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Semillas y Soliloquios

Felipe A. Matti


Published by Felipe A. Matti at Smashwords


Cover Illustration by Carla Paludetto


Copyright 2018 Felipe A. Matti


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Índice:


Dedicatoria


Semillas:

Ere I begin

Sobra la colina, bajo el árbol

Carta al órgano insensible

Otoño

Jardines

El canto a la lluvia

El pesar

Veintiuno de diciembre

La sabiduría del primogénito

El esperador

Reencuentro

Sospecha

Visitante



Soliloquios:

De interna voce

Sobre el sufrimiento

Sobre la naturaleza y su ser volente



Ere I Begin



What is philosophy? What is the meaning behind such craft and art form? As one can sense in the stasis that this questioning leaves on one’s mind, there is no verbatim that stands against such strike. A trail of tantrum is the remain of a scramble of a rhapsody of emotions. And there is where our love of knowledge stands foot; is that taste of secrecy and fulfillment that makes us wonder if a limit can be reached, if it is our objective.

And we will fail in such task; we will feel miserable and keen to surrender. But let me tell you young minds, within this quest there is nothing but a spirit in a journey to be humbled.

Why do we fail you may ask, why can't we achieve that security Descartes leaned towards, why can't a methodic doubt save us from our damnation as humans. And why can't we doubt of everything, filter our emotions and carry on with only our senses as a fellow Hume would suggest.

But philosophy does not rely on that certainty, because the truth my friends is that as Jaspers would enlighten us, it is not but a path we rumble on, where we see at distance something we idiotically and desperately want, thus, (Sophia) knowledge.

Even in our grasp of that everlasting intension that is to fathom the answers to the universe questions, the certainty that will be achieved then falls under our own inquiry. Our damnation is to always try to reach that level of knowledge that will never stop bugging our mind, because it is the main inquiry that we are asked, why do we exist and what is within our essence that allows us to find those questions. The sole purpose of being able to make those observations is the main prop of philosophy, thus, our main flaw. We will never as human beings stop trying to fathom and being concussed by our own ignorance as we observe the certainty we achieve to crumble and fall, being crippled solely by our infinite concern to find all the answers. We will never stop questioning and being questioned, and that is the core of philosophy.

To fathom is not only the essence of the art, but ours too. There is nothing our mind, reason, soul, Intellect, senses won't try to penetrate, comprehend. But, and there is always one in this task, we will never reach that wisdom we dream of. The beauty of it all is our attempts to create answers, as Baruc would suggest it relies on be and advocate of God; as well as it would be the ascetism in Schopenhauer, as it would be the fire in Heraclitus. However my friends, the answer comes from within ourselves, from the song to life itself we perform, from those chantings that nature gifts our stupid mind and we can't recognize anymore.

Please, pry open your third eye, your soul, that breath of movement, of tendency we have towards knowledge. Never back down from being a human, from your own essence, discover, try to discover. Fulfill that hunger that makes our noisy minds to irritate and scratch itself.

There is nothing more beautiful than discovering what is behind our own backs, what stands and prevails in this beautiful world, take care of nature, because she will spit us and suffer our idiosyncrasy as never before. Never forget your relationship with this world, as Hegel would teach us, is our essence. Never forfeit the path, take always the darkest one, where is light that can only happen, be humble, have integrity as Sheller would explain us. Bend the envelope, embrace life, our desire to go on until our last wind scapes into a higher state of consciousness. Push the bottoms of our own barrier; find reward in what has already being gifted to us.

Praise the sun, life, soul, mind. Smile back, kneel down to the rain and bow down to the wind, feel pride over your achievements and never stop trying. Don't get pushed back by the harshness of it all; don't be submitted by our flaw. Prevail; stay strong even when the floor cracks and mountains erode. Respect, find light. It will be hard, tedious and our heart will always be reluctant to accomplish our mission. Don't underestimate yourselves my brothers and sisters.

This is what philosophy has taught me, follow that smoke, there is fire behind the first door, there is light. And as Jack London would teach us all, fire is life.

Come and lean towards the right path, I've just began my expedition.



Domine Deus, qui non mortem sed vitam nobis largiris, fac, quaesumus ut frater noster Georgius, qui in itinere ad Te nos praecessit, reliquam nostrorum vitam intercessione sua illuminet necnon in Paradisi gloria omnes amicos suos recipiat.” -Magnum Verba, Magni Magistri



Sobre la colina, bajo el árbol



Bajo la copa de este árbol, sobre esta colina, me encuentro yo. Lo observo todo, pero todo no me observa a mí; me siente y sabe de mí, visualiza este árbol en donde encuentro reposo, aquí en la cumbre de la colina. Una delgada capa de neblina me mantiene oculto, pero ellos no lo están de mis ojos; y así permanecerá, pues así quiero que permanezca.

No es tarea fácil la de un observador. Definitivamente, no lo es. Uno pensaría que es la soledad el peor de los estados del alma, el sentirse solo y sin aliento, el querer comunicarse y el no poder; el querer ser escuchado y sentido y no poder, reasegurarse de la existencia de uno es importante, a veces siento que soy mi observación, y eso me confunde; pero luego bajo mi cabeza y observo mis manos, mis piernas y mis telas de color blanco y rojo; respiro profundo al cerrar los ojos, enderezo mi cuello y juntando las palmas señalando hacia abajo saco mi pecho; abro los ojos lentamente y vuelvo a observar. Pero llega un punto en el cual no creo más en mi método, quienes miran hacia el árbol bajo el cual estoy buscan a su observación; ellos saben que existen porque hay quienes los observan. Pero yo en mi duda no logro discernir si estoy aquí porque ellos son observados y me buscan para saberlo, o si simplemente soy la observación.

Es por eso que me acompaña Bosco, es así como lo llamo yo, él prefiere ir por el nombre de Momo, pero personalmente el diminutivo de Moisés me parece demasiado para un akita; pero no se lo digas que se pone furioso. Él me reafirma y me acompaña; cuando me confunde demasiado la tarea que me fue asignada, tan sólo lo molesto y espero su lamida o gruñido, y sé que soy yo.

A esta altura, posiblemente tengas muchas dudas, principalmente no sólo qué es lo que observo. Pero, ¿quién eres; estás observando la observación, o simplemente eres parte de mis pensamientos que he decidido compartir? ¿Bajo qué árbol estoy, cómo me visto, cuáles son mis rasgos faciales? Bueno, empecemos de a poco; pero primero.

"-Pst! Bosco, si me extiendo mucho detenme."

"-Como siempre."

