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Del Cielo al Infierno















Pedro Hugo García Peláez











































Morad llevaba una vida oscura en un barrio marginal de una gran urbe, donde nunca pasaba nada especial, a pesar de eso, en las últimas fechas una idea le rondaba la cabeza.



Era algo que no podía fallar y que le haría subir peldaños en su entorno social y económico.



El ya escribía en su blog y más o menos dominaba el uso de Internet. De hecho según las estadísticas de su blog éste tenía once visitas diarias y algunas incluso de Rusia, aunque el blog era en español.



Para dar un empujón a su blog se decidió a escribir un artículo, sobre el que le había dado muchas vueltas a su cabeza, y en el cual había que hilar muy fino.



Básicamente era un estudio de mercado sobre las lavadoras. Su idea era medir el tambor de las lavadoras, ver cuales eran mas grandes y por lo tanto esas serían los que él recomendaría a familias con unas mayores necesidades de colada semanal, siendo las lavadoras más pequeñas las que serían más útiles a familias que tuvieran unas necesidades de colada más reducidas.



Consiguió las especificaciones técnicas de los tambores de las lavadora y las dividió en tres grupos. Las de un tambor de un metro de diámetro, las de un metro con diez centímetros y las de más mayor tamaño, siendo las últimas para las familias numerosas, la de diámetro medio para familias de tamaño medio y las otras para familias pequeñas.



Añadió algunas especificaciones técnicas que encontró por Internet, y una vez todo redactado dio al botón de publicar en su blog apurando las últimas caladas de su cigarrillo.



Los dos primeros días se regocijaba de su idea, y de hecho su blog recibía ahora veinte visitas diarias con lo que las estadísticas de su blog registraban una subida del noventa y ocho por ciento. Además una lectora de su blog le había dado las gracias, ya que se le había roto su lavadora y estaba buscando una nueva lavadora. Textualmente le decía: “Gracias Morad por la información ya que nos ayudas mucho a tomar nuestras decisiones para la compra de una lavadora nueva”.



A pesar que en las semanas siguientes apenas tuvo visitas, pensó que con ideas tan bien estructuradas como esas podía conseguir posicionar su blog más alto. De hecho si escribías en Google “Morad Hernández lavadoras recomendadas familias numerosas” salía en la página quince. Era increíble decía él he conseguido posicionarme con mi idea entre los mejores de este sector.



Pero él aspiraba a algo más y seguía recordando a una rubia explosiva que conoció en el colegio y que había sido su musa. Siempre sintió resquemor porque el padre de ella, que era de una familia pudiente, había escrito un libro sobre materiales para ebanistería, que aunque era un libro un poco aburrido y lleno de erratas, había conseguido ser publicado, y que por esa razón en las épocas del colegio ella era mirada con admiración mientras él pasaba inadvertido.



Se imagino la sorpresa que le daría a ella si escribía un libro como el de su padre, y cómo ella exclamaría lo confundida que había estado con él en el colegio.



Ni corto ni perezoso empezó a escribir inspirándose en su musa. La novela empezaba textualmente; “Ella aunque se hacía la interesante se fijó en mí de forma voluptuosa haciéndome ver que le gustaba”.



Incluso ya tenía pensado el título, que sería: “Myrna y Morad”, aunque yo creo que a ella no le entusiasmaría que apareciera su nombre asociado al de Morad ya que en alguna ocasión tuvo que llamar a algún colega suyo para que Morad dejara de molestarle.



Y la portada también inspirada en ella. Era un par de corazones cruzados por un ramo de flores, para que quedara claro que era una novela romántica con final feliz.



Aunque de final feliz tenía poco, ya que la última vez que se vieron y él le dijo si podían ir a dar un paseo ella por poco le mata con la mirada.



Sin embargo se imaginaba como ella caería rendida al comprobar que su amor quedaría inmortalizado en un libro al igual que La Dulcinea del Quijote.





Soñaba con el día que ella leyera su libro y le presentara a su familia como el amor de su vida.



Era un trabajo arduo tratar de reconquistarla o mejor dicho de que se fijara más de treinta segundos en él, ya que tenía que compaginar la escritura con su trabajo de seguritas, mientras ella era una chica que tenía todo tipo de experiencias mucho más interesantes.



Él seguía escribiendo en su blog y poniendo fotos de diversas partes de la ciudad donde había estado por si ella era fuera una de las escasas visitas que frecuentaban su blog.



La tozudez de Morad le hacía seguir hacia adelante a pesar de que en los años de colegio sólo se habían hablado un par de veces sin muy buen resultado.



Pero la metamorfosis que Morad estaba experimentando era curiosa cuando menos, y es que cuando no estas comprendiendo nada de lo que pasa y a pesar de ser un pobre diablo te hace comprender las cosas hasta límites que nunca sospechaste.



Tampoco era normal que ella me ignorase tanto, a pesar de ser un pobre diablo soy un ser humano, a duras penas y con la autoestima baja pensaba de si mismo Morad. Y además es que ella entre fiesta y fiesta sólo hacía que pregonar palabras como que había que ser amor, pero en mi caso no lo practicaba con hechos, seguía pensando Morad mientras se consolaba a duras penas. Es como si llevase una vida y pregonase cosas totalmente diferentes.



Y la verdad es que ella siempre buscaba firmas para la paz y movimientos que pregonaran un cambio social sin aparentemente seguirlos con sus actuaciones. Todo parecía como un macabro juego donde Morad era una víctima.



Ella escribía en su muro de Facebook frases sobre el amor, mientras Morad simplemente escribía sobre lavadoras, sin ninguna pretensión más que entretenerse y de paso ayudar un poco a los demás.



Según le había contado algún conocido que coincidía de vez en cuando en las fiestas a las que iba Myrna, ya que estaba todo el día de fiesta, se vanagloriaba de que conocía el amor pero al momento se volvía agría como si de dos mundos diferentes dentro de la misma persona fueran.



En una décima de segundo cambió la vida de ella, no sé en que momento Morad se enteró que la vida de ella había dejado de ser de color de rosa, ella había coqueteado con las drogas. Había engañado a todo el mundo era una pobrecilla que se refugiaba en un mundo etéreo para engañar a su propia soledad. Era algo que siempre había arrastrado desde que Morad la conoció.



Otra persona se hubiera suicidado en su situación, pero en el caso de Myrna el juego que había mantenido toda su vida le hacía seguir engañándose a si misma, pero la verdad es que ahora no engañaba a nadie.



No sé muy bien donde empezó ese macabro juego donde hacía parecer una persona y sin embargo era otra. Ya daba igual su macabro juego se había vuelto en contra de ella como un boomerang. Todo estaba al revés en su vida, sin embargo seguía actuando a ese juego, sólo que ahora sólo se lo creía ella.



Es curioso como seguía jugando a ese juego que había acabado con ella, se lo creía tanto que todavía esperaba que un avión privado vendría a sacarla del erial donde se encontraba ahora.



El libro de Morad no se terminó nunca, ya no tenía argumento y tampoco sentido, ni ella se recuperó jamás. Como si la justicia divina hubiese puesto a Myrna en su sitio.



Ella no rectificaba es más se vanagloriaba de que su vida había sido un conjunto de experiencias, mientras había sido un mierda donde se engañaba a si misma y a los demás.



Ella no daba más de si, se había convertida en una víctima de su propio juego.



En un instante Morad, a pesar de que era un pobre diablo, comprendió que el destino les había separado por algo, y exclamó mientras daba la última calada a su cigarrillo: “Menos mal” mientras se reponía como podía pensando lo equivocado que había estado con ella.
























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