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Cómo cambiar tu realidad

Adolfo Ramírez Corona





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Otros títulos de Adolfo Ramírez Corona:

La carta Dialéctica

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Dedicatoria

Presentación


PRIMERA PARTE

Cómo cambiar tu realidad

A qué viene esto de la meditación

Cómo pensamos

El cerebro pesimista

El cerebro fabulador

El cerebro experto

El cerebro que se estresa

El estrés que se estresa

El equipo completo

El estrés y la meditación

La atención

Los 3 elementos de la atención

Entrenar los 3 elementos

La meditación en psicoterapia

Qué es meditar

El primer respiro

Atención a la respiración

Contando

Otras técnicas básicas

Beneficios

El meditador

Mil y un meditaciones

50 palabras para nombrar la nieve

Iguales pero diferentes

Puntos en común

Cómo meditar: un mapa

La meditación que ya haces

La meditación del Buda

La meditación, hoy

Primero, la atención

Una meditación, muchos meditadores

Meditación personalizada


SEGUNDA PARTE

La realidad y cómo cambiarla

El mundo

El orden

El caos

Mapa y realidad

¿Cómo cambiar la realidad?

Las posibilidades infinitas


TERCERA PARTE

Budismo y Dharma

El Dharma

Las cuatro nobles verdades

El sendero óctuple

El karma

La meditación budista


APÉNDICE

Divagación sobre la palabra mindfulness

Bibliografía

Acerca del autor

Contacto




Para ti, Alejandra,

mi gran iluminadora

Presentación

Algunos de los siguientes textos fueron escritos originalmente mientras asistía a tomar mis clases de maestría, a conferencias, talleres y pláticas, o durante la lectura de libros relacionados con la psicoterapia, la meditación, el budismo, neurociencias, hipnosis, y otros tantos temas que caían en mis manos.

Otros son materiales que he usado para dar talleres y cursos principalmente sobre meditación.

Como toda selección, recopilación o antología, no busco ser exhaustivo ni mucho menos coherente. Cada título dentro de este libro tiene vida propia y se puede incluso leer en desorden o por separado.

La meditación, el yoga, la psicoterapia, el budismo, cambiaron mi vida, me han hecho mejor persona e incluso me han permitido dedicarme a ayudar a otras personas a transformar su realidad a través de mi práctica profesional como psicoterapeuta.

La principal razón de que estos textos estén aquí reunidos y te los presente en forma de libro es que encuentro recursos, reflexiones, herramientas, que han sido valiosos para otros y pueden serlo para ti.

Disfrútalos.

Primera parte

Cómo cambiar tu realidad

¿Quieres cambiar tu realidad?

¿Hay algo en tu entorno, en tus circunstancias actuales que consideras la fuente de todos tus problemas?

¿Algo o alguien que si no estuviera ahí eliminaría tu sufrimiento y haría tu vida más fácil?

¿Tal vez en la oficina, el trabajo, la escuela o la familia?

¿Alguna persona o personas que quisieras desaparecer y con eso recuperar tu felicidad?

*

Mira, la realidad es algo que no podemos conocer o a lo que podemos acceder directamente. Siempre están de por medio nuestros sentidos, la vista, el oído, y en un sentido más amplio la percepción. La percepción es la manera en que vemos o entendemos la realidad.

De modo que si hay algo en la realidad que no nos gusta es muy importante darte cuenta de que el gusto o mal gusto es nuestro y no de la realidad.

*

Está comprobado que diferentes personas ante un mismo entorno ven diferente el entorno y por lo tanto les afecta distinto la realidad. Cada quien reacciona diferente.

Incluso cuando ese entorno es adverso como en un trabajo o la escuela, o extremadamente adverso, como un campo de concentración.

Hermanos o gemelos formados o educados en el mismo entorno pueden tener diferentes resultados y eso depende de la manera en que eligen o deciden ver el mundo.

*

Hay cosas de la realidad que no pueden ser cambiadas, que no está a nuestro alcance cambiar. Salvo nuestra mente.

Y si hubiera algo posible de cambiar en la realidad, solo a través de un cambio de perspectiva o visión de la misma es posible descubrir qué se puede cambiar y cómo.

*

Es nuestra mente la que define nuestras experiencias, por eso el cambio está en la mente y no en las experiencias.

Para cambiar la realidad, hay que cambiar la mente.

*

La mente cambia cuando aprende, cuando se adapta, cuando acepta, cuando se abre, cuando se sacude, cuando viaja, cuando sueña, cuando imagina.

La mente cambia cuando leemos un libro, vemos una película, una obra de arte, conocemos a una nueva persona, nos mudamos, tomamos una clase, vivimos un duelo, tenemos un accidente.

Pero solo cambia si la mente, si tú estás dispuesto a ese cambio.

*

La disposición al cambio se puede aprender, se puede buscar, practicar.

Nada hay de secreto o esotérico en ello, se emplea una técnica, un método, como para aprender a andar en bicicleta o a nadar.

Tiene y ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia, las culturas y la misma ciencia.

Trance, autohipnosis, estados amplificados de consciencia, experiencia espiritual, desarrollo mental, iluminación, despertar, flujo mental, …

Uno de esos nombres es meditación y te invito a conocerla.

A qué viene esto de la meditación

La causa de los beneficios de la meditación son varios, dependiendo del tipo de meditación y las condiciones en las que se practica.

