Excerpt for El Millonario Imperfecto by , available in its entirety at Smashwords



EL

MILLONARIO

IMPERFECTO

Un viaje a las enseñanzas del Sr. Nayyar para lograr la Libertad Financiera.



Hernesto Leyva



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COPYRIGHT 2017 HERNESTO LEYVA







Tabla de Contenido

Introducción

Inicia la aventura

Encuentro con el destino

Evolucionar en las zonas de confort

El hábito de la repetición

El duro arte de emprender

Reprogramar la mente para la riqueza

Vivir en la riqueza

Errores a evitar

Epílogo







Decir que este libro es para todos, es una falacia.

Es sólo para unos cuantos.







Introducción

Desear alcanzar la prosperidad y la libertad financiera debería ser un compromiso para todos, sin importar la edad, sexo, condición social o la ubicación geográfica de quien se lo proponga. Debería ser una doctrina intrínseca en el ser humano desde las primeras etapas de sus vidas, que se combine con una sana convivencia diaria llena de pensamientos enriquecedores. Conforme al paso del tiempo, estaríamos cumpliendo la misión de auto realizarnos en cada uno de nuestros actos, enfocándonos en lograr el bien personal y de nuestro entorno.

Sin embargo, tener como objetivo de vida a la prosperidad, no es muy común entre nosotros. Muy pocos son los que logran esforzarse en la búsqueda implacable de conseguir algo más que satisfacer sus necesidades básicas. La mayoría de las personas tienen la creencia que ser próspero significa tener mucho dinero, pero conforme van comprendiendo que existe una sutil diferencia entre prosperidad y riqueza, desisten en el intento por conseguirlo y se estacionan en una zona de confort que no tiene nada que ver ni con lo uno ni con lo otro, pero que les da cierta seguridad.

La prosperidad es algo más que tener dinero. Es un estado interno que todos podemos experimentar y disfrutar. Es la satisfacción de ver cómo con el trabajo diario se van cumpliendo los sueños progresivamente y nos colocan en otro nivel emocional. En un estado de bienestar y abundancia que en algunos de los casos no es a consecuencia del dinero. El granjero es próspero porque con el producto de su esfuerzo ha llenado el silo con su cosecha, asegurándose el sustento para su familia durante el frío invierno. Es decir, prosperidad puede ser todo lo que contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas por un tiempo, sin estar necesariamente relacionada con el dinero.

Por otro lado, se puede llegar a tener mucho dinero y alcanzar la riqueza, sin que esto sea necesariamente una garantía de prosperidad. Cuántas veces hemos visto a personas que alardean de tener mucho dinero, pero que no muestran ningún valor por los demás, todo lo basan en la posesión de bienes materiales, específicamente dinero. Ignorando que su alardear pudiera llegar a convertirse en una conducta duramente ofensiva para quien lo escucha.

Por eso es recomendable encontrar un punto de equilibrio entre prosperidad y riqueza porque al fin y al cabo los dos aspectos están fuertemente vinculados con la abundancia que nos permita gozar de un mejoramiento personal y bienestar económico.

Un destino de abundancia está en espera de ser gozado gratamente, solo falta afinar la visión de sus protagonistas. Este es el momento ideal para encontrar la excusa perfecta para darle una dirección correcta a las ideas y los sueños que nos han de permitir disfrutar de tal destino.

Es poco satisfactorio aprender datos académicos sin una aplicación útil en la vida, en vez de aprender los aspectos relacionados con una adecuada educación financiera, ya que el tema del dinero es, directa o indirectamente, el pan de todos los días.

Por años hemos visto a las nuevas generaciones esforzarse por graduarse y especializarse en su profesión académica, para posteriormente permanecer inertes bajo el sustento de un empleo, que en muchos de los casos no tiene nada que ver con su actual profesión. Peor aún, se han convertido en esclavos de sí mismos, bajo la excusa de pretender ser un exitoso emprendedor.

Sin darnos cuenta, a diario caemos en la trampa de los viejos paradigmas mentales que se adueñan de nuestros sueños e ideales, afectando de una u otra manera a las consecuencias de nuestros actos. Es por eso, que se requiere de una adecuada reprogramación con nuevos patrones mentales que estimulen al crecimiento, la prosperidad, la riqueza y que nos proyecten a la búsqueda de una libertad financiera.

