Excerpt for Genios de la Estrategia Militar XVI by , available in its entirety at Smashwords















Análisis de la visión estratégica del gran corso


General José Antonio Páez


Ediciones LAVP


www.luisvillamarin.com



















Máximas de Napoleón sobre el arte de la guerra

Análisis de la visión estratégica del gran corso

© General José Antonio Páez

Diagramación y diseño

Ediciones LAVP

© www.luisvillamarin.com

Tel: 9082426010

New York USA

ISBN 9781370987146

Publicado en Estados Unidos de América

Smashwords Inc.



Sin autorización escrita firmada por el editor, no se podrá reproducir esta obra por medios magnéticos, físicos, fotostáticos, reprográficos, gráficos, de audio, electrónicos, fotomecánicos o de video. Hecho el depósito de ley en Colombia.



INDICE

Máxima I

Máxima II

Máxima III

Máxima IV

Máxima V

Máxima VI

Máxima VII

Máxima VIII

Máxima IX

Máxima X

Máxima XI

Máxima XII

Máxima XIII

Máxima XIV

Máxima XV

Máxima XVI

Máxima XVII

Máxima XVIII

Máxima XIX

Máxima XX

Máxima XXI

Máxima XXII

Máxima XXIII

Máxima XXIV

Máxima XXV

Máxima XXVI

Máxima XXVII

Máxima XXVIII

Máxima XXIX

Máxima XXX

Máxima XXXI

Máxima XXXII

Máxima XXXIII

Máxima XXXIV

Máxima XXXV

Máxima XXXVI

Máxima XXXVII

Máxima XXXVIII

Máxima XXXIX

Máxima XL

Máxima XLI

Máxima XLII

Máxima XLIII

Máxima XLIV

Máxima XLV

Máxima XLVI

Máxima XLVII

Máxima XLVIII

Máxima XLIX

Máxima L

Máxima LI

Máxima LII

Máxima LIII

Máxima LIV

Máxima LV

Máxima LVI

Máxima LVII

Máxima LVIII

Máxima LIX

Máxima LX

Máxima LXI

Máxima LXII

Máxima LXIII

Máxima LXIV

Máxima LXV

Máxima LXVI

Máxima LXVII

Máxima LXVIII

Máxima LXIX

Máxima LXX

Máxima LXXI

Máxima LXXII

Máxima LXXIII

Máxima LXXIV

Máxima LXXV

Máxima LXXVI

Máxima LXXVII

Máxima LXXVIII

Notas del General Páez



Máxima I

Los Estados tienen por fronteras o anchos ríos, o cadenas de montaña o desierto. De todos estos obstáculos que se oponen a la marcha de un ejército, el más difícil de superar es el desierto; después las montañas, y luego los anchos ríos.


Nota

Napoleón en su carrera militar parece haber sido llamado a vencer las dificultades que pueden presentarse en las guerras de invasión.

En Egipto atravesó desiertos, venciendo y destruyendo a los mamelucos, tenidos en mucho por su valor y destreza. Su genio supo acomodarse a todos los peligros de tan lejana empresa en país mal adaptado para satisfacer las necesidades de sus tropas.

En la conquista de Italia atravesó dos veces los Alpes por sus más difíciles pasos, a pesar de la estación en que la empresa se presentaba aún más difícil. En tres meses pasó los Pirineos y derrotó y dispersó cuatro ejércitos españoles.

En fin, desde el Rin hasta el Borysthenes no hubo obstáculo natural que detuviese la marcha de su victorioso ejército.




Máxima II

Al formar un plan de campaña debe preverse lo que el enemigo puede hacer, y apercibirse de todos los medios necesarios para hacerle oposición.

Pueden los planes de campaña modificarse hasta el infinito, según las circunstancias, el genio del general, el carácter de las tropas, y la topografía del teatro de la acción.

Nota

A veces tiene éxito feliz una aventurada campaña emprendida contra todos los principios del arte militar; pero este éxito se debe o al capricho de la fortuna o a faltas cometidas por el enemigo: cosas con que nunca debe contar un general.

A veces un plan de campaña, aunque basado en los sólidos principios del arte, corre riesgo de fracasar en su principio, si tiene que habérselas el autor con un adversario que obra comenzando por la defensiva, y tomando después rápidamente la ofensiva, sorprende con destreza de sus maniobras.

Tal fue la suerte que cupo al plan trazado por el Consejo Áulico para la campaña de 1796, encomendada al mariscal Wurmser.

