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NUEVAS SENSACIONES



J.A. Moralli





























Copyright © 2018 J.A. Moralli

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- Primera Parte

La idea

La preparación

La propuesta

Precalentamiento

La práctica hace el arte

- Segunda Parte

La joya

La cena

Ansiedad

La meta


















Primera Parte



La idea





Raquel dejó de leer. El corazón le iba a mil. Acababa de emerger de las profundidades de la lujuria a la silenciosa tranquilidad de su habitación. Lucas no volvería a casa hasta las tres, así que tenía un buen rato para ella, para poder volver a meterse en ese placer que solo sentía cuando leía.

Dejó el libro junto a ella y cerró los ojos. Podía recordar toda la escena de la orgía, la había leído tantas veces que casi se la sabía de memoria. Quería sentir lo mismo que las protagonistas de la novela. Quería que la chuparan, la penetraran... perder el control, encadenar un orgasmo con otro y temblar de placer… Lo necesitaba tanto… ¿Cuando fue la última vez Lucas y ella habían hecho algo de sexo…? ¿Dos semanas? Mejor no pensar en eso… Una sombra de preocupación le recorrió el cuerpo ¿Y si estaba con otra? No, ni se lo podía imaginar. Casi siempre sabía donde estaba, era materialmente imposible. Sonrió. Se imaginó a tantísima gente que pensaría eso justo antes de enterarse de que les estaban poniendo los cuernos. Supuso que las necesidades sexuales cambiaban con el tiempo… ¿Sería que se estaban haciendo mayores? ¿Los niños? ¿La rutina? Suspiró. Cogió nuevamente el libro y pasó las páginas hacia atrás, antes de que comenzara la orgía. Puso su mente en blanco y comenzó a leer, a recrear nuevamente esa escena salvaje… Lucas se colaba entre los personajes masculinos, era al final él el que la penetraba, o su versión idealizada ¿Qué pensaría Lucas si supiera como le excitaba la idea de ser penetrada por diferentes sitios, con más gente, todos tocándose, gimiendo, disfrutando sin pensar en nada, solo placer…?

No fue consciente de cuando su mano se coló bajo sus vaqueros, bajo su tanga… De pronto, sus dedos ya estaban acariciando su pubis rasurado, yendo más abajo, más adentro de su cálida humedad. Dejó el libro a su lado. Con los ojos cerrados era como estar en esa escena, ser las dos protagonistas al mismo tiempo... Estaba ahí, siendo penetrada por delante y por detrás, mientras la acariciaban y la besaban.

Sus dedos se escurrían cada vez más adentro. Estaba empapada. Por un segundo abrió los ojos y volvió a estar en la habitación, en silencio, el sol entraba a través de la cortina... Se bajó los pantalones y el tanga en un solo movimiento. Sus dedos resbalaban ruidosamente dentro suyo, primero uno, luego dos... necesitaba más. Abrió los ojos de nuevo intentando mantener la realidad lo más lejos posible. Se giró a la mesita de noche, abrió el cajón y cogió el lubricante. Quería hacer la orgía lo más real posible, necesitaba tener una polla en el culo, quería disfrutar de ese placer que había leído tantas veces pero nunca lo había sentido. Le daba un poco de miedo; solo había tenido experiencia por detrás pero no fue nada agradable; pero de eso ya hacía muchos años, cuando era muy jovencita, con el niñato de Nacho. No era muy listo pero tenía coche..., y una polla enorme llenas de venas..., esa polla despertaba su fascinación y algo de temor. Siempre la follaba de forma salvaje como si la quisiera partir en dos, llenándola, tan fuerte...

De pronto se sintió de nuevo con dieciséis años, en el asiento de atrás del coche de Nacho, con la falda levantada y las braguitas colgando de su tobillo izquierdo, enganchadas del borde de sus calcetines rosas. Él sudaba. Era mucho más grande que ella (en todos los sentidos), sus abdominales golpeaban su vientre, su mirada lasciva tenía el ímpetu de un animal en celo, estaba fuera de sí, resoplando entre dientes. Entre las embestidas podía ver como esa polla enorme entraba y salía de ella, ya no le hacía daño, era un pistón engrasado que bombeaba sacudidas de placer en su coño prácticamente imberbe. Lo recordaba claramente: él embistiendo como una máquina mientras ella no paraba de gritar y gemir de placer, volvió a ver com él ponía los ojos en blanco, a punto de correrse, fue entonces cuando su polla resbaló. Entró casi entera... por detrás. La sorpresa fue tan desagradable... un dolor terrible que hizo que acabara insultándole y sacándoselo de encima mientras él se corría sobre ella. Su falda quedó empapada de semen que no paraba de salir como si fuera un surtidor mientras Nacho le suplicaba que lo perdonase sin poder disimular el placer de su eyaculación.

