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Niña Bonita















Sonríe: Niña Bonita

Ale Peña

Código de registro: ©Ale peña

SafeCreative

Código de registro: 1707273152885

Fecha de registro: 27-jul-2017 14:31 UTC



Diseño de cubierta



Karolina Garcia Rojo de Bitación Creativos





1a edición. enero 2016



Ciudad de México



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Choque de Miradas



Tomás Carter llegó al salón de clases, como era costumbre en él buscó, un pupitre que estuviera a mitad del aula. Tom rompía con el estereotipo del típico mataditoi. Si bien, no intentaba ocultar su alto grado de inteligencia. Odiaba sentarse al frente, decía que solo los idiotas necesitaban ubicarse en los primeros lugares del salón.

Ese día Tom ―como le gustaba que lo llamaran sus amigos― iniciaba, su último año de preparatoria en una nueva escuela. El cambio no lo hacía muy feliz, si por él fuera seguiría en su antigua escuela en la Ciudad de México, pero como todavía le faltaban unos meses para ser mayor de edad dependía por completo de las decisiones de su madre. Ella decidió que era tiempo de cambiar de aires y mudarse a un lugar más tranquilo, por eso se cambiaron de residencia al puerto de Veracruz.

Otra de las caracteristicas que definian a Tomás era la puntualidad. Amaba ser puntual, y odiaba que otros no lo fueran, especialmente si se trataba de los profesores. Acostumbraba decir que la puntualidad era una forma de mostrarle respeto a la otra persona.

Mientras él refunfuñaba por la impuntualidad de su nueva profesora de ciencias, Angélica Meléndez de la que se podía decir que tampoco era una nerd, pero si muy inteligente, aunque ella ponía todos sus esfuerzos en demostrar lo contrario, llegaba a su salón de clases para encontrarse con la sorpresa de que alguien había tomado su lugar.

Angie caminó hasta el que ella consideraba su lugar, dispuesta a pedirle al extraño que se quitara, pero cuando se fijó en los ojos verdes del ursurpador de lugares, lo único que hizo fue quedarse viéndolo embobada, olvidó hasta como se llamaba. Sino fuera porque alguien que pasaba detrás de ella, la empujó al pasar. Se hubiera quedado ahí todo el día.

Tomás estaba en una especie de trance con la mirada fija, en los ojos grises de la chica que le robó la atención. En cuanto la vio acercarse hacía donde se encontraba comenzaron a sudarle las manos y una sensación extraña en la boca del estomago se apoderó de él.

―¡Hola! ―saludó él―. Soy Tomás, pero mis amigos me dicen Tom. ―se presentó. Extendió la mano para saludarla. Ella aún embobada correspondío el gesto, Tom aprovechó para hacer pequeños circulos con su pulgar en la muñeca de ella.

―¡Soy Angie! ―contestó ella con una sonrisa en la cara. Aunque no era la sonrisa particular de Angélica, esa que siempre ofrecia al mundo, una sonrisa falsa con la que pretendía engañar a todos los que se acercaban a ella. No obstante con Tom no logró su objetivo.

A Angie le costaba demasiado sonreír, hay quienes pueden asegurar que la falta de alegría en ella era una exageración, otros pueden creer que no es así. Como siempre ocurre en estos casos todo depende del cristal con el que se mire la situación en cuestión.

Se quedaron un buen rato sin decir una palabra, ni hacer algún movimiento. Solo se veían, la mirada gris ensimismada en la verde. Ninguno se dio cuenta cuanto tiempo pasó, si es que en realidad lo hizo. Hasta que alguién conocido para ella, quizás demasiado empezó a hablar dando por iniciada la clase y a la vez rompiendo la burbuja en la que se encontraban. Ella se sentó en un espacio que estaba vacío al lado de Tomás.

A simple vista parecía que la chica estaba concentrada tomando notas sobre la explicación de la profesora. En realidad estaba concentrada, pero en algo muy distinto a lo que se podía pensar. Ella estaba dibujando al chico de ojos bonitos que acababa de conocer. No obstante, eso no quitaba que fulminara con la mirada a la profesora.

Tomás veía de reojo a Angie, trataba de prestar la debida atención, pero no se podía concentrar. Se sorprendió que cuando la profesora dijo: trabajo en equipo Angie soltó el lapíz dejándo que cayera contra su mesabanco, para después tomarlo y golpearlo con fuerza contra el pupitre.

Haciendo un gran esfuerzo por concentrarse en lo que decía Liliana, y olvidar al menos de momento a Angie y sus manías, y así descubrir en qué consistía el trabajo que debería presentar al final del semestre. Con lo mucho que me gusta trabajar en equipo, pensó Tomás sarcastico.

―Al final se entregarán tres trabajos ―continuó la profesora― de donde se obtendra la mitad de la calificación final. ―añadió. La furia de Angélica aumentó a niveles extraordinarios, mientras que en Tomás lo único que aumentaba era la indiferencia por la materia. ―Para evitarnos de que en los trabajos en conjunto suelen trabajar uno o dos miembros, en este caso serán equipos de dos personas, es decir serán parejas. ―explicó Liliana.

Las últimas palabras llamarón la atención de Angélica. Ella levantó la mirada en dirección de la profesora mientras en su cabeza repetía como si fuera un mantra: No te atrevas, no te atrevas, no te atrevas.

―¿Pueden ser parejas de cinco? ―indagó alguien que estaba sentado atrás de Tomás ganándose el abucheo de todos.

―Silencio ―exigió Liliana― El compañero asignado será él que está sentado al lado derecho de ustedes. ―concluyó. A Tomás la aclaración le cayó como anillo al dedo, a pesar de no conocer a Angie algo dentro de él, le decía que era lo mejor que le podía pasar. No obstante, Angélica no recibió con el mismo agrado la brillante idea de Liliana.

―Parece que a Angie otra vez le quedarón las cosas a su conveniencia. ―murmuró una chica que estaba sentada en la esquina más alejada de la entrada. La aludida tomó sus cosas y salió despavorida del aula.

Tomás no escuchó el ácido comentario lleno de envidia, por eso le sorprendió la salida tan intempestiva de su compañera. Pensó en salir corriendo tras ella, al final decidió no hacerlo. Para su sorpresa la clase continuó con normalidad, fue como si todo lo ocurrido con Angie hubiera sido producto de su imaginación.

****

Angie se dirigió a su lugar favorito, un árbol que siempre le daba sombra y cobijo necesario. Ella no podía creer que Liliana lo hubiera hecho de nuevo, valiéndose de su posición para mover los hilos adecuados y así seguir controlando su vida. Esperaba que el año y medio restante pasara rápido para poder ya tomar las riendas de su vida. Trataba de controlar las lágrimas que amenazaban con salir debido a la furia, siempre le pasaba lo mismo cuando se enojaba, terminaba llorando.

Sacó su cuaderno, tomó su lapiz y dejó que su mano trabajara como siempre lo había hecho, sola. Sin darse cuenta estaba dibujando el rostro de Tomás.

A pesar de lo que muchos se empeñaban en creer, no era una niña mimada o caprichosa. La razón por la que Angie actuaba de la forma en la que lo hacía era porque desde el momento en que sus padres murieron años atrás en un accidente automovilistico, quedó a la deriva. Aunque Liliana su hermana mayor y tutora había hecho todo lo que estaba en sus manos para tratar de que saliera adelante, no lo había logrado. Angie cada día que pasaba se encerraba más en si misma, al tiempo que creía que ella solo quería manipularla. Continuó dibujando perdida en su mundo de tristeza, que no supo cuanto tiempo corrió hasta que Tom con sus ojos bonitos estaba frente a ella hablándole.

