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El comportamiento en la vida cotidiana




Roberto Cava De Feo
















Edición Smashwords




Este libro puede ser reproducido, copiado y distribuido para fines no comerciales, siempre que se mantenga con su contenido completo y su formato original.


Contenido





El autor




Roberto Cava De Feo



Nació en Concordia, Entre Ríos, el 10 de marzo de 1939.Estudios primarios: Escuela José Manuel Estrada, Colegio Champagnat. Secundarios Colegio Guillermo Rawson. Buenos Aires.

Abogado por la Universidad Bartolomé Mitre, de Argentina (1967).

Experto universitario en Protocolo, Ceremonial, Vexilología y Heráldica por la Universidad de Oviedo, España. Especialista universitario en Protocolo y Ceremonial por la Universidad de Oviedo y la Escuela Diplomática de Madrid, España. PGC In Musicology. “T. Rome School of Music,” CUA University, Washington, D.C.

Egresó de la Carrera Docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue profesor de Historia del Derecho Argentino en las Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina.

Fue director de Ceremonial de la Universidad Austral de Buenos Aires y elaboró su “Manual de Ceremonial.” Fue también Director de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Subsecretario de Gobierno y Cultura y Secretario de Gobierno y Cultura, Rosario, Prov. de Santa Fe, entre otros cargos.

Colaborador en EL OBSERVADOR de Montevideo y en Operaworld de Madrid. Formó parte del staff de la revista HOLA, de Madrid y tuvo a su cargo el “Consultorio de Realeza y Personalidades. Es Miembro de Número de la Academia Argentina de Ceremonial. Ocupa el sitial “Académico Carlos French”. Miembro correspondiente de la Academia Brasileira de Protocolo y Miembro honorario de la Asociación Española de Protocolo de Madrid.

Autor de algunos libros. Entre ellos “Divagaciones sobre Etiqueta, Protocolo y Ceremonial”, “Sobre remoción del dosel de los Excelentísimos señores virreyes en la catedral de Buenos Aires”, “Protocolo, Ceremonial y normas del saber estar”, “Pequeñas charlas de Protocolo, Ceremonial y modales”. “Apuntes para un estudio de la música de los países de Latinoamérica”. “Lecciones de cosas”. “Un reglamento de Ceremonial en el Cabildo de Buenos Aires a principios del siglo XIX”.


https://www.elobservador.com.uy/perfil/391211-roberto-cava


Con mi agradecimiento especial al Dr. Ricardo Peirano, Director de El Observador de Montevideo, por el bondadoso gesto de permitir la edición de este libro.




También a la Lic. Carina Novarese, que tuvo a bien recibir los artículos que lo componen, siempre dispuesta con su don de gentes a salvar cualquier inconveniente.





Montevideo – Buenos Aires, abril de 2018


Despertar la buena curiosidad

Abril 13, 2018


https://www.elobservador.com.uy/despertar-la-buena-curiosidad-n1222961


M. Cerchiari


Hace tiempo, mientras daba clase en Facultad, noté cierto cansancio en los alumnos. Acudí al anecdotario y sin mucho pie ni cabeza, les hablé de una persona que era extraordinariamente grande. Fue al médico. Le prescribió “baños de asiento”. Sin embargo, por su tamaño, se los debía dar de a cuatrocientos, de a seiscientos. Pero ninguno conocía la existencia de ese medio curativo y eficaz. Sirvió simplemente para distraerlos un poco. Años después, visité uno de los grandes museos de New York y, con asombro, encontré el artefacto llamado “hip bath”. Es un recipiente de latón que permite sentarse y recibí así los buenos efectos del agua caliente en un “baño de asiento”.

Con los “baños de asiento” es posible despertar cierta curiosidad. Vivimos en una ciudad inmensa que tiene historia. Comprendo que para los niños y los jóvenes resulte un poco difícil de conocer. Por eso, si me detuviera junto a la escollera Sarandí podría contarles muchas cosas sobre nuestro puerto marítimo. Les hablaría entre otros temas, del “Graf Spee” aquel acorazado legendario que fue volado a la vista de millares de personas en marzo de 1939. Podríamos pasar por la “Ciudad Vieja” y de allí a la plaza Independencia con el monumento a Artigas. Con sencillez les diría que debajo están los restos de nuestro prócer en una urna de madera lustrada y con una cruz. Después y yendo calle por calle, llegaríamos al Solís, nuestro teatro añoso de 1856. Pero los niños y los jóvenes no saben que detrás de cada casa, de cada construcción, hay una historia.

Ellos desconocen que en el antiguo Cabildo sesionó nuestro Parlamento en el período patrio. Recién el 25 de agosto de 1925 se inauguró el actual Palacio Legislativo, con tres inmensos mástiles que custodian tres banderas. Allí está nuestro pabellón y las banderas de Artigas y la de los 33 orientales. En la Ciudad Vieja está el Museo Romántico en la casa de don Antonio Montero. Encierra mucho de “lo nuestro”. Podemos llegar también hasta el “Museo del Gaucho y la moneda” en pleno 18 de julio. Comprendo que pueden resultar visitas un poco tediosas. No obstante, sé que se decía de una persona culta que era hasta capaz de explicar los matices de una humilde pintura del novecientos. En una caminata imaginaria es posible asomarnos a la plaza Zabala con su enrejado. Sólo el gusto exquisito de Eduardo André, un francés paisajista, logró otorgarle la gracia que perdura.

Podría nombrar innumerables sitios porque intento despertar curiosidad. Nuestra rambla, por ejemplo, es espléndida. Allí está nuestro mar. Algunos argentinos porfían en llamarlo “río” pero es el “mar de Solís”. Es verdad que en la escuela y en el liceo hemos aprendido a querer la obra de Zorrilla de San Martín. Al pasar frente a la que fue en principio su casa de veraneo, se anuncia como “Museo Zorrilla de San Martín”. Allí está su ombú y está Zorrilla. Vale leerles a nuestros jóvenes acompañantes, el lema del escudo familiar. Me conmovió cuando lo leí por primera vez. Dice así: “Vivir se debe la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte”.

Montevideo tiene sus barrios. En esta nota los recuerdo con el corazón y sé que allí bulle la vida con el trabajo cotidiano de millares de personas. Como dato anecdótico y como un descanso, están de los antiguos “biógrafos” de la Aguada. Era los tiempos en los cuales se distinguían “las vistas” y “las pruebas”. Estas últimas tenían lugar en los circos. Los tranvías de antaño unían los barrios y los vuelvo a ver con sus anuncios publicitarios recorriendo nuestras avenidas y calles.

Hemos aprendido de niños la historia de la llegada de los primeros pobladores a Montevideo. Vinieron de las Canarias y de Buenos Aires. Hoy me detuve en nuestra capital aunque podría haber optado por las que denominamos ciudades del interior. Son muchas y quizás los jóvenes de hoy no las conozcan. Dicen que el cariño es el buen afecto que se tiene a una persona o cosa. Por eso, cuando paso por Plaza Cagancha se me va el corazón a tantos sitios de nuestra República. Desde allí precisamente parten las rutas que nos unen.



También en la vida cotidiana

Abril 6, 2018


https://www.elobservador.com.uy/tambien-la-vida-cotidiana-n1212058


Shutterstock


Recibo con frecuencia anuncios de emprendimientos extranjeros. Después de Pascua pude leer uno que me llamó mucho la atención. En primer lugar, afirma que, en un país de Europa, una buena proporción de jóvenes de veinte a 34 años, viven con sus padres. Para ellos hay un curso que les ofrecerá oportunidades.