Había contado este jefe con la superioridad numérica de sus tropas para cortar la retirada al ejército francés y destruirlo; basó sus operaciones en la actitud defensiva de su adversario que ocupaba la línea del Adige y tenía que cubrir el sitio de Mantua, al mismo tiempo que la Italia central y meridional. Wurmser, suponiendo al ejército francés en las inmediaciones de Mantua, dividió su fuerza en tres cuerpos que, marchando separadamente, debían venir a reunirse en aquel lugar.

Penetrando Napoleón los designios del general austriaco, com-prendió la ventaja que podría obtenerse de dar el primer golpe a un ejército dividido en tres cuerpos separados y sin comunicación.

Apresuróse por lo tanto, a levantar el sitio de Mantua, reunió todas sus fuerzas, y logró por este medio hacerse superior a los imperialistas, cuyas divisiones atacó y batió en detalle.

Así, Wurmser, que creía correr a una victoria cierta, se vio obliga-do, después de una campaña de diez días, a retirarse con los restos de su ejército al Tyrol, con pérdida de 25.000 hombres entre muertos y heridos, 15.000 prisioneros, 9 banderas y 70 piezas de artillería.

Esto demuestra cuán difícil es prescribir de antemano a un general la línea de conducta que debe seguir durante el curso de una campaña. Depende a veces el éxito de circunstancias que no pudieron ser previstas, y no es de olvidarse que nada pone tantas trabas a los esfuerzos del genio como el verse obligado el jefe de un ejército a ser gobernado por la voluntad ajena.

Máxima III

El ejército que emprende la conquista de un país tiene sus dos alas o apoyadas en territorios neutrales, o en grandes obstáculos naturales, como son ríos o cadenas de montañas. En algunos casos sucede que una de las alas tiene estos apoyos, y otras veces las dos están descubiertas.

En el primer caso, es decir, cuando ambas alas están protegidas, tiene el general solamente que atender a su frente para no ser roto.

En el segundo caso, cuando una sola de las alas está apoyada, debe descansar en ella.

En el tercero, cuando ambas están descubiertas, debe depender de una formación central, y no permitir que los diferentes cuerpos de su mando se aparten de ella, porque si dificultoso es pelear teniendo dos flancos expuestos, se duplica el inconveniente teniendo cuatro, y triplica teniendo seis lo cual sucede si el ejército se divide en dos o tres diferentes cuerpos.

En el primer caso, según dijimos antes, la línea de operaciones puede descansar indiferentemente sobre la derecha o sobre la izquierda. En el segundo debe dirigirse al ala apoyada. En el tercero debe ser perpendicular al centro de la línea de marcha del ejército.

Pero en todos estos casos es necesario en cada distancia de cinco o seis días de marcha, tener un puesto fortificado o una posición atrincheradas sobre la línea de operaciones, para poder reunir pertrechos y provisiones de guerra, organizar convoyes, para formar allí un centro de movimiento, y establecer un punto de defensa, a fin de acortar la línea de operaciones del ejército.

Nota

Estos principios generales del arte militar fueron desconocidos o no tenidos en cuenta en la edad media. Los cruzados en sus incursiones en la Palestina parecían no haber tenido otro objetivo que pelear y vencer; tan pocos eran sus esfuerzos en aprovecharse de sus victorias.

De aquí es que perecieron en Siria innumerables ejércitos sin más ventajas que la que se deriva del momentáneo éxito que obtiene el número. Ala inobservancia de estos principios se debió que Carlos XII abandonando su línea de operaciones y toda comunicación con Suecia, y lanzándose en la Ukrania, perdiese la mayor parte de su ejército, diezmado por las fatigas de una campaña de invierno en un país desnudo y desprovisto de recursos. Derrotado en Pultawa tuvo que buscar refugio en Turquía después de cruzar el Nieper con los restos de sus ejércitos, reducido a poco más de mil hombres.

Gustavo Adolfo fue el primero que trajo de nuevo el arte de la guerra a sus verdaderos principios. Sus operaciones en Alemania fueron tan atrevidas y rápidas como bien ejecutadas. Las ventajas que obtenía conducían a la seguridad de sus futuras operaciones, impidiendo la posibilidad de cualquier interrupción de sus comunicaciones con Suecia. Sus campañas forman una nueva era en el arte de la guerra.


Máxima IV

Cuando emprenden la conquista de un país dos o tres ejércitos, que obran separadamente hasta llegar al punto fijado para su concentración, debe sentarse principio, que la unión de sus diferentes cuerpos no debe efectuarse cerca del enemigo; pues pudiera éste, con la unión de sus fuerzas, no sólo impedir la de las del adversario, sino batir los ejércitos en detalle.

