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EL DEVASTADOR HOLOCAUSTO NUCLEAR

FERNANDO M. CANTOS













EL DEVASTADOR HOLOCAUSTO NUCLEAR



Les gustaría saber cómo pudieron llegar a sobrevivir un centenar de personas en las profundidades de la tierra, sobre los túneles del metro durante más de dos años, por consecuencias de una explosión nuclear de gran potencial sobre una ciudad de más de tres millones de habitantes, este y otros relatos se los plasmamos en este manuscrito.



NADIE VALORA LA VIDA

HASTA QUE LE FALTA

LO QUE TANTO ANHELA









EL DEVASTADOR HOLOCAUSTO NUCLEAR

Fernando M. Cantos



ESTE MANUSCRITO ESTÁ DEDICADO A AQUELLOS SERES QUE POR CULPA DEL EQUIVOCO PROGRESO, DONDE MILLONES DE PERSONAS, SUFRIERON LAS ANÓMALAS CONSECUENCIAS QUE LA CIENCIA MAL DESARROLLADA, LLEGÓ A PROVOCAR TANTA MUERTE Y SUFRIMIENTO COMO LA DEFORMACIÓN SOBRE SU CARNE Y DESCENDIENTES, EN CIUDADES TAN IMPORTANTES COMO CHERNÓBIL, HIROSHIMA Y NAGASAKI, QUE LA DESAFORTUNADA MALA INTERVENCIÓN DE LA MANO NEGRA DEL SER QUE SOMOS, CONCLUYÓ EN LA DESCOMPOSICIÓN DEL ÁTOMO LLEGÁNDO LLEGANDO A GENERARSE LA INCONTROLABLE CONTAMINACIÓN NUCLEAR, DESTRUYENDO A SU PASO LA VIDA DE TODO SER VIVIENTE. Y LA AMENAZA CONTINUA EN CUALQUIER LUGAR COMO EN TODO TIEMPO, SIN LLEGAR A AVISAR, COMO TAMBIÉN OCURRIÓ EN ESTA GRAN CIUDAD, QUE A CONTINUACIÓN LES DOY A CONOCER DICHO ACONTECIMIENTO IRREAL SOBRE ESTA, COMO EN OTRO CUALQUIER LUGAR QUE PUEDE LLEGAR A ORIGINARSE REALMENTE Y SIN AVISAR, QUE DESPUÉS LLEGARÍAN LAS LAMENTACIONES.







EL DEVASTADOR HOLOCAUSTO NUCLEAR



Aquel atardecer de un día primaveral como tantos otros, se dejaba sentir con matices de tranquilidad y sosiego sobre el ambiente, parecía que la gente era algo más feliz de lo normal y mejor predispuesta para abrir sus corazones y hallar en lo posible, una mayor fraternidad comunicación y amistad, quizás la comprensión que su humilde corazón necesitaba entre toda la masa de humanidad, quizás también un posible mejor candidato con buen semblante de sonrisa en la comisura de los labios, y salir de lo monótono para realzarse sobre un mundo y ser algo más feliz. Parecía que la entrada de aquella estación primaveral, aportaba al espíritu nuevas sensaciones de elevada magnitud positiva, porque así lo requería el ambiente de la mano de la propia naturaleza, después de haber acabado aquel duro invierno tan frío y cargado de tanto desastre natural, con tantas tremendas inundaciones ocasionadas por las inclemencias del tiempo, que parecía estar loco o que había llegado el fin del mundo, con fuertes tormentas torrenciales y tornados, que nos habían visitado dejándonos algo desamparados con mucha desolación y miedo al unísono, una vez que el cielo parecía romperse en mil pedazos.

A todo ello se sumaron inesperadas enfermedades contagiosas como procesos gripales y otras, que nos habían azotado tan brutalmente nuestros cuerpos, que muy pocos se escaparon de sufrir algún mal estado febril y otras consecuencias, con abundantes residuos de farmacia incluidos, que nos llegó a ocasionar esta vez, mucha devastación humana, con su paso anómalo por todos nosotros como víctimas del momento. Pero a pesar de todas las anomalías sufridas, en estos momentos compensaba un poco lo recibido sobre el medio ambiente. Se escuchaba el murmullo alegre como una exaltación de júbilo que se mezclaba con el paso de los vehículos, dejando aquel aroma de gasolina quemada, acompañada del ruido que producían sus motores por la velocidad desenfrenada, que además de molestar, suponía un verdadero incordio, era la hora punta de la salida del trabajo en que las gentes acudían a sus hogares, y de paso tomar algún refrigerio en el bar de costumbre, o simplemente pasear con sus máquinas, algunas de ellas recién compradas, para lucirlas ante la mirada de los demás, como a su vez, inyectar el bum-bum de los altavoces a todo volumen que daban sus amplificadores de potencia, que parecía que se iban a desencajar aquellos medios de locomoción.

Parecían dar saltos de alegría al compás de aquella música desenfrenada, que más que música era un concierto de bombo, porque era el único instrumento que se escuchaba, de vez en cuando acompañaba al unísono el chirrido de las ruedas patinando sobre el asfalto, dejando marcas en el suelo y levantando un humo quemado de la fricción de estas, con el olor a goma quemada, que un poco se confundía con el tueste del café, en las inmediaciones de alguna empresa dedicada a estos menesteres. Afortunadamente todas estas mezclas nos proporcionaban un estatus muy especial, que se quedaría grabado en el interior de nuestro inconsciente, que con el tiempo afloraría en un futuro coincidiendo con un ambiente parecido si se volvían a dar estas circunstancias, aunque deberíamos de saber que todo es un ciclo que siempre se repite con el paso del tiempo y de los siglos, pero nunca de la misma manera porque todo sigue evolucionando dejando el pasado atrás, dando prioridad al futuro.

Por el reblandecido asfalto debido a la alta temperatura que reinaba en aquel atardecer, las gentes se evadían de éste para pisar la arena de aquel pequeño y acogedor parque, donde jóvenes y mayores frecuentaban a diario sobre todo cuando el sol se ocultaba sobre el horizonte, y el anhelo de las gentes estaba enfocado en poder hallar banco libre para descansar un poco, y deleitarse del acogedor sosiego que se originaba sobre este lugar.

El canto de las golondrinas amenizaba aquella armonía en son de paz, salpicada con alguna risotada de alguna muchacha que se pronunciaba quizás al escuchar la gracia que debía tener la anécdota o el chiste que le estaban comentando sus amigas, que se encontraban sentadas en un banco cercano al que yo ocupaba. Eran sobre las veintiuna horas del risueño y esplendoroso crepúsculo, que invitaba a dar rienda suelta a la imaginación de algún artista poeta o pintor, aunque no tanto para aquel niño que lloraba a gritos, dentro del cochecito que su madre empujaba con algo de prisa al mismo tiempo que miraba el reloj, mientras la noche empezaba a ganarle la partida al día que éste se resistía a abandonar, pero no tuvo más remedio que ceder, porque las luces de las farolas dieron la orden con su incandescente luminaria, exigiendo a este cansado día que abandonara el lugar.

