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El misterio más pequeño del mundo

Por Michel Bovino

Copyright 2018 Michel Bovino

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Para mis padres que me dieron la vida, y me la siguen dando a cada segundo, aunque no me lo merezca. Realmente se tomaron en serio el papel de padres. Junto con mis hermanos, los amo y adoro con el corazón y el alma.




“No importa cuántos títulos, volúmenes, incluso fama tenga un escritor, si no sabe realmente qué, para qué y por qué escribe”

Michel Bovino




Índice

Prólogo

Capítulo 1. Un verdadero falso matrimonio

Capítulo 2. La mentira más grande de todas

Capítulo 3. La vida real verdaderamente falsa

Capítulo 4. Un falso muerto real aparentemente vivo

Capítulo 5. Un auténtico ángel aparentemente terrestre

Capítulo 6. Una falsa maldición bendita

Capítulo 7. El misterioso intercambio de papeles

Capítulo 8. Un verdadero escritor que no escribe

Capítulo 9. Una verdadera falsamente sincera realidad

Acerca del autor




PRÓLOGO


La vida está llena de misterios, bueno la vida misma es un misterio. Si algún día se llegara a contar las estrellas, se llegaría a la conclusión de que el número de misterios supera por mucho a esa cantidad, descontándole por supuesto el misterio que algún día fue contar las estrellas.

Se podría pensar que existen varios tipos de misterios, unos pequeños y algunos más grandes y enigmáticos que otros, pero la realidad es que todos son iguales. Desde otra perspectiva se podría clasificar a los misterios como unos más importantes que otros, pero la realidad es que siguen siendo todos, sin distinción, igual de importantes o bien sin importancia alguna.

Hay misterios como el origen del universo, o la vida en otros planetas, el origen de alguna enfermedad, la cura de una enfermedad, la mente humana, el metabolismo humano, la fecundación, los diversos parásitos de una mosca, etc.. Por distintos que parezcan todos son iguales y por ilógico e insólito que parezca todos tienen la misma respuesta. Y como tienen la misma respuesta solo bastaría encontrar la respuesta de uno solo para resolver absolutamente todos los demás. Pero para esto se necesita inteligencia y sabiduría y si el hombre tuviera solo un poco de inteligencia comenzaría a buscar la respuesta del misterio más pequeño de todos para así aclarar todos los demás. De esta manera, misteriosamente, el misterio más pequeño de todos vendría siendo también el más grande de todos. Pero entonces el problema ni siquiera está en tratar de buscar esta respuesta, el verdadero problema es saber cuál es el misterio más pequeño de todos, lo que constituye otro misterio, pero no otro misterio más, sino el único misterio porque resolviendo éste, se resuelven los demás.

Después de leer esto, la parte racional de la mente humana regañará severamente a su hermana, la parte irracional.

—Hermana ¿qué te hace pensar que todos los misterios tienen la misma respuesta?

—Hermana mía —contestó misteriosamente la parte irracional de la mente humana— entre tu cordura y mi locura no hay mucha diferencia. Y si nos ponemos a pensar en la verdad, aterrizando en la realidad, entonces yo terminaría siendo tú y tú terminarías siendo yo. Además, ¿Qué te hace pensar a ti, que descubrirás la respuesta de un gran misterio, si ni siquiera conoces la respuesta del misterio más pequeño de todos?

La mente humana solo bajó los ojos.

A lo largo del tiempo, el ser humano ha ido descubriendo y aclarando poco a poco algunos misterios, como la lluvia, las nubes, el fuego. Y si ya tiene bien claro la explicación de estos fenómenos, entonces ya no son misterios o mejor dicho, nunca lo fueron. Lo mismo pasa con un niño que tiene infinidad de dudas e inquietudes, pero cuando crece todas sus dudas se resuelven y desaparecen. Así que esas dudas nunca existieron realmente, solo existían en la mente del niño. Y esto mismo sucede con el hombre y sus grandes misterios, que en realidad no son misterios y no existen porque sus respuestas siempre han estado ahí, sus respuestas fueron, son y serán siempre las mismas.

