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HIJOS DE

DIOS














DAVID CARMISCIANO










Libro: HIJOS DE DIOS

Autora: DAVID CARMISCIANO

1° Edición, 2017.



Ciudad de Córdoba – Argentina.



Pensamiento Cristiano

Publicado en Octubre, 2017.

Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, sin permiso escrito del autor y la editorial.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723.



Libro de edición argentina.









ÍNDICE



Propósito de este libro Pág. 5

Agradecimientos Pág. 7


Capítulo 1

Hijos de Dios Pág. 9


Capítulo 2

Ud. Es la Justicia de Dios en Cristo Pág. 17


Capítulo 3

Su Fe lo ha Salvado Pág. 25


Capítulo 4

Sanidad para el Cristiano Pág. 30


Capítulo 5

Llenos del Espíritu Santo Pág. 37


Capítulo 6

Destinados para una Vida de Victoria Pág. 46


Capítulo 7

Destinados para una Vida Abundante Pág. 50


Capítulo 8

El Poder de Nuestras Palabras Pág. 53




























PROPÓSITO DE ESTE LIBRO


A través de los años, he visto a muchos creyentes, hijos de Dios, nacidos de nuevo, bautizados con el Espíritu Santo, que no han alcanzado su propósito en la vida, que no han podido disfrutar de la herencia que tenemos como hijos de Dios.

Y he podido observar que otros, sí alcanzan mucho de lo que Dios nos ha heredado, y me he preguntado: ¿Cuál es la razón?

Una de las razones que he encontrado como común denominador de estas situaciones es que, la mayoría de los que no alcanzan su propósito y no disfrutan de su herencia, no conocen cuál es esa herencia de manera cabal. Quizás, porque muchas veces los ministros damos por sobrentendido muchas cosas, y no las enseñamos a nuestros hijos espirituales.

Oseas 4:6. “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.

Quienes debemos impartir ese conocimiento revelado de la Palabra de Dios, somos los ministros de la Iglesia, a quienes se nos ha asignado la tarea de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. El cuerpo del Señor está sin poder, sin efectividad, por desconocimiento de la herencia que posee. Y eso, debido a que nosotros -los ministros- muchas veces no cumplimos con la tarea de enseñar, muchas son las razones; a veces porque los mismos ministros desconocen los principios, las promesas, la palabra de Dios. Nunca les fue enseñado o no les fue revelado.

Con mucho amor han guiado al pueblo de Dios hasta donde han podido, pero no alcanza, sin conocimiento, el pueblo es destruido.

Este libro, quiere ser una herramienta que en manos de ministros o del mismo pueblo, les pueda traer revelación de palabras que quizás si han leído, pero que no les ha sido revelada.

Enseñando estas verdades, he visto como Dios mismo trae revelación, y personas que luchaban con su seguridad de salvación, han sido afirmadas. Otros hermanos que peleaban con enfermedades, han sido sanados, al solo recibir la revelación de la obra de la cruz aplicada de una manera práctica a su vida, a través de la enseñanza de la palabra, de manera sistemática, y ordenando los versículos bíblicos de manera que traigan revelación al corazón.

Cuando hay un pueblo que ama a Dios, ama Su Presencia, le adora en espíritu y verdad; y tiene revelación de su palabra; entonces, la gloria de Dios mismo se manifiesta y todo comienza a ordenarse, milagros, sanidades comienzan a ocurrir, en todas las áreas de la vida, físicas, espirituales, financieras, familiares, etc.

Por eso, el deseo de mi corazón es que, este pequeño libro, les sea de fácil lectura y comprensión. Y traiga revelación a sus corazones.

Nuestro Dios, por medio de su poder y del conocimiento de Cristo, nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que, por ellas, lleguemos a ser participantes de la naturaleza divina. (2º de Pedro 1:3-4)






















AGRADECIMIENTOS


Primeramente, quiero agradecer a mi Amado Jesús, por escogerme para ser parte de aquellos que edifican a Su Pueblo (Efesios 4:11-12).

Cada día de mi vida, está lleno de agradecimiento por Su Amor, Gracia, Favor, Corrección, Inspiración, por medio del hermoso Espíritu Santo.