María se llamaba aquella niña de unos trece años que se sentó en el banco que yo ocupaba, era preciosa y parecía muy feliz por su sonrisa inocente y su forma de hablar, aunque yo lo puse un poco en duda al darme cuenta por el perrito que la acompañaba, que se trataba de un lazarillo de los que llevan las personas invidentes, y también pude apreciar que ella lo era aunque no me lo dijo, me habló de su fiel mascota y que estaba esperando a sus dos hermanas que estaban al llegar de un momento a otro, porque era cuando salían del instituto, y se marcharían después de tomar un helado a casa, era muy gracioso aquel animalito que jugueteaba con los cordones de mis zapatos, y con los niños que se entretenía con deseos de hacer amigos siguiéndolos con mirada al pasar estos y correteaba con pequeñas travesuras sobre la pequeña distancia que su cordón de sujeción le permitía, a la vez que era invitando por estos pequeños viandantes a golosinas, este animalito parecía agradecer aquellos gestos queriendo entregarse entre todos estos, pero no podía abandonar a María por mucho que lo hubiera deseado porque sabía que ella dependía de los ojos de este que la guiaban.

No tardaron mucho en llegar sus hermanas con sus mochilas de libros a la espalda, mientras que una de ellas me saludó muy atenta, comentando a su vez a sus hermanas, “este señor es amigo de papá”, yo no las conocía a ellas, pero cuando la interrogué de quien era su padre, en efecto que lo conocía, se trataba de un amigo que de vez en cuando nos encontrábamos a la hora de tomar café en el mismo bar, y éramos vecinos próximos. Una de las niñas la mayor, se levantó para ir al kiosco habitual con el propósito de adquirir algún compuesto goloso para sus hermanas, sobre todo para una de ellas que todo se lo merecía, pero al parecer el producto elegido, se había agotado como casi todos los demás a consecuencia de la abrumadora petición de las gentes, que

Les apetecían en estos tiempos en que el calor se dejaba notar, y era de buena degustación hidratar el cuerpo con alguna de estas bebidas refrescantes que siempre apetecían. Observé cómo se decepcionó aquella niña que se volvía de nuevo al banco derrotada por el fracaso de aquella hazaña, pero justo en aquel preciso momento, se escucho el ruido de una persiana metálica que estaba abriendo y pertenecía a un nuevo kiosco recientemente inaugurado muy cerca, que al parecer había sido un triunfo la implantación de este en el preciso lugar, con una amplia variedad de dichos compuestos, por un señor conocido del barrio, que anteriormente se dedicaba a ganarse la vida con un carrito manual, destinado a la venta de chuches, pipas, caramelos y otros etc.

La temperatura reinante invitaba a la adquisición de estos refrigerios tan ricos en sabores, que eran un verdadero deleite sobre todo para los más pequeños, que ya querían estrenar la temporada de verano sin haber llegado todavía, pero el caso era que hoy hacía calor, porque según comentaban los mayores, el tiempo estaba loco y no era muy normal este ambiente reinante, que además a todos nos sorprendía, la gente empezó a acercarse a la estrenada dependencia para visualizar los recipientes llenos de dichas mezclas con diferentes sabores, y pocas de aquellas se resistían sin la adquisición de estos, otros que tal vez no contenían dinero en los bolsillos, se les notaban las ganas de la ansiedad frustrada, cuando se les veía volverse con las manos vacías, y en el rostro un carácter de pura derrota. Poco a poco se fue formando una larga cola, que con cierta seguridad iba a durar poco tiempo, aquellos riquísimos productos preparados, incluso el perfume que se desprendía de dichas mezclas gelosas como era la vainilla, la fresa y otros, que como reclamo invitaban a aproximarse al kiosco que estaba obteniendo un rotundo éxito, estaba casi enfrente a nosotros, y el dueño dependiente que era conocido mío y del barrio, cuando esta niña llegó a tocarle el turno del servicio, yo le hice señas con disimulo a dicho amiguete, para que no le cobrara los helados, cosa que éste con un gesto se dio por entendido aceptando la propuesta. Cuando vino la hermana de María del kiosco con unos cucuruchos rebosantes de sabores, tuvo detalles de agradecimiento por la invitación, y me dijo que lo había aceptado por ser amigo de su padre pero no aceptaban invitaciones de nadie, pues añadió que la confianza no llevaba a buen camino, interponiendo anécdotas sobre una compañera de clase, sobre ciertas cosas que le habían ocurrido por confiarse demasiado, que cada vez que tenia la necesidad de salir a la calle cada vez que anochecía, era un verdadero suplicio de horror con el que se veía envuelta, que prefería quedarse en el lugar si nadie la podía acompañar a su casa, y se ocultaba por cualquier rincón hasta que el nuevo día amaneciese.

Fueron anécdotas desagradables por algún desaprensivo pederasta con intenciones muy deshonestas que casi llego a sufrir aquella su buena amiga que desde entonces, llego a desestimar acudir al instituto, pero fue su padre quien se llegó a tomar en serio el acudir todas las noches lloviera o nevaba y esperarla hasta que esta salía y se la llevaba a casa, los dos padre e hija cogidos de la mano andando por las calles oscuras por ciertos lugares donde la iluminación era carente quizás debido a alguna avería, o por circunstancias desconocidas, pero la realidad se basaba en que durante algo más de doscientos metros aquella penumbra provocaba la xenofobia mirando en todo momento con mucha desconfianza, por ser de este mismo lugar, donde ella sufrió el encontronazo.

Me levanté del banco y me dispuse a despedirme de ellas, eran sobre las veintidós horas, la noche seguía su curso a paso lento y era un verdadero deleite el poder disfrutarla, pero para mí, era el momento de ir a reponer fuerzas con algún alimento en el interior de mi cuerpo, ¿saludar a vuestro padre? dirigiéndome a ellas les dije, ¿mañana a la hora del partido nos veríamos en el bar de Manolo que no se os olvide, decirle que soy Paco? Su padre se llamaba Alfonso, el caso es que éramos vecinos del mismo bloque de pisos y sin embargo yo no me acordaba bien de aquellas casi señoritas, que muchas veces no te tomas en cuenta del conocimiento de vecindario, cuando no tienes alguna motivación o interés, pasa lo mismo que cuando te estás cruzando casi a diario con las gentes de tus cercanías o puerta con puerta, que sabes que su cara es bien conocida, pero no existe ningún trato y la mayoría de las veces tampoco el saludo, y luego te las encuentras por vacaciones u otros motivos a cientos de kilómetros de alguna otra ciudad, que por la mera casualidad es cuando surge el saludo y la amistad y la presentación de toda la familia, pero en este mismo momento surgía alguna conversación del mismo tipo con una pareja que estaba sentada en otro de aquellos bancos cerca del que yo ocupaba con las niñas, y con la vista nos cruzamos el saludo que después yo acudía hasta estos, para proceder con mayor atención al saludo, ¿qué tal vecino?, este fue el mismo saludo en que unas semanas con anterioridad, nos encontramos en otra ciudad por posibles motivos de vacaciones que fue como llegó a surgir el saludo.