Lo que observo no comprende complejidad alguna; observo actos y los hay de todo tipo; y dentro de todo tipo, hay todo propósito para dicho tipo. Pero yo no puedo actuar, sería injusto que lo hiciera. ¿Qué pensarías si cada vez que vayas a hacer algo estúpido, oyeras una voz que te muestre tu equivocación? Sí, lo sé, sería agradable no cometer alguna de las idioteces que hayas cometido hasta este momento. Sin embargo, piensa más profundamente sobre aquel yerro tuyo, ¿no hay algo que te pica en la nuca? Sí, eso pensé; aquel acto de estupidez plena te ha dejado una enseñanza, algo de lo cual hoy piensas: “¡Vaya que he sido un idiota!” Pero ahora sabes por qué lo has sido. Todos necesitamos saber nuestras limitaciones, aprehenderlas y quizá no enmendarlas, pero saber cómo no volver a cometerlas; aunque posiblemente lo vuelvas a hacer en un futuro no muy lejano. Por eso, sería injusto que interviniera; poseemos una libertad intrínseca en nuestro ser, y contra eso no puedo atentar por más tentador que sea.

Ahora bien, préstame suma atención: nuestra libertad no es tan libre como pensamos que es. Lo sé, lo sé, suena extraño; pero pensémoslo un segundo. Pongámonos en los hombros de Mibu; él se levanta por la mañana temprano, saluda a su familia, les prepara el desayuno y luego se dirige lentamente a la par del arroyo al molino. Buena vida, ¿no? Mibu es libre, créeme que lo es. Él podría un día no levantarse a la mañana temprano, no saludar a su familia, no preparar ningún desayuno y no ir al molino; o incluso ir al molino sin necesidad de ir a la par del arroyo; piensa otra de las cosas que podría o podría no hacer, como quizá no dormir en la noche. Entonces, no habría de levantarse, o mismo no saludar a su familia pero sí prepararles el desayuno, o hacer lo contrario. Pero, no podría no dormir nunca, no podría una vez dormido no levantarse, ni tampoco podría hacer otra cosa que saludar o no saludar a su familia, siempre habría una familia a la cual saludar y a la cual no saludar, o mismo un molino al cual dirigirse y al cual no dirigirse nunca más, o un arroyo por el cual hacer camino o por el cual no.

Como observador, he aprendido bastante acerca de la libertad, ¿suena hermosa, cierto? Libertad, algo tan fuerte y rompedor de cadenas. ¡TODOS SOMOS LIBRES! Tú eres libre de dejar de escucharme, o de escucharte leyendo lo que te estoy diciendo; ¡vamos, deja de hacerlo! Pero puedes ver que hay más, que el texto sigue, hay más páginas detrás de ésta, estás eligiendo no leer, entiendo, sigues leyendo pero en realidad no lo estás haciendo. Está bien, pero ya has leído, ya has roto esa libertad, ahora puedes dejar de leer o seguir leyendo; pero hay algo que leer o que no. La libertad suena tan bella cuando la empleamos a nuestro favor, y lo es.

"-Bosco, eres libre de irte si así lo deseas, eres libre de quedarte o de ponerte en mi regazo, realmente lo eres."

"-Así estoy bien, me gusta el pasto caliente y húmedo de esta zona, bailan muy rico."

¿Lo ves? Bosco dice incoherencias y es así de libre de hacerlo. Yo soy libre de ladrarle a Bosco, como también Mibu es libre de caminar hasta aquí y hablar si así lo quisiera; obviamente, no le respondería, mi tarea es observar; pero la libertad se encuentra en lo más profundo de nuestro ser, aquel punto inteligible el cual siente de manera explosiva; más bien como un órgano el cual se expresa a través de nuestro cuerpo.

"-Te estas distrayendo."

¡Oh sí, gracias Bosco! Bueno, Bosco fue libre de decírmelo como de no haberlo hecho, y ahí es a donde quiero llegar; yo le pedí a mi buen amigo que me avisara si me extendía o distraía, como también yo habría sido libre de no haberle dicho que lo hiciera; pero eso habría sido injusto. Sé lo que estás pensando, soy libre de observar como de no hacerlo; sí, lo soy. Pero aquella libertad se ve suprimida ante algo más grande y fuerte que la libertad, que es el deseo. Yo adoro observar, es una tarea que me fue asignada y no pensé jamás en rechazarla; sí en abandonarla. Verás, como dije bien, el deseo es supresor por excelencia de la libertad, pero hay que tener mucho cuidado con aquellas palabras, y mayormente con lo que deseas. Si Bosco deseara comerme la cara, él sería libre de hacerlo, ¿correcto? Pero hay algo que no lo impulsa a hacerlo, o más bien que le detiene el impulso; y créeme que él ha de querer hacerlo muchas veces.

"-¿No es cierto amigo?"

Hay algo determinante en la libertad, y sé que va a sonar raro al decirlo e incluso incongruente al pensarlo una sola vez, o incluso dos. Pero la libertad que uno posee y jamás será posible de extirpar, se ve limitada por la libertad de otro. Mibu es completamente libre de enloquecer, y simplemente orinar en el arroyo para que el pueblo luego tome de su orina en la fuente. Pero así luego el pueblo es libre de dar represalia a Mibu por semejante acto, y comenzaría una batalla de libertades. En cuanto yo acciono mi libertad sobre otra persona, estaría provocando que aquella otra persona accione su propia libertad sobre mí, y así sucesivamente. Muchas veces se hace, lo sé, incluso cuando argumentas a la otra persona con lo mismo que te ha argumentado y te ha hecho enfadar mucho; y al hacerlo provocas un nivel de enojo tan grande que hasta se siente placentero, y es inevitable que no salga una sonrisa de semejante acto malvado. Pero, detengámonos un segundo en algo importante que he observado.

Todos somos concientes de nuestra libertad. En el momento en que uno es niño y decide no bañarse, como se lo ha encomendado su padre, se da cuenta de que ha sabido orquestar el mayor engaño del siglo entero, ha sido capaz de evitar semejante atrocidad traumatizante como darse un baño, e incluso algunos retadores de la ley deciden no lavarse los dientes, pues ya que uno se ha convertido en un desafiante de la autoridad, ¡por qué no dar un mayor golpe aun! Pero inevitablemente el niño se encuentra con la cruda realidad, nuestra libertad, querido amigo, está condicionada de forma inevitable.

Mibu es libre, sí lo es, y eso es innegable. Pero, supongamos por un segundo que nuestro gran amigo Mibu decidiese dejar de comer, dejar de beber hermosa y rica agua. Mibu sería el gran asceta, por un corto plazo, porque esa libertad, está atada a una realidad oscura y tenebrosa. Pero no saltemos de un extremo a otro, muchos gozan, he observado, de clamar que la libertad es tan pura e importante que no hay nada que debiera -y haz un énfasis importante en esa palabra-, debiera detenerla. Lamentablemente, querido amigo, no es así.

Supongamos que yo decidiera que el pueblo actúe por sí solo. Sé que estas confundido, te he comentado que yo no debo actuar, lo cual no indica que no pueda hacerlo o que lo haya hecho en algún momento. Pero pensemos en eso, el pueblo decide no más que hacer lo que le plazca, lo que aquella comezón de la libertad le implore.