****

Tomás, durante los siguientes tres cambios de clase buscó a Angie, pero no tuvo éxito. Pareciera que se la hubiera tragado la tierra, tomando en cuenta que la escuela era pequeña en comparación a la que iba en la Ciudad de México. Internamente se convencía que la buscaba para ponerse de acuerdo en el trabajo que tenían que presentar en ciencias. No obstante, en el fondo sabía que se estaba engañando.

Fue hasta el receso que tuvo la oportunidad de encontrarla. Angie estaba sentada a la sombra de un árbol mientras su mano se movia con destreza por su cuaderno. Se quedó unos minutos viendo lo que hacia sin saber si dibujaba o escribía, mientras en su interior crecía la necesidad de hacerla sonreír.

―Hola ―habló quedamente. Angie levantó la mirada, al ver que era Tomás quien le hablaba se apresuró a cerrar el cuaderno y guardar el lápiz en el espiral de este. Lo colocó a su lado izquierdo.

―Hola ―respondió ella. Parece que me tiene miedo, pensó para si. Entendía que Tomás se apareciera frente a ella con cierto temor, después de como se comportó en el salón debería creer lo que todo el mundo, que era una «niña mimada». Angie quería gritarle que aunque lo parecierá, no lo era.

―¿Te molesta si me siento? ―indagó Tom, nervioso. Señaló el espacio libre al lado derecho de ella.

―Adelante. ―contestó. A pesar de que algo dentro de ella le decía que no lo hiciera, que debía salir corriendo porque tarde o temprano se arrepentiría de dicha afirmación.

―No pretendo molestarte ―empezó a hablar Tomás.

―Aunque parezca no muerdo ―defendió Angie.

―No quise insinuar eso… ―agregó apenado.

―Sé que parece que soy extraña, pero no lo soy.

Normalmente a Angie le daba lo mismo lo que dijeran o pensaran de ella, o al menos era lo que se obligaba a creer. Sin embargo, si le preocupaba que Tomás pensará algo que no era cierto. Una parte de ella quería explicarle las razones de su forma de ser, pero la otra parte, la temerosa le decía que era mala idea hacerlo porque entonces, él, el niño de ojos bonitos creería también que era una niña mimada.

―No pensé que fueras una loca desquiciada, aunque confieso que sí me sorprendió mucho la forma en la que saliste. Nunca pensé que te molestara trabajar conmigo. ―Explicó.

―No fue por ti ―contestó titubeante.

―¿Entonces? ―cuestionó curisoso. Además había algo en la mirada de ella que le intrigaba.

―Liliana sabe muy bien que no me gusta hacer trabajos en equipo, por eso es que siempre termina organizando proyectos. ―contestó.

―Creo que tienes delirio de persecusión. ¿Por qué una profesora querría controlarte?

―Me odia y quiere hacerme la vida imposible. ―defendió.

―No porque creas que el mundo gira a tu alrededor es así. ―aclaró. Al menos soy una egocentrica, y no una niña mimada, pensó ella. ―También odio trabajar en equipo. Y no porque los profesores organicen ese tipo de proyectos pienso que me odian. ¡Deberías de bajarte de tu nube! ¡El mundo no tiene porque girar a tu alrededor! ―sentenció.

―Yo… ―titubeó con la intención de explicarle.

―Todavía no termino ―interrumpió Tomás―, no pienso hacer el trabajo yo solo, para que una niña mimada se quedé con una calificación que no se merece.

Al final resulta que sí eres una niña mimada, ironizó para sí. Por las mejillas de Angie empezaron a fluir lágrimas. Era muy común que se refirieran a ella en esos términos, después de todo su hermana era su profesora. A pesar de que Angie era muy dedicada al estudio aseguraban que siempre sacaba buenas calificaciones, escudados en que Liliana al ser su tutora la ayudaba a tener excelentes notas. La realidad es que cada evaluación era porqué se la merecía, incluso había dejado de trabajar en proyectos, pero el examen lo contestaba y por lo regular siempre salía con 10.

En el momento en que Tomás vio llorar a Angie estiró su mano para atrapar las lágrimas que fluian por sus ojos con su dedo pulgar. Eres un idiota, se recriminó.

―Lo siento, no debí decir eso ―intentó disculparse.

―No pasa nada ―dijo tratando de quitarle importancia. ―Ya debería estar acostumbrada a esos comentarios.

No sé, porqué me duelen tanto sus palabras. Si no es ni el primero, ni el último que las dirá, pensó.

―No tengo ninguna razón para decir que eres una niña mimada.

―Tal vez tengas razón y en verdad lo soy.

―Aunque así fuera no debí decirlo, ya que, por alguna razón esas palabras te lastiman.

―Dejemos el tema por la paz ―pidió ella. A pesar de que en su interior se moría de ganas de decirle que, aunque todo pareciera indicar que era una niña mimada, en realidad, no lo era.

―¿Qué vamos a hacer? ―indagó Tomás. Angélica bajo la mirada por un momento, el tiempo suficiente para que él la tomara de la barbilla y fijara su mirada en la de ella. Angie sabía que si aceptaba trabajar con Tom, él sería el más perjudicado. Si ya hasta estaba escuchando a sus compañeros de clase diciendo que la calificación había sido gracias a que su compañera de equipo era la hermana de la maestra a cargo.

―No es buena idea que haga ese trabajo contigo ―contestó con la intención de convencerlo para que desistiera.

―No puedo comprender tu postura, lo he intentado, pero no puedo. ―agregó él―. Para mí no es opción no entregar ese trabajo. No estoy acostumbrado a tener malas notas. ―añadió con arrogancia.

―¿Así qué eres un matadito? ―indagó Angie en un intento por aligerar la situación. De ojos bonitos, agregó para sí.

―Odio las etiquetas ―gruñó― más de lo que odio las malas notas. Y por lo que puedo notar a ti tampoco te gustan, esa debería ser razón suficiente para que no las uses. No obstante, si ser el mejor de la clase me convierte en un matadito, lo soy. ―finalizó arrogante.

Un matadito egocéntrico de ojos bonitos, insistió Angie en su interior.

―Voy a hacer ese proyecto contigo. ―aceptó finalmente. ¡¿Por qué dije eso?!, se preguntó internamente.

Todo parecia indicar que ese día su lengua no estaba conectando con su cerebro. Tomás quedó sorprendido ante la respuesta de Angie, aunque era la respuesta que buscaba, creyó que el proceso para que fuera afirmativa sería más complicado. Al salir de la clase de Liliana escuchó que alguien se refirió a Angélica como una niña mimada, fue por eso que a mitad de la discusión la llamó de esa forma. No obstante, algo dentro de él le decía que estaba equivocado y que la chica que tenía frente no era una niña mimada. Era consiente que Angie ocultaba algo, no sabía lo que era, pero de lo que si estaba seguro es que haría todo lo que estuviera en sus manos para descubrir ese secreto.

Durante unos instantes se quedaron en silencio, Angie comenzó a golpear su pie contra el suelo en señal de nerviosismo, no era un secreto que no le gustaba socializar, pero sobre todo odiaba los silencios incomodos. Bueno, ella creía que no existía silencio comodo, al menos que estuviera dibujando en su habitación.

