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Mi Marqués Mentiroso

Serie “A La Caza De Un Noble” 1







Amaya Evans





2016









Título Original: Mi Marqués Mentiroso

Copyright © 2016 por Amaya Evans.

Diseño de portada: ©Amaya Evans.

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público.




Sinopsis


Sonia Hearst, es una de las muchas herederas americanas de Nueva York, cuya familia desea emparentar con algún noble en Inglaterra. Su padre Edmund Hearst, el hijo de un boxeador, trabajó duro para tener un emporio de barcos de vapor y amasó una gran fortuna pero está inconforme con el trato que mucha gente le da a su familia, ya que los ven como nuevos ricos, gente que quiere tener acceso a la alta sociedad usando su dinero. Él desea el respeto de la gente y es por eso que envía a su hija a la temporada de bailes de Londres, para conseguir un buen esposo, con un título que le de ese prestigio del que carece su familia. Sonia odia la idea, porque siempre ha sido una chica voluntariosa y terca que hace lo que quiere, y no desea un hombre que le dé órdenes y la haga infeliz, como es el caso de la mayoría de los matrimonios que conoce. Ella quiere vivir libre, ser soltera toda la vida y no tener a nadie a quien rendirle cuentas. El problema es que su padre la desea casar de inmediato y debido a esa situación empieza a idear un plan, solo que para ponerlo en práctica, necesita al hombre correcto y al conocer a Robert, cree que lo ha encontrado. Con lo que no contaba era que ese hombre despertaría sentimientos en ella que no deseaba tener, pues si quería ser una mujer libre, no podía darse el lujo de enamorarse.

Robert Egerton, Marqués de Wilmington; es un hombre acostumbrado a las mujeres y a la guerra. Ahora después de haber peleado por su país y regresar como un héroe condecorado, solo quiere pasar una vida tranquila, no pensar en mujeres y dedicarse a administrar las tierras que le corresponden por derecho debido a su título, pero la sorpresa es grande cuando llega a Inglaterra y no existen esas tierras. Las pocas que quedan están a punto de perderse junto con la casa de campo y la mansión donde vive su padre, que están casi destruidas; todo gracias a sus deudas de juego. Robert se ve obligado a pasar por la humillante situación de buscar una heredera para casarse y con el dinero de la dote, poder arreglar el desastre que su padre ha hecho. Cuando conoce a Sonia, queda sorprendido por su belleza y después por su manera de ser, totalmente opuesta a las jovencitas aburridas que siempre ve en los bailes. Su franqueza lo divierte y con el tiempo quiere conocerla cada vez más. Por lo que cuando ella le hace una propuesta bastante atrevida, él ve la posibilidad de quedarse con la mujer y con la dote, matando dos pájaros de un solo tiro. Lo único que tiene que hacer es decir una pequeña mentira, pero cuando las cosas se salen de control y esa mentira atenta con acabar su matrimonio y provoca una situación en la que puede perder a la mujer de la que se ha enamorado, él tendrá que luchar por su amor con uñas y dientes.






Capítulo 1



1822

Sonia bajaba las escaleras, cuando escuchó la voz de su padre—Ya es hora, no podemos seguir retrasándolo. Cuando baje le diré sobre mi decisión.

—Pero no puedes Edmund. Si ella no quiere hacerlo todavía lo mejor es esperar, de todas formas es muy joven—la voz de su madre sonaba molesta.

—No cambiaré de opinión—respondió su padre de manera tajante.

Sonia se apareció en el comedor en ese momento—Buenas noches, padre.

—Buenas noches, hija mía. Precisamente hablábamos de ti.

Ella se acercó a darle un beso—Espero que sean buenas noticias.

Su padre se veía culpable—Espero que las tomes de esa manera.

—Padre, ya me estás asustando. ¿Por qué mejor no me dices lo que sucede?

Su padre se acomodó en la silla—Estamos hablando con tu hermano y tu madre, sobre el viaje que él tiene que hacer a Londres. Hay unos negocios que Edward debe ver allá. Me gustaría que fueras con él y así de paso, puedes presentarte en sociedad, ya que llegas para la temporada de bailes. ¿Qué te parece?

