include_once("common_lab_header.php");
Excerpt for Diablico Sucio * Dirty Devil by , available in its entirety at Smashwords

Diablico Sucio ~ Dirty Devil


By Vernette Colucci

Copyright © 2015, Vernette Colucci

Copyright Illustrations, Milko Delgado

Spanish Editor, Diego Heckadon


Piggy Press Books


All rights reserved.

Todos los derechos reservados.


ISBN 978-9962-690-81-8 (soft cover, print)

ISBN 978-9962-690-84-9 (hard cover, print)

ISBN 978-9962-690-85-6 (ebook)

Índice * Contents


Diablico Sucio


Capítulo uno * El jardín de Nena

Capítulo dos * Isis y Felicidad

Capítulo tres * Cerro Nublado

Capítulo cuatro * El otro lado

Capítulo cinco * Juan Diego

Capítulo seis * El amanecer

Temas para reflexionar

El ilustrador

La autora

Las gracias



Dirty Devil


Chapter One * Nena’s Garden

Chapter Two * Isis and Joy

Chapter Three * Cloudy Mountain

Chapter Four * The Other Side

Chapter Five * Juan Diego

Chapter Six * Dawn

Ideas to Think About

The Illustrator

The Author

Thank you


Diablico Sucio

Capítulo uno

El jardín de Nena


NENA SUBIÓ a su bicicleta y dio una vuelta alrededor de su jardín.

—¡Achís! Este humo me tiene enferma —dijo ella, pero continuó con el usual recorrido por su jardín y con alegría exclamó—. ¡Buenos días a todos!

Apenas escucharon su voz, las flores abrieron sus pétalos y bailaron, mezclando sus colores rojos, anaranjados, rosados, morados, dorados y blancos.

Nena sintió una gran paz cuando de pronto escuchó una voz detrás de ella; se tambaleó y casi cae de la bicicleta. Su corazón latía a la velocidad de un tren.

—¡Diablico Sucio! —gritó ella.

—¡Oye, detente! —le dijo la voz.

Eso no era lo que pensaba hacer. Pedaleó con todas sus fuerzas, pero cambió de parecer. Dispuesta a todo, decidió enfrentar a su enemigo. Frenó de forma repentina y giró ciento ochenta grados. Se percató que solo era un muchacho. ¡Qué vergüenza!

La sonrisa del joven la alivió, él también tuvo que pedalear muy rápido para poder alcanzarla.

—¡Hola! ¿Por qué vas tan de prisa? —preguntó.

—Este… ¡es que no te había visto! Disculpa.

—¡Jooo! Ni que hubieras visto un fantasma! —dijo el muchacho.

—Quizás.

—¿Puedes hacerme un favor? —preguntó.

—¿En qué te puedo ayudar?

—¿Sabes dónde está el campo de béisbol? No tenía idea de que este lugar fuera tan grande, y creo que me perdí.

—Está bien, pero aguarda un momento. Deja que me calme un poco. ¿Cómo te llamas? No te había visto antes por aquí.

—Juan Diego —dijo moviendo su cuerpo con impaciencia.

—Pero, muchacho, quédate tranquilo. ¿Vas o vienes de jugar béisbol? Estás todo sucio de tierra hasta las orejas.

—Vengo de un juego y voy para otro, pero necesito llegar rápido. ¿Vives cerca?

—Este es parte de mi jardín.

Juan Diego observa con asombro a su alrededor, gira su cabeza de un lado al otro.

—¿Por qué pones esa cara? —preguntó Nena.

—Es que no entiendo, no entiendo, —le contestó él.

—¿Qué no entiendes?

—Pues, debo estar soñando, nunca he visto tantos árboles y flores. No me había dado cuenta de todo este verdor. ¿Cuál es tu secreto para que tengas un lugar como éste?