Tomás no sabía que decir, por extraño que pareciera tenía la sensación de que ella le estuviera haciendo un favor que a la larga les saldría muy caro a los dos.

―Tengo una condición ―añadió Angie rompiendo el silencio. Sabía que no podía cambiar de opinión al respecto, pero al menos podía dejar las cosas claras desde el inicio.

―¿Cuál? ―cuestionó él con sorpresa.

―Pase lo que pase y digan lo que digan, no me vas a culpar de nada que no este relacionado con el trabajo.

―Tú condición es muy extraña, pero la acepto. ¿Podemos decir que tenemos un trato? ―murmuró Tomás con una sonrisa logrando que en el estómago de Angie revolotearan mariposas.

―Tenemos un trato ―confirmó la chica con su mejor intento de sonrisa.

―¿Qué te parece si para cerrar nuestro trato te invito una nieve? ―ofreció él.

Tomás sabía que la invitación a tomar una nieve para cerrar el acuerdo era una excusa muy tonta, pero tenía tantas ganas de pasar tiempo con Angie.

―Gracias, pero no puedo ―negó con algo de nerviosismo en la voz.

―¿Mañana? ―insistió.

―Tampoco ―rebatió ella. Para tranquilidad de Angie sonó el timbre anunciando el final del receso. ―Me tengo que ir, adíos ―se despidió. Rápidamente tomó sus cosas y se fue.

Dejando a Tomás solo y extrañado debido a la urgencia con la que salió corriendo o mejor dicho huyendo. Sin otra cosa que hacer él se dirigió a su siguiente clase. En el resto del día, sus clases no volvieron a coincidir, ni siquiera en los cambios de clase hubo un cruce en los pasillos de la escuela.

Tomás la volvió a ver a la salida cuando ella salió hecha una furia de la dirección. Al verla aumentó la velocidad de su caminar para llegar a donde se encontraba.



Una nieve a cambio de una sonrisa



Angélica salió de la dirección como siempre lo hacia, triste, pero a la vez enojada. Siempre que discutía con su hermana la aflicción se convertía en furia. Entonces empezaba a llorar, cuando terminaba de pelear, volvia a llorar, está vez eran lágrimas de desdicha y melancolia de saber que no había nadie en el mundo que la entendiera, y quien lo hacía ya no se encontraba en el mismo plano que ella.

Caminando a paso veloz se dirigió a la salida, estaba tan concentrada en las emociones que la carcomian, que no se dio cuenta de que Tomás la estaba siguiendo hasta que le tocó el hombro en el instante que la alcanzó.

―¿Estás bien? ―indagó. ¡Qué idiota eres! Solo a ti se te ocurre hacer prreguntas tan estupidas, cuando es evidente que no está bien, grito su voz interior.

―Sí. ―mintió ella. Se mordió la parte interna de la mejilla en un intento por ocultar sus emociones. ―Nos vemos. ―se despidió. Caminando a paso veloz se dirigió a la salida para que Tomás no pudiera alcanzarla.

Tom pareció no captar la indirecta, porque la siguió. Sabía que no era correcto seguir a una persona cuando esta había dejado claro que no quería estar con él, si bien, no lo había hecho con palabras, sí con actitudes. Pero, la sensación de querer pasar más tiempo con ella era más fuerte que los dictados de su conciencia.

―¡Te llevo a tu casa! ―ordenó más que ofrecer cuando logró alcanzarla.

―No ―contestó seria. Siguió avanzando sin importar que pareciera una grosera ante los ojos de él. Necesitaba llegar a su casa antes que Liliana para evitar pelear con ella, al menos por ese día.

―Si no dejas que te lleve, te voy a seguir hasta asegurarme de que llegues sana y salva. ―advirtió Tom. La chica volvió a avanzar unos pasos ingnorándolo. Él la tomó de la mano logrando que una corriente electrica los atravesara, y las mariposas que parecían habitar en el estómago de ella volvieran a revolotear.

―¿No me vas a dejar en paz? ―cuestionó molesta.

―No ―declaró. Fijó su mirada en los ojos de ella.

―¡¿Te han dicho que eres insoportable?! ―espetó. Sin embargo, no hizo nada por soltarse de Tomás.

―No, tienes la fortuna de ser la primera ―agregó sardónico. ¡Te estás pasando!, recriminó su voz interior.

Finalmente Angie se soltó del agarre de Tomás, al avanzar chocó su hombro contra el de él.

A pesar de ese gesto de indiferencia no estaba dispuesto a ceder, por lo que siguió tras ella. Tomás intentaba convencerse de que estaba preocupado por su tranquilidad, por eso continuaba detrás de ella como si fuera un acosador, y no era el hecho de que se sentía atraido a ella como un metal al imán. Después de un rato en el que no dejo de seguirla, Angie se detuvó, harta de que él no dejara de seguirla.

―¡Argg! ¡Está bien! ―gritó levantando el rostro al cielo―. ¡¿Te importaría apurarte?! ¡Tengo que llegar temprano a mi casa! ―refunfuñó. La cara de Tomás se iluminó con una sonrisa de satisfacción. Estaba claro que esa batalla el ganador había sido él.

Sin meditarlo mucho Tomás la volvió a tomar de la mano para guiarla hasta donde estaba estacionado su carro. Al llegar a donde se encontraba el automóvil se obligó a soltarla de la mano para abrirle la puerta del copiloto.

―¿Y yo soy la niña mimada? ―cuestionó Angie con sorna al ver que Tomás tenía un auto último modelo.

―Digamos que es mi premio de consolación por venir a vivir al puerto. ―respondió. Al voltear a ver a Angie se dio cuenta que estaba sorprendida.

Una vez que Angie se acomodó en el asiento del copiloto y se puso el cinturón de seguridad, Tom cerró la puerta y dio vuelta al carro para hacer lo propio, y poner en marcha el vehículo. Angie al principio iba viendo por la ventanilla con la mirada perdida. En lo único que se podía concentrar era en las emociones que se estaban formando dentro de ella.

―¿Cómo fue que viniste aquí? ―indagó. Normalmente, no era ella la que hacia las preguntas, pero por alguna razón Tomás despertaba su curiosidad.

―Mi madre se enamoró, su novio vive aquí, muy a mi pesar nos venimos a vivir al puerto.

―¿Te llevas muy mal con el novio de tu madre?

―No. Todo lo contrario nos llevamos muy bien, somos amigos. El problema es que no me quería cambiar de escuela. ―confesó. Angie no pudo evitar pensar en lo irónico que es la vida Tom negándose a cambiar de escuela, y ella moría porque eso sucediera.

―Entiendo, ¿y tu papá? ―indagó nuevamente. Si él hace las preguntas, también tendrás que contestar, se recriminó mentalmente.

―Vive en la Ciudad de México. ―contestó sin dar más explciaciones, no le gustaba ahondar en el tema.

―¿Fue muy difiícil cuando se separaron? ―continuó con las preguntas. En su interior Angie se preguntaba si sus padres se hubieran separado sería mejor. ―Si bien, ellos no llevaban una mala relación nunca supo que hubieran tenido alguna discusión―, al menos estarían vivos. Tal vez tendría que pasar algunos días con su papá y otros con su mamá.

―Nunca estuvieron casados. No sé que pasó entre ellos, lo que sí te puedo decir es que mi mamá ha sido genial conmigo y mi papá ha hecho lo mejor que ha podido.

