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Consecuencias de


LA IRA






Lic. Silvina Edit Gross











Libro: Consecuencias de La Ira.

Autor: Lic. Silvina Edit Gross.

1º Edición 2015.

ISBN: 978-987-26381-7-7

Ciudad de Córdoba – Argentina.

1. Psicología - Autoayuda.





Publicado en Marzo, 2015.



Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, sin permiso escrito de la autora y la editorial.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723.



Libro de edición argentina.


ÍNDICE




INTRODUCCIÓN Pág. 5


Capítulo 1: IRA, ODIO Y RENCOR Pág. 7


Capítulo 2: EL RETORNO DE LA IRA SOBRE EL SI MISMO Pág. 9


Capítulo 3: PROYECCIÓN DE LA IRA HACIA EL ENTORNO Pág. 17


Capítulo 4: EL ODIO Pág. 23

  1. El odio y sus consecuencias

  2. Argumentos que sostienen el odio


Capítulo 5: ELABORANDO EL ODIO Y LA IRA Pág. 33


Capítulo 6: VIOLENCIA Pág. 39

1. Concepto de violencia


Capítulo 7: VIOLENCIA FAMILIAR Pág. 43

  1. La violencia en el ámbito de la familia

  2. El vínculo entre víctima y victimario

  3. Tipos de violencia


Capítulo 8:

VIOLENCIA, SEGÚN LAS ESTRUCTURAS DE PERSONALIDAD Pág. 61


Capítulo 9: ESTRATEGIAS POSIBLES DE INTERVENCION Pág. 67


CONCLUSIONES Pág. 71


ANEXO I Pág. 72


ANEXO II Pág. 76


Bibliografía Pág. 83











Este libro está dedicado a mi madre quien creyó, sin ver,

en un proyecto generacional e invirtió todo y más en mí.

A mi hija, quien es el motor que me impulsa hacia el futuro.

A mis pacientes, quienes cada día me enseñan acerca de la vida.

Y al más importante, a Dios, quien me ha iluminado

en Sus eternos propósitos para transitar mi vida

cumpliendo con mis sueños.























INTRODUCCIÓN


“El enojo mal canalizado es la fuente de las grandes patologías del ser humano”.

El ser humano, es un sujeto complejo que manifiesta múltiples facetas, cada una enraizada profundamente en el inconsciente y, por tanto, desconocida para el mismo.

Cuando hablamos de patologías psíquicas, hay tres emociones preponderantes que las generan: angustia, temor e ira. Cada una de ellas se vuelve agente de enfermedad cuando sus montos son demasiado elevados para que el sujeto los pueda asimilar o bien cuando son canalizados inadecuadamente.


“El hombre es con sus circunstancias”, escuché el otro día.

Frente a determinadas circunstancias, teniendo en cuenta una historia con sus componentes, el hombre reacciona de formas a veces incomprensibles y hace lo que puede, humanamente hablando. Lo cual no debe resultar en excusas sino en responsabilidad de cada uno a fin de modificar las experiencias subjetivas de maneras favorables para el sujeto y su entorno.


Hoy, quiero detenerme en la ira, el odio, el rencor y la violencia. Cuatro aspectos diversos del mismo componente: ira.

En una primera parte, vamos a ver de qué se trata este sentimiento, formas patológicas de manifestarse, sus consecuencias y también los aspectos adecuados para elaborarlos. Luego realizaremos un acercamiento a posibles formas de abordaje que nos permitan elaborar y procesar este sentimiento de maneras menos perturbadoras, tanto para el psiquismo humano, como para quienes son parte del entorno.


En una segunda parte, nos dedicaremos al tema de la violencia familiar y las apreciaciones acerca de por qué se sostienen este tipo de vínculos, y las estructuras de personalidad de aquel que sufre de no poder controlar su violencia.


Este libro surgió a partir de ver tantas personas en mi consultorio con prejuicios en cuanto a la ira, pensando muchas veces que uno no debe enojarse y reprimiendo ese sentimiento, lo cual les ha generado innumerables dificultades en su vida.

La ira, no es un sentimiento para reprimir, es un sentimiento para hablar, para resolver y para darle un curso productivo y saludable para el psiquismo del ser humano.
































IRA, ODIO Y RENCOR


La ira es una emoción del alma humana que aparece cuando surgen elementos u objetos que generan displacer, no permitiendo lograr la satisfacción deseada o bien cuando emergen situaciones que rompen con el equilibrio alcanzado por el psiquismo.

La ira es una pasión muy primitiva que tiene su desencadenamiento en los primeros tiempos de vida frente al vivenciar de estímulos externos que no pueden ser satisfechos y que provocan malestar en el sujeto, es decir, displacer.

