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Viviendo Todos Los Días En La Gracia de Dios

Por el Dr. Wayne Barber Con Chip MacGregor

Ediciones ATRI

Copyright page

ISBN 9781941135327

Notas de Licencia

Este eBook está aprobado solo para tu gusto personal. Este ebook no debe de ser vendido o dado a otra persona, Gracias por respetar el arduo trabajo del autor.

Publicado anteriormente como El Reposo de la Gracia por Publicaciones Harvest House 1998.

Publicado por Publicaciones ATRI, revisado con nueva introducción 1012.

Todas las citas bíblicas son tomadas de la Biblia de las Américas a no ser de otra manera indicado.

Por la Fundación Lockman. Usada con permiso.

Contenido

Portada

Experimentando el Reposo de la Gracia

Introducción

Capítulo 1: ¿Qué pasa conmigo?

Capítulo 2: Adicto al Pecado

Capítulo 3 En Punto Muerto–En Neutro

Capítulo 4. Rindiéndote a Dios

Capítulo 5. ¿Qué Está Haciendo Dios Por Mí?

Capítulo 6. Panecillos Horneados Para Jesús

Capítulo 7: Cristo Es Mi Vida

Capítulo 8: Esclavos de Jesús

Capítulo 9: Una Nueva Actitud Hacia La Escritura

Capítulo 10: Una Nueva Perspectiva Sobre La Vida

Capítulo 11: Una Nueva Meta En El Ministerio

Capítulo 12: Una Nueva Fuerza Para La Lucha Espiritual

Capítulo 13. Por qué Nunca Lo Conseguimos

Apéndice A: Cómo Comenzar Una Relación Con Dios

Apéndice B: Cómo Orar Por Aquellos que No Creen

Experimentando el Reposo de la Gracia

No hace mucho estaba queriendo completar un rompecabezas de mil piezas. Pasé muchas horas queriendo poner las piezas en su sitio, las dividía de acuerdo a sus colores, su forma o diseño, y poco a poco observaba como todo venía a tomar forma. Entonces llega un sentimiento de urgencia y de logro que me sobreviene según veo las diferentes piezas completar el cuadro. Y mientras me encontraba cerca de terminarlo algo ocurrió, hacía falta una pieza, ya tenía todas las piezas juntas, me sentí desanimado en vez de realizado. Ningún rompecabezas está completo hasta que todas las piezas están en su lugar.

Lo interesante de esto es que este sentir describe muy bien cómo me solía sentir sobre mi caminar cristiano. Había algo que hacía falta. Pues intentaba lo más posible de hacer las cosas correctas, pero nunca lograba hacerlo. Trataba de amar a las personas, solo para sentirme alejados de ellos. Solía apretar mis dientes para tratar de pasar momentos difíciles en mi propia cuanta, pero solo lograba fracaso y frustración. Buscaba en las Escrituras, pero había algo que hacía falta en mí caminar cristiano.

Luego un día, por medio de la gracia de la Palabra de Dios, lo entendí; “Todavía estaba tratando de vivir la vida cristiana con mis propias fuerzas.” Pues, estaba siempre intentando ser un “buen” cristiano, intentando hacer cosas que no quiero, intentando lograr cosas en mi propio poder. En esencia, todavía estaba tratando de salvarme a mí mismo. Mis esfuerzos eran de la carne, y cuando leía mi Biblia, de repente lo entendí que fue por eso que Dios había enviado a Su Espíritu a mi vida—para darme reposo de mis esfuerzos carnales. Cristo no solo me dio vida—Él es mi vida. Él me da las fuerzas para lograr hacer lo que yo no puedo por mi mismo.

En Mateo 11:28-30, “Jesús dijo, Venid a mí, todos los que estáis cansados[y] y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.” Aquí pude ver que había estado tratando de vivir la vida cristiana por mí mismo, y Jesús me estaba diciendo que descanse en Él. Había estado intentando hacer grandes cosas espirituales con mis propias fuerzas. Y el Señor me estaba diciendo que esto solo es posible en Él.

