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Excerpt for Prometido a dos osos: Erotica Gay en español by , available in its entirety at Smashwords

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Los osos yacen con humanos, no con otros osos.

O eso dice la antigua ley de los osos. Se la han inculcado a Declan y a su hermano oso, Ryder, desde que eran niños, al igual que al resto de los cachorros, y aun así, cuando encuentran a su pareja predestinada bajo la forma de un omega dándose un baño en la fuente termal de la montaña, Declan es incapaz de ignorar el deseo que siente, se trate o no de un oso.

Ryder siente la misma lujuria, pero el hecho de que su pareja sea un omega le preocupa mucho más. Sabe que reclamar a otro oso podría hacer que los exiliasen, y por ello frena a Declan antes de que las cosas puedan ir demasiado lejos, pero ni siquiera eso es suficiente para evitar que los expulsen de las tierras de los osos.

Gage reconoce a sus parejas predestinadas en cuanto los ve, pero también sabe que jamás podrán estar juntos. Como omega, se encuentra en la casta más baja en el mundo de los osos, siendo un esclavo invisible para aquellos que se alzan sobre él. La fantasía es demasiado aterradora como para imaginarla, no importa lo mucho que ansíe el ser reclamado por esos dos hombres tan atractivos.

Será necesario que el mundo de los osos quede patas arriba para que los tres puedan encontrar un modo de estar juntos.


Prometido a dos osos

Bear Mountain, 4


por

Kelex



Traducido por Rocío Pérez




M/M/M, M/M, MPREG, SEXO ANAL,

DOBLE PENETRACIÓN ANAL,

JUEGO ANAL Y SEXO ORAL




Twisted E Publishing, LLC

www.twistedepublishing.com


UN LIBRO DE TWISTED E-PUBLISHING


Prometido a dos osos

Bear Mountain 4

Copyright © 2015, 2018 por Kelex


Editado por Marie Medina


Traducido por Rocío Pérez

Edición castellana editada por Olga Reyes


Primera publicación del E-book en español: Abril de 2018, SMASHWORDS EDITION



Diseño de portada por K Designs

Arte de la portada y logo copyright © 2015, 2018, Twisted E-Publishing, LLC.


TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS: Esta obra literaria no puede ser reproducida ni transmitida de ningún modo ni medio, incluyendo la reproducción electrónica o fotográfica, de manera total o parcial, sin autorización expresa por escrito.


Todos los personajes y hechos de este libro son ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia.


Todos los personajes presentados en actos sexuales en esta obra de ficción tienen 18 años de edad o más.



Nota de la Autora


Esta serie se lee mejor en orden. Cada historia se apoya en la anterior, y en este libro aparecen muchos personajes ya presentados anteriormente.

Atado a dos osos – Primer libro

Reclamado por dos osos – Segundo libro

Un Omega por dos osos – Tercer libro







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Capítulo uno


—¡Declan! —rugió Gregor. La cabaña tembló con la fuerza de la voz del alfa, y su tono no admitía discusión alguna.

Declan fue hacia la puerta y la abrió de par en par, llenando el marco con su enorme cuerpo.

—Buenos días, papá.

Gregor entró en la cabaña, empujándolo, y miró a su alrededor con desdén antes de girarse hacia Declan. Éste se pasó la mano de manera automática por el cabello despeinado y encontró algunas agujas de pino entre los mechones.

—¿Por qué no fuiste anoche a la reunión del consejo? —preguntó Gregor, percatándose de las agujas de pino con un ojo de halcón.

—Estaba… ocupado.

Ryder entró en la sala, arrastrando los pies y frotándose la cara con la palma de la mano, somnoliento. Tan pronto como vio a Gregor se detuvo y abrió los ojos de par en par.

Gregor se giró y le fulminó con la mirada.

—Esperaba que un día fueras una buena influencia para mi hijo, pero en lugar de eso parece que él está siendo una mala influencia para ti.

Ryder bajó la mirada hacia el suelo. Su hermano oso era la clase de persona que siempre buscaba la aprobación de los demás.

Declan no.

Gregor se giró para encarar a Declan.

—Ojalá mostrases más interés por la política del cubil. Te he pedido repetidamente que ocupes un lugar más importante en las reuniones, y una vez más me lo niegas.

Declan puso los ojos en blanco y fue hacia la cocina.

—Royce será el alfa cuando llegue el momento, no yo. ¿Por qué iba a importarme la política del cubil?

—Necesitará un consejero fuerte cuando yo no esté. ¿Quién mejor que su propia carne?