Me parece que nuestros hijos o nuestros nietos, no tienen necesidad de ese curso. Todos y a veces con la ayuda de internet, saben cómo redactar un currículum, es decir la relación de datos que califican a una persona en el momento de buscar un trabajo. Sin embargo y en la actualidad, las empresas tienen otras exigencias.

La presentación del currículum es importante pero no es suficiente en la mayoría de los casos. Las entrevistas personales son importantes. Después de mi paso por las aulas españolas me han quedado en la memoria los refranes, esos dichos agudos y sentencias de uso común. Poseen el encanto de resumir hasta la página de un tratado. No olvido uno que expresa “el vestido y el semblante son poderosos recomendantes”. Cuando lo escuché por primera vez no lo comprendí. Pasó el tiempo y tuve ocasión de entrevistar a personas, tomar exámenes universitarios y a tratar a diario a mujeres y hombres. Comprendo ahora el significado que tienen el vestido y el semblante, unos poderosos recomendantes.

Hoy, cuando son tan frecuentes las entrevistas laborales, conviene recordar que la sobriedad colaborará para brindar una imagen cabal de las personas. Los colores estridentes, las fragancias muy fuertes, el cabello descuidado no son precisamente buenos recomendantes. Eso rige para todos algunos lo aplican sólo a la mujer.

No olvido que, en una clase, me comentaron que habían aprendido que las mujeres debían presentarse “a cada lavada” en las entrevistas. Sonreí y sin dejar mal al autor de aquella intervención, volví a recordar que la mujer, poseedora de mucho sentido común, debe presentarse de acuerdo a las circunstancias. Por eso, no irá a las diez de la mañana como si fueran las diez de la noche. Allí están el maquillaje y la ropa.

Los hombres no quedamos excluidos. A nosotros también nos corresponde ser sobrios y elegantes. Los perfumes son precisamente los mejores recomendantes. “Huele bien el que a nada huele”, dice también un antiguo refrán. El saco y la camisa a tono u otras prendas muestran, sin engaño, la personalidad de quien las usa. Existe un “elegante sport”. También está el “casual”. Bueno es recordar que no existe el “informal” porque al aceptar una forma optamos por un “elegante sport·” o por “el casual”. Nuestro semblante tiene que dar siempre la imagen de un hombre de la edad que realmente tiene. No hay cosa más ridícula que un hombre de cincuenta que desea parecerse a uno de veinte.

A veces, las empresas deseosas de conocer bien a quienes se presentan a un puesto de trabajo convierten una de las entrevistas en un almuerzo. Viene bien otro dicho popular: “en la mesa y en el juego se conoce al caballero y a la dama también”. A veces aquello que comenzó como cordial invitación puede transformarse en arma mortal para los candidatos a un puesto de trabajo. Pero todo tiene solución. Hay varios videos en youtube que pueden ayudar a recordar el comportamiento en la mesa.



Felices Pascuas

Marzo 30, 2018


https://www.elobservador.com.uy/felices-pascuas-n1203928


D. VILA


Con mucha frecuencia nos dicen que nuestro país, la República Oriental del Uruguay, es un Estado laico. He escuchado esa aseveración tan contundente que, para mí, contradice la realidad. Nuestra Constitución Nacional manifiesta claramente que todos los cultos son libres en el Uruguay y, por otra parte, estudios recientes afirman que más de un cincuenta y siete por ciento de los orientales reconocemos que somos cristianos. De acuerdo al Derecho Constitucional constituimos un Estado no confesional.

Las estadísticas y los números respaldan que la semana que estamos viviendo, es la Semana Santa. Ayer nomás, después de pasar por unos estudios clínicos entré a un bar para tomar un café. Entraba y salía gente y, desde el mostrador, un muchacho bien plantado, despedía a todos con un “Felices Pascuas”. Aclaro que no ocurrió en el Sanatorio San Juan Pablo II sino en un local cercano al Palacio Salvo.

Efectivamente estamos en plena Semana Santa que concluirá con el domingo de Pascua. Los comercios anuncian las ofertas más variadas. Entre ellas están los huevos de chocolate y las roscas de Pascua. Originariamente era costumbre conservar a lo largo del tiempo que precede a la Semana Santa, las cáscaras de huevos de gallina. Se sabía extraer con destreza la yema y la clara. En los hogares se consumían muchos huevos porque no se comía carne como expresión de penitencia durante un tiempo de preparación. Más adelante, las carnes fueron incorporándose a la dieta alimenticia con su exclusión en determinados días.

En algunos países era costumbre pintar con variados colores las cáscaras de los huevos y se los rellenaban con chocolate. De esta manera, en el domingo de Pascua se organizaban verdaderos juegos especialmente para los niños. Ellos debían encontrar los huevos que sus mayores habían escondido en el jardín de la casa. La compra actual en los comercios de huevos manufacturados totalmente en chocolate y con algunas sorpresas en su interior, evoca un poco todo lo que encerraba aquella cuidada tradición.

Por otra parte, está la rosca de Pascua. En países de nuestra misma lengua se la suele llamar “roscón”. Es un postre sencillo que admite variantes en su confección. Está también la llamada “mona de Pascua”, especialmente en Cataluña. Esa “mona” difiere de nuestra “rosca” en su elaboración y es costumbre que los padrinos de bautismo no olviden regalar a sus ahijados una “mona”. Quizás la diferencia entre la rosca y la mona está en que la primera podía ser enviada por paquete encomienda. En cambio, “la mona” no admitía manipulaciones por su delicada composición. Los conejos de chocolate recuerdan la fertilidad de esos animalitos. Junto con la rosca y los huevos nos llevan a la celebración de Pascua.

En el Derecho Internacional se conoce la llamada “paz de Dios” o también “tregua de Dios”. No es algo de los siglos primeros de nuestra era. Es la suspensión temporal de las hostilidades en determinados períodos del año. Rige y ha sido ratificado en numerosas declaraciones. Se da precisamente en el tiempo de Pascua.

Pascua es Pascua. Por eso desde un punto a otro de nuestra tierra, se escucharán los buenos deseos de una “Feliz Pascua”. Con roscas y chocolates o sin ellos, el domingo de Pascua se celebrará a lo grande en la intimidad de los corazones.



El comportamiento en la vida cotidiana y la grabación de dos videos

Marzo 23, 2018


https://www.elobservador.com.uy/el-comportamiento-la-vida-cotidiana-y-la-grabacion-dos-videos-n1194630



Esta semana he tenido la satisfacción de grabar dos videos. Son charlas o clases que, de una manera sencilla, pretenden servir de apoyo en el momento de dar a conocer unos aspectos de nuestras vidas. Ayer hablé largamente sobre las formas, las actitudes y modales que se dan en la mesa cotidiana, en la de siempre y en otras que podríamos calificar de extraordinarias. No hay en esos videos nada de Protocolo ni de Ceremonial. Días atrás lo entendió muy bien un sobrino nieto -un “resobrino”- que vive en Vietnam. “¿Así que tú escribes como Harry Potter sobre manners?”, dijo. Me sorprendió porque a los once años captó muy bien lo del comportamiento.

