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CAPOSOPHIA I

Introducción

By Luis Carlos Molina Acevedo



Smashwords Edition

Edición Smashwords

Primera Edición

Copyright 2016 Luis Carlos Molina Acevedo

Contacto:

lcmolinaa@yahoo.es

http://lcmolinaa.blogspot.com

Carátula: Luis Carlos Molina Acevedo

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Sobre el Autor

Luis Carlos Molina Acevedo ha publicado los siguientes libros para las librerías en línea:

Quiero Volar, El Alfarero de Cuentos, Virtuales Sensaciones, El Abogado del Presidente, Guayacán Rojo Sangre, Territorios de Muerte, Años de Langosta, El Confesor, El Orbe Llamador, Oscares al Desnudo, Diez Cortos Animados, La Fortaleza, Tribunal Inapelable, Operación Ameba, Territorios de la Muerte, La Edad de la Langosta, Del Donjuanismo al Vampirismo Sexual, Imaginaria de la Exageración, La Clavícula de los Sueños, Quince Escritores Colombianos, De Escritores para Escritores, El Moderno Concepto de Comunicación, Socio-semantics de la Amistad, Magia: Símbolos y Textos de la Magia, ¿Hay Alguien Afuera del Muro?, Síndrome Dr. House, Factor Zombi, Mierda: Símbolos y significados, Armiño: Simbolismo, Leyenda: Cine sobre Símbolos, Asesino Perfecto, Terror-istmo y Terror-ismo, Jade Partido, El Señor del Oro y Caposophia I: Introducción.

I Want to Fly, From Don Juan to Sexual Vampirism, The Imaginary of Exaggeration, The Clavicle of Dreams, For Writers by Writers, The Modern Concept of Communication, Is There Anybody Out The Wall?, Dr. House Syndrome, Zombie Factor, Magic: Symbols and Texts of Magic, Socio-semantics of Amity, The Age of Locust, and Territories of Dead.







Contenido

Sedimentus Presocrático

Sedimentus Socrático

Sedimentus Agustín

Sedimentus Tomas de Aquino

Sedimentus Maquiavelo

Sedimentus Descartes

Sedimentus Spinoza

Sedimentus Locke

Sedimentus Leibniz

Sedimentus Berkeley

Sedimentus Hume

Sedimentus Kant

Sedimentus Hegel

Sedimentus Marx

Sedimentus Schopenhauer

Sedimentus Nietzsche

Sedimentus Russell

Sedimentus Wittgenstein

Sedimentus Kierkegaard

Sedimentus Sartre

Sedimentus Derrida

Sedimentus Foucault

Referencias bibliográficas









Presentación

En esta introducción a la Caposophia se parte del supuesto de que las posturas filosóficas y los sistemas filosóficos planteados a lo largo de la historia de occidente, no desaparecen con la aparición de una nueva postura o un nuevo sistema. Más bien, estas posturas y estos sistemas de sedimentan como capas superpuestas (sedimentus), a la manera de un estrato geológico (estratus), y en momentos de crisis hacen erupción (brotus) hacia la superficie para mezclarse con las posturas y sistemas, operantes en el momento, para formar un cortex. Esta dinámica del pensamiento hace que en cada sedimentus puedan presentarse diferentes posiciones conceptuales (facies) frente a una misma realidad. A este modo de proceder en el estudio de las cuestiones del ser humano, se lo podría denominar como una “filosofía del estrato”. Este procedimiento será aplicado a un aspecto de la realidad, relacionado con el pensamiento mafioso a lo largo de la historia de la humanidad. A este aspecto de la realidad se lo denomina aquí “caposophia”.

Caposophia es un discurrir hacia el encuentro de las características del pensamiento mafioso y desde éstas, los fundamentos de una filosofía mafiosa, desde la cual entender las crisis de la filosofía y del pensamiento en occidente. Los senderos del recorrido están orientados por las siguientes preguntas:

¿Cuáles son las características del pensamiento mafioso?

¿Cuáles son los fundamentos para una filosofía mafiosa?

¿Cómo una filosofía mafiosa se articula en la tradición filosófica de occidente?

El capo es el símbolo que concreta una forma de pensar y actuar en la sociedad. Desde este símbolo se puede sustraer las características de un pensamiento mafioso. El capo como símbolo puede representar a Alt Capone, a Pablo Emilio Escobar Gaviria, al Chapo Guzmán, a Víctor Corleone, o a cualquier otro personaje real o ficticio que piense o actúe de acuerdo con unas características reconocibles en tal representación. Las características surgen de los elementos comunes a estos personajes reales o ficticios y que dan existencia a algo denominado en la sociedad como “capo”. Esta existencia representa unas constantes invariables en el tiempo, el espacio, y las formas de como es nombrada. El símbolo conserva sus rasgos así se lo nombre “capo”, o “patrón”, o “don”, o “señor”, o “jefe”. Estos nombres son diferentes formas de referirse al mismo símbolo, o a la misma realidad representada por ellos. Pero el pensamiento mafioso no sólo es propio de delincuentes, también se da en los gobiernos, las instituciones del Estado y diferentes estamentos de la sociedad.





Sedimentus Presocrático

La filosofía es una especie de felino con más vidas que un gato. Con los llamados filósofos presocráticos se dio origen al denominado pensamiento occidental. Ellos se plantearon diferentes preguntas como punto de partida para su reflexión y con ello una nueva forma de pensamiento denominada filosofía. Pero cuando la filosofía apenas comenzaba, debió enfrentar su primera muerte. Platón y Aristóteles consideraron que la filosofía no podía consistir simplemente en formular preguntas. Introdujeron la necesidad de la racionalidad (la verdad) en el pensamiento occidental. La tarea de la filosofía no era la de hacer preguntas, sino la búsqueda racional. Se introdujo el análisis y la argumentación lógica como base de la filosofía y con ello se le dio sepultura a la filosofía presocrática. Esta historia se ha repetido una y otra vez desde entonces, dando origen a diferentes filosofías que a su modo han buscado dar explicación al ser, la existencia, la realidad, el devenir, el tiempo, el espacio y a muchas más inquietudes de la mente humana.

En este transcurrir de la filosofía, el nacimiento de una nueva postura filosófica no ha implicado la desaparición de la anterior, así se suela hablar de la muerte de la filosofía. Por el contrario, las anteriores posturas filosóficas se van sedimentando unas encima de las otras hasta conformar el amplio terreno de la filosofía. Las elaboraciones del pensamiento occidental se superponen y vuelven a aflorar cuando la realidad inmediata se vuelve compleja de entender. Muchas de las capas del sedimento se expresan de nuevo a través de opiniones, del sentido común, y hasta de un sistema filosófico nuevo.