¡Sí, hombre, pero si yo te conozco de nuestra comunidad, si que nos vemos casi todos los días, que pequeño es el mundo! “a propósito has venido para muchos días” la mujer de éste también sale al paso con la misma exclamación, (a con razón yo también le conozco, el otro día me comentaba una amiga que a su vez es amiga de su ex mujer, y salió a relucir algo referente a los motivos de su divorcio y la verdad es que su ex, creemos que cometió la torpeza de tomar aquella decisión, muchas veces las personas nos equivocamos y tenemos que pagar después los errores que cometemos, estos y otros comentarios como si de críticas se trataran, surgen donde menos te lo esperas y por cualquier lugar del mundo menos por el barrio o incluso en la cancela del mismo edificio).

Algo de pronto sobre aquél atardecer de tan acogedor ambiente, nos reclamaba la atención sobre un fuerte zumbido que provenía del cielo, que sin lugar a dudas se trataba de la trayectoria de barios aviones, que cruzaban por encima de los edificios, cosa poco habitual y además a muy baja altura, por el fuerte sonido producido de sus motores, no se trataban de aviones de combate porque además uno de ellos se le pudo captar gracias a la escasa luz que se reflejaba de la luna, que se trataban de bombarderos cuatrimotores, la escena duró unos minutos, suficientes para que aquellas gentes que se deleitaban de la paz que el medio ambiente producía, llegaran a alterarse y empezar a desaparecer de aquél parque, como lugar de reunión.

Yo también abandone y me dirigía al bar de Maribel para adminístrame algo que llevar a la boca, de camino yo me preguntaba ¿cómo sabe esta señora los motivos que ocasionaron mi ruptura matrimonial y quien fue de los dos el que cometió el error? Que yo recuerde, aquella decisión fue tomada de mutuo acuerdo entre los dos, y no hubo perdedores ni ganadores, cuando una pareja no se entiende bien o se dan cuenta que aquella relación de amor que los unía se pierde, lo mejor es cortar dicha unión y después que cada uno comience a rehacer su vida como mejor pueda, y siempre se encuentra a alguien que sustituye el hueco que dejó el caminante anterior, pero me di cuenta que estaba hablando solo, porque dicho acontecimiento producido sobre aquellos aviones, fue el causante que originó el despliegue de casi todo el mundo, llegando a quedarme casi solo en medio de la calle. Es sorprendente lo que ocurre sobre estas anécdotas que en ocasiones suceden entre las gentes cuando se encuentran en la distancia y en otro lugar, que aparentemente nadie se conoce directamente de trato, pero que saben de ti y de tu vida casi mejor que uno mismo, hasta el color de los zapatos que utilizabas cuando ibas al colegio. Y esto que estoy afirmando con respecto al cotilleo, no tiene fronteras y es el sustento que alimenta la envidia y la incapacidad descerebrada sobre todo, cuando no se tienen otras cosas más importantes en que ocuparse, y cuando más de dos personas, da igual hombre o mujer, se encuentran en la peluquería o en la pescadería o en el bar, siempre surge algún tipo de crítica en contra de quien menos se lo espera, y si nos ponemos a hablar de fútbol o toros, incluso de los políticos, entonces la cosa toma otros derroteros y se nos pueden dar las tantas de la madrugada discutiendo sobre el tema y quien es el mejor, esto es algo de lo que padecemos casi todo el mundo.

Como era habitual sobre estas horas, me dirigí al bar de costumbre para comer algo, me senté en un taburete de la barra y como siempre saludé a alguien que siempre conoces, y por supuesto a (ella), la dueña del bar, que fue la que me atendió, esta siempre con cierta ironía me sacaba de quicio “qué, mi caballero andante, una cervecita como siempre”, le contesté, sí, por favor, y de paso mira si tienes por dentro de la cocina, algo que me puedas preparar y apetecer, quizás algún pescado fresco, pero ella que ya me conocía porque siempre frecuentaba este lugar como cliente fijo me contestó con la confianza de siempre bromeando, “hay macarrones que sobraron del mediodía, te los caliento un poco”, respondía, esto era como una anécdota graciosa de ella porque sabía que los macarrones no me gustaban nada, quizá de esta manera se sentía más unida en familia con migo y quizás algo más feliz, aunque no hubiera macarrones en el menú ella siempre me los ofrecía en la comanda, era una amistad que existía de cliente y dueña, pero muy sana a pesar de que era una mujer excepcional y de muy buen ver.

Alguien irrumpía en el local con grandes motivos de preocupación, se trataba de un individuo que al parecer nadie conocía y llegó a ponerse cerca de donde yo estaba conversando con Maribel interrumpiéndonos, este dirigiéndose a mí en un estado de nervios se puso a confirmar a cerca de lo que había sucedido con anterioridad, “se ha fijado usted en alguno de esos aviones”, no mucho porque estaba oscuro, “pero no se ha dado cuenta de que se tratan de los mismos que bombardearon que dejaron caer la bomba atómica, sobre el continente Asiático en Hiroshima y Nagasaki, que produjo miles de muertos instantáneos, y otros miles más después de la intervención producida, a consecuencias de las enfermedades que se sumaron por las mortíferas radiaciones”. Yo como la mayoría de las gentes, conocía algo sobre dichos efectos y de la devastación que se llevó a cabo, y era preocupante solo con recordarlo, pero a esto se sumaban las noticias que a través de la radio y la televisión, se estaban difundiendo y sobre todo de que la ruta de dichos bombarderos, se encontraba delimitada por encima de nuestras cabezas, “imagínense, que alguno de estos se avería al pasar por encima de nosotros, y cae al suelo con su arsenal de armamento cargado de posibles bombas o misiles nucleares”, pero justo en aquel momento yo tenía toda mi atención concentrada sobre la imagen de esta mujer, y aquello de los bombarderos y la guerra, pasaba a un segundo plano sobre todo porque se trataba de un documental televisivo, que nada tenía que ver con la realidad ni con aquellos aviones. Puedo confesar sin llegar a arrepentirme, que yo me sentía muy atraído por Maribel, pero el respeto estaba por encima de todo y nunca hubo una insinuación ni palabra por mi parte, que pudiera enturbiar aquella fraternal relación, a pesar que se comentaba, que su marido la tenía muy poco valorada y muy abandonada de sus obligaciones conyugales, siempre estaba en la cocina y parecía estar ajeno a todo.