Declan empezó a preparar una cafetera. La necesitaría para superar el día.

Su hermano oso le aconsejará. Jared lo hará mucho mejor de lo que yo podría hacerlo nunca.

Gregor entró en la cocina.

Necesitará el apoyo de tantos osos fuertes como pueda reunir. Traylon y su familia son un puñado de conspiradores. Me han estado rondando durante años, esperando como una bandada de buitres. Llegará el día en que sea tu hermano quien esté bajo su escrutinio y yo no estaré ahí para protegerlo. Te necesita.

Declan se giró hacia su padre.

—Royce no querrá mi consejo. Créeme.

—Sé que hace ya bastante tiempo que no estáis de acuerdo en algunas cosas, pero te necesitará. Lo sé. Y si dieras el paso y fueras más responsable, puede que las cosas cambiaran entre vosotros dos.

Sé más responsable. Llevaba oyendo aquella frase toda su vida. Sigue la ley de los osos. Desconfía de lo que hay más allá de nuestras fronteras. Los osos yacen con humanos, no con otros osos. Aquellos sermones constantes sólo le habían llevado precisamente a no seguir la ley de los osos. No se convertiría en un seguidor ciego, como le había pasado a su hermano. Se sirvió una taza y se giró hacia su padre, apoyándose contra la encimera. Le miró fijamente; era el momento de la verdad.

—No quiero ser parte de la maquinaría política del cubil.

El rostro de Gregor se enrojeció más y más con cada segundo que se alargaba el silencio.

—No importa si quieres ser parte o no, eres el hijo del alfa y, por lo tanto, naciste en esa posición. Ya deberías ser miembro del consejo, pero sigues queriendo actuar como un cachorro, vagabundeando por el bosque haciendo lo que te plazca. Eres un adulto, empieza a actuar como tal.

Declan puso los ojos en blanco y tomó un trago de café, intentando no responderle tal y como le gustaría.

Gregor se dio la vuelta para fulminar a Ryder con la mirada.

El mes que viene, en la próxima reunión del consejo… espero que estéis los dos. Y si no lo estáis, te culparé a ti, Ryder. Contrólalo y haz que vaya.

Gregor le dirigió una mirada furibunda a su hijo antes de salir con la misma violencia con la que había entrado. La puerta se cerró con un golpe, haciendo temblar toda la cabaña.

Ryder entró en la cocina y cogió una taza en silencio. Evitó la mirada de Declan mientras se servía el café y tomó un sorbo, y otro más, antes de dejar la taza sobre la encimera y mirarle por fin, enfadado.

Adelante. Suéltalo —dijo Declan, cruzando los brazos sobre el pecho—. Puedo con ello.

—Para ti todo esto no es más que una broma, ¿verdad? —dijo Ryder—. Tu padre tiene razón. Un día ya no estará ahí y tu hermano necesitará tu ayuda.

—¿Mi ayuda? Royce no la querrá para nada, y lo sabes.

—¿Quererla? No. ¿Necesitarla? Sí. Nuestro cubil está en peligro, y a ti no te importa.

Declan negó con la cabeza.

—Gregor va a seguir ahí durante mucho tiempo. Está fuerte como un toro. Joder, puede que hasta viva más que yo.

Ryder se quedó con la boca abierta, mirándolo.

—No sé si eres el oso más vago que he conocido nunca, o… o el más asustado.

—¿Asustado? —preguntó Declan, frunciendo el ceño—. No tengo miedo de nada.

—Tienes miedo de dar un paso adelante y hacer lo que sabes que es correcto. ¿Pero por qué? ¿Es que tienes miedo de no estar a la altura de la enorme sombra de Gregor?

Declan abrió la boca para responder y se encontró con que las palabras le habían desaparecido de los labios. Ryder arqueó una ceja, echando más fuego a su ira.

—No tengo miedo. —Tomó un sorbo de café, nada dispuesto a seguir hablando del tema—. No tengo que estar a su altura. Royce es quien tiene que estarlo.

—Royce no es el oso que es Gregor.

—Nadie es el oso que es Gregor —escupió Declan.

—Tú te pareces más a tu padre que Royce. Debe de verlo con la misma claridad con la que lo veo yo.

Declan negó con la cabeza y dejó la taza sobre la encimera.

Royce es su sucesor, no yo. Es él quien está siendo entrenado para ocuparse del cubil, no yo. No estoy hecho para el liderazgo.