Este es el mensaje de la gracia- donde se aprende que Cristo es nuestra vida, podemos descansar en Su gracia. Imagina que por un momento—permitiéndote experimentar el descansar en Su gracia. Pues eso fue lo que hice… y ese mensaje cambió mi vida. Descubrí que se trataba de un intercambio de vida no solo un cambio de vida—No todo lo que yo soy, más bien, todo lo que Él es.

Ahora, cuando me enfrento con el valle del desánimo, recuerdo rápidamente el mensaje de la gracia. Sí, todavía tengo la responsabilidad—correr a la cruz y confesar mi incapacidad en lugar de hacerme el fuerte y atacar las dificultades de mi vida con mi propia fuerza. Rindiéndome a Cristo, he aprendido a entrar a la maravillosa vida que Él me ha dado. Ya que Su gracia da fuerza y me consuela. Permitiendo entender que Él está de verdad en control.

Si has estado buscando por algo más en tu caminar espiritual. Te ruego que leas este libro. Pues quiero que experimentes el reposo de la gracia de Dios. Este libro no va a resolver todos los problemas en tu vida—no está diseñado para responder a todas las situaciones posibles. Pero sí, te puede ayudarte a recobrar esa pieza que hace falta en tu vida cristiana. El hecho que Cristo es tu vida, y que no necesitas de nada más, y solo entonces podrás ser usado por Dios de una manera grandiosa. Mi oración es que permitas el gozo de Su poder te dé el reposo que has estado buscando.

Wayne Barber

Chattanooga, Tennessee

Introducción

Me gusta una canción que dice: “Soy salvo y sé que lo soy." Así como con el hombre de Juan 9 que sabía una cosa después que Jesús sanó sus ojos. “Era ciego y ahora puedo ver.” Pero que significa el ser salvo.” ¿Salvo de qué?

Comencemos por entender una palabra pequeña pero que es grande en poder. Es la palabra “evangelio” en la Escritura. En el lenguaje griego es euaggelion. Que quiere decir “buenas noticias” ¿Buenas noticias de qué? Bien, antes de que alguien quiera saber sobre esta buena noticia o saber por qué es necesaria, será de ayuda saber cuál es la mala noticia. La mala noticia es que las personas no nacen con prácticamente nada bueno en ellos. Sé que esto no es políticamente correcto el mencionar, pero sí es bíblicamente correcto. Años atrás solía ver este rotulo que decía, “Estoy bien, tú también lo estás” Y yo decía, eso no es cierto. La mala noticia es que toda la humanidad nace en pecado y por consiguiente separados eternamente de Dios. ¿Cómo paso todo esto? Pablo nos ayuda a entenderlo en Romanos 5:12 cuando dice: “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.” El hombre al cual Pablo está haciendo referencia quien pecó y cuyo pecado infectó toda la raza humana se encuentra en el libro de Génesis. Su nombre es Adán quien primeramente es mencionado en Génesis 2:20. Él fue el primer hombre sobre esta Tierra. Génesis 2:27 nos dice: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente.

Adán estaba lleno de tanto física como vida espiritual pues Dios la había soplado en él. Había sido puesto en un hermoso lugar llamado el Huerto del Edén. Dios le había dicho que podía comer de todo árbol en el huerto, menos uno: “Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento[a] del bien y del mal no comerás[b], porque el día que de él comas, ciertamente morirás.” (Génesis 2:16-17) Si este mandato no era obedecido significaría la muerte. Esta muerte no solo sería física pero también espiritual. De forma irónica, de todos los arboles por disfrutar. Adán no obedeció este mandamiento. Él comió de este fruto prohibido, así como Eva, el día que pecó al desobedecer a Dios, comenzó a morir físicamente. Pero cuando pecó, la vida de Dios le dejó y la muerte espiritual fue inmediata. Él había nacido con la capacidad de tener comunión espiritual con Dios. Ahora, había sido desprovisto de la vida con Dios y así su comunión íntima con Él.