Nena suspiró y recordó con tristeza cuando el verdor saltaba a la vista con esos hermosos jardines vestidos de colores y los árboles que embellecían al pueblo. Solía ser tan diferente entonces, y se podía escuchar el trinar placentero de las aves. Uno podía sentir la energía de la Tierra entrar a través de sus pies y escuchar el canto de las flores:


Nena tan bella, sembrando sus flores,

Flores tan bellas, flores como ella.

Siembra tus flores, Nena tan bella.


Pero ahora, la Tierra se agotaba con la contaminación que provocaban Diablico Sucio, Mal Humo y su mascota Malhumor, seres oscuros que querían destruir la Tierra. Pero a pesar de todo, la familia de Nena seguía con el firme propósito de mantener vivo su enorme y colorido jardín, pero estaban preocupados porque sus árboles y flores cada vez producían menos semillas mágicas.

—Juan Diego, sembramos las semillas mágicas de los árboles de caoba, guayabos, cedro espino, corotú, mango, aguacate, espavé, guayacanes y de tantos otros árboles.

—¿Ustedes siembran árboles? Yo pensaba que los árboles germinaban solos.

—No siempre. Piensa en cuánta madera utilizamos, si solo cortamos árboles y nadie vuelve a sembrarlos, pronto no quedará ninguno.

—Hmm, sí, ¿y cómo lo hacen?

—Por cada árbol que usamos para obtener madera, sembramos diez árboles de la misma especie. Así, ayudamos a la naturaleza a recuperar lo perdido y a la vez garantizamos que siempre exista madera para nuestras necesidades, ¿ves, Juan Diego?

—Pero dijiste que las semillas eran mágicas, ¿verdad?

—¡Sí, lo son!

—¿Puedes regalarme una? Quizás me conceda deseos y hasta me haga famoso.

—Cálmate. Si deseas semillas mágicas puedes tenerlas; pero debes ganártelas.

—Entonces, dime cómo.

—En primer lugar, debes encontrar tu primera semilla mágica en Cerro Nublado ¿Sabes dónde queda?

Juan Diego se quitó la gorra y miró a lo lejos.

—Sí, el más alto de la cordillera, ¡allá! —dijo y apuntó su dedo hacia la montaña.

—Así es… es un largo camino. Al llegar al pie del cerro, encontrarás una vereda, deberás recorrerla hasta el final, justo ahí paras. Luego das dos pasos a la izquierda, diez pasos hacia adelante, cinco pasos para atrás y cuatro pasos a la derecha; luego te agachas, brincas muy alto y ¡listo! Desde las ramas de un árbol alto, muy ancho y antiguo, verás caer tu semilla mágica dentro de una flor.

—¡Ya está, lo tengo! —dijo Juan Diego.

—Pero ten cuidado. No debes hablar con nadie en el camino, ¡con NADIE, Juan Diego! De lo contrario, te puedes perder para siempre.

—¡Sí, está bien! —fue lo único que él contestó mientras se alejaba a toda velocidad en su bicicleta.

—¡Gira a la derecha, así llegarás más rápido. Regresa cuando quieras, Juan Diego! —gritó Nena.

Capítulo dos

Isis y Felicidad


NENA MIRÓ a su alrededor y exclamó:

—¡Qué sombrío atardecer! Ya no se viste ni de rojizos ni anaranjados. Cada día es gris, neblinoso y con smog.

A pesar de ello, Nena decidió levantar su ánimo. Se vistió con su ropa de trabajo, se amarró su larga cabellera con una cinta y fue al jardín para regar sus flores. Las pentas e ixoras atraían a tantos colibríes, libélulas y mariposas.

Con afán y cariño terminó su tarea con una canción a las flores. Luego se acostó en una de las hamacas para continuar apreciando la belleza de sus plantas. Cerró sus ojos y recordó las dulces palabras de su madre: La risa es el toque de Dios sobre nuestras almas, y la mejor medicina para solucionar todo.

—Pero es difícil reír cuando sabes que el enemigo ronda cerca, lleno de maldad y rencor, buscando siempre la manera de hacer daño, —murmuró.

