Excerpt for Auditoría Poética by , available in its entirety at Smashwords


Auditoría

Poética






BASTIAN ST. CLAIRE


2017


Todos los derechos reservados.






Índice














Agradecimientos



Llegó la hora de quedar mal olvidando a personas que siempre están.

Ya agoté las disculpas en otros libros, puse más mejillas de las que tengo para recibir las quejas bien fundadas de los olvidados y, aun así, continúo cometiendo el mismo error así que mil perdones para los que no nombro aquí.

En primer lugar deseo agradecer a Dios porque veo los hilitos que mueve para que todo salga bien. Algunos utilizan la frase “se alinearon los planetas” para explicar lo inexplicable, yo sólo le llamo “Dios”. También agradezco a alguien que comenzó como correctora de mis novelas, luego pasó a traductora para publicar mis trabajos en inglés y ahora la considero parte de mi familia, ella es Ileana Fernández. Gracias a ella este trabajo sale como sale.

Para finalizar, un agradecimiento (que deseo que lo tomen como un abrazo literario) a todo el que lea esto porque ya sea que haya adquirido el libro o se lo hayan prestado, sus pupilas están aquí y ahora y eso es muy valorable para mí. Gracias.



Nota aclaratoria



Usted se percatará que al final de algunos poemas está el signo * y un texto. Esto se debe a que en algunas poesías recordaba cuándo las había comenzado y en otras tenía los manuscritos con las fechas escritas, algo no muy común en mí ya que soy bastante distraído y poco amigo de ese tipo de ordenamiento con fechas, lugares y demás. Asimismo en otros casos cuento cuál fue el disparador para componer tal o cuál poema.


Todos los poetas tenemos un “disparador”, algo que nos sacude, de ahí que escribamos. Seamos conscientes o no, esto siempre ocurre. Nadie comenzó a escribir o recitar versos porque quería trabajar. En todos funciona como válvula de escape de esa caldera que late noche y día y que todos tenemos.

El signo * recoge fechas y momentos que me marcaron y fueron la causa de tales versos.

Ruego que esos detalles le hagan la lectura más amena y sea útil para conocerme un poco más.



Porqué escribo



Hay muchas cosas para las que no soy bueno.

Bailo bastante mal porque, al contrario de las personas que poseen tronco y extremidades, yo tengo tronco y raíces. Por la misma razón (por ser duro y de madera), era pésimo en futbol y mis sabios padres me lo quisieron aclarar a temprana edad. De ahí que, mientras mi amigo Edgardo tenía el inmaculado equipito oficial de Independiente de Avellaneda, yo no tenía el de River Plate del que era hincha sino el de árbitro. ¡¡De árbitro!! Para colmo era en el tiempo en que se vestían todo de negro así que parecía un All Black, pero en versión flacuchento.



Quise tocar instrumentos y me enamoré de la guitarra…y ella me abandonó. Quería apretar una cuerda y pisaba tres, un desastre. Esa historia romántica no funcionó y, pensándolo bien, fue el primer fracaso amoroso de mi vida.


Como cualquier niño, me enamoraba de todo tipo de arte, y me desenamoraba tan rápido como si se tratara de un mujeriego que conquista alguien distinto cada fin de semana.

Siempre me compraron revistas de niño, Billiken, Anteojito, de ese tipo, pero no les presté mayor atención. Un día cayó entre mis deditos una revista de historietas llamada “El Tony”. Esas revistas las compraba mi padre; juntos íbamos a una librería llamada “Pirámides” a practicar la milenaria técnica fenicia del 2x1. Así conocí ésa y muchas otras, como “Fantasía”, por ejemplo.



Haciendo memoria creo que fue a mis nueve años, en 1985. No es que sea memorioso, de hecho soy justo lo contrario. Sencillamente lo recuerdo porque aquel año sufrimos el segundo peor terremoto de la historia de la provincia (Mendoza) y, cuando partimos sin rumbo en auto, mi padre llevó revistas para hacer más llevadera la tragedia.


Solía reírme con “Pepe Sánchez” el torpe agente argentino de inteligencia o “Mi novia y yo”, historieta donde la mascota, un pastor alemán, pensaba cosas graciosas. También me fascinaba (y aún me fascina) el guerrero sumerio “Nippur de Lagash” y “Gilgamesh, el inmortal”, basada en la epopeya sumeria homónima. De hecho compro todo lo que llega a mis manos de esos personajes.


En la escuela mi “señorita” nos había enseñado a calcar así que copiaba los héroes y villanos como hobbie.

En la siguiente página podrán ver una de mis obras calcada en la tapa de un cassette de videojuegos de la otrora Talent MSX, computadora que todavía conservamos.

Al poco tiempo dibujaba mis personajes favoritos a mano alzada y no tardé en ponerle globitos con mis propios diálogos, creando así mis pequeñas historias.



