Excerpt for Por sus llagas hemos sido sanados. Orar por la salud del alma y del cuerpo by , available in its entirety at Smashwords





“POR SUS LLAGAS

HEMOS SIDO SANADOS”


Orar por la salud del cuerpo y del alma




Magnificat


Ediciones - Ebooks




Translator: K. Murciano


















Los mensajes y revelaciones privadas contenidos en este libro no contienen nada contrario a la Doctrina  de la Iglesia Católica. Declaramos que el contenido del mismo no pretende otra credibilidad que aquella que libremente asuman los lectores desde el punto de vista de la fe.






















PARTE I

La enfermedad


Introducción


Capitulo 1

¿Que es la enfermedad?


Capitulo II

La medicina en la historia bíblica


- La mejor medicina


- Jesús el nuevo medico


- La fuerza espiritual


- Ama al prójimo como a ti mismo


- El perdón como eje de sanación


- Jesús autentica conciencia


- El conocimiento, componente vital de la salud













PARTE II

Oración de intercesión a las llagas de Jesús.



Capitulo I

-Enfermedades, dolencias y padecimientos asociados a la llaga de la cabeza

- Oración a la llaga de la cabeza


Capitulo II

- Enfermedades, dolencias y padecimientos asociados a la llaga de las manos

- Oración a las llagas de las manos.


Capitulo III

- Enfermedades, dolencias y padecimientos asociados a las llagas de los pies

- Oración a las llagas de los pies


Capitulo IV

- Enfermedades, dolencias y padecimientos asociados a la llaga del costado

- Oración a la llaga del costado


Capitulo V

- Enfermedades, dolencias y padecimientos asociados a la sangre de Jesús.

- Oración a la sangre de Jesús










PARTE III

La devoción de las santas llagas


PARTE IV

El rosario de las santas llagas


PARTE V

Otras antiguas oraciones a las llagas de Jesús































A los que buscan la luz, y por amor

Al Señor de Señores.
































INTRODUCCIÓN



No fue pensado este libro como un compendio de teología, ni siquiera como un método de oración, aunque en apariencias conjeture serlo. Mucho menos se quiso exponer una mera guía médica de enfermedades, o dolencias varias a la deriva. Muy por el contrario. Se pretendió asociar la enfermedad del hombre a las llagas de Jesús, como cuna de sanación y consuelo para los enfermos.


Considerando que, como escribió Fray Francisco Javier Pancheri en la biografía de San Maximiliano Kolbe: “sólo el amor crea, y sólo el amor es creíble”, una inspiración

en la fe empujó la barca al mar.


En la biografía de muchos santos y santas, beatos, siervos de Dios, hombres, mujeres de fe y, desde la antigüedad, encontramos el poder intercesor de Jesús, especialmente en la devoción a Su Pasión.


A menudo, la repetición de un término hace que se pierda de vista el significado del mismo. Se denomina “pasión” a aquel sentimiento o emoción muy intensa que un ser humano puede profesar por algo o por alguien. Asimismo, las pasiones, no se reducen únicamente a los seres humanos, sino que también tienen por objeto determinadas cosas evidentes, como ser: gustos, preferencias como la música, el arte, el deporte, la vocación -entre otros- que pueden despertar en una persona sentimientos muy intensos.


Pensemos entonces en la intensidad del amor de Jesús. Adentrémonos en su PASION, en su SENTIR por Dios y por su gente.


El término “pasión”, en este caso - y además - se utiliza para dar cuenta de un fuerte padecimiento o sufrimiento, que en Jesús ostenta una especialísima significación dentro de la vida cristiana, ya que de este modo, “Pasión de Cristo”, se designa a los diversos padecimientos físicos y psíquicos que tuvo que afrontar cuando iba camino a su crucifixión y posterior muerte.


Queda en cada uno mirar dentro de los significados y asirlos, descubriendo nuevos horizontes en la comprensión. Es muy recomendable buscar en la propia “pasión”, para que asome humildemente un posible entendimiento.


La devoción a sus llagas, sus heridas abiertas y sangrantes, como “flores fragantes”, según San Francisco, y como “llaves” según San Bernardo, propuestas para la salvación de las almas y el alivio de las dolencias tanto espirituales como físicas, no son un recordatorio masoquista o morboso. Las llagas, las roturas físicas de Jesús, son aberturas, justamente, simbolizan apertura, liberación. Son, en cierta forma, ventanas para mirar la realidad trascendente de la materia, en el insondable misterio de la vida del hombre.


He aquí la potencia de la cruz: su lado visible, el dolor; su lado invisible, la transformación, la restauración, la resurrección.


Su amor total nos es incomprensible; amor hasta la muerte, amor que pasa y sobrepasa el dolor. Amor que sana, amor que traspasa la materialidad para llegar a tocar lo inmaterial de la vida misma, el alma, el espíritu, el corazón de Dios que troca el de piedra en carne. En cada persona, en cada uno de nosotros, se cumple de alguna manera, el proceso crístico.


El amor es una reserva sagrada de energía, y es la sangre misma de la evolución espiritual”, afirma en “El Fenómeno Humano”, el teólogo Theillard de Chardin.


En la vida y en la muerte brilla el camino de Jesús. Desde todos los tiempos, brilla como signo universal del hombre nuevo, un cristianismo centrado en la cruz, sacrificio de amor y redención.


Y desprendida de esta idea, surgió revitalizar significados: el sentido del dolor unido a su Pasión, el mensaje de Jesús como el “nuevo médico”, los textos y las antiguas oraciones a las Santas Llagas, devoción por demás añeja y poderosa, según revelaciones privadas en Chamberi recibidas por una religiosa francesa de la Orden de la Visitación, devoción poco recordada en tiempos en donde es necesario volver a contemplar el misterio del amor de Cristo, para sanear tantas faltas, tantos dolores, tantas angustias presentes en las enfermedades de este siglo.