Una situación típica de esta superposición de visiones o facies filosóficas se da cuando en las sociedades se evidencia la presencia del crimen organizado. Los tipos de pensamiento desde él, hacia él y por él parece incluir las diferentes filosofías pasadas y presentes. Esta suma de posiciones o de pensamientos se superpone para formar lo que aquí se ha dado en denominar la “caposophia”. El crimen organizado supera la esfera de lo individual pero se estructura a partir de un líder. Ese líder ha asumido diferentes denominaciones en el tiempo, tales como capo, padrino, señor, don, jefe, etc. Para fines del presente estudio se engloban todas estas figuras o designaciones en la de capo como representación del líder del crimen organizado.

En el tiempo se pueden identificar diferentes representantes del capo y del crimen organizado. Algunos de ellos serán considerados en la aproximación a la caposophia y el resto se puede subsumir en el modelo de estudio aplicado a los incluidos. Se comenzará con el capo Pablo Emilio Escobar Gaviria por ser quizá el de mayores variantes en las concepciones generadas y el carácter de su contemporaneidad. Pablo Escobar, con sus actuaciones y forma de pensar, llevó a la cúspide a la figura del capo y con él la caposophia alcanzó una expresión bastante compleja. Desde él, hacia él y por él se expresan diferentes filosofías para dar expresión a una caposophia.

La caposophia aglutina las diferentes expresiones del pensamiento generadas sobre, desde, y por el crimen organizado y de otros tipos de organizaciones o asociaciones humanas que tienen como base para su actuación en el mundo una forma de pensamiento que se ajusta a las características de lo que aquí se denomina caposophia. En ella, las diferentes filosofías se presentan como capas superpuestas o sedimentadas para expresar una realidad compleja. El estrato, como superposición de capas de pensamiento, se convierte en la mejor imagen para la representación de la realidad filosófica en sociedades atravesadas por presencias del crimen organizado en sus diferentes manifestaciones. Frente a las diferentes posturas, interesa el trasfondo, la manera en que se expone una visión de la realidad en su totalidad. En cada expresión, desde la opinión, desde el sentido común o desde la razón, se evidencia un intento de hallar una ordenación en la cosas.

Los presocráticos se caracterizaron ante los filósofos socráticos por haber contado cuentos. Las Musas le dicen a Homero que pueden enseñarle muchas verdades, pero también alguna falsedad. El saber es una provisión de las experiencias que se acumulan sin cesar y despiertan la pregunta por el sentido de todas las cosas. Parménides no habla apenas de la doxa (verdad), sino de las doxai (opiniones), pues la verdad es única, mientras que las opiniones de los hombres son variadas. El planteamiento del problema no atañe tan sólo a la verdad, sino también a la multiplicidad de las opiniones.

El pensamiento de Parménides, inaugurador del pensamiento de occidente, está cifrado en el poema fragmentario “Sobre la Naturaleza”, conservado en el tiempo debido a citas de otros autores. La interpretación de los versos de Parménides parece ser la siguiente: lo primero que se encuentra es una visión del universo según la cual está constituido por opuestos interrelacionados e inseparables. En segundo lugar, que esta concepción es superior en lo conceptual a aquella de los jonios, porque evita el pensamiento de la “nada”. En tercer lugar, la imagen de la “luz” y la “oscuridad”, que resume esta concepción, remite al mostrarse del ser y a su cognoscibilidad. Equipara al ser con el noein, es decir pensamiento. El significado primario de esta palabra no es el de “sumergirse en uno mismo” o reflexión, sino la pura apertura a todo.

En los jonios, así como en Parménides, este tema aparece bajo una nueva luz: la percepción y el pensamiento no surgen por la actuación de una potencia divina, sino por la mezcla de los humores del organismo. La filosofía en occidente se hace posible cuando el pensamiento deja de ser teogónico para convertirse en un producto humano. La poesía de Homero es teogónica, la de Parménides es filosófica.

Simplicio de Cilicia (neoplatónico) cita completa la primera parte del poema de Parménides. Está dedicada a la vía de la verdad, donde se ocupa de “lo que es” o “ente”, y expone varios argumentos que demuestran sus atributos: es ajeno a la generación y la corrupción y por lo tanto es in-engendrado e indestructible, es lo único que verdaderamente existe (con lo que niega la existencia de la nada), es homogéneo, inmóvil y perfecto. La segunda parte sólo se conoce en parte, debido a citas fragmentarias. Está dedicada a la vía de las opiniones de los mortales, donde trata de asuntos como la constitución y ubicación de los astros, diversos fenómenos meteorológicos y geográficos, y el origen del hombre, construyendo una doctrina cosmológica completa. Para Parménides, el saber no solo debía considerar la verdad, sino también las opiniones.

La caposophia tiene mucho de presocrática. Se ha basado más en las opiniones que en la verdad, pero cada opinión se esgrime como si fuera la verdad absoluta. Es distintivo del ser humano el plantear problemas y abrir la dimensión de las múltiples posibilidades. Por ello, la capacidad para la verdad y la falsedad, tanto en el querer conocer como en el ser con otros, es una propiedad del ser humano. Tanto en Homero como en Hesíodo, al comienzo de la “Teogonía”, las Musas proclaman que pueden enseñar lo verdadero, pero también lo falso. Incluso estas inseminadoras juegan con las debilidades humanas. En definitiva, la no verdad es inherente al propio concepto de conocimiento, que es un elemento inseparable, constitutivo del conocimiento, porque los seres humanos se exponen necesariamente a una multiplicidad de influencias y confusiones. Parménides pone una única oposición, la dada entre la luz y la oscuridad.

El fragmento 2 del poema de Parménides comienza con la afirmación de que se pueden pensar dos caminos de indagación. Uno de los caminos es aquel donde se dice que hay el “es” y no hay el “no es”, y éste es el camino de la verdad, que avanza con poder de convicción. El otro camino es aquel donde se dice que el “no es” es, y que afirma el no ser, sería el camino sin esperanza de las opiniones.

Ninguna situación de las sociedades como el crimen organizado puede despertar un pensamiento presocrático en la actualidad. Las expresiones sobre este tipo de organizaciones van desde reconocer que “son” hasta la total negación de las mismas. Desde esta visión presocrática del pensamiento, se hallan todas las justificaciones para suprimirlas desde lo simbólico, lo jurídico, lo social, lo político, etc. Pero también desde esta multiplicidad de expresiones llegan a “ser”. Pero no solo está el “ser”, sino también “la posibilidad de ser”, generada por la opinión. Los seres humanos tienen la facultad de incurrir en contradicciones sin apercibirse de ello, porque entienden lo ausente como no ser, y de ahí que se instaure la ilusión del devenir. El entendimiento humano no puede aceptar que algo surja de la nada, éste es el principio más elevado de la orientación por el mundo de la experiencia. Por eso, para Parménides el “mythos” está más cerca del “logos” que de la fábula. “Mythos” significa todo aquello que se puede narrar, y hace pensar simplemente en una dilatada narración.

