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CEREBRAL


Tito Loor 



 Tito Loor, 2017

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TABLA DE CONTENIDOS


Prólogo

Cerebral

Asalto Final

Acerca del Autor

Dedicatoria



A ti, viajero universal en el tiempo.


Agradecimiento


Agradezco a la vida que me fortaleció con la experiencia y sabiduría necesaria, brindándome la oportunidad de compartir con mis semejantes.


PRÓLOGO


Tengo el enorme agrado de presentar esta obra, cuyo autor no solo es un colega si no un amigo. Si bien sus trabajos anteriores se caracterizaron por su realismo y brillante redacción, este libro que en tan poco tiempo fue elaborado, se suma a un exquisito trabajo de fantasía, cuyos elementos que los componen son irreales, sobrenaturales e imaginarios, en ellos el autor nunca intenta explicar el porqué de los hechos irracionales como ocurre en las novelas de ficción.


Sin embargo, ciertos pasajes de la presente, son reales y surreales, echando a volar su mente en la riqueza innata de lo imaginativo, entrando en el campo inmenso de la ciencia ficción, es como si el autor se anticipara a lo que pasará en un futuro no lejano, demostrando así que ve más allá de lo que otros mortales lo hacen.


Se evidencia un experimento científico de última tecnología que pone de manifiesto los límites entre un ser humano normal y la adulteración ocasionada por una ciencia desmesura-da comandada por el IGMS y el terrorífico AK3.


Es notable la sencillez con la que explica acontecimientos complejos que permiten a los lectores sin conocimiento específico del tema, comprender sin mayores dificultades el tópico elegido.


Es una obra que pueden disfrutar jóvenes y adultos; grandes y chicos, incluso es una excusa para establecer un vínculo. Confío que este libro pasara a ser un clásico en las bibliotecas de muchas familias, debiéndose esto a la grandeza imaginativa que ofrece el artista.


Agradezco el espacio para compartir con los lectores, los sentimientos que se generaron con esta obra y felicitar al escritor por su excelente trabajo.


Dr. José Javier Cedeño Escobar


CEREBRAL

Jueves 08 de septiembre, año 2039


Grace hablaba a sus estudiantes del grave problema de sobrepoblación mundial, pues ahora eran prácticamente 10 mil millones de habitantes sobre el planeta, los líderes mundiales no podían solucionar los problemas de migración, guerras, alimentación y salud; además de la contaminación que se exacerbaba cada día más, haciendo todo más complejo para subsistir. Sumándole los últimos mega atentados terroristas a países como Inglaterra, Alemania, Israel, Canadá, Francia y EEUU. Con el constante asedio de una verdadera tercera guerra mundial que amenazaba iniciar desde hace años por intermedio de la liga árabe unida, y los adelantos tecnológicos que pretendían desplazar la otrora útil capacidad capitalista de comercio y manutención global.


Los detalles gráficos iban apareciendo, proyectándose velozmente tanto en la pizarra como en los pupitres táctiles, vibrando e iluminando tenuemente la frente de cada estudiante.


Notó la maestra que, en el rincón derecho del aula, Thomas, el nuevo alumno parecía no prestar ni la mínima atención.


——Thomas, ¿podrías decirnos cuál es el número de habitantes por superficie cuadrada de nuestra ciudad de New York?


Thomas respondió en el acto:


——New York, maestra, contando con sus 5 distritos, Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens y State Island, más sus áreas rurales tiene 29.485 habitantes por Km², lo que da a la fecha 34.5 millones de habitantes incluidos los turistas temporales.


La respuesta era muy acertada, pero Grace observó algo raro en la mirada del adolescente del high school, parecía como un autómata, sus ojos no eran vivaces, no expresaban sabiduría, más bien ocultaban algo, ahora Grace no estaba segura del test psicológico que mostraba el IQ (coeficiente intelectual) como no tan fuera de lo normal, solo 114, pensaba en las pocas preguntas que le había realizado. Él no se equivocaba, a no ser con una suma ridícula en la ocasión que lo sacó al frente a la pizarra. Por su sonrisa ligera y la curva que hizo la comisura de sus labios era probable que lo hubiera hecho a propósito.


Ella deseaba develar ese enigma o coincidencia.


Al terminar la clase de ese día decidió entonces revisar el expediente de Thomas. Lo que encontró la dejó estupefacta.


Tiene 13 años, hijo de padres desconocidos, su madre adoptiva era Madeleine Steward. Por supuesto Thomas se apellidaba Steward, vinieron de San Diego, California. Pero ¿por qué?


No existían mayores datos excepto por los hobbies del chico: basquetbol, videojuegos virtuales, pesca y lectura científica.


¿Pero no es obvio? Se preguntó la profesora. Algo aquí no luce bien.


Esa noche Madeleine había recibido un mensaje para que se presentara en el colegio. Estaba nerviosa, después de interrogar a Tommy, (como ella le decía) este le comentó que no había incurrido en ninguna indisciplina.


Se tranquilizó, pero recostada en su cama recordaba el ofrecimiento hecho a su hermana Scarleth Stein en su lecho de muerte. El de no abandonar nunca a su hijo, ocultándolo del Instituto Gubernamental Maximus Science (IGMS). Ese instituto era el responsable de toda su desgracia. Aún no comprendía como una tía tenía que aparentar ser la madre biológica de un…


El teléfono sonó, eran pocas las personas que tenían su número, pensó dos veces antes de contestar.


—¡Aló!


—Hola, soy John, quisiera saber si el sábado podrías trabajar doble jornada en la oficina, te pagaré bien.


—Claro John ahí estaré, no te preocupes. Bye.


No podría negarse porque su situación económica era apremiante, los pocos ahorros que tenía, más el dinero recibido por Scarleth y el seguro que alcanzó a cobrar por la muerte del padre de Thomas no serían suficientes si las cosas se pusieran feas, tendrían que huir de nuevo.