Me parece que no es posible inculcar en los niños los buenos modales –”good manners”- sin brindarles la razón por la cual algo se hace de una forma. Nos empeñaremos en decirles y, a veces gritando, un “no levantes los codos al cortar la carne”. Parecería mejor explicarles según sus edades, que existe una ley de la Física que aconseja hacer fuerza hacia abajo para cortar. Sin darnos importancia y de una manera elegante, aprenderán a cortar una milanesa con tenedor y cuchillo y hasta sabrán acompañarla con un puré de papas.

En otra ocasión les diremos: “El cuchillo se coloca siempre mirando al plato”. Y un”¿por qué es así?”nos llevará a explicar con cariño algo que aprendimos también siendo niños. Con cierta gracia o sin ninguna, diremos que, hace muchos siglos, cuando coincidían en una mesa varias personas y una de ellas quería hacer justicia por sí misma, ponía su cuchillo con el filo mirando hacia la víctima. ¿Qué mensaje expresaba aquello? Nada menos que “después nos vemos y te mato”. Por eso ahora y en todas partes del mundo, el cuchillo se coloca con el filo de la hoja hacia el plato.

¿Qué sucede cuando estamos en familia en la mesa y alguno pide alguna cosa. Por ejemplo: “Pasame el pan, por favor”. También podría ser una jarra, un salero, una panera, una aceitera. Si esa cosa está a nuestro alcance, la tomaremos y la acercaremos con las dos manos. ¿Por qué? Nuestras tatarabuelas decían: “Porque así se entregan siempre los guantes al rey”. Nosotros no tenemos rey. No obstante Artigas supo vivir el comportamiento en “Purificación” y se preocupó por tener un servicio de mesa para recibir invitados. Con las dos manos pasaremos aquello que nos han pedido y procuraremos pasarlo sin teñir con salsa la blusa de nuestra abuela y no haremos caer algo sobe los demás comensales. En todo, el sentido común estará siempre presente. Por eso, lucharemos para dejar el móvil a un lado porque la alegría del hogar la aporta cada uno de nosotros y sin interferencias.

Cuando se sirven helados en copas altas y estamos sentados alrededor de la mesa, lo lógico es asir con la mano izquierda la base de la copa. Con la otra y con la ayuda de la cuchara, llevaremos el helado a nuestra boca. Pero, ¿siempre hay que hacerlo así? Una anécdota es la mejor respuesta. Había ido con los míos a un pueblo italiano cercano a Asís. Nos sentamos en una terraza junto a otros turistas de habla inglesa. Uno matrimonio había decidido agasajar a sus niños con helados en copas. La “padrona della gelatería” se los acercó. Curioso, observé la compostura de todos los pequeños y con un juicio temerario, esperé para poder comprobar que allí habría catástrofe. Una niña empuñó tenedor y cuchara y atacó al helado. Al instante, todo se desplomó con el llanto de la criatura. La “padrona” consoló a la niña y enseguida apareció con “un altro gelato, cortesía della nostra gelatería”.Por eso, sostendremos siempre lo que nos sirvan en una copa alta. Como las copas no se coronan, cuando terminamos de comer el contenido de la copa, jamás dejaremos la cuchara dentro. Consejo que agradecerán camareras y camareros.

Me parece que a todos -y me incluyo- nos han dicho alguna vez: “Querido, ¿me ayudás a poner la mesa?” ¿Por qué orientales y tan lejanos de Europa, usamos esa forma? Todo tiene una explicación y sin remontarme a los fenicios, respondo que antiguamente nuestro llamado “comedor” no ocupaba un lugar físico dentro de una construcción. Por eso “se ponía la mesa” en un salón, en una galería, a la sombra de los árboles, a cubierto del frío... Eso pasó hace muchos siglos atrás y, en la arquitectura contemporánea el “comedor” sencillo, grande o muy pequeño, ocupa un sitio. No obstante, nada impide que el lugar para servir las comidas tenga un tratamiento.



Las fotografías de bodas de antaño y hogaño

Marzo 9, 2018


https://www.elobservador.com.uy/las-fotografias-bodas-antano-y-hogano-n1179668


Pexels


“Pasan los años y Uruguay mantiene sus rasgos típicos”. Esa era la frase que escuchábamos con frecuencia por la radio hace más de sesenta años. La recuerdo y viene a mí en este momento cuando intentaré pintar un tiempo muy nuestro. Vuelvo la mirada con el corazón a las fotografías familiares de antaño y allí están las bodas de mis bisabuelos, las de mis abuelos y la de mis padres.

En nuestro país existe una larga tradición de fotografías. Hubo excelentes fotógrafos y los tenemos hoy también. Años atrás dejé a un lado la definición de matrimonio de nuestro Código Civil. Hoy repito las palabras que nos dicen que “el matrimonio es la unión permanente, con arreglo a la ley, de dos personas de distinto o igual sexo”.

Para que el matrimonio sea válido es necesaria la presencia de los contrayentes, cuatro testigos y el Oficial del Estado Civil. La ley es clara y habla de los edictos previos a la ceremonia. Es aquí donde el Ceremonial acude puesto que nos encontramos ante un acto en el cual dos personas se unirán en matrimonio. ¿Qué es una ceremonia? Es un acto humano rodeado de determinadas formalidades. Entre ellas están las mencionadas en este mismo párrafo.

Por otra parte, están las ceremonias religiosas. En ellas se exigirán también algunos requisitos. De las ceremonias civiles y religiosas quedan los recuerdos visuales a través de la fotografía y de los actuales modos de la tecnología. Todos atesoramos sin duda las imágenes de innumerables matrimonios. En las antiguas, en las de años atrás y en las actuales, están reflejadas la moda, la manera de vestir y de embellecerse.

Una boda no es una fiesta de carnaval. Es algo muy serio que requiere atención. Es muy lógica la presencia de la alegría, pero una alegría contenida porque se está festejando la unión de dos personas y su unión permanente. A mí me apena cuando observo algunos desatinos.

El Ceremonial está presente en las celebraciones de bodas. Si se ofrecerá un agasajo deberá determinarse cómo será. Si es una cena no es posible que la música invada todo y no permita a los invitados mantener una conversación. Habrá después mucho tiempo para la música y el baile. Pero cada cosa en su sitio. La equilibrada colocación de los invitados en las mesas logrará una amable interrelación.

Las personas muy jóvenes me considerarán de siglos atrás. No lo soy y animaré siempre a hacer celebraciones con gusto y decoro. No es para poner una nota trágica. Sin embargo, en Buenos Aires, unos jóvenes muy alegres lanzaron al aire a un contrayente en la fiesta de boda. Todo terminó con un velorio y entierro. Otro buen amigo se presentó en silla de ruedas en la iglesia. En la despedida de soltero también lo arrojaron al aire, cayó violentamente y con fracturas múltiples.

Antiguamente los amigos del novio le ofrecían una cena de despedida de soltero. Hay fotografías que no engañan y nos permiten ver a unos señores con aspecto de muy mayores -y no lo eran- sentados elegantemente en la mesa. Un arreglo floral bueno la adornaba. Más tarde se lo hacía llegar a casa de la desposada. Las señoritas eran despedidas con un “shower tea”. Unas bromas amables eran hechas y así, la futura desposada, podía ser conducida por la calle seguida por sus amigas. Así fueron antaño las despedidas de solteros. Los españoles dicen “de soltería”.