Observemos esa situación hipotética. Dime, ¿qué es lo más terrible que podría pasar? Sé que lo estás pensando, es lo que pensamos todos, es lo que Bosco piensa, yo pienso, y lo estás haciendo allí también. Que una persona termine con la vida de otra, si ponemos prioridad a la libertad, todos son libres de morir como de no morir. Pero, soy libre a la vez de provocar la muerte de alguien como de no hacerlo, y lamentablemente provocar mi propia muerte como no hacerlo. Y es sólo un deseo fuerte, suficientemente fuerte, como el haberse sentido humillado constantemente por la otra persona toda la vida, o mismo un recelo guardado, rencor, el que sea; se apodera de nuestro órgano insensible y no hace más que poseernos y cometer su acto tan anhelado. Pero, por qué necesitamos que eso esté permitido. Al menos eso he observado, hay algo en nosotros que provoca el cambio, cuando observo, veo una stasis mental.

Quizá, puede que sea el remordimiento, todos lo sentimos alguna vez; imagínate en el momento de cometer un acto de semejante maldad, impureza, estupidez y desazón. ¡Ah!, pero el efímero sentido de relajación, de haberlo logrado, eso sí que no tiene precio, ¿cierto? Observa mi observación, nos encontramos ante un dilema, un dilema moral, ¿es aquel el punto de oblivion? ¿De stasis?

Sé que ya lo has pensado, toda libertad está sellada; todos poseemos condiciones, no es posible que no haya acto con repercusión, y esa repercusión es libre de suceder como de no suceder; pero aunque no haya repercusión, sigue siendo una repercusión. No es necesario que reine el fuego alrededor nuestro cuando cometamos ese acto tan inhumano, tan antinatural; porque el sentir fuego de forma corpórea no contiene el mismo calor y sufrimiento que hacerlo en nuestra alma; en aquella parte nuestra que nos hacer ser quienes somos, pero a la vez nos recuerda que no somos sólo estas manos que observo cuando me confundo, o este hermoso akita dorado que se recuesta y respira profundamente a mi lado.

Haz la prueba, no te prives de tu libertad, haz algo de lo cual quieres saber cómo es; tírate de un acantilado, o incluso da un cabezazo a una ventana; no lo harás, o quizá si, espero que no. Yo podría colgarme del árbol, desvestirme, y empezar a gritar desde la copa; hagamos todos aquellos actos que alguna vez quisimos saber cómo es actuarlos. O no, sabes qué, no los hagamos, y no hagamos lo que hacemos, simplemente no hagamos nada. No observaré, me taparé los ojos; pero, estoy observando la oscuridad ahora. Mis ojos no se cierran, son los párpados que se juntan, mis ojos simplemente observan la oscuridad; voltearé mi cabeza al sol, ahora observo la oscuridad más horrenda de todas, la oscuridad de un idiota; un idiota que pretende ser capaz de no observar, de no cumplir con su tarea.

Aquella libertad, no puede ser pura, porque el hombre por más imbécil que sea, por más autodestructivo y elocuente, tiende al bien; y ya tender al bien indica que nuestra libertad está condicionada. Sé que lo piensas, así que dilo en voz alta, así te escuchas y sonríes al tener razón, que hay de quienes observas cometer actos de injusticia y maldad. Pues bien, mi querido amigo, aquellas personas siguen estando condicionadas; verás, aunque uno fuera por el largo e iluminadamente oscuro camino de la vida cometiendo atrocidades; digamos matar por deporte, cazar personas, alguien bien malo y horrendo; ya el hecho de que uno lo hace "por deporte" es algo que percibe como un bien; propio, pero es un bien, algo que lo impulsa. Exactamente, él es libre de hacerlo y es por ello que lo hace, pero si no le hiciera bien, no lo haría, aunque fuera y será siempre libre de hacerlo. Y bien, por qué nosotros no terminamos con toda esta masacre imaginaria, vayamos todos, Mibu, Bosco, nosotros, y de un golpe exquisitamente artístico se acaba todo. Qué sucede ahora, nos cunde la angustia, el desamparo, el dolor, la batalla moral comienza nuevamente. ¿Lo hicimos por nuestro bien? ¿Realmente es un bien personal lo que hicimos? No, no, fue por aquel bien que llamamos mayor, salvamos futuras personas que ya sabemos habrían muerto. Pero, hemos extirpado al alma del cuerpo, hemos matado a una persona, ¿eso sigue siendo un bien común? ¿Cómo lo determinamos?

Según mis observaciones, no tenemos alternativa más que actuar libremente bajo parámetros. Como este pueblo que observo, ellos no pueden ir más allá de esta colina, la neblina los detiene, y yo no permito que la neblina se densifique para no dejar de observarlos, y tú ahora lo estás haciendo conmigo. Querido amigo, aquí bajo el árbol, sobre la colina, somos libres de observar y dejar de hacerlo, y aquellas personas son libres de ser observadas y dejar de hacerlo; y ninguno de nosotros quiere cometer aquel acto de libertad que ahora mismo pensamos todos. ¿Y sabes por qué es? No, yo tampoco lo sé, no he sido capaz de descifrarlo y no creo nunca hacerlo. Pero ¿sabes qué?, tratemos de observarlo juntos.


Nuestra libertad es algo verdaderamente hermoso y que causa confusión de forma inevitable cuando se la analiza; pero vayamos por partes querido amigo. Pensemos en la creación de una pieza musical, pensemos y observemos a aquella persona en lo bajo que planea expresarse de forma artística y bella, de sacarse aquellos pensamientos más oscuros y deleitantes que su órgano insensible desea en todo momento sentir; y hacer sentir. Quien está a punto de comenzar su creación, es libre; sí lo es, realmente lo es. Es libre de hacer una pieza de un estilo o de otro, y también lo es de no hacer nada, de no animarse, y que sólo quede en su cabeza y en su espíritu la resonante música que alimenta sus sentimientos; pero algo que es innegable es que aquella pieza musical está vigente, y tiene vida.

Lo que yo observo, es que la libertad es como un fuego, un fuego tímido y olvidado; el cual no daña ni se expande, está constantemente vivo y calienta nuestro ser; pero es un fuego que una vez que es alimentado, no hay vuelta atrás. En el momento en que aquel músico desee comenzar la escritura o formalizar su visión, deberá continuar, en algún momento deberá continuar; o deberá desear dejarla sin terminar; pero tendrá una libertad limitada a opciones que conlleven el destino de la pieza musical.

Es algo complejo, y como lo observo, no podemos hacer nada con ello, y ¿sabes por qué? O al menos tú, Bosco, ¿sabes por qué?

"-No, explícanos".

Desearía poder hacerlo; pero mis observaciones quizás ayuden al dilema. El fuego, la libertad, nuestro canal de agua que fluye en nuestro ser y nos impulsa es su propio límite. El único momento en que somos libres es aquel instante anterior a tomar una decisión. Pero, cuál es el propósito de la libertad si hay una decisión a tomar, es inevitable que ya estemos destinados a tomar una. Pero todos poseemos ese momento, ese ahora en el cual nos sentimos completamente libres y las opciones nos aplastan el cráneo de forma tal que la presión aumenta y decidimos; y decidimos, amigo, y se acabó nuestra libertad.