— ¿Para qué iría hasta Londres? Esa gente tan fría y pendiente solo de apariencias y títulos. Son tan distantes como su país.

— ¡Pero que es esa manera de hablar Sonia! No parece que hubieras estudiado en una de las mejores escuelas para señoritas.

Ella bajó la cabeza apenada—Lo siento padre—miró a su madre que no decía nada, como siempre que su padre hablaba—Es que no siento ningún interés por ese país—dijo aburrida.

—Pues tendrás que buscar nuevos intereses allí. Tú hermano se va en unas semanas y tú irás con él, para conseguir un buen esposo que te proporcione un título.

—Padre…sabes que no quiero emparentar con la nobleza y mucho menos vivir en ese sitio tan húmedo, donde casi nunca sale el sol.

—Estás en edad de casarte y desde hace dos años te estoy dando tiempo para que decidas cuál de esos pretendientes que tienes, es el que quieres como esposo. No he querido presionarte pero tampoco quiero una hija solterona.

— ¡No me casaré con nadie!—gritó y se levantó de la mesa.

— ¿A dónde crees que vas?—la miró furioso y antes de que pudiera escapar, la tomó del brazo—si quieres seguir disfrutando de todos los privilegios que tienes, juntándote con la crema y nata de la sociedad, vistiendo costosos atuendos y con carta blanca, para comprar lo que quieras sin importar el costo, es mejor que vayas pensando con quien casarte. Tenlo muy presente, porque yo no mantendré tus gusticos caros para toda la vida.

Sonia se soltó de un tirón y subió las escaleras corriendo y llorando hasta que llegó a su habitación y azotó la puerta tan fuerte que los que estaban abajo, se sorprendieron de que no la desprendiera.

Su madre estaba en la mesa limpiando sus lágrimas—Ella no hará las cosas obligada. Sabes que nuestra hija no es como yo.

—Estoy consciente de eso mujer. Por eso su hermano irá con ella y hará lo que sea necesario.

— ¿Estás de acuerdo con esto?—preguntó Frances a su hijo.

—Madre, ¿no ves que Sonia cada día está más caprichosa e insufrible? Ni los pretendientes que tiene, que son hijos de las familias más prestantes de Nueva York, le parecen buenos.

— ¡Pero no pueden obligarla!—protestó.

—Y no lo haremos, madre. Puedes quedarte tranquila...

—Nunca estaré tranquila viendo como mi hija es vendida a cambio de un título.

— ¡Ya basta mujer! Nadie pidió tu opinión en esto—le gritó su esposo—Esta es mi decisión y nadie tiene porque opinar—dejó la cena servida y se fue.

—Pero Edmund…

—Madre, por favor. No le diga nada más. Usted sabe cómo se pone cuando interviene en sus asuntos.

Frances lo vio alejarse y se limpió las lágrimas—No sé en qué momento tu padre cambió tanto. Todavía recuerdo cuando nos conocimos. Ambos éramos pobres, pero felices—suspiró cansada—Ahora, es un hombre cruel y agresivo, que todo el tiempo, me hace sentir como un estorbo—su voz se quebró.

Edward se agachó hasta quedar frente a su rostro—ella quiere, madre. Es solo que tiene muchas cosas en que pensar y lo de Sonia lo preocupa.

Ella asintió sabiendo que eso no era cierto—Conocía a su esposo y sabía de sus andanzas desde hacía mucho. Su matrimonio era solo un fachada más que todo para no avergonzar a sus hijos—Tienes razón hijo. A veces me pongo algo sensible, no me hagas caso—. Se levantó sin cenar y se fue a la habitación de su hija.



*****

Frances tocó la puerta del dormitorio de Sonia, pero ella no le contestó. Intentó de nuevo y no respondió—Hija, solo quiero hablar un momento—al ver que nada sucedía, se dio la vuelta para irse y en ese momento escuchó el sonido del cerrojo abriéndose. El rostro bañado en lágrimas de su hija apareció de repente.

—Madre, ¿Que voy a hacer? —le abrió la puerta para que pasara.

—Mi niña, tratè de hablar con tu padre, pero como siempre, no me escuchò—se acercò a ella y la abrazò.

—No quiero irme a un país que no conozco; no tendrè amigos, ni nada de lo que siempre he conocido aquí.