Esa noche, se quedó dormida pensando en las palabras de su mamá y tuvo un sueño extraño. Aparecieron unas mariposas revoloteando, que formando un arco iris le cantaban:


El plan los rescatará,

El plan los salvará,

Lara, la…, la… lara, la…, la…


A la mañana siguiente, apenas despertó, Nena saltó de la cama y se asomó por la ventana. Era muy temprano, por un momento podía ver la belleza natural del amanecer con sus esplendorosos colores. Estaba muy contenta, hasta que empezó el smog a nublar el paisaje.

Trató de recordar su sueño, pero era un poco confuso, tenía algo que ver con un plan para salvar a alguien. Entró a su jardín llena de energía y llamó a sus amigas: la mariposa Felicidad, que tenía una gran sonrisa dibujada en sus alas azules; e Isis, una cariñosa perrita blanca que jugaba saltando entre las flores.

—Felicidad, Isis, ¿dónde están?

—¡Aquí estoy! —ladró Isis.

—¿Qué ocurre? —preguntó Felicidad.

—Tenemos una misión. Tuve un sueño raro, una especie de aviso. Creo que tenemos que prepararnos para salvar la flora y la fauna. ¡El ambiente nos necesita!

—¿Qué debemos hacer? —preguntó Felicidad.

—Tenemos que hacer un plan, y necesito que me ayuden.

Hablaron largo rato.

—Bueno, estamos decididos. Lo primero que debemos hacer es enseñarle a todos sobre cómo cuidar a la Naturaleza —dijo Nena.

—Sí, y como puedo volar y verlo todo desde arriba, llevaré el mensaje,—dijo Felicidad.

—Y con mi velocidad, podré ayudarte a llegar con mayor rapidez a todos los lugares que nos necesiten, —dijo Isis.

—Las quiero mucho; ¡traigan buenas noticias! —dijo Nena, despidiéndolas con una canción:


Isis y Felicidad, listas están.

Con tus alas volarás,

Con tus patas correrás.

Regresen pronto, mis amigas,

Isis y Felicidad.


***


Ambas amigas recorrieron kilómetros y kilómetros de distancia, exploraron ríos, lagos y bosques. Hacían muchos amigos en el camino y a todos les enseñaron a cuidar la naturaleza. No obstante, también se encontraron con individuos peligrosos, criaturas controladas por Diablico Sucio y Mal Humo. Por fortuna, pudieron escapar a tiempo.

Felicidad se quedó rendida sobre el lomo de Isis. Estaba inquieta y tuvo un sueño muy extraño, donde se miraba en un espejo, pero en vez de ver su cara, había un arco iris iluminado, formado por mariposas. Despertó repentinamente, y a través de sus ojos entreabiertos, se vio rodeada de un polvillo dorado en forma de cono; cerró nuevamente sus ojos, sacudió la cabeza con fuerza para despabilarse. Cuando los abrió se percató de que eran unos rayos de luz que la habían confundido.

—¡Uf, qué susto! —susurró la mariposa.

—¿Te encuentras bien, mariposita? —preguntó Isis.

—¡Todo bien! Sigamos nuestro camino. —dijo Felicidad.

En su viaje, se encontraron a unos niños jugando en un jardín seco y polvoriento.

—Juan Diego, ¡tira la bola! —gritaban los niños.

Isis y Felicidad se acercaron a los niños.

—¿Eres Juan Diego, el amigo de Nena? —preguntaron.

—Sí, soy yo, —dijo y siguió jugando.

—Pero, ¿es éste tu jardín? —preguntó Isis con una mirada de desencanto.

—Sí, es mío, —respondió él con despreocupación y tiró la pelota.

—Pero Juan Diego, parece que no has aprendido nada. Tu jardín está tan seco que parece un desierto; todas tus plantas están amarillas, —dijo Felicidad.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-10 show above.)