El por qué esto sucedió se explica en Génesis 3. El maligno se acercó de manera sutil como una serpiente a la mujer que Dios había creado del costado de Adán llamada Eva. Él la tentó para que comiera del fruto prohibido, él la engaño haciéndola pensar que Dios en verdad no les había dicho que no podían comer de ese fruto- La mujer tomó la fruta del árbol y tentó a Adán para que comiera y él eligió comer. Ya sea que Eva fue engañada a comer del fruto, Adán voluntariamente pecó contra Dios. Cuando eso pasó, la maldición del pecado lo infesto y por consiguiente a toda la humanidad. Todos los que no habían nacido de las entrañas de Adán y como resultado de ese pecado voluntario de Adán, toda la humanidad nace a este mundo separado de Dios y sin Su vida dentro de ellos. ¡Esa es la mala noticia! Y te pones a pensar acerca de todo el dolor y agonía que hay en este mundo, resulta ser un problema del pecado original.

Pero Dios había ideado un camino de regreso a Él. Cuanto me gusta este pasaje de la Escritura: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Dios tenía un plan para rescatarnos de la maldición del pecado. Este plan maravilloso se nos presenta en Génesis 3, justo después del primer pecado. Dios confronta al maligno, quien había triunfado al tentar al hombre a pecar en Génesis 3:14-15: “Y el Señor Dios dijo a la serpiente: Por cuanto has hecho esto, maldita serás más que todos los animales, y más que todas las bestias del campo; sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar.” Habría de haber uno nacido de la mujer, quien un día iba a aplastar al diablo y rescatar a las personas de su trampa. Aquel que un día habría de nacer de una mujer a este mundo y aplastar a Satanás sería nuestro Señor Jesús. Él nació a la raza humana como Dios encarnado, en forma humana para que Su plan fuese llevado a su fin. Dios quería crear para Sí mismo un pueblo a través de Jesucristo. El eterno Dios-Hijo, quien vendría a ser humano y nacer en este mundo.

De niño tenía miedo a la oscuridad. Gritaba por temor a los monstruos que estaban escondidos en mi habitación entre las sombras. Mi madre corría a mi puerta y la abría y me preguntaba qué pasaba, después de que ella me consolaba como solo una madre puede hacerlo. Ella se iba retirando y le pedía si podía dejar la puerta abierta un poco. Ella la dejaba abierta lo suficiente para que la luz del pasillo entrara. Pero después que ella regresaba a su habitación, la pequeña luz que entraba a mi habitación hacía que los monstruos fueran más grandes y las sombras más largas, gritaba de nuevo, y el proceso se repetía, dejando la puerta de mi habitación más abierta. Después de la tercera vez, mi madre dejaba la puerta totalmente abierta y se iba a dormir. Ahora, ya podía dormir. Lo que empieza a abrir la puerta de redención se encuentra en Génesis 3, luego la puerta se abrió un poco más cuando Dios eligió a Abraham y lo sacó de la tierra de Ur de los Caldeos e hizo pacto con él. Prometiéndole una tierra, una nación, y una simiente. Esta simiente sería el Señor Jesús quien un día vino a este mundo.

Abraham tuvo un hijo llamado Isaac. Isaac tuvo dos hijos llamados Esaú y Jacob, El más joven de los dos era Jacob, por medio del cual la promesa del pacto seguiría su curso. El nombre de Jacob fue cambiado a Israel, así Israel tuvo doce hijos, quienes vinieron a ser las 12 tribus, formando así la nación de Israel. Y sería de la tribu de Judá y del linaje de David que nuestro Señor Jesucristo, el eterno Dios-Hijo, vendría a este mundo y redimirnos del pecado. Él vino al mundo que Él mismo había creado. Juan 1:3 dice, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Así Dios dejo la puerta totalmente abierta cuando Jesús vino a este mundo como una simiente en el vientre de una madre-María-así como se describe en los evangelios. Él vino a morir por todo el mundo. “Él vino a pagar una deuda que no debía, una deuda que nosotros no podíamos pagar.” Él iría a la cruz cargando nuestro pecado morir y luego en el tercer día resucitar de entre los muertos y ascender de regreso al cielo, llegando a ser la satisfacción para Dios el Padre, que el pecado había sido pagado.