El anterior empleo de Madeleine en una oficina de registro de identidad, había hecho el milagro de crear varias identidades distintas para ella y para “Tommy”.


Analizaba que ya debería de estar muerta la indigente de la cual robó su identidad mientras estaba drogada; seguro tenía tuberculosis, también Alzheimer, fue fácil, recordó haberle dado varios sánduches en el albergue donde borró sus registros. Ahora la única Madeleine Steward era ella, lo bueno es que tenía Social Security, podía laborar y ahorrar en un banco con su nueva identidad.


Ser arriesgada era lo que la mantenía a salvo junto a su sobrino. No deseaba pensar en lo que les harían los agentes del IGMS, si los localizaban.


A su cuñado Fred, después de registrar su casa, lo habían asfixiado introduciéndole muchas tabletas por su garganta; dejaron frascos semivacíos de barbitúricos, le hicieron pasar por un adicto sin más; aunque él era un científico que solo se dedicaba a estudiar. Eso le contó su hermana Scarleth, poco antes de morir en un hospital donde una extraña bacteria la fue consumiendo poco a poco, los médicos no pudieron descubrir la cura; pero ¿cómo iban a hacerlo? Si el IGMS está 30 años más avanzado en investigación científica y médica. Además, trabajaba apoyado por una sección de la propia CIA, era como nadar contra la corriente.


Ya Madeleine no podría confiar en nadie.


Fred y Scarleth hacían una vida no tan fuera de lo normal hasta que se anexaron al IGMS, luego tuvieron que aislarse de sus demás familiares y amigos, colaboraron con su cometido hasta rayar en la locura. Fred pasaba demasiadas horas como el típico científico trasnochador, investigando hasta lo mínimo para que el proyecto tuviese éxito. Opinaba en ocasiones que la ciencia era lo único que podría salvar a la raza humana de su propia extinción, era menester sentar las bases para que un horizonte promisorio prevenga la terrible hecatombe que amenazaba al planeta. Su máxima era: “a mí me salva o mata la ciencia”. Hasta cierto punto aquello se cumplió como él lo pregonó.


Madeleine y Scarleth se criaron juntas en la periferia norte de San Diego, ambas procedían de un hogar rígido. En la infancia se distanciaron y fueron a un internado de señoritas para estudiar debido a la instrucción religiosa que deseaban aplicarles sus padres, también a la gran distancia que suponía el viajar continuamente a casa. Más tarde ya no podían separarse la una de la otra, establecieron un vínculo tipo gemelar, lo cual les trajo muchos inconvenientes con sus parejas sentimentales, pues necesitaban comunicarse continuamente y consultarse sobre cualquier tropiezo que se presentase. Madeleine tuvo vida marital, pero sin casarse por solo tres años, hasta enterarse su marido que no podría darle descendencia ya que tenía el útero infantil. Recordaba que Scarleth le había dado ánimos a la pareja de una manera tan ridícula diciéndole que era como si un hombre tuviera un micro pene, por lo tanto, la solución era la adopción. Por supuesto que el tipo se fue lejos a buscar caer en brazos de otra, pero primero, claro está, haciéndole un estudio ecográfico.


Por eso era que Madeleine tanto amaba y se apegaba a Tommy, a quien quería como a nadie en el mundo.


Thomas fue un bebé a ratos abstraído, pero a la vez muy atento a todos los movimientos de su alrededor.


Llamaba la atención cuando no hizo ninguna sonrisa en su rostro hasta las 8 semanas de nacido. Parecía vocalizar arrullándose, las vocales ya las mencionaba al mes. Llorando levemente hasta conseguir lo que anhelaba. Caminó a los cinco meses prematuramente, fue interesante observar como jugaba con los elementos materiales, daba a conocer que sabía de los peligros que le rodeaban, no introducía nunca un dedo en los sitios que conducían la electricidad. No tuvo cólicos, tos, alergias o síndromes diarreicos, su peso y talla eran perfectos para su edad.


Su aprensión manual junto a su fuerza de tono muscular era superior a los demás niños. Contaba la madre a Madeleine, que las famosas vacunas del primer año no hicieron mella en el niño, jamás lloró, situación que asombraba a propios y extraños. Según Fred no eran necesarias estas vacunas para su hijo, solo lo hacía por protocolo, ya que el organismo mismo eliminaría todo lo que era tóxico o estaba de excedente en su interior, tomando únicamente lo estrictamente necesario.


Los juegos recreativos al año de vida eran los legos o los rompecabezas de 5000 piezas, los cuales los armaba en un día sin ayuda de nadie. Al año seis meses ya podía leer con claridad y buena pronunciación.


Posteriormente cuando iba al jardín, los maestros se impresionaban al conocer el accionar junto a respuestas muy precisas que daba el infante. Madeleine que quiso siempre una vida de lo más normal para su sobrino, fue llamada para felicitarle por tener un niño superdotado. Le hicieron test psicológicos también de proyecciones.


Un profesor manifestó que el chico debía estar realmente en la universidad. A partir de entonces empezaron los cambios de escuela tratando de esconder las especiales cualidades de Tommy. No existiría ningún lugar del mundo que sirviera para que estudie un ser tan dotado. Parecería imposible además se fraguaba el peligro de ser descubierto por quienes ya le seguían la pista, el IGMS.


Ese agente del Instituto, un tal Wagner la buscaba, es decir buscaba a “Tommy”. No pudieron obtener los micro chips de investigación que incluían a su cuñado y hermana, ya que el jefe del proyecto, Mark, había quemado toda evidencia material, los objetos computarizados, cibernéticos y nanotecnológicos fueron destruidos por decisión del ex director nacional del IGMS, incluso denominó a su acto: “curarse en sano”.


Mark opinaba que aquello era una aberración humana, ese proyecto estaba destruyendo las normas éticas, tanto morales como religiosas del planeta. Por lo tanto, no debería repetirse jamás. Tenía mucho poder, por lo tanto, pudo hacer lo que su conciencia le dictaba en aquel momento.