―¿Qué quieres decir?

―No tenemos una buena relación. ―explicó―, pero siempre que he necesitado algo de él, me ayuda. Aunque no suelo acudir mucho a él.

―¿Y tú mamá, como es la relación con ella?

―Mi mamá es genial, me llevo muy bien con ella. La única queja que tengo en estos momentos de ella, es que me obligó a mudarme.

―No es tan malo vivir aquí, dale una oportunidad. ―pidió

―Lo haré, si tú me das una oportunidad a mí. ―otorgó mientras le guiñó un ojo.

―Está bien ―aceptó sin saber muy bien a que se comprometía.

El resto de la conversación derivó en temas más tranquilos para los dos. Tomás aunque se moría de ganas de preguntarle por la familia de Angie intuía que algo tenía que ver con el secreto que se empeñaba en guardar, no estaba seguro que fuera buena idea mover esas aguas en ese momento. Angie no puso mucha atención en el trayecto que seguía Tomás, hasta que él bajo la velocidad para estacionarse se dio cuenta de sus intenciones.

―Tom, de verdad necesito llegar temprano a mi casa. ―dijo titubeante.

Tomás la ignoró, se estacionó en uno de los espacios disponibles del parque Zamoraii. Salió del automóvil, dio la vuelta para abrirle la puerta a Angie. Ella se debatía entre salir corriendo e ir a su casa para evitar que Tomás descubriera lo que ocultaba, o pasar un rato con él, algo que realmente quería. Al final se decantó por la segunda opción, aceptó la mano que le ofrecía para que saliera del carro.

En cuanto Angie estuvó fuera del vehículo, Tom colocó una mano en su cintura para guiarla al interior de la neveria Yucataniii.

Se dirigieron al mostrador para hacer su pedido. Angie tomó su cabello, lo pasó por su hombr para evitar que cuando se inclinara a los refrigeradores le impediera ver los sabores.

―¿De qué vas a querer? ―indagó Tomás. Ella seguía indecisa sobre qué sabor eligir.

―Una de crema de eloteiv, por favor ―contestó viendo al encargado. Tomás se sorprendió ante la elección de la chica.

―¡¿Elote?! ¡¿Quién toma nieve de elote?! El elote te lo comes con mayonesa, queso, y chile o es un esquitev. ―protestó Tomás, haciendo cara de asco.

―Si quieres esquites cruzando la calle venden unos buenísimos ―agregó sardónica. Señaló en dirección al local que había mencionado.

―Crema de elote ―terció el encargado, entregando su nieve a Angie. ―Es uno de nuestros sabores más vendidos. ―dijo. Le regaló a Angie una sonrisa ladina y un guiño. ―¡¿En serio?! ―insistió sorprendido. El encargado asintió. ―Voy a querer una de…

―… Crema de limón ―dijeron los dos al mismo tiempo.

―¿Cómo lo supiste?

―¡Eres hombre! No se necesita de mucha inteligencia para saber que no ibas a elegir una de coco o chocolate. ―indicó. Dio media vuelta y se dirigió a una mesa que se encontraba al fondo del local. Tomás alcanzó a Angie en el momento exacto para retirar la silla y que ella pudiera sentarse.

―¿Quieres decir que soy predecible?

―No. Quiero decir que eres hombre y ustedes son muy simples.

―A diferencia de ustedes que son muy complicadas ―rebatió él.

―No somos complicadas, solo nos gusta la variedad.

―¿Con gustarles la variedad te refieres a qué tardan una eternidad en elegir que ponerse o saber qué quieren comer?

―Lo que pasa es que ustedes son demasiado simples y no le prestan atención a los pequeños detalles, y esos al final son los que cuentan.

―Le dan mucha vuelta al asunto para llegar a un solo punto, tienes que reconocerlo.

―Tal vez tienes un poquito de razón ―reconoció.

―¿Poquito? ―cuestionó indignado.

―Sí, poquito ―repitió. Juntó su dedo pulgar con el índice. Tomás soltó una carcajada. La conversación transcurrió en una especie de calma divertida, al menos para Tomás, para Angélica la cosa era muy diferente. Trataba de recordar cuando había sido la última vez que la pasó tan bien, o al menos intentaba pensar cuando fue la última vez que había comido una nieve en un lugar que no fuera su casa.

Pero no logró llegar a una fecha exacta después de que ellos se fueran, no es que no saliera porque Liliana no le diera permiso o la tuviera recluida como una esclava, si no que, Angie no lo hacía porque siempre terminaba recordándolos y llorando. No es que en su casa no le pasara lo mismo, pero al menos ahí nadie la veía con lástima o compasión.

Tomás se preguntaba qué es lo que estaría pasando por la mente de ella para siempre permanecer con esa mirada melancólica. Tom llevó su dedo medio, al vaso donde se encontraba su nieve casi derretida para embarrarla en la nariz de la chica. Ella estaba tan ensimismada que no se dio cuenta en que momento lo hizo, hasta que sintió el frio terminando de derretirse contra su piel.

―¡No hagas eso! ―reclamó ella. Le dio un pequeño golpe en el hombro.

Tomás la miro fijamente, no sabía de donde salía todo ese repentino interés por ella. No obstante, de lo que si estaba seguro es que haría lo que fuera necesario para descubrir que es lo que ocultaba la enigmática mirada de Angélica

―¿Qué es lo que tengo que hacer? ―indagó sin quitar la vista de ella.

―¿Para qué? ―contestó ella con otro cuestionamiento. Tomás pasó su pulgar por la nariz de ella para retirar los residuos de la nieve que le había embarrado.

―Para que sonrías, niña bonita. ―sentenció con la mirada fija en ella. Tal vez fue la intensidad de sus palabras, tal vez fue la mirada. Lo importante es que las mariposas volvieron a revolotear en el estómago de ella. A pesar de que Angie sabía exactamente a que tipo de sonrisa se refería, trató de fingir una, pero no logró su cometido.

―Algún día lograré robarte una sonrisa ―prometió Tom ahínco, logrando que la piel de ella se enchinara, de la misma forma que la sensación de que estaba cometiendo una locura se apoderaba de ella.

Angie sabía que le debía una explicación a Tomás sobre la ausencia de sus sonrisas, pero ¿cómo le explicas a alguien que acabas de conocer que no puedes sonreír? No, porque no quieras, sino porque a pesar de haberlo intentado ya muchas veces. No puedes debido a que un día un borracho imbécil acabó con tu familia de la forma más cruel que pueda existir logrando que te quedaras sola en el mundo.



Una vida no tan fácil



Al terminar su nieve tomaron camino en dirección a la casa de Angie, a Tomás le causó curiosidad el hecho de que ella estudiara la prepa al otro lado de la ciudad, teniendo una tan cerca y más accesible que a la que iba. Para él no había mucha distancia entre la casa de Angie y su escuela, consideraba que la ciudad de Veracruz era muy pequeña, pero a los lugareños que había conocido en el breve tiempo que llevaba viviendo ahí, algo que les implicara más de tres cuartos de hora de trayecto estaba hasta el fin del mundo. ¡Por dios, yo hacía hora y media a mi antigua prepa!, interiorizó.

―¿Por qué si vives cerca de otra prepa vas a una que te queda retirada? ―indagó. No quería quedarse con la duda.

―Tengo mis motivos.