Para que nosotros nos beneficiemos de Su muerte en la cruz y Su resurrección de entre los muertos tenemos que creer. Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, más tenga vida eterna.” Ahora, esta palabra “cree” debe de ser entendida, es la palabra pisteuo en el griego. Y nos llega de la palabra pietho—tal como en la palabra “fe.” Esta palabra pietho, cuando se usa como sustantivo significa el estar totalmente persuadido, hasta el punto de arrodillarte y someterte a lo que dices estar persuadido. No es algo estático, si no se actúa o es motivado a hacer por lo cual ha sido persuadido, entonces no se ha sido persuadido. Así que el creer lleva consigo la idea de arrodillarse y de recibir tal como en Juan 1:12: “Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre.

El hecho del arrepentimiento nacer del hecho que una persona ha en verdad creído. La mismo hecho que la palabra implica el postrarse indica que uno reconoce a quien se está postrando. Uno solo se postra frente Aquel que es SEÑOR. Romanos 10:13 dice, “Todo aquel que clame el nombre del Señor será salvo.” Dios nos revela que Jesús es Dios y en esa revelación nos damos cuenta que Dios murió por nosotros en la cruz para que podamos una vez más tener comunión con Él y tener Su vida con nosotros: “El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10) Lo que se perdió en el Jardín cuando el hombre pecó es ahora recobrado en Cristo para nunca más perderse de nuevo. En cristo, podemos ser reconciliados de nuevo con Dios. Es a través de Su muerte que somos reconciliados pero es también a través de Su vida que somos salvos—Romanos 5:10 comparte que: “Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por Su vida.

Una vez que recibimos a Cristo en nuestros corazones. Que es lo que creer tiene que ver, por lo que es que posemos Su vida en nosotros. Él viene a vivir en nuestras vidas en la persona del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo. Romanos 8:9 enseña: “Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él.” En la salvación entregamos todo lo que conocemos de nosotros mismos y recibimos todo lo que entendemos de Él en nuestras vidas. Esto comienza nuestro viaje de aprendizaje. Me gusta cuando una persona se casa. El espeso hace toda clase de promesas a su amada esposa y ella hace lo mismo, pero ambos pasaran el resto de sus vidas aprendiendo de qué trata todo eso. En la salvación somos hechos completos en Cristo. Pablo dice en Colosenses 2:10, “Y habéis sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad.” Efesios 1:3 comparte algo similar: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” Pero la santificación es el proceso de aprender a vivir lo que Dios dice que ya somos. En todo otro sistema religioso, hay una progresión de un nivel a otro. Pero en el cristianismo, venimos de hacia adelante. Para hacer esto, tenemos que vivir como Pablo dice en Romanos 12:1-2: “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.”

Aquí es donde la batalla comienza. Puesto que todavía tenemos la carne: los deseos centralizados en el yo que batallas con la renovación de nuestra mente. Pablo dice en Gálatas 5:16-17, “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. ”

La vida cristiana no solo es un cambio de vida, y mucho más que eso es un vida intercambiada. La manera que vencemos a las tentaciones de la carne es decir sí a Cristo. “La victoria no soy yo venciendo el pecad; es Jesús venciendo mi yo.” Cristo viene a vivir en mí, una vez que soy salvo. Él quiere hacer a través de nosotros lo que por nosotros mismo no podemos hacer. Gálatas 2:20 nos dice, “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Así también Pablo nos escribe en Filipenses 1:21, “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” Y a los Colosenses escribe: “Cuando Cristo, que es nuestra vida, sea revelado, así mismo lo serás con Él en gloria.” (Colosenses 3:4).

De esto es lo que este libro se trata; Aprender como dejar que Jesús sea Jesús dentro de ti.

Capítulo 1: ¿Qué Pasa Conmigo?