El proyecto había iniciado a mediados del 2015 en la administración de Obama, y fracciones de organismos estatales colaboradores con el IGMS no estaban dispuestos a dejar inconcluso un experimento tan importante, costoso en dinero y tiempo, pero Mark no quiso dejar evidencias sobre aquel sacrilegio.


La verdad era que los documentos archivados habían sido borrados en las computadoras de la CIA, IGMS, FBI y hasta en el Pentágono. No tenían pruebas de nada, no se hablaba ya del culmen del experimento que se materializó en el año 2026. El hermetismo había ganado terreno, cada vez menos personas conocían del asunto.


Por acallar el proyecto fue que murió Mark, cuando su yate de 3 millones se hundió “accidentalmente” en el Atlántico. Un poco más tarde fue que Scarleth se apresuró a contar todo a Madeleine para que ayudara a esconder a Thomas, temía por la vida de todos. Porque con la nueva tecnología existente, solo bastaría con extraerle sangre o hacerle una biopsia cerebral y listo, toda la información del proyecto saltaría de nuevo en las computadoras. Precisamente el IGMS se esforzaría tratando de hacerlo realidad, a costa de quien quiera que se cruzare en su camino.


A cientos de kilómetros de distancia de New York alguien pulsaba frenéticamente en su ordenador tridimensional.


Era alto, delgado, a la vez fornido, con pelo lacio, prominente frente, que de perfil hacía juego con su rectilínea nariz, ojos oscuros, pómulos salientes, de mirada fría, bien vestido, un tanto parco, con terno oscuro, camisa negra, corbata ploma y una apariencia engañosa de unos 50 años. Tenía fama de no dejar casos sin resolver, obstinado en su trabajo que requería no dejar cabos sueltos.


Era casi inmutable ante los acontecimientos, sereno, calculador, de porte gélido, que no mostraba señales de asombro, como si tuviera una máscara de acero que lo protegiera del exterior.


Al principio no tenía bien en claro el porqué de buscar a Thomas. Mark en vida le había contado parte del proyecto, indicándole que tenía que mantenerse bajo estricto secreto de estado, ya que la revelación del mismo podría implicar que llegara a las manos equivocadas, incluso provocaría la extinción de la raza humana. Probablemente sería algo exagerado, pero tenía instrucciones y presiones para cumplir las órdenes encomendabas por el IGMS.


Recordaba haberse burlado, cuando él, en compañía de sus agentes hundía el yate de Mark, utilizando un pequeño, pero efectivo torpedo teledirigido subacuático, maniobrado desde otra embarcación a 800 metros de distancia. Mark trataría de escapar de la escena, pero igual fue alcanzado, explotando su nave, moriría herido y ahogado en pocos minutos.


Justo ahora que conocía más a fondo la verdad, Wagner ya no tomaba nada a burla, pensaba que ese niño era como un mutante en la tierra, que parecía que provenía de algún otro confín del universo.


No podía entender como la ciencia había llegado tan lejos, desarrollándose tanto, a tal punto que previo reclutamiento de un científico y su esposa, aplicando una dieta estricta con modus vivendi diferente, pudieron realizar con ellos tan exitoso cuan largo experimento, estimulando al cerebro a funcionar activamente develando la información evolutiva ya guardada desde tiempos inmemorables, súmese el implantar un chip en la delicada corteza cerebral de Thomas cuando aún era un feto.


—¡Qué diablos! ¿hacia dónde va el hombre?


Había exclamado Wagner, debido a que éste chico guarda ba más datos que cualquier computadora del mundo. Poseía dicha información muy veraz, como todos saben, el conocimiento es poder. Podía almacenar hasta el mínimo detalle de bacterias o virus mutantes del pasado, presente, futuro y sacarlos a flote mediante técnicas que podría elaborar fácilmente el mismo Thomas, quien sabría develar a la vez los secretos de la evolución humana si es que la hubo. Conocería la verdad ingresando a los confines de sus lóbulos frontales. Con información genética descubriría probables curas definitivas hasta para el siempre escurridizo cáncer en etapas incluso muy avanzadas.


—Este chico ciborg podría en teoría elaborar lo que quisiera, siendo como un gran químico o alquimista.


Wagner siguió buscando a familiares de Scarleth Stein, ya que a algunos de los familiares del padre parecía que se los había tragado la tierra. Hasta llegó a pensar que el gobierno los podría estar escondiendo para que nadie pudiera dar con la dirección del chico.


Un día mientras ingresaba a clases, un compañero de Thomas llamado Ricky al que le encantaban las bromas, le dijo a Thomas:


—Da permiso ¡sarno! ¿Eres estúpido o qué?


—Sarno viene de sarna, es una falla gramatical, me hubieras llamado “sarcoptosis, o mejor sarcoptes scabiei.” Ese es el ácaro que produce la sarna que has de tener en tu cerebro.


Ricky respondió diciéndole:


—Nos caes mal cerebrito, siempre tirado a listo ¡sarno! e intentó darle una patada, la cual no dio en el cuerpo de Thomas, quien se apartó con agilidad felina, agarrando la pierna en el aire, lanzándolo hacía atrás ante la risa de los estudiantes; justo cuando ingresaba la maestra Grace, quien reprendió a ambos.