—Y aun así te niegas a ser un seguidor. Así que, ¿qué eres, Declan? —Le miró fijamente, expectante—. Este cubil necesita a un oso que no tenga miedo de marcar un nuevo curso, no a alguien dispuesto a dejar que todo siga siendo como ha sido siempre.

—Royce será un buen alfa.

Ryder suspiró.

—Lo será. Lo hará todo lo mejor que pueda. Y siempre vivirá en la sombra de Gregor.

«¿Y acaso yo no?».

—Déjalo ya, Ryder. No vas a conseguir nada discutiéndolo. Así es como debe ser, con Royce firme y listo para ocuparse del cubil. No pelearé con él por ello, no lo haría ni aunque me interesara.

Ryder suspiró antes de salir de la cocina, dejándolo solo.

«¿Yo, alfa?». Declan rió para sí, a sabiendas de que no era su destino. Era la oveja negra y el hermano menor, la persona de la que nadie esperaba nada. Lo mejor era mantener siempre las expectativas bien bajas para no tener que demostrar su valía tal y como lo hacía su hermano.

Había tenido el privilegio de vivir su vida de manera tan libre y salvaje como había deseado, sin sufrir las ataduras y responsabilidades de la administración del cubil.

Se acabó la taza antes de ir en busca de Ryder.

—¿Te apetece salir a correr esta noche?



Capítulo dos

La luna llena pendía en el cielo, y el enorme cuerpo peludo de Ryder se extendió al máximo mientras esprintaba montaña abajo. Declan lo seguía de cerca, obligándolo a correr incluso más rápido. No era un oso grande, así que tenía que esforzarse todavía más para mantener aquella ligera ventaja. Intentó cambiar de dirección, pero su pata tropezó con una roca afilada que no había visto mientras corría en la oscuridad y dejó escapar un gruñido, cambiando su destino en el siguiente paso.

Fue una pena que ese siguiente paso fuera a caer sobre grava suelta, haciéndolo resbalar. Cayó deslizándose varios metros, incapaz de frenar su inercia, y las agujas afiladas de los pinos se le clavaron por todas partes. Por fin consiguió recuperar el control, pero no antes de que Declan chocara contra él, haciendo que ambos cayeran de costado.

Ryder cambió a medias de forma y extendió una mano humana para agarrarse al tronco de un árbol joven. Con la otra aferró a Declan, que por suerte se las había arreglado para cambiar por completo a humano, aligerando mucho su peso. Cuando por fin dejaron de rodar Ryder cambió por completo a humano, acabando encima del cuerpo más grande Declan.

El polvo les cubría los cuerpos desnudos, y Declan empezó a reír entre dientes.

Maldito oso torpe —gruñó Ryder, intentando ignorar la sensación del cuerpo de Declan contra el suyo.

La sonrisa de Declan se ensanchó más todavía.

—¿Yo? Eres tú el que se ha caído de narices. Me has hecho la zancadilla a propósito, y has estado a punto de matarnos a los dos.

—No he hecho nada parecido —respondió Ryder, arqueando una ceja—. Y en ningún momento hemos estado a punto de morir. Deberías estar dándome las gracias por salvarnos el culo.

Declan se lo quitó de encima y se puso de pie, sacudiéndose un poco el polvo de encima. Alzó una ceja y fulminó a Ryder con la mirada.

¿Darte las gracias? No exactamente.

Ya estoy metido en un lío por no haberte arrastrado a la reunión del consejo. Si no me mata esta montaña, lo hará tu padre destripándome cuando no aparezcas en la próxima reunión.

—¿Cómo sabes que no iré?

Ryder puso los ojos en blanco; ya sabía la respuesta.

—¿Es que vas a ir?

—Nop.

Le frunció el ceño.

—Y a mí será a quien culpe.

No voy a ir cuando me lo exija, no importa lo mucho que nos imponga uno de sus edictos. Tiene que saber más allá de toda duda que no formaré parte del consejo.

—¿Por qué te opones con tanta fuerza? ¿Acaso significa tan poco para ti nuestra gente?

Declan apretó los dientes y sus ojos brillaron con fuerza.

Mi gente no deja de adueñarse de todo lo que quiere, una y otra y otra vez. Gregor no tiene ni un sólo momento para sí mismo. ¿Y te parece que dan algo a cambio? No dan nada. Crecí prácticamente sin Gregor porque siempre hacía falta en algún otro sitio. Quiero tener mi propia vida. Quiero saber que puedo amar a mi pareja cuando lo encontremos, y dedicarle toda mi atención y devoción. Quiero poder criar a mis cachorros, y estar ahí cuando me necesiten, no que me arranquen de su lado.