Cada mañana mi hija Stephanie, cuando ella era una adolecente, se levantaba a las 6:00 de la mañana para ir a la escuela, y así muy pronto se hallaba peinado su cabello, a las 6:15 ya están peinando su cabello, a las 6:30 todavía estaba peinado su pelo, a las 7:00 me pasaba por la puerta del baño y decía, “Stephanie, recuerda que salimos a las 8:00 para ir a la escuela.”

“Ya te escuche papá,” me decía y continuaba peinado su cabello.

Alrededor de las 7:30 su cabello comenzaba a paralizarse de tanto ser peinado. Y ya no podía hacer nada con su cabello, y el tiempo se había terminado.

Finalmente, me acercaba a la puerta a las 7:50 y decía, “Stephanie, tenemos que salir”

“Ya te escuche, papá” la escuchaba decir, a través de la puerta del baño.

Así que mi hijo y yo, nos íbamos al carro a esperar. Así nos llegamos a conocer bien el uno con el otro durante esos días según esperábamos por Stephanie alistarse para la escuela. Cada mañana mi hija salía corriendo hacia el auto en el último minuto. Su pelo suelto al viento, y una mirada frustrada en su rostro. Lo más cómico de todo es que siempre tenía algo profundo que decirnos, impactada por lo injusto de la vida, los misterios del universo, y el cabello que heredo del lado de mi familia.

Una mañana en particular cuando Stephanie venía acercándose a automóvil, resbaló por la capa de hielo en el andén. No la vi caer, pero vi los resultados de lo que paso—vi libros salir volando, pies en el aire, humo saliendo de sus oídos, y antes que llegara al auto, le dije a mi hijo, “Hoy va a ser muy especial, hijo, así que presta atención.”

Stephanie entró al vehículo y cerró la puerta, sus medias rotas aumentaba su enojo cada segundo, su compostura se había ido.

“Buenos días, Stephanie,” le dije suavemente.

“Papí, dijo ella, con sus labios apretados, “tengo algo que decirte.”

¿Qué es mi amor?” “No me interesa lo que predicas, no me interesa lo que pienses, no me interesa lo que diga la Biblia—No hay manera de vivir la vida cristiana.”

Seguí conduciendo por un momento, riéndome yo mismo. “Gracias, Stephanie, ya veré la manera de animar a alguien con esa maravillosa veda.” Steve seguía sentado en el asiento de atrás riéndose.

Íbamos a la mitad de camino a la escuela cuando el Espíritu Santo comenzó a ministrar a mi corazón. ¡Oye! ¿Qué acabas de decir? Me puse a pensar, No hay manera de vivir la vida cristiana, entre más meditaba en sus palabras, lo más impresionado me veía.

Al llegar a la escuela, me di a la vuelta hacia mi hija, tomé su brazo suavemente, y le dije, “¿Stephanie, recuerdas lo que dijiste?” Que no podías vivir la vida cristiana.”

“Sí, por lo menos es así como me siento.”

Pues, sabes, quiero que sepas algo, “Tienes toda la razón.”

Me miró por un momento, pensando en lo que estaba diciendo.

“¿Dónde en la Escritura dice que nosotros podemos vivir la vida cristiana? Le pregunte, “No lo dice. Tienes toda la razón, Stephanie. No la puedes vivir.” Deje que pensara sobre ello por un momento, antes de añadir, “Tú no puedes hacerlo, pero Cristo viviendo en ti, sí” Luego, despedí a mi hija para que siguiera para la escuela.

CRISTO ES NUESTRA VIDA

Entre más pensaba en las palabras frustrantes de mi hija, lo más que las creía. Pues, no podemos vivir la vida cristiana, ya que lo intentamos e intentamos, leemos libros sobre cómo podemos hacerlo, vamos a seminarios que declaran revelar el secreto, y escuchamos predicadores en cómo podemos llegar a nuestro próximos peldaño en nuestra fe, pero nunca lo logramos. El hecho es que: No podemos vivir la vida cristiana. Y por eso que debemos permitir que Cristo viva en nosotros.