Esta corta novela, toma indirectamente varios de estos misterios, enigmáticamente ambientados dentro de un pobre matrimonio mexicano, que comienza siendo común y termina siendo anormal. La novela se tiene que leer estrictamente sin saltarse ningún capítulo ni página, ni un solo párrafo ni renglón, ni una sola palabra ni letra, y mucho menos ni un solo signo de puntuación de principio a fin para que se entienda correctamente. Y si al final de la novela el lector se encuentra misteriosamente confundido, entonces, ya ha descubierto cuál es el misterio más pequeño del mundo y si lo entendió perfectamente, lo analizó y lo descifró, entonces el lector ya sabe de lo que fue, es y será capaz de hacer, a partir de este momento. De lo contrario se recomienda volver a leer la novela minuciosamente desde el principio y comentarla y analizarla con sus abuelos, tíos, sobrinos, primos, compañeros, maestros, vecinos, padres, hijos, hermanos y amigos, una y otra vez.

La única advertencia que se hace, es que sólo la entenderán todos aquellos que tengan los ojos muy, muy pero muy abiertos.

Así que se desea al lector, suerte en su viaje y que comience su búsqueda.



***-***



UN VERDADERO FALSO MATRIMONIO


Cerca de una de las hermosas plazas de alguna secreta ciudad de México, alcanza a llegar el exquisito aroma de la comida recién hecha, no solo de los encantadores puestos cercanos, sino también de las amas de casa que preparan la comida en sus viviendas, muy cerca de ahí. Una comida que no solo es comida, sino que para ellas es algo más que una simple comida. Algo que conforma su rutina inacabable, pero es algo más que eso. Algunas amas de casa la preparan con mucho amor, otras no tanto, otras al contrario, no le ponen nada de amor y no faltan las que lejos de hacerla con amor la hacen con odio, mucho, mucho odio, como es el caso de Esperanza Rosas, quien a sus treinta y un años de edad, ya tiene tres hijos: un varón de doce años, otro de siete y una niña de cinco años; y lejos de mostrar un semblante alegre y feliz por estar en la flor de su juventud y con una sólida familia, su semblante parece ser el de la mujer más infeliz y temerosa del mundo. A su edad su frente ya tiene bien marcado el ceño de entre sus cejas que delatan su infelicidad, y si acaso hubiera algún brillo en sus ojos, ese brillo solo sería el de la duda y el temor.

¿Pero por qué Esperanza es tan infeliz? La respuesta es clara, su matrimonio no resultó ser lo que ella había imaginado hace doce años cuando se casó a la iglesia, intensamente enamorada de su esposo, y con su vestido blanco aunque ya estuviera embarazada. Además su rutina la está convirtiendo en una total esclava de su esposo, de sus hijos, hasta de ella misma, en pleno siglo XXI y en México, ¿pero, entonces por qué Esperanza es una esclava? Lo que pasa es que nadie puede abolir la esclavitud voluntaria, sino hasta que el mismo esclavo decida ser libre, libre de sí mismo. Y se ha dicho que es más fácil que un amo deje en libertad a un esclavo a que el esclavo mismo se libere de sí.

Y realmente es cierto esto, porque Esperanza ya no encuentra la salida, hay momentos en que a pesar de sus hijos, Esperanza se ha arrepentido de haberse casado. Y esto no es más que la cosecha de lo que realmente sembró. ¿Cómo esperaba tener un matrimonio próspero y lleno de paz, si se había casado con su esposo apenas tres meses después de haberlo conocido? y todo porque salió embarazada. Pero ella juraría que realmente estaba enamorada de Daniel, su esposo, y tal vez lo estaba, en la vida hay muchas mentiras que tienen su grado de verdad; y por si fuera poco, apostaría que Daniel también la amaba con todo su corazón. Al menos eso es lo que ella quería creer. Que sin duda, meses más tarde sin siquiera esperar algunos años de casada se dio cuenta de que era todo lo contrario y Daniel no era su príncipe azul, y realmente Daniel nunca la había engañado fingiendo ser su príncipe azul, sino que ella misma cegada por su aparente amor sensual hacia Daniel y flechada a primera vista por la masculinidad y gallardía de Daniel, al menos Esperanza así lo veía, había imaginado en su ingenuidad o mejor dicho estupidez, a Daniel como ese príncipe azul que toda mujer espera.