Aquel día el cual yo iba envalentonado y de guapo, que cuando ella me atendió exclamó, ¿A dónde va el señorito tan guapo hoy, de boda o de ligue? yo le contesté, si tuviera una mujer como tú, es seguro que iba de boda contigo, pero a la iglesia vestida de novia y yo de novio, ella contestó, “si quieres lo hablamos con Manolo para ver qué opina sobre tu proposición, (Manolo era como se llamaba su marido), “y si él acepta por mí encantada”. Yo sabía de antemano que solo era una broma y las palabras son solo eso palabras, pero hubo unas décimas de segundo que noté en su fuero de mujer, una chispa de sinceridad positiva, (entendí que para mí solo fue una minúscula revelación de sus sentimientos y necesidad que ella podría encerrar en su fuero), otra cosa era que estaba por encima de todo, el respeto y el comportamiento, sobre todo por mi parte y también el de ella, que no por existir algo de amistad y de confianza, tiene que ocurrir la falta de saber donde uno tiene que pisar, sin llegar a pasarse de la raya, aunque dicen que por algo se empieza, pero nada mucho más lejos de que yo pudiera hacerme algún tipo de ilusiones.

Ella, además de ser una mujer que se hacía de respetar, además estaba comprometida y casada, y por mi parte, no había intención alguna de interponerme en medio de su vida conyugal, aunque tengo que confesar que si yo hubiese notado la más mínima leve insinuación por parte de ella, creo que me habría decidido a conquistarla a pesar de todo perjuicio y por mucha guerra que pudiera acontecer, pero no podía confundir la broma con la realidad, era mucho tiempo con el que se había fraguado aquella sana amistad no solamente con ella, también con Manolo, y algunos clientes como yo, éramos asiduos y aquel lugar que era como nuestra casa y ellos nuestra familia.

Las noticias que se estaban emitiendo con ciertos motivos de preocupación que casi nadie se dio cuenta, Maribel subía el volumen porque llamaba la atención de que se trataba de algo importante, sobre el comienzo de una guerra sobre Oriente medio, y de la incursión de varios bombarderos con destino a dicho lugar que desde la base de donde partían, algunos pasaban por encima de nuestro cielo, pero sin peligro alguno según se afirmaba, esto venia a esclarecer la presencia de dichos aviones en grupo que habían cruzado nuestra cúpula celestial, y por consiguiente habría que acostumbrarse a la presencia de muchos de estos, con sus molestos ruidos y preocupantes alteraciones que nos producían cierto miedo, como le había ocurrido al señor que tras informarme de dichos aconteceres, mientras yo me estaba embelesando sobre los ojos de la mujer que me sacaba de quicio, desapareció del bar quizás para seguir informando por otros lugares, con el propósito de causar cierta atención.

Maribel, a pesar que yo la admiraba sobre la trastienda de mi consciencia, era una mujer única, excepcional, guapa, maravillosa, ejemplar único entre miles de millones, por lo bien formada que estaba, pero conservaba otros atributos que la hacían realzarse mucho más, era su atractivo físico y su gran personalidad, confieso que su gran encanto y realce femenino habían conseguido en mi interior, acaparar toda mi atención, produciendo en la pantalla de mi mente que solo existía ella como único ejemplar de mujer en el mundo, más de una vez quise desearla y poseerla en sueños, pero solo eran sueños de un pobre insignificante andrajoso que yo era, ante su majestuosa belleza, en una palabra para mí que entre ella y yo existía una gran diferencia la misma que entre la bella y el jorobado, yo ante ella me encontraba con cierto complejo de inferioridad, Maribel solo podría ser de un solo hombre con la seguridad de ser muy amada, porque ella lo valía además de que se lo merecía, y al parecer por las habladurías que se comentaban, ella posiblemente no era la mujer más feliz del mundo, pero esto solo eran eso, insinuaciones de poca monta, que no se podían tomar en serio, pero si realmente Maribel tenía esa carencia, no se merecía la vida de esclava que llevaba, porque tenía suficientes atributos, como para elegir al hombre que le apeteciese en su gusto personal, pero al parecer en ella, siempre estaba por delante la honestidad y su gran escala de valores como su propia dignidad. “se dice que Dios le da pañuelos a quien no tiene narices” y en este caso a Manolo le sobraban de estos, como sabanas de grandes, en cambio para otros, le faltaban no solamente pañuelos, también una mujer de estos valores como los de Maribel.







EL FLECHAZO DEL AMOR



Fue aquel día, uno de tantos sábados que yo irrumpía en una sala de baile con cena incluida y música en directo, yo me encontraba sentado en una mesa solo, y acababa de cenar y ya estaba con el cubata en la mano al compás de la música, cuando algo me llamó la atención a mis espaldas, al ver hacer acto de presencia por la entrada del salón a Maribel y a Manolo. Pasaron cerca de donde yo me hallaba, me saludaron atentamente, yo correspondí al saludo, siguieron en busca de una mesa libre, pero no debieron de encontrarla, a pesar de que yo les iba siguiendo con el rabillo del ojo para disimular mi sorpresa, se volvieron nuevamente a donde yo estaba, mis ojos no se apartaban de la figura de Maribel, que estaba radiante y guapa como nunca, se había adornado con toques de peluquería, maquillaje, y se había cubierto el cuerpo con ropa de boutique, su delantera eran dos pecados de punta declarando la guerra, su vestido negro que llegaba hasta los pies, abierto por un lado que se entreabría cada vez que avanzaba, escapándose por ella una parte de su maravillosa pierna, lisa como la piel de un niño, y proporcionada en acorde a los cuarenta añitos que debía de tener.

Era la pierna más bonita y más delicada que nunca había visto, de color rosado como el vino bien conservado, en el rostro sus pómulos coloreados realzaban su belleza, y en sus ojos fileteados de negro, marcaban la ansiedad y la amargura que encerraba en el interior de su corazón, no es que me diera pena, pero si mucha rabia al ver que su acompañante esposo, no estaba a su altura ni acorde de su condición, como tampoco creo que se la mereciera, porque era una mujer de ensueño con todo el derecho a ser feliz, cosa que al parecer carecía de ello, porque hoy me estaba dando cuenta cuando descubrí, en una leve escapada de su mirada de ella hacia mí, cargada de ansiedad necesaria y sobre todo de mucho amor como de atenciones, que sin darse cuenta emitía telepáticamente la pena que encerraba en el interior de su gran personalidad, quizás era por eso y por otras tantas cosas que yo la admiraba y había soñado tantas veces con ella, y sin poderlo evitar y teniéndola ahora delante de mí, la imaginación me empezó a dibujar un paisaje de lujuria, que me hizo vibrar todo mi cuerpo sin quererlo.