―Supongo que debes tenerlos. Pero me surgió la duda; sino te sientes comoda en la escuela a la que vas, ¿por qué no cambiarte? ―insistió

―Es complicado. ―contestó evasiva. Sacó su celular para ver la hora confirmando sus sospechas: estaba contra reloj si quería llegar antes que Liliana. ―¿Por qué tiene que haber tanto tráfico cuando necesito llegar a tiempo? ―gruñó.

―Esto no es tráfico, Angie. Tranquila, llegaremos a tiempo ―intentó tranquilizarla.

―¿Entonces, por qué no avanzas? ―refunfuñó.

―¡Está el alto! ―explicó―. En todo caso, puedes decir a tus padres que no llegaste a tiempo porque te secuestré. ―ofreció. La mirada de Angie se ensombreció aun más, la tristeza que mostraba era mayor. Se mordió la parte interna de su mejilla para detener las lágrimas que amenazaban con caer.

―Ojalá fuera eso ―murmuró. Volteó hacia la ventanilla, logrando que de pronto el vehículo pareciera más pequeño, gracias a la tensión que se formó. Tomás decidió guardar silencio, no se podía negar que algo que dijo incomodó a Angie. No obstante, no sabía qué.

Permanecieron en silencio, hasta que Tom dio vuelta en la esquina donde se encontraba la casa de Angélica.

―Déjame en la esquina ―pidió con una mano en la puerta para salir corriendo.

Tomás se orilló para estacionarse donde ella le había indicado, cuando vieron a Liliana bajar de un taxi. Angélica dejo caer su cabeza contra el respaldo del asiento, se llevó las manos a la cara para ocultarla. Él se quedó sin palabras.

―Es mi hermana ―confesó bajando las manos― Ella es la razón por la que no hago trabajos en equipo. Si el trabajo es bueno todos piensan que me ayudó. Si no es bueno, la calificación es regalada. También es la razón por la que no me cambio de escuela.

―¿Has intentado que otro profesor evalué tu trabajo? ―indagó.

―Se nota que eres el chico nuevo. Mi hermana es todo lo opuesto a mí, mientras yo apenas me llevó bien con uno que otro compañero, ella es amiga de toda la planta docente. Ya intentamos que otro profesor me evaluara, la sitituación término siendo peor.

―Entiendo esa parte. Pero no logro entender por qué no te cambias de escuela. ―insistió en el tema. Angélica sabía que debía contarle las razones… ¡Dios, duele tanto hablar de ellos, a pesar del tiempo transcurrido se siente como si hubiera sido esta misma mañana!, Es imposible acordarme de ellos y no llorar.

―Ella es mi tutora, le he pedido que me deje cambiarme de escuela, siempre se niega. Tal vez lo haga porque cree que si no estamos en la misma escuela perdera control sobre mí.

―¿Y tus papás? ―insistió. Ahí estaba la pregunta que tanto temía. Angie cerró los ojos y sintió como empezaban a correr lágrimas por sus mejillas. ―¿Qué pasa, Angie? ―cuestionó nuevamente, la tomó por la barbilla para que lo viera. No obstante, ella seguía con los ojos cerrados, algo se removió en él.

No entendía muy bien qué pasaba con ella, pero sabía que tenía que hacer algo para desaparecer esa tristeza de Angie.

―Murieron en un accidente… ―murmuró abriendo los ojos, por su cara empezaron a fluir las lágrimas contenidas.

―Lo siento ―se disculpó. Con sus pulgares limpió las lágrimas que aún caían en el rostro de ella.

―Está bien.

―No, no lo está ―dijo―. Angie, está bien sentirte triste y llorar porque los extrañas. Lo que no lo está es que trates de ocultar tus sentimientos, y que culpes a alguien que está pasando por lo mismo que tú.

―Yo… antes me llevaba bien con ella, era mi mejor amiga.

―Pero…

―Pasó de ser mi amiga a mi tutora.

―Angie, no sé mucho de tu relación con tu hermana, tampoco te conozco lo suficiente como para decirte que hagas o dejes de hacer. Lo que sí sé, es que solo se tienen ustedes dos. ¿De que sirve que vivan peleadas?

»Sí, es tu tutora y seguro tuvo que cambiar en algunas cosas para contigo. Sin embargo, eso no deja de lado que sea tu hermana y puedan seguir siendo amigas.

―Puede ser que tengas razón ―concedió―. Me tengo que ir ―agregó en voz baja, pero no hizo ningún movimiento que indicara que tuviera ganas de hacerlo.

Tomás se acercó a ella para darle un beso en la mejilla al hacerlo ella movió la cara, Tom terminó dándole un pequeño beso en los labios. Angie permaneció quieta con la mirada fija en los labios de él, Tom volvió a besarla esta vez seguro de la zona. Primero saboreó sus labios donde todavía permanecía el sabor del elote, se adentró en su boca. Angie dejó que él descubriera el sabor de su boca, al principio dejó que Tomás la guiara, unos segundos después ella también respondía con la misma intensidad que él. Las emociones que empezaban a crecer en ella, eran nuevas; mariposas revoloteando por su estómago, su corazón latiendo tan rápido como si fuera un caballo desbocado. Tomás se obligó a detenerse cuando el beso comenzó a intensifcarse, al separarse Tom acarició el labio inferior de Angie con su pulgar.

―Me tengo que ir ―agregó con la voz entrecortada, después de que su corazón volviera a su ritmo normal.

―Lo sé ―concedió―. Nos vemos mañana ―se despidió acariciandole el labio inferior.

Angélica tomó sus cosas, tenía un pie afuera cuando Tomás la detuvo sosteniendola de la muñeca.

―Angie, no te escondas de mí, por favor. ―pidió haciendo círculos con su pulgar en la muñeca. Ella asintió con un movimiento de cabeza. Sin embargo, salió corriendo en dirección a su casa.

Tomás seguía estacionado afuera de la casa de Angie, cuando ella ya había entrado. Tom quería entender porqué había actuado como lo hizo, solo iba a despedirse de Angie con un beso en la mejilla, pero terminó besandola en la boca… ¡y qué beso! Lo único que temía era haber cometido un error y Angie terminara escondiéndose de él. Estoy jodido, se regañó antes de arrancar el carro.

Cuando llegó a la casa de Nicholas, el novio de su madre se dirigió al comedor donde se encontraban ellos.

―Hola ―saludo él.

―Hola, ¿Qué tal te fue? ―indagó Sofía.

―Bien ―dijo escuetamente. No consideraba que decirle a su madre; que había conocido a una chica, la besó y se estaba comportado como un idiota acosador fuera buena idea.

―Me enteré que hoy tuviste clase de ciencias. ¿Todo bien? ―cuestionó Nick. Nicholas además de ser el novio de Sofía, era el mejor amigo de Liliana y prefecto de la preparatoría en la que estudiaban Angélica y Tomás.

―Sí. ¿Hay alguna razón para que no fuera así?

―La profesora de ciencias es hermana de una compañera tuya. ―Tomás asintió, tenía la sospecha que con aquella conversación sabría un poco más de Angie. ―Cree que es buena idea de que trabajes con ella, tal vez así puedas ayudarle a salir de su ostracismo.

―Entonces, Angie tiene razón y a su hermana le gusta controlarla.

