Excerpt for Cien lecciones de historia sagrada by , available in its entirety at Smashwords




Cien Lecciones de Historia Sagrada,

©Presbítero Juan Scavia, 1889

Obra destinada a la enseñanza primaria con la aprobación eclesiástica.

ISBN 9781370920778

Smashwords Inc.

© Ediciones LAVP

Tel 9082426010

NYC USA


Sin autorización del editor no se podrá reproducir este libro por ningún medio de difusión física, impresa, electrónica, de audio o video. Hecho el depósito de ley. Todos los derechos reservados.


Imprimatur


Curiae, 2, Noviembris 1929. Ɨ GREGORIUS Ep. Cur.

El Ateneo de Lima, en vista de los dictámenes de los jurados que se dirigieron para informar sobre los libros y útiles de instrucción primaria y media, presentados al Certamen y Exposición convocados para el 2 de agosto de 1889, nos ha concedido una medalla de plata de 1a clase por nuestro libro "Compendio de Historia Bíblica", y otra de 2a clase por el libro "Cien Lecciones de Historia Sagrada" en testimonio de la bondad y utilidad del texto de estas dos magníficas obras.


Advertencias

Aunque la distribución de las lecciones no corresponda exactamente a los programas de la enseñanza primaria, presenta sin embargo a los maestros la ventaja de poder enseñar con mayor facilidad la Historia Sagrada, dividiendo su estudio en los varios años de las clases elementales.


Índice

Imprimatur

Antiguo Testamento

1 Creación del mundo.

2 Creación del hombre.

3 Caída del primer hombre.

4 Castigo del primer pecado.

5 Caín y Abel.

6 Diluvio Universal.

7 Los hijos de Noé.

8 Vocación de Abraham.

9 Sacrificio de Isaac.

10 Esaú y Jacob.

11 Jacob en Mesopotamia.

12 Los Hijos de Jacob.

13 José vendido por sus hermanos.

14 José en la prisión.

15 Exaltación de José.

16 Los hermanos de José.

17 José reconocido por sus hermanos.

18 La familia de Jacob en Egipto.

19 El Patriarca Job.

20 Moisés salvado de las aguas.

21 La zarza ardiendo.

22 Salida de Egipto.

23 Pasaje del Mar Rojo

24 Los israelitas en el desierto.

25 Infidelidad de los Israelitas.

26 Muerte de Moisés

27 Ocupación de la tierra prometida.

28 Gedeón.

29 Sansón.

30 Noemí y Ruth.

31 Helí y sus hijos.

32 Samuel.

33 Saúl.

34 David y Goliat.

35 Odio de Saúl contra David.

36 Muerte de Saúl.

37 Reinado de David.

38 Muerte de David.

39 Sabiduría de Salomón.

40 Últimos años de Salomón.

41 División del Reino.

42 Reino de Israel

43 Elías profeta

44 El profeta Eliseo

45 El profeta Jonás

46 Tobías en Asiria

47 El hijo de Tobías

48 Reino de Judá

49 Judith

50 Daniel en Babilonia

51 Sueños de Nabucodonosor

52 El horno ardiendo y el foso de los leones.

53 Humillación de Nabucodonosor.

54 Convite de Baltasar.

55 Término de la esclavitud.

56 Ester.

57 Persecución de Antíoco.

58 Judas Macabeo.

59 Últimos acontecimientos de los hebreos.