Fue su primera y última experiencia anal. Sí la podía llamar así. Alguna vez le habían intentado meter el dedo, pero nunca lo permitió. Habían pasado tantos años... Ahora era diferente. Era algo que quería, algo que sabía que iba a disfrutar. Además, solo era cuestión de un poco de práctica. Carolina siempre se lo decía (era algo de lo que le gustaba fardar cuando llevaba algún gin-tonic de más), por detrás eran sus mejores orgasmos ¿Por qué iba a perderse otra forma de disfrutar? Sí lo controlaba ella sola podría hacerlo luego con Lucas. Quería que le metiera la polla en su culo, entera. Ponerse cuatro patas, bien en pompa y expuesta, separar sus nalgas con las manos y sentir sus huevos golpear contra su coño… Miró el reloj del móvil: las 11:00. Tenía mucho tiempo. De pronto se sintió como si volviera a ser una niña haciendo travesuras. Le pareció que estaba dando un paso trascendental. Se puso un poco de lubricante en el dedo y cerró los ojos. Se imaginó que una lengua le lamía el ano muy despacio, untándolo… una sensación placentera irradió desde su interior, ¿era eso el placer que sentían ellas? Sabía que tenía que haber más. Lo metió un poco, como si la pequeña lengua juguetona acariciara por dentro de su delicado orificio, muy suave y despacio; el placer creció. De su mente desapareció la idea del dolor, de Nacho y su polla…, solo quería ver hasta dónde podría llegar. Apretó despacio. El dedo fue resbalando cada vez más adentro… hasta que llegó a su nudillo. Una tensión creció dentro de ella, no demasiado molesta pero tampoco agradable, esperó un poco y la sensación se fue apagando. Cerró los ojos. Volvió a imaginarse en la orgía. Podía verlo desde fuera, desde cada uno de los personajes. Podía imaginar claramente como la follaban lentamente, como su culo se tragaba una polla enorme y gruesa. Raquel comenzó a mover el dedo, metiéndolo y sacándolo, cada vez más rápido. El placer fue creciendo, cada vez estaba más cachonda. Paró un segundo y se puso de lado. Bajó la mano entre las piernas y acarició su clítoris que estaba totalmente duro. Pasó la otra mano por detrás y volvió a meterse el dedo, como si le estuvieran follando por los dos lados... Se imaginaba con una polla por delante y otra por detrás... Todo se volvió cada vez más confuso. El placer irradiaba desde todo su cuerpo. Sus músculos se tensaron. Le faltaba aliento, quería gritar… ahogó unos gemidos cada vez más fuertes, envuelta en un ansia desesperada por explotar en un orgasmo. Era Lucas el que la follaba, quería... no, necesitaba su polla dentro de su culo, que la llenara de semen, ¿porque Lucas nunca se lo había pedido? Nunca lo había intentado... ¿Por qué había esperado tanto? Se lo pediría, sí, quería que la follara a cuatro patas, que le metiera la polla entera y se la volviera a sacar, que su ano se quedara abierto pidiendo más... Quería sentir la presión del semen de Lucas. El orgasmo la pilló pensando en eso. Fue tan intenso... Se tensaron todos sus músculos, metió todo lo que pudo el dedo dentro de su ano, entre gemidos que ya no pudo disimular y hundiendo el puño entre sus nalgas, intentando llegar lo más adentro que podía con su pequeño dedo... notaba su ano apretarlo en espasmos de placer. Necesitaba más, algo más... volvió a ella la imagen de la polla de Lucas llenándola de semen.

Poco a poco recuperó el aliento. Le costó unos segundos volver a la realidad... a su cama, su habitación, su casa vacía, los niños en la escuela y Lucas que no llegaba hasta la hora de comer. Estuvo así unos minutos, con el dedo dentro; poco a poco lo fue sacando y una sensación nueva fue creciendo dentro suyo... un vacío, como si hubiese perdido algo de ella misma, algo que necesitaba, una llave que abría la puerta a nuevos caminos que no podía esperar para recorrer.


La preparación




El orgasmo anal puede ser más intenso que el vaginal ¿En serio? Raquel leyó el artículo con una atención total. Llevaba toda la tarde buscando por páginas y foros. Con un dedo le había ido bastante bien pero con un pene… no quería que le saliera mal. Ya había leído muchas mujeres que se quejaban del dolor, aunque también había leído de otras que describían el orgasmo más intenso de sus vidas. Ese era su objetivo, no sólo poder jugar con su ano, quería sentir uno de esos orgasmos anales de los que había leído ¿podría? No solo era cosa de los foros y páginas de internet, la inocente Carolina le había dicho que eran más fuertes que los vaginales. Siempre había pensado que exageraba, que lo decía para hacerse la interesante detrás de esa carita de niña inocente, pero ahora comenzaba a dudar. Cuanto más leía sobre el sexo anal más seguridad tenía que era una fuente de placer que ella quería sentir.

Varias cosas le quedaron claras. La primera es que debía relajarse, eso parecía bastante fácil pero no dejaban de ponerlo. La siguiente era lubricar. Estuvo buscando varios lubricantes hasta que por fin se decidió por uno específico para sexo anal. Lo último fue buscar un dilatador para preparar el ano para la penetración. Había de varios modelos, unos cónicos que iban desde algo más fino que un dedo a otros más grandes que un pene. Otro que era como varias bolas juntas de látex que iban de una pequeña en la punta a la más grande en la base, en total cuatro bolas. Se compró ese, y le llegaría en dos días.

Los siguientes días siguió leyendo sus novelas y cuentos eróticos, masturbándose en la cama. Eso sí, ahora ya le entraban dos dedos por detrás sin problemas.


El jueves sonó el timbre. Ya había visto por la web que el paquete le debía llegar ese día. El día anterior le habían traído el lubricante pero todavía no lo había usado, quería esperar a tener el dilatador. Se quedó junto a la puerta esperando el sonido del ascensor. Cuando el chico le dio el paquete Raquel notó que la cara le ardía.