Este instante, este ahora el cual es un punto que recorre el tiempo y llamamos vida, es la vida misma; la libertad dejó de ser libertad en el momento en el que con nuestra voluntad decidimos suprimirla. La voluntad de alguien que desea ser músico, es el fin de su libertad para no ser músico, lo mismo al comenzar la escritura de sus sentimientos. ¿Entiendes a lo que me refiero?

Ahora, en esta discusión, ya me has vestido, ya me has dado un género, o quizá no, quizá soy un monstruo, o un ocelote, o una personificación de alguna persona que conozcas. Ya me has dado una voz, una voz en tu cabeza, femenina, masculina, pero he de poseer una voz en tu cabeza. Y me pregunto yo, ¿lo has premeditado? Porque fuiste libre de haberme vestido de lo que sea, no dado sexo alguno, quizá ni te estás esforzando por recrear este árbol hermoso y esta niebla bajo mis pies, bajo esta colina donde nosotros estamos en observación plena, o mismo ni a Bosco lo has imaginado; o quizás ahora deseas no hacerlo, bien, pero ya no será lo mismo, ya has trascendido ese límite de tu libertad, ya has optado; y aunque así no lo hayas premeditado, lo has hecho. Es algo verdaderamente cautivante, ¿cierto?

"-¿Cuál es el límite de nuestra libertad, dónde es que frenan nuestras opciones?"

Esa es una cuestión que nunca he llegado a discernir en todo este tiempo en el que me he sentado a observar. Pero, pensemos en la vida misma, es algo hermoso, ¿cierto? Pensemos en la vida misma y en el utilitarismo; qué cosa más bella. A este árbol bajo el cual estamos disfrutando de su fresca sombra, estos pastos calientes y húmedos que bailan al danzar del instante del tiempo, nosotros les damos la utilidad, pero ellos simplemente se ocupan de su instante; de su sol, y de su agua; mismo de su aire.

El árbol bajo el cual nos estamos situando y conversando, en su vida se ha fijado en nosotros, la naturaleza tiene un ritmo de vida de lo más hermoso y frenético. Nosotros somos quienes le damos aquellos atributos de antes, ahora, y después; pero el árbol sólo se fija en el ahora. Nosotros nos situamos bajo su frondosa copa, y él ama nuestro oxígeno y nosotros su sombra, su humedad, su calma, su ritmo y su música, de la más única en combinación con los vientos que soplan. Pero mañana podríamos no estar, y el árbol recibiría menos oxigeno; pero no recordaría nuestro oxigeno previo, se acomodaría al de ahora. Aquella nostalgia es propia de nosotros.

"-Yo te extrañaría."

Eso es lo que me confunde, tal vez porque sea diferente no quiere decir que nosotros poseamos una virtud mayor o jerárquicamente estemos en una situación superior; la sabiduría del árbol es de lo más profunda, su calma y su estado firme y fuerte. Pero la naturaleza no se fija en el pasado, ni tampoco en el futuro, la vida misma se trata de aquel punto que recorre esta línea que nosotros llamamos tiempo, una línea sin rumbo y sin firmeza que puede terminar en el momento en que dejemos nuestros parpados caer por una última vez. La naturaleza no piensa en aquel futuro, es el futuro, es lo que provoca en nosotros la expectativa presente de aquel futuro.

Entonces es cuando observo que nuestro paso por aquí es valioso para nosotros, la naturaleza sacará provecho en cuanto no la lastimemos; y si lo hacemos, aun así convivirá con nuestro sufrimiento inducido. Pero en el momento en que no estemos más aquí, que no seamos capaces de observar más nada de este estado de nuestra consciencia, simplemente la naturaleza seguirá su paso.

Lo sé, sé que lo piensas, ¿cuál es nuestro valor entonces? ¿Sería lo mismo decir que alguien que causa sufrimiento y destruye la sabia naturaleza no lo haga más, que no hacerlo?

¡No! Y lee esto con fuerza, y grítalo, y expúlsalo de tus pulmones como si tu alma lo expresara: ¡NO! La vida es hermosa, y hay que respetarla; la vida es una, porque es la única que conocemos en este movimiento hermoso, en este ahora, en este mismo momento que se escurre de nuestras manos como arena. Aquella libertad tan bella y excitante como la conocemos, termina en la libertad del otro; y despreocúpate porque la naturaleza misma sabe cómo erradicar aquello que no desea en su plano; en su instante.

Todo parásito, todo causante de dolor, todo destructor de paz, tiene un propósito, y piensa en el humano como una múltiple herramienta que la naturaleza utiliza; y nosotros causamos un dolor tan fuerte, y somos tan idiotas de creernos tan libres que somos capaces de matarnos los unos a los otros. Y es cierto, hay veces que la única solución es la terminación, de forma plena, completa, y asegurarse de que no haya otra situación así. Pero, mis queridos amigos, mis observaciones muestran que esto no es más que una razón para demostrarnos cómo estamos envenenados y poseídos por nuestra libertad de pensamiento, nuestra libertad de creernos libres; libres de nuestro lado que se conecta con el instante, libres de nuestro estado de animal, de nuestro principio de preservación, libres de nuestra necesidad de consumir. Está en nosotros el hecho de matar; y sí, lo he dicho al fin, matar; palabra cruel y sin sentido; matarnos entre hermanos, ser tan irrespetuosos de la vida misma; faltarle el respeto a nuestro pasado, y a nuestro futuro, a nuestra misión que la naturaleza, que el Todo nos tiene preparados para cumplir.

Y sí, yo también lo he pensado, esto no tiene sentido; mismo si uno observa cómo la naturaleza se alimenta de nosotros de forma constante, somos más que un postre que lleva un tiempo de preparación; y así mismo yo he observado que a veces la única solución es terminarlo todo; pero que la vida es algo hermoso.

Pues verás, mi querido amigo, la vida es tan única y pretenciosa que lo único que hay que hacer es vivirla, bailar al ritmo de su música, amigo, y no atentar contra su música. En el momento en que nuestra noción de libertad nos provoque sucumbir y proponer nuestro ritmo, nuestras sensaciones, nuestro compás, la vida nos virará la cara y se desatará un ritmo creado por el hombre y su egocentrismo, su incompetencia de creerse competente, y sólo nos mataremos entre nosotros, y estaremos atentando contra la naturaleza; pero ella no se preocupará, porque sabe que no estamos aquí para quedarnos, siente que lo único que logramos con nuestra ignorancia acerca de este estado de la consciencia es lo que provoca nuestra propia destrucción; y así será, y así terminará todo en el momento en que deseemos proponer un ritmo creado de forma incorrecta, sin comprensión. Y la naturaleza simplemente se reconstruirá en ese instante, y sabrá que todo ha pasado.