Fue así como en los primeros meses de casada, Esperanza se dio cuenta de la realidad y aunque tratara de ocultarlo y engañarse ella misma, la verdad era que su amor se había desvanecido, se le había ido justo como el agua entre sus dedos, entonces se dio cuenta de que era un falso amor porque un amor verdadero es eterno. ¿Y cómo no se le iba a terminar su amor después de enterarse de la primera infidelidad de Daniel, justo después de su primer mes de casados? Lo que ella no sabía era que Daniel ya la engañaba incluso antes de que la conociera y no la engañó después del primer mes de casados, sino en los primeros segundos, sin exagerar, ya la estaba engañando. Daniel no era fiel ni con él mismo, menos lo sería con su esposa, a quién realmente, él nunca trató como a una esposa, sino como a su criada o como a una planta verde.

Esperanza era una buena muchacha antes de casarse, por lo menos sin tantos problemas, descendiente de una familia muy pobre y sin estudios, había sido sirvienta en muchas casas, y lo único que sabía hacer bien era la comida tradicional de México, que le quedaba exquisita. Esperanza lo que realmente esperaba, era encontrar algún día a un hombre bueno que la amara y formar una familia con él.

De tez morena, cabello negro opaco, quebrado y largo, ojos muy pequeños, negros, comunes y corrientes, delgada, facciones medio finas y estatura baja, Esperanza no era muy atractiva, tal vez nada de atractiva. Se puede decir que solo es un poco linda cuando se maquilla de la forma correcta, y solo por el hecho de ser joven, y ningún hombre que se la encontrara, voltearía a verla dos veces, ni siquiera una vez. A diferencia de Daniel que era un hombre muy atractivo, moreno, esbelto, de 1.77 metros de estatura, le lucía muy bien la ropa, de nariz muy afilada, ojos marrones, labios delgados, su cutis sin un gramo de grasa y no podía faltar su bigote y su barba que le daban su aspecto cien por ciento varonil. Y comparado con Esperanza, Daniel era de clase media alta, solo comparado con Esperanza. A primera vista daba la impresión que esta pareja no quedaba, pero analizando bien, realmente todo estaba en orden, ya que Daniel solo tenía estudios hasta la preparatoria y su cultura no era muy buena. Daniel era mecánico y no le iba tan mal en su negocio, pero ya con una familia que mantener, su situación económica no era tan solvente como la de antes y además sus papás eran los que tenían un poco más de dinero y claro que no le ayudarían a mantener a su familia y sus hermanos menos aunque tuvieran bastantes posibilidades, ya que también tenían hijos que mantener. Ni su hermano, mayor que Daniel y soltero le iba a ayudar, tal vez primero ayudaría a cualquier desconocido antes que ayudar a Daniel. Su hermano era el típico avaro que solo le interesa acumular y acumular dinero y no lo disfruta él y no sabe para quién está trabajando, ya que no se decide a formar una familia y nunca la tendrá.

Es así como la vida de Esperanza se convierte en cualquier cosa menos en vida. Tratando siempre de perdonar a su esposo, tragándose su ira y resentimientos y complacerlo y apoyarlo en todos los problemas y obstáculos que se presentaban, de tolerar todas sus emociones, pasiones y defectos, incluso de soportar todas las humillaciones por las que la había hecho pasar y los insultos y regaños consientes e inconscientes que Daniel le había dicho y le decía cada día, Esperanza se resignaba y comprobaba que ella había nacido solo para sufrir y ser esclava, y aceptaba que una mujer tan ignorante y simple como ella, realmente no tenía derecho a ser feliz, ni a que un hombre la amara de verdad, y menos un hombre atractivo como Daniel.

Esperanza pensaba que ya era suficiente, incluso demasiado, con los tres hijos que tenía, con el sustento que Daniel llevaba diario a casa y que a diferencia de su vida anterior era demasiado, y sobre todo con la maravillosa denominación que ya podía ostentar ante la sociedad, de ser la señora y esposa de Daniel, porque aunque era un simple mecánico, Esperanza lo veía justo como un príncipe y por eso, Esperanza soportaba todo y aguantaba todo. Aunque tenía algunas ocasiones de locura o más bien de cordura en que se daba cuenta de que todo esto no era justo ni para ella ni para nadie y que de alguna forma tenía que liberarse y ponerle fin a esta esclavitud. Y de nuevo teniendo como principal enemigo a su rutina y sus pensamientos temerosos, sucumbía ante estos monstruos, incapaz de siquiera mirarlos a la cara.

