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INDICE



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CAPITULO I: El Fuego y el Castigo Parte 1 CAPITULO II: MAMÁ

CAPITULO III: Las Supersticiones CAPITULO IV: Lotería CAPITULO V: Los ojos del chivo CAPITULO VI: Padre Nuestro

CAPITULO VII: Hágase tu voluntad CAPITULO VIII: Supuestamente CAPITULO IX: Mi tía Paty CAPITULO X: Jugando se aprende CAPITULO XI: Karma

CAPITULO XII: Marta


CAPITULO XIII: El fuego y el castigo parte 2 EPILOGO

CAPITULO I: El Fuego y el Castigo Parte 1


Mi papá se quedó inmóvil por un momento. Viendo el fuego frente a Él. La casa estaba totalmente destruida por dentro. Vio como todo lo que había atesorado se volvía cenizas. El fuego venía desde el pasillo, sala y comedor. El humo ya era notable pero no tanto como para sofocarnos. Mi hermana pequeña estaba en su cuarto, en cualquier momento el fuego llegaría a ella. Lo único que nos separaba era el fuego del pasillo. Para llegar a mi hermana había que atravesar unos 10 metros y puede que el piso ni siquiera aguantase.


¿Qué hacer? Probablemente moriría antes de llegar a mi hermana, totalmente quemado. Los vecinos aparecieron y nos gritaban que saliéramos pero mi papá se mantuvo quieto, me agarraba de la mano muy fuerte. De pronto, se volteó hacia mí y me dijo:


—Corre donde la vecina y busca azúcar.



—¿Azúcar? ¿Para qué?



—¡Hazme caso! Yo me quedo pendiente de Daniela.



Me soltó y salí corriendo donde los vecinos. Mi papá comenzó a caminar hacia el fuego, en tranquilidad según los testigos, y a pesar de los gritos de advertencia entró poco a poco, caminando y aguantando mientras el fuego comenzaba a quemarle las manos, las piernas, y el cuerpo. No se veía ya por el humo, pero por los quejidos del dolor estaba metido en la candela, en la ayuda de mi hermana.


—¡Se volvió loco! —dijeron. Yo escuché y me devolví. Me dijo eso solamente para que me fuera del sitio y no viera lo que él iba a hacer.


—¡No! —Me detuvo uno de los vecinos cuando intenté entrar al pasillo de fuego. Me sacaron de ahí, todos salieron huyendo y gritando.


Yo solamente gritaba: “¡Rompiste tu promesa, rompiste tu promesa!”

CAPITULO II: MAMÁ


Mi mamá murió cuando yo tenía 7 años. Es algo de la familia aparentemente. Mi abuela materna murió cuando mi mamá tenía 7. A su vez ella quedó sin su mamá cuando ella tenía 7 años. Hay quienes dicen que esto es coincidencia, hay quienes dicen es una maldición. No importa realmente. Trato de no pensar en eso desde que decidí no ser supersticioso.


Mi papá se volvió un poco paranoico con nosotros. Nos cuidaba a cada momento y cada vez que salíamos.


—Es normal comenzar a beber cuando uno tiene una pérdida decía mi profesora del colegio cuando le dije que mi papá comenzó a comprar más cervezas de lo normal en la casa.


Mi papá no se emborrachaba nunca, se tomaba sus 6 cervezas para poder dormir. Al día siguiente amanecía mejor y terminaba tomando su Lexotanil con café para comenzar el día. Tanto en mi familia materna como paterna se bebe, yo mismo me emborraché en la fiesta de una amiga a los 10 años. Es normal. Claro, me castigaron en la casa.


Mi profesora me dijo que necesitábamos ayuda de un profesional. Ninguno en mi familia pensó eso. Lo que se hablaba era de comunicarse con mi mamá. Yo no entendía mucho hasta que le pregunté directamente a mi papá:


—¿Tú puedes hablar con mi mamá?