No debemos ser incrédulos, y así lo he observado, debemos estar en contacto, consumirla, beberla y sentirla, saber de qué se trata todo esto; y ser felices de estar en este momento, en este instante, no tener miedo a que se acabe. Piénsalo amigo, pensémoslo, delimitemos nuestra libertad a pensar lo hermoso que es esto. ¿Qué posibilidades hay de que esto exista? ¿Dónde está la libertad de la naturaleza para ser diferente? ¿De qué le sirve si es hermosa en todo aspecto, tan viva, tan fugaz? Imagínate lo que será aquel otro mundo que espera que arribemos, aquel otro nivel de nuestra consciencia; la naturaleza es sabia, y nos lo demuestra; cuando vemos el cielo, cuando miramos abajo, cuando comprendemos que estamos flotando en un espacio de infinitud y vacío; ¿Por qué habría todo de terminar aquí? Simplemente, sería no ser libres de pensamiento, y créeme que de pensamiento es de lo que más somos libres, mi querido amigo; o, al menos, así es como lo observo yo.

La verdad, es que esto recién empieza, y prepárate, porque aquí, bajo el árbol, sobre esta hermosa colina; observaremos muchas cosas.


Sabes, algo que siempre me mantuvo inquieto es la tendencia natural del universo que habitamos hacia el amor; hasta en el menor y más minúsculo de los casos, hay una tendencia imperturbable, de forma natural e inconmensurable para dar con aquello que el amor nos impulsa a obtener. Incluso el amor mismo. Ciertamente, bajo esta colina es fácil observar aquellos actos los cuales simplemente son por amor, amor al amor, amor a amar y a sentir dicho amor. Entonces, me he planteado dos cuestiones que quisiera contarte para que también las pienses y quizá llegues a algo más que el planteamiento al cual yo he llegado.

Pensemos en este árbol, su forma es perfecta en su imperfección, claro está; obviamente, podría ser de lo más recto, y en ese caso no tendríamos sombra donde reposar. Pero no es así, en esta colina el sol ilumina de una forma tal que el sabio árbol debe inclinarse y retorcerse para dar con él, para alimentarse de él; gracias a esa tendencia al amor, nosotros tenemos la sombra para poder disfrutar del paisaje y observar. ¿Es el amor el bien puro? Pues claramente no hay discusión alguna de que así lo sea, pero el camino a ese bien, a esa sabiduría conlleva aquellos pequeños males necesarios; y es así como la naturaleza lo pretende. Claro está que las hojas de este frondoso árbol no son más que amor, amor y culto al sol y a la lluvia, a la tierra, a la naturaleza pura; pero, lamentablemente, estas bellas hojas tienen una caducidad, algunas más que otras, pero todas, una por una, se libran de las ramas y caen al suelo, y nutren a la tierra.

Sabiamente, este acontecimiento que pasamos desapercibido es la muestra del amor y sus males necesarios; pero el bien ulterior a estos males es lo que resuena. Entonces, es ahí donde uno se cuestiona: ¿En dónde se encuentra nuestra libertad, que tanto apreciamos y estamos certeros de poseer? Uno primeramente piensa y observa todos aquellos casos en donde uno puede decididamente obrar el mal, y no obtener ningún beneficio alguno; pero, ¿es así?

Sí, lo es, lamentablemente lo es; pero todo mal provocado tiene una pequeña cantidad de bien; y eso es innegable, es necesariamente posible. Entonces me pregunto, querido amigo, y no he logrado observar, si el amor no es más que una tendencia independiente que lleva al bien, si el mal simplemente es una ausencia de bien. ¿Es el amor un camino, o es él camino? Pues no lo sé, y lo he pensado e intentado observar pero nunca he podido sustraer la esencia del amor como tal, siempre hay un bien, siempre, en todo momento, tiene un objetivo que se fija en el bien; y cuando se comete una atrocidad, un atentado contra el fuego que nos une, es por una falta de amor, una falta de bien, no hay un objetivo claro; simplemente es un instante, un pequeño ahora, una ventana a caer en las oscuridad plena.

Amor, bien, mal, odio, oscuridad y luz; son la esencia de este estado que observamos. Uno podría ser categórico, y ordenar por bien, entonces la luz y el amor se encontrarían por un lado, mientras que la oscuridad y el odio por el otro, ¿correcto?

"-Ciertamente, amigo".

Sabes, Momo, ahora te llamaré de este modo si no te molesta; yo no lo veo así.

Si fuese tan simple la división de los principales impulsores de la vida, la alimentación de nuestro fuego, no habría bien alguno que saliese del mal, ni luz alguna en la oscuridad. Y no es así, en la vida hay una constante unión de fuerzas, es una danza apretada y reñida; pero no deja de ser una danza, no hay tal batalla, es algo más gentil, más sabio, menos feroz de lo que uno pretende.

Comúnmente, uno pretende sentir que todo es un gris, o mismo un limbo, o mismo un camino; pero yo lo veo como una oscuridad repleta de luz; como un camino en donde hay múltiples bifurcaciones.

Y en esta danza, el ritmo que resuena es el ritmo del silencio. ¿Alguna vez has escuchado el silencio? Es de lo más bonito; cómo silban los árboles, cómo se mueven los pastos, caen las rocas y rompen las olas; eso es el silencio, es el constante movimiento, la constante danza entre aquellas fuerzas que sentimos y nos llenan de alegría; aquel momento que levantamos nuestra quijada y observamos el cielo, esplendoroso y lleno de poder; y jamás pensemos que nuestro poder es mayor, que nuestros puños atraviesan montañas y nosotros decidimos el ritmo ante el cual las fuerzas bailan.

Sabes, creo que no hay nada más hermoso que la lluvia; que la tormenta que sucumbe la tierra, donde el árbol siente un ritmo alto, frenético, donde se mantiene lo más firme que puede, donde cubre a los pajaritos y ellos con su canto no hacen más que asegurarse de su bienestar; donde todos aquí abajo huyen y se refugian; aquel momento que sentimos ese miedo mayor, esa falta de seguridad, impotencia a hacer algo, incomprensión a lo que se avecina. Ahí observamos el instante tal cual es, lo vivimos, lo sentimos, y lo amamos; los perros ladran y desafían a los truenos, a los relámpagos, pero se mantienen seguros, se mantienen a nuestro lado; la naturaleza sabe que es un momento de cambio, un momento de asunción, donde debemos resguardarnos porque algo hermoso se acerca, muestra su ritmo.

Pensamos, muchas veces, cómo es la furia de lo que se encuentra más allá, pensamos que hemos intentado proponer un ritmo y la vida debió subir el suyo para demostrarnos quién se encarga de mover a nuestras fuerzas.

Cuando todo se acaba, cuando la tormenta cesa; es una celebración, los pájaros se bañan en los charcos, el árbol se alimenta de los pequeños rayos de sol; hemos presenciado una vuelta al estado natural, hemos presenciado un apego a las fuerzas, un recuento de puntos.