Desde el inicio de nuestra vida, hemos sido acompañados por esta emoción, que en ocasiones ha sido muy fuerte, y cada uno de nosotros ha aprendido algún mecanismo para hacer frente a ella con el fin de que desaparezca y se restablezca la homeostasis deseada, el equilibrio que genera una paz humana.

Siempre que surgieron objetos que nos generaron displacer o situaciones que nos impidieron la satisfacción anhelada, se manifestó en el ser humano este sentimiento.

  • LA IRA ES LA REACCION PSIQUICA FRENTE A SITUACIONES QUE GENERAN DISPLACER O IMPIDEN LA SATISFACCION


Ahora bien, no está mal sentir ira, esta es una emoción que todo ser humano experimenta, y aquellos que nunca se enojan, es porque han realizado una represión masiva de la ira y ésta va a ser el origen de numerosos síntomas.

Todos sentimos ira frente a determinadas situaciones, el inconveniente es cuando esa ira nos gobierna. Con esto no sólo quiero decir de personas que quedan atrapadas en sentimientos de odio y rencor o manifestaciones de violencia, sino también aquellos que aparentemente no han experimentado esta emoción, pero sin embargo la han reprimido y está allí, inconsciente y siendo motor de diversas manifestaciones clínicas.


  • EL PROBLEMA NO ES LA IRA, EL PROBLEMA ES, QUÉ HAGO

CON ESA IRA QUE EXPERIMENTO


Hay dos destinos posibles de la ira mal canalizada:

  1. La ira se repliega, retorna sobre la misma persona.

  2. La ira se proyecta y se focaliza en el entorno (sean personas, situaciones, objetos, etc.).


En ambos casos la consecuencia es destrucción. En uno la destrucción es del propio ser, y en el otro, la destrucción es del entorno. Ambas ocasionan mayores pérdidas para el ser humano que si en el tiempo apropiado hubiera enfrentado esa ira y trabajado sobre ella para solucionarla.


La ira que permanece en el tiempo se transforma en odio.

El odio es la manifestación de ira que desprecia, busca y persigue aquello que le ha causado displacer con el fin de destruirlo. El odio siempre está acompañado del rencor, el cual es un sentimiento arraigado que trae aparejada la amargura.


  • EL ODIO ES LA EMOCIÓN DE IRA QUE PERSISTE EN EL TIEMPO Y QUE BUSCA LA DESTRUCCIÓN DE LOS OBJETOS QUE LE GENERAN DISPLACER.








EL RETORNO DE LA IRA SOBRE EL SI MISMO


Frente al sentimiento de ira, la persona reacciona de diferentes formas determinadas, a su vez, por su historia, por su aprendizaje y por las vivencias que haya experimentado.


Hay varias posibilidades que inciden en que esa emoción se repliegue sobre la misma persona originando así diversas manifestaciones. Veamos algunas de ellas:


  1. Temor a ser destructivo: Frente a la ira, el sujeto teme la destrucción de sus objetos amados (esto es personas, proyectos, objetos propiamente dichos) debido a montos muy elevados de ira reprimida desde antaño y que fantasea con no poder dominarla, al punto de ser muy dañino.

  2. Temor a la pérdida: La ira retorna sobre la persona debido al temor de perder lo que valora y/o lo que ama, por un posible rechazo frente a la emergencia de este sentimiento. Si demuestra su enojo, el otro se puede ir y no volver.

  3. Irreconciliable con sus principios: El ser humano no se permite bajo ningún aspecto sentir ira, ya que esto es incompatible para él, inaceptable. Esto puede suceder porque el objeto de su ira es alguien muy amado y allegado, por el cual no se debe tener esos sentimientos (según los cánones sociales) o bien, porque posee sistemas de valores morales muy fuertes que hacen a la represión de la ira y el retorno sobre el sí mismo.



Debemos aclarar que este mecanismo por el cual la ira se repliega sobre la persona, es algo automático y que muchas veces es inconsciente. Esto significa que no es que la persona está siempre voluntaria y conscientemente negándose a experimentar este sentimiento, sino que la ira causa niveles elevados de ansiedad, que junto con un no saber que hacer frente a ella y un temor exacerbado, hace que el sujeto inconscientemente reprima esta emoción.