Me levanté de la silla para atenderlos, él avanzó su mano para estrechar la mía, yo correspondí con el mismo gesto, y ella acercó sus labios carnosos a mi rostro, que me vino la tentación de comérmelos con los míos, pero solo rozaron mi mejilla, que repentinamente recibí una descarga de adrenalina en forma de sacudida, que recorrió todo mi ser por cada célula de mi organismo, ella debió de notar los míos cuando se estrellaron es su rostro dejándole un mensaje de fuego y de deseo, de nuevo sus labios, que eran una provocación de locura, se entreabrieron para decirme “hola, cómo estás”, yo no le quitaba la vista de encima, cosa que ella tuvo que notar, él interrumpiendo me preguntó, “que narices haces aquí tan solo, (continuo interrogando), nos podemos sentar contigo”, es porque no hay ninguna mesa libre, y como tú eres casi de la familia, espero que no te importunemos”, yo le contesté, de molestia nada todo lo contrario, encantado de contar con vuestra compañía, (sobre todo la de ella) me dije para mí sin llegar a pronunciarlo, el seguía manifestando, “no estarás esperando a alguna rostro pálida y te estemos fastidiando la fiesta”, le respondí con cierta ironía, no tengo tanta suerte como la que tú tienes de llevar a tu lado a miss universo, dirigiendo la vista hacia ella, lanzándole mil flechas de fuego ardiendo invisibles que tuvo que percibir, porque pude apreciar que llegó a ruborizarse, tal vez me pasé un poco en mi manera de acosarla con la mirada, ella de pronto dijo, “mira, Manolo, en aquella mesa se están levantando y parece ser que se van a marchar, vamos a cogerla antes de que alguien se nos adelante”.

Comprendí que quizás se llegó a sentir molesta con aquellos ataques continuos con mi mirada tan impetuosa, y quizás ella se sintiera incomoda por mi forma de embestirla con mi asiduo comportamiento, él dijo “no, nos quedamos aquí con el paisano, y de paso que se pague algo, que para eso lo estamos atendiendo nosotros todos los días”, yo le contesté de nuevo, eso no hace falta ni que lo digas, sabes que yo no soy un ruin, seré pobre pero me gusta la vida y disfrutarla cuando puedo no como otros muchos que siempre van esquivando el momento, (yo le insinuaba a Manolo), creo que estoy seguro que ha sido Maribel la que te ha empujado a ponerte el traje de gala para salir, él respondió, “cómo lo sabes, a mí no me gusta todo esto, yo paso de estos rollos, tanto ruido y tanta aglomeración, lo mío es una buena partida de cartas con cuatro amigos y lo que venga después”, ella insinuó con voz muy baja, “sí, sobre todo lo que venga después”, “sí”, contestó rotundamente él, “sobre todo lo que venga después porque tu siempre estas demasiado estrecha conmigo, y tengo que buscarme la vida por ahí, fíjate Paco”, dirigiéndose a mí, “hoy es nuestro aniversario de bodas y he tenido que ceder en sacarla para ver si tengo suerte esta noche y me deja ... aún así tendremos conflicto porque estoy seguro que me voy a quedar a dos velas y con el rabo entre las piernas”.

Noté la mirada de ella con mensaje incluido en mis ojos, después apartó la mirada inclinándola hacia el suelo y aguantándose algo la vergüenza, por haber puesto su marido al descubierto cosas de su intimidad, que nunca debió que haber mencionado y quedó callada y defraudada, en evidencia y sobre todo molesta con lagrimas en sus ojos queriendo precipitarse en cascada, noté en ella el enfado y con ganas de abandonar ¿deseáis tomar algo? el camarero rompía el silencio a nuestras espaldas, que se había aproximado a nosotros sin darnos cuenta. Manolo fue el primero en pedir, “yo quiero un whisky del mejor que tengas, que paga aquí mi amigo, y para ellos que pidan lo que quieran”, nos cruzamos la mirada y le dije a ella, con tu permiso me dejas que haga el honor de pedir por ti, ella dijo, “sí, mi caballero andante, sorpréndame”. Camarero, tráiganos dos copas de cava preparado”. “Marchando”, exclamó al momento. Ella respondió, “para no tener pareja tu sí que sabes llegar a una mujer”, no como otros”, mirando a su marido con algo de desprestigio, sin lugar a dudas que Manolo había herido su sensibilidad de ella por las palabras que había manifestado, y ella quería tomarse la revancha, pero Manolo parecía estar exento de sentimientos y nada que ella pudiera aclamar, lo iba a molestar o ponerlo celoso.

No me había dado cuenta pero sí que se notaba una diferencia de edad entre ellos dos, por lo menos unos quince años debería de tener Manolo más que ella, pero creo que esto no era motivo suficiente para que llegara a existir este comportamiento y falta de respeto, entre estos dos corazones, era evidente que entre ellos, se había esfumado aquello a lo que se le llama amor, cosa que aquí y ante mí, se había manifestado, en cambio nunca en el bar cuando yo entraba, jamás había presenciado cierta indiferencia, hablábamos de cosas mientras saboreábamos la bebida, mientras que Manolo siempre estaba poniendo faltas y criticando a todo lo que sus ojos apreciaban, “te voy a buscar una novia para que tengas con quien discutir por las noches”, dijo éste, yo respondí, ese es mi problema yo soy suficiente para conseguírmela, lo que pasa es que la mujer de mis sueños, no la puedo conseguir porque la que yo busco o no existe o ya tiene un hombre, nuevamente mi mirada chocaba con la de ella y ella callaba, entendiendo mis palabras bajando la vista, era evidente que aquí no estábamos en su bar y había ausencia de bromas, la música llevaba rato sonando y le dije a Manolo, ¿no salís a bailar? (yo le insistía), “no, a mí no me gusta bailar, además no sé”, respondió él, “porque no la sacas tu que quizás si sabes, además a ella sí que le gusta”, y ocurrió el milagro, al menos así lo entendí, comenzó a sonar una vieja canción que años atrás me había cautivado mi atención, y cada vez que la escuchaba me traía recuerdos inolvidables, de un viejo amor que marcó un poco mis sentimientos y mi vida.

Y era ahora demasiada casualidad que esa música y esta mujer, podrían ser el motivo que llegara a originarme ser el hombre más feliz del mundo o el más desgraciado, no sé si era casualidad o el destino estaba intercediendo entre nosotros, la canción que empezó a sonar era “si tú eres mi hombre y yo tu mujer”, (interpretada por Jennifer Rus), la letra de la canción comenzaba así “pregúntale al viento si ha visto alguna vez, dos cuerpos abrazándose sobre una misma piel”.