El fenómeno de Pablo Escobar ha sido difícil de explicar para la sociedad contemporánea. Toda aproximación se hunde en opiniones de sesgo ético y moral. Lo más cercano a su comprensión han sido las historias de corte biográfico. Una concepción presocrática del mundo parece desfilar por ellas. El hombre de carne y hueso sucumbe en las espesas aguas de lo mítico. El pensamiento humano regresa al origen de la cultura occidental para tratar de entender una realidad tan cercana y tan lejana a la vez. En estas historias el “mythos” está más cerca de Homero que de Parménides. La narración de cuentos no avanza hacia el logos, sino hacia la fábula, como dirían los socráticos si les fuera dado ver tal estado de cosas.

“Pablo Escobar, el patrón del mal” (01) es una serie de televisión realizada por la cadena colombiana Caracol en el año 2012, diecinueve años después de su muerte. Para la fecha aparece como el intento de mayor alcance en dar una imagen lo más cercana a la realidad del capo Pablo Emilio Escobar Gaviria. Trata de narrar la biografía del hombre desde su niñez hasta la muerte. En ese intento de mostrar al hombre real, termina, como toda narración, más cerca del “mythos” que de la realidad. Igual a como hacen las musas de Homero y Hesíodo, las de la televisión igual le advierten al televidente que tienen el poder de contarle la verdad, pero también la falsedad. Al iniciar cada capítulo de la serie (En total 113 capítulos), el televidente lee:

“Pablo Escobar, el Patrón del Mal”, es una serie de ficción producto de la adaptación libre de “La parábola de Pablo”, de Alonso Salazar; de artículos de prensa y de hechos de público conocimiento de la vida nacional. Los hechos históricos están rodeados de personajes y diálogos ficticios, que permiten suplir y recrear situaciones no documentadas.”

Las musas muestran una vez más su gran habilidad para jugar con la mente humana. Su advertencia conduce a la gran paradoja del mythos: todo cuanto cuenta puede ser verdadero o falso, o puede ser verdadero a medias o falso a medias. ¿Cómo saber qué de lo narrado es verdad y qué falsedad? Hasta para el televidente contemporáneo, contemporáneo además de los hechos que la serie narra, le resulta difícil afirmar qué es cierto y qué es falso, aún en el caso de haber sido protagonista o víctima de tales acontecimientos. Es el juego de las musas con el que se instaura la cultura occidental donde todo puede ser verdad o falsedad al mismo tiempo, pero por el hecho de transcurrir en la narración se experimenta como verdad. Ya no importa el hombre real, sino el mythos creado por la narración entre verdades y falsedades. Los hechos históricos están rodeados de personajes y diálogos ficticios, advierten las musas televisivas, pero la mayoría de los televidentes no reparan en tales advertencias, ellos prefieren saltar al momento de la acción. De esta manera el hombre real desapareció para dar nacimiento al mythos en más de 52 países en donde la serie ha sido transmitida, sin contar con el acceso a la serie que cualquier persona del mundo puede lograr a través de Internet.

Las musas de televisión también advierten que es una serie de ficción producto de la adaptación libre de “La parábola de Pablo” de Alonso Salazar. Este libro está escrito con un lenguaje periodístico. En la falacia moderna se tiene la creencia en la existencia de un lenguaje periodístico capaz de hablar de la realidad con gran fidelidad, es decir, con objetividad. Motivado por esta clase de falacia, el filósofo ortodoxo de la verdad abandonaría de inmediato la serie, por considerarla en términos socráticos más cercana de la teogonía que de la filosofía, y se iría a beber de la fuente de la verdad provista por el lenguaje periodístico. El filósofo en cuestión quedaría desencantado con sólo abrir el libro. Al comenzar la lectura, las musas vuelven a lanzar su advertencia:

“...Al final, sumando voces, he tratado de construir una mirada multifacética de un personaje que con sólo mencionarse suscita controversia, pero que definitivamente nos marcó y fue el símbolo mayor del estigma que hoy cargamos los colombianos en el mundo entero: el narcotráfico. Desde luego, en muchos de los episodios existen versiones diferentes y hasta encontradas. En esos casos he procurado incorporarlas. He creado un personaje ficticio, Arcángel, en boca de quien he puesto opiniones que algunos de los protagonistas no quieren asumir públicamente. Arcángel ha sido igual­mente útil, desde el punto de vista narrativo, para presentar algunos hechos que podrían comprometer judicialmente a quienes los realizaron.”

De regreso a los presocráticos. “He creado un personaje ficticio, Arcángel, en boca de quien he puesto opiniones...”, dicen las musas. Como en Parménides, el pensamiento sobre Pablo Emilio Escobar Gaviria está compuesto por la verdad biográfica y las opiniones no solo de Arcángel, sino también de las versiones diferentes y hasta encontradas. No se trata de la necesidad de la verdad desde una postura ética, sino de lo útil demandado por lo narrativo.

En el año 2015, Netflix produjo la serie “Narcos” (02). Al comienzo de cada capítulo, las musas vuelven a su advertencia:

“Inspirada en hechos reales. Algunos elementos son ficción. Cualquier semejanza con personas reales es mera coincidencia.”

Por si el filósofo ortodoxo de la verdad no se hubiera dado cuenta de la imposibilidad de la verdad a estas alturas, en el primer capítulo de la serie, después de la advertencia de las musas, se hace la siguiente reflexión:

“El realismo mágico se define como un entorno realista y detallado que se ve invadido por algo tan extraño que resulta increíble. No por nada el realismo mágico nació en Colombia.”

Es un claro esfuerzo de las musas por volver a poner el acento en la verdad a pesar de los visos de falsedad en las cosas del mundo. En este juego narrativo de las musas presocráticas, el “capo” se presenta como un ser constituido a partir de verdades y opiniones y la “caposophia” como la mirada multifacética, multi-sedimentada, de una realidad tocada por el mythos. La mirada multifacética se vuelve sedimento de capas de pensamiento en donde por superposición se crea algo, lo más cercano posible a la realidad. En “Escobar, el patrón del mal” el focus está dado por el político Luis Carlos Galán. En “La parábola de Pablo”, el focus está dado por el lenguaje periodístico. Y en la serie “Narcos” el focus está determinado por la DEA (Drug Enforcement Administration). Estos tres focus y muchos otros se superponen hasta constituir las bases para entender la “caposophia” y al “capo” como figura representativa de la misma, a la manera de un planeta denominado filosofía. Cada focus identifica a una facies, las cuales también se superponen para formar el sedimentus y la superposición de los sedimentus forman el estratus de la caposophia.

Para los presocráticos el saber es la opinión acompañada del logos. Es la opinión fundamentada racionalmente. En la caposophia es fácil identificar esta forma de pensar, pero no es la única porque cada focus tiene su propia expresión, superpuestas para acercar el pensamiento a un entendimiento de la realidad. La aproximación a la exactitud estará en proporción directa con la cantidad de focus superpuestos.