Pero nosotros esa danza la sentimos dentro nuestro, ¿Cómo puede ser? Pues así lo es, aquellas fuerzas son de la vida misma, y nosotros somos parte de la vida, parte de este estado que observamos y maniobramos. Nuestro sollozo, nuestro canto, nuestro anhelo a la Eternidad, a la Sabiduría, no es más que una danza, un pequeño paso de baile; y debemos ser conscientes de ello, y no debemos caer en la arrogancia, en el creer que somos capaces de manipularlo todo, cuando nuestra libertad no es más que un resultado de un baile que ocurre a gran escala. Debemos ser humildes, y aprender los pasos, mirar nuestros pies y corregirnos; y lo más importante es tener nuestro nexo, nuestra voluntad, nuestra capacidad de decir basta, estamos haciendo algo mal, estamos cayendo en una oscuridad cada vez más profunda, estamos tendiendo más y más a alejarnos de la luz, del bien, del amor.

Todos lo sentimos, algunos lo sentimos más que otros; la soledad, la oscuridad, el calor de nuestro desamparo; tan hermoso. ¡No! De ninguna manera, el calor del amor, del bien, de la luz esplendorosa que nos recubre es incomparable con toda esta oscuridad; y debemos vencerla con la voluntad, debemos decidir cómo obrar, debemos comprender que esta soledad que nos acompaña jamás desaparecerá, y debemos lidiar con ello; en todo momento que nos regocijemos de la luz, comprendamos que la oscuridad sigue vigente, que la oscuridad gobierna este estado; que la luz es simplemente la esperanza y nuestra manera de cerciorarnos de que hay algo más en este constante baile del cual somos partícipes.


Mi verdadera pregunta, mi querido amigo, es por qué permitimos muchas veces que sea el mal quien paute el ritmo de la agradable música de la vida; y, sabes, por como lo veo yo, el mal tiene la respuesta más rápida, es falaz, agradable, sencillo; el mal simplemente se sabe vender, sabe mostrar unos pasos abismales, salvajes y divertidos. Pero, mi querido amigo, no bailes con él, recházalo y vira tu mirada a otro lado; porque, verás, el mal pretende que solo lo puede todo, que no necesita a su pareja, el bien, para moverse, que con su ritmo puede. Pero el mal se encuentra solo, aislado de todos a su voluntad; pero no con necesidad simplemente de demostrar superioridad, arrogancia; y siempre observa cómo el bien, solo, trastabilla, no puede dar aquellos pasos acompañados, nota que le falta algo. El balance debe ser reestablecido, y ahí es donde la cuestión comienza a oscurecerse.

Es verdaderamente doloroso ver cómo el bien ha perdido su ritmo, y desea traerlo de nuevo consigo, desea dictar el paso de la música. Y para ello necesita al mal a su lado, de forma controlada, saber que lo domina de forma imperiosa. Aun así, ¿cómo seremos capaces de tomar el mal y ponerlo en su lugar, sin ejecutar otra cosa que mal; sería un mal necesario, como hemos establecido? Realmente no lo sé, sólo observo y reflexiono, mi certeza es incapaz de dictar los parámetros de dicha cuestión; pero algo hay que hacer, e ignorarlo no es una opción; porque el odio al ser ignorado crece de forma exponencial, se alimenta más, le das razones para comportarse como lo hace, y eso no tiene ningún bien; solamente demostrar la necesidad de paz, equilibro en la naturaleza, en el instante, en la vida, lograr el balance y dejar que el bien siga con su ritmo paciente y ordenado.

De todas maneras, a veces Momo decide jugar, decide comportarse mal, a veces yo decido gritar, o enojarme por la impotencia de estar en esta situación; y es claro que del otro lado de estas páginas sucede lo mismo. A veces el balance significa también dar lucha, recibiremos una resistencia, y creo yo que eso es lo más importante. En el momento en el que decidimos apartarnos y someternos a la oscuridad, debemos saber que hay un escape, que hay un bien luchando para recuperarnos, pero hay un punto en el cual ya no hay vuelta atrás; y es cuando decidimos cerrar los ojos ante la luz, que no aceptamos la bondad y el amor como foco cenital de nuestra vida, y decidimos estar a oscuras a nuestro gusto.

La introspección es importante, querido amigo, y en ella hay que explorar todos los confines de nuestra mente y de nuestro cuerpo; conocer nuestros límites sí, pero no ser idiotas. Siempre que nos encontremos en un lugar a oscuras, en aquella soledad tan fuerte, en donde simplemente nos encontramos nosotros con nosotros mismos, nunca dejemos de ver de reojo a la luz, sepamos su distancia, reconozcamos su calor; ello es lo más importante. Sí, exploremos la soledad, sintámonos solos y sepamos cuáles pensamientos tan oscuros se encuentran en nuestra mente, qué somos capaces de hacer con nuestro cuerpo; y créeme, se sentirá bien, hermoso, habrás descubierto una nueva parte de tí.

Pero no te engañes, porque es justamente lo que el ritmo del mal hace, te engaña, y plantea una hermosura que sólo ve una instancia, no se puede observar qué hay detrás de ella. El mal obsérvalo como un biombo el cual infunde oscuridad y detrás asemeja tener luz pero simplemente hay más oscuridad, y no te permite ver qué se encuentra del otro lado. El recelo, la ira, la desesperación, sólo buscan aquel relaje mental instantáneo, por su naturaleza misma, no reconocen el futuro, o el pasado, sólo reconocen el estado actual; aquel odio profundo que incita a nuestros actos a someter al bien y establecer nosotros el compás de la música; y, mi querido amigo, eso no hace más que provocar dolor. Siempre recuerda que sólo una cosa es lograda a sobre pensar y sobre analizar, y ello es separar la mente de nuestro cuerpo, creernos más mente que animal, sobrecargarnos de pensamientos y olvidar nuestra conectividad con el universo, con esta naturaleza que vivimos.

Siempre recuerda que hay una salida, pero la debemos aceptar, debemos sentir aquellos nexos que nos unen al amor, todos tenemos varios y uno importante, aquel nexo que con el tacto más ínfimo volvemos a la realidad, aquella sonrisa observada con el cual simplemente nuestros corazones exhalan todo mal de ellos; pero recuerda que estos nexos son ajenos a nosotros, no somos nosotros, no somos nuestras creaciones; estos nexos son personas que nos aman, a quienes amamos, animales que son amor puro; estos nexos son la belleza de estas tierras, de este árbol, de esta colina, de esta niebla, de aquel arroyo.

Es inevitable pensar en semejante belleza, en darnos cuenta de nuestra sensación de soledad acompañada, de sentirnos minúsculos ante algo mucho más grande que nosotros; y esa sensación nos llena de vida, nos hace enfocarnos en el amor, en el bien. ¿A quién le importa un instante de odio, de ira, cuando todo lo que nos rodea es un instante muchas veces más grande que ese?