A la hora de salida, Grace habló preocupada con Madeleine mostrándose intrigada por la estructura familiar del adolescente tanto como su extraño comportamiento. La mayoría de las ocasiones en que lo veía, se encontraba aislado, solo, hasta parecía disfrutar de la falta de compañía. Las pocas ocasiones en que participaba de alguna actividad recreativa de educación física o deportes, se destacaba enseguida de sus compañeros, parecía controlar todos sus movimientos, anticiparse a las acciones y decisiones de todos. Eso desembocaba en la envidia e impotencia de quienes no comprendían como Thomas era capaz de sortear todos los obstáculos que se le presentasen. Podía responder a los golpes si era estrictamente necesario para defenderse, nadie podría derrotarlo, quienquiera que lo retara, ni aunque lo intentaran dos chicos al mismo tiempo, pues se movía con la agilidad de un pugilista o un experto en artes marciales, por lo tanto ya no lo invitaban a pelear los que ya lo habían observado con antelación. Para empeorar el asunto los demás profesores se intrigaban, hasta se desconcertaban; alguno hasta retó al joven a ver si sabía más que el maestro tratando de hacerlo quedar en ridículo, tomándole pruebas anticipadas, hasta dictándole de un libro inusual una fórmula de física para que Thomas realice el ejercicio en frente de todos, cambiándole un decimal a propósito. En menos de tres segundos ya había escrito la respuesta correcta e incluso le corrigió al profesor diciéndole que el libro era el que se había equivocado, o quizás Newton, pero su querido maestro ¡nunca jamás!


Madeleine ya estaba acostumbrada a este tipo de situaciones, se explayó diciendo que era un buen chico, que si bien es inteligente también tenía nobles sentimientos, muchas virtudes también defectos, lo que sucedía era que aún no se adaptaba a sus nuevos cambios de vida como a su colegio.


Habló a la maestra brevemente, contó una historia por vez primera sobre un accidente que dio como resultado la ausencia prematura de sus padres, de lo cual prefería no ahondar en detalles, pero aceptaba las sugerencias de Grace de pasar más tiempo con Tommy haciendo deportes, hablando, aconsejándolo para que tolere más a sus compañeros de clase...


Thomas observada o asentía con su cabeza.


—¿Qué tienes que decir Thomas? Disculpa, pues nunca supe lo de tus padres.


—Entiendo, no se preocupe, me limitaré a adaptarme mejor, reciba usted mis disculpas por mi comportamiento que va a mejorar maestra, ya lo verá.


Y en el trayecto a casa:


—Tía debes entenderme. A ratos siento hasta cierto grado de frustración.


—Dime mamá, sería mejor que me vieras así Tommy.


—Es muy difícil parecer normal, tú lo sabes, no lo soy. Me aburro, es monótono escuchar, saberlo todo con antelación, es ridículo, la vida se hace mecánica para mí, encima que te vean como nerds y hasta te apoden ¡sarno!


—Ahora mismo podría hacerte aquí un listado con un plano para fabricar una bomba de hidrógeno o un virus del ébola resistente a las vacunas, o si prefieres un gas venenoso reestructurado, o como desactivar una bomba o una mina antipersonal, sin ni siquiera haberla visto antes. Puedo pi-lotear cualquier avión si quisiera, o abordar un módulo lunar adaptándome en el acto. Todo está ya listo en mi cerebro. No debería ni ir a clases ya que podría dar un test de ingreso a la facultad de medicina, sacar 99/100 y eso porque tendría que equivocarme a propósito. Hay un torrente de información permanente que se adapta a las situaciones cambiantes actuales, siempre tengo que vivir fingiendo-


—Tommy, hijo discúlpame, claro que te entiendo. Tomó su mano izquierda apretándole. Solo quiero que recuerdes la promesa a tu madre, recuérdalo corazón, tienes que resistir, nunca revelar tu secreto a nadie. Se lo juré a Scarleth, me dijo que tu vida corría mucho peligro, a veces pienso que se fue sin decírmelo todo.


—Mi madre, claro, a mí no se me borra nada, siempre la recuerdo totalmente, gustaba de la lectura, era maestra de historia. Pensar que tengo toda la historia ya grabada en mi mente, podría ser maestro de cualquier materia también en el futuro. Daría todo lo que soy para que nunca me hubieran escogido en este experimento, con tal de que mis padres vivan, así tendríamos hoy en día mayor tranquilidad toda nuestra familia.


Thomas comenzó a hacer deportes e ir de pesca, lo que le encantaba, aunque siempre dejaba libre a su presa, quienes lo rodeaban le reclamaban el dejar ir a tan hermosos ejemplares, poseía una destreza envidiable cual viejo pescador, él respondía:


—Es eso lo que busco, admirar la belleza natural, valorar la vida a fondo, es lo que me recetó el doctor, mientras soltaba algún pargo, corvina o robalo. Luego se quedaba absorto mirando hacia el infinito.


Madeleine se extrañaba siempre de lo que hacía su sobrino. En cierta ocasión se quedó sin poder encender su auto, Tommy sacó las bujías, las limpió colocándolas en su sitio, después hizo otros movimientos y finalmente encendió el vehículo.


Cierta vez entró en su cuarto y vio a Tommy rodeado de artefactos electrónicos, computadores desarmados, herramientas por demás extrañas, había fabricado él solito un dron y un robot guerrero destructor a manera de plato que destrozaba a que se le pusiera en frente. Incluso levitaba del piso hasta 25 centímetros. Por lo que dijo a su tía que tuviera extremo cuidado al visitarlo en su habitación, que no toque ni accione ningún botón o palanca, podría pasar cualquier cosa y transformarse todo en un caos. Tenía unas antenas de recepción de señales vibrátiles universales conectadas a una central computarizada.


—Quiero un poco de orden aquí, Tommy y que salgas a distraerte un poco, nada más.


—Ah, dime ¿qué no hay cosa imposible para ti?


—Lo que pasa es que mi cerebro se adapta a las circunstancias que se presentan. Con los datos que tengo en mis receptores de memoria es muy sencillo, en el acto soy también lo que sea necesario.