Sedimentus Socrático

La filosofía socrática está creada alrededor de los diálogos en donde el filósofo Sócrates es la figura central. Los diálogos de Platón contienen generalmente las palabras directas de cada hablante, mientras en los diálogos de Jenofonte estas están escritas en una historia continua que contiene junto a las narraciones de las circunstancias, los dichos de los hablantes. El diálogo socrático como género filosófico-literario inventado por Platón es deudor del teatro antiguo (comedia y tragedia) adaptado a la filosofía. De la filosofía socrática sobresalen Platón y Aristóteles por las temáticas tratadas, entre otros muchos filósofos.

Platón dotó al término “filosofía” de un acento algo artificioso y, sin duda alguna, no habitual. Según él, la filosofía es el puro esfuerzo hacia la sabiduría y la verdad. No consiste en la posesión del conocimiento, sino tan sólo en el esfuerzo por llegar al conocimiento. En su significado más alto, la filosofía figura como la más elevada de las ciencias

Sócrates dice que el conocimiento tiene que ser un recuerdo, ya que cosas tales como los conceptos matemáticos no se pueden obtener a partir de la experiencia, en la que jamás se encuentran dos entes exactamente iguales. La anámnesis platónica se asemeja ciertamente al enigma del lenguaje. No tiene principio, no tiene inicio, y asimismo no se pueden derivar las palabras a partir de un principio, como ocurriría en un “orto-lenguaje”. El hablar de una lengua es una totalidad, una estructura en la que ocupamos un lugar que no hemos elegido. El concepto matemático de igualdad es el de la igualdad perfecta, que no podemos hallar en la experiencia sensible. Al entender de Sócrates, lo mismo vale para el alma, la cual, como la igualdad en sí, no puede percibirse en la experiencia sensible.

El Sócrates platónico dice que el bien es el origen del que deriva el orden del universo en su totalidad, el mundo de los seres humanos con su praxis y el orden del universo con todos sus componentes. En la idea del bien aparece por primera vez “la totalidad” en un sentido que difiere en lo fundamental del de la totalidad entendida como suma de las partes.

Para un tipo de facies Pablo Escobar parece estar al margen de este origen. No parece formar parte del universo en su totalidad. Por eso resulta incomprensible, es un ser extraño. Su praxis del asesinato y el terrorismo no es propia de los seres humanos. No es la misma praxis de otros asesinos y terroristas. No se sabe qué hay en su mente. Sería el “no ser” platónico. Pero para otro tipo de facies Pablo Escobar sería la materialización de la filosofía platónica, de las formas platónicas puras y abstractas. Hay tanto bien en él que deriva en el nuevo orden de la ciudad, del país. Sus casas de “Medellín sin tugurios” dan techo a los miserables que antes habitaban el basurero de la ciudad. Genera empleo y entrega mercados para los más pobres de los barrios de la ciudad primaveral.

La filosofía de Aristóteles se suele dividir en dos. Una hasta su obra sobre la Física y la otra correspondiente a sus obras después de la Física, denominada metafísica. Aristóteles, en el primer libro de la Metafísica, lleva a la filosofía más allá de la física, en tanto que cita a Tales como el primero que no narra mitos acerca de dioses, sino que sostiene sus exposiciones por la experiencia y las pruebas. Se entiende la racionalidad científica como meta de la humanidad en general y, asimismo, también de la metafísica. Más allá se encuentra una tercera y más radical concepción de la metafísica: el fin del hombre.

La metafísica que se basa en el pensamiento de Platón y Aristóteles ha dominado toda la historia de la humanidad. Aunque esta perspectiva perdiera importancia durante el helenismo, la tradición metafísica clásica se mantuvo en todo momento y, revivificada en la Edad Media, alcanzó la preeminencia. En la metafísica no se está diciendo que la validez de las hipótesis tenga que verificarse mediante la experiencia, esto es, mediante los “hechos”. No, aquí se está tratando simplemente de la coherencia lógica e inmanente de los conceptos, es decir, del logos.

La narración cinematográfica es en donde mejor se puede alcanzar una comprensión del ser de Pablo Escobar. Es en donde se puede alcanzar una coherencia lógica de su praxis porque en estas narraciones no es el ser humano, sino el mito el protagonista. En la narración se disuelven las contradicciones de los hechos, de la experiencia. En ella deja de ser un ente de carne y hueso para volverse el demiurgo que todo lo puede. Ninguna acción de un demiurgo puede ser contradictoria, siempre hallara sentido dentro de la disposición lógica de los conceptos.

En Aristóteles la virtud deriva de la educación. La virtud aristotélica distingue al ser humano en tanto que humano entre humanos, no sólo por el correcto acatamiento de valores que son válidos por sí mismos, sino por cómo es y se comporta de acuerdo con su formación, hábitos y carácter. Pablo Escobar en unas facies aparece con una virtud que no deriva de la educación, pero en otras facies se lo considera como el más dotado de virtud, porque a pesar de su riqueza económica se colocó del lado de los pobres.

A ojos de Sócrates, el universo lingüístico tiene más realidad que la experiencia inmediata. Aquel que quiera informarse sobre la verdadera constitución de las cosas hallará mayor claridad en los logoi que en la traicionera experiencia sensible. En este punto, comienza la argumentación según la cual la causa puede equipararse con la idea. Está claro que existe un paralelismo entre estas entidades y las de la matemática: tampoco la belleza, el bien y lo grande derivan de la experiencia. Aun así, el eidos parece hallarse de algún modo en las cosas. Para Sócrates, sin embargo, el alma es, ante todo, la orientación hacia las esencias puras, las ideas puras.

Las series de televisión llevan al televidente a identificar a Pablo Escobar no con la traicionera experiencia sensible, sino con la verdadera constitución de las cosas hallada con claridad en el logos. La causa se equipara con la idea porque como en la caverna de Platón el televidente no capta los “hechos” expresados por la sucesión de imágenes, sino la esencia pura del capo de capos. La pantalla cinematográfica tiene ese extraño impacto en las mentes de los espectadores. Las cosas se perciben despojadas de su materialidad para perdurar como formas, como ideas puras. Para la facies de los televidentes, su comprensión de Pablo Escobar dista bastante de la facies de los directos afectados o víctimas de Pablo Escobar en la experiencia sensible.

Platón y Aristóteles están convencidos de que, sin vida, no hay pensar, ni nous sin psique, puesto que el pensar no es otra cosa que esta presencia y, como tal, es vida. Estos dos aspectos, la vida y el pensar, no se pueden separar el uno del otro. Para Sócrates es evidente que la verdadera esencia, el verdadero ser, se manifiesta en el lenguaje, y que el lenguaje puede alcanzar con palabras lo que es. La psique no es sólo un concepto general, sino que es la omnipresencia de la vida, particularmente en el ente vivo. Sócrates llega finalmente a la conclusión de que el alma, tras la llegada de la muerte corporal, sigue existiendo en otro lugar, a saber: en el Hades.