—Hija—tomò sus manos—sabes que te adoro, pero creo que debes pensar en ti. No sabes si vas a conocer un buen hombre que te quiera y te trate bien.

—Sabes que esa gente con títulos nobiliarios, solo viven de apariencias y solo se interesan por ellos mismos.

—Tu tìa Eugenia, se casò con un buen hombre allà y aunque apenas es un caballero, tiene propiedades y alterna con gente de sociedad. Es un hombre hogareño y adora a tu tìa. Ni hablar de tus primas, Horatia y Selina, a las que ama entrañablemente y les proporcionò una excelente educación, que las ha ayudado a abrirse puertas y conocer gente importante.

—Mis primas han vivido allà toda su vida. No tuvieron que cambiar de país para casarse.

—Pero sí tuvieron que vivir en otras ciudades con sus esposos. Se ven ocasionalmente con la familia, pero no están todo el tiempo con ellos. Aùn asì, son felices, sus esposos las quieren y Horatia, està casada con un vizconde. Serán ellos, los que te ayuden allà—le dio pequeñas palmaditas en la mano—No estaràs sola, cariño.

—No estarè contigo—sus ojos se humedecieron nuevamente.

—Oh cariño, mi niña hermosa—la abrazò—yo siempre estarè allì contigo, solo tienes que escribirme y yo haré lo mismo.

—No es igual a que estés a mi lado, madre.

—Bueno…podríamos planear estar algunas temporadas juntas. No sé si tu padre acepte, pero podríamos tratar de vernos en ciertos meses del año.

—Estàs dando por hecho que viviré allà.

—Sí, lo hago—acarició su rostro—No creo que haya un hombre en toda Inglaterra que te vea y no quiera casarse contigo.

—Yo no quiero un hombre que no desee escucharme, que solo quiera llenarme de hijos, que me obligue a dejar todo lo que quiero por darle prioridad a sus cosas.

—Eso no tiene que pasarte, hija.

Madre, los hombres son egoístas. Te muestran una cara cuando te cortejan y otra muy distinta cuando se casan.

Su madre la mirò triste—Siento mucho que pienses de esa manera. El hecho de que hayas visto eso, en esta casa porque tu padre y yo no logramos entendernos, no quiere decir que te va a pasar lo mismo.

Sonia preguntò con ansiedad—Madre, ¿Realmente crees que puedo ser feliz con un hombre?

—Estoy totalmente segura, mi niña—internamente oró porque asì fuera.




*****



Sonia se fue la tarde siguiente, a hacerle una pequeña visita a su amiga Claire. Solìa reunirse con ella, al menos una vez a la semana. Esa tarde, mientras tomaban tè en el salòn, llegó su madre a contarles que acababa de enterarse de la boda de Rowyna Robins, una joven que hacía poco por insistencia de su tìa, viajò a Inglaterra, para casarse con un hombre con el que había concertado un matrimonio, bastante ventajoso, tanto para èl como para ella.

Rowyna había perdido recientemente a sus padres, y su tìa muy enferma, no podía servirle de chaperona y acompañarla en todos los compromisos de una joven en edad casadera. Por lo que valiéndose de su posición y de sus buenas amistades, consiguió conocer a un baròn, ya entrado en años y viudo que estaba dispuesto a casarse con Rowyna.

Sonia pensó que su disposición sonaba a sacrificio, cuando era todo lo contrario. La pobre chica tenía que vivir con un viejo, que quien sabe cuántas mañas tenía y de paso hasta le daría una cuantiosa dote.

—Me alegro mucho por ella—dijo Claire.

—Yo también. Dios sabe que esa muchacha tendría un destino terrible al lado de su tìa. Esa mujer es lo màs egoísta y codiciosos que hay en el mundo. Por lo menos ahora tendrá un hogar propio y será la señora de la casa, no la esclava de su tìa.

— ¡Madre por Dios!, ¿Que estarà pensando Sonia de usted?

—Solo digo la verdad. Todo el mundo lo sabe—se levantò de su silla y caminò hacia la puerta rápidamente—Irè a hablar con tu padre, querida, pero ya di orden que les trajeran unos pastelillos con un poco màs de tè —sonriò y se dirigió a Sonia—Mi querida señorita Hearst, queda usted en su casa.