En el colegio las señoritas empezaban a ponerle mucha atención, una en especial llamada Cinthya que le miraba, hasta le enviaba piropos de vez en cuando. A Thomas le gustaba la señorita esbelta, blanca, algo pecosa, ojos negros, nariz respingada, bella sonrisa, pelo castaño ondulado, de cuerpo torneado y lindas piernas, era además buena estudiante, abanderada, becada del colegio, única hija de sus padres, pero para Thomas el concepto de enamoramiento era muy rudimentario, el amor en su situación era complejo, podía controlar sus emociones y sensaciones velozmente, debía ser algo nimio, superfluo, que hacía sufrir innecesariamente si se lo tomaba a pecho, por eso no se involucraba con nadie, se abstenía de propender caer en aquello, aunque en el fondo sería una buena forma de despistar a quienes lo buscaban. Pero no pre-tendía provocar daño ni celos tampoco. Cinthya siempre lo buscaba, trataba de acercársele en los recreos y horas libres de clase o se sentaba junto a Thomas para espiarlo, notaba que las pantallas táctiles de computación no las quería mirar, y que su abstracción hacia el presente era el común denominador en el colegio. Hasta se atrevió a seguirlo en cierta ocasión, Thomas lo supo de inmediato, era como si un avión de guerra recibiera en su radar la señal de que estuviera en la mira de otro para atacarlo. Disfrutaba perdiéndose en los locales comerciales, saliendo por puertas traseras o entrando en el subterráneo para subir al metro.


Lejos de ahí en Las Vegas, Wagner lamentaba no poder localizar a una tía del adolescente que buscaba, de nombre Mary Stein.


—¿Qué diablos? ¿pero, dónde estará esta mujer? ¿será que se ha mudado para África?


Tenía extrañas coincidencias, no era casada, había desaparecido junto con el chico poco antes de la muerte de Scarleth. Hay que recapitular y buscar a todas las mujeres solteras de 42 años que tuvieran un hijo o sobrino a cargo.


—No deben estar muy lejos. La última foto que tenía de la tía y su sobrino eran de hace dos años. Los discos duros de las computadoras, encontradas en manos de los familiares, habían sido reseteados, a pesar de aplicar métodos de presión en aquellos individuos no lograba mayores avances. Unas pistas lo conducían a New York, otras a Carolina Del Norte o a Miami, algo andaba mal.


—Seguro que debieron haber cambiado de identidad, probablemente sus apariencias físicas; era cierto, porque Madeleine usaba lentes de contacto marrones y peluca con tono grisáceo que ocultaba su antigua cabellera rubia. También hablaba de su hijo; nunca de su sobrino, así trataba de aparentar en público. Tenía diferentes formas de vestir de acuerdo a la ocasión, varias pelucas grises, pero de distintos acabados junto a una verdadera colección de carteras.


Por su parte Thomas lucía corte de cabello estilo militar, pero se dejaba crecer en el centro de la frente una punta en forma de v que contrastaba con su antiguo peinado melenudo, redondeado con colita posterior.


La búsqueda de Wagner, colegio por colegio en EEUU se dirigía a las aptitudes de los estudiantes, solo varones en edad de 12 a 14 años que mostraran un coeficiente intelectual elevado. Sus agentes se habían topado ya con muchos nerds que no interesaban al IGMS: y solamente buscaban protagonismo y fama.


Por otro lado, le seguía la pista a Roy, un tío de Thomas de 46 años de edad. Cabrían algunas serias dudas sobre él, pues tenía una posición económica muy cómoda, era culto y pre-parado; con un comportamiento misántropo que hacía prever que estaba involucrado en la desaparición. Vivía una vida disipada, sin aparente stress, poniéndole buena cara al que se le pusiera en frente. Era irónico, casi burlón; muchas veces al interrogarlo, sacaba fácilmente a cualquiera de casillas, encima no se dejaba amedrentar, por el contrario, al ser también periodista, Roy los había amenazado a ellos.


En cierta ocasión los citó en su oficina, ubicada en el centro de San Diego, California, tenía cámaras escondidas; en la segunda entrevista Roy se levantó de su escritorio; su metro noventa y tres, más su gruesa envergadura se hicieron más notorios. Abrió su mano y entregó a Wagner una diminuta tarjeta de memoria con el vídeo audio visual donde se escuchaba perfectamente al compañero agente Richard, exigiéndole información a Roy en forma grotesca, ya que aquello ayudaría al gobierno de los EE.UU.


Les mencionó que tuvieran cuidado, que tenía dos vídeos más que se encontraban en muy buenas manos por si algo sucedía al “pequeño Roy”. Solamente por ese comentario desapareció de la faz de la tierra para siempre el agente Richard. Wagner fue obligado sin querer a eliminar los restos de su compañero en un crematorio privado; y las cenizas fue-ron arrojadas desde un helicóptero en pleno vuelo.


Todo era tan confuso para Wagner, quien recordaba su vieja participación en el IGMS trabajando en conjunto con otra agencia gubernamental, en la siembra de pruebas de armas bacteriológicas en el medio oriente. Cuando era más joven tuvo que silenciar a quienes se enteraron de su participación, puesto que nadie en el mundo sabía; ni debería saber que existía un “Wagner”. Era solo un pseudónimo; legalmente estaba solo, no tenía familia, a su padre ni lo conoció, su madre Ana ya había pasado a mejor vida; tenía prohibido formar un hogar. Esas fueron las cláusulas primordiales para contratarlo por parte del IGMS, con un jugoso sueldo ilimitado, difícil de igualar, no se pudo negar para sus primeras misiones.


Ni siquiera el instituto existía públicamente como tal; aun-que los rumores llegaban lejos a otros países como Alemania y Rusia quienes deseaban fervientemente conocer sobre los secretos, alcances científicos que lograban.


Wagner era astuto, el dinero no era su preocupación, ganaba lo suficiente para hacer lo que le plazca. Puso entonces vigilancia las 24 horas a los movimientos de Roy, querían dar con el adolescente del implante, ya que, a su jefe máximo, al que solo conocía por AK3 se le estaba agotando la paciencia. En el fondo preocupaba siempre al agente el no poder cumplir con su objetivo. Wagner conocía por experiencia que fracasar no era una palabra que se encontrara en su diccionario personal. Podría costarle la vida, temía por primera vez ante tan especial y enigmático jefe del IGMS.