La pretensión es una apuesta de fe, doblemente arraigada: por un lado en el sentimiento piadoso y misericordioso del mismo Jesús, a quien sabemos receptor siempre abierto de las necesidades humanas; por otro, y desde la fuerza de la oración y la fe, sumar los nombres de las enfermedades de hoy, médicamente reconocidas, los padecimientos, los sufrimientos espirituales, bogando por una medicina humanizada y humanizante, que sea verdadero instrumento de Dios, como si el mismísimo doctor de cuerpos y almas que es EL, nos dejara que nombrásemos cada una de nuestras dolencias en la intimidad de un consultorio real, donde cada paciente es atendido por un médico y por Jesús, con dedicación personal.


Así he propuesto mi trabajo compartido, confiando siempre en la asistencia de la luz y la verdad, que es Jesucristo mismo, a quien se debe esta inspiración, humilde y provechosa, no solo para quien escribe estas palabras, sino para estos tiempos en que las enfermedades del cuerpo y del alma parecen apresurarse en la búsqueda de la única fuerza posible para superarlas: la fuerza de la fe en Dios.


Vivimos tiempos de duda, incertidumbre, inestabilidad, lo que equivale decir a tiempos de “enfermedad”.

Tiempos en que se ultrajan los valores vitales; tiempos agresivos como el cáncer; como las contusiones del desamor.

Tiempos en los que se desprecia de todas maneras a Dios y al mismo ser humano; tiempos de violencia y terror en los frágiles cuerpos de hombres, mujeres y niños abatidos por el estrés, por la indignidad de las condiciones sociales; por el exceso de comodidad de muchos y por la apatía e indiferencia generalizada de otros.


Tiempos de enfermos terminales en los extremados contrastes de clases, en el excesivo interés material, en los problemas de relación; en la falta de tiempo para el contacto con las cosas esenciales. En la opresión crece la enfermedad, en la naturalización de la locura, en la ignorancia emocional, en creencias tóxicas de las que renegó el mismo Cristo al confrontar con el fariseísmo y con los idólatras de su época.


Jesús vuelve a rescatar a cada alma que se abre a su gracia, para salvarla como aquella vez de las calamidades tan parecidas: los embistes del mal, las turbulencias del “demonio”, entendiendo como tal a la desesperanza, el desaliento, la incomunicación y las graves consecuencias que traen en la disociación espiritual, mente y cuerpo.

Es posible unir las aguas de dos ríos maravillosos: oración y medicina.


- “Qué quieres que haga por ti?” preguntaba Jesús a sus enfermos, esperando de cada uno su respuesta personal.


Invoquémoslo como en aquellos milagros, por las calles de Palestina, milagros que hacía con sus benditas palabras, sus benditas manos, su conocimiento total sobre la aflicción humana y sobre todo, presentarle las enfermedades y padecimientos, para que el poder intercesor de su amor eterno sea el remedio necesario en cada situación.


Porque hasta su propio dolor físico ofreció, su propia muerte, con sus imborrables marcas, donde todos hemos de resucitar para la vida, y porque “por sus Llagas hemos sido sanados”.



Magnificat

























PARTE I


¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD?



La enfermedad (palabra que deriva del latín y que significa "falto de firmeza", es un desequilibrio integral, físico y emocional de la persona.


"La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz." (Mat.6:22.)


Jesús utiliza un ejemplo material, el ojo físico, para transmitir verdades espirituales. Se refiere a la vista espiritual, lo que llamamos “conciencia”, que nos ayuda a ver con claridad, a discernir y mirar con simpleza todo lo concerniente a la vida espiritual.


Desde tiempos inmemoriales y en todas las civilizaciones, la espiritualidad y la salud estaban relacionadas. En Israel utilizaban tanto las hierbas medicinales como la oración en la cura de enfermedades.


En Eclesiastés 38, encontramos un texto particular que destaca la función espiritual del médico.



Honra al médico por sus servicios, porque también a él lo ha creado el Señor.

La curación procede del Altísimo, y el médico recibe presentes del rey. La ciencia del médico afianza su prestigio y él se gana la admiración de los grandes.

El Señor hizo brotar las plantas medicinales, y el hombre prudente no las desprecia. ¿Acaso una rama no endulzó el agua, a fin de que se conocieran sus propiedades?

El Señor dio a los hombres la ciencia, para ser glorificado por sus maravillas.

Con esos remedios el médico cura y quita el dolor, y el farmacéutico prepara sus ungüentos.

Así, las obras del Señor no tienen fin, y de él viene la salud a la superficie de la tierra.

Si estás enfermo, hijo mío, no seas negligente, ruega al Señor, y él te sanará.

No incurras en falta, enmienda tu conducta y purifica tu corazón de todo pecado.

Ofrece el suave aroma y el memorial de harina, presenta una rica ofrenda, como si fuera la última.

Después, deja actuar al médico, porque el Señor lo creó; que no se aparte de ti, porque lo necesitas. En algunos casos, tu mejoría está en sus manos, y ellos mismos rogarán al Señor que les permita dar una alivio y curar al enfermo, para que se restablezca.

El hombre que peca delante de su Creador, ¡que caiga en manos del médico!
















LA MEDICINA EN LA HISTORIA BÍBLICA



Algunos textos en el Antiguo Testamento presentan una actitud claramente definida con respecto a la enfermedad: se creía que las enfermedades y sus causas eran devenidas del pecado, y a menudo, castigo del mismo.



Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-17 show above.)