―No todo es blanco o negro ―replicó―. Liliana ha hecho lo que está en sus manos para lograr que su hermana salga adelante. Sin embargo, no ha encontrado la forma adecuada para acercarse a Angélica. Para Lily también ha sido dificil, no fue solo afrontar lo que les pasó. De la noche a la mañana tuvo que hacerse cargo de Angie y como consecuencia intentar que salga adelante, eso sin contar los problemas que Angie tiene en la escuela.

―No debe ser fácil tratar de superar la muerte de tus padres. ―murmuró Tomás, un poco defendiendo a Angie.

―Parece ser que está vez Liliana sí tuvo razón.

―¿Qué quieres decir?

―Es dificil que Angie hable con alguién, me atrevería a decir imposible que Angie comente a alguien sobre la muerte de sus padres.

―No me parece que Angie sea alguien a quien no le gusté convivir con los demás. Es algo solitaria, pero no una estirada. ―explicó el joven. Nick alzó la ceja izquierda, sorprendido de que Tomás definiera a la perfección a Angélica, mas teniendo en cuenta que llevaban un día de conocerse.

―El problema no es ella. Fíjate cuando esten solos, como actuán los demás, las indirectas, lo que le dicen.

―Hoy escuché que le dijeron niña mimada.

―A eso me refiero.

―¿Tú no puedes hacer nada para ayudarla?

―He hecho lo que he podido, pero los dueños de la escuela no nos lo dejan fácil. Liliana se niega a autorizarle el cambio de escuela, por miedo a que su relación terminé de fracturarse.

―Algo así me dijo Angie. Me gustaría pedirte un favor.

―Dime

―Por favor, no hagas lo que Liliana y deja que me las arregle yo solo.

―No pensaba hacerlo. Estoy pensando en una nueva idea para ayudar a Angie, y lo más probable es que te veas involucrado.

―Está bien ―concedió.

―Tom, hay algo que tienes que tener en cuenta si quieres ser amigo de Angie adelante. Pero no la ilusiones, esa muchacha ya ha sufrido demasiado para tener que lidiar con un corazón roto. ―dijo Nicholas, haciendo que Tom sintiera como si le echaran un balde de agua fria.

―Hijo ―intervinó Sofía que hasta el momento se había mantenido en silencio. ―Trata no solo a Angie, sino a cualquier mujer que se cruce en tu camino, como te gustaría que me trataran a mí o a tus hijas.

―Lo haré.

La conversación con Nicholas dejo a Tomás más decidido, por un lado sabía que la vida para Angie no había sido fácil. Quería ayudarla, no tenía idea de cómo lo haría, pero lograría que sonríera. Angie algún día le regalaría la más bella de las sonrisas.

****

Normalmente, Angie llegaba antes que Liliana a su casa, comía y subía a su habítación para evitar una discusión con su hermana. Pero, como ese día había ido con Tomás a tomar una nieve, había llegado tarde para hacerlo. No se quejaba porque a pesar de todo la había pasado bien, incluso todavía se sentía flotando en la nubes gracias al beso que habían compartido. En el lado opuesto estaba esa furia irracional que sentía contra Liliana, a pesar de saber que no tenía la culpa de nada.

Se pleanteó en ir a su recamara y ahí esperar hasta que su hermana terminara de comer para entonces bajar y hacer lo mismo, pero su parte masoquista, le dijo que lo mejor era afrontar las cosas de una vez. Al entrar a la cocina el aroma a tostones de platano le impregnó la nariz y le abrió el apetito.

―Hola ―saludo Liliana al ver entrar a Angie con la mirada baja.

―No quiero pelear ―constestó a la defensiva.

―Tampoco quiero que peleemos. Sé que parece que te quiero controlar ―concedió. Angélica leventó la mirada, el ambiente se llenó de tensión. ―La verdad es que no sé como ser tu tutora, sin perder a mi hermana ―confesó―. Siempre creí que solo sería tu hermana, pero la vida nos guió por otro rumbo.

―¡No es justo! ―se quejó Angie―. Hay miles de padres que no quieren a sus hijos, los tratan mal o hasta los abandonan. ¡¿Por qué tuvieron que morir ellos?! ―gruñó entre lágrimas.

―Todos los días me pregunto lo mismo. ¡¿Por qué ellos? Incluso, algunas veces me siento culpable… Si yo no… hubiera ido a ese viaje… tal vez ellos… ―se detuvó. Una cosa era recriminarse en silencio todos los días, y otra muy diferente expresarlo en voz alta. ―Sé que puede parecer trillado, solo quiero lo mejor para ti, aunque me odies, yo te adoro. Hago lo que creo que ellos hubieran hecho. ¡Maldita sea! Parece que todo lo hago mal.

―Lo único que quiero es cambiarme de escuela. No voy a hacer nada malo, solo déjame cambiar de escuela. ―rogó Angie.

―Solo te pido una última oportunidad, Angie. Para hacerlo como creo que ellos lo hubieran hecho.

―¡Estoy harta, Lily! Odio tener que hacer como sino me importaran sus comentarios. Quiero poder entrar al salón, al menos si no me van a hablar que no digan esas palabras que tanto me duelen.

―Un semestre, Angie. Te lo juro, si al terminar sigues queriendo cambiarte de escuela, lo entenderé.

―¿En serio podré cambiarme de escuela al siguiente semestre?

―¡Te lo prometo, por ellos!

―Está bien ―aceptó―. Lo haré.

Al final del día parecía que Angie no era tan difícil de convencer, o tal vez era que se había hartado de esa fachada en la que tenía que ser ella quien tuviera la última palabra. En el fondo solo quería seguir adelante con su vida, tal vez intentar ser feliz, aunque eso parecía un imposible.

Haría todo lo que estuviera en sus manos durante esos seis meses que le había prometido aguantar, y después se cambiaría de escuela, ahí todo sería diferente, o al menos eso es lo que esperaba.

Algo dentro de ella le decía que su vida empezaba a cambiar. Al menos su hermana había aceptado un cambio de escuela, en un futuro cercano, pero se cambiaría. Ese era un gran avance despues de 4 años.



Una última Oportunidad



Si había alguna duda sobre la obsesión de Tomás respecto a la puntualidad ese día quedaba comprobada, llegar a las 6:45 de la mañana a la preparatoria debería ser considerado un delito por cualquier otro estudiante, pero para él no lo era.

La verdad es que no había llegado temprano por su obsesiva puntualidad, sino porque la noche anterior no había podido dormir demasiado, cuando lo hizo fue para soñar con Angie, y no fue un sueño inocente. Afortunadamente, para Tomás las puertas del bachillerato ya estaban abiertas. No obstante, él decidió no entrar porque estaba esperando a la culpable de su ansiedad.

Angélica bajo del camión que la dejaba a tres cuadras de la escuela, su noche había sido mejor que la de él, pero había un común denominador con Tom, ella tampoco podía dejar de pensar en él.

Caminó hasta la puerta de la escuela como lo hacía todos los días, cuando vio a Tomás parado junto a la puerta de la entrada las mariposas en su estómago volvieron a revolotear, pero esta vez con más intensidad, sus manos empezaron a sudar frío. Tom también se puso nervioso cuando la vio acercarce. Sin embargo, a él se le daba mejor ocultar sus emociones.

Al llegar a la entrada Angie torció la cara en una especie de sonrisa, él tomó la cara de ella entre sus manos, la vio fijamente durante un rato. Angélica creyó que le daría un beso en el boca, o al menos lo anhelaba, pero Tomás la besó en la punta de la nariz.

―Hola ―saludó ella con la cara enrojecida.