Pero debemos sentirlo, debemos explorarlo, no debemos ignorarlo ni olvidarlo; pero nuestra humanidad lo requiere, es aquello que nos mueve y demuestra nuestra posesión más grande de todas. Un alma, el alma conflictiva, pasional, estúpida, que no piensa, que simplemente actúa en este mundo, en este estado de consciencia; un alma que lo es todo, un órgano que no podemos observar de forma pura, podemos sólo sentirlo; un órgano insensible que sólo acalla cuando se enfrenta a la voluntad; jamás ignores el sentimiento de lastimar el alma, reconoce el último recurso de odio, de mal que tiene el ser humano. Debes mirar a aquel sentimiento dentro tuyo y acallarlo; simplemente acállalo y destrúyelo; porque el deseo de lastimar el alma de otra persona es lo más fiero y malvado que alguien debe poseer, que alguien debe reconocer. Destruir la voluntad, destruir todo lo que nos define, el amor, la potencialidad; lo estamos lastimando todo; y sí, muchas veces nos vemos lastimados en ese aspecto, y créeme querido amigo, es un dolor inmenso. Porque no sabes de dónde agarrarte, sientes un dolor que se escapa en lágrimas, que se presenta en este mundo físico, pero no viene de aquí, es un tacto frío y cálido a la vez, un tacto puramente sentimental que lo hace con una frialdad tan dura, tan quebrante.

Y eso mismo es lo que debemos sentir, lo que debemos lograr en nuestra inspección, conocernos y conocer al hombre como tal; y es por eso que nosotros no podemos establecer un ritmo en la música de la vida, porque sería un ritmo ficticio, que representa algo que no conoce, que nunca saboreó, que simplemente intenta asemejarse a lo conocido, pero nunca podrá irse más allá en esta realidad que vivimos, porque nosotros estamos en el medio, en un limbo que nunca conoceremos con certeza.

Entonces es donde debemos reconocer que aquí no somos quien manda, somos quien sobrevive, somos alguien que se hizo conocido con el correr de los tiempos; pero la naturaleza nunca dejará que nosotros dictemos el tiempo de algo mucho más grande que nosotros mismos, nos consumiremos los unos a los otros. Debemos respetar este mundo y sobrevivir en él, conectarnos con él y aprender de él como ya lo hemos hecho en su momento.



Carta al órgano insensible



Una vez más nos volvemos a encontrar, órgano insensible. Una vez más estoy arrodillado ante tu dolor, ante tu pasión. Una vez más me haces sentir ese sufrimiento en aquella parte de mi ser que no puedo tocar, cobarde. ¡Preséntate! Muéstrate maldito, te estoy rogando que te muestres, que me digas dónde estás, no te me escapes. Solo te atreves a irte en las lágrimas, en la furia, en el cólera, en la desesperación; solo te haces presente en aquellos momentos que no tengo ganas de volver a sentirme humano. Arrogante, permíteme tocarte, sentirte por una vez; saber dónde te encuentras para poder detenerte, para no alimentarte más. Tu glotonería egocéntrica, te detesto, te aborrezco, no quiero saber más nada de este sufrimiento tedioso; ¡Quiero dejar de ser humano! ¡Quiero dejar de ser! Aléjate de una vez, por favor, te lo ruego.

Tu insaciabilidad es lo que más desaprecio, te alimentas de la razón, del pensamiento; te alimentas de aquellas memorias apasionadas. Estás en constante crecimiento, nunca te es suficiente, no. Siempre quieres más, y más; ¿cuánto más quieres de mí? No puedes mirarme arrodillado ante tu dolor, ante tu pasión; sacas lo peor de mí, me haces tambalear, me haces tomar decisiones estúpidas. Controlas mi ser, mi existencia, y tienes la cobardía de aparecerte en aquellas situaciones que muestran finitud. Ya no sé cómo dominarte, he perdido tus estribos, he caído en la cuenta de que no sé nada de tí ¡Nada!


Este dolor, este sufrimiento que tanto te gusta implicar en mi cuerpo, en mi mente ¿A qué se debe? ¡Respóndeme maldito! Ya he perdido el control de la razón, has tomado el poder, tal como tú quieres ¡Ahora qué! ¡Qué quieres! Dímelo de una maldita vez, egocéntrico, exprésate, aparécete. Abandona esa dimensión aislada, muéstrate en mi mundo, deja de hacerme sentir dolor, déjame atraparte y sanarte. El tiempo no lo curará, no te curará; porque donde está aquella herida que hoy cierro, se abrirá otra, y tú no harás más que verme sufrir, riéndote, en tu insaciable deseo de demostrarme que tan hombre soy.


Déjame ser perro, déjame enamorarme del amor, deja de pedir más y más recuerdos para regodearte en tu salsa ¿No te das cuenta que ya no me queda nada? No te me escapes en aquellos poros, no me muestres mi vulnerabilidad. Eres poderoso, todos los sabemos, hasta el más fuerte hombre sucumbe ante tu intrascendencia; pero eso no te basta ¿No? No, claro está; tú deseas demostrar tu poder, mostrarnos que la razón no se vale de nada ante la humanidad, ¡Tú eres la humanidad! Nadie lo ve, pero yo sí; ya te conozco, y tú a mí. Ya me has controlado, ya me has hecho explorar tus formas, tu irascibilidad. Ya me has hecho arrodillarme ante el llanto, arrojar bronca, sentir traición, pasión ¡Amar! ¿Y todo para qué? Para regocijarte en mi dolor, para regocijarte en mi condición humana, para demostrarme cómo la razón, el pensamiento que creemos ser virtud, solo alimenta más tu longitud, eres detestable; eres frio y sin piedad. Solo tu creador tiene esa misericordia para acallar mi llanto, pero ya he decepcionado hasta el más último de sus acólitos.

Trato de dominarte, de calzar las espuelas, pero te me escapas como un bronco enfurecido, me das asco ¿Cuál es tu punto en esto? ¿Qué quieres lograr con esto? Ya he aceptado tus términos, ya me he rendido ante ti; no sé qué más hacer, estoy solo, y en ésta soledad tediosa y melancólica solo encuentro en ti una risa macabra al ritmo de "Te lo dije".

Pero no soy ningún estúpido, porque tu profesas tener razón en algo que no es cierto, tú fuiste quien me dijo que avanzara, que nada malo habría de pasar, tramposo. Tus planes me repugnan, tu contradicción, no tienes memoria, no eres memoria. Eres momento, eres ahora, ya, eres atemporal; el tiempo no te interesa más que como un alimento para crecer en tu regocijo, solo te interesa la pasión, el sentir. Pero sin ti no puedo sentir, y eso es lo que más me hace reventar de bronca, todos te tenemos, todos nosotros; los animales te tenemos. Pero tu viveza para saber cómo alimentarte de nuestra condición de hombre...ah...Esa picardía, es lo que a uno le hace sentir esa traición, acallado en el fondo esperas hasta el último instante para hacerte notar en tu forma total de pasión. Previamente solo dices "adelante, estás en lo cierto", "ve por ella, ve". Pero es solo tu plan para recibir ese pago con monedas de dolor, de llanto y desesperación.