Ahora veamos en la práctica, algunas consecuencias de esto:

  • Sobreadaptación: son aquellas personalidades que se adaptan más allá de lo debido, resignando de forma rígida y masiva su ser interior, y por tanto perdiendo libertad para expresarse y sufriendo inhibiciones en todos los aspectos potenciales que posee. Son estas personas las que nunca se enojan, las que uno siempre ve del mismo humor positivo; son aquellos sujetos que todo el mundo quiere tener como amigos, familia o empleado, ya que no generan conflictos. Este tipo de personalidades conlleva dentro de sí, un alto riesgo de conductas explosivas que se pueden manifestar muy esporádicamente. El ejemplo típico de esto es la frase popular “no se enoja nunca, pero cuando se enoja…”

  • Depresión: en la base de la depresión siempre se halla una pérdida afectiva acompañada de angustia así como también hay montos de enojo, de ira que en vez de expresarlos o manifestarlos sobre la persona o situación, han retornado sobre el ser de la persona sometiéndolo y haciéndole perder la posibilidad de pensar en un futuro y de tener proyectos. En todo cuadro depresivo subyace un alto componente de ira mal canalizada que se ha enquistado en el psiquismo del sujeto y se ha ido transformando poco a poco -con el paso del tiempo- en resentimiento que se manifiesta en forma de amargura. Esto nos marca que hay ausencia de perdón, concibiendo el perdón como la imposibilidad de dejar ir el pasado (más adelante lo trataremos con mayor profundidad).

  • Somatización: Este es un desplazamiento de la ira sobre el cuerpo, siendo éste portador de un sinnúmero de emociones totalmente negadas por el sujeto y ni siquiera sentidas. Las personas que tienen una tendencia a somatizar, literalmente no se permiten sentir las emociones que le provocarán displacer. Un claro ejemplo de esto es que el sujeto, cuando presencia una situación que ha cualquiera le generaría emociones tales como: enojo, angustia, temor, etc. no las siente, no se emociona y generalmente racionaliza todo. Uno dice: “¡guau, que claro que lo tiene!”. Es por ello que patológicamente el campo anímico debe expresarse de alguna forma, y lo logra inervando órganos del cuerpo por el cual logra cierta canalización. Podemos mencionar enfermedades como úlceras, gastritis, hipertensión arterial, diabetes, asma, entre otras. En las enfermedades somáticas se observa una influencia directa del estado anímico y sus circunstancias sobre el cuerpo. Pero cabe considerar, que el ser humano es una entidad indivisible, esto es, espíritu, alma y cuerpo; por tanto esto funciona en forma dinámica donde cada área de la vida de un sujeto influye y es modificada por lo que pasa en sus otras áreas.

  • Pensamientos obsesivos: En este caso el desplazamiento de la ira se da sobre el intelecto, surgiendo síntomas a nivel del pensamiento, tales como ideas fijas que se reiteran continuamente. Es decir, se presentan en forma compulsiva. Es una represión del sentimiento, quedando libre la representación o pensamiento. Para ejemplificar y aclarar, podemos hablar de aquellas personas que han vivido experiencias de un gran monto afectivo, sea angustia, sea amenaza a la vida, sea temor, etc. y que pueden recordar dichas situaciones con ausencia de montos emocionales pertinentes, no porque han sanado de esa vivencia, sino porque han reprimido la emoción asociada a esa vivencia… pero queda como síntoma una forma alternativa de pensamiento, por ejemplo, volver cinco veces a controlar si las puertas están cerradas, y son cinco. En estos casos, suelen darse, también, rumiaciones de pensamientos, es decir, no poder dejar de pensar en algún tema específico. Otro ejemplo, es cuando no se puede dejar de pensar sobre un hecho particular, uno piensa y piensa compulsivamente, como cuando aparecen pensamientos de temor compulsivo a que le suceda algo a un familiar, generando montos elevados de angustia y temor. Este pensamiento esconde tras sí un fuerte sentimiento de ira reprimido trasladado al campo intelectual. Volviendo al ejemplo, y haciendo una interpretación salvaje, podríamos decir que el temor a que le pase algo malo a un ser querido, puede llegar a encubrir un monto de ira mal canalizado y reprimido que habla del deseo de que sea castigado por el enojo que le provocó. Como esto es irreconciliable para la persona -desearle mal a un ser querido- la emoción de la ira es reprimida y enviada al inconsciente, y aparece en el intelecto el pensamiento del temor a que le suceda algo. ¿Se entiende?

  • Acciones obsesivas: En este caso la ira se desplaza a otro tipo de síntomas que aparecen a nivel de la acción. También se presentan en forma compulsiva y si se evitan, surge un alto nivel de angustia que coacciona a la persona a hacer la acción obsesiva. Tanto, estas acciones, como los pensamientos obsesivos, son parte de la neurosis obsesiva. El ejemplo que da Freud, es de un hombre que percibe una piedra en el camino y la quita pensando que luego pasaría su amada en un carruaje y podría pasarle algo. Inmediatamente después de llevar a cabo esta acción, se vuelve sobre sus pasos arrepentido, y coloca nuevamente la piedra en su lugar. La interpretación de esta acción, es un sentimiento de ira reprimida hacia la amada que manifiesta encubiertamente en desear que le suceda algo.