Thomas estaba preocupado e incluso había mencionado a Madeleine que reconsiderara su actitud:


—¿Qué tal si me entrego públicamente a un canal de televisión tipo CNN contándoles la bella historia de poseer el mejor cerebro del mundo?


La tía horrorizada respondió:


—¡Tommy! Hijo, te cogerían como conejillo de indias, esa sería la última vez que te vería; te agarrarían antes de que salgas del canal, tan solo Dios sabe si no te harán hasta una autopsia en vida, ya que los fines de ellos son protervos y nada halagadores.


—Verdad, por otra parte, no sabemos si las agencias gubernamentales negarían todo y silenciarían a los que estuvieran involucrados, incluida tú.


Madeleine asintió con su cabeza mientras miraba a Tommy con ternura.


—Eres lo máximo Tommy, tienes tremenda capacidad, pero ante todo eres todavía mi dulce niño y no quiero que nada malo te suceda, lo dijo mientras le sacudía la cabeza tiernamente.


Roy era el único además de ellos que sabía cómo comunicarse con Madeleine por medio de un viejo IPhone13S, pantalla de contextura acrílica, del cual tenía un chip no registrado, había un horario establecido donde entraban a una página de chat adulto los martes y sábados a las 21h00, si pasaban 15 minutos sin recibir respuestas, colgaban el aparato; los nombres lógicamente eran falsos. Roy era mujer y Madeleine hombre. Cuando Roy preguntaba por Thomas decía: ¿cómo están los mellizos?


Madeleine hablaba en clave también, pasaba datos importantes, cuando preguntaba por ejemplo por Wagner decía: ¿qué hay de mí cuñado el director?


Roy fue siempre distante de sus familiares y amigos que te-nía muy pocos, introvertido pero autodidacta e intelectual, muy hábil para los negocios a los que había incursionado desde la temprana infancia, hubo de heredar tempranamente algo de dinero que lo catapultó a la cima de los inversionistas con buen ojo para la compra venta de inmuebles; y de vehículos de segunda y primera mano. Callado fue subiendo, aunque no le gustaba lo de empresario porque lo esclavizaba a un escritorio virtual. Tendría por tanto siempre a aburrirse de hacer las mismas cosas, buscando el escape de la rutina sin aferrarse a nada, ni siquiera a su ex mujer que lo había dejado por alguien de menor rango económico. Su suerte pensaba; era no tener hijos ni familia a quien rendirle cuentas ni depender de nadie. Pero al enterarse que su hermana Madeleine se encontraba en tremendos aprietos, decidió de manera espontánea y diligentemente apoyarla, al fin al cabo familia es familia.


Thomas obtuvo muchas ventajas ante los demás chicos de su edad. Podía escuchar nítidamente en un ambiente ruidoso y a distancia, también ver en la oscuridad por una metamorfosis leve que hizo que sus células oculares y el nervio óptico evolucionaran potenciando sus funciones sensoriales. Por aquello era que tenía que colocar sus sentidos en alerta neutral y disimular naturalidad ante los demás, de lo contrario le molestarían demasiado el ruido o la luz.


Reprogramaba su pensamiento positivo, hacía una imagen de como deseaba verse. En pocos días era como si estuviera asistiendo a un gimnasio. Nunca sentía agotamiento físico ni mental, podría recargar energías como si fuera un aparato electrónico o que tuviera batería atómica.


Jugaba basquetbol, su precisión en el tiro de 3 puntos era notable, equiparaba y mejoraba sus movimientos con la práctica, controlaba también su adrenalina o sus nervios; se encontraba en tal forma que sus músculos reflejaban lo que pensaba, luego acertaba. Era el sueño de todo atleta.


Algún compañero le dijo que pronto ingresaría de seguir así a la vieja y famosa NBA, por lo tanto, empezó a fallar algunos lanzamientos para no llamar tanto la atención.


En el tenis de mesa igual, adquiría una destreza tremenda en pocos minutos, era como si un asiático campeón se posesionara de él. Agudizaba sus sentidos, aflojaba las articulaciones de sus manos, controlaba la fuerza del envío, adelantaba la intención de jugada de su contrincante en forma automática luego se hacía imbatible si lo deseaba.


Le explicaba a su tía que se sentía como un ciborg, programado para cualquier tarea, simplemente rayaba en la perfección y debía fallar a propósito porque levantaba sospechas como en la maestra Grace que atentamente lo observaba en el colegio, él trataba de no responder a todas las preguntas a pesar de conocer las respuestas.


Empezó a investigar en recientes descubrimientos, a profundizar aún más para entretenerse en nanociencia, robótica, proyecciones futurísticas, estimulación neurosensorial, memoria fotográfica, física cuántica, hipnosis, adaptación celular, cibernética, etc.


Podía leer una hoja en un solo golpe visual; ya ni se asombraba, porque era como hacer un breve repaso de conocimientos en vísperas de un sencillo examen. Como si leyera un texto que ya fue leído con anterioridad. Le encantaba pintar en lienzo, prefiriendo lógicamente el paisaje artístico improvisado y objetos no comunes de la vida diaria en la naturaleza. Hasta se atrevió a autorretratarse exitosamente a sí mismo sin el uso de un espejo ni fotografía.


Entendía que, si hubiera una raza de humanos con sus capacidades, ya no se necesitaría tanta teoría sino solo práctica; podía inclusive aprender a hablar alemán solo concentrándose un poco y en tan solo media hora estaba perfeccionándose en dicho idioma, luego de eso no necesitaba ni siquiera concentración, ni más práctica, solo hablaba fluido, sin esfuerzo alguno, sabía que parecía que en su cerebro se quedaba registrada. “Der Schattenmann” (La sombra) permanente de información.