Historia, anécdotas y el buen decir

Febrero 23, 2018


https://www.elobservador.com.uy/historia-anecdotas-y-el-buen-decir-n1174468



Hay momentos en los cuales no nos expresamos con rapidez ante determinadas preguntas. A mí en concreto, me sucedió en una ocasión al comienzo de este mes de febrero. Por circunstancias fortuitas habíamos coincidido un grupo de amigos en una muy cordial sobremesa. Uno que era extranjero, preguntó si en nuestro país la llamada Fiesta de la Purificación tenía alguna connotación especial. Se refería a la del 2 de febrero. Sin pensarlo mucho dimos una respuesta negativa.

Después de una mal denominada “laguna”, recapacité y vino a la memoria “Purificación”, aquel reducto de patriotas que junto a Artigas se encontraba a pasos del río Uruguay. Los historiadores a lo largo del tiempo pensaron también en dar respuesta a la misma pregunta. No obstante, me parece que “Purificación” es “Purificación” y ese nombre surgió del corazón de don José. La villa o pueblo de Purificación recordaba con su nombre la purificación de la Virgen María. De acuerdo con la ley judía, era preciso ofrecer un cordero o dos tórtolas o dos pichones para el holocausto. De esa manera la mujer quedaba limpia después del parto.

Purificación y el Hervidero se encuentran muy cerca de Salto. Siendo niño pasé muchas veces por allí en barco cuando la altura del río permitía el cruce de los grandes escollos. El ferrocarril ya hacía años que había superado el trayecto de cuatro días en diligencia. Pero, en Purificación, transcurrió un tiempo de nuestra historia. Ahora, si una maestra cuenta a los niños de su clase que allí hubo hombres que cruzaban el río agarrados a las colas de sus caballos, tendrá que interrogarse para sus adentros si la narración los hará pensar un poco.

Pero volvamos a la cordial sobremesa veraniega. Alguien comentó y era también extranjero, que le había llamado la atención las palabras de agradecimiento que había escuchado cuando premió a un muchacho con una pequeña propina. “Es de bien nacidos ser agradecidos” nos decían nuestras abuelas. Por eso, las muestras de amabilidad no pasan inadvertidas. Los gestos tienen importancia. La anécdota no es mía pero la cuento. Dicen que en Villa Biarritz se encontraban varias madres sentadas en un banco contemplando el juego de sus niños. Una de ellas los llamó y les ofreció un caramelo a cada uno. Una Mamá dijo a su crío: “Martín, ¿qué le dices a la señora?” El chiquilín cuando vio el tamaño de la bolsa, ni corto ni perezoso, exclamó: “¡Amarreta!”.

El comportamiento crece en los niños sin necesidad de ensayos. La gratitud es señal de nobleza. No es cuestión de clases. Hay gestos visibles en el modo de hablar o de sonreír. Por eso niños y grandes distinguimos de inmediato el saludo que se da a un familiar o a un desconocido. Es verdad que hay cosas que cambian. Los usos sociales del tiempo de Anna Brontë no son los nuestros. No obstante, reafirmo mi convicción acerca del sentido de gratitud que es patrimonio muy uruguayo.



Recordando nuestros viajes a Buenos Aires

Febrero 2, 2018


https://www.elobservador.com.uy/recordando-nuestros-viajes-buenos-aires-n1166640


Página oficial de la ciudad de B.A.


Los uruguayos siempre hemos viajado mucho a Argentina por motivos familiares, de comercio, de turismo. Nuestro mal denominado “paisito” posee un espléndido puerto. En las décadas de los años cuarenta y cincuenta, estuvimos muy bien comunicados con la ciudad de Buenos Aires. Sé bien y, por experiencia propia, que no es fácil explicar en nuestros días y a los más jóvenes, cómo eran las travesías en aquellos ya lejanos años. La “carrera” actual de dos horas y quince minutos, nos ha hecho olvidar un tiempo pasado.

En el porteño barrio de la Boca, se conserva un buque fondeado en el Riachuelo. Le han colocado un cartel bien visible con el nombre de “vapor de la carrera”. Desgraciadamente tiene un error. Fue utilizado para unir los puertos de Buenos Aires con Colonia. Se llamaba “Ciudad de Colonia” y nada tiene que ver con los llamados “vapores de la carrera”.

“Salgo esta noche en el vapor de la carrera” o “Papá llega mañana temprano en el vapor de la carrera,” eran frases que escuché cuando era niño. “Carrera” era el trayecto entre dos ciudades. Sin embargo y, con los recuerdos del Derecho Marítimo”, “carrera es una línea regular de navegación”. Efectivamente fue así. Nuestro puerto montevideano y el de Buenos Aires estuvieron unidos por los viajes nocturnos de unos buques. Partían a las nueve de la noche y llegaban a destino a las ocho de la mañana. De “ancla en ancla” tardaban once horas. Estos términos muy jurídicos los han cambiado hoy por de “puerto a puerto.” Así se lo escuché decir a una elegante recepcionista.

Los vapores que hacían la travesía no eran pequeños. Sus nombres están en nuestra memoria. Fueron entre otros, el “General Artigas”, el “Ciudad de Montevideo”, el “General Alvear”, el “33 Orientales”, el “Ciudad de Buenos Aires”. Este último tenía 111 metros de eslora (de largo) y llevaba 720 pasajeros a bordo. La navegación por lo general era serena y los pasajeros descansaban en camarotes y, antes de arribar a puerto, desayunaban en el espacioso comedor. No olvido las cafeteras y las lecheras metálicas y las tostadas y el budín que se ofrecía a los pasajeros. Expresé “por lo general” porque me es imposible no mencionar una travesía en el “Ciudad de Formosa” con mucho viento y olas. Allí se cumplió aquello que honra a un buque llamándolo “muy marinero”.

Cada uno de los vapores que hacían la carrera tenía encanto. Al ingresar por medio de una planchada, unos camareros muy sonrientes aguardaban a los viajeros para acompañarlos a sus “comodidades”. A lo mejor, era la traducción de una palabra inglesa para que los viajeros estuvieran a gusto y con descanso. Antes, como es lógico, observaban los pasajes y los conducían hasta el camarote. Allí, para los niños resultaba atractiva la cama alta. Las personas mayores por lo general saludaban a otras. Sin embargo, muy pronto todo invitaba a un reparador sueño.

Como se hacía un viaje al extranjero, era preciso pasar por la oficina de Migraciones que se encontraba a bordo. A la mañana siguiente se facilitaba así, el ingreso de los pasajeros a un país. Atracado el buque se repetía lo de la noche anterior. Los camareros acercaban las valijas y se descendía por medio de la planchada. Después era preciso ingresar a la Aduana.

Se salía desde el “mar” y muy pronto el vapor navegaba por las aguas del Río de la Plata. Aunque no es ésta una nota cronológica, es preciso recordar que, pasados los años, hubo otros medios de transporte. Entre ellos el hidroavión, el avión, los buques rápidos, el empleo de las vías terrestres por los puentes internacionales. También entre Colonia y Buenos Aires los aliscafos, con una eslora (largo) de 27,79, emplearon durante muchos años menos de una hora en arribar a puerto.

Muy al principio, denosté el empleo de un diminutivo para nuestro país. Posee 176.215 km2. Es de justicia recordar que nuestro puerto montevideano recibió la llegada y la partida de innumerables buques a lo largo de los siglos XIX y XX. Los viajes aéreos han reemplazado en gran medida a las travesías marítimas. No obstante los llamados “cruceros, con sus impresionantes esloras, nos traen a la memoria la tan agradable navegación.