  • Síntomas conversivos: Estos son desplazamientos de la ira sobre el cuerpo, apareciendo síntomas que no presentan una afección orgánica, pero si psicológica. Nuevamente retomando a Freud con un ejemplo, él presenta el caso de una paciente que sufría de dolores de piernas, síntoma que escondía el deseo de que su hermana muriera, quitando así el obstáculo (que era su hermana) para iniciar una relación con su cuñado. Otro ejemplo puede ser cuando hay un síntoma de ceguera, que luego de realizarse todos los chequeos clínicos no se halla ningún elemento clínico y se concluye que es un síntoma psicológico. Una vez que se aborda desde una terapia, puede descubrirse que la ceguera acontece como mecanismo defensivo que impide ver al sujeto cosas que le desatan enormes montos de enojo que teme manifestar de forma explosiva dañando a quien le genera esta emoción, seguramente un ser querido.

  • Dolores de cabeza y contracturas: Muchas veces cuando uno pasa por un episodio de gran furia e intenta dominarlo, sucede luego que aparecen fuertes dolores de cabezas y contracturas musculares dado a la gran tensión desarrollada con el fin de dominar el enojo. Muchos de estos síntomas suelen ser propios de personas que se ubican en cargos de responsabilidad, como por ejemplo: empresarios. Ya que son expuestos a niveles altos de presiones varias que deben ser controladas. Muchas de estas tensiones, asociadas a la represión de montos de ira y frustración, requieren ser mantenidas bajo control.

  • Autocastigo: Referido a ese sufrimiento interno posterior por haberse equivocado en donde uno no puede perdonarse dicho error, y se tortura pensando una y otra vez sobre el tema como una forma de elaborar la ira que se ha replegado sobre la propia persona. Un ejemplo es cuando una persona dice algo inapropiado y pasa vergüenza, luego, en la intimidad de su psiquismo, se autocastiga en su pensamiento autoreprochándose por mucho tiempo esa acción inapropiada.

  • Acciones autopunitivas: es parecida a la anterior pero referida a cuando una persona voluntariamente decide realizar acciones expiatorias a modo de una pena como castigo por algún error. Ejemplo de esto, eran los martirios de las monjas que se imponen este tipo de autoflagelación como forma de paliar con el pecado.

  • Masoquismo moral: Se refiere a aquellas personas que presentan una conducta moral exacerbada y rígida. Detrás de esta moral esconden un sentimiento inconsciente de culpa por lo cual despliegan esta escala de valores que los castiga y los limita. Esconden tras de sí, una fuerte emoción de ira, que en algún momento fue sentida hacia algún objeto, persona o situación y que luego retorna sobre la persona llevándola a un modo de vida masoquista, es decir, en donde el placer es el sufrimiento propio, pensando inconscientemente que se lo merece y debe pagar por el error.


Hasta aquí todo lo que se relaciona a cuando la ira se vuelve sobre la propia persona. Uno podría pensar en múltiples ejemplos y sin lugar a dudas que en alguno de ellos se ha acordado de alguien o de algún episodio. Lo cierto es, que generalmente, partimos del hecho de no asumir nuestra humanidad integral, es decir, nuestros errores que nos llevan a equivocarnos. Comenzar a trabajar sobre el auto perdón es tan importante como aprender a perdonar a los que nos ofenden. Y esto no desde el sentido religioso del perdón, que de ninguna forma es desacertado, sino desde el perdón como aquel recurso que nos permite aceptar lo que nos sucedió. Aceptarnos a nosotros mismos en nuestra humanidad imperfecta y aprender a dejar en el pasado el pasado, sabiendo que no lo vamos a poder modificar.

El enojo vuelto hacia la propia persona, no es más que la manifestación de una no aceptación de ese pasado, y una forma fantaseada en la imaginación o el pensamiento de reparar ese pasado para modificar el hecho. Algo que en realidad es imposible.

Aprender a no volver el enojo sobre nosotros mismos, aprender a aceptarnos y perdonarnos, así como aprender a poner en palabras nuestros enojos, son elementos importantes para canalizar de una forma saludable esta emoción tan movilizante que es la ira.

Nuestra salud no es solamente la ausencia de enfermedad, como dice la OMS (Organización Mundial de la Salud) sino que es alcanzar un estado de bienestar en el todo de nuestra vida y de nuestro ser, incluido el entorno que nos rodea.

Nuestra salud emocional está en nuestras manos, y aprender a gestionarla y administrarla es un desafío para cada uno de nosotros.




































































PROYECCIÓN DE LA IRA HACIA EL ENTORNO




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