Por otra parte, Daniel que era siete años mayor que Esperanza, era el típico hombre que tomaba todo a la ligera. Y que en el fondo tenía buenos sentimientos pero su mala educación, sus vicios y sus costumbres sepultaban esos buenos sentimientos y no los dejaban asomarse ni mucho menos salir. Daniel no quería tener responsabilidades de nada ni con nadie, solo quería disfrutar de la vida, algo que se le acabó rapidísimo, la primera vez que Esperanza le dijo que estaba embarazada. Daniel no había mostrado ni un gramo de preocupación, pero en el fondo realmente estaba preocupado y hasta asustado. Después de varios consejos de sus amigos, unos en contra y otros a favor, Daniel por fin decidió hacerse responsable de sus acciones y casarse con Esperanza, pues ¿cómo iba a dejar abandonado a un hijo suyo? Tal vez ya era la hora de convertirse realmente en un hombre de verdad y formar una familia. Y realmente así lo hizo, se casó con Esperanza, pero no pudo llevar a cabo ni siquiera un ápice de la idea de ser un hombre de verdad y mucho menos formar una familia.

Daniel al igual que varias docenas de millones de hombres creyó que solo con casarse ya cumplía el 99.9 % de su idea, ya que Daniel siguió su vida como si no estuviera casado, sin preocuparse de ningún quehacer de su casa ni de sus hijos, pues eso les toca a las mujeres, él solo tenía que trabajar para llevar el dinero suficiente para comer, y realmente sólo se había casado para que alguien le hiciera la comida, le lavara la ropa, lo soportara en la cama, le tolerara todos sus modales, aguantara sus reuniones escandalosas con amigos, y aunque no era alcohólico le gustaba fumar muy viciosamente; además su mujer siempre tendría que reírle el chiste y seguirle la corriente sin contradecirlo una sola vez, y lo del amor, eso Daniel no lo conocía, al menos no con su esposa. Y cómo no la iba a tratar de esta manera si por culpa de ella, bueno de su aventura con ella, Daniel había perdido a la que realmente era su novia y que amaba con todo su corazón. Lo que sucedió fue que Daniel llevaba un noviazgo intenso y puro con una muchacha de familia mucho más culta y acomodada que la suya, casi estaba en la misma situación que Esperanza y él, pero al revés, en este caso él era Esperanza. Sucedió que su novia estudiaba en una universidad fuera de la ciudad y solo iba cada mes a ver a su familia y por supuesto a Daniel, quién estaba muy enamorado de ella y parecía que ella aún lo amaba más. Y después de dos años de noviazgo, Daniel conoció a Esperanza que salió embarazada. Su novia al enterarse de esto jamás volvió a ver a Daniel. Y por supuesto Daniel tampoco volvió a hablarle nunca más y al contrario teniendo más coraje con él mismo, fue como decidió casarse con Esperanza. Pues se daba cuenta que su relación con su novia no estaría bien porque él se sentía muy inferior a ella, casi un indigente pordiosero y sobretodo iletrado, a diferencia de ella que era tan culta y siempre había sacado las mejores notas en todos sus estudios y estaba a punto de convertirse en toda una profesionista exitosa. Y a pesar de esta diferencia abismal, la hermosa relación entre ellos dos parecía que daría sus buenos frutos, de no haber sido por el temor y la falta de fe de Daniel, que realmente siempre había tenido miedo de que su novia lo dejara o lo traicionara, siendo que fue precisamente él quién la dejó y la traicionó. Cuando juraba que nunca le sería infiel y que la amaría hasta el final. Daniel nunca se hubiera imaginado que su hermosa y pura relación acabaría sólo porque él mismo fue el que le puso fin.



***-***



LA MENTIRA MÁS GRANDE DE TODAS


Aunque Daniel realmente no amaba a su esposa, le tenía algún respeto y algún cariño por ser la madre de sus hijos. Daniel solo podía madurar como madura un animal, amar como ama un animal y pensar justamente también como piensa un animal. Pero hay algunos que ni a animal llegan. Y todavía Daniel, creía él mismo, que era buen padre, buen esposo y buen ser humano.