—Muchas gracias, señora—hizo una pequeña reverencia con la cabeza.

Cuando la mujer se marchò, Sonia no pudo evitar sonreir—Tu madre, tiene razón. Todo el mundo dice que es una arpìa, aunque solo lo hacen a sus espaldas. Me alegro también de que Rowyna se marche a su propio hogar, ella se merece ser feliz, es una joven amable y linda.

—Es cierto—estuvo de acuerdo Claire. No sè que tiene Inglaterra, pero se està llevando a las mejores damas de Nueva York. Hay muchas jóvenes viajando para su presentaciòn en sociedad.

—Ni lo digas. Mi padre quiere hacer eso conmigo y no soporto la idea.

— ¡Oh Dios, Sonia!—exclamò sorprendida, al escuchar la noticia—. ¿Cómo puede ser eso?—Claire no daba crédito a lo que acababa de oír.

—Hace un par de días, me comunicò sus intenciones de enviarme a Inglaterra con Edward y de paso, èl me ayudará a encontrar un marido con título nobiliario.

— ¿Qué vas a hacer?

—No lo sè. Es terrible dejar todo lo que conozco por ir a un sitio con el que no tengo nada en común.

—Es algo terrible, no dirè que no. Pero querida, puedes ver el lado bueno también, y de esa manera hacer màs llevadera tu estadía allà.

—No sè…

—Lo que no sabes, es a quien conocerás. Hay muchas americanas viviendo en Inglaterra, puedes hacer buena amistad con ellas.

— ¿Y qué pasa con el hombre al que mi padre me venderá?

Claire rodó los ojos—Sonia, no lo veas de esa forma.

—Lo veo asì, porque allà y en todo lado, los hombres solo tienen esposas de adorno y para criar hijos. Ven de lo màs normal, tener una amante y hasta mantenerla en casas enormes en el campo o en la ciudad frente a los ojos de sus esposas, que no les queda de otra màs que hacerse las tontas y todo a cambio de una casa, un título y un nuevo guardarropa.

Claire caminò por la sala y acariciò uno de sus libros—. No sè lo que haría si mi madre me obligara a estar con alguien que no quiero.

—Bueno…afortunadamente eso no va a ser problema para ti. Estàs muy enamorada de Felton Bar y el siente lo mismo por ti, asì que solo es cuestión de esperar a que le den permiso y vendrà a pedir tu mano.

—No veo la hora de que eso pase—respondió entusiasmada—ya me imagino como la esposa de Felton.

—Según he escuchado estàs muy cerca de ser la esposa del coronel Felton Bar—sonriò.

—Sonia, serè sincera—se sentò a su lado—no me importa su rango. Mi familia està impresionada por su carrera militar, pero yo estoy enamorada del hombre.

Sonia emitió una pequeña risita—Te creo, pero no vas a negarme que el uniforme impresiona muchísimo—las dos se echaron a reir y eso aliviò un poco la tensión que tenía en su corazón.

Luego de pasar una tarde amena con su buena amiga, Sonia llegó a casa nuevamente y escuchò ruidos en la sala. Se acercò para ver si era su madre y se encontró con que ella hablaba con su hermano y èl trataba de tranquilizarla, debido a su preocupación por el viaje.

—Madre, no te aflijas màs. Yo no voy a permitir que un hombre que no quiera a mi hermana, se case con ella. Además mi padre ha dispuesto una enorme dote, para quien se case con ella. No habrá hombre de la nobleza o fuera de ella, que no se interese en un compromiso con mi hermana.

—Yo solo le pido a Dios, que encuentre un buen hombre entre los que se interesen por ella.

—Lo hará, pero necesita comenzar a madurar y dejar de ser tan caprichosa.

Sonia desde la parte de atrás de la puerta quería decirle unas cuantas cosas a su hermano. Ella no era caprichosa, pero en su familia no entendían que no quería casarse.

—Ningún hombre querrà cargar con una esposa voluntariosa y terca que solo quiere hacer su voluntad y no obedece.