Estoy seguro que no tiene por qué ser así. Puedes encontrar el equilibrio entre servir a nuestro cubil y el hogar.

—¿Por qué te importa tanto? —espetó Declan—. ¿Por qué te preocupa tanto?

Ryder apartó la mirada; su conversación con Gregor tenía que seguir siendo privada. Si Declan sabía que estaban trabajando juntos, estallaría.

Declan le ofreció la mano y lo ayudó a ponerse en pie.

¿Has acabado? Todavía puedo correr un buen rato.

Y la conversación acabó así de rápido. Declan no iba a dedicarle a aquel tema ni un segundo más, y Ryder sabía que debía mantener la boca cerrada.

—¿Correr más? —Sabía que Declan necesitaba agotar su enfado—. Creo que un par de kilómetros más no serán nada.

Declan sonrió y fue como si todo quedara perdonado.

Ryder cambió de forma y echó a correr tras su hermano oso. Se centró en las vistas, los olores, la sensación de la tierra comprimida bajo sus patas, en lugar de la discusión. Necesitaba vivir el momento.

Habían pasado meses desde la última vez que habían cambiado y echado a correr por Bear Mountain. De cachorros habían subido a la montaña y se habían metido en problemas tan a menudo como les había sido posible, especialmente si tenían la oportunidad de molestar al clan McCreary o al hermano mayor de Declan, Royce. Desde que se les había obligado a convertirse en adultos responsables, su tiempo en su otra forma se había visto reducido hasta desaparecer.

Ryder sintió una oleada de poder recorriéndole el cuerpo, su lado animal disfrutando de la carrera. Los osos tenían mala fama, la gente creía que eran animales lentos y vagos, y no podían estar más lejos de la verdad. Un oso negro podía correr a campo abierto a ochenta kilómetros por hora, y los cambiaformas oso eran incluso más rápidos. Inspiró profundamente; el olor a pino del bosque era justo lo que necesitaba.

Pero había una pizca de otro aroma, algo desconocido. Un olor que lo alarmó y entusiasmó al mismo tiempo. Frenó el paso, dejando que el olor lo envolviera. Declan cambió ligeramente de dirección, yendo hacia lo que fuera que Ryder había olido.

Debía de haberlo notado también.

La curiosidad le llevó a acercarse más. El cuerpo se le tensó, confundiéndolo. Tenía que saber de qué se trataba, pero al mismo tiempo sentía un escalofrío de miedo mezclado con la anticipación.

Con cada paso el aroma se volvía más fuerte, y con cada bocanada de aire su cuerpo se tensaba todavía más. No importaba a dónde los estuviera llevando Declan; su curiosidad ganaba a cualquier aprensión. Cuanto más subía más le ardían los músculos, pero apreciaba el dolor; le recordaba que estaba vivo.

Llegaron a un pequeño claro donde la zona se nivelaba un poco. Cerca había escondida una pequeña poza. Royce creía que era un secreto que sólo él y su hermano oso, Jared, conocían, pero Ryder y Declan habían pasado tanto tiempo en aquella montaña como él, y también conocían aquel secreto. Ryder se agachó para pasar bajo los árboles hasta que tuvo la poza a la vista, y se detuvo junto a Declan.

Un oso, solo y más pequeño que ellos, chapoteaba en el agua, limpiándose el pelaje.

Ryder inspiró profundamente, y aquel fuerte aroma le arrolló por completo. Se le aceleró el pulso, el pene se le endureció al instante. Cambió a forma humana y se giró hacia Declan. Éste también cambió, con una expresión de curiosidad en el rostro.

No puede ser —susurró Ryder, frunciendo el ceño. Un estremecimiento le recorrió la columna mientras lo miraba.

Declan miró fijamente a través de los árboles, ignorándole. El oso continuó chapoteando y lavándose en el agua fresca. Un omega. La necesidad rugió en las venas de Ryder mientras miraba fijamente a aquel omega macho, invadido por el intenso deseo de reclamar.

¿A otro oso?

Los osos yacen con humanos, no con otros osos. Era uno de sus discursos. La ley de los osos no debía romperse.

Y, aunque a Declan le gustaba forzar las normas siempre que se le presentaba la oportunidad, Ryder prefería mantenerse en el lado correcto de la ley. Allí, en la poza, había una oportunidad más para que Declan doblegase las normas. Se giró lentamente hacia él y distinguió una sonrisa maliciosa en su rostro.


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