Algunos términos precisos

Enero 19, 2018


https://www.elobservador.com.uy/algunos-terminos-precisos-n1161349



Existen en nuestro lenguaje algunos sustantivos particulares y el empleo de los mismos no está reservado para algunas pocas personas sino para todas aquellas que los necesiten. Con esta afirmación me adelanto a posibles comentarios y me referiré hoy a algunos agasajos con sus nombres propios.

De una forma ordenada, bueno es recordar que cuando nos invitan a algo, ese algo posee un nombre. Es preciso señalar a quien invita y a quién. Inmediatamente viene un a qué. Después vendrá el día y la hora y lugar de la celebración.

En un programa radial que desarrollé, se recibían muchas consultas. Recuerdo la de una oyente. Explicaba que, con frecuencia recibían su marido y ella, invitaciones a un “brindis”. Después de haber participado, pensaba que no había sido una denominación precisa para el agasajo. Efectivamente tenía razón. “Brindar” es desear un bien a alguien. A primera vista, parecería que cabe en un casamiento, en una cena, en un cumpleaños, en un aniversario. En cambio, si se invita a un “brindis” y se ofrecen bebidas junto con canapés y otras cosas, estaríamos frente a un “cóctel.”

“Cóctel” es aquello que se sirve antes de un almuerzo o cena. Tiene un efecto ordenador, porque permite que los invitados lleguen a un sitio, se conozcan y sepan dónde se van a ubicar. Como es de Perogrullo, no rige para el matrimonio que invita a otro a cenar a su casa. Cuando son muchos los invitados tenemos un “cóctel”.

Volvemos al cóctel. Se sirven bebidas y algunos ingredientes. Estos últimos tienen que ser pequeños para que puedan ser llevados a la boca y ser ingeridos de un solo volcado. No son aconsejables las rebanadas de pan con abundante paté o quesos. La razón es sencilla. Se almorzará o se cenará después. Habrá vino, jugos, refrescos y agua. En este agasajo, los invitados se sirven de lo que se les ofrece, puesto que no hay un servicio personalizado de bebidas. He comprobado con un mal rato pasado, la petición de un invitado que quería vino blanco en lugar de tinto. El llamado cáterin muchas veces se traslada de un sitio a otro. Parecería más fácil recordar que no se puede pedir algo que no está disponible.

Está también el llamado “cóctel con entidad propia”. Es un agasajo que se puede servir a cualquier hora del día. Por lo general, cuando se invita a un cóctel, se elige una hora asequible a los invitados. Por eso también se fija un tiempo de duración. Se invita a un cóctel de 12.00 a 14.00 o de 18.00 a 20.00. Las señoras distinguirán enseguida la diferencia horaria para su arreglo personal.

El cóctel es un agasajo elegante y permite reunir a un grupo numeroso de personas con un costo no muy elevado. Cuando se dice verbalmente o por escrito “invitan a usted al cóctel que ofrecerán de 18.00 a 20.00”, las 18.00 es la hora del comienzo. Los invitados pueden llegar cuando lo deseen porque hay una técnica para este agasajo.

A la hora del inicio, el anfitrión junto con su esposa, o el embajador junto a su cónyuge, por ejemplo, se colocan junto a la puerta de ingreso al sitio donde se ofrecerá el agasajo. Los invitados llegan, saludan y pasan al salón. En tanto, los anfitriones, continúan recibiendo y, más adelante, van a departir con todos los invitados. Cuando se acerca la hora de finalización, los dueños de casase colocan nuevamente junto a la puerta de salida para despedir a sus invitados.

En este agasajo se emplea, por lo general, el llamado sistema de “bandejeado”. Se pueden ofrecer bebidas fuertes junto a vinos en general, jugos, refrescos y agua. Se sirven ingredientes y como los invitados no participarán después de un almuerzo o cena, el espectro de variedades debe ser grande. En la elección no debe privar la cantidad sino el buen gusto.

El vino de honor

Cuentan que una ocasión, una persona había concurrido a una audiencia de conciliación matrimonial. Repetía, una y otra vez, que quería ser feliz. Entonces le preguntaron, el significado de ese deseo suyo. Es eso lo que debemos aplicar cuando organizamos agasajos. Es preciso consultar con las personas que nos dan un presupuesto. Cuando surja una duda, hay que preguntar.

He dejado para el final el agasajo llamado “vino de honor”. No está pasado de moda y es el que se puede ofrecer con motivo de la presentación de un libro, en la inauguración de una muestra de pintura, después firma de un convenio y un largo etcétera. La atención se hará de una manera sencilla o con la colaboración de camareras o camareros. Se ofrecerá en principio, vino. Como hay personas que no beben alcohol, se sirven refrescos, jugos y agua. El vino que se emplea es en todas sus variedades. Por lo tanto, el champán, que es un vino, se puede servir como “brut”. Este agasajo no se acompaña con ingredientes si es que se ha querido servir y se ha invitado a un “vino de honor”. No es un agasajo pobre, sino una elección que, por diversos motivos, colabora para el fin para el cual se lo ha escogido.



La música en nuestra vida

Enero 12, 2018


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Han pasado los años y sonrío cuando leo una noticia que hace mención a un “reconocido septuagenario”. En nuestro idioma, es toda persona que ha cumplido la edad de los setenta años y no llega a los ochenta. Expresada así es una amable y agradecida connotación.

Contemplo la orla de mi graduación y veo, como imperiosa necesidad, explicar qué es una orla. Es una lámina en que se agrupan los retratos de una promoción cuando terminan sus estudios u obtienen el título correspondiente. La mía, colabora para contemplar el paso de los años en cada uno de los que aparecemos. No todos los graduados en abogacía la ejercieron. Entre ellos hay varios músicos y músicos que han triunfado.

A vuela pluma recuerdo los momentos amables de las tertulias cuando los futuros músicos nos enseñaban a apreciar una obra o a reconocer a un compositor. Aunque hoy se lo repita, “tema” es un pequeño trozo de una composición y con arreglo al cual se desarrolla el resto de ella. Así y tan sencillo, choca con esos pedidos que escuchamos por la radio: “Me gustaría que pasaran “el tema de...”. Como en lontanza, vuelven a aparecer los términos “concierto” y “recital”. Patricio -que habrá sido de él- nos enseñaba que concierto es una función de música en que se ejecutan composiciones sueltas. En cambio, en un recital un solo artista ejecuta varias obras en un solo instrumento.

La música ha estado y estará siempre presente en nuestra vida. Desgraciadamente sólo conozco a Ortega y no he tenido ocasión de apreciar la obra de Gasset. Ortega me ha ilustrado especialmente para distinguir lo formal de lo informal. Parece muy sencillo. Sin embargo, eso de no guardar las formas y las reglas, no es tema que hoy convenza a los alumnos jóvenes de una carrera universitaria.

Me parece que muchos tenemos claros los detalles de nuestra juventud y sigue sonando la música que nos acompañó. A lo lejos, aparecerán los recuerdos. No serán de los tiempos de las pruebas, el biógrafo y las vistas porque somos mucho más jóvenes. La música ha estado siempre presente.