—Si existe un hombre para ella, èl sabrà como ganar su corazón y hacer que ella siga sus ideas sin tener que imponerlas—dijo Frances.

—No estoy tan seguro de eso, pero harè hasta lo imposible por dejarla casada en Inglaterra. Es lo que se espera de cualquier dama de sociedad respetable.

Frances se puso de pie—Creo que es mejor que me vaya a seguir con mi costura. Tenemos ideas muy distintas hijo. Tal vez cuando encuentres el verdadero amor te des cuenta de que no se trata de imponer, de obedecer, se trata de tener a alguien tan dentro de tu corazón que sin necesidad de òrdenes y de bajar la guardia, solo desearàs hacer las cosas, porque quieres hacerla feliz—se acercò a èl y acariciò su rostro—Te quiero mucho, hijo.

Edward pareció algo incómodo, pero no se apartó. Las muestras de afecto no eran lo suyo—Yo también te quiero, madre—dijo secamente y la vio irse.





CAPÍTULO 2


Dos semanas después, Sonia y su hermano Edward viajaban en un buque enorme hacia Inglaterra. Los primeros días fueron duros. Ella se la pasò devolviendo todo lo que comìa y casi no salìa de sus habitación. Pocas veces subìa a disfrutar del buen tiempo y cuando hacìa mal tiempo, ella solo querìa morir.

—No estoy hecha para la vida en el mar, eso es seguro—le dijo a su doncella.

—Señorita, si quiere puedo colocarle unas compresas de agua fría.

—Eso no servirá—le dijo sosteniendo con mucho esfuerzo el contenido de su estòmago.

—Venga, recuéstese. Dentro de poco tiempo, pasarà el mareo y se sentirà mejor.

—Llevo una semana de esta forma Charlotte. No creo que algo cambie.

Pero si cambiò para alivio de Sonia, y unos días después había muy buen tiempo y ella pareció acostumbrarse al movimiento del barco. Uno de esos días, quiso ir a cubierta. Allì se encontró con varias personas que disfrutaban del magnífico dia soleado.

Estaba sentada con su paraguas que la cubrìa del inclemente sol, cuando su hermano se le unió—Buenos días, hermana.

—Buenos días, Edward.

— ¿Ya te sientes mejor?

—Un poco.

—Debes tratar de distraerte para que no pienses en tu malestar—puso una mano sobre la suya, pero Sonia la retiró—se sentía herida por las palabras de su hermano aquel dìa que estaba hablando con su madre y por estar ayudando a su padre en sus planes de casarla.

—Acabo de enterarme que Angustias Walton también viene en este buque.

— ¿Angustias?—se le hizo extraño que viajara a Inglaterra.

—Parece que viaja con su primo y la esposa de este, que es inglesa, hija de un conde y me imagino que será su carabina. la idea es presentarla en sociedad y casarla con alguien de la nobleza.

— ¿También? ¡Pero por Dios! ¿Es que todos los padres se han vuelto locos? Nos envían como lote de ganado para que los nobles de Inglaterra escojan la mejor vaca.

— ¡Sonia! Cuida tu forma de hablar—la reprendió.

—Solo digo la verdad. No se interesan en lo màs mínimo por nuestros sentimientos. Solo les importa deshacerse de sus hijas, pero sí de paso los pueden emparentar con la nobleza, mucho mejor.

—Es totalmente desgastante hablar contigo. Voy a dejarte sola para que te sosiegues un poco, pero piensa en que debes cambiar tu actitud Sonia. De nada te va a servir ponerte en esos berrinches de niña, mimada—se fue y la dejó con la palabra en la boca.

Ella decidió no hacerle caso porque lo único que conseguiría sería sentirse mal y molestarse màs de lo que estaba. Mirò el agua tan cristalina y sintió como la brisa acariciaba su rostro. Eso pareció relajarla y pensó entonces en su futuro y lo que le esperaba en Inglaterra. No entendía ese afán por enviar a las chicas a la temporada de bailes para conseguir marido. Ahora la pobre Angustias, estaba en las mismas que ella. Una heredera al igual que ella y con la misma maldición de tener que buscar un hombre a su altura y al gusto de su familia. Hasta ahora no la había visto en el barco, pero recordaba que en algunos eventos habían coincidido y podía decir que ella era una chica bonita y muy amable, no le caía mal, pero el problema es que se vestía como una viuda, solo en colores lúgubres;café,negro, gris, y alguna que otra vez púrpura. Esos colores no le hacían justicia a su bonito color de piel o a sus ojos, pero su madre según había escuchado, era una fanática en extremo y pensaba que todo era pecado. La pobre chica vivía atada a esa mujer, no salìa casi a ningún lado y no entendía como ahora querían simplemente casarla con alguien de la nobleza, cuando ella parecía un conejito asustado cada vez que alguien hablaba con ella.