Los idiomas chinos o el tailandés eran aún más fáciles, según Thomas. Igual tenía miedo o temor ya que muchas veces no le encontraba sentido a nada de lo que le rodeaba y prefería tener a su lado a una persona con sus mismas cualidades que lo pudiera entender, pero ese clon al parecer no existía.


Para colmo, cuando sufría un golpe o trauma, su organismo elevaba como por arte de magia, las endorfinas y el dolor se iba, las células se regeneraban más rápido de lo normal, hasta el sufrimiento podría ser bloqueado con la sensación de placer. Su sistema inmunológico y mecanismos de defensas permanecían siempre muy altos, por aquello la faringitis y la gripe todavía ni las había sufrido.


Recordaba a su madre, las sensaciones que había experimentado incluso en vida intrauterina, se observaba en paz y total armonía, escuchando sonidos diversos que satisfacían a su cerebro, sentía hasta el roce de las manos maternas por su vientre.


Con su memoria prodigiosa recordaba su vida intrauterina. Un día vio una intensa luz como ver el sol bajo el agua, sintió calor, invasión a su dulce hogar, luego un sueño profundo, podía distinguir la cabeza de los neurocirujanos con visores de aumento en sus ojos y los guantes celestes en las manos sosteniendo algunos pequeños aparatos modernos, todo parecía conectado a dos brazos robóticos y una computadora de triple pantalla holográfica semitransparente que proyectaba las imágenes más allá de la habitación, existía la tensión en el personal paramédico, todos del sexo masculino. En el quirófano una regleta rectangular electrónica marcaba la hora, junto a una temperatura de 19ºC. Sentía tanto como veía, no con sus ojos, sino como si fuera una cámara de cine intra y extra corporal que le mostraba las imágenes en vivo y en directo; uno de esos aparatos sustituía absorbiendo el líquido amniótico momentáneamente para después reponerlo por intermedio de una delgada, también muy flexible manguera pegada a un laparoscópio de última generación, sujetado al brazo robótico que anteriormente había hecho la incisión a nivel de la precisura temporo-parietal izquierda. Notando que, de una caja esterilizada, donde había el nombre “Sterling K” en relieve; un doctor sacó un chip de fibra óptica ultraliviano, pequeño, cuasi elástico que se podía plegar en dos, delgado como una hoja de afeitar, con un brillo en sus bordes donde resaltaban ocho micro cables de 3 milímetros de longitud como si fueran flagelos; y se lo estaban insertando a su cabeza previamente fijada con dos frágiles tutores maleables externos reciclables. Escuchaba que hablaban de neuroprocesadores, de toda la información del ciberespacio concentrada en el implante, mientras lo depositaban cuidadosamente pegado al hipocampo izquierdo, pero ocupando también buena parte de su corteza cerebral…Thomas vio, sintió expandirse y potenciarse. Iría aún más lejos hasta lo incomprensible.


Se sabe que el cerebro normal tiene registros de información con que guardan en su corteza cerebral memorias de corto a largo plazo, son cien mil millones de células nerviosas que trabajan en cada instante de nuestras vidas con impulsos eléctricos de gran velocidad y precisión. Los recuerdos están almacenados desde épocas históricas e incluso de vidas anteriores, lo que sucede es que esa capacidad no la podían todavía desarrollar las personas comunes, excepto Thomas.


Thomas lo sabía, conocía que sus padres fueron preparados y nutridos exponencialmente; estimulados bio energéticamente, los analizaron a fondo hasta a su genoma humano, estimularon nanotécnica y bioeléctricamente las células reproductoras de padre y madre (óvulo y espermatozoide) para después hacer la implantación desde una probeta al vientre de su progenitora, quien antes tuvo que hacer muchas cosas, hasta fortalecer su cuerpo con dos horas de ejercicios diarios por cuatro años.


Su padre científico había colaborado durante años hasta lograr el objetivo de mejorar la mente humana; jamás se imaginó que lo traicionarían, querían ocultarlo todo, puesto que ya no era de utilidad. Recordaba Thomas su lactancia, los primeros días de calostro hacían vibrar sus millones de células cerebrales. Conocía que la leche de su madre era aún más especial que la de las otras mamás, porque nutría al 100% total en vitaminas, minerales y cantidad exacta de proteínas.


Entonces en ese ir y venir de recuerdos vividos, tanto como antojadizos, recordó una conversación de sus padres sobre la eternidad con la posibilidad real que Tommy viviera mucho más de 200 años. Porque todo su organismo estaba comandado por un cerebro superior, la memoria genética y celular que tenía, además un micro neuroprocesador inserto en el centro del implante cerebral, hacía que sus neuronas se mantuvieran ágiles, fuertes y se auto repararan más ocasiones y mayor tiempo que cualquier otro ser humano.


A mucha distancia de los recuerdos de Thomas, Wagner recibía la llamada angustiosa de su jefe diciéndole que había presiones corporativas, farmacéuticas, científicas y de gente influyente; multimillonarios deseosos de varios objetivos.


El estudio del cerebro del chico podría servir para encontrar la cura del Alzheimer, entre otras enfermedades, esto ya podrá ser una poderosa razón para localizarlo. Sin contar con soluciones permanentes para lograr contrarrestar el cáncer, aumentar la longevidad, pudiendo potenciar la energía y vitalidad cerebral.


—Pido más tiempo, más recursos económicos e inmunidad para poder lograr esos fines a toda costa.


—Wagner, los tendrás; pero hazlo brevemente, luego me avisas, ya sabes que no tolero el fracaso, “el fracaso nunca paga bien”. Dicho eso colgó.