Edificar a Su Pueblo, es una hermosa tarea, aunque se trata de personas y, tratar con personas, no es fácil. Pero con Su Gracia, Sabiduría, Amor, por sobre todo Amor; la tarea puede ser llevada adelante.

Gracias Padre, gracias Jesús, gracias Espíritu Santo.

Aún en medio de dificultades, no cambiaría la asignación, porque es el propósito de Dios para mi vida.

En segundo lugar, quiero agradecer a Mi Amada Esposa Mónica, quien, a través de estos 23 años que estamos unidos en matrimonio, me ha sostenido, levantado, consolado, animado, acompañado, corregido... (como dice la Profeta Ana Maldonado: “función tan parecida al Espíritu Santo en la familia, la tarea de la esposa”); y no alcanzarían las palabras para expresar el agradecimiento y amor de mi corazón hacia ella.

Tercero, a mis hijos: Juan Ariel, Matías Samuel, Sara Elizabeth y Ana Luz. Por quienes he seguido adelante aún en medio de pruebas, dificultades, sueños que parecían no alcanzarse, pero mi deseo es dejarles una herencia espiritual y natural para sus vidas, y un legado que trascienda sus generaciones; eso me lleva a levantar los brazos e insistir, e insistir, y “No retroceder ni abajo del agua”, como me dice mi padre espiritual, el pastor Pedro Arenarez Lozano.

Luego, a mis compañeros de tarea en el Reino de Dios, siervos que a lo largo de los años me han aconsejado, acompañado, sostenido, animado, ministrado; y con su ejemplo y testimonio, algunos que han estado cerca y otros que ni me conocen personalmente, pero han sido de Bendición para mi vida y ministerio: Pastor y Profeta Robert A. Miller - Apóstol Omar Olier – Apóstol Sergio Bruno Penizzoto – Pastor Pablo Gamboa – Pastor Ricardo Scrossoppi, y su esposa Daniela.

Pastor Jorge Lacovara, (quién me enseñó a amar la Presencia de Dios por sobre todas las cosas).

Un agradecimiento especial al Apóstol Guillermo Maldonado, y la Profeta Ana de Maldonado, quienes han afectado mi vida de manera muy profunda con la revelación de Dios a través de sus vidas.

Y a tantos otros que a lo largo de mi vida han afectado para bien mi corazón.


GRACIAS, SOLO GRACIAS.























Capítulo 1

HIJOS DE DIOS




Muchas veces he ministrado a personas que estaban pasando por pruebas muy difíciles, sin saber cómo superarlas. Al conversar con ellos, llegué a la conclusión que no sabían cuál era el alcance de la Salvación comprada por Nuestro Señor Jesús en la cruz; y solo luchaban en sus fuerzas y conocimiento, intentando permanecer firmes, pero con pocas victorias visibles en sus vidas.

Por eso escribo este libro, para apoyar a esas personas y para edificar el cuerpo de Cristo.

A lo largo de nuestras vidas, enfrentamos dificultades, pero las luchas, pruebas, desafíos, no pueden destruirnos, en Cristo solo nos llevarán de victoria, en victoria.

Lo que puede traer destrucción a los hijos de Dios es, según dice Oseas 4:6. “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento...”

Aquí nos habla, no de un conocimiento intelectual de Dios, su Reino y las leyes y principios del reino; sino de un conocimiento experimental, de un entendimiento y comprensión de cuál es la manera de Dios para nosotros.

Nuestro Padre, en su sabiduría ha establecido leyes, principios y mandamientos que, cuando nos disponemos a obedecerlos, abren el camino a la bendición de Dios sobre nosotros.


Josué 1:7. “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”

La manera de Dios, está expresada en Su Palabra, cuando dejamos de intentar en nuestra sabiduría humana y comenzamos a obedecer los principios, leyes y mandamientos expresados en las Escrituras, veremos como el favor de Dios comienza a ser visible en nosotros y en todo lo que emprendamos.



EL NUEVO NACIMIENTO


Nicodemo, uno de los hombres más religiosos de su época; se presentó ante el Señor. Y quería preguntarle acerca de la doctrina que Él estaba enseñando al pueblo.