―Hola, ¿Como estás? ―indagó él. Tomó un mechón de cabello que caía por la cara de Angie para colocarlo detrás de su oreja.

―Bien ―contestó tímidamente. Tom cogió la mochila de Angie, para colgarla en su hombro. Sostuvo a Angie de la mano mientras se dirigían al salón donde ella tendría su primera clase. Mientras esperaban que llegara el profesor de ella charlaron sobre sus gustos y afinidades para sorpresa de ella resultó que a Tomás no le gustaban los deportes, en especial el fútbol. Por su parte Angie comentó que le encantaba el fútbol y dibujar. Tomás le sugirió que se inscribiera a dibujo como extracurricular a lo que ella contestó solo con un asentimiento de cabeza, pero no agregó si lo haría, o no.

―Angie, a veces me gustaría ser tú, debe ser genial tener una hermana que te resuelva la vida. ―murmuró una chica de cabello oscuro que pasaba por donde ellos estaban charlando.

Tomás sentenció con la mirada a la chica que hizo el ácido comentario. En su mente se repetía algo que le había comentado Nick el día anterior: El problema no es ella.

―¡Ya me voy! ―dijo tensa, soltándose del agarré de Tomás. ¿Por qué se tienen que acabar tan rápido?, se recrimino mentalmente. Estaba segura que Tomás ahora no le hablaría más.

―¡Angie! ―llamó él, cuando ella ya había dado unos pasos en dirección a su salón. Ella lo ignoró, dejándolo creer que apartir de ese momento se escondería de él.

****

Nicholas estaba en su oficina buscando una forma de ayudar a Angie, como prefecto escolar se encontraba dentro de sus atribuciones, era una lástima que los dueños de la escuela estuvieran más interesados en recibir las colegiaturas mensuales, que en los alumnos de la misma. La vez que intentó suspender a quien empujó a Angie por las escaleras estos dijeron que no se podían arriesgar a perder el dinero de la colegiatura, también se encargaron de recordarle que de ese dinero era donde le pagaban su sueldo a él y Liliana.

Había hablado con su amiga de la importancia de que la cambiara de escuela, pero ella se negaba por miedo a que Angie terminara de alejarse, él creía que pasaría lo opuesto. El año pasado Nick la había evaluado con la idea de que así sus compañeros cambiarían su actitud hacía ella. Todo salió al revés empezaron a decir que Nick y Liliana eran novios ―nada más alejado de la realidad―, por eso había ayudado a Angie.

Sabía que era buena idea que alguien más evaluará a Angie, tenía que ser un profesor que no fuera amigo o cercano a Liliana, pero no se le ocurría nadie. Debía hablar con su amiga y dejarle tres cosas en claro; una era necesario que aceptara cambiar a Angie de escuela por el bien de la menor y su relación como hermanas, dos convencerla de que acudieran con un psícologo para superar la perdida, y tres; convencerla de que otro profesor evaluara a su hermana.

―Hola ―saludó al llegar al escritorio de Liliana.

―Hola ―contestó ella.

―¿Tienes libre? ―cuestionó.

―Sí, por lo que veo tú no tienes trabajo.

―Trabajo tengo de sobra, pero hay un tema que me preocupa y quiero comentarlo contigo. ¿Te invito un café? ―ofreció. Liliana asintió, no le sorprendió que Nick quisiera comentar algo de trabajo con ella, si alguien había hecho todo lo posible para que su hermana pudiera salir de su ostracismo era Nick, no tenía dudas de que ese sería el tema del que quería hablar.

Salieron del plantel, se dirigieron a un pequeña cafeteria que estaba en la misma calle de la preparatoria, cuando los dos tuvieron sus bebidas en mano se quedaron en silencio por unos minutos.

―¿Y bien? ―indagó Liliana. Revolvió su café con el popotevi.

―¿Alguna idea sobre qué quiero hablar contigo?

―Si es relacionado con el trabajo, y tiene que ver conmigo solo hay una respuesta; Angie. ―dijo. Nick asintió con la cabeza después de darle un trago a su café.

―Tienes razón. ¿No crees que es hora de que Angie se cambie de escuela?

―Sabes lo que pienso del cambio, tengo miedo de que nos distanciemos más.

―Estoy seguro que pasaría todo lo contrarío.

―No opino lo mismo.

―Independientemente de tu relación con ella, lo que podría verse afectado si no aceptas cambiarla de escuela, es la confianza de Angie, se podría ver minada para siempre.

―No quiero que le pase nada.

―¡Lily, se va a cambiar de escuela, no de ciudad!

―Mis papás estaban en la misma ciudad cuando tuvieron el accidente.

―Estás confundiendo las cosas. Si sigues con esa actitud solo vas a lograr que ella se aleje para siempre. El accidente de tus padres fue provocado por la imprudencia de un imbécil, no porque tú estuvieras en otro lado.

»Angélica necesita empezar a construir su camino, tomar sus propias decisiones, equivocarse y corregir. ¡Tienes que dejarla volar, por tu bien y el de ella!

―No estoy segura si eso es lo que le hubiera gustado a ellos.

―Acuérdate de como eran contigo. ¿No te dejaban ni a sol ni a sombra? ―indagó seguro de la respuesta. Liliana negó con la cabeza.

―Le prometí a Angie que dejaría cambiarse de escuela a final de semestre. ¿Crees que debería hacer ese cambio ahora?

―No. Si ya le diste una fecha, espera a esa fecha, pero tienes que cumplir tu promesa. Mientras podrías hacer otra cosa.

―¿Qué?

―Empezar a ir a terapia, es hora de que las dos empiecen a superar la pérdida y eso solo puede ser con ayuda profesional. ―explicó.

―¿Es eso o necesitas aumentar tus ingresos? ―ironizó mordiendose el labio inferior.

―No puedo ser yo quien les de terapia, es antiético, estoy muy involucrado con ustedes. Tengo una colega especializada en tanatología.

―¿Ya has hablado con ella de nosotras?

―No, pero si aceptas hoy mismo puede darte una cita.

―No sé, tengo que hablarlo con Angie.

―Será una reunión informal, las presento y si llegan a un acuerdo es cosa suya.

―Déjame checar mi agenda. ―aceptó de mala gana―, pero no creo que sea fácil convencer a Angie.

―Creo que será todo lo contrario.

―¿Por qué lo dices? ―indagó sorprendida.

―Tomás me comentó que Angie le habló del accidente.

―¡Oh! ―murmuró.

―Sí. Creí que la notica te pondría feliz.

―No esperaba que hicieran clic tan rápido.

―Parece que es la última oportunidad para recuperar tu relación con Angie.

―Parece que es así. Ahora no sé si debería de seguir con el plan de ponerlos a trabajar juntos. ―Si los cambias, podría ser contraproducente. Lo que sí creo es que debemos buscar un profesor que los evalué.

―¿Tú? ―argumentó inquisitiva― El año pasado no funcionó.

―No, alguien que no sea de tus amigos o conocidos. Debe ser alguien que sepamos que va a ser imparcial, y que no haya lugar para que los demás piensen lo contrario. ―Solo he tenido problemas con Edwin…

―Como no se me ocurrió.

―Pero él… No creo que sea buena idea.

―Piensalo, él es un misógino, sí tu hermana llega a sacar una buena calificación nadie podrá rebatirlo, además todos saben el problema que tuviste con él.