Así, “sin querer queriendo”, como dice el Chavo, conocí el amor de mi vida: la escritura. Y acá estoy, con cuarenta y tantos escribiendo todo tipo de material. Sin los errores ortográficos de infante, pero con el mismo amor y fascinación. Con ese bagaje que da el recorrer una ruta con tentadores atajos y satánicos peajes, sin perder mi alegría de niño. Niño que conoció una revista y allí empezó a caminar.





…y no volviste



Puse una alfombrita en la puerta

para dejarte la llave debajo

como en esos pésimos films de enero

de presupuesto demasiado bajo,

aunque confieso que mi choza

las veinticinco horas está abierta

por si volvés como esposa pródiga,

mas el timbre no suena.

De última que toque un vendedor,

algún acreedor,

una pandilla de Testigos de Jehová

o mejor un cartero

que traiga un paquete bomba,

facturas con impuestos

o una carta de amor

convertida en carta documento.

Hoy hasta aguardo ansioso

a esa gente pobre, pero de bien

a quien la gente rica, pero de mal

no le derrama plata ni alimentos.


¡Pero que golpee alguien!!


Que retumben las maderas,

aplaudí como en el campo

o tirame la puerta abajo

como le hacen a los narcos.

Si querés entrá por el patio,

saltá la medianera

o por la claraboya

que adrede dejo abierta,

pero se solicita tu presencia

en esta tu ex morada

donde ni el Feng Shui equilibra

y al Chi muelo a trompadas

y eso que no soy violento,

es mi alma desencajada

de tanto ensayo fallido,

de tanta espera esperada.


Fue así (desalineado

y con los chakras en guerra)

que redibujé el cuento de hadas

sin hada ni moraleja.

Alcanza con saber

que le metí llave a las puertas,

contraté alarma, puse rejas,

encendí las luces

y no te esperé más.

Todo sin rencores,

sin chicanas ni humedad

usando esa esquiva coartada

de desearte el bien y no el mal,

por eso en estos mágicos latires

comprendo por qué te fuiste

y más importante aún

el porqué no volverás.



Off



…y un día presioné el botón menos gastado.


Comencé a pensar en esa opción

cuando veía esos partidos de futbol

sin futbol,

los hinchas apasionados

sin pasión

y la pelota que no se mancha,

pero se desinfla

con cada piedrazo desde el tablón.


Lo venía decidiendo

con esos films de varias x

donde cogen, pero no hablan de amor

y de felicidad ni soñar,

eso no integra la programación.

Ya comenzaba a definir la decisión

con aquel hollywood

de muchas tetas, tiros y explosión,

pero cero arte, cultura y guion.


Mas la gota que colmó el vaso

(o la copa porque vivo en Mendoza)

fue aquella curiosa profesora

que enseñaba artes orientales

y hasta yoga

en esos canales que todo cable tiene

y que nadie añora.

Esas señales que están ahí,

repitiendo futilezas 24 horas

y que los CEO ponen para rellenar

con la macabra idea de subirnos la cuota.


Allí, en esa maquila de la caja boba,

estaba la susodicha profesora

cuyas palabras sin sponsor

y neuronas en comodato

no tuvieron mejor idea que practicarle

acupuntura a un pobre gato.


Increíble, pero real. Y literal.


El tierno micifuz observaba la cámara

quizá adolorido o hipnotizado,

por ahí por las agujas que le clavaban

o porque pensaba lo mismo

que nosotros que lo miramos.


Ese día presioné el botoncito rojo,

el reluciente,

el menos gastado

de aquel satánico control remoto.


Y lo apagué.


*viendo un canal que Directv cataloga como “entretenimiento” y que tuve el disgusto de encontrar.



Defensa Personal



… y son estos karatecas versos

que uso a modo de defensa personal

los que mantienen a mis ojos lejos

de la humedad

y de la soledad

que intenta al estilo guerrillero

emboscarme y disparar.


Mi estrategia es desnudar pecados,

con gritos no con murmuros,

por ello no necesito ningún muro

para reconocer que apunté mal.

Soy diáfanamente consciente

que mi alma no tiene GPS

y no sabe a ciencia cierta

(o incierta) por dónde va,

por ello mientras busque praderas

y no acantilados

siempre habrá suelo

donde caer y despegar.


Jugueteando lanzo al séptimo cielo

esta moneda de tres caras

y las tres se me burlan,

Dios las cría y ellas se juntan

en esa farsa llamada azar.

Ya en el piso la moneda

continúa muerta de risa

como si mi suerte estuviese escrita

y predestinado mi final.


Y hablando de final,

bajó de las sierras sigilosa

soledad la guerrillera,

me atacó bien de sorpresa

en un restó de la ciudad.

Confieso que prefiero

la vulgar impuntualidad

al elegante sabotaje

de su ausencia

que incendia la pradera, la ciudad,

al restó y mi descendencia


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-12 show above.)