Y esta situación era el disco rayado que se repetía y se repetía, sin interrupción y sin cambio alguno en la vida de Esperanza, desde que se casó por voluntad propia y sin que nadie se lo impusiera. Y si en aquel momento decisivo de su vida cuando tuvo la opción de aceptar o rechazar a Daniel, alguien le hubiera advertido sobre su futuro y le hubiera dicho todas las consecuencias que tendrían sus acciones, de nada hubiera servido porque Esperanza estaba ciega por lo mundano y aunque alguien le hubiera mostrado en aquel momento una imagen del semblante que tiene ahora, tampoco lo hubiera creído y en todo caso hubiera dicho que lo aceptaba y lo prefería, que no le importara lo que pasara después, por sobre todas las cosas ella quería estar con Daniel. Porque así son los humanos, con sus propios ojos ven lo que no existe y lo que realmente existe no lo ven, tienen fe en lo aparente, que no vale nada, y ponen su confianza en la inseguridad misma, pero en lo eterno y verdadero nadie confía.

Esperanza está en el punto crítico de su vida. En el punto en que puede sacar provecho de su situación y liberarse o resignarse a seguir padeciendo y ser esclava día tras día por el resto de su vida. Por extraño y difícil que parezca, realmente es así. Realmente Esperanza sí puede sacar provecho de su situación tan difícil, pero ella es la única persona que sabría cómo hacerlo solo si tuviera un poco de inteligencia, y realmente la tiene. Lo único que falta es que se dé cuenta de esto.

Como de costumbre, todos los fines de semana, Esperanza asiste a la misa dominical celebrada a las doce del día en el templo más cercano a su casa, que es el templo de san Francisco de Asís, acompañada por sus tres hijos y muy raras veces también por Daniel. Sus hijos solo están esperando con ansias que se termine la misa para comprar churritos y otras guzgueras justo a la entrada del templo y Esperanza también espera que termine para regresar pronto a casa y terminar con sus quehaceres. Se puede decir que Esperanza y sus hijos están en cualquier otra parte menos en la supuesta misa. Pero no es solo a Esperanza y sus hijos a los que les pasa esto, junto con ellos están, sin exagerar, el 99.999 % de toda la concurrencia que asiste a misa, así que lo mejor que podrían hacer es hacer lo mismo que Daniel y no asistir a misa. Después de todo, asisten a misa pero solo con su cuerpo ya que su mente está en otro lado, así que es como si no fueran. Y hay quienes asisten a misa y se jactan de poner atención pero solo entienden lo que quieren entender, lo que les conviene; y todavía peor, están los que realmente entienden el mensaje de la palabra de Dios y terminan haciendo lo contrario en sus vidas.

Y esta vez no será la excepción de que Esperanza actúe diferente y entienda y vea la misa desde otra perspectiva, sino como siempre, al terminar la misa y después de que el sacerdote haya dado la bendición, Esperanza y sus hijos se arrodillan, se persignan rápidamente como si estuvieran jugando a ver quién se persigna más rápido; Esperanza pide salud y bendiciones para sus hijos, su esposo, pide por ella misma, por toda su familia, para que se resuelvan todos sus problemas… etc. Pero siempre se le olvida dar las gracias por algo, por su vida, incluso por tener esos hijos. Es tan infeliz que tal vez piensa que ella no tiene ningún motivo para dar gracias de nada. Así que se paran rápidamente para salir del templo al mismo tiempo que todas las demás personas y dejarlo completamente vacío en cuestión de segundos, como si ahí nada hubiera pasado. Y librarse por fin de esta práctica que se ha ido pasando de generación en generación, ya que como es el caso de Esperanza, solo asisten porque es una tradición de familia y para que Dios no los vaya a castigar por no asistir a la misa dominical, o como si la misa fuera un amuleto o un rito de suerte para que les vaya bien en la vida o por lo menos los preserve de accidentes o enfermedades. Otros asisten solo por diversión y distracción como si asistieran a cualquier otro evento, o a cualquier restaurante o al cine o centro comercial, ya que el 99.999 % de estas personas no muestra pudor alguno en vestirse, ni muestran respeto alguno, pero si no se respetan ellas mismas ya no pueden tener respeto por nada ni por nadie. Y como es domingo, saliendo de misa se van a otros lados para completar su bien merecido día de descanso.

Y no faltan los que asisten a misa porque de verdad creen ellos mismos que son buenos y que este acto completará sus buenas acciones y los convertirá en personas muy, muy justas, incluso casi beatas.

Y los que verdaderamente desde el principio han sido llamados e invitados a asistir a misa son todos los enfermos, justo como Esperanza, pero ellos no lo saben y buscan su salud en cualquier otra parte menos ahí.