No hace mucho tiempo leí una noticia muy alentadora. Se trataba de incorporar a los niños al canto coral. La finalidad era clara. Así cada una y cada uno, podría escuchar la música cantada por sus propios compañeros. No son inventos pedagógicos sino realidades puestas en prácticas en nuestro país.

La Fontaine escribió una fábula encantadora denominada “La mona”. El colofón es sencillo puesto que no se debe esperar nada de bueno de la gente imitadora. Sin embargo, es bueno detenernos para escuchar la música que suena a nuestro alrededor. Los muy jóvenes eligen lo que está de moda. Los mayores todo aquello de su tiempo. Música clásica, música folklórica, música popular, son quizás algunos adjetivos.

¿Existe la música atemporal? Personalmente afirmo que toda música está vinculada a un tiempo. No recordaré las de antañadas sino de lo que se escucha hoy. Se musicaliza todo uniendo a un texto, a una obra o a una idea. Lo saben bien quienes desarrollan ideas sobre la comercialización de los productos. He visto, no hace mucho, una publicidad con fragmentos de “La habanera”, de Bizet. Quizás no se sepa el sentido de cada uno de sus compases y hasta alguna enamorada la elija para ingresar a la fiesta de su boda. Pero un “nada que ver” no dejará de sonar en el ambiente porque la tienen junto a una imagen.

Siempre se ha unido la música a las ceremonias. Lo hemos comprobado en la trasmisión reciente de unos premios cinematográficos. No fue música de fondo, sino música elegida con cuidado para solemnizar, para engrandecer un acto. Jorge Luis Borges, ya cargado de años, expresó con sencillez: “He perdido la mitad de mi vida por haber llegado tarde a esta música”. Es evidente que se refería a la música clásica y después de haber asistido a la representación de la ópera “La flauta mágica” de Mozart.

Me contento si con esta nota señalé algunos momentos de nuestras vidas. Los muy jóvenes escucharán o harán su música. Los adultos vibraremos o no, con la de nuestro tiempo. Han pasado muchísimos siglos desde la inclusión de la música en los estudios superiores. ¿Recordamos acaso el llamado “quadrivium”? Allí estaban la Geometría, la Aritmética, la Música y la Astronomía. Comprobamos así que la música viene de muy lejos. En un “adagio” volvemos a descubrir que la voz humana con su color no quiso ser menos que los pájaros.



La vida cotidiana y las influencias que llegan del otro lado del Plata

Enero 5, 2018


https://www.elobservador.com.uy/la-vida-cotidiana-y-las-influencias-que-llegan-del-otro-lado-del-plata-n1156570


Fundación Landrú


Sé bien que, para muchos de los lectores de El Observador, la década del sesenta les resulta muy lejana. Sin embargo, para mí no lo es y conservo nítidos innumerables recuerdos de ese tiempo. Relaté en otra nota que nací en un matrimonio uruguayo-argentino. Mi amor y respeto por la tierra de mi madre fue creciendo en mí a lo largo de los años. Primero en Salto y mucho más adelante, con viajes a Montevideo y Punta del Este.

No olvido el verano de 1960. Estaba ya en Facultad y pude trasladarme a Punta del Este. Fue en un vuelo de PLUNA y en un DC-3. El pomposo aeroparque de Buenos Aires de hoy quizás haya olvidado su pista balizada con lámparas manuables y su edificio pequeño con pisos de madera. Desde allí y después de un vuelo sereno, llegué a Laguna del Sauce. Amigos salteños me aguardaban y junto a ellos transcurrieron unos días espléndidos.

Había llevado en el equipaje unas revistas argentinas por entonces de moda. El humorista Landrú amenizaba las lecturas. Poco sabía yo entonces de ese señor. Con el tiempo lo conocí y tuve ocasión de hablar mucho con su hijo Raúl. Padre e hijos descendían de una antigua familia del norte argentino. Era la de los Colombres. Juan Carlos, el padre, había adoptado el seudónimo de Landrú, un nombre acorde con las fantasías de su genio.

En la playa se leían las revistas argentinas y también los diarios porteños. No eran tiempos de internet. Landrú llevaba mucha ventaja con sus lectores ávidos de aprender nuevos términos en boca de dos personajes llamados María Alejandra y María Belén. La paternidad de ellas les hacía decir las frases más simpáticas y, con la presencia de Mirna Delma, la prima venida a menos, habían creado una terminología muy simpática que no avergüenza como tampoco lo hacen nuestras formas del hablar cotidiano.

Las dos hermanas jamás se rieron de otras personas. Ellas se elevaron para brindar un humor sano y agradable a los demás. Vivían en lo suyo y crearon un lenguaje que atrapó a muchas y muchos. Mirna Delma, la prima de las dos niñas, quería ser como ellas pero de una manera rebuscada. Por eso, en vez de decir “Me voy al Uruguay” expresaba “Me voy a la vecina orilla”. El tan conocido “a caballo regalado no se le miran los dientes”, tenía una versión de “a equino obsequiada no se le observa la dentadura”. Sus “parientas cercanas”, como las llamaba, jamás dirían el rebuscado saludo de Mirna: “¿Quién habla en el lado opuesto de mi aparato telefónico?”

En aquellos lejanos años, en Uruguay no teníamos temor a ser avasallados con el humor del otro lado del Plata. Los aparatos actuales no existían y por decirlo de alguna manera, en la sobremesa familiar vivíamos de recuerdos. Entre ellos estaba “Telecataplum” con su humor y sus protagonistas. A mí me parece que fueron unos genios o “quasi” genios. Sé que, ahora al nombrarlos puedo cometer algún olvido. Vienen a mi memoria Carámbula, Héctor Perry, Eduardo D'Angelo, Enrique Espalter, Enrique Almada. Por otra parte, recuerdo a Juan Verdaguer, que detestaba el humor pornográfico. No hace mucho leí una frase suya que lo demuestra. Dice: “Está probado que en los Estados Unidos un hombre es atropellado cada tres minutos. No me explico el aguante de ese hombre”.

Hoy, en cambio, en Uruguay recibimos una muy fuerte descarga de programas radiofónicos y televisivos argentinos. Faltaría a la verdad si afirmase que todos ellos nos producen daño. No obstante, es posible seleccionar todo aquello que vemos en nuestros hogares. Han pasado los años serenos que mencioné al principio de esta nota. De intentó me ubiqué en un tiempo sereno. Vacacionar no era una necesidad. En una ocasión una persona criteriosa habló con claridad a un grupo de jóvenes y preguntó en voz alta: “¿Saben por qué lo pasan tan bien en vacaciones?” Sin dar tiempo a una respuesta añadió: “Es porque ustedes no hacen nada”.



¿En la vida cotidiana se viven normas de protocolo y ceremonial?

Diciembre 29, 2017


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D. Battiste


Me parece que los términos “protocolo” y “ceremonial” producen, muchas veces, algo así como un rechazo. Parecería que son temas para ser vividos únicamente por algunas personas y en algunas circunstancias de sus vidas. Sin embargo, las normas del protocolo y las formas del ceremonial están presentes en todas nuestras vidas.

Por eso y didácticamente, bueno es definir sencillamente qué es protocolo y qué es ceremonial. Para los dos términos existen innumerables definiciones sabias y, por lo tanto, simples. Si observamos nuestro calendario, comprobaremos que en el día 19 de junio celebramos el Día de la Bandera en recuerdo del cumpleaños de Artigas. En esa fecha rendimos homenaje a nuestro prócer y a nuestro pabellón. Existe una norma que lo establece. Estamos frente al Protocolo, es decir a una norma. La forma se podrá concretar, por ejemplo, en un minuto de silencio, en unos discursos, en música, en danzas. Allí están el Protocolo y el Ceremonial.