Para la facies de quienes recibieron la ayuda de Pablo Escobar, el capo tiene los atributos de lo divino. Después de su muerte corporal, se negaron a aceptar que algo así pudiera sucederle a un ser puro, a una idea pura, a una forma abstracta, a un alma pura. Para muchos, Pablo Escobar sigue vivo y lo que yace en su tumba es el producto de un engaño urdido por el propio capo para escapar al cerco de las autoridades del estado. Y quienes aceptan su muerte corporal, lo siguen considerando como un santo igual o superior a los del cristianismo, por eso visitan su tumba para seguirle pidiendo favores. Y él se los concede aún después de muerto, porque desde la tumba sigue obrando milagros, como es lo propio de un santo. Pablo Escobar sigue existiendo en algún otro lugar.

Methodos significó siempre en la Antigüedad la totalidad del trabajo con un ámbito de cuestiones y problemas. En dicho sentido, “el método”, en Aristóteles, no es una herramienta de objetivación y dominio, sino un interés en el trato con las cosas de las que nos ocupamos. A ojos de Aristóteles, Platón era demasiado matemático. Para Aristóteles, en cambio, la physis es la manifestación primera del ser y siempre ocupa un lugar importante en la metafísica. En verdad, la propia metafísica es una amplia denominación colectiva cuya relación con el interés fundamental de Aristóteles por la physis es obvia. En todo caso, no constituye un ámbito tan claramente delimitado como los libros aristotélicos de la Física.

Platón sigue una orientación matemática, mientras que Aristóteles se decanta por la física y, ante todo, por la biología. La primera orientación citada permite excluir en la medida de lo posible el problema de la contingencia, puesto que lo particular no existe en el ámbito de la matemática La aplicación de los números a lo particular no pretende ser otra cosa que una aplicación práctica de la matemática. La orientación hacia la física y la biología implica necesariamente el reconocimiento del ser vivo individual, de lo particular, algo que sólo se puede mostrar ostensivamente, y no con palabras. Evidentemente, lo que se trata aquí es la naturaleza viva y su ser, y no unas estructuras matemáticas. Pablo Escobar en las historias de su vida, escritas o filmadas deja de ser contingente para convertirse en forma platónica del capo de capos.

Esta compleja relación entre Platón y Aristóteles tiene sus consecuencias. Ambos tratan la realidad del universo, pero Platón suele hablar de ella con ayuda de mitos grandiosos. El artesano divino produce las cosas a partir del modelo de las ideas que él no ha creado. Está claro que el modelo hacia el que se orienta la acción del demiurgo se corresponde más bien con la matemática de la astronomía pitagórica. El demiurgo conforma el alma del mundo, pero, ¿en qué consiste esta alma? No es el principio de vida ni el saber, sino que es el origen del movimiento periódico, regular, siempre igual, propio de los astros, y cuya esencia se puede expresar mediante los números y las relaciones entre éstos.

Aristóteles en cambio acude a la techne, entendida no en el sentido moderno de técnica, sino como creación espiritual, tal y como ésta se comprendía antes del surgimiento de la técnica moderna. Para los griegos, la techne es un saber con el que se produce algo, no la producción misma. A Aristóteles, como a Platón, le parece que el universo reposa sobre regularidades matemáticas, pero que, por eso mismo, el universo no se parece en nada al mundo regulado por la política y la sociedad, por las leyes.

El Pablo Escobar socrático es vestido con los rasgos del demiurgo capaz de producir las cosas a partir del modelo de las ideas que él no ha creado. Es el artesano divino capaz de producir riqueza económica en un territorio plagado por la miseria. Pero también posee el rasgo de la “techne” como creación espiritual. Es el hacedor de la esperanza para tanto desheredado en un territorio en donde la riqueza está reservada a los descendientes de unas pocas familias hegemónicas. El Pablo Escobar de la experiencia sensible y el de las ideas puras se convirtió con su praxis en el símbolo de la posibilidad de alcanzar la riqueza por fuera de algún apellido familiar de alcurnia. Con Pablo Escobar, cualquier pobre es un futuro rico en potencia. Ese es el poder del demiurgo y de la techne.

De un estado en donde las musas alcanzan el mayor protagonismo en la historia de Pablo Emilio Escobar Gaviria, se pasa a un estado metafísico, propio de la filosofía socrática. En el primer capítulo de la serie “Narcos”, después de introducir la reflexión sobre el realismo mágico, se pasa a la siguiente reflexión:

“Hoy en día, el gobierno de EE.UU. puede escuchar todo lo que digas. Sabe dónde estás, sabe con quién hablas, y créeme, sabe con quién coges. Si enciendes un teléfono celular o una computadora, estás perdido. Pero en la Colombia de 1989, no era tan fácil. Para empezar, no había Internet. Ni celulares. Lo máximo eran los teléfonos satelitales, y para captar uno, había que volar justo encima. Además, los únicos que tenían uno eran los millonarios. Los terratenientes, los políticos... Y por suerte para nosotros, los narcos eran los más ricos de todos. Y cuando captabas una señal, no sabías a quién escuchabas. Por eso el gobierno de Estados Unidos diseñó software para identificar la voz de nuestros objetivos. Y ya lo imaginan: tampoco había GPS. Cuando teníamos un objetivo, después había que ubicarlo. Debíamos triangular la señal con recursos en tierra.”

A ojos de los filósofos socráticos, esto habría aparecido como un acto de intervención divina. Es quizá el hecho actual que mejor plasma la idea de dios para los filósofos griegos, pero un dios todavía muy distante del impuesto por el cristianismo. Un dios basado en la experiencia, no en la religión. Es el demiurgo platónico capaz de hacer lo inimaginable. Mientras Estados Unidos logra esta realidad casi mística hacia finales de la década de 1990, Pablo Escobar la realizaba desde antes de 1980. Él lo sabía todo, lo escuchaba todo. Disponía de una amplia red de informantes en todos los lugares, en todas las instituciones del Estado. Los servicios de inteligencia del país grababan casetes para él, de cuanto se hablaba por teléfono o en lugares públicos. Contaba con lectores de periódicos y revistas quienes debían mantenerlo informado de cuanto se publicaba. Otros veían los diferentes noticieros para luego enterarlo de la información más reciente. No era el mito creado por los medios de comunicación, sino el demiurgo capaz de hazañas increíbles. Era la materialización del realismo mágico.

Sócrates dice que existen cuatro géneros: el primero es lo ilimitado, el segundo es el límite, el tercero es lo limitado y el cuarto es el espíritu que hace la limitación. Esto enlaza con la tradición pitagórica (presocrática), a saber: con la relación que existe entre lo indeterminado, lo ilimitado y el límite. Así, el número es lo que acaba con la ilimitación y, con ello, establece la esencia de las cosas mediante el conocimiento del número. Platón le adjudica al nous, a lo espiritual, su verdadera esencia, que produce la síntesis entre lo ilimitado y el límite. El orden de las cosas presupone un espíritu que sostiene la realidad y ordena las cosas. Pablo Escobar toleraba la pobreza pero no la miseria, por eso se propuso sostener una realidad distinta y poner otro orden en las cosas.