Semanas después, el barco llegó a Inglaterra y ella solo podía dar gracias a Dios y luchar contra el impulso fuerte de besar el piso. Tuvo la impresión de no volver a tocar tierra jamàs. Todo ese tiempo dentro de un espacio tan pequeño con solo agua por delante y la compañía de su criada y su pomposo hermano, podían haber acabado con su cordura. Solìa ir a comer en compañía del capitán y de otros pasajeros importantes, pero le aburría la charla constante de la guerra o los cotilleos sobre quien tenía mucha reputación o quien estaba por perderla, asì que llegó un momento en el que solo tomò su desayuno y cena en la habitación y salìa solo en las tardes para tomar algo de sol. Ahora que por fin habían llegado a su destino, ella se dedicó a ver detalladamente las calles. No era muy bonito por ahí, el ambiente era sucio y maloliente. Todo tipo de hombres, desde muy bien vestidos hasta los que estaban sudorosos de cargarbaúles y cajas enormes, caminaban cerca de ella. Tuvo que taparse la nariz con un pañuelo y gracias a Dios, había un carruaje esperándolos. Sonia y su doncella entraron y esperaron a que terminaran de colocar su equipaje en la parte de arriba. Su hermano entró también y le dio un pequeño golpe al carruaje para que arrancara.

Mientras seguía tapando su nariz por el terrible olor, puedo ver las calles atestadas de carruajes. Eran tan angostas que no se explicaba cómo podían pasar, carruajes, peatones y de paso haber espacio para los negocios ambulantes que tenían en las aceras. En ese momento llovía y las calles estaban mojadas y por lo visto, muy resbaladizas, porque vio a una pobre mujer aterrizar en el piso violentamente debido a una caída.

— ¡Oh Dios, esto es un caos!—exclamò sorprendida por lo que veìa y el terrible ruido.

—No es nada extrañoa lo que has visto en Nueva york—dijo su hermano.

—No se parece en nada—respondió ella—puede que sea muy concurrida, pero hay mucho màs espacio y menos ruido.

—No querida—su hermano rio—lo que sucede es que las partes que frecuentas son asì. Tu nunca has ido a las calles donde están las fábricas o te has acercado siquiera a los sitios a los que va la clase trabajadora. Por eso te sorprendes.

—Tal vez—lo mirò de soslayo—pero si el resto de Londres, es asì, no quiero vivir aquí ni loca.

—Lamento decirte que ya no hay vuelta atrás. Es aquí donde vivirás si te casas—la mirò molesto y luego se relajò un poco—pero no te preocupes, cuando pasemos esta parte las cosas mejoraràn. Todo Londres no es asì de sucio y desorganizado.

—Eso espero,Edward. Lo que veo no me gusta para nada.

—El paisaje cambiarà en pocos minutos. Nuestra casa es muy bonita y el sector donde viviremos es el màs exclusivo.


Sonia puedo ver que lo que su hermano decía era cierto. Unos quince minutos después, estaban entrando a un sector lleno de casas imponentes, muy hermosas y elegantes. Su ánimo pareció mejorar y al salir del carruaje, sonriò por primera vez desde que se bajò del barco.

— ¿Es digna de usted, su excelencia?—preguntò su hermano, al verla mirar la casa.

—Parece cómoda…sí, creo que serà suficiente—le respondió, solo para fastidiarlo.

Sonia entrò con su doncella, mientras dos criados y el lacayo, cargaban su equipaje y lo entraban a la casa.

—Quiero darme un baño—le dijo a su doncella, y en ese momento apareció una mujer mayor, algo rolliza—Bienvenida señorita.


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