60 Expectación del Mesías.

Nuevo Testamento

61 Anunciación a María.

62 Nacimiento de Jesús.

63 Venida de los Magos.

64 Huida a Egipto.

65 Disputa con los doctores de la Ley.

66 Bautismo de Jesús.

67 Jesús en el desierto.

68 Vocación de los apóstoles.

69 La Samaritana.

70 Milagros de Jesús.

71 La piscina probática y la viuda de Naím.

72 La pecadora penitente.

73 Muerte de San Juan Bautista

74 La tempestad calmada y la multiplicación de los panes.

75 La Transfiguración.

76 Resurrección de Lázaro.

77 Humildad y dulzura de Jesús.

78 Paciencia y otras virtudes del Salvador.

79 Doctrina de Jesucristo.

80 Parábolas.

81 El samaritano caritativo.

82 El rico Epulón y Lázaro.

83 El hijo pródigo.

84 Entrada de Jesús en Jerusalén.

85 La última Cena.

86 Jesús en el huerto de los olivos.

87 Ultima noche de Jesús.

88 Jesús ante Pilato.

89 Muerte de Jesús.

90 Resurrección de Jesucristo.

91 Las mujeres piadosas en el sepulcro

92 Jesús se aparece a sus discípulos

93 Ascensión de Jesús.

94 Pentecostés o la venida del Espíritu Santo

95 Predicación del Evangelio.

96 San Esteban, protomártir.

97 El apóstol San Pablo.

98 Conversión de los gentiles.

99 Vida de los Apóstoles.

100 Las persecuciones y los mártires.


ANTIGUO TESTAMENTO

1. Creación del mundo

En el principio creó Dios el cielo y la tierra; pero la tierra era informe y vacía cubierta de agua y de tinieblas.

Dijo entonces el Señor en el primer día: Hágase la luz: y la luz fue hecha; y separándola de las tinieblas, formó el día y la noche.

En el segundo día dividió las aguas inferiores de las superiores, e hizo el firmamento que llamó cielo. En el tercer día mandó a las aguas inferiores que se juntaran en un lugar, y las aguas se retiraron formándose los mares; y brotaron las fuentes, los arroyos y los ríos. Después hizo producir a la tierra verdes yerbas y árboles frutales con sus semillas.

En el cuarto creó el sol, la luna y las innumerables estrellas que resplandecen en el firmamento.

En el quinto creó las aves que vuelan en los aires y los peces que viven en las aguas.

En el sexto mandó que la tierra produjese animales de todo género y especie, formó al hombre con su propia mano; y finalmente reposó en el día séptimo, al que santificó y bendijo.

2. Creación del primer hombre

Cuando quiso Dios crear al hombre, dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y tenga dominio sobre la tierra.

Formó pues el Señor el cuerpo del hombre del barro de la tierra, le infundió el alma y le dio vida. A este hombre, Dios le llamó Adán, esto es, hecho de tierra, para que se acordara de su origen.

Pero Adán entre tantos seres no tenía uno siquiera semejante; por lo que dijo el Señor: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle ayuda semejante a él.

Por tanto, sumergióle en un profundo sueño, y mientras dormía sacóle una costilla y de ella formó la mujer que le dio por compañera.

El nombre de esta primera mujer fue Eva, que quiere decir madre de los vivientes. Adán la recibió con ternura, y vivían ambos felices en la sencillez y en la inocencia; amaban a Dios sobre todas las cosas, y Dios los amaba como un amoroso padre ama a sus hijos.

3. Caída del primer hombre

Dios había puesto a Adán y a Eva en un jardín delicioso llamado Paraíso Terrenal.

Un río corría por este jardín; en él había toda clase de árboles hermosos, y cuyas frutas eran suaves y delicadas; en el medio se levantaba el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Dijo Dios al hombre: De todo árbol del Paraíso podrás comer menos del árbol de la ciencia del bien y del mal porque en cualquier día que comieres de él, morirás. El demonio entonces movido de odio y envidia, se valió de la serpiente para tentar a Eva y le dijo: ¿Por qué no coméis del fruto de este árbol?

La mujer respondió: Dios nos lo ha prohibido y si comiéremos de él, moriremos.

No, replicó la serpiente, no moriréis, sino que seréis como Dios, conocedores del bien y del mal. Eva engañada por estas palabras, agarró la fruta, comió de ella, e hizo comer también a su marido.