—Gracias —le dijo al chico que escribía en su móvil sin mirarla. Ella estaba sudando. Él le extendió el móvil —¿Me puede firmar aquí?

—Sí, claro —hizo un garabato con el palito de plástico que le pasaba.

¿Sospecharía que lo que le acababa de dar acabaría dentro del culo de esa mujer, que temblaría de placer? Seguramente no, pero no estaba segura. Le sonrió y él le devolvió la sonrisa, bastante sincera e inocente como para que tuviera algo sucio en la mente. En cuanto cerró la puerta se fue directamente a la habitación con el paquete apretado al pecho. Abrió la caja sobre la cama, dentro había otro paquete más pequeño bastante envuelto en plástico en el que estaba su ansiado dilatador. Cuando lo desempaquetó y lo tuvo en la mano lo primero que pensó es que era bastante pequeño. Después comparó el ancho de las bolas con sus dedos. La primera era más grande que su pulgar, pero la segunda ya sería como tres dedos y la tercera casi de gruesa como la polla de Lucas. La última se veía imposible. Sin darse cuenta sus pezones se habían endurecido. Se moría probarlo. Fue al baño y lo lavó con gel.

En su habitación se estiró en la cama a leer algo de erótica pero no se podía concentrar, solo pensaba en como sería tener su nuevo juguete dentro. Se bajó los pantalones y comenzó a excitarse. Desistió de cualquier intento de leer y abrió el bote de lubricante. Puso un poco en la punta de los dedos. Era transparente y muy aceitoso.

Se acarició alrededor del ano, no le costó imaginar que era una lengua lo que pasaba por su pequeña abertura. Casi se le coló un dedo dentro sin querer, entraba con mucha facilidad, no dudo en meterlo entero. La sensación era agradable, pero sabía que podía entrar más. Sacó el dedo y probó con dos, solo la punta, hasta la primera falange... un poco más, más adentro. Se imaginaba la polla de Lucas... ¿Cuánto habría entrado? Seguramente no le hubiese ni entrado el glande, sus dedos eran pequeños y la polla de Lucas... Quería la polla de Lucas dentro. Se comenzó a follar el culo con los dedos. Cada vez que los movía notaba una sensación agradable, algo que le recorría todo el cuerpo. Fue cada vez más rápido, más adentro... Ni se dio cuenta cuando fue el momento que sus nudillos golpearon contra su culo, con los dos dedos completamente dentro. Le gustaba pero le faltaba algo más. Estiró la mano y cogió el dilatador, lo untó con lubricante. Se acercó la punta al ano, despacio, haciendo tan solo un poco de presión. La primera bola entró suavemente, siguió hacia la segunda que se resistió un poco más, haciendo notar una presión que creció dentro suyo. Espero unos segundos mientras se acariciaba suavemente el clítoris. Imaginaba a Lucas mirándola así, seguro que se le abalanzaba encima, se sentía tan, tan... porno. Sin darse cuenta ya tenía la bola completamente dentro y se metía y sacaba lentamente el dilatador que la llenaba tanto... Cerró los ojos, ahora ya no era el dilatador, era la polla de Lucas, dentro de ella, llenándola... Se frotó el clítoris mientras sus caderas se movían de forma salvaje. Algo eléctrico le recorrió el cuerpo y una oleada de placer le sacudió. Se estiró y cogió el consolador que tenía en su mesita de noche, al moverse el dilatador se le clavó un poco más. Esta tan excitada que apretó el culo contra la cama para clavarlo aún más... Encendió el vibrador y se frotó el clítoris. Notaba el ano estirado a más no poder... fue metiendo el consolador como si una polla entrara y saliera dentro de ella. Cada vez más rápido, tiraba del dilatador y empujaba el consolador al mismo tiempo. Todo su cuerpo era una tensa sensación de placer que no paraba de crecer. Quería una polla, una en cada uno de sus agujeros... De pronto todo se borró. El orgasmo llegó así, sin darle tiempo a nada más, le sacudió el cuerpo, no podía parar de moverse mientras las olas cada vez más suaves de placer le recorrían el cuerpo.

Quedó tendida, el culo le latía. Había sido un orgasmo muy intenso pero no estaba segura de calificarlo como "orgasmo anal".


La propuesta




—¿Qué? —fue lo único que supo responder Lucas mientras se incorporaba en el sofá con los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir.

Raquel lo miraba divertida. La película seguía de fondo sin que nadie la viese. No había encontrado mejor momento, y cuando por fin se durmieron los niños aprovechó. Llevaba horas buscando una oportunidad, se moría de ganas de pedírselo…, y de ver que cara pondría. Aunque por el momento era mucho mejor de lo que esperaba, la cara de Lucas estaba tan iluminada que le hacía sentir cosquillas dentro del pecho. De pronto notó un extraño poder sobre él, sabía que con unas simples palabras podía hacer que él la siguiera a donde ella quisiera. Sus pezones se endurecieron.

—Quiero que me la metas por el culo... —le dijo sin dejar de sonreírle, como si le pidiera que la llevara al cine. Lucas movió la boca pero no dijo nada. Era como si lo hubiesen paralizado— Quiero probar... A ver si me gusta —le dijo Raquel que comenzó a dudar si la cara de Lucas era de excitación o si se lo estaba tomando a broma— ¿Te parece muy guarro?