Yo me puse en pie para invitarla a bailar, pero no tuve que hacerlo porque ya se había puesto de pies al mismo tiempo, nuestros cuerpos se aproximaron sin pronunciar palabra alguna, mientras nuestros ojos hablaban de lo que con palabras no se puede decir, con mi brazo sobre su cintura la fui acercando contra mí, sin que ella se opusiera a nuestros deseos, los dos en medio de la pista ausentes de todo, me daba cuenta que la tenia ceñida a mi contorno desafiante como el que se va a batir a muerte, contra los leones en el coliseo romano, esa era la sensación que no podía eludir, y reconocía en mi fuero que aquella mujer que ahora estaba pegada a mí, era ella la que yo siempre había deseado tener, además que era ella de la que estaba enamorado y no quería soltarla, era seguro que también Maribel se encontraba a gusto con migo al bailar, pero me daba cuenta que era mucha mujer y creí no ser merecedor de aquella distinción, mi mano rozó la suya, ella me miró diciéndolo todo con sus pensamientos, mientras que sus brazos se apoyaban en mis hombros rodeándome suavemente por mi cuello, mis manos buscaron sus caderas, que lentamente fueron avanzando sobre su espalda fijándolas sobre su cintura, sus ojos clavados a los míos me hablaban en silencio diciéndome “aquí me tienes y de ti depende todo”.

La pista estaba llena de gente pero para nosotros no existía nadie, nuestros cuerpos se fueron pegando poco a poco, lentamente, al compás de aquella canción porque yo la atraía hacia mí y ella consentía llegando a abrazarnos con tanto deseo que su cuerpo era mío y el mío, de ella, sus senos eran atributos puntiagudos que se hundían en mi pecho, yo estaba en total erección, que ella había notado, y se resistía un poco a ceñirse a mí, creo que por propio pudor de mujer, confieso que a mí también me pasaba algo parecido cuando rozaba mi hombría por debajo de su vientre pero la canción con su letra pudo más que su pudor y el mío, llegando a fundirse el hielo entre los dos, y noté como poco a poco se desmoronaban las barreras que se alzaban entre nuestros cuerpos, y saboreábamos contorneando su figura contra mí y fueron momentos tan grandes que nunca jamás los iba a poder olvidar, tuve la propia necesidad con el deseo de besarla, y notaba que ella también lo deseaba, ¡era cierto que funcionaba aquella fuerza invisible que nos estaba acaparando!, pero allí estaba Manolo sentado en la mesa y podría pillarnos en la acción.

No obstante, los dos sabíamos que aquello no iba a quedar así, pero tampoco podíamos lanzarnos, en ningún momento nos dirigimos la palabra mientras bailábamos, nuestro lenguaje era con la mirada y nos lo dijimos todo, pero yo no estaba conforme porque no pude comerle los maravillosos labios de su boca, que me estaban desafiando en todo momento volviéndome loco, terminó de sonar aquella canción, que fue demasiado corta, y seguimos pegados sin darnos cuenta de nada y ausentes, de todo lo que acontecía a nuestro alrededor, aquello que estaba sucediendo era como una película en que los protagonistas éramos solo nosotros dos, ajenos a todo lo que pudiera ocurrir en cualquier lugar, comenzando a sonar otra majestuosa canción no menos comprometedora, se trataba de la melodía de la película Titanic, tal vez fue el efecto de la bebida, pero no pude evitar un impulso de apretarla contra mi cuerpo, que estaba ardiendo de ganas, y no pude resistir la tentación que llevé a cabo en el primer compás cuando mis brazos, como si fueran los tentáculos de un pulpo, la rodearon por su espalda, apresándola suave y fuerte a la vez contra mí, y en aquel momento sentimos los dos en un primer momento profundo de quedarnos a solas, a la vez que nuestros cuerpos contenían el deseo de tirarlo todo por la ventana, y que se cumpliera todo lo que el destino nos había deparado, ella consintió de buen agrado aquella fuerte envestida que le propiné por su bajo vientre, pero el pudor de mujer honesta, no le permitía continuar abrazada y atrapada por mí, llegando a separarse de mi cuerpo con cierto ímpetu, y quizás en contra de su voluntad, diciendo “vámonos”.

Fue la única palabra que me formuló, pero sobraban todas las palabras, en aquellos pocos minutos que nuestros cuerpos estuvieron ceñidos, nos lo dijimos todo con nuestro arrebato de pasión. Nos dirigimos a la mesa, porque los dos sabíamos que si hubiéramos continuado bailando, habría ocurrido lo inevitable, al menos por mi parte, porque yo estaba como poseído por aquella diosa, por el hechizo de su belleza, totalmente descontrolado y eufórico a la vez, nos sentamos al llegar, mientras su marido dijo “ya os habéis cansado de bailar”, ella al parecer se sentía algo arrepentida por lo ocurrido, manifestando a la vez “perdonar voy al lavabo”, pasados unos minutos yo pensé hacer lo mismo con la intención de abordarla a la salida del mismo, y levantándome de la silla, me dirigía a Manolo (perdona amigo), pero tengo que ir yo también al aseo, pide lo mismo de beber que estoy seco, él dijo “pero primero tendréis que beberos lo que os han puesto antes”, (tenía razón, apenas habíamos probado la bebida), cogí la copa y la alcé por lo alto, y mirando al techo de manera agradecida a los dioses, brinde disimuladamente ante ellos, por haberme concedido aquella conexión tan importante con ella, vertiendo en mi boca el contenido de aquél compuesto, que me proporcionó una mayor carga de energía, después me dirigí a los lavabos que estaban en la planta superior, y esperé en la puerta del aseo de señoras a que ella saliera, a los pocos minutos ella hizo acto de presencia, se quedó parada sin decir nada al verme, la cogí de la mano y la aparté de la puerta del aseo y busqué un hueco que había entre dos columnas, y cogiendo su rostro con mis manos, mis labios no pudieron aguantar más y empecé a saborear el elixir y la miel que contenían los de aquella majestuosa mujer, que tanto bien nos pudo producir, aquél primer beso de fuego.

No sabría decir cuáles de los dos eran los que se comían, si los míos a los de ella, o eran los suyos los que culminaban con dicha acción, nuevamente mi miembro más preciado, volvía a convertirse en un mango erecto, y empezó a escudriñar en su contorno de mujer, que a su vez se resaltaba al unísono, nuestras lenguas se saludaron por primera vez de la misma manera que mis manos recorrieron la curvatura de su cintura suavemente, al tiempo que la atraía contra mí, con las palmas de mis manos sobre sus pómulos traseros y noté su cuerpo desquebrajarse temblando, al mismo tiempo que el mío pedía paso para introducirse en el de ella, noté que sus muslos se entreabrieron un poco bajo su vestido, autorizándome el máximo acercamiento contra su monte de Venus, cosa que aproveché para que mi saliente quedara más próximo alojado a la entrada de su interior, noté como una convulsión en ella estremeciéndose de pies a la cabeza, pero el milagro no se pudo dilatar más de lo que dura el paso de una estrella fugaz.

