un poco caro.

Comenzaron a buscar en los bolsillos del hombre hasta que dieron con la billetera, de donde sacaron varias tarjetas bancarias para que Tom hiciera su magia con la computadora, iba a realizar una transferencia de fondos, pero tenían que hacerlo con suma cautela, ya que tenía que hacerle pensar al hombre que el dinero lo había gastado en las mesas de juego.

Ningún hombre lleva un registro de cuánto gasta en los casinos, y mucho menos uno que se va con una mujer que no es su esposa, para pasar una agitada noche de sexo desenfrenado. Andy comenzó a quitar toda la ropa del hombre y con mucho esfuerzo lo llevó hasta la cama, golpeándolo de camino a la recamara, ¿Por qué demonios ponían tantas mesas de camino a una habitación? Fabuloso sólo esperaba que el hombre se imaginara que le dolía todo el cuerpo por la resaca mañanera que tendría.

—Listo Andy es hora de que nos larguemos de aquí.

Dejó al hombre desnudo sobre la cama, colocó algo de ropa interior de mujer, para que pensara que habían pasado la mejor noche de su vida y sin prestar menor atención a lo que había sucedido se dispusieron a salir de ahí.

—Andy es hora de que nos larguemos—el tono de voz de su amigo la hizo saber que estaba igual o más nervioso que ella.

Salieron los dos de la habitación, ella caminó en dirección a los ascensores y Tom por las escaleras, tenían que lograr salir sin que nadie se percatara de lo sucedido, tampoco podían darse el lujo de que los vieran salir juntos.

Andy salió por la puerta principal del casino, como si nada, como si estuviera paseando en una noche mientras tomaba el fresco sereno, caminaba como si no tuviera nada que temer: como si minutos antes no acabara de cometer una estafa.













Capítulo 2









Llegó a su departamento con las piernas aún temblándole, siempre le pasaba lo mismo, en cuánto salió del casino tomó un taxi que la llevará lejos de ahí lo más rápido posible. Estaba hasta la coronilla de esa situación, si no fuera porque necesitaba reunir el dinero para sacar a su padre de la cárcel, estaría más que encantada de dejar ese negocio tan sucio.

Vivía en un bloque de ocho departamentos a las orillas de la ciudad, sólo tenía una recamara, un pequeño baño, una cocineta con un pequeño desayunador, y nada más. Se acercó a la recamara mientras se iba quitando la peluca rojiza dejando ver su larga cabellera castaña aprisionada en un recogido sujeto por una malla, comenzó quitándose las horquillas que la estaban matando, y suspiro cansada, ahora solo le faltaba recibir el mensaje de Tom, mientras cruzaba los dedos esperando que todo saliera bien.

Cerró los ojos recordando cómo fue que se había metido en todo ese embrollo. Cuando tenía ocho años, su madre murió a causa de un infarto fulminante, su padre que la amaba con locura no logró resistir la perdida y se dejó caer en el vicio del alcohol, cuando tenía quince años sabía que su padre era alcohólico, aunque para ella el seguía siendo su héroe, su única familia con la que podía confiar, así que lo amaba a pesar de no lograr salir de ese abismo.

De esa manera fue cómo para tratar de salir y pagar las pocas cuentas de las que dependían, tuvo que comenzar a trabajar, aunque su afán de superarse nunca se vio truncado, estudiaba por las noches y trabajaba de día en lo que podía, ya fuera en una tienda de abarrotes, paseando perros o cuidando niños, lo que fuera era bueno para su inestable situación económica.

Como su padre nunca estaba en su casa, los hombres la molestaban pensando que no tenía alguien que la protegiera, siempre había logrado mantenerlos a raya para que no se propasaran con ella, pero un maldito día: uno trató de cruzarla.

Andy llegó a su casa como siempre después de estar trabajando diez horas seguidas en el supermercado, y de haber asistido a clases en la escuela nocturna, abrió la puerta y de un momento otro se vio aprisionada por un hombre robusto, que la empujó contra la pared, sintió el miedo recorrerle el cuerpo, cuando las manos del asqueroso hombre recorrieron su espalda, alzando su blusa. Trató de forcejear con él, pero era más fuerte y mucho más grande, así que la comenzó a invadir el pánico.

Trató con todas sus fuerzas de pegarle, pero sólo provocó que el hombre le golpeara la cabeza dejándola media inconsciente, le llegaba el olor a alcohol y al enfocar la vista puedo ver que tenía los ojos inyectados de sangre, seguramente estaba borracho y drogado.

Sintió como la tiraba en el suelo, abriéndole las piernas a la fuerza, ese fue el momento más horrible de su vida, sintió tanta impotencia al no poder defenderse, aquel hombre seguramente la mataría después de violarla. Estaba a punto de rendirse cuando el peso que la tenía aprisionada desapareció, aturdida se levantó para ver como su padre molía a golpes aquel asqueroso hombre.

Aquello estaba predestinado a ser una tragedia, como pudo trató de separar a su padre para que no matará al hombre, intentó tomarlo de los hombros, lo jaló tan fuerte como pudo, tratando de esquivar los golpes mientras lloraba asustada, cuando logró separarlos, el hombre que la atacó trató de salir huyendo, con tan mala suerte que tropezó cayendo y golpeándose en la cabeza en un pequeño escalón de la entrada, provocando que muriera al instante.

Todo lo demás fue caótico, la policía llegó, detuvieron a su padre por homicidio, aunque trataron de explicar una y mil veces que él no lo había matado, los agentes ministeriales ni siquiera los escucharon, culpando a su padre sin tener pruebas suficientes. Poco menos de un mes su padre era condenado a sesenta años de prisión sin derecho a fianza, y fue trasladado a un penal de máxima seguridad, dejándola a ella más sola de lo que nunca había estado.

Se masajeo la cabeza tratando de despejar las lágrimas que estaban por salir pensando en su padre, ahora había una pequeña esperanza de que saliera de la cárcel, sólo si podía pagar una fianza de cien mil dólares, algo que para ella era una cantidad infinita.

Conoció a Tom en el supermercado donde trabajaba, él era un mil usos dentro de su trabajo, pero era un cerebrito para las computadoras, así que cuando a ella le dieron la notificación de que su padre podía salir bajo fianza, no lo pensaron dos veces he idearon un plan, que aparentemente estaba dando resultados, ya tenían la mitad del dinero para que su padre saliera libre, y esa era su única motivación.

Cada miércoles como correspondía, le tocaba realizar una visita a su padre, eso era lo más doloroso del mundo, aunque dentro de la cárcel había dejado el alcohol, el encierro lo estaba consumiendo poco a poco, ya no quedaba nada de ese hombre alto, corpulento que la cargaba entre sus manos para alzarla al aire mientras ella reía a carcajadas, su cabello que antes fue de un rubio radiante, ahora comenzaba a estar canoso, su rostro ahora presentaba arrugas que mostraban lo mal que lo pasaba en la cárcel.

En cuanto su padre la vio, sus ojos brillaron con alegría, ese era el único momento en el que lograba ver parte del inmenso amor que le profesaba su padre, únicamente por ese instante, todo valía la pena. Es más, si en sus manos estuviera cambiarse por él, lo haría, se consumiría con gusto en la cárcel con tal de ver a su padre libre.

Se sentaron en una mesa con dos banquillas a cada lado. Andy había pasado toda la mañana cocinando la comida preferida de su padre, para comer con él.


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