Justo antes de salir por la puerta del templo, en el último segundo, Esperanza voltea al sagrario, pero por esta vez, Esperanza no ha volteado con los ojos físicos de su cara sino con los ojos de su corazón. Por fin desde que Esperanza, no vive, sino que vegeta este mundo, por fin le ha salido la primera oración justo desde su corazón, desde el único lugar donde pueden salir las oraciones, sin palabras, sin pesares ni peticiones absurdas, sin promesas ni votos, ni mandas, ni lloriqueos solo con algo que le salió directo de su corazón y que solo ella sabría explicarlo o ni ella. Por fin después de treinta y un años de existencia Esperanza oró.

¿Y cuáles fueron las consecuencias de la oración? ¿Acaso Esperanza, por fin encontró la paz y dejó de sufrir? Nada más lejos que eso. Al contrario, parecía que sus problemas se multiplicaban y si por un segundo tuviera la oportunidad de respirar aire fresco, parecía que ese aire entraba por su nariz lleno de espinas para lacerarla, llegando hasta sus entrañas desgarrándola y haciéndola sangrar dolorosamente.

No era suficiente cargar con su pesada rutina y tratar de soportar su dolorosa y farsante vida matrimonial, sino que a esto se debía agregar uno que otro problema y sufrimiento extra. Ya sea por parte de sus hijos, su esposo o de otros familiares: que su esposo tuvo problemas y se le junto el trabajo y no llegará a dormir, que su hijo de doce años se peleó en su escuela y lo pueden expulsar, y el otro está apunto de reprobar el año escolar, que tuvo que ir al hospital porque a su niña se le atoró un dulce mientras estaba en el kínder, que su mamá ya está enferma otra vez y nadie tiene dinero para curarla y Esperanza tampoco. Y todos estos problemas se repetían y multiplicaban una y otra vez. Y si a Esperanza no le daba un infarto y su cuerpo aún no temblaba, solo era por su juventud.

Con tantos problemas y dificultades multiplicándose a un ritmo exponencial y con un esposo que hasta se da el lujo de salirse por las tardes con sus amigos, Esperanza dejó de cuidar por completo su aspecto físico. No es que no le gustara arreglarse y tratar de verse lo mejor posible, no solo para su esposo y para sus hijos sino para ella misma, sino que realmente se le olvidó, se le fue olvidando poco a poco, con tantos quehaceres ya no tenía tiempo para eso, ya no tenía ni un segundo para ella misma, ni para lo que realmente importa.

Así que cada día un par de docenas de sus cabellos se salían de su lugar, volando sobre su cabeza sin rumbo ni fin, ya comenzaban a asomarse las primeras arrugas en líneas horizontales de su frente y a su ceño cada día se agregaba una rayita más marcada que el día anterior; sus ojos ya sin maquillaje o con muy poco cada día se veían más pequeños, cenizos, sin pestañas, sin cejas y sin ese brillo jovial. Su nariz y sus mejillas brillosas, con ese brillo o mejor dicho grasa de mal aspecto que da el sudor por la tensión y el estrés, y debajo de su nariz arriba de su labio superior se notan unos cuantos bellitos negros y gruesos porque no ha tenido tiempo ni de ponerse la crema o cera depiladora, su boca opaca y reseca, con esos pellejitos que se levantan de los labios cuando hay mucho aire y polvo, y sin labial, sus labios no presentaban ningún color semejante al rojo, ni siquiera en tono bajito sino más bien un color morado y sus comisuras totalmente caídas lo que completaba a la perfección su semblante tan infeliz. Agregando a todo esto, algunos molares que ya había perdido, por lo menos los dientes de en frente solo los tenía algo quebrados, pero bien macizos. Y por si esto fuera poco, su aliento no era agradable, era como el de una persona que ha pasado mucho tiempo sin comer o no ha abierto la boca por días, pues con tantas preocupaciones, su hígado segregaba sustancias malolientes pero sobre todo porque Esperanza ni siquiera se tomaba algunos minutos para cepillar y lavar bien su boca, ya que solo lo hacía toscamente en unos cuantos segundos, y por supuesto que era por su falta de educación al respecto. Y aún después de haber lavado, según ella su boca, su desagradable aliento seguía siendo el mismo.

Esto es lo que concierne al aspecto de su cara sin contar todos los detalles del resto de su cuerpo, siendo el más sobresaliente la pequeña papada que se asoma de su cuello a pesar de que Esperanza sigue siendo delgada, y por supuesto la pequeña panza antiestética y lonjas que rodean su abdomen y que dan muy mal aspecto a todo su cuerpo. Pero siendo su mandil el único vestido de princesa al que podría llegar a aspirar daría lo mismo que estuviera en forma o no.