Si con los presocráticos la filosofía se centró en la narración de cuentos, con los socráticos el pensamiento se encamina por la senda de los logoi, de las argumentaciones y de la dialéctica. La filosofía platónica y aristotélica propone un nuevo camino hacia la verdad. La verdad ya no está en la palabra de las musas, sino en las relaciones lógicas del logos. El saber es una provisión de las experiencias que se acumulan sin cesar y despiertan la pregunta por el sentido de todas las cosas.

Platón afirma que la mayoría de los humanos viven como en una cueva oscura, encadenados, de cara a un muro blanco y con un fuego a sus espaldas. Todo lo que ven son sombras temblorosas moviéndose en el muro y toman esto por la realidad, pero pueden aspirar a ver la verdadera luz de la realidad sólo cuando aprendan a abandonar el muro y sus sombras y escapen de la cueva.

La caverna de Platón se actualiza y ahora toma la forma de un rectángulo tachonado de luces y sombras para engañar de forma más convincente a los humanos encadenados a la televisión. Las series de televisión se convierten en el nuevo mito que hace pasar las narraciones sobre Pablo Escobar como la realidad. Pero a diferencia de los filósofos socráticos, no hay la aspiración a ver la verdadera luz de la realidad. Nadie quiere abandonar la comodidad del sillón frente a la televisión. En esta nueva caverna, Pablo Escobar es una representación de luces y sombras, muy distante de la experiencia sensible.

Con los socráticos la filosofía se pervierte. El objeto de la filosofía deja de ser el de formular preguntas acerca de todo (presocráticos) para orientarse hacia el problema de la verdad. La caposophia no es ajena a esta perversión socrática. Con frecuencia circulan por los medios de comunicación personajes socráticos que dicen ser los poseedores de la verdad y los demás de la falsedad.

En artículo publicado por la Revista Semana, Roberto Escobar, hermano de Pablo Escobar, hace reclamos de veracidad a la producción “Capos” de Neflix. “Creo que nadie en el mundo puede determinar la validez de los materiales más que yo”, dijo. Con ello le exigía al servicio audiovisual Neflix examinar la veracidad de la segunda temporada de la serie.

En otro artículo de la Revista Semana, la empresa online de turismo Despegar.com promueve un tour para turistas nacionales y extranjeros por los emblemáticos lugares donde transcurrió la vida del capo. Además prometen contar la verdadera historia del capo y “clarificar las dudas y los mitos que existen fuera de Colombia sobre Pablo Escobar”.

La Revista Semana publicó otro artículo sobre las mentiras de ‘Popeye’. En él se hace referencia a tres faltas de precisión o de verdad de John Jairo Velásquez Vásquez (alias Popeye) en sus declaraciones para el libro “El verdadero Pablo”, escrito por la periodista Astrid Legarda. La primera fue señalada por Roberto Escobar, el hermano de Pablo Escobar, en declaración al periódico El Colombiano (Medellín). En el sentido de que Popeye nunca fue la mano derecha de Pablo, sin embargo el libro se promueve como “La historia verdadera de Pablo Escobar contada por su principal lugarteniente”. Popeye no era nadie en el Cartel de Medellín y eso le resta seriedad a la historia. La segunda consiste en confundir el nombre del general Ochoa Antish (venezolano) con el del general Arnaldo Ochoa (cubano) y ejecutado por el gobierno de Fidel Castro al descubrir que había participado en la ruta cubana del narcotráfico del Cartel de Medellín. Y la tercera es la imprecisión en las fechas de la reunión de Pablo Escobar con líderes del M-19 para la toma del Palacio de Justicia, pues para ese momento el líder había muerto en un tiroteo con la policía.

En este desfile de discípulos socráticos se constata una vez más el sofisma de la verdad de quienes creen poseer la verdad. En el libro “El Verdadero Pablo: Sangre, traición y muerte” de Astrid Legarda, se publica la reproducción de un facsímile del original suscrito por Popeye en donde asume la absoluta responsabilidad de las afirmaciones contenidas en el referido libro y lo firma el 20 de junio de 2005. Al lado de la firma coloca su huella dactilar, al mejor estilo de Pablo Escobar. En el documento redactado a mano, en la prisión, Popeye también afirma que los derechos de autor del libro son propiedad de Astrid Legarda. La pregunta obligada sería ¿sobre quién recae la falsedad en este laberinto de la verdad?

En el “Libro sellado de Pablo Escobar”, Fabio Rincón en la página 9 escribe: “El anterior, titulado ‘Estruendo en la Catedral’, fue un libro objetivo, como en efecto fue dicho de modo taxativo en desarrollo de las que constituyeron sus primeras líneas escritas. Quedó demostrado, con cada uno de los documentos que integraron aquella obra de alta significación en la historia cumplida por el ciudadano colombiano Pablo Escobar, que se trataba, entonces, de la realidad con la verdad más absoluta e incontrovertible transformada en cada una de las páginas correspondientes… En cambio, este nuevo libro… en cada una de su páginas queda constancia de la penetración investigativa de auténticos cuerpos de trabajo integrados para trabajar sólo con la verdad respecto del caso que llamó tanto la atención de colombianos y foráneos”.

Luz Marina Escobar, la menor de los hermanos Escobar Gaviria, en declaraciones a la Agencia EFE afirma que en estos veinte años de ausencia de Pablo se ha dedicado a “averiguar lo que era verdad, lo que era mito o leyenda” y agregó que incluso planea escribir el próximo año un libro “revelador” sobre la historia. Y en efecto escribió el libro, en el cual mayor parte está dedicado a contar las veces que fue de compras, con el dinero de Pablo, a Estados Unidos. En eso consiste la verdad revelada de esta socrática.

Virginia Vallejo en un artículo del diario El Espectador, lamentó que la serie “El patrón del mal” no muestre la realidad y criticó que a ella la “quisieran presentar como a una prostituta barata” y a Escobar como “un cerdo asqueroso con panza de gelatina”. “El único propósito es tapar el verdadero escándalo que son los crímenes de los narcopresidentes”, concluyó la periodista. Para esta socrática, la verdad es un problema de estética.

Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo Emilio Escobar Gaviria, en artículo del diario Vanguardia Liberal se muestra furioso. Cree que la serie Narcos, de Netflix, muestra una realidad totalmente alejada de lo que pasó en los días finales de su padre. Acto seguido procede a señalar los 28 errores de la serie.