Wagner salió al balcón, ahora desde la suite del hotel Sheraton de New York donde se encontraba, miró a lo lejos hacia el antiguo Empire State, ya los demás edificios muy poco era lo que lo dejaban mostrar en su otrora grandeza del pasado. Aferrado a la barandilla con sus guantes de cuero, su rostro percibió el aire y corriente de viento helado, cerró sus ojos, se preguntó si encontrar a ese niño podría ayudarlo a él mismo, ya que podía tener respuestas a enfermedades incurables, y alargar la vida de las personas. Entonces recordó a la distancia a la linda Judith, de quien estuvo enamorado, a la cual tuvo que dejarla abandonada, en contra de su voluntad debido a su trabajo, además por su enfermedad, ya que el lu-pus que padecía era incurable y muy cambiante, un día tenía artralgias o mialgias en piernas, otro día cefaleas, gastralgias, debilidad en sus dedos o sudoración profusa en manos y pies; en otras ocasiones irritabilidad, cambios de ánimo depresivos, sin contar las alteraciones neurológicas y que muchas veces la encontraba llorando, y ella trataba rápidamente de animarse cuando la invitaba a salir.


Judith lo había enamorado cuando lo contemplaba con su mirada coqueta, mientras arqueaba las cejas, sonreía al caminar en blue jeans y zapatos deportivos que hacían resaltar su figura refinada, mecía su cabello ensortijado denotando su linda cintura, caderas muy llamativas y atractivas; en conjunto, cariñosa; había deseado convivir con ella; tener más que una aventura, pero todas las circunstancias indicaban lo contrario. Deseaba no haberse alejado, pero que otras opciones tendría, debía de ser duro e inflexible y tomar decisiones nada endebles y cercanas a la realidad.


Era parte de la enseñanza de su madre, el no sufrir por nada ni por nadie en esta vida; era probable que su madre haya sido influenciada por alguna persona en particular que le hizo sufrir de alguna forma. Su lema de vida era. “Primero su persona y lo que le convenía, después el resto”.


—¿Y si ese cyberchico tendría la cura dentro de sí?, ¿podría servir para Judith y otras personas con enfermedades afines?


Estaba acercándose, conocía de dos viajes a New York por parte de Roy en los últimos 7 meses, eso en realidad era mucha coincidencia, ya que por lo general no viajaba a ninguna parte lejana, mucho menos cambiando de vehículos constantemente.


Roy no debía dejar evidencias, se había propuesto no viajar más a New York, ya que era una ciudad grande; ese Wagner era un peligro, se decía a si mismo que antes que le pusiera el guante a su sobrino él lo mataría, claro, si le daban una mínima oportunidad.


Continuaba trazando un plan mientras recordaba con nostalgia su formación militar. Roy era cinta negra en karate, algo que casi nadie sabía y a pesar de su fortaleza física aparentaba más bien ser inofensivo e indefenso.


En su interior odiaba a las centrales de inteligencia, también estaba tomando precauciones para ir a vivir a Miami, le fascinaba una zona norte de La Florida, para él una tranquila y verdadera ciudad denominada Palm Beach Gardens, donde había de todo, pero nadie debía saberlo; además no pondría ninguna propiedad a su nombre.


Pensó en la última vez que vio a Tommy, tenía 13 años, pero aparentaba su piel tal lozanía y suavidad que semejaba a un niño de 2 años en un comercial de TV. Roy tenía un amigo cercano que era detective privado llamado Carl a quien apodaba “The Police”; quien poseía entre sus virtudes el ser muy arriesgado y obedecer al pie de la letra las órdenes recibidas, además su accionar incondicional lo volvían indiscutiblemente indispensable. Era conocido desde muchos años atrás, habiendo convivido varias experiencias y peripecias junto a la vida de Roy.


Una vez hasta le salvó la vida mientras nadaba en una parte profunda de la playa, le sobrevino un calambre en la pierna derecha, fue el instante en que Roy recordó que había realizado muchos ejercicios y hasta trotó en la mañana de aquel día. La fatiga muscular con aumento de ácido láctico no se hizo esperar. Carl logró sacarlo a la orilla, aunque con mucho esfuerzo por su gran habilidad natatoria.


Carl sabía una parte de la historia y Roy le encomendó una misión: averiguar lo que más pudiese sobre la vida de Wagner y advirtió de la peligrosidad del mismo a Carl, quien le respondió:


—¿Qué pasa Roy? ¡Ya no recuerdas cuando practicábamos karate en la marina y te deje vivir de milagro!


—Calla, calla, que si no es por el capitán, The Police, anduvieras en silla de ruedas; también tuviste suerte porque tú peleabas a la loca, y yo con locas no me gustaba pelear.


—Sonrió parcamente. Tendremos otra oportunidad de de-mostrar quien es quien; tendrás que ponerte en forma de nuevo, de eso ya han pasado muchos años, y a tí te va creciendo la panza.


Lo interesante era que Roy tenía grabada la imagen de Wagner en su celular la cual ya había mostrado a Madeleine, Thomas y ahora a Carl. La idea inicial de Roy era alejarse para siempre de Wagner y sus seguidores sin dejar rastros, ya que su vida y la de su sobrino corrían serio peligro; pero también tenía que apoyar y proteger a Madeleine.


The Police era hábil con el arco, la ballesta y los cuchillos, con estos últimos no fallaba al apuntar al tiro al blanco. Trabajaba en varias ocasiones con su compañero Alvin, a quien apodaba “Camaleón” ya que hacía honor a su nombre, algunas veces se disfrazaba de mendigo, yonqui, deportista, otras de hombre de negocios o algún anciano con bastón o hasta travesti. Camaleón era muy hábil a la vez como francotirador, los dardos y la cerbatana. Continuamente hacían competencias de tiro, a veces participaba también Roy; apostaban una hamburguesa con soda y un billete de un dólar casi siempre. Aunque en dos raras ocasiones apostaron a correr en calzoncillos una vuelta a la manzana del vecindario, Camaleón debido a las circunstancias se había disfrazado de loco con los calzoncillos tipo pañalón, una peluca terrorífica, dentadura postiza y maquillaje; un patrullero policial llegó de inmediato al sector, fue lógico que Camaleón no pudo salir de nuevo ese día de casa.


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