Cristo es nuestra vida, no solo nos dio vida, Él es nuestra vida. Según permitamos que Cristo sea en nosotros lo que nosotros no somos, solo entonces la vida cristiana comenzara a tomar lugar en nosotros. Esto es la base de todo mi ministerio y es también el mensaje de este libro. Jesucristo murió para darnos libertad de nuestros viejos patrones de frustración y fracaso. Él desea vivir Su vida a través de nosotros, dándonos una total nueva manera para vivir.

Muchos creyentes están frustrados porque han crecido en la iglesia y han escuchado todos estos mansajes acerca de cómo ellos pueden vivir la vida cristiana. Ellos leen sus devocionales diarios, a lo mejor participan en estudios bíblicos o son parte de un grupo de apoyo. Suelen ir a la iglesia los domingos por la mañana y por la tarde. Y se sienten lo suficientemente espiritual van a lo cultos de los miércoles para orar. Ellos siguen buscando la llave para una vida espiritual feliz y completa de la cual se habla en la Escritura. Pero al final el sentir que les queda es que hay algo que hace falta.

Algo no está bien sobre sus vidas en Cristo aunque han escuchado al predicador hablar acerca de una vida completa en Cristo. Han escuchado a creyentes llenos del espíritu hablar sobre este caminar con Cristo, y lo han leído en libros, aun así sienten como si esa “cosa especial” que debería estar en ellos no la tienen.

No estoy diciendo que estas personas no son cristianas, pues sé que han de amar al Señor, y van camino a la gloria con Dios. Pero al mismo tiempo, tienen un sentir de frustración con su caminar cristiano.

Cuando alguien viene a mí y me dice. “Wayne. Estoy frustrado con la vida cristiana, no la puedo vivir. ¿Qué puedo hacer? Y yo digo, “¡Mi amigo, estás en un buen lugar!” La frustración es simplemente un síntoma de una persona tratando de hacer lo que no puede lograr. Cuando se llaga al final de sí mismo, es entonces que se comienza que debe de haber algo más en el camino de lo que pensaba.

Un creyente frustrado es un buen lugar donde está, puesto que él o ella están listo para descubrir la verdad acerca de cómo vivir como Cristo. Ya que no puedo lograrlo por sí mismo, una vez que se da cuenta de esta verdad, él está listo para escuchar la buena noticia que Cristo puede comenzar a vivir a través de él.

Es como alguien que dijo, “Me levantaré mañana, y voy a vivir para Jesús, Dios ama a todo el mundo, y yo voy a amar a todo el mundo.” Para las nueve de la mañana Dios puso a un hermano en su vida que es muy difícil de amar, para el mediodía ya se encuentra frustrado por su inhabilidad de amar a su hermano. Y clamo a Dios, “¡Señor, no puedo hacer esto!” Y Cristo le contestó, “Nunca dijo que lo podrías hacer, es por eso que vine a vivir en ti, es por eso que Soy tu vida.”

Para mí, la frustración viene cuando no me doy cuenta de que del pecado potencial de la carne con la cual tengo que vivir hasta que Cristo regrese. Como cristianos tenemos que entender que la carne era un problema antes de que fuéramos santos, y será un problema después de que somos salvos. Así que tenemos que aprender a tratar con nuestra carne todos los días para que experimentemos las cosas que Dios tiene para nosotros. Así que podemos esperar frustración en la vida cristiana.

Una persona vino a mí un día y me dijo, “sabes, desde que soy salva, todo el infierno me persigue.” Y le dije, “¡Bienvenido a la vida cristiana normal! ¿Qué es lo que esperas? Cristo no te ha llamado a una fiesta—Él te ha llamado a una lucha, la guerra ha comenzado.” Lo ves, muchos cristianos quieren gozarse de que han sido salvos de muchas cosas, han sido salvos del pasado, salvos de sus errores, salvos de sus pecados.

Pero, hemos sido salvos para algo más, y Cristo quiere que vivamos rendidos a Él todos los días. Nuestra lucha no es solo contra el diablo. Sino también con nuestra carne y con nosotros mismos. Lo bello de la salvación es que he sido salvo de mí mismo. Wayne Barber ha sido salvo de Wayne. He sido salvo de algo, pero también he sido salvo para algo—una nueva vida en Jesucristo.