—Sí —dijo con un gesto que hizo que la excitación le recorriera el cuerpo— Y me encanta —le dijo acercándose a ella y besándole en los labios.

—¿No te dolerá?

—Lo haremos con cuidado ¿vale? —le susurró al oído.

—Sí claro

—Además... He estado practicando.

Lucas se mordió el labio y la besó nuevamente.

—¿En serio? —dijo casi sin aliento— ¿Qué has hecho?

—Bueno… He jugado un poquito... —le susurró al oido mientras le acariciaba la entrepierna. No se sorprendió al encontrar el bulto duro Lucas.

—¿Cómo jugabas? —le preguntó mientras ella le bajaba la bragueta del pantalón para liberarle la polla que ya asomaba el glande duro y brillante por encima de los calzoncillos.

—¿Quieres que te lo enseñe? —ronroneó sin dejar de mirarle la polla que ahora ya estaba completamente libre.

—Joder. Sí.

—Vamos —y antes de levantarse se inclinó y le pasó la lengua por el glande.


Precalentamiento




Raquel llevó a Lucas hasta la habitación cogiéndole de la polla y guiándolo como si fuera el asa de una maleta. Pasaron por el pasillo junto a las habitaciones de los niños que dormían en silencio. Hacía mucho que no lo cogía así. Sentía cosquillas por debajo de la piel. Entraron entre risas a su habitación que olía suavemente a incienso.

—Espera —le susurró al oído—quítate la ropa y acuéstate. Ahora vengo.

Cerró la puerta con pestillo y se metió en el lavabo. Había dejado un camisón transparente cuando había ido a acostar a los niños. Se quitó el pijama que llevaba y se puso el camisón. Antes se había duchado y había dedicado un buen rato a sus partes más íntimas, especialmente la que iba a ser la protagonista en unos momentos, igualmente se volvió a lavar en el bidé con agua templada y un poco de jabón íntimo. Lo hizo despacio, sabiendo que Lucas estaba escuchando el agua y se debería estar imaginando que se estaba tocando. Se metió un poco el dedo enjabonado dentro de su ano, ya no había ninguna resistencia. Se enjuagó y secó suavemente con la toalla. Vio su reflejo en el espejo, tenía los pezones tan erectos que sobresalían bajo el camisón. Más abajo su entrepierna rasurada se veía claramente tras la tela del camisón. Abrió el pestillo y salió despacio. En la cama estaba Lucas desnudo, con la polla dura apuntando al techo.

—Joder —le dijo—... Estás buenísima.

—Gracias —le sonrió mientras se ponía de rodillas sobre la cama.

—¿Me enseñarás cómo jugabas? —Lucas intentó acariciarla pero Raquel le cogió de la muñeca.

—Yo te enseño pero tienes prohibido tocarte a ti ni tocarme a mi ¿vale? Yo dirijo.

La expresión de Lucas era de diversión y excitación.

—Vale —dijo acomodarse en la cama y quedándose quieto—. Listo.

Raquel gateó hasta el borde de la cama y abrió el cajón de su mesita de noche rebuscando en el fondo. Sacó una bolsa de terciopelo negra. La abrió.

—He comprado este lubricante que es especial para el sexo anal.

—¿Y va bien?

—Sí. Mira —dijo mientras ponía un poco entre los dedos. Se giró para dejar el culo apuntando a hacía Lucas, quedando a cuatro patas con la bolsa de terciopelo delante de ella. Dejó caer el pelo a un lado de su cabeza y se giró a ver la cara de Lucas que la miraba sin pestañear. Subió un poco el camisón para dejar completamente expuesto su ano y su coño hinchado que no disimulaba su excitación. Raquel acarició su ano que quedó brillante al untarse de lubricante. Lo hizo despacio y casi sintiendo la mirada de Lucas concentrada en su pequeño orificio. Poco a poco fue introduciendo un dedo, hasta que se perdió dentro de su ano, luego le siguió otro. Con poco esfuerzo ya se había metido los dos dedos completamente.

—¿Te gusta? —le preguntó Raquel en un susurro

—Mucho.

La polla de Lucas estaba tan dura que latía. Raquel sacó despacio los dedos y volvió a ponerse más lubricante. Entonces sacó el dilatador y lo untó con el líquido resbaladizo que ya tenía por todos los dedos y buena parte de la mano.

—¿Qué es eso? —preguntó Lucas detrás de ella.

—Un dilatador. Es para agrandar el ano y prepararlo…

—Joder, eres una profesional.

—Mira —le dijo en un susurro.

Entonces apoyó el pecho contra la cama para poder tener las manos libres y dejar el culo en pompa, pero asegurándose poder seguir viendo a Lucas. Con las dos manos se ayudó para meter la primera de las bolas del dilatador. Pudo ver como la mandíbula de Lucas se descolgaba, eso la excitó lo suficiente como para meterse la segunda bola de golpe. Despacio comenzó a mover el dilatador como si fuera una polla que le estuviera follando el culo.

—Raquel —gimió—, me estás poniendo más cachondo de lo que he estado nunca.

Todo era tan excitante que Raquel tenía la sensación que en cualquier momento la sorprendería un orgasmo. Saber que Lucas estaba tan excitado tenía un efecto casi narcótico en ella, era como si de pronto no hubiese límites.

—Eres lo más sexy que he visto en mi vida —dijo casi sin aliento—Por favor, déjame metértela…

—Espera un poco... — y con un poco de esfuerzo entró la última bola.