Con un corazón sincero, se acercó a Jesús, reconociendo que había venido de Dios, porque veía lo que Jesús hacía.

El Señor, le dijo: Juan 3:3. “el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”.


Juan 3:5. “el que no naciere del agua y del Espíritu, no entrará en el Reino de Dios.

Luego le dice más adelante en Juan 15:3. “Vosotros ya estáis limpios por la Palabra que os he hablado”.


Pablo escribió que Cristo se dio a sí mismo para santificar y purificar a la iglesia por el lavamiento de agua con la Palabra.

Efesios 5:26. Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.


1º de Pedro 1:23. Somos nacidos de nuevo “...no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre”.


La Palabra es la semilla que entra a nuestro corazón y hace que la fe crezca. No solo debemos tener la Palabra de Dios para nacer de nuevo, sino que debemos tener al Espíritu de Dios.

Tito 3:5. “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia y por la renovación en el espíritu Santo”.

Hay varios ingredientes que se necesitan para hacer el concreto. Primeramente, arena, cemento y agua. Hay abundancia de arena en el desierto, pero el cemento no aparece simplemente porque la arena está ahí. Hay abundancia de agua en el océano, y abundancia de arena; pero el océano no está lleno de cemento. De la misma manera, para que una persona pueda ser salva, la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios deben ser mezclados con arrepentimiento y fe en el corazón.



CREYENDO Y CONFESANDO


Romanos 10:8-10. “...Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si CONFESARES con tu boca que Jesús es el Señor, y CREYERES en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás SALVO. Porque con el corazón se CREE para justicia, pero con la boca se CONFIESA para salvación”.


Nuestra fe en la Palabra de Dios, es expresada con nuestro corazón (creer), y con nuestra boca (confesar). Si verdaderamente creemos en nuestro corazón que Dios levantó de los muertos a Jesús, no hay razón por la que no quisiéramos confesarlo como Señor.

En el momento que creemos en nuestro corazón en Jesús, y le confesamos como nuestro Señor y Salvador, nacemos de nuevo.

Juan 1:12, dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.


Nuestra salvación viene por gracia, por medio de la Fe. Hay una mezcla de la gracia y el poder de Dios con nuestra voluntad y fe. No es todo de Dios, y ciertamente no es todo de nosotros. Se necesita tanto LA HABILIDAD DE DIOS, COMO NUESTRA VOLUNTAD para lograr el nuevo nacimiento.

Efesios 2:8-9. “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.


Nunca podríamos ser salvos, excepto por la gracia pura de Dios.

El hombre, ciertamente no lo merece de acuerdo a sus propios méritos. Es el poder de Dios obrando a través de Su Palabra y su Espíritu, lo que provoca el nuevo nacimiento. Sin embargo, sin una actitud de arrepentimiento (cambio de forma de pensar) y fe, el poder de Dios no puede trabajar en el corazón de un hombre. La voluntad del hombre debe ser obediente a la voluntad de Dios.



CREADOS NUEVAMENTE


2 Corintios 5:17. “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

El nuevo nacimiento nos hace una nueva creación. Somos creados conforme a la imagen de Jesucristo (Colosenses 3:10). En nuestro corazón somos hechos para ser como Cristo.

Para vivir como Cristo, debemos: “...revestirnos del nuevo hombre, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”.

Esto se hace por la RENOVACIÓN DE LA MENTE POR LA PALABRA DE DIOS, y sometiendo nuestros cuerpos a la autoridad de esa palabra.

Romanos 12:2. “no os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.


Efesios 4:22-24. “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

Sin despojarnos del viejo hombre, no podemos revestirnos del nuevo, pero para esto debemos renovar el espíritu de nuestra mente.

INSERTADOS EN EL REINO DE DIOS


Colosenses 1:12-14. “...con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.


Cuando nacemos de nuevo, somos sacados del reino de las tinieblas de Satanás, y somos trasladados al reino de Jesús, reino de luz. No es algo por lo cual esperamos o deseamos. Es un hecho. El hijo de Dios no tiene que ser dominado nunca más por Satanás.

Juan 8:36. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.



LEY SUPERIOR: La Ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús.


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