Sucede con frecuencia que se le hace decir al Protocolo aquello que jamás ha dicho ni dirá. Ejemplos: “En las mesas de bodas los contrayentes se deben sentar junto con los testigos” o “de acuerdo, al protocolo el presidente de la empresa debe entregar las medallas conmemorativas” o “por protocolo las señoras vestirán de largo”.

Son dichos que confunden. En todo caso se podría expresar que “los contrayentes podrán reunir en su mesa a aquellas personas más cercanas” o “el presidente de la empresa entregará las medallas conmemorativas”. Pero jamás en nombre del Protocolo. Estas palabras introductorias vienen bien para que todos descendamos al llano en nuestro trato. El Protocolo -norma- indicará dónde se ubicará el presidente de la República en una ceremonia y el Ceremonial presentará las secuencias de un acto.

El Protocolo y el Ceremonial están presentes en nuestras vidas. Sin embargo, no nos enseñan a comer ni a saludar ni a comportarnos con corrección. Esos temas se presuponen como el valor que debe tener un cirujano para oprimir una tecla de un equipo de cirugía o el coraje necesario en el deportista que practica saltos hípicos. Ahora, cuando nadie quiere mencionar el comportamiento social y las normas de urbanidad, en España se acuñó una frase que es “saber estar”. Saber estar en familia, saber esta con nuestros amigos, saber estar en el deporte, saber estar en la diversión y saber estar en el trabajo cotidiano.

El título de esta nota quizá haya sorprendido a los amables lectores de El Observador. Sin embargo, la redacté de intento porque en nuestra vida cotidiana nos encontraremos frente a situaciones muy variadas. En Protocolo y Ceremonial no se discrimina a nadie. Si la justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo, en la misma línea diré “que es la perpetua y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo que no es igual a dar a todos lo mismo”.



Si no te veo, felices fiestas...

Diciembre 22, 2017


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Avanza el mes de diciembre que nos encuentra inmersos totalmente en el fin de año. Quizás añoramos a quienes viven en el hemisferio norte. Ellos harán un alto en sus actividades cotidianas para las celebraciones navideñas y continuarán enseguida la vida corriente. Para nosotros, en cambio, coincidirá con el verano que, de alguna manera, nos puede alejar de un tiempo irrepetible. Por eso, suena corta la frase que escuchamos con frecuencia: “Si no te veo, felices fiestas”. Navidad, Año Nuevo y Reyes son tres fechas que no pueden pasar inadvertidas.

Entre las fiestas está Navidad, un día muy grande para los cristianos que celebramos el nacimiento de Cristo. Por eso nos sale del corazón un “¡feliz Navidad!” Es un día único. Quizás pensemos también en quienes no comparten nuestra misma fe y hasta nuestra alegría les puede parecer como una intromisión en las vidas de los otros. Así pensaban también en una empresa a la hora de saludar a sus clientes no cristianos. Decidieron entonces redactar una frase que expresaba así: “Sabemos que siempre están ustedes muy cerca nuestro y, por eso, los unimos con todo afecto a nuestra celebración navideña”.

Han pasado ya aquellas denominaciones que alteraban el concepto universal de la Navidad. Es verdad que en esa fecha nos reunimos en familia, aunque no es el “día de las familias”. Los calendarios más diversos reconocen la fecha del 25 de diciembre como “Navidad”.

Nací en un hogar uruguayo-argentino, pero jamás “rioplatense”. No olvido el día cuando fuimos con mi madre a comprar unas grabaciones de villancicos. Cuando volvimos a nuestra casa, el tocadiscos -antiguo aparato que cuenta con un plato giratorio, sobre el cual se coloca un disco musical o sonoro y de un fonocaptor conectado a un altoparlante- nos fue preparando para la Navidad. Aquel disco que llevamos era uno de 78 rpm y tenía dos caras. En una estaba “Noche de paz” de Gruber y, en la otra “Navidad en el Uruguay”, de Kurt Pahlen con letra de Fernán Silva Valdés. Esta canción se quedó para siempre en mí: “Navidad en el Uruguay, canta el gallo...”

En una conversación con Martin Bergengruen, nuestro gran compositor y director de orquesta y coros, hablamos sobre su reciente y magnífico concierto en el Carrasco Hotel Sofitel. Allí, muy cerca del mar, orquesta y coros interpretaron, entre otras obras, varios villancicos. Son canciones que tienen estrofas seguidas de un estribillo. Aunque se afirme que son navideñas no lo son. En la historia de la música se los encuentran ya en el siglo XV y ejecutados en las más diversas ocasiones. En los villancicos navideños, encontramos el espíritu de estos días que son de fiesta y de alegría. Los niños y los grandes podemos cantar juntos los versos sencillos de “Noche de paz, noche de amor/todo duerme en derredor...”

Todos los cristianos celebramos la Navidad, es decir el nacimiento de Cristo. Recuerdo siempre en estos días a Gladys, una colega judía. Habíamos compartido muchos exámenes y, más adelante, en la misma Facultad, nos desempeñamos en áreas diferentes. Un día ya sobre el 25 de diciembre, se presentó en mi despacho con un regalo. Me lo entregó y expresó que quería participar también de nuestra gran fiesta. En Navidad no cabe la tristeza. Podemos recordar a quienes ya no están con nosotros y lo haremos con cariño y agradecimiento. En ese gran día se hacen y se reciben regalos. Simbolizan el cariño de unos pastores sencillos que recibieron la gran noticia en medio del silencio de la noche. Ellos fueron con prisa a adorar al recién nacido. Hay un villancico que expresa maravillosamente el sentido de los regalos. Se trata de un hombre que no posee nada para llevar al Niño. Entre lágrimas, percibe el latido de su corazón y decide llevárselo a Jesús “para que le sirva de pañales”.



La puntualidad

Diciembre 15, 2017


https://www.elobservador.com.uy/la-puntualidad-n1152011


AFP


A lo largo de varios meses hemos compartido juntos algunos temas de nuestra vida cotidiana. Viene a mi memoria una anécdota, una de esas que, a mi parecer, nos hacen sonreír y alivian las tensiones. En cierta ocasión, una madre estaba preocupada porque no conseguía que su hijo soltero se levantase de la cama al inicio de una semana. Con decisión, se dirigió al muchacho y le dijo: “Hijo, levántate que es tarde”. El durmiente respondió: “¿Por qué me tengo que levantar?”. “Hijo, te tienes que levantar por dos motivos. Uno porque ya cumpliste treinta años. El otro, es porque tú sos el director del colegio tenés que ir a abrirlo con puntualidad”.

La puntualidad está presente en nuestras vidas y es una virtud. Ella lleva a actuar con diligencia y a hacer las cosas que debemos a su debido tiempo y sin dilatarlo. Nuestro mundo está poblado de definiciones como la del diccionario, pero también de anécdotas que lo alegran. Días atrás, había organizado la entrega de unos premios en una empresa y tenía como invitado principal a un conocido pensador. Todo estaba preparado para comenzar y faltaba que él llegara. Usando los medios tecnológicos actuales, me comuniqué con su asistente. Respondió lacónicamente: “Está llegando”. Ante esa respuesta dije: “Entonces, en cinco minutos estará aquí”. “No, saldrá de aquí tan pronto lo pase a buscar el auto.” Eso de “estar llegando” es una forma inglesa y nos enseñaron que era para ubicar una acción que no tenía principio ni fin...”Estará llegando”, “estará celebrando...”.

