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Por un mes: Un Cuento de Amor para mi Novia
por Robinson Fowler

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Copyright 2018 Robinson Fowler

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Tabla de Contenido

Título del Libro y Copyright

Tabla de Contenido

Dedicatoria

Introducción

Por un mes: Un Cuento de Amor para mi Novia

Conclusiones

Sobre el Autor

Otros Libros del Autor

Muestra del Libro Anunnaki: Reptilianos en la Historia de la Humanidad



DEDICATORIA

Dedico este libro a la mujer que siempre me inspira a ser mejor cada día. A la mujer con la que he compartido ya casi diez años de mi vida a su lado y aún me ve un Adonis, y por sobre todo, ama mi belleza interior casi o igual que mi madre. Gracias mi amor por siempre inspirarme a escribir y nunca opinar lo contrario de esta pasión que es mi felicidad: escribir. Te amo. Feliz 12 de Julio eternamente. Y cada 12 de cada mes, aún me parece tan irreal, me parece increíble toda nuestra historia. Cada segundo a tu lado es muy importante. Gracias por regalarme una historia más.

INTRODUCCIÓN

Era 12 de Julio del 2008 en mi ciudad, cuando tuve una cita con mi futura (y actual) novia. En una de las tantas citas que teníamos. Aquel día era especial para mí (lo sentía), quería darle una sorpresa. Recuerdo que no tenía dinero, ni una moneda en mis bolsillos, pero la suerte, y sobre todo Dios, quisieron que tuviese 20 dólares (que son unos 55 nuevos soles peruanos—moneda peruana) en ellos.

En el Instituto de Computación e Informática, como explico en mi libro Creepy Time Volumen 1, tuve una sesión de fotografías. Sería una especie de modelo para la facultad de Contabilidad del Instituto. El personal de Marketing del Instituto me contactó para hacerme unas fotos para la publicidad del Instituto. Debo decir que no soy físicamente un Clint Eastwood, un Cowboy, pero al menos sé cómo cautivar a mi novia. Soy monógamo al igual que ella.

Luego de las fotos ellos me dieron esos 20 dólares como pago. Veinte dólares por regalar mi linda cara y mi imagen. Por un momento me sentí como David Beckham, rodeado por cámaras y luces. Ya deben comprender lo difícil que fue para mí. Pero bien…, todo sea porque aquel día lo había destinado, me había decidido a pedirle que sea mi novia en el cine como habíamos pactado (ir al cine, no que sea mi novia). Y ahí estaba yo, un chaval de 20 años corriendo como un potro rumbo a la plaza central de mi ciudad, la hermosa Plaza de Armas de la ciudad de Trujillo, Perú. Aunque debo de confesar que nos citamos previamente en el Centro Comercial El Virrey. Luego caminamos hacia el cine de nombre Cineplanet (cine que hasta el día de hoy asistimos, siempre con la misma magia de aquel 12 de Julio del 2008).

Aquel sábado quería ver una película de Nolan, Batman, The Dark Knight, protagonizada por Christian Bale y Heath Ledger, pero el destino quiso que veamos Hancock (por el divino motivo de que las entradas se habían agotado, y si la quería ver con ella tendría que esperar al día siguiente), protagonizada por Will Smith. Intenté besarla tres veces en la oscuridad de la sala de cine, pero ella quería ver la película. En una de las anteriores citas ella me mencionó que yo le gustaba, que amaba mi forma de ser. Eso se debe tal vez a que yo siempre le regalaba poemas, cuentos, relatos de amor. A veces entraba a tientas en algún jardín de los vecinos a robar rosas moradas (sus favoritas) o rosadas. Muchas veces las hurté de parques cercanos a mi casa.

La había acostumbrado o, tal vez está mal expresada mi idea. No. A ella le dije que no era de los tipos que compran peluches del tamaño de una persona, o aquellos que fomentan la obesidad y la diabetes a sus novias con chocolates o bombones (malvaviscos). No. Yo era el clásico sujeto de la edad en la que Shakespeare se animaba a subir al balcón a través de unas lianas de plantas que ahí crecían con una rosa atenazada por sus dientes… todo para dársela a su amada en sus delicadas manos, y en la solapa o cualquier compartimiento de sus ropas sacaba a la luz siempre un poema… Y se lo leía. Toda esa escena bajo una Luna llena, cómplice. La recompensa era el amor, los besos y la voz de su amada.

Esa clase de individuo soy, y no he cambiado. No podía no publicar este cuento y no compartirlo con todo el mundo. Compartir todo lo que ella significa para mí.

Pero volvamos a aquel 12 de Julio del 2008. Los pasos eran eternos, y yo temblaba, estaba helado y en las manos todo era sudor. Mi espalda sentía el líquido helado deslizándose por la espina.

Fueron tres veces las que intenté con todo mi corazón decirle que la amaba, que la quería como novia… Pero en medio de tanto amor, de tanta ensoñación, ella puso paños fríos a todo. Ella quería ver la película de Hancock, así que no pude hacer nada.

Hasta que de pronto, en la parte en la cual a Will Smith lo rechaza todo el mundo y se siente el ser más miserable del universo, es donde el ambiente se puso sensible y aproveché: un beso surgió como una chispa incendiándolo todo hasta el día de hoy.


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