La Biblia habla dela iglesia de ser le ekklesia, “Los llamados.” Como un creyente, he sido llamado de mi vieja vida a una nueva manera de vivir. Por lo que tengo que repensar cómo vivir. Romanos 12:1-2 dice, “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.” He de aprender a pensar de manera diferente ahora, pues soy una criatura totalmente nueva. He de aprender a pensar de la manera de Dios. La frustración para muchos cristianos vienen después de ser salvos cuando lograr de hacer en con sus propias fuerzas lo que Dios dice en Su Palabra que solo Él puede hacer.

NUNCA MÁS LO MISMO

En el libro de Romanos capítulos 6 y 7 el apóstol Pablo les mostró a los creyentes que ellos eran unas nuevas criaturas: “Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección.” (Romanos 6:5) La palabra aquí para unidos es una palabra íntima, significa el haber sido mezclado, así como un panadero mezcla los diferentes ingredientes para crear un nuevo pan. La vida de Cristo ha sido “mezclada” con la nuestra. Es por eso que digo a los creyentes en las iglesias que somos “panes” para Jesús. Pablo continua diciendo a los Romanos, “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado.” (Romanos 6:6) El viejo hombre está muerto. Lo que era en Adán ya no puedo serlo de nuevo. El Espíritu de Dios ha venido a vivir en mí y me ha hecho una nueva creación. Ya no puedo ser lo que era en Adán. Cuando Pablo dice, “para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido.” La palabra de griego es katargeo y tiene la idea de, “el estar rota o destruida en el sentido de haber sido en neutro o desenganchada.

Pero si el poder del pecado está roto, ¿por qué es que todavía pecamos? Piensa en un automóvil que su transmisión ha sido puesta en neutro, puedes tener el automóvil más caro en la carretera, pero mientras esté en neutro, no iras a ningún lugar. Cuando nuestra carne está en neutro, no hay poder para hacer nada pecaminoso. Sin embargo, no ha cesado de pecar, la transmisión no se caído del carro. Pero si elijo poner la transmisión en marcha al escoger pecar, así mi carne regresa y me controla.

Cuando el cristiano promedio es salvo por primera vez, no es consciente de la verdad de este principio. En su lugar, trata de vencer sus impulsos a pecar redirigiendo su esfuerzo a otra área. Por ejemplo, él se vuelve extremadamente religioso para compensar sus fracasos, pero Pablo dice en Romanos 7:9 “Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí.” Hazte la pregunta, ¿Cuándo fue que Pablo estuvo vivo sin la ley? Si él nunca había antes entendido la gracia de Dios, hasta entonces, estaba físicamente vivo, pero él se encontraba desarrollar una relación con Dios a través de sus buenas obras. Una vez que somos salvos seguimos tratando de buscar a Dios a través de nuestras obras, ya que no sabemos otra forma de hacerlo. Esto es exactamente lo que Pablo está diciendo a sus lectores en Gálatas 3:1-3, Él comienza diciendo, “¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne?”

La ley demanda que mi carne actúe y el problema es que mi carne quiere actuar. Es decir, la carne demanda obras, demanda mis acciones. Mi carne responde buscando que hacer, a mi carne le encanta marcar todas las casillas de cosas por hacer. El problema es que lo que la ley demanda también condena. Todo lo que hago con la energía de la carne la ley va a condenar. Esta es la frustración de toda persona que es salva pero continua queriendo ser salvo a través de sus acciones, pero no puedo hacerlo. Esto es la frustración de una persona salva que trata de vivir su vida cristiana por sus propias acciones, tampoco puede lograrlo. Pero continúa queriendo vencer esta frustración dirigiendo sus esfuerzos en otra actividad. Intenta imponer la ley de tener un “tiempo devocional” o la ley de “tratar de ser como Cristo." Se busca de maneras externas para lograr vivir bien la vida cristiana. Pero sea como sea que definamos a “la carne” ella se goza de la ley.


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