De esta manera, nos sacudiremos de viejos virus mentales, rompiendo esquemas viciosos arraigados por generaciones. Debemos procurar de hoy en adelante entregarles a nuestros hijos un mundo rico en abundancia.

El mundo actual exige cambios rápidos, no nada más en lo económico, sino en todas las áreas. Apenas logramos comprender y desarrollar un concepto, cuando alguien más ya está trabajando en el perfeccionamiento de la versión más reciente del mismo. Es por eso que debemos esforzarnos en adquirir un conocimiento constante de las cosas, con el objetivo en mente de adaptarnos a los nuevos tiempos y lograr una empatía con las nuevas generaciones.

Nunca es tarde para aprender y encauzar nuestras vidas. La mejor inversión está basada en la innovación y la creatividad como una fuente perpetua de prosperidad que nos ha de convertir en mejores personas.

Sin pretender ser un experto en el tema relacionado a la prosperidad económica, el personaje principal basa su riqueza en el esfuerzo diario que desde temprana edad ha venido desempeñando gracias a los ejemplos que recibió de sus padres en su humilde hogar en tiempos de posguerra.

Efectivamente estimado lector, el esfuerzo diario bien dirigido es la antesala de la riqueza.

Para concluir, el presente relato propone provocar en el lector un cambio de paradigmas respecto al tema del dinero. Adentrarse en un viaje de enseñanzas, compartidas por un viejo millonario que se autoproclama imperfecto, enfocadas a lograr el éxito personal y la libertad financiera.

El Autor.





Inicia la Aventura

- "¡Que levante la mano quien haya ganado su primer millón!".

Fueron las primeras palabras que el señor Nayyar lanzaba en forma retórica. Los ahí presentes se miraron tímidamente unos a los otros, buscando una respuesta en sus adentros.

Nadie se esforzaba en aceptar el reto de levantar su mano. ¿Para qué? Un millón se miraba aún inalcanzable para la gran mayoría. Los que ahí escuchaban, era un pequeño grupo de empresarios, que aparentaban ser prominentes en sus respectivas áreas. Sin embargo, intuía de manera cautelosa, que las cifras en sus cuentas bancarias no habrían de superar los cinco dígitos. A mi ver eran empresarios prominentes, pero pobres con apariencia de ricos.

Por mi parte, yo sí habría de aceptar mi situación de quiebra económica, de lo contrario no estaría dispuesto a seguir escuchando a aquel personaje. No sentía pena por ser pobre, lo que realmente duele es no saber cómo dejar de serlo.

Su voz ronca y pausada se filtraba entre una barba que contrastaba con toda pulcritud del clásico hombre de negocios que aparece en las portadas de revistas. Sin embargo, por su manera de conversar inspiraba una seguridad y confianza propias de los grandes líderes.

La gran facilidad para la oratoria lo convertía en una persona extrovertida, adaptable y capaz de hacer amigos con gente nueva. Esta forma de ser lo llevaría a realizar acuerdos comerciales con grandes compañías de diferentes rubros a nivel internacional, logrando adentrarse en el escabroso mundo de los negocios desde temprana edad, permitiéndole conocer que en la vida nada se obtiene fácilmente, sino a través de una labor de convencimiento y negociación.

Por lo que había escuchado, su grado de estudios era menor. Su abdomen abultado delataba la apariencia de ser un hombre sedentario. Las cicatrices en su rostro tostado por el sol hacían la referencia de un hombre que había luchado duramente por sobrevivir en su juventud. Hoy su piel y pelo cano denostaban el paso del tiempo. No poseía un ápice del clásico arquetipo del hombre de negocios considerado como perfecto para el mundo actual. No parecía ser un hombre atractivo, no obstante siempre se dejaba ver con la agradable compañía de un bello rostro femenino.