―Si intenta hacerle daño a Angie…

―Estaremos al pendiente. Solo la evaluará, también estoy seguro que Tomás no la dejará solo ni a sol ni a sombra.

―Voy a hablarlo con ella.

―Tengo una mejor idea, por que no lo hablamos en mi oficina será más fácil convencerla.

―Está bien ―concedió de mala gana.

****

Después de la primer clase Angélica y Tomás no se volvieron a encontrar hasta una clase antes de receso cuando les tocaba Educación Física juntos, fue ahí cuando Tom se acercó a Angie, a pesar de que ella intentó evadirlo fue más la insistencia de él. Angélica esperaba que en las horas que no se vieron un ovni hubiera pasado por la escuela para borrararle la memoria de las últimas horas a Tomás. Mientras él consideró pertinenete no mencionale los comentarios ofensivos que le hacían, al menos de momento.

A la hora del receso los dos se dirigían para tomar algo en la cafetería cuando sonó el celular de Tomás.

¿Puedes venir a mi oficina?

Nick 10:23

―¿Todo bien? ―preguntó Angie al ver la sorpresa en la cara del chico.

―Si, tengo que ir a la oficina de Nick. ¿Me acompañas?

―¿Nick? ―contestó sorprendida.

―Nicholas, el prefecto, es el novio de mi mamá ―explicó.

―¡Oh! ―dijo. Ella siempre había creído que entre Liliana y Nicholas había una relación sentimental aunque ambos se empeñaban a negarlo.

―¿Vamos? ―insistió él. Angie asintió, al llegar al lugar acordado, Tomás se sorprendió al ver a Liliana ahí. Angélica, no, para ella era normal que se encontraran juntos.

―Hola ―saludó Tom―. Le pedí a Ange que me acompañara, espero no haya problema ―informó.

―Esperabamos que lo hiciera ―concedió Nicholas.

―Mejor no pregunto como sabían que estabamos juntos. ―agregó sardónica.

―Soy el prefecto, debo saber dónde están los alumnos. ―defendió Nick.

―Claro, debes tener una relación alumno 1575 está con alumno 3087 ―satirizó. Nicholas y Tomás soltaron una risita.

―¡Angie! ―regañó Liliana.

―¿Por qué no se sientan? ―ofreció Nick.

―¿Vas a tardar mucho? ―indagó Tomás―. Tengo educación fisica y no quiero llegar tarde.

―Vamos a tardar más de una hora ―concedió Nick.

―Eso quiere decir que me podré saltar Ciencias y con justificante ¡Woo Hoo! ―agregó sarcástica, dirigiendo la vista hacía donde estaba Liliana. Lily torció la boca en una mueca.

―Como prefecto me corresponde saber que los alumnos del nivel de bachillerato esten bien, tanto personalmente como académicamente. ―explicó Nicholas.

―Si esto tiene que ver conmigo, ¿por qué le pediste a Tomás que viniera y no a mí?

―Tiene que ver contigo, sí. Pero como Tom trabajará contigo también le incumbe. ―intervinó Liliana.

―Sé que parece que estamos actuando demasiado tarde.

―3 años de secundaria y uno de prepa, no es nada ―gruñó.

―Lo sé, en mi defensa puedo decir que en la secundaria no tengo ingerencia, tu hermana tampoco. Soy testigo de como ella ha querido evitar que las burlas se detuvieran y así impedir que llegaramos hasta este punto.

―Supongo que hay un plan.

―Un profesor que no te imparta ninguna materia evalúe tus trabajos, exposiciones y exámenes. Eso incluye el proyecto en el que estás trabajando con Tomás.

―¡Oh, vaya! ¡Esto es un déjà vu! Les recuerdo que eso se hizo en el primer semestre y terminó fracasando porque el profesor en cuestión, eras tú.

―Esta vez será Edwin ―explicó Liliana.

―¿Edwin? ―cuestionó sorprendida Angie.

―Sí, él evaluará todos tus trabajos y exámenes. ―explicó Nick.

―Tengo una condición.

―Angie, esto es en beneficio tuyo, si todos se dan cuenta que lograste convencer a Edwin de lo capaz que eres, dejaran de creer que es gracias a tu hermana, y cada calificación es porque te la mereces. ―insitió el prefecto.

―Lo haré, pero Tomás no hará ningún proyecto conmigo. Él puede hacer su trabajo solo o Liliana lo puede incluir a otro equipo.

―¡Oye ―protesto Tomás―, creí que te caía bien!

―¡Esto no tiene que ver contigo! ―espetó.

―Angie, me temo que eso no está a discusión ―insistió Nick.

―Mientras tenga que hacer un trabajo con Tomás no aceptaré que Edwin me evalúe. ―sentenció.

―¿Por qué? ―indagó el aludido.

―A diferencia de ti conozco a todos los profesores de aquí, sé como es Edwin y si termina poniendo una mala calificación me vas a culpar.

―Una mala calificación no le hace daño a nadie. ¿Por qué sería tu culpa y no la mia?

―Una mala calificación no le hace daño a nadie, ¡Ja! ―ironizó―. Hace unos minutos estabas preocupado por llegar tarde a educacion fisica.

»Porqué yo soy mujer, por eso sería mi culpa.

―Edwin no es un profesor que se distinga por ser benevolente con las mujeres. No se ha tenido ninguna queja en ese sentido, pero todo el mundo sabe que es un misógino. ―explicó Nick.

―Hace cuatro años levanté una denuncia por acoso contra Edwin ―confesó Liliana.

―¿Dejan que un acosador siga en está escuela? ―indagó furioso Tomás.

―No tenemos ninguna denuncia, correrlo sería despido injustificado y no me corresponde a mí ―defendió Nick

―¿Y la denuncia de Liliana qué?

―Llegamos a un acuerdo, él no podía perder su trabajo y yo tenía muchas cosas en la cabeza. ―¿A pesar de eso estás dispuesta a que tu hermana este cerca de él?

―No le tengo miedo, Tom ―intervinó Angie―. Lo unico que no quiero es que después me eches en cara la calificación del proyecto.

―No lo haré. La decisión de si quiero que me evalúe el dichoso Edwin es mía, ¿no? ―indagó molesto. Nick asintió. ―Entonces que me evalúe.

―¿Y tú, Angie?

―Okey ―gruñó de mala gana.

Angie y Tomás salieron de la oficina de Nicholas en un tenso silencio, en las siguientes horas no se volvieron a ver. A la salida Angélica salió corriendo para evitar a Tomás.



Déjame Quererte



Las últimas tres semanas habían aumentando la confusión de Angélica. A pesar de que no estaba muy feliz de trabajar con Tomás en el proyecto de ciencias, ya habían iniciado este. No es que no le gustara convivir con Tomás, más bien era todo lo contrario le agradaba pasar tiempo con él. Sin embargo, no podía evitar pensar que si Edwin hacía algo para perjudicarla a ella académicamente, repercutiría autómaticamente en él. Por más que había tratado de convencerlo en las semanas pasadas de que no siguieran con el proyecto, no lo logró. Sola en casa pensaba si habría alguna forma de convencerlo para que no continuaran con dicho trabajo.

El timbre de su casa sonó sacándola de su ensimismamiento. Liliana había salido a una reunión de último minuto según le informó. Al estar sola en casa, no le quedó de otra que asomarse por el balcón para ver quién era. Te llamé con el pensamiento aplicado a la vida real, bromeó su vocecilla interior.


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