4. Castigo del primer pecado

Luego que Adán y Eva pecaron, comenzaron a sentir el remordimiento y a tener vergüenza, y aun el más leve movimiento de las hojas los llenaba de espanto.

Y como oyeron la voz y los pasos del Señor, que venía hacia ellos, tuvieron miedo y se escondieron entre los árboles.

Más el Señor llamó a Adán y éste respondió: tuve temor de tu presencia y me he escondido.

—¿ Y por qué tienes temor —prosiguió el Señor— sino porque has comido el fruto que yo te mandé que no comieses ?

Adán respondió: la mujer que me diste por compañera, me dio el fruto para que comiese.

Y dijo el Señor a la mujer: ¿Por qué has hecho esto? Ella respondió: La serpiente me engañó.

Entonces dijo el Señor a la serpiente: Por cuanto de ti proviene el mal, serás maldita entre todos los animales de la tierra; sobre tu pecho andarás y tierra comerás todos los días de tu vida. Eterna enemistad habrá entre ti y la mujer; tú pondrás asechanzas a su pie más ella quebrantará tu cabeza.

La mujer, de quien habla Dios, era María de la cual habría de nacer un día el Redentor.

Después volviéndose a Eva le dijo: Multiplicaré sobre ti los dolores y miserias y estarás bajo la potestad de tu marido. Y dijo a Adán: Maldita sea la tierra por tu causa; sudarás trabajando para sustentarte, hasta que la muerte reduzca a polvo tu cuerpo; porque polvo eres y en polvo te convertirás.

Después echó a Adán y Eva del Paraíso y puso a su entrada de guardia, a un ángel con una espada que arrojaba llamas.

Esta primera culpa del hombre pasó a todos los descendientes de Adán y se llama pecado original. Por eso todos nacemos fuera de la gracia de Dios, sujetos a la muerte y a todas las miserias del alma y del cuerpo.

5. Caín y Abel

Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel: fue éste pastor de ovejas y aquél labrador.

Uno y otro ofrecían dones al Señor. Caín de los frutos de la tierra, y Abel de lo mejor de su ganado: más el Señor aceptaba las ofrendas de Abel inocente y bueno, pero no las de Caín porque era malo.

Por esto se llenó Caín de enojo y envidia contra su hermano, y en su tristeza ni levantaba los ojos al Cielo.

Dijo el Señor a Caín: ¿Por qué envidias a tu hermano? ¿No está en tus manos el hacer el bien o el mal?

Pero Caín era sordo a la voz de Dios y germinaban en su mente feroces designios.

Un día convidó a Abel a pasear por el campo, y cuando estuvieron solos le acometió y le mató.

Después de tan horrible delito, Dios llamó a Caín y le dijo: ¿En dónde está tu hermano? Caín contestó con altivez: no lo sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Más Dios le dijo:

—La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra: tú serás maldito; la tierra que labrares no te dará ningún fruto: vagabundo y fugitivo errarás sobre la tierra.

Caín entonces huyó desesperado del perdón, y fue infeliz por toda su vida.

6. Diluvio universal

Habían transcurrido ya desde la creación de Adán cerca de mil seiscientos años, cuando habiéndose aumentado los hombres extraordinariamente, se habían también multiplicado los vicios sobre la tierra.

Entonces dijo Dios a Noé cómo había determinado exterminar al hombre, y también a los animales: mandóle construir un arca en forma de nave, y que entraran en ella, él con su mujer, sus tres hijos y sus mujeres, y asimismo hiciera entrar toda especie de animales.

Noé cumplió fielmente cuanto el Señor le había mandado. Se abrieron entonces las cataratas del cielo, desbordaron las aguas del mar y de todas las fuentes y una lluvia espantosa cayó sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches.

Las aguas cubrieron toda la tierra, subiendo hasta quince codos sobre la cima de los montes más elevados; todas las cosas quedaron sumergidas por el diluvio; en medio de este total exterminio solo el arca de Noé flotaba segura sobre las aguas, protegida por Dios.