Se follaba el culo cada vez más rápido, entre jadeos. Su cuerpo se tensaba a la espera del orgasmo que se avecinaba.

—Mira —le dijo, ya fuera de sí, queriendo que Lucas se excitara aún más. Lo miró con los ojos entrecerrados de placer mientras sacó el dilatador por completo y su ano rosado y rojo quedó abierto suplicando más.

—Joder —gimió Lucas. En ese mismo momento notó unas gotitas cálidas que le cayeron en las nalgas.

—Mierda —dijo Lucas.

Raquel abrió los ojos para ver como la polla de Lucas escupía un chorro de semen que le cayó por el pecho y la barriga.

—¿Te has corrido? Pero si no te estabas tocando.

Eso la puso más cachonda todavía, saber que había hecho que Lucas se corriera solo de mirarla era algo nuevo y mágico.

—Pero no te preocupes, que puedo follarte ahora mismo cuatro veces más. Me tienes desesperado.

—Quieres que vuelva a hacer lo del dilatador?

—Sí, por favor, pero luego quiero metértela

—Yo también quiero que me la metas y me llenes de semen.

Vio como la polla de Lucas latía de nuevo con fuerza mientras ella volvía a introducirse el dilatador.


La práctica hace el arte




—Ven.

Lucas se incorporó como un resorte. Ella seguía con el pecho aplastado contra la cama y el culo en pompa. El dilatador había quedado completamente metido dentro de su ano que brillaba estirado como una boca que apenas puede con lo que engulle. Tras la última bola del dilatador asomaba el mango en forma de corazón.

—¿Quieres moverlo tú? —le preguntó a Lucas en un suspiro.

—¿Puedo...?

—Si, con cuidado.

De pronto notó como el dilatador se movía dentro de ella, despacio, girando, entrando un poco y saliendo.Todo muy lento y suave. Ella comenzó a mover las caderas ayudando con el movimiento, él enseguida entró en sintonía con ella y en poco tiempo el dilatador comenzaba a entrar y salir de su ano.

—¿Te gusta así? —preguntó Lucas.

—Sí... —dijo casi sin aliento.

—Quiero metértela.

—Sí...

Notó como el dilatador salía despacio, dejando un hueco dentro de ella. Un vacío de sensación que le pedía más...

—Me encanta esto que haces con el culo.

Raquel sabía que el ano había quedado abierto deseando ser rellenando nuevamente. No tuvo que esperar mucho, enseguida algo comenzó a penetrarla, más recto y largo que el dilatador. Por fin sentía la polla de Lucas dentro de su culo. Entro fácilmente, despacio, y muy profundo. Al principio le dolió un poco.

—Un momento —el dolor seguía, evidentemente la postura no era la mejor. Se sacó el miembro de Lucas y bajó un poco las caderas mientras le cogía la polla a Lucas y la guiaba de nuevo a dentro de su culo —Así. Despacio.

El pene entró esta vez sin problemas. La sensación fue completamente nueva. Despacio fue metiendo la polla hasta que llegó a su base. Sentía algo extraño dentro de ella, esperó y distraídamente comenzó a mover las caderas, al principio despacio.

—Joder, está entrando entera ¿Te duele?

—No... —dijo en un gemido.

—La quiero más adentro.

Ella estiró los brazos por detrás y separó sus nalgas. Lucas cada vez se movía más rápido. La sensación era increíble. No supo cuánto estuvieron así pero ella no quería que acabara nunca.

—Espera —le dijo mientras la sacaba de dentro suyo— ven.

La tumbó de lado y la puso boca arriba. Le levantó las piernas como tantas otras veces hacían para follar. Pensó que él quería desistir de seguir probando pero para su sorpresa la polla de Lucas buscó la entrada de su culo. Ella le sonrió y le ayudó a meterla. Se deslizó limpiamente en su interior. Notaba como entraba mientras la pelvis de Lucas se apretaba contra su coño chorreante. Así le entraba mucho más adentro. Las sensaciones eran profundas, y su cuerpo no resistió más. El orgasmo llegó de golpe, entre espasmos y temblores de todos sus músculos. No quería parar. Lucas seguía dándole cada vez más fuerte.

—¿Quieres ponerte arriba? —le jadeó Lucas al oído

—Vale.

Ella se subió sobre él. Él la miraba con un deseo que ella no había visto en mucho tiempo. Le cogió de la base de la polla y la encaró contra su culo, que la engulló despacio mientras se volvía a dilatar alrededor del glande, que entró limpio dentro de ella, no pudo evitar mover la cadera, la quería más dentro. Dejó que la gravedad le ayudara a introducirse más el miembro de Luís hasta que notó que ya la tenía todo dentro y sus testículos contra sus nalgas… No hizo falta mucho para que se volviera a correr, esta vez comenzó a hacer gemidos tan fuertes que se tapó ella misma la boca sin poder contener el placer. El orgasmo no se acababa nunca. Lucas respiraba cada vez más fuerte. Notó perfectamente como eyaculó dentro de ella llenándola de semen. Lo notó como nunca lo había notado. El placer hizo que solo importara eso. Todo se convirtió en eso, solo placer, una montaña rusa que la arrastró entre temblores.

Cayó sobre Lucas. Le faltaba aire. Estaban completamente sudados. La polla de Lucas continuaba dentro de ella, la dejó así un rato, le costaba separarse de esa sensación.



