Y el frasco de perfume que Esperanza un día llego a usar aunque fuera barato, estaba más desértico que cualquier desierto del mundo, y aunque si bien tenía otro frasco, parecía que ese perfume solo era para que el tocador de su cuarto no se viera tan vacío, porque si solo lo ocupaba para momentos especiales de su vida, entonces no lo ocuparía nunca. Ahora el único perfume que Esperanza usaba era el aroma que le dejaba el jabón corriente cuando se bañaba o el del detergente lava trastes.

Después de todo esto no es de extrañarse que Daniel cada día viera más deslucida a Esperanza, y si alguna vez sintió un deseo sensual hacia ella, a estas alturas de su matrimonio ya estaba totalmente sepultado. ¿Pero cómo se puede sepultar algo que nunca existió? Este fue realmente el problema, que no surgió al inicio de su matrimonio ni mucho menos a causa de éste, sino que era un problema que ya existía desde antes de su matrimonio.

A estas alturas de su vida, Esperanza no solo creía, sino que estaba convencida de que para ella, su matrimonio era la mentira más grande de todas.



***-***



LA VIDA REAL VERDADERAMENTE FALSA


El día de hoy es la clausura de primaria de Danielito, el hijo mayor de Esperanza. Y siguiendo el ejemplo de todas esas familias comunes, que se encargan de poblar el planeta en cantidad de millones, Esperanza y su familia también le van a hacer la fiesta de clausura a Danielito por haber cumplido un logro tan, pero tan, pero tan importante en su vida como es terminar su primaria. Como si el niño fuera genio o superdotado y que era todo lo contrario, o como si ya se hubiera graduado de la universidad le van a hacer su fiesta. Y como siempre, esto solo significa una arruga más, unas cuantas gotas más de sudor y estrés, más cansancio, más grasa en la cara de Esperanza o simplemente un problemita más a los que ya está muy acostumbrada.

— ¡Esperanza arréglate para irnos a la clausura, que ya es tardísimo! —exclamó Daniel viendo a Esperanza y encendiendo un cigarro.

—Ya estoy lista, solo te estaba esperando —respondió Esperanza sin mostrar emoción alguna.

— ¿Y el mandil, no te lo vas a quitar? —preguntó Daniel muy quitado de la pena.

—Ya me lo quité. Este es el vestido que me puse para ir a la clausura.

Y cómo iba a mostrar Esperanza otra expresión después de preparar toda la comida para la fiesta de la clausura, recoger el batidero, atender a sus hijos, hacer magia para que el dinero le alcanzara y tratar de estar a tiempo justo a esta hora, para algo que realmente el único sentido que tenía era complicar y saquear la vida de Esperanza.

Y como si fuera todo lo contrario y aparentando ante la sociedad ser una familia feliz, Esperanza está presente junto con su esposo y sus hijos en la fiesta de clausura de Danielito.

Terminado el acto cívico de la clausura en la escuela de Danielito, lo que sigue ahora es la fiesta. Muchos de sus compañeros asistirán a un salón poco lujoso que rentaron entre todos, y cada quién tiene que llevar su comida aparte. Otros en cambio, se irán a un salón particular para festejarse en privado.

Esperanza está más estresada que nunca, parece que todo está saliendo mal, pues tienen que llevar mesas, sillas, manteles y todo va retrasado. Además la comida muy sencilla y barata ya se enfrió y con los ingredientes de tan baja calidad que usó, alguna hasta comienza a asedarse. Entre tanta gente moviéndose y acomodando sus cosas, toda la comida se ha llenado de polvo, y por si fuera poco, el pastel se les cayó, bueno con ese presupuesto no se perdieron de nada. A diferencia de todo esto, a la prima de Danielito, que también acaba de terminar la primaria y que es hija de un hermano de su papá, le han rentado un salón para ella sola, con muchos lujos, música en vivo y comida elegante y fina, bueno todo esto sólo comparado con la fiesta de Danielito.

Este día parece que todo, absolutamente todo, sale mal en la vida de Esperanza, claro igual que todos los días desde que se casó, pero éste todavía un poco más.