Cesó finalmente la lluvia; las aguas sin embargo permanecieron todavía ciento cincuenta días a la misma altura. Dios entonces hizo soplar un viento muy recio y poco a poco las aguas disminuyeron y el arca se paró sobre una montaña.

Queriendo entonces saber Noé si estaba descubierta la tierna, abrió la ventana del arca y echó a volar un cuervo; pero el cuervo no volvió.

Siete días después despachó una paloma, que no encontrando donde posarse, volvió al arca; pero mandada segunda vez, volvió por la tarde trayendo en el pico un ramo de olivo; por lo que conoció Noé que las aguas se habían retirado de la tierra.

Entonces por orden de Dios salió Noé del arca con su familia y con todos los animales, y levantando un altar il Señor, le ofreció un sacrificio, en acción de gracias.

Agradó al Señor este sacrificio, prometiole que jamás volvería a mandar otro diluvio, e hizo aparecer el arco iris en señal de la alianza que había contraído con los hombres.

7. Los hijos de Noé

Habiéndose multiplicado extraordinariamente los hombres sobre la tierra y debiendo separarse, quisieron antes edificar una torre de tal altura que su cúspide tocara el cielo. Mas Dios para castigar esta soberbia, confundió su lenguaje de modo que no se entendían los unos a los otros; por lo que se vieron obligados a abandonar la obra que habían comenzado y a dispersarse sobre la tierra.

Los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, con sus generaciones, repoblaron poco a poco la tierra. Noé entre tanto atendía a la agricultura.

Él fue el primero que cultivó la viña, y habiendo sacado vino de la uva madura bebió de él sin conocer sus efectos y se embriagó.

Habiéndose dormido en su tienda, descubierto el cuerpo, le vio en tal estado Cam, y riendo fue a decirlo a sus hermanos; pero éstos avergonzándose de tan mal proceder y llenos de respeto por su padre, tomaron una capa y lo cubrieron.

Cuando Noé volvió en sí, sabedor de lo acaecido, maldijo a Canaán hijo de Cam, y declaró a su descendencia sujeta a las de Sem y Jafet, a quienes bendijo.

Desde entonces los descendientes de Sem habitaron el Asia, los de Cam el África, y los de Jafet se establecieron en Europa. La América debe haberse poblado por los que vinieron a ella de la parte septentrional del Asia.

8. Vocación de Abraham

Se había ido perdiendo con el transcurso del tiempo la memoria del diluvio, y los hombres se olvidaron también de Dios; adoraron el sol, la luna y las demás criaturas, y se contaminaron con todo género de iniquidades.

Entonces el Señor, queriendo formar una familia y un pueblo escogido, mandó a un hombre de Caldea llamado Abraham, que saliera de su país, que abandonara su parentela y la casa de su padre para ir a la tierra de Canaán.

Un acontecimiento extraordinario tuvo lugar en este mismo tiempo en el país que habitaba Abraham, y fue la destrucción de Sodoma y Gomorra y de otras ciudades que Dios castigó por su maldad, cubriéndolas con el Mar Muerto.

Abraham partió con Sara su mujer y Lot su sobrino. Pasado algún tiempo, el Señor se le apareció y le bendijo; después le constituyó dueño de todo aquel país prometiéndole que sus descendientes se multiplicarían como el polvo de la tierra.

Abraham permaneció fiel en el servicio de Dios; amó la paz y dio de ello una hermosa prueba, cuando por una contienda entre sus pastores y los de Lot, se separó del sobrino cediéndole la mejor parte de aquel país. Siempre se mostró afable y hospitalario con los forasteros.

Era ya anciano como también su mujer y no tenían hijos: cuando Dios, conforme a sus promesas dijo a Abraham: Sara tu mujer te dará un hijo y le llamarás Isaac.

Nació a su tiempo el niño prometido y llenó de júbilo el corazón de sus ancianos padres.