Segunda Parte



La joya




Raquel miró el reloj del comedor mientras dejaba el bolso sobre la mesa. Se le había hecho tarde. Siempre le pasaba igual, iba con tiempo pero su madre madre se enrollaba más que una persiana. Los niños se habían quedado en pijama y con sus peluches para dormir, pero su madre siempre tenía algún comentario que la hacía sentir como una niña… Pero bueno, esa noche ya tendría la oportunidad de jugar a super abuela.

En media hora pasaría Lucas a buscarla para ir al restaurante, con lo que tenía el tiempo justo para cambiarse y prepararse. Entró en la habitación mientras se quitaba la camiseta. Cuando la iba a dejar vio que sobre la cama había una cajita con una nota que ponía "Ábrela". La abrió. Dentro había otra nota y un objeto pequeño de metal con una joya rosa en una punta y forma de bala metálica. Abrió la nota y la leyó:


Me preguntaste que quería para mi cumpleaños. Quiero que hagas exactamente lo que pone esta nota. Paso por paso. Y como sé que siempre vas con el tiempo justo, cambie la hora del restaurante para un poco más tarde así que tienes media hora extra. Bueno… Como te decía, tienes que seguir al pie de la letra lo que pone esta nota. No leas la siguiente orden hasta que hayas hecho la anterior ¿Lista? Bien. Comencemos.

Quiero que te pongas lo que te he dejado junto a esta nota. Supongo que ya sabes que es una joya anal (o plug anal), y como te puedes imaginar, te la debes introducir en el ano. Ponte un poco del lubricante que comprase. Pero antes te tienes que desnudar. Esta es tu primera orden. Quítatelo todo. Cuando estés lista ponte un poco de lubricante en el dedo. Acaricia alrededor de tu ano, como si fuera mi lengua, introduce poco a poco la punta del dedo. Mételo entero, como el otro día. Sabes cómo me gusta... ¿Ya has metido dos? Disfrútalo, juega un momento, no tiene que haber dolor. Cuando lleves un rato ponte la joya, despacio, hasta que entre entera, puede que tengas que apretar un poquito, luego me contarás qué sentiste ¿Ha entrado bien? Ahora no hagas nada más, déjala dentro. Acostúmbrate a ella. Hazla tuya. Comienza a tocarte. Primero los pezones, estíralos, aprieta tus tetas. Baja hasta tu coño, acarícialo suavemente por fuera. Metete un dedo, despacio, luego dos. Mientras lo haces nota la joya dentro de ti ¿Estás cachonda? Bien. Para. No te corras. Ahora vístete. Ponte el tanga de encaje que me gusta, el de hilo. Y ponte el vestido corto, el negro. La joya no te la puedes sacar. Vendrás a la cena con la joya y te la dejarás toda la cena. No tengas miedo ni vergüenza. Sólo yo puedo sacartela.


Raquel siguió paso por paso lo que le pidió Lucas en la nota. No le costó mucho introducir la joya. Se miró en el espejo, ver la joya incrustada en su ano la excitó mucho. Se tocó y acarició como lo pedía la nota y le costó mucho parar para vestirse. Si no hubiese llegado el mensaje de Lucas diciendo que llegaba en 20 minutos seguramente se hubiese corrido. Al salir de casa el corazón le iba a mil. Antes de bajar probó de sentarse en la silla del comedor. Notó como se clavaba más adentro el plug, era una sensación deliciosa. Lucas la esperaba en el coche aparcado en la esquina. Caminar hacia allí con el plug dentro de ella era algo increíblemente excitante. No paraba de mirar a la gente que pasaba a su lado, le ardía la cara y sabía que estaría muy roja. Cuando llegó abrió la puerta, de pronto tomo consciencia que el asiento estaba demasiado abajo y tendría que doblarse para entrar, nunca había sido tan consciente de sus movimientos. Se dejó caer suavemente y la presión aumentó según su cuerpo se acomodaba en el asiento. Lucas la miraba divertido. Se estiró y le besó en los labios y se volvió a sentar volviendo a sentir el plug hundirse en su esfínter.

—¿Te lo has puesto?

—Sí —le sonrió.

—¿Me lo enseñas?

Raquel levantó el vestido y el muslo y se inclinó hacía su puerta. Con la mano levantó un poco la nalga de la pierna izquierda. Estaba mirando la cara de Lucas que se iluminó en una sonrisa lasciva al levantar un poco más el muslo.

—Te queda hermoso —le dijo y volvió a besarla— ¿Te excita?

—Sí.

—A ver... —le dijo mientras metía sus dedos entre sus piernas y alcanzaba su cálida humedad— Sí… Estás muy mojadita.

—No sé si voy a poder aguantar toda la cena —le dijo mientras le acarició la entrepierna y se encontró con el rígido bulto de Lucas.

—Pues de eso se trata, de que aguantemos —y le acarició la rodilla—. Vamos, que llegamos tarde.

Durante el camino Lucas no dejó de meter la mano entre sus piernas y ella intentaba atrapar sus dedos dentro suyo. Si hubiese sido por ella habrían vuelto a casa en ese instante.


La cena




Aparcaron cerca. De camino pasaron por una avenida llena de tiendas y escaparates. Lucas se paró en casi todos los escaparates en un juego que consistía en besarla y la abrazarla cada vez que paraban. Cuando lo hacía le acariciaba la espalda hasta llegar al canalillo entre sus nalgas, entonces apretaba la joya del plug clavándoselo más adentro, mientras apretaba la apretaba contra el bulto hinchado de su entrepierna. Cuando llegaron a la puerta del restaurante ya estaba completamente mojada. Casi no tenía aliento ni para hablar.