La puntualidad no tiene artificios. Antiguamente se la puede comprobar en relatos del ochocientos. Se hablaba de “cumplir con las diligencias de...”. Nada tenía que ver con el carruaje con varios compartimentos y arrastrado por caballos que cruzaba nuestro territorio. La diligencia está en poner todos los medios para alcanzar un fin.

Desde muy niños nos enseñaron a ser puntuales. Hoy y me van a perdonar, vuelven a mi cabeza anécdotas ilustrativas. Se trataba de un estudiante del interior que comía en una pensión grande. El comenzaba a almorzar con los del primer turno y seguía después con los del segundo. Un buen día lo observaron y el muchacho respondió con sencillez: “Es que a mí me gusta comer despacio”. Podemos hacerlo siempre y cuando no hagamos caer en la impuntualidad a otros. La puntualidad se da en los almuerzos de trabajo y solamente con un comensal que tenga la ocurrencia de comentar su viaje a París, la impuntualidad echará a perder el tiempo dispuesto.

Tenemos a nuestro alcance los más variados medios para ser puntuales. Una vez me sorprendí al leer las crónicas de ceremonias de otros tiempos. Las campanas eran las encargadas de colaborar con sus toques. En nuestro caso, cuando las de la Matriz sonaban, era el momento de iniciar o finalizar una ceremonia. En los tiempos del período hispánico todo se guiaba por las campanas. Sin quitarnos importancia, en Lima fueron célebres las “ceremonias de tabla”. El Cabildo, la Audiencia y el Virrey avanzaban en cortejo guiados por las campanas.

Existen algunos usos civiles y otros sociales que establecen algunos modos peculiares sobre la puntualidad. Quizás venga enseguida a la memoria lo que sucede con las bodas. Hay un consenso al menos para las ceremonias religiosas. En ellas, el inicio de las mismas se da con algunos minutos de atraso respecto a lo anunciado. Es para dar tiempo para que los invitados lleguen y aguarden.

“El abominable profesor de las ocho”, tenía su razón de existir aunque pasáramos un poco de susto. A lo mejor era con la clase de Química pero aprendimos a valorar la puntualidad. Después apreciamos los tiempos en las sesiones legislativas, en el despegue de los aviones y por qué no, en la amable reunión familiar a la hora de las comidas.



El tuteo y el voseo

Diciembre 8, 2017


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En nuestro país poseemos unas formas particulares de hablar. Por eso encontramos, entre otros, que un olimareño se distingue de un montevideano y un serrano de un canario. Hay matices en el acento y en las expresiones. Dejo a un lado lo de rioplatense porque personalmente, lo entiendo como relativo a los habitantes de nuestra capital y a los de Buenos Aires únicamente. Por eso me sorprendo cuando se anuncia en el norte la realización de un torneo de confraternidad rioplatense.

He sabido que, tiempo atrás, el presidente de una empresa sudamericana mantuvo una breve conversación con el rey de España. Se dirigió al monarca de manera distante, preguntándole por su hija mayor, la princesa de Asturias. Don Felipe le respondió y utilizó el pronombre de segunda persona, hablándole de “tú.” Este hecho sencillo demuestra que, el rey trató con corrección al empresario. Sin embargo, lo hizo como si fuera un súbdito suyo. Eso colabora para recordarnos que cuando alguien emplea esa forma, se borran todos los tratamientos de mayor respeto y se pasa al familiar o amistoso.

No puedo dejar de mencionar una anécdota de mi infancia. Mis padres se habían radicado en Argentina y me inscribieron en un kindergarten. Recuerdo todavía las ceremonias patrias y los comentarios de mis pequeños compañeros. Sin embargo, ellos se sorprendían de mí y decían: “Señorita, este niño habla de tú”. Ellos no sabían que mi madre uruguaya, curaba mis rodillas con “líquido Carrel”, que yo usaba “buzo” y que en mi merienda había “cocoa” y “bizcochos”.

Han pasado los años. Sé que es posible tutear a los alumnos universitarios en el salón, aunque ellos nos tratarán, en principio, de “usted”. Tuve ocasión de enseñar a estudiantes muy jóvenes. Agradezco no haber perdido la paciencia cuando escuchaba cosas como éstas: “Si me decís cuáles son los puntos más importantes, te los respondo”. Ellos, acostumbrados a tratar a los amigos de sus padres de esa manera, muy pronto se corregían sin advertencias. Por otra parte, cuando vamos a un comercio y a nuestros años nos tutean, a veces podemos sentir ganas de irnos sin comprar algo. Estas situaciones demuestran que el tuteo no nos iguala aunque lo diga la Constitución de la República. El tuteo, muchas veces, puede colocar a las personas en situaciones molestas y ellas sólo se resuelven con sentido común y tacto.

Cuando nos dirigimos a alguien de “usted” o “le hablamos de usted”, estamos manifestando una actitud de respeto. Es una excelente barrera que puede evitar los excesos de confianza que traen muchos dolores de cabeza especialmente en la vida de relación. El de “usted” es un tratamiento habitual. Se comprende que unos muchachos se tuteen, pero no podemos permitirnos tutear a alguien cuando sabemos de antemano, que no podrá utilizar esa forma para dirigirse a nosotros. Por eso, un profesional no dirá “¿qué te anda pasando?” a una señora de ochenta y cinco años.

No somos personas “paquetas”, educadas en el Palacio de Versalles. Nos tuteamos pero con prudencia. El tuteo generalizado se aproxima velozmente y a paso redoblado. Cuando se tutea, se besa y se besa porque hay confianza. Por eso se da el beso en los sitios más variados -oficiales y privados-que podrían levantar de sus tumbas a nuestros antepasados.

El tuteo afectuoso se da en la familia, entre amigos, en el trabajo. Nosotros utilizamos, por otra parte, el “voseo”. Los diccionarios nos dicen que es dar a alguien el tratamiento de “vos”. Es el que da más intimidad al hablar. Pero las cosas en su sitio, sin exageraciones. Todos debemos tratarnos con naturalidad según la edad y condición sin concedernos comportamientos impropios.

“Pasa el tiempo y el Uruguay mantiene sus rasgos más típicos”, eran las palabras que escuchábamos por una radio en la década del cincuenta del siglo pasado. Por eso conviven hoy los usos del “usted”, el “tú” y el “vos”. Se mantienen firmes, salvan exámenes. El “vos” es un sustituto del “tú” y sabemos utilizarlos. Por eso sonrío cuando un extranjero me comenta que el “español es un idioma muy fácil de aprender mientras preparo mi desayuno cada mañana”.



¡Viva la libertad!

Diciembre 1, 2017


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En nuestro país existen usos sociales inmemoriales que son nuestro patrimonio. Me parece que a la mujer le ha correspondido mantenerlos vivos a lo largo de los años. No se da solamente en los “días de llanto y luto” que el Derecho Civil concede a los futuros herederos de una persona difunta. Ella, con delicadeza vive un tiempo y se ocupa, en esas circunstancias, para que los miembros de su familia vivan con paz y sosiego.


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