9. Sacrificio de Isaac

El Señor, para probar la fe y la obediencia de Abraham, le dijo un día: Abraham, toma a tu hijo único y sacrifícalo en holocausto sobre el monte que yo te indique.

Abraham se levantó resueltamente e hizo levantar también a Isaac, cargó sobre él la leña para el sacrificio, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo y se puso en camino con el hijo.

Mientras se dirigían hacia el monte, dijo Isaac a su padre: Padre mío, tenemos el fuego y la leña; ¿dónde está la víctima para el holocausto? Y Abraham contestó: Hijo mío, Dios proveerá. Y continuaron su marcha.

Luego que llegaron al lugar destinado, Abraham levantó un altar y lo cubrió de leña; ató a Isaac, le puso sobre el altar y tomó el cuchillo.

Alzada ya la mano, iba a matarle cuando un ángel clamó del cielo: Abraham, Abraham, no pongas las manos en la vida de tu hijo; ya he conocido tu fe.

Abraham alzó los ojos al cielo y se detuvo; después viendo a sus espaldas un carnero trabado en; las astas en una zarza, tomole y le ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

10. Esaú y Jacob

Isaac tuvo de Rebeca dos hijos. Esaú y Jacob. El primero tenía el cuerpo cubierto de vello como la piel de un animal, y fue un valiente cazador; el segundo fue pastor, de índole suave y de costumbres sencillas.

Habiendo cierto día preparado Jacob una sopa de lentejas, llegó Esaú fatigado del camino, y le dijo: Hermano, dame de esa sopa que has hecho, porque vengo del campo muy cansado. Le respondió Jacob: Te daré si me vendes los derechos de primogenitura.

Esaú, rendido de hambre, vendió por un plato de lentejas el derecho que los primogénitos tenían a la herencia y a las bendiciones del padre; más cuando reflexionando conoció su falta, encendiose en ira y amenazó de muerte a su hermano.

Entonces Rebeca, temiendo por la vida de su amado Jacob, huye, le dijo, huye, hijo mío, y refúgiate en casa de Labán tu tío, quédate con él hasta que se aplaque el furor de tu hermano. Y Jacob despidiéndose de sus padres se fue para Mesopotamia.

Mientras iba, una noche cansado del viaje, echóse a dormir al raso, recostando la cabeza sobre una piedra y vio en sueños una escala apoyada sobre la tierra cuya extremidad tocaba el cielo, por la cual Los ángeles del Señor subían y bajaban: y sobre ella estaba Dios.

Y oyó una voz que le dijo: Yo soy el Señor, Dios de tus padres; a ti y a tu posteridad daré la tierra en que duermes; en ti serán benditas todas las naciones; yo seré tu amparo donde quiera que fueres.

Cuando Jacob se despertó, dijo lleno de espanto: ¡El Señor está en este lugar y yo lo ignoraba!

Levantándose muy temprano Jacob, tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por monumento, y derramó aceite sobre ella, para indicar con esto que debía ser consagrada al Señor.

11. Jacob en Mesopotamia

Llegado Jacob a Mesopotamia fue acogido cariñosamente por Labán su tío, quien le confió el cuidado de numerosos rebaños que hizo crecer y prosperar.

Mas aunque Jacob sirviera a Labán con celo y fidelidad tuvo mucho que sufrir por culpa de su avaro tío, pues se vio obligado a permanecer en su servicio siete años para obtener por esposa a Raquel, hija menor de Labán,

Pasados estos siete años, Labán engañándole le dio a Lía por ser mayor de edad; así es que tuvo que quedarse sirviendo otros siete años para obtener a Raquel, y después otros siete antes de volver a su casa paterna.

Habiéndole dicho el Señor que volviera a su patria, Jacob salió de Mesopotamia y se fue a la tierra de Canaán con sus mujeres, sus hijos y con numerosos ganados.