—¿Qué tal?

Raquel contestó con un suspiro y abanicándose con la mano. Lucas le besó en los labios.

—Me tienes super cachonda —le susurró al oído.

—De eso se trata, ¿no? Vamos.


El camarero los guió a su mesa. Era absurdo que todo el mundo se comportara como si no pasase nada. Ella solo podía imaginarse follando con Lucas en cada uno de los sitios del restaurante. El plug parecía que crecía dentro suyo al caminar entre las mesas, era tan consciente de él... Sentía que su excitación era evidente y que en cualquier momento su humedad se resbalaría por las piernas o alguien se daría cuenta de que sus pezones estaban por atravesar el sujetador y el vestido y posiblemente mataran a alguien atravesándolo.

—Esta de aquí —señaló el camarero.

Era una mesa para dos cerca de los ventanales de la calle, desde ahí estaban expuestos tanto a los otros comensales como a la gente que pasaba por la calle sin prestarles atención. Al tomar asiento el plug se clavó mucho más adentro, su cara debió delatarla ya que Lucas sonrió libidinoso.

—¿Ha entrado más?

—Uff... Sí —Raquel sonreía completamente roja.

—Me encantaría verlo.

Por un segundo sintió el impulso de levantarse y subirse el vestido en medio del restaurante, luego tomó consciencia de toda la gente ajena a su excitación.

—Ahora te lo vas a tener que imaginar.

Volvió el camarero con la carta, les recomendó el pato y la ternera, el surtido de quesos y foie le resultó de los más apetecibles. El vino lo eligió Lucas, aunque casualmente era el que le recomendó el camarero. La cena estaba deliciosa pero le costó prestarle atención, solo podía pensar en cómo estaría su ano de abierto con el plug dentro, la joya fuera. El vino le ayudó a desinhibirse y dejar de prestar tanta atención a la gente que tenía alrededor. Ya estaban en los postres, cuando se levantó, sus pezones seguían rígidos como el acero.

—Voy un momento al baño.

—No te lo quites, ¿eh?

—No.


Al levantarse volvió a ser plenamente consciente de objeto que tenía dentro. Algo eléctrico le recorrió el cuerpo. Pasó por medio de la gente que cenaba muy decentemente. Alguno la miró de una forma que le hizo dudar si realmente sabía lo que llevaba en el culo.

El lavabo era pequeño pero muy agradable, parecía el de la casa de una abuelita encantadora. Frente al wáter había un gran espejo. Se levantó el vestido para verse la joya del plug en su ano. Estaba completamente pegada a ella, con todo el plug dentro. Verse así le hizo pensar en una película porno, se sentía super sexy. Sin pensarlo sacó el móvil del bolso y se sacó una foto dejando ver claramente la joya rosa que brillaba sugerente, como si fuese la luz que señalizaba el camino.


—¿Todo bien? —le preguntó Lucas cuando volvió a la mesa.

—Sí —le respondió alcanzándole su móvil. Él lo cogió sin saber muy bien porqué y miró la pantalla. La cara se le volvió a iluminar. En seguida levantó la mano y llamó al camarero. Por un momento Raquel sintió miedo que Lucas quisiera enseñarle la foto. Entonces vio que le hacía el gesto para que trajera la cuenta.

—¿Nos vamos ya? —preguntó Raquel.


Ansiedad




No había mucho tránsito por la noche, aunque realmente no podía prestar atención a nada. Nuevamente el plug se clavaba dentro de ella como una pequeña polla que no paraba de follarle el culo. Sus pezones seguían tan duros que podían verse tras el sujetador y el vestido. No pudo evitar mover sus caderas provocando que el plug se metiera más adentro de ella.

—¿Estas cachonda? —El tono de Lucas tenía algo más de afirmación que de consulta. Al girarse lo vio que la miraba.

—Muchísimo... No puedo esperar para sentirte dentro mío —se sorprendió a si misma al decirlo.

—Como sigas así vas a volver a hacer que me corra sin que me toques.

Raquel comprobó por ella misma lo dura que la tenía Lucas. Sin decirle nada comenzó a desabrocharle los botones del pantalón para darle más espacio. El miembro se puso aún más rígido, lo liberó de los calzoncillos justo cuando Lucas paraba el coche en un semáforo. Él la miró sin decir nada. Ella volvió a fijar su atención en esa polla enorme; la deseaba dentro, tanto que ni tuvo que decidir metérsela en la boca, solo ocurrió. Comenzó a chupar con avidez. Pronto la respiración cada vez más sonora de Lucas se convirtió en jadeos. Por detrás sonó un claxon. Sin decir nada Lucas comenzó a mover las piernas y pasar la mano sobre su cabeza para cambiar la marcha. Ella notó como el coche se comenzaba a mover mientras seguía chupando. Ni pensó en la posibilidad de chocar o que alguien la viera, le daba igual, solo quería meter toda esa barra de carne caliente y dura dentro de su boca. Se llevó una mano entre las piernas, estaba tan excitada que había mojado el vestido. Por lo visto llegaron a otro semáforo. La mano de Lucas bajó por su espalda hasta llegar a la joya y comenzó a apretarla al ritmo en que ella engullía su polla. Eso la volvió loca de excitación. Cada vez más adentro y más rápido. El gemido de Lucas le hizo sentir que su recompensa estaba cerca, mucho más de lo que esperaba. El semen le golpeó en el paladar con una fuerza que le hizo cosquillas. Toda su boca se llenó de semen, no paraba de salir. Lo tragó todo. Cuando levantó la cabeza vio a Lucas mirarla jadeando.

