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La Zorra. Azotada y humillada

por MATT STAND




Por favor, sírvase tener en cuenta que éste es un relato totalmente PORNOGRÁFICO, en el cual la temática fundamental gira en torno a la lucha entre una súper-heroína madura y una joven ladrona de veinte y tantos años. Este relato implica sexo lésbico y azotes, por lo cual es un relato SOLO PARA ADULTOS.



Published by Matt Stand at Smashwords

Copyright 2018 by Matt Stand




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Capítulo uno


Una zorra atrapada



La hermosa, atlética y madura súper-heroína conocida como La Zorra saltó al techo del edificio y continuó persiguiendo a su objetivo. La voluptuosa mujer enmascarada, con el cabello negro revoloteando en el viento de la noche, corría con elegancia y potencia. Está persiguiendo a una mujer joven, que acaba de perpetrar un robo inteligente en una joyería de lujo. Por lo que había visto, la joven ladrona estaba vestida con un traje negro de látex que cubría todo su cuerpo. Parecía en buena forma física y era rápida y hábil.

Pero La Zorra es aún más rápida y hábil, o al menos eso piensa ella, y toda su voluntad está centrada en la captura de aquella mujer. Además, pensó la súper-heroína, eso podría ayudarla a borrar el horrible recuerdo de su humillante derrota ante un simple ladrón, hace unos meses. Aunque en su fuero interno reconoce que fue más que una simple derrota, fue una humillación total y absoluta. La Zorra fue brutalmente golpeada, desnudada y, finalmente, violada varias veces por todos sus agujeros. Todo terminó con una horrible degradación final, cuando el ladrón, cansado, arrojó a la súper-heroína dentro de un contenedor de basura. Eso había sido realmente horrible.

Traumático.


Ahora, después de muchas horas de terapia y de un riguroso entrenamiento físico, la famosa, madura y sexy súper-heroína ha vuelto a la lucha con mucho éxito.

Además, esta noche, la valiente Zorra está en la calle otra vez, persiguiendo a una joven ladrona de unos veinte y pocos años, una desconocida en el submundo del hampa que le merece a la súper-heroína poco respeto como contrincante. Así pues, vestida como siempre, con un minúsculo traje negro de látex que consta de dos tiras simples que le bajan desde los hombros hasta la entrepierna, dejándola casi totalmente desnuda a los ojos de todos, y con sus botas y su máscara negras, La Zorra más famosa de la ciudad está lista para aumentar la cantidad de criminales capturados. Su vigoroso y espléndido culo se menea arriba y abajo con cada paso, con cada zancada, al igual que sus enormes y magníficas tetas. El escueto y diminuto traje apenas cubre nada, y, en particular, sus nalgas se encuentran a la vista por completo. En lo que respecta a sus enormes y bamboleantes tetas, solo los pezones están ocultos.


Sí, ella ha vuelto y es más hermosa, más atlética y más sexualmente apetitosa que nunca

El frío de la noche no parece afectarla y corre con pasión, determinada a cumplir su objetivo y a no caer derrotada. Corriendo y pisando con fuerza y vigor, penetra sin dudarlo en un viejo almacén abandonado. Está excitada y no tiene miedo. Sus victorias recientes, ampliamente celebradas por los medios, la hacen sentirse fuerte y casi invencible. A veces, incluso el recuerdo de su aplastante y humillante derrota ante aquel ya lejano cerdo violador parece borrado de su mente.

Los pasos de la súper-heroína se vuelven más lentos, más cuidadosos. El lugar parece abandonado, pero, sin embargo, una segunda mirada de la audaz luchadora descubre en él signos de ocupación evidente, aunque sutil. La Zorra no baja la guardia. Está oscuro, pero la luz que penetra a través de ventanas anchas y desvencijadas es suficiente para vislumbrar su camino. Con una respiración más rítmica, La Zorra procede a relajarse un poco, solo un poco. La persecución parece no haber afectado a su traje de látex, que sigue en su lugar, cubriendo lo mínimo necesario para poder decirse a sí misma que no está completamente desnuda corriendo por las calles de la ciudad. Sí, es cierto que, literalmente, está con el culo al aire, y que sus grandes y bamboleantes tetas están casi completamente a la vista, pero nadie puede decir que esté desnuda. Esas dos pequeñas tiras de tela negra elástica cubren sus pezones y su entrepierna y aunque su ombligo, la casi completa y total superficie de sus tetas, sus nalgas y casi todas sus piernas, además de su atlética y musculosa espalda están bien a la vista, no está desnuda. No, nada de eso. O, al menos, eso es lo que siempre se dice cuando se mira en el espejo, tratando de convencerse así de que no corre por las calles de la ciudad vestida como una verdadera puta.


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