Intentar secuestrar a Michael Jackson, asociarse con Sinatra y la CIA, son declaraciones de Juan Pablo Marroquín, que no se las cree ni el mismo gatillero”, afirma el periódico en línea “Las 2 Orillas”, a propósito de la afirmación de Marroquín para promocionar su libro “Lo que mi Padre Nunca me Contó”. La expresión “el gatillero” hace referencia a alias Popeye, uno de los más cercanos y quizá el que más conoció la intimidad de Escobar, quien desmiente la versión del hijo de Escobar: “Él va diciendo que doña Hermilda y Roberto Escobar entregaron al Patrón. Roberto si es una porquería, pero eso es mentiras. Cuando él estaba en la casa de seguridad, nadie sabía. Los que la conocían tenían que dormir ahí con él. Eso es un absurdo decir lo de doña Hermilda.”

El recorrido por los personajes socráticos de la caposophia, y su obsesión por la verdad, puede ser bastante largo. Esta muestra representativa es bastante diciente. Todos quienes tuvieron contacto con Pablo Escobar parecen impulsados por un imperativo ético para señalar las falsedades que los demás promulgan en sus libros, entrevistas, series y demás medios usados por las musas. Cada uno se siente en la obligación moral de publicar un libro para contar la verdadera historia en un discurrir que nunca termina. No se dan cuenta que con cada nueva verdad Pablo Escobar está más lejos de la realidad, de la experiencia sensible, y mucho más cerca del mythos, de la experiencia del logos.

Más de veinte siglos después se vuelve a revivir el debate entre presocráticos y socráticos, en plena postmodernidad. Estos nuevos socráticos parecen compartir un diccionario en común en donde la palabra “verdad” tiene como único sinónimo a la palabra “dinero”. Pablo Escobar sigue produciendo más dinero que cuando estaba vivo. La gran paradoja de este nuevo ejército de socráticos radica en que cada uno está a la casa de falsedades en los otros, y a pesar de sus pretendidas verdades, terminan incurriendo en algunas falsedades también, lo que los coloca del lado de los presocráticos para quienes el saber está constituido por el “ser” (la verdad) y “las posibilidades del ser” (las opiniones, las falsedades). En realidad son seudo-socráticos perdidos en la telaraña de las formas platónicas, o la “materia” aristotélica.

La discusión entre presocráticos y socráticos con cada nueva “verdad” agrega una nueva facies a la realidad denominada Pablo Escobar. Tejen la caposophia con un incesante juego de luz y oscuridad, de luz y sombra, de verdad y falsedad. El capo pierde sus atributos sensibles para volverse representación, como en un retrato al que se llega por los empastes superpuestos, en los cuales la mente, por una relación entre sombra y color, logra identificar una forma. La realidad ha sido despojada de su experiencia sensible para convertirse en experiencia del logos. Pero este retrato, en tanto pintura, en tanto serie de televisión, en tanto libro o cualquier otra forma, encierra una doble realidad. Por un lado es experiencia del logos que invita al lectos, a la descodificación, y de otro lado es experiencia sensible en cuanto existe como objeto para los sentidos sensoriales. Es decir, es un graphos (representación), resultado de la acción de las musas presocráticas, del demiurgo platónico, o de la techne aristotélica. Los presocráticos y socráticos actuales transitan por un laberinto en donde hallan una serie de graphos, a los cuales mediante el lectos aprehenden como si fueran la realidad misma, pero solo son juegos de luz y sombra en la nueva caverna Platónica de los medios de comunicación. Para salir de ella, los socráticos plantearían una realidad última (una especie de dios platónico), una idea pura, que sería el móvil de las demás realidades, de las demás ideas, dando origen al devenir del mundo.

El alcalde de Medellín 2016-2019, mediante un comunicado rechazó el plan turístico promocionado por la aerolínea Air Panamá y que tenía como destinos la Hacienda Nápoles, una noche de rumba y visita por las comunas, entre otros recorridos. La Alcaldía expresó que “se contactó a la Gerencia de Estrategias de Promoción de Air Panamá para manifestarle nuestro disgusto de que se promocione a Medellín haciendo alusión a un pasado doloroso que involucra temas de ilegalidad. No es admisible que se haga promoción apelando a una época de violencia y olvidando el dolor de quienes padecieron por ella”. Frente a dicha comunicación, la empresa Air Panamá pidió disculpas de manera pública y enfatizó sobre la necesidad de construir un turismo responsable entre ambos países.

Durante 2016, y con corte al mes de septiembre, según la Alcaldía, la ciudad acogió a 28 mil visitantes provenientes de Panamá. La cifra equivale a un 13% del total de turistas que han ingresado a Medellín. Pero no es el único narco-tour. Diferentes agencias de viajes y hasta estudiantes de periodismo de la Universidad Eafit (14) ofrecen tours de diferentes características, objetivos y precios, como lo plantea Mateo Isaza Giraldo en un artículo del periódico El Colombiano.

El alcalde retrocede más allá de los presocráticos quienes habían superado la “nada” de los jonios. Ya ni siquiera es la “posibilidad del ser” (las opiniones), o por lo menos el “no ser” platónico. La facies jónica crea un nuevo empaste de luz y sombra en la caposophia y en la representación del capo como su figura desencadenante. Es preferible la “nada” porque como cantaba Parménides en sus versos, de la “nada” no se puede generar cosa alguna, y así Pablo Escobar ni siquiera lograría existir. El problema está en como dar cabida a la “nada” en medio de tanto presocrático y socrático junto, dando existencia mítica al capo en la caposophia.

Platón pensaba que el mundo particular percibido alrededor consiste en meras apariencias, y que la realidad última está en un mundo trascendente de ideas semejantes a “formas” o “ideales”. Los objetos singulares del mundo obtienen su realidad sólo por su participación en el esencial mundo de las ideas. Así, Pablo Escobar es un capo solamente porque participa de la idea fundamental (o forma) de lo capoideo, y es narcotraficante sólo en tanto que participa de la idea (o ideal) de lo traficado. La única realidad verdadera reside más allá del mundo percibido, en el esencial mundo de las ideas.

Mientras que la manera de ver el mundo propia de Platón era esencialmente religiosa, la de Aristóteles tendía hacia lo científico, lo cual no le hacía proclive a desechar, por irreal, el mundo alrededor. Sin embargo, sí persistió en la división de las cosas en substancias primarias y secundarias, sólo que para Aristóteles las substancias primarias eran los objetos singulares del mundo y las secundarias las ideas o formas. Al principio vaciló sobre cuál de estas sustancias era de hecho la realidad última, en parte por respeto a Platón, su viejo profesor quien había dado origen a esta concepción. Pero Aristóteles se fue convenciendo cada vez más de que vivía en un mundo real y se fue apartando de la visión de Platón.

Con los años, Aristóteles volvió virtualmente del revés la filosofía de Platón, aunque, a pesar de ello, sus teorías metafísicas son ostensiblemente una adaptación de las de Platón. Donde Platón veía las formas como ideas con una existencia separada, Aristóteles consideraba las formas o “universales” más bien como esencias incorporadas a la substancia del mundo, sin existencia independiente.