—No he podido contenerme.

—Ni yo —le contestó pasando la lengua por el labio inferior y recogiendo el poco semen que se había escapado.

El coche estaba parado en el semáforo que ya estaba en verde. Afortunadamente no tenían nadie detrás. Arrancó con la polla todavía fuera del pantalón, que seguía firme y preparada. Condujo así hasta el piso. Raquel sabía que no sería la única vez que sentiría el sabor del semen de Lucas esa noche.


La meta




Llegaron besándose como adolescentes. En el ascensor Lucas le dio la vuelta y le levantó el vestido para volver a verle la joya.

—Me encanta —le dijo.

Sin darle tiempo a reaccionar se acuclilló y le bajó el tanga hasta las rodillas y comenzó a chuparle alrededor de la joya, llegando con la lengua al borde de su ano. El placer le hizo sacudir el cuerpo. Notó como la lengua siguió hasta su coño que estaba completamente mojado. Le dio el tiempo justo a levantarse antes de que se abriera la puerta. Le volvió a subir el tanga con cuidado y volvió a besarla. Entraron a casa mientras se besaban. Cerró la puerta y le apartó el vestido por el escote para dejar sus tetas expuestas. Se abalanzó sobre ellas succionando con fuerza sus pezones. Raquel pensó que se iba correr en ese mismo momento. Entonces volvió a notar como Lucas le apretaba nuevamente la joya. Ella busco en el pantalón de Lucas su enorme polla, dura e hinchada, la sacó fuera y se arrodilló para meterla nuevamente en su boca, aún tenía el sabor de la corrida de antes. La chupo un momento antes de volver a levantarse. Lucas le sacó el vestido por arriba y se quedó solo con el tanga de hilo. La giró. Ella se vio en el espejo del recibidor. Nunca se había visto así, parecía otra, una nueva Raquel, mucho más erótica y salvaje. Tras su reflejo vio a Luis mirándole el culo con una mirada de deseo irresistible.

—Ábrelo para que lo vea bien.

Ella se separó las nalgas con las manos.

—Joder, eres lo más sexy que he visto en mi vida.

Entraron al comedor y Raquel se puso de rodillas sobre el sofá con el culo en pompa para que Lucas pudiera verlo bien. Se giró y le sonrió mientras con una mano separa las nalgas abriendo el culo. Lucas, se quitó la camiseta y los pantalones, Se acercó a ella y se zambulló en su culo. Sintió como su lengua pasaba por cada recoveco de su cuerpo. De pronto notó como la joya se movía hacia afuera mientras la lengua de Lucas recorría todo su coño. Le costó entender que estaba estirando con los dientes del plug anal. Era todo placer. Lucas se volvió a incorporar. Casi no le dio tiempo a girarse para ver cómo la penetraba por delante mientras la joya seguía anclada en su ano. La sensación era increíble. Parecía que el plug crecía, sentía todo. Lucas la folló con fuerza y la dejó casi sin aliento. Luego le estiró del plug, con un poco de resistencia lo sacó dejando en ella una sensación de vacío. Lucas volvió a meterle el plug y comenzó a meterlo y sacarlo. Cada vez que lo hacía le arrancaba un gemido de placer. Lo hizo unas cuantas veces antes de meterle un dedo lleno de lubricante ¿De dónde lo había sacado? No le importaba, casi no podía mantener los ojos abiertos del placer que estaba experimentando.

—Métemela —le suplicó.

—Espera.

Volvió a meterle la lengua, esta vez entró bien adentro de su ano, recorriéndola por dentro. Ella apretó su culo contra la cara de Lucas en un intento de metérsela más adentro. Al mismo tiempo se frotaba cada vez más rápido su hinchado clítoris. Él volvió a incorporarse. Tras una pausa notó como su polla comenzaba a entrar en el culo. Entró limpiamente y fue como si algo indescriptible le recorriese el cuerpo, algo que le hizo jadear y perder la noción del tiempo y del espacio. No podía saber dónde terminaba su cuerpo y donde comenzaba el de Lucas que bombeaba dentro suyo como un pistón. El placer aumentó hasta cotas que no sabía que podía llegar a experimentar. El movimiento fluido del pene de Lucas dentro suyo era como una llave a nuevas sensaciones, eléctricas y convulsas que la tensaban en un placer que salir de su cuerpo… Notaba que estaba por explotar, era inminente…

—Ahora, ahora… —jadeo sin voz.

Lucas aceleró el ritmo y el placer aumentó. No podía ni mantener los ojos abiertos… Lo necesitaba más adentro, más profundo…

—No pares… —alcanzó a suplicar entre temblores incontrolables de placer.

Fue plenamente consciente de cuando Lucas se corrió, lo sintió pero él no paró, siguió y siguió entre los espasmos de Raquel en un momento eterno. Ellos dos, descubriendo nuevamente, deseándose, uniéndose… Era como cruzar un nuevo portal con Lucas, entrar en un nuevo sitio donde todo estaba por descubrir.



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