Nota

Si bien es cierto que, en las campañas de 1757, Federico marchando a la conquista de Bohemia con dos ejércitos, que tenía cada uno su línea de operaciones separada, logró unirlos a la vista del duque de Lorena que cubría a Praga con el ejército imperial; no debe, sin embargo, citarse semejante ejemplo como digno de imitación.

El buen éxito de la marcha dependió enteramente de la inacción del duque, que a la cabeza de 70.000 hombres no hizo nada para impedir la unión de los dos ejércitos prusianos.


Máxima V

Deben regirse las guerras por ciertos principios, pues cada una ha de tener un objeto marcado, y llevarse a término según las reglas del arte. Deben emprenderse solamente contando con fuerzas proporcionadas a los obstáculos que se han de vencer.

Nota

Solía decir el mariscal Villars que cuando se emprende una guerra, es necesario conocer exactamente el número de tropas que el enemigo puede presentar en el campo, pues es imposible trazar ningún sólido plan de operaciones ofensivas o defensivas, sin un perfecto conocimiento de lo que deba esperarse o temerse.

Cuando se tira el primer tiro, dice dicho mariscal, nadie puede calcular el resultado de la guerra.

Es, por lo tanto, de la mayor importancia reflexionar maduramente antes de empeñarla. Cuando esta se ha decidido, observa el mariscal que, a los planes mejor combinados y llevados a efecto con intrepidez, se han debido siempre los resultados más gloriosos. Cuando decidamos emprender la guerra, añade, lancémonos a ella con vigor y sin fútiles consideraciones.


Máxima VI

Al principio de una campaña, es materia de grave consideración si se debe avanzar o no; pero, una vez tomada la ofensiva, hay que sostenerse hasta el último trance. Por diestras que sean las maniobras de una retirada siempre debilitan la moral de un ejército, que pierde las oportunidades de conseguir un feliz éxito, mientras el enemigo las tiene casi seguras. Además, las retiradas siempre cuestan más hombres y materiales que los más sangrientos encuentros, con la sola diferencia de que, en una batalla, la pérdida del enemigo es casi igual a la nuestra, mientras que una retirada, la pérdida es solo de nuestra parte.

Nota

El mariscal de Sajonia dice, que las retiradas más favorables son las que se hacen ante un enemigo débil y poco arrojado, porque si acaso persigue con algún vigor, puede muy fácilmente ser derrotado por el que retira. Sin embargo, es un gran error, dice el mariscal, seguir el proverbio que dice: A enemigo que huye puente de plata. No, perseguidle ahincadamente y lo destruiréis.

Máxima VII

Un ejército debe estar dispuesto todos los días, todas las noches, y todas las horas del día y de la noche, a oponer toda la resistencia de que es capaz. Con este objeto, el soldado debe estar siempre provisto de armas y municiones; la infantería no debe estar sin su artillería, caballería y generales; y las diferentes divisiones del ejército deben estar constantemente en estado de sostener, ser sostenidas y protegerse mutuamente.

Las tropas, ya hagan alto, acampen o estén en marcha, deben siempre ocupar posiciones favorables con cuanto se requiera para un campo de batalla; v. g., los flancos deben estar bien cubiertos, y toda la artillería colocada de modo que tenga campo libre para hacer sus descargas con las mayores ventajas. Cuando un ejército marcha en columna debe tener avanzadas y flanqueadores para examinar bien el terreno que se tiene al frente, a la derecha, a la izquierda, y siempre a tal distancia que pueda el grueso del ejército desplegarse en posición.

Nota

Las siguientes máximas tomadas de las memorias de Montecuculli, me parece que vienen bien en ese lugar, y pueden formar un útil comentario a los principios generales expuestos en la máxima precedente:

Cuando se emprende la guerra dejemos, a un lado las dudas y los escrúpulos. Tengamos por seguro el buen éxito; confiemos en que la Providencia, o nuestra prudencia, o que la falta de talento por parte del enemigo le impidan aprovecharse de sus ventajas. La primera seguridad para el éxito es conferir el mando a un solo individuo.

Cuando se reparte la autoridad, las opiniones de los jefes varían con frecuencia, y las operaciones carecen de aquella unidad de acción que se requiere para vencer. Además, cuando una empresa es común a muchos y no encomendada a sola persona, no se lleva adelante con vigor, ni se toma mucho interés por el resultado.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-16 show above.)