Sedimentus Agustín

La Edad de Oro de la filosofía llegó a su fin con la muerte de Aristóteles en el año 322 a. C. Lo que había sido objeto de razonamientos coherentes degeneró en gran medida en comentario o posturas. Entre las posturas desarrolladas está la de los estoicos, los sínicos, los escépticos, y el epicureismo. Fue un periodo caracterizado por tomar a los filósofos precedentes y comentarlos, analizarlos o reelaborarlos. Plotino desarrolló, por ejemplo, la tendencia religiosa del platonismo, incorporando diversos rasgos místicos. Su reelaboración se alejó bastante de la filosofía de Platón y por eso a su postura de la denominó neoplatonismo.

El acontecimiento intelectual más importante de los primeros siglos después de Cristo fue la difusión del cristianismo. Éste sirvió de barrera a todo desarrollo filosófico serio hasta la llegada de Agustín de Hipona. En su obra “Confesiones” expresa: “Fui a Cartago, donde terminé en un bullente caldero de lascivia. En un frenesí de lujuria hice cosas abominables; me sumergí en fétida depravación hasta hartarme de placeres infernales. Los apetitos carnales, como un pantano burbujeante, y el sexo viril manando dentro de mí rezumaban vapores…”. Esta confesión es un reconocimiento del “pecado” como fuente de su filosofía.

Se inició en la filosofía con la lectura de Cicerón, pero no encontró en él respuestas para su pecado orgánico. Cuando conoció el maniqueísmo se identificó de inmediato. Esta secta casi cristiana había sido fundada un siglo antes por un persa llamado Mani, quien había pretendido ser el Espíritu Santo y había sido crucificado por adoradores del fuego. El maniqueísmo era en esencia dualista y sus partidarios creían que el mundo es producto del conflicto entre Dios y el Mal, o entre la Luz y la Oscuridad. El alma humana es luz, atrapada en la oscuridad de la que debe tratar de liberarse. Cuando Agustín ingresa al maniqueísmo, esta creencia había sido proscrita como herejía por la iglesia cristiana. Cuando Agustín se traslada a Roma prosigue su trato con los maniqueos. No obstante sus dudas, continuaba creyendo, según su doctrina, que no son los hombres quienes pecan, sino otra naturaleza más tenebrosa que se apodera de sus almas.

Los maniqueos consideraban que el espíritu del hombre es de Dios pero el cuerpo del hombre es del demonio. Esto se explicaba a través de un conjunto de mitos antropogónicos, de influencia gnóstica y zoroástrica. En el hombre, el espíritu o luz se encuentra cautivo por causa de la materia corporal, por lo tanto es necesario practicar un estricto ascetismo para iniciar el proceso de liberación de la Luz atrapada. Desprecian por eso la materia, incluso el cuerpo. Los “oyentes” aspiraban a reencarnarse como “elegidos”, los cuales ya no necesitarían reencarnarse más. En la práctica, el maniqueísmo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad, sino del dominio del mal. Por esto considera al pavo real (pavo cristatus) su animal sagrado. Sus colores en el plumaje revelaban los distintos estados espirituales por los que pasa el cuerpo para lograr purificarse y transformarse en el espíritu divino.

La caposophia tiene un alto contenido de maniqueísmo. Muchas de las facies representan al capo como la encarnación del mal. La serie “Escobar, el patrón del mal”, por ejemplo, configura desde el título su graphos como maniqueísta. Lo inscribe dentro del dualismo en donde el bien y el mal emprenden su más fanática batalla. Las víctimas cual “elegidos” miran al capo con la facies (antifaz) de la luz y sólo ven oscuridad. Los beneficiados con la ayuda del capo, a su vez, cual “oyentes” con su facies de oscuridad sólo ven luz. Otra facies consideraría una inversión de los términos para ver a los “elegidos” como “oyentes” y viceversa. Es el juego de las dualidades en este teatrinus maniqueo.

Agustín se encontraba atormentado por “el problema del mal”. Ahora no podía creer en los maniqueos, a quienes consideraba en inferioridad intelectual. No eran capaces de responder preguntas sobre astronomía ni explicar el problema del irrefrenable impulso sexual que experimentaba. Pero no parecía haber alternativa para la interpretación dualista del mundo. El alma de la Luz dentro de él permanecía indefensa y fuera de control, en las garras de la Oscuridad. Sin embargo, la noción de dualismo le resultaba cada vez más inaceptable. Entonces descubrió los escritos de Plotino. Éste, en el receptáculo de la teoría platónica, vertió esencias de Pitágoras, Aristóteles y los estoicos, añadiendo unas cuantas de su propio misticismo.

Como Platón, los neoplatónicos pensaban que la realidad última y el bien son trascendentes. La realidad más alta es el Uno. Las cosas emanan de esta unidad en orden descendente de realidad, valor e integración. El mal surge en la materia dispersa en el punto más bajo de la escala, el más alejado del Uno. Esto significaba que no había necesidad del dualismo para describir la naturaleza del mal, como pretendían los maniqueos. Para los neoplatónicos, el mal era meramente la ausencia de bien. Era la cosa más alejada de la suprema realidad del Uno, y así la cosa menos real de todas. Esto resolvía, para Agustín, el problema del mal. Plotino pensaba que se debe mirar profundamente dentro de uno mismo para alcanzar el Uno supremo, la realidad última. Ésta había sido la experiencia de Agustín y ahora trataba de conciliar el neoplatonismo con el cristianismo de San Pablo.

Plotino no aceptaba que algo pudiera ser creado de la nada, pero la Biblia sí. Para los neoplatónicos, el Uno era intemporal y no tenía propósito. Con el fin de hacer consistente el neoplatonismo con el Génesis, Agustín introdujo en aquél la creación y la “voluntad de Dios de que las buenas cosas sean”. Pero con esto se enfrentaba a una dificultad. ¿Cómo podía el Uno, ahora Dios, intemporal obrar en el tiempo?

Este problema condujo a Agustín a proponer una teoría avanzada del tiempo. Según Agustín, Dios existe fuera del tiempo, y éste comenzó sólo con la creación del mundo. Así pues, no es válida la pregunta sobre qué sucedía antes de que el mundo fuera creado. Para Agustín, el tiempo es subjetivo y existe sólo en la mente humana, como un aspecto de la manera de ver del hombre. Éste no puede ver el mundo de otra manera, aunque la realidad última no está sometida al tiempo.

Cuando Agustín fue nombrado obispo de Hipona, los donatistas estaban en su apogeo. Formaban una secta cristiana que había alcanzado prominencia en el norte de África a principios del siglo IV, cuando rompieron con la iglesia de Roma. Los donatistas sostenían que la iglesia debía permanecer libre de toda interferencia con el Estado (como luego lo plantaría la Francmasonería, pero desde el punto de vista del Estado). Nada había de malo en ello, pero una parte central de su programa consistía en provocar una revolución en contra del Estado, a lo que seguiría la llegada de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y el fin del mundo. Guerreros campesinos, los llamados circumcelliones, colaboraban con este programa social.


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