Dando media vuelta se despegó de mí con fuerza y con rabia, que yo noté, y desapareció de súbito. Yo, me quede con el alma rota y sin respuesta por parte de ella, me dirigí en busca de los aseos de caballeros para entrar, porque me sentía algo mojado en mi ropa interior por aquella recalcitrante envestida, una vez terminado bajé a la mesa y me llevé una decepción, se habían marchado, me dio algo de rabia pero a su vez comprendía que si no se hubieran marchado, aquella noche podría haber sido la primera vez que se hubiese desencadenado, la noche más grande y eufórica de mi vida, de hecho ya casi lo era porque lo que pasó entre los dos, fue de tal magnitud que solo me podía manifestar en medio de la calle, con palabras de agradecimiento mirando al cielo mientras una fina llovizna mojaba mis pómulos ante la ley del destino y entre aquellos Dioses del universo.

Sin rumbo fijo me puse en camino sin saber a donde quería ir, mi mente estaba llena de la imagen de Maribel, y los latidos de su corazón parecían que aún estaban golpeando mi pecho, la electricidad estática de su piel aún estaba recorriendo la mía, también supe por un momento que a ella le estaba pasando algo parecido. Aquella noche no pude conciliar el sueño, estuve todo el tiempo soñando con ella despierto, empezó a entrar la luz por la ventana cuando quedé dormido, llegando a despertar cerca del mediodía de aquel domingo, cuando me levanté, me aseé un poco y deseoso de volver a encontrarme con ella, me dirigí hacia su restaurante porque tenía la imperiosa necesidad de volverla a ver de nuevo. Yo llevaba una nota preparada que le había escrito antes de salir de casa, citándola en un lugar de las afueras para encontrarnos a solas, y una vez que llegué me senté en mi mesa habitual como de costumbre, y cuando ella me vio se acercó, fue para entregarme una nota que ella había preparado, rechazando la mía que yo le puse en la mano con mucho disimulo. Se volvió a meter en la cocina y no volvió a salir de ella mientras yo estuve allí.

Me atendió Manolo en la comanda y le pregunté, ¿qué le sucede a Maribel hoy?, él me respondió, “no lo sé, lo único que te puedo decir es que ha debido pasar mala noche, porque la escuchaba desde la otra habitación quejarse y llorar toda la noche”, (Manolo sin darse cuenta me confirmaba que no dormían juntos) yo con cierta ironía volví a interrogarle, ¿tal vez se debe a que anoche le metiste mucha caña y hoy está dolorida?, “ojala hubiera ocurrido como dices, pero que más hubiera querido yo, anoche nos vinimos dejándote solo porque decía que se encontraba muy mal y así sigue, seguramente que ha cogido la gripe, la verdad es que no hay quien entienda a las mujeres, no te cases nunca, chaval, te lo digo yo que entiendo un poco de esto, no es que te voy a decir que estoy arrepentido desde el primer día pero casi, y no sé- no sé, qué determinación voy a tomar”, y balbuceando estas palabras se fue en busca de la comida, mientras yo sentado en la mesa, aprovechaba la ocasión para leer la nota que ella me había entregado, en ella decía: “Anoche pequé contigo a expensas de mi marido, que lo traicioné por tu culpa, después volví a serle infiel contigo en la cama siendo mi marido quien tenía el derecho de mi cuerpo, y lo que hice fue hacer el amor contigo con la imaginación, pero el pecado es el mismo, me doy cuenta que no soy digna de mí y me avergüenzo al mirar a la cara a Manolo, no sé si se lo merecerá o no, pero yo no puedo ser una zorra y no me lo perdonaría jamás si llegara a entregarme a ti, por lo que te pido que olvides lo ocurrido de anoche y no volvamos a encontrarnos nunca más”, apenas había leído la nota apareció Manolo con el plato de comida, pero con sorpresa que me llevé, se trataba de macarrones, aquella era la respuesta del enfado y de lo mal que se estaba sintiendo ella.

Yo dejé de ir a su bar los días siguientes a pesar del dolor que sentía dentro de mí, de no poder verla, fueron tres días infernales los que pasaron y ya no podía aguantar más sin poder sentirla cerca de mí, llegué como de costumbre anteriormente lo hacía, pero nada más entrar me di cuenta que ella no estaba, había una chica sirviendo las mesas, lo cual me convencía de que ella estaba ausente, tampoco pregunté por ella, Manolo, como de costumbre, estaba en la cocina, y en la barra había otra chica nueva que alternaba sus funciones, con la de servir las mesas, no llegué a sentarme para comer, me volví a marchar a otro restaurante cercano donde terminé habituándome a diario, pero sin dejar de asistir esporádicamente a éste con el deseo de volver a mirarme nuevamente alguna vez, en los ojos de ella, pero no encontraba la solución que aplacase el intenso sufrimiento que sentía dentro de mí, tampoco me decidía en preguntarle a Manolo por ella porque pensaba en mi interior, que ella había dejado de interesarse por mí, y yo solo podía hacer lo que estaba pasando, dejar que pasara el tiempo y tragarme mi amargura, aceptando la derrota y la decisión de ella, que no lo dudo mucho en abandonarme y dejarme tirado sobre un rincón oscuro, sin poder olvidarla por mucho tiempo que transcurriera como un buen perdedor, con el orgullo truncado por los suelos, y traumatizado sin poder aceptar de ninguna manera lo que el destino nos había preparado, una vez que llegamos a degustar el maravilloso elixir de pre lujuria y pecado.

Pasaron unos dos meses de pesada incertidumbre que hacía que no la veía, preguntándome (por donde podría hallarse, y si ella estaba sufriendo como yo), pero solo era un eco en mi mente conformista, que me ayudaba un poco a combatir mi dura pena, hasta que ocurrió lo inesperado en aquella mañana, yo estaba parado con el coche en un semáforo en rojo, cuando la vi cruzar por delante de mí, me quedé inmóvil sin saber lo que hacer, el corazón me dio una sacudida que por poco se sale de la caja torácica, conforme iba cruzando al mirar se dio cuenta que era yo, y noté cierto estremecimiento en ella que le hizo cambiar el ritmo de su paso, pero siguió andando sin detenerse aunque esta vez más lentamente, como si quisiera que parase a su lado, con el semáforo todavía en rojo, arranqué acelerando hasta el fondo con el riesgo que suponía, tener un encontronazo con otro vehículo que en ese momento cruzara, yo estaba fuera de mi conciencia y solo veía la figura de aquella mujer que me estaba atormentando y desgarrándome el corazón.