En mi interior me preguntaba ¿Cuál es el factor de éxito que tiene este hombre?, ¿Qué tuvo que haber pasado para que hoy disfrute de una vida de libertad y prosperidad?, ¿Por qué la fortuna le ha sonreído en exceso?, ¿Qué cualidades lo hacen ser diferente al resto de los mortales?, ¿Qué soplo de inspiración hay en él que me impulsa a escucharlo para conseguir, lo que desde mi punto de vista, considero como riqueza?

Al seguir escuchando sus primeras enseñanzas, poco a poco comprendería que la riqueza está al alcance de todo el mundo, pero solo unos cuantos tienen la visión de conocerla y la determinación para aprovecharla. Es con estos valores donde se inicia la criba entre los triunfadores y los que nunca lo serán. Tener la firmeza para provocar que las cosas sucedan con un resultado benéfico y tratar de entregar un bien satisfactor a los demás, es lo que separa a los líderes del resto de los soñadores.

Dicen que el éxito no se trata de suerte. Solo hay que estar en el lugar correcto, en el momento correcto, con la preparación correcta y haciendo las cosas correctamente. Así que, desde ese enfoque "correcto" cada quien es merecedor de su propio éxito.

Nada es obra de la casualidad, los principios de la riqueza obedecen también a la ley universal de causa y efecto. Es decir, actuar positivamente para obtener los resultados positivos. Cada quien es dueño de su propia realidad, por lo tanto cada quien será capaz de construir sus propios sueños eligiendo uno de los dos caminos, lo fácil o lo correcto. Si bien es cierto, que cada acto tiene sus propias consecuencias, no es necesario actuar intempestivamente tratando de provocar un resultado. La buena planeación es un hábito que debemos fomentar para evitar actuar irracionalmente y obtener resultados desastrosos.

La búsqueda incansable de la perfección nos lleva a descubrir que somos cada vez más imperfectos. Por eso surge la necesidad de conocer el origen de los factores que nos impulsan a desarrollar un crecimiento individual y que nos mantiene en un constante cambio evolutivo, en este caso enfocado a lograr la libertad financiera.

La gran mayoría de las personas anhelan un mejor estilo de vida, pero poco hacen por conseguirlo. Creen que con solo leer un libro les cambiará la situación económica por la que atraviesan. Permanecen ignorantes al verdadero origen de los cambios, el cual es, reprogramarnos intencionalmente hacia la búsqueda de los resultados positivos que cambiarán nuestra calidad de vida.

Todo converge en una sinergia dispuesta a darnos los frutos que con perseverancia y disciplina hemos sembrado. Bien dice el viejo proverbio que cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro. Así mismo sucede en la vida diaria, cuando ya estés preparado para la riqueza, aparecerá una necesidad para crearla. No será por accidente, ni por azar. Será bajo un plan con un propósito definido. De acuerdo con las acciones diarias, nos iremos acercando o alejando de la meta para conseguirla. En muchas ocasiones la riqueza se ha presentado frente a nuestros ojos, pero al no estar preparados para aprovecharla, no queda más remedio que dejarla ir.

Así se expresaba el Señor Nayyar, quien era de cuna humilde, descendiente de una segunda generación movida por los efectos de la gran guerra. Su padre fue recolector y vendedor de deshechos de cartón. Su señora madre, convertía su casa por las mañanas en comedor para los obreros de la construcción.

Apenas tenían para cubrir los pequeños gastos que les permitiría seguir trabajando día tras día. En su vecindario, nadie hubiera apostado por ver crecer al primogénito de la manera como él fue creciendo en los negocios.

Sin embargo, los dígitos a los que asciende su fortuna hoy es más grande a cualquier número telefónico de los ahí presentes.

Durante su niñez fue ayudante de mercaderes ambulantes, que en su época era un oficio muy común, ofrecían sus mercancías por la calle usando solo una frase contagiosa como herramienta de venta. Ya de adolescente, experimentó con otros oficios, pero lo que más le apasionaba era competir en los deportes. Tal vez ahí, sin saberlo, encontró la gran determinación para competir por sus logros. El esfuerzo de la competencia le permitiría ir consiguiendo objetivos y metas cada vez más difíciles de lograr, reflejadas más tarde en el vasto mundo de sus negocios.


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