Las mesas y las sillas estaban sucias y polvientas, la comida sabía horrible, los refrescos no alcanzaron, se quedaron sin pastel, a Danielito se le olvidó lo que tenía que decir en la poesía coral y tenía un semblante como si estuviera en un velorio. A la que fue madrina de clausura de Danielito se le olvidó llevarle su regalo, o más bien no tenía dinero para comprarle algo.

La niña de cinco años, Danielita, no para de llorar y nadie la consuela ni le limpia la nariz, a Esperanza se le ha roto un tacón de sus zapatos, y es que después de tres años de uso, ya estaban inservibles. Y Daniel está como si nada, solo fumando y fumando, platicando con amigos y volteando a ver a todas las mujeres sin disimular y en frente de Esperanza. Y a todo esto se agrega que a Diego el otro hijo de Esperanza le ha comenzado a salir abundante sangre de su nariz, por lo que Esperanza y su familia finalmente se retiran de ahí para llevarlo al hospital, por lo menos esta fue la escapatoria de ese convivio infernal, claro solo para Esperanza y su familia, porque en otras mesas, el convivio de sus compañeros parecía feliz y en orden.

En el hospital, Diego comienza a empeorar, parece que se ha intoxicado con algo que comió. Afortunadamente lo controlan muy rápido con un medicamento y solo tendrá que mantener reposo en su casa, y por supuesto tienen que pagar la cuenta y la medicina que no salió nada de barata.

Y como el día aún no termina las preocupaciones de Esperanza tampoco han terminado.

Al poco rato de llegar a su casa, llegan unas personas buscando a Daniel para que les pague un dinero que les debe, llegaron muy amenazantes y cobrándole bruscamente. Daniel pensaba quedarse en su casa con su familia pero a causa de esto, Daniel tiene que salir a terminar un trabajo para que le paguen más pronto y pueda liquidar esa deuda que tiene. Así que sale de su casa olvidándose de todo, lo único que no se le olvidó fue su cajetilla de cigarros.

Después de unas horas, Esperanza está muy intranquila y zozobrosa más que de costumbre. Son las diez de la noche y Daniel no llega, ¿pero por qué se le hace raro esto a Esperanza, si Daniel siempre se tardaba en llegar y a veces hasta ni llegaba?

Esperanza llora en silencio, le arden los ojos, su maquillaje barato se ha corrido y manchado sobre su rostro pusilánime, ese día mejor no se hubiera puesto nada de maquillaje. De pronto, Diego comienza a quejarse de nuevo, más intensamente que antes y la sangre corre otra vez de su nariz. Esperanza le habla desesperada a Daniel pero no le contesta, le habló varias veces pero nunca le contestó. Diego empeora y comienza a convulsionarse, Esperanza llora desesperada y también Danielito, por lo menos la niña de cinco años está dormida, están a punto de llevarlo al hospital cuando Diego reacciona y vuelve en sí, todo se tranquiliza y Diego ya se siente mejor. Afortunadamente ya no tuvieron que llevarlo al hospital, además se ha soltado una tormenta bárbara con rayos, granizo y mucho aire. Parece que la lluvia se ha unido a Esperanza y la acompaña en su dolor y desesperación.

— ¿Mamá, dónde está mi papá? —Preguntó Danielito muy preocupado.

Esperanza sigue llorando y se retira a la cocina para que Danielito no la vea llorar. En este momento, la respuesta a la pregunta de Danielito es para Esperanza, el misterio más grande de todos.

Algunos minutos después, la ira de la tormenta ha cesado y se ha ido, se escucha el timbre de la casa, no puede ser Daniel, a menos que se le hayan olvidado las llaves. Esperanza abre la puerta y es el repartidor de tortillas de maíz, que al parecer ha llegado ahí por equivocación, Esperanza cierra la puerta después de haber firmado con su mano izquierda que nadie de su casa encargó tortillas. Ahora se escucha el teléfono, ese sí debe ser Daniel. Esperanza contesta y cae de rodillas al suelo casi desmayada y en un mar de lágrimas y desesperación.

Pero ¿Cuál fue la terrible noticia que recibió Esperanza para que se haya puesto así?

La noticia fue que le llamaron del hospital avisándole que Daniel había sufrido un terrible accidente automovilístico y estaba totalmente herido, casi muerto, en estado de coma.

Esperanza no le dijo nada grave a Danielito para no preocuparlo.

— ¿Mamá no han llegado mis tortillas? —Preguntó Danielito muy despreocupado y sereno.


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