Pero tu juego se acabó, mi voluntad por derrocarte ya es lo suficientemente grande para decirte ¡Basta, hasta aquí es donde llegué! ¡Éste es el límite! Cobarde, traicionero, la voluntad te derroca, te hace temblar las piernas, ¿No? Sí, eso es; mi voluntad por adentrarme en tu mundo y gritarte a tu oído que todo se acabó, que ya he aprendido a subsistir en tu sufrimiento, me he vuelto asceta de tu imbecilidad. Ya no necesito ese bastón de la razón para lucharte, no, ya no soy más un idiota, sé que eso es jugar en tu juego. Mi voluntad por verte dominado, por estar en tu mundo lo es todo; maldito pordiosero.

Y todas aquellas víctimas que no te conocen, que te ignoran y creen que no existes, me apiado de ellas; pero no es mía la tarea para dominarte, para transmitir la fuerza de voluntad; aquella es la tarea de tu creador, del dueño de tu mundo. Él sabe bien de tus juegos, no te creas superior, no generes ese sentimiento en nosotros. Yo ya he aprendido tu juego, ya te dominaré; ya sabré cuando me des aquellas esperanzas, felicidad, cuando te encuentres en ese estado de mentira, de falsedad. Eso solo nos hace olvidar de lo humano que somos; no, tu realidad es otra, tú eres la tristeza, el llanto, la decepción. Pero basta de juegos maldito cobarde, ya he sacado todo de mí, hagamos las pases por última vez; tu ganas, por ahora, tu eres dueño de mi ser, como de todo ser quien te contiene en aquella parte del cuerpo que no se siente, órgano insensible. Basta de llanto, permíteme seguir, que hoy ya soy hombre, hoy ya aprendí mi lección; tú nos hace hombres, la razón solo alimenta, solo te da motivos para crecer; hagamos las pases querido órgano insensible, que mi catarsis ha terminado.



Otoño


El día soleado en otoño es particular, más aún cuando te encuentras solo, en silencio, sin ninguna compañía más que el tiempo, el viento y una meticulosa sensación de calor acompañada con el abrigo que uno lleva puesto.

Es media mañana y tengo hambre, no desayuné y vagamente recuerdo haber cenado algo.

La polvorienta calle por la cual transito, con las manos en los bolsillos de mi cazadora, se siente vacía, solitaria. Se aproxima la hora de salida para los estudiantes de Bachillerato, es semana de exámenes, creo; no logro recordarlo con certeza.

Tengo un único recuerdo vigente de mis días de estudiante. Las horas interminables en las cuales no paraba de pensar en ella.

Su borroso e irreconocible rostro, su voz angelical, su ánimo. Recuerdo mis ansias por llegar a mi casa y hablar con ella, recobrando mi felicidad, mi plenitud.

“Nunca más te voy a dejar”; aquellas palabras hoy en día suenan en mi cabeza, en mis pensamientos. Si tan solo hubiese sido lo suficiente hombre y hubiese tratado de cumplir mi palabra.

Entro a un local de comidas, me dirijo a un lugar recóndito, seco, sombrío. Ordeno un plato de arroz condimentado con una soda.

No logro dejar de pensar en ella, y en cómo la abandoné; cómo me fallé y fui lo suficientemente estúpido para permitirme hacerlo.

Siento al frío calar mis huesos, me cambio a un lugar menos sombrío, cerca del sol; donde puedo sentir su calidez, su cariño, su abrazo que me imagino día tras día de cómo hubiera sido. Sus labios húmedos, imaginarios en mi mejilla, su hermosa sonrisa y su cariño.

Quiero salir de la sombra, ver al sol, desafiarlo; pero no puedo. La penumbra me controla, la desolación, la sombra me superó. Me dejé llevar.

Alguien se acerca, siento un calor familiar, volteo; es la mesera quien deja el plato de comida frente a mí, hago un ademán de gracias hacia ella.

Como, miro por el ventanal. Los estudiantes se dirigen a sus casas, algunos en díadas, otros por su cuenta. Una chica va en bicicleta, algo peculiar en otoño; con tantas hojas y tierra.

Algunos se detienen en el parque, otros corren hacia la estación de trenes.

Saco de mi bolsillo el celular, lo dejo en la mesa. Cierro brevemente los ojos, recuerdo su voz, rápidamente los abro, quiero superarlo, quiero poder olvidarla. Pero mi amor por ella es más fuerte, mi necesidad de recrear mis momentos más felices ganan.

Sin rumbo alguno, me voy del local; preguntándome cómo serían las cosas, mi vida, mi luz, si simplemente no la hubiese dejado, no la hubiese abandonado. Recordando, también, estas mismas preguntas a futuro, cuando era estudiante de último año de bachiller.

No sabré la respuesta, simplemente me la puedo imaginar, con afecto, cariño, amor.

Mi vida no tiene rumbo, no encuentra dirección, porque me aparte de su ritmo, de su compás, de su música. Ahora bailamos distantes, con otros horizontes. Y nunca se volverán a sincronizar.



Jardines


For Fæder, wiđ eall mīn lufan”


-Buenos días Señor Hook.

-Hakisha, qué grata sorpresa verte por aquí, ¿No es un poco temprano para andar trabajando?

-Sí, lo es, pero hoy tengo muchos jardines que cuidar.

-Mmm, veo que mi jardín se encuentra en perfectas condiciones, no tienes que quedarte, ve a cuidar otros jardines, mi coloso se ocupará de mantener distante a quienes tratan de entrar.

-Eso quisiera señor, pero yo no me ocupo de prohibir la entrada ni tampoco a prevenir de que rompan su guardián y revelen su jardín. Yo me ocupo de la maleza, que trata de irrumpir en su precioso espacio, que trata de debilitarlo, volverlo material.

-Entonces, muchas gracias niño, de verdad que eres de gran ayuda para el pueblo.


Hakisha solía ir a la casa del señor Hook a primera hora. Un señor de mucha edad y sabiduría, quién para el niño tenía el jardín más precioso que jamás haya visto antes, lleno de espacios en donde cabía la tierna y cálida luz del sol, un lago rodeado de árboles con copas rosas, que largaban sus flores siempre sobre la orilla del lago. Un jardín siempre cálido, querible y totalmente en donde uno apreciaba estar, descansar y olvidaba por completo el paso del tiempo. Siempre iba temprano, y siempre se encontraba con el Señor Hook meditando.

El trabajo de Hakisha era simple; todos los días atendía los jardines de las demás personas, iba, sacaba la maleza, traía luz, acariciaba las plantas y soplaba los dientes de león recién formados. Todos los días se ponía su sombrero de paja, su bermuda color marrón claro, y su remera de color celeste. Nunca tuvo la necesidad de otra ropa, y ya la gente lo reconocía con esta vestimenta. El niño tenía sus horarios, sus tiempos, e incluso agenda. En la cual las primeras horas del alba las dedicaba siempre aquellos jardines a los que él llamaba “jardines corporativos” los cuales eran los más difíciles de cuidar, tenían mucha oscuridad y necesitaba del apoyo del amanecer para poder hacer entrar los débiles rayos de sol. Por otro lado estaban los “jardines colosales”, que siempre se encontraban en buenas condiciones, y la mayoría ya poseía de un lago o laguna.


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