Doblé la esquina con prisa y rabia a la vez, sin darme cuenta que había una persona mayor junto al semáforo y con la intención de cruzar aquella avenida, pero debió de advertir mi comportamiento temerario en la conducción y se detuvo al cruzar, que posiblemente fue lo que le salvó la vida, quedándose sin decir nada y blanca del susto que le llegue a producir inconscientemente, paré el coche al doblar la esquina justo a la altura de ella, me bajé del coche y me fui a ella como atraído por un potente imán, y sin decirnos palabra alguna la abracé con fuerza y con deseo a la vez, fue cuando realmente me di cuenta, de que era la mujer de mi vida, ella se pegó a mi cuerpo con el mismo deseo, susurrándome al oído “perdóname, perdóname, soy una tonta”. No la dejé continuar, nuestros labios se sellaron por un momento que ella interrumpió de inmediato separándose de mí diciendo, “aquí todo el mundo nos está viendo”, abrí la puerta del coche, ella entró sin vacilar, yo di la vuelta y entré en el, poniéndolo en marcha con la intención de desaparecer del lugar, en busca de cualquier carretera que nos condujera fuera de la ciudad a unos pocos kilómetros, y detener el vehículo sobre algún lugar donde quedáramos ocultos, y que allí fuera testigo el cielo de los acontecimientos con nuestros cuerpos fundidos en el fuego del amor, derrochándonos mutuamente de locura, que sabíamos que jamás íbamos a poder olvidar lo sucedido, que sin lugar a dudas iba a ser lo más grande que nunca jamás nos habría ocurrido.

Ella se hubiera puesto a llorar posiblemente, porque habría descubierto algo que con anterioridad no conocía, y quedándole el remordimiento en su cerebro de haber engañado a su esposo, pero no fue así como yo me suponía lo que iba a suceder. Un guardia de tráfico, de pronto se presento delante del coche, impidiendo ponerlo en marcha indicándome que bajase del vehículo, interrumpiendo lo que iba a suceder en nuestra intimidad, que nos llegó a romper nuestra hazaña con el susto inesperado ya en nosotros, cuando nos estábamos comportando como dos adolescentes sin pensar en nada más, prometiéndonos todo a pesar de que ella pertenecía a otro hombre, pero no llegó a ocurrir lo que teníamos premeditado, el guardia de tráfico me señalo que procediera a salir del coche, deteniéndome y llevándome esposado al cuerpo de la guardia civil de tráfico en su vehículo, deteniéndose antes para que ella bajara y se marchara, y a continuación me llevó directamente al calabozo, donde me quedé totalmente indefenso y sin saber el motivo de la detención, al siguiente día, fui conducido ante un juez de turno para valorar mi equivocada actuación de peligro en la conducción de alto riesgo, a punto de arroyar a aquella persona que cruzaba la calle y le salvó la vida su propio instinto, yo reconocí mi culpabilidad alegando que en aquél momento yo estaba desquiciado y fuera de mí, por motivos familiares que me estaban causando ciertos inconvenientes que motivaron mi actitud, pero no llegó a causar ningún efecto ante dicha autoridad en mi alegato de defensa, y fui acusado por el código de circulación con una fuerte multa y retirada del permiso de conducir durante una larga temporada.

Cuando salí a la calle después del interrogatorio, Maribel estaba esperándome en la puerta de aquel palacio de justicia, preocupada por lo acontecido con anterioridad, echándose la culpa de todo que me costó convencerla de su inocencia, ya que el verdadero culpable era mi precoz arrebato, y el amor que me tenía atrapado hacia ella, quedó callada todo el tiempo con su cabeza apoyada en mi hombro, mientras tomábamos un café en un bar próximo, y posteriormente se detenía el taxi que habíamos cogido en las proximidades muy cerca de su casa y pude ver en sus ojos, como se escapaban unas lágrimas de perlas transparentes, que se deslizaban por sus rosados pómulos, enredándose en sus largos cabellos de oro, nunca supe si era por rabia, o por satisfacción de habernos vuelto a encontrar, le pregunté ¿mi amor porque lloras?, “No estoy llorando”, y continuó, “Bueno, sí estoy llorando, pero es de rabia”.

“No te das cuenta que pertenezco a otro hombre, y que durante veinte años que he estado casada con él, ha sido un verdadero suplicio, nunca he conocido lo que acabo de descubrir contigo el verdadero amor que para mi pensaba que solo existía en las novelas o en el cine, porque ha sido una verdadera resurrección que me ha sacudido en el corazón, y que antes era ajeno y vetado hacia mí, es por eso por lo que lloro, pero es de pura impotencia por haberme perdido durante todo este tiempo, este inmenso dolor y placer a la vez tan fuerte, que jamás llegué a pensar de que existía, cosa que con Manolo esto nunca jamás lo he conocido”. Como podrás imaginar, a él no lo amo, y esto me hace sentirme mal como si fuese una cualquiera y yo no puedo ser así, a pesar de que mis sentimientos pueden mucho más que yo, me gustaría que siempre fuera así contigo, pero lo que acabamos de descubrir, no podemos llevarlo a delante, hasta que yo deje de pertenecer a él, mi forma de ser chapada a la antigua y mis principios y condición, no me lo permiten, aunque me esté rompiendo en pedazos por dentro, en descubrir esta fuerza que me invade y que me tiene desquiciada, desde que sellaste por primera vez mis labios, ahora yo ya no sé ni quién soy. Quiero que lo entiendas mi amor de que tampoco puedo ser tuya por el momento, ¿me comprendes verdad?, “ella continuó formulando” ¿porque no apareciste tú antes de llegar a casarme con él, ¿dónde estabas que no que no irrumpiste ante el hartar para interrumpir el enlace?, yo le contesté, ¿tú querías a tu marido cuando distes el gran paso?, respóndeme. Ella muy confusa contestó, cuando eres tan joven como yo lo era, no se sabe con certeza lo que haces ni lo que quieres realmente, te mueve más la ilusión de entrar en la iglesia vestida de novia que otra cosa, tampoco se tiene cierta experiencia para hacer comparaciones porque no puedes, aunque confieso que cuando me casé con él es porque quizá sentiría algo por éste, pero después conforme va pasando el tiempo te vas dando cuenta que no es lo querías tener, y tampoco es ahora el mismo hombre al que yo me entregué por primera vez, y ahora ya me resisto cada vez más a ser suya, porque entre los dos empezó a levantarse un muro y comenzó a existir una evolución que ha marcado unas diferencias entre nosotros como una raya divisoria con alambrada incluida, y que hoy esa es tan equidistante que ahora mismo somos dos personas muy diferentes, aparte que ahora me he dado cuenta que lo que yo creía que era amor, no es así, porque lo acabo de encontrar y me es imposible entregarme a él, y ahora con mucho más motivo, aunque sea mi esposo y tenga el derecho, yo solo sé, que ya no le pertenezco, pero mi fuero de mujer tampoco me permite entregarme a ti, por favor espera un poco y ten algo de paciencia, y déjame que me pueda liberar de él, pero mientras él sea mi marido, yo no puedo ser de otro hombre, por mucho que te desee a ti y a su vez lo deteste a él, entiéndeme, y por favor, no me pidas que yo rompa mi condición de ser la mujer que soy, porque no me lo perdonaría jamás y pesaría sobre mi conciencia la palabra de ser una mujer deshonrada y sucia.


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