Entre tanto, para calmar el ánimo airado del hermano, de quien temía, envióle mensajeros con riquísimos presentes. Esaú le salió al paso y Jacob así que le vio, se le acercó inclinándose hasta el suelo.

Aplacado con esto Esaú corrió al encuentro de su hermano, le estrechó entre sus brazos, le besó llorando de ternura, y le protestó que nunca había tenido intención de hacerle mal alguno.

Entonces Jacob entró a su patria lleno de riquezas y de bendiciones; pudo abrazar a su anciano padre, pero no a la madre, que ya había muerto; y toda aquella familia vivió tranquila y unida hasta la muerte del Patriarca Isaac que alcanzó a los ciento ochenta años.

12. Los hijos de Jacob

Jacob tuvo doce hijos, entre los cuales había uno llamado José. Su padre le quería más que a los demás, y le había dado una túnica de diferentes colores. Por esto sus hermanos le odiaban, y el odio creció después que les contó el siguiente sueño:

Soñé, les dijo José, que estábamos juntos en el campo atando haces, cuando he aquí que mi haz se levanta y se mantiene derecho, y los vuestros estando alrededor, se inclinan al mío.

Respondieron los hermanos: ¿qué significa ese sueño? ¿Serás por ventura nuestro rey? ¿O estaremos sujetos a tu dominio? Tuvo después otro sueño que contó al padre y a los hermanos diciéndoles cómo había visto el sol y doce estrellas que le adoraban. El padre le dijo: ¿Qué quiere decir esto? Acaso yo, tu padre y tus hermanos debemos adorarte?

Sus hermanos le tenían envidia, pero el padre pensaba en todas estas cosas sin decirlo.

13. José vendido por sus hermanos

Un día Jacob mandó a José al campo donde sus hermanos apacentaban los ganados, para que le trajese noticias de lo que pasaba entre ellos.

Apenas le percibieron a lo lejos, dijeron: Ahí viene el soñador; matémosle y echémosle en una cisterna; diremos después que una fiera le devoró, y entonces se verá si le aprovechan los sueños.

Más Rubén el primogénito, tratando de disuadir a sus hermanos de tan atroz delito les dijo: No le quitéis la vida, ni derraméis su sangre, no manchéis vuestras manos; echadle más bien a una cisterna.

Le arrojaron pues a una cisterna; pero habiendo pasado por allí unos mercaderes que iban a Egipto y concertado con ellos su venta, le sacaron y se lo entregaron por veinte monedas de plata.

Los bárbaros hermanos añadieron a éste, otro delito. Para engañar al padre, empaparon la túnica de José en la sangre de un cabrito, y se la mandaron diciendo que una fiera lo había devorado.

El pobre Jacob a tal noticia prorrumpió en llanto, rasgó sus vestiduras, y durante muchos días estuvo llamando por su nombre al hijo desventurado.

14. José en la prisión

José fue vendido por los mercaderes a un rico egipcio llamado Putifar, el cual habiendo conocido sus virtudes, le confió el gobierno de su casa y de todas sus cosas.

Poco tiempo desempeñó José este cargo, pues acusado falsamente de un delito, fue encerrado en una cárcel oscura.

Había a la sazón en la misma cárcel, dos ministros del rey Faraón, el gran copero y el panadero mayor; y cada uno de ellos había tenido un sueño que nadie supo interpretar.

'El primero había visto en sueños una vid con tres sarmientos que producían uva; y él, que tenía en su mano la copa del Faraón tomaba de esa uva, la exprimía dentro de la copa, y se la servía al mismo Faraón.

José le declaró cómo al cabo de tres días debía ser restituido a su antiguo grado, y le rogó se acordara de él entonces.

El panadero había soñado que tenía tres canastillos llenos de pasteles sobre su cabeza y que las aves venían a comer de ellos. José predijo a éste, que dentro de tres días debía ser ajusticiado.

Los sueños se realizaron; pero el copero vuelto a su prosperidad se olvidó de José del cual había recibido señalados servicios.


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