—Yo siempre hablo con ella. Ella nos cuida a todos ahora, desde el otro lado. Lloré una vez más, y mi papá abrió una cerveza.

CAPITULO III: Las Supersticiones


Es fácil juzgar a mi papá y decir que es una persona supersticiosa. El primer año de la muerte de mi mamá estuvo visitando la iglesia católica. Primero fue a la iglesia que quedaba a dos cuadras, pero el cura se enfocaba en la política más que la propia religión. Después de dos misas ya estaba visitando la iglesia del pueblo siguiente. Ahí escuchaba a un cura muy buena persona, que hablaba pausadamente y explicaba los misterios divinos:


—“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; "... "si así no fuera, yo os lo hubiera dicho;”... "voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” El padre incluso tenía acento español de España cuando decía 'vosotros'. De tanto leer y estudiar la Biblia terminó adoptando el acento en sus visitas a España.


—“Hay camino que al hombre le parece derecho;"..."pero su fin es camino de muerte.” —citó el Padre.


—El camino del cristianismo parece derecho —dijo mi papá en voz baja.



Sea cierto o no, una religión no es para uno si no te sientes a gusto. Definitivamente en momentos de llorar la pérdida de alguien, las respuestas son vacías parcialmente.


—La verdad está en los libros —decía mi papá constantemente.



Después de leer los libros de texto más populares, junto con sus trascendencias históricas se sintió decepcionado. La Biblia cristiana, El Talmud, El Corán, traducciones de los Vedas de la India, El Popol Vu. A partir de ahí ya comenzó su travesía fuera de las religiones comunes hacia otras creencias. Pasando por Metafísica, Espiritismo, Energía Universal, Reiki y Espiritualismo, terminó siendo creyente de todo y curioso con el más allá. Aprendió Tarot, I Ching, y lectura del Coco y caracoles. Aprendió a leer el tabaco. Se hizo Santero (religión Orisha africana), y se consagró Babalawo, el cual es el nivel máximo en esa religión. Participó en sesiones espiritistas, donde los individuos materia recibían supuestos mensajes del más allá. Nunca hubo comunicación

con nadie de la familia. Siempre sucedían cosas que no tenían que ver con nosotros.


Hace 6 meses un espiritista conocido, Gabriel, estaba en plena sesión. En ese momento estaba canalizando a una señora de 80 años que decía a sus hijos donde había guardado unas monedas de oro pertenecientes a su familia. Luego de pasar los datos como cualquier otro caso de transmisión de información, se despidió de ellos y se mantuvo en silencio. Luego, poco a poco se volteó hacia mi papá y le dijo:


—Alberto... Alberto... Alberto... tú no debiste abrir el canal. Tú sabías que no se debe hacer pero igual eres terco como tu mamá y tu papá. Tu primer problema es que no cumples con tu palabra. Tu segundo problema que la cumples cuando no debes. Ahora nos ves, pero lo mejor que nosotros te vemos a ti. Ahora te vemos en la luz y en la oscuridad. Ya tú y los tuyos también tienen presencia en nuestro plano. ¿No ves lo que hiciste? No estás listo para esto y aquí estás. No tienes protectores y quieres tener tu propio purgatorio. El que juega con fuego se quema o quema a los suyos.


Gabriel exhaló dos veces más y se cayó de la silla. Inmediatamente le dio un ataque de epilepsia. Aparentemente era normal en estos casos. Normal es un término muy amplio al parecer.

CAPITULO IV: Lotería


El primer evento ocurrió el día de la fiesta de Marta, una semana después de ir donde Gabriel. Marta es la vecina de la casa del frente. Cumplía 10 años. Yo para ese entonces tenía un año más, 11. Aunque era una fiesta para niños no se evita que los adultos tomen alcohol mientras los niños comparten. Se encontraban los padres de Marta, el Sr. Miguel y la esposa, la Sra. Sofía. También los hermanos del Sr. Miguel: el tío Alex, el tío Robert y la tía Natalia


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