Cualquier beneficio relacionado con el estrés, la hipertensión, o padecimientos derivados del estrés, como gastritis, diabetes, son los más obvios. La imagen más típica que nos brinda la meditación es la de un monje totalmente quieto y calmado mientras medita. Sabemos que esa calma y quietud es una consecuencia casi inmediata de la meditación y por lo tanto es muy claro el beneficio que puede traer a cualquier padecimiento relacionado con el estrés.

Sin embargo, hay otros beneficios no tan claros en su funcionamiento.

Algo que sucede con la meditación es que nos ayuda a pensar, a procesar nuestras ideas y sentimientos al revés, es decir, de cabeza. Y no estoy hablando de una postura de yoga, sino a invertir algunos procesos de pensamiento.

Cómo pensamos

Usualmente, nuestra mente y cerebro son flojos. O bueno, les gusta ahorrar la mayor cantidad de energía posible. Y no es por nada. Digamos que para que pueda yo decidir si me gusta o no un lugar, si le puedo tener confianza o no a una persona, si algún alimento me cae bien al estómago, es un proceso complicado.

Una buena parte de la información que necesito para decidir viene del exterior, por lo que mi vista, oído, olfato, tacto, orientación, toda la información proveniente de nuestros sentidos tiene que ser procesada, evaluada, comparada con información que tengo almacenada.

La parte baja de nuestro cerebro se pone muy activa recibiendo esa información. Si en ese momento nos preguntan nuestra opinión sobre lo que estamos evaluando, lo más seguro es que ni siquiera podamos articular palabras. La información todavía no se procesa en la parte alta del cerebro, está todavía en la parte baja.

De ahí que digamos que es un proceso de abajo hacia arriba.

Una vez que nuestro cerebro y mente llegan a alguna conclusión, esta alcanza la parte alta, donde está el lenguaje, la abstracción.

De modo tal que mi opinión sobre un lugar, si le tengo o no confianza a alguien, lo que me hace sentir un platillo de comida, queda ya almacenado y es útil incluso para futuras ocasiones. La próxima vez ya no es necesario pasar por todo el proceso completo.

Lo cual está bien, porque es un mecanismo de protección, de avance en el conocimiento. De vez en cuando, si el cerebro y mente lo consideran necesario, vuelven a actualizar su información y repiten en parte el proceso inicial.

Es cuando descubrimos que el lugar que nos gustaba ya no nos gusta, que a quien no le teníamos confianza nos da una mejor segunda impresión, o que el platillo que nos caía mal cuando teníamos diez años ahora nos puede hacer bien.

Como muchas otras cosas en esta vida, el problema no está en este proceso que es natural a nosotros, sino en que todo lo que tenemos ya juzgado se convierta en prejuicio. Nuestro cerebro y mente les da flojera, a veces miedo, el volver a hacer el proceso otra vez. Es el cerebro experto, sabiondo a veces.

El cerebro pesimista

Y para aquellos momentos en que es muy difícil llegar a alguna conclusión, a algún juicio, nuestra mente y cerebro tienen un mecanismo de protección. Está diseñado así por cuestiones de evolución.

El cavernícola que todos llevamos dentro no puede deshojar la margarita eternamente para decidir si lo que vio es un dinosaurio o no. Es indispensable decidir. Es entonces que entra y se hace cargo el cerebro de los peores escenarios, o cerebro pesimista.

Su trabajo es decidir sobre seguro y siempre vale más protegerse como si realmente hay un dinosaurio que confiarse y que nos coma. Es por nuestra protección, al menos en principio.

El cerebro del cavernícola se ha convertido en nuestro cerebro pesimista.

El cerebro fabulador

Otro aspecto de nuestra mente y cerebro es que, igual por un mecanismo de protección, está buscando explicación de todo casi todo el tiempo. Y lo que no logra explicarse se inventa una explicación.

Es nuestro cerebro fabulador. Es muy útil. Si necesitamos reparar algo, nos dejan una tarea en la escuela o hay un proyecto en el trabajo, nuestro cerebro fabulador nos ayuda a simular escenarios, a pensar, con base en la información que tiene, en las posibilidades, en construir una historia en la mente y luego en irla comparando con la realidad, para ir ajustando.

Y por supuesto, no solo es que genere imágenes como si filmara una película, sino esto implica emociones, reacciones, del resto de nuestro cerebro y mente.

Es decir, dedicar un poco de tiempo a planear un seguro médico es importante, pensar en costos y opciones, qué es lo que podríamos llegar a necesitar en el corto, mediano o largo plazo.

Igual, el cerebro fabulador se puede convertir en el cerebro parlanchín, el cerebro que no para de hacer historias. En el ejemplo del seguro médico, alguien puede pasarse todo el tiempo pensando en enfermedades, accidentes, en la muerte. Ese exceso es el que no es bueno.

El cerebro experto

Una vez que el cerebro fabulador se ha repetido hasta el cansancio una historia, la considera verdadera e inamovible, se la pasa al cerebro experto.

El cerebro experto a veces incluso olvida como llegó a ciertos conocimientos o verdades. Pero tiene ya una serie de máximas o premisas que repite cada cierto tanto.

"Nunca confió en las personas que tal y tal".

"Siempre es mejor hacer tal cosa